Hoola!

Para recompensar un poco...

Una historia chiquitita de Kaori y Seisuke

Disfruten!

Nos vemos abajo!


Una Aventura

El alboroto en los dormitorios era indudable. No pudo ver que les causaba tanta curiosidad, un montón de chicos le obstaculizaba la vista.

-¿Qué pasa aquí?

Como si hubiera sido Moisés, los chicos abrieron un caminito hasta el objeto que los entretenía.

-¿Y eso?

No pudo evitar preguntarlo. Un enorme ramo de rosas estaba en una de las mesas del comedor. Eran rosas de invernadero, por lo tanto eran carísimas. Los chicos no podían comprarlas.

-Son tuyas. –Kyosuke estaba sonrojado. –A "alguien" le pareció gracioso mandármelas a mí. –Le dio la tarjetita. –Cuidado, están como aves de rapiña… mueren por saber quien las envió.

Kaori no pudo evitar sonreírle y agitarle los cabellos. –Muchas gracias, sé que esto no es de tu agrado.

-Ni lo digas, en cuanto hables con el… -Todos los jugadores clavaron mas la vista en esos dos. –Dile que me debe un ENORME favor.

-Yo le digo.

Esa clase de detalles fueron los que hicieron que se enamorara de él. Seisuke, era un romántico incurable.

Cuando estaban en el Instituto; solía llevarle alguna. Si había dinero, una comida. O tan solo caminaban en el parque, la compañía del otro era más que suficiente.

Extrañaba la privacidad, no lo negaba. Eso de tener el escrutinio público encima… era incomodo.

Raras veces podían escabullirse a algún lugar sin que nadie lo reconociera. Aunado, a que él vivía en Italia.

Además, la discreción ante todo. Ella tenía un buen trabajo y si se destapaba su romance… Ni pensar en el acoso.

Agradecía que Kyosuke fuera el único enterado, y que fuera una "tumba" en el asunto.

-Si me lo permite, Señorita Kaori; su admirador debe ser alguien importante. –Sakai, disimuladamente intentaba ver la tarjetita. –Estas flores, son hermosas… aunque no tanto como usted.

-Ahórrate los halagos. –La guardó en el bolsillo de su bata. -¿Ya desayunaron? Porque si ya acabaron, me gustaría hablarles acerca de lo importante que es una dieta balanceada, llena de nutrientes…

-Ya entendimos.

Todos se fueron a sus respectivas mesas sin replicar más.

-Fukuko, ¿podrías cuidármelas? Es que necesito hacer unas cosas y no puedo tenerlas conmigo.

-Con mucho gusto. –La cocinera le contestó desde la barra. –EL, es muy afortunado de tenerte.

-Que cosas dices…

Se alejó a su lugar favorito. Arriba de las canchas de soccer. Era una mañana brillante, iba a ser un lindo día.

¿Se enojó mucho? Mi hermano siempre tan predecible. Quiero que sepas que te extraño todos los días. En un par de años, a lo mucho… realizaremos nuestro sueño. Te lo prometo. Te quiere, S.K.

-Deberías decirle a Seisuke, que la próxima vez te las mande a tu casa.

Se sonrojó con fuerza, mientras el holgazán entrenador se reía de ella.

-¿Qué? ¿Un secreto?

-Que impertinente. –Volvió a guardar la nota. -¿Desde cuándo se dedica a espiar a las personas?

-No te confundas, Gonzaku está contento con su relación. –Ante la mención de su suegro, el sonrojo fue mayor. –Dice que no podría haber mejor mujer para su hijo.

-¿Alguien más lo sabe?

-Lo dudo, han sabido ser discretos. –Murakami se rascó la cabeza, -Fue un duro golpe enterarme, que ya me habían ganado tu cariño.

-Deje de bromear. –No podían llamarse amigos, pero si, camaradas.

-Ya, ya. Eres muy enojona. –Empezó a caminar. –Te deseo suerte, Kaori.

-Gracias.

Una aventura, así tan cual. Era la relación que llevaba con Seisuke. ¡Pero que más daba! Lo amaba y algún día:

-Dejaremos de escondernos y podremos casarnos cuando tu carrera este en lo más alto. Es una promesa.


NOTAS DE LA AUTORA:

Espero les haya gustado.

Saludos!

aDiOs!