Hola hola, hacía mucho tiempo que no venia po estos lares, pero no soy la unica... jijiji.

Antes de que comiencen a leer este fic, quiero decirles que tienen que leer primero "My señor Feudal" ya que éste es la continuación.

Bien... ahora con el fic

Disclaimer: Taiho Shichauzo pertenece a Kosuke Fujishima, y ocupo los personajes sin animo de lucro.


FEUDAL 2º PARTE – ALMA GEMELA

CAPITULO 1

Desaparición

Nuestra Familia fue invadida por diferentes tragedias desde antes de que nosotros naciéramos. Mi madre, fue obligada a casarse con un hombre que no quería y cuando por fin pudo alcanzar la felicidad a manos del hombre que amaba… falleció. La fecha, el 12 de agosto de 1868, nacimos nosotros dos, llamados por todos: los mellizos de los Tokaurin, personas casi iguales que eran diferenciado solo porque uno era un hombre y la otra una mujer. Ambos, idénticos en apariencia y porte, fuimos criado por nuestro padre, Shouji Tokaurin, hasta que a nuestra casa se sumó un nuevo invitado.

En ese tiempo teníamos alrededor de dieciséis años, un tío que había caído en ruina debido a su vida derrochadora llegó a nuestra casa a quedarse por un tiempo.

Su nombre es Arizuka Takeru. Era un oficial que luchó arduamente durante la restauración del periodo Meiji, y que fue considerado como "el inspector de la muerte" por su sangre fría en el campo de batalla. Y… ahí estaba, en nuestra casa, en nuestras vidas, diciendo solo "es por unas semanas"

Mi padre, un año después, se suicido en su escritorio. Tomó una pistola, la colocó en su cien y terminó con su vida. Según su tío lo hizo para encontrarse con su amada esposa. Lo que ese hombre no sabía es nosotros ya habíamos hablado del tema, y él había prometido que nunca los abandonaría. Un amigo de la familia, el señor Kachou Kazanuri, investigó el caso pero nunca pudieron encontrar alguna prueba que inculpara a una segunda persona. El caso se cerró, y como los mellizos eran menores de edad tuvieron que quedar bajo la tutela de su tío

Soubi dejó la escuela y se quedo a vivir permanentemente en la casa para no dejar sola a su hermana, mientras aprendía a llevar la contabilidad. Fueron dos cumpleaños los que pasaron con Arizuka, en la casa, y en el tercero Soubi podría ejercer sus derechos como mayor de edad y adquirir su albedrio frente a la sociedad y la tutela de su hermana.

La diferencia entre ambos, a simple vista, era el color de sus ojos y la única persona que sabía la diferencia era su padre y un amigo que ambos tenían en común. Su nombre era Michael Hara, un joven americano que había venido a vivir en Japón, cuando tenía doce años, mientras que sus padres trabajaban en un proyecto ferroviario que uniría las distintas ciudades del país.

Los ojos de Natsumi eran iguales a los de su madre, tan verdes como las hojas de los arboles, la hierba y una hermosa joya de esmeraldas, mientras que los de Soubi era azules, profundos y luminosos como el mar al ser alumbrado por el sol, como un zafiro único y atrayente. Ninguno de los dos se parecía a su padre; su piel era blanca y su cabello castaño era toda herencia de su madre, en cuanto a Shouji Tokaurin él era moreno y de cabellos y ojos negros. Pero en personalidad, Soubi era serio, calculador y sobre protector, según decían: "Todo un Tokaurin"

La distinción de los mellizos se hizo más notoria al pasar los años. Cuando Arizuka llegó a la casa; por algún motivo desconocido, Shouji les aconsejó a sus hijos que nunca dijeran la verdadera diferencia entre ellos, que nunca dejaran que Arizuka pudiera distinguirlos porque así podrían protegerse de él.

Cada ciertos días, los jóvenes cambiaban de personalidad transformándose en el otro. Fue en ese momento que Soubi comprendió: una noche, que él descansaba en la habitación de su hermana que, Arizuka entró sin pedir permiso. Su actitud lo sorprendió, pero pudo defenderse de él cuando supuestamente Soubi (Natsumi disfrazada de él) entró en la habitación. El hombre se asustó por encontrarse con ambos mellizos y con otras sirvientas que llegaron al escuchar el escándalo formado. Pero esa visita no fue la única.

Cambiaron sus habitaciones a la de su padre y ahí se encerraban mientras su tío se creía el amo y señor de la casa. Al parecer, Arizuka temía de esa habitación y no se atrevía a entrar, según él por respeto, pero según Soubi por el miedo de la culpabilidad de de su conciencia.

Y así fue… Esa noche nublada Michael había insistido en que ambos lo acompañaran a una fiesta en la ciudad, en una de las casa de una familia japonesa que había llegado desde Londres con una nueva moda. Moda que él conocía muy bien, por ya haber visitado eso, pero que quería enseñársela a los jóvenes. Arizuka no se opuso, dejo que ambos fueran pero en último momento Natsumi sufrió un terrible dolor de estomago que le impidió ir. Soubi anuncio que tampoco asistiría porque su deber era acompañar a su hermana, pero ella había insistido en lo contrario.

-Ve- le dijo desde la sillita que había en la habitación. –Yoriko se quedara a mi lado. No te pierdas esta oportunidad-

-No. He dicho que no- retó el joven. Y se recostó sobre la cama.

-Te vas a perder una gran fiesta- advirtió divertido Michael, desde el otro extremo de la habitación. Michael también sabía distinguirlos. Él era rubio de ojos celestes y piel muy blanca, discriminado y apartado por la gente tradicional de Japón; había conocido a los jóvenes en la escuela a la que Soubi asistía y no paso mucho tiempo hasta que invadió la residencia Tokaurin. Shouji lo trataba como uno más de la familia.

-Soubi- sonrió Natsumi desde la silla –Ve. No pasara nada malo-

-No-

-También ira ese sujeto- comentó Michael con una expresión de complicidad hacia el ojiazul. Esté se removió en la cama y miró los ojos celestes de Michael que tenían una expresión burlona. –Hace tiempo que no lo vez. ¿Qué será de él?-

-¿De quién hablan?- preguntó Natsumi.

-Un viejo conocido-

-¿Conocido?- preguntó irónico Michael –Yo diría que fueron más que conocidos-

-¡Quieres callarte!- lo retó, volviendo su descuidada posición sobre la cama, mirando el techo.

-¿De quién hablan?- preguntó nuevamente Natsumi.

-No es nadie importante- contestó Soubi y no volvió a mencionar palabra, hasta unos minutos más tarde donde se levantó y miró a su hermana. -¿aun te duele?-

-Me siento mejor, pero preferiría quedarme. No me gustaría que empezara el dolor en un lugar público- La leche tibia que Yoriko, su sirvienta y nana eterna, había servido para limpiar el estomago de cualquier alimento que le haya hecho mal. Soubi la miró de pie a cabeza y se detuvo en su rostro

-¿Te molesta si voy?- preguntó, como si acabara de decir un tabú. Su rostro estaba inexpresivo y su boca apretada aguardando un suspiro.

-No- contestó Natsumi con una gran sonrisa –Ve y diviértete. Yo me quedare con Yoriko en la habitación y cerraremos todas las puertas- Soubi se sintió culpable por dejar a su hermana sola a expensas de su tío, pero asintió, le agradeció e incluso le dio un beso en la frente, y se retiró para ir a cambiarse.

Michael por el contrario rió por la torpeza de su amigo al volver a preguntar lo que ellos le habían dicho, y se quedo un buen rato observando a Natsumi. Ella vestía un pantalón de tela y una camisa blanca con un pañuelo en cuello, como era normal de los hombres. Siempre le había llamado la atención la semejanza que tenía con su hermano y la forma en que podía imitarlo.

-Si pasa algo nos mandas a llamar enseguida y te vas a mi casa- le dijo Michael mientras se despedía de ella. Soubi ya estaba arreglado con su traje frac de tela negra y su corbatín en el cuello. Su cabello, más largo de lo normal para un hombre, atado en un moño sin dejar escapar ningún mechón.

-Tranquilos, recuerden que aun les gano a ambos en las luchas, puedo luchar contra un oso y salir ilesa. Si pasa algo podre arreglármelas y les avisare-. Soubi asintió. Se acercó a ella para darle un caluroso y afectuoso abrazo y se fue a la fiesta en compañía de Michael.

Natsumi por otro lado cerró la puerta con llave y juntó con Yoriko se quedaron conversando hasta cerca de las once de la noche que fue donde ella se quedo dormida.

-.-.-.—

Soubi observo el esplendor del lugar, pero ni con eso pudo asombrarse. Su casa era mucho más grande que esa y las personas que había ahí eran las mismas que veía en la plaza chismoseando de las demás. Era extraño pensó y se dejo arrastrar por el salón. Cuando su vista encontró la del moreno sonrió y levantó la copa que tenía en su mano, en señal de brindis hacia él. Él moreno se hizo camino entre la multitud y llegó junto al ojiazul con una sonrisa en su rostro.

-Hacía mucho tiempo que no te veía- el ojiazul asintió y los dos caminaron hacia un lugar más apartado. Ahí el moreno atrajo al joven a sus brazos y le dio un afectuoso abrazo, que el oji-azul no pudo evitar corresponder.

-Shouji…- suspiró mientras lo abrazaba. La cara de Soubi quedo entre el cuello del moreno y cerró los ojos al sentir el perfume de su cuerpo. –"mi querido Shouji"-

-.-.-.—

Natsumi estaba histérica, eran cerca de las siete de la mañana y Soubi no había vuelto a casa. Cuando despertó Yoriko le dijo que el joven no había llegado y que lo más probable era que se hubiera quedado en casa de Michael, pero ella sabía que eso era imposible; ninguno de los dos sería capaz de dejarla sola toda la noche. Esperaba que su hermano llegara tarde a saludarla y avisarle que había llegado, pero nunca paso.

Yoriko, por mandato de Natsumi, había mandado a una sirvienta a pedir noticias a la casa de Michael, pero esta todavía no llegaba. La noche anterior había transcurrido tranquila, Arizuka no había ido a molestarla, lo que había agradecido en gran manera.

Natsumi corrió por las escaleras cuando sintió que alguien llamaba. Cuando estuvo abajo vio a un hombre flacuchento y alto, de mirada lasciva, que era dirigido hasta el despacho que pertenecía a su padre y que actualmente era ocupado por su tío. Él no la vio, y fue gracias a Yoriko porque la sirvienta la oculto detrás de una cortina.

-¿Por qué viene tan de madrugada?-

-No lo sé, mi niña. Ahora vuelva a la cama. No debe andar en bata de dormir por la casa. Si su tío la ve ¡no quiero ni pensarlo!- Natsumi no obedeció, ofuscada, se sentó en la parte alta de la escalera haciendo guardia a la puerta principal hasta que llegara Soubi, pero sus planes cambiaron cuando sintió el pestillo de la puerta del despacho cerrarse. Su personalidad era alegre y muy entrometida, y la invadió la curiosidad en saber que tanto tenían que hablar su tío y el flacuchento hombre recién llegado. Se acercó hasta la puerta y apoyó su oído en ella. Sintió las voces lejanas, hablando de un cofre y no fue hasta que dijeron Soubi, que la conversación se hizo cada vez más interesante.

-¿Y?- preguntó la voz de su tío, dentro del despacho.

-Mis hombres están dispuestos. Dicen que lo encontraran en el rio o en un callejón-

-"¿A quién?"- pensó Natsumi.

-Le traeré el collar- volvió a decir la voz del invitado

-Ese collar vale una fortuna - dijo Arizuka. Natsumi se exaltó cuando la mano de Yoriko se puso sobre su hombro y la hizo alejarse de la puerta sin hacer ruido.

-No lo volveré a hacer- se disculpo antes que llegara cualquier reto.

-No importa. Menos mal que no la descubrieron- Yoriko le tomó la mano –venga conmigo, señorita. La buscan- las dos se dirigieron hasta la puerta de la cocina. Natsumi no comprendía que pasaba. Si alguien la buscaba podía ir perfectamente hasta la puerta principal a recibirla. Observo a su nana y esta mantenía una expresión seria. No hizo protestas, ni preguntas, solo siguió hasta la cocina y observo a la persona que la esperaba. Era Michael, venia con su ropa desordenada, al igual que su cabello, con las botas sucias y una expresión preocupada.

-Michael-

-Soubi está en mi casa- La abrazó con fuerza y le sonrió, mientras acariciaba su cabello. –No preguntes nada. Solo está un poco cansado. Natsumi…- la obligó a mirarlo y le afirmó la cara para que ella no se moviera –…Vístete como Soubi, arregla tus cosas y espérame. Esta noche vendré por ti. Tienes que salir de aquí-

-Pero… ¿Qué…?-

-No preguntes nada- la interrumpió –solo sal de aquí. Si te preguntan por tu hermano, di que fue Natsumi quien fue a la fiesta, que fue a Soubi a quien le dolía el estomago y que estas preocupado por ella porque no ha regresado. Vendré a visitarte en un rato más, y hazme preguntas como si no nos hubiéramos visto. Nos vemos hoy en la noche-

-Nos vemos- él le dio otro beso, pero este en el rostro, y se fue tan rápido como había llegado. Natsumi volvió a su habitación por la escalera de la servidumbre y se metió en la cama que pertenecía a su padre y que actualmente ocupaban los dos mellizos.*

Y como había dicho Michael, su visita fue cerca de las diez. A esa hora la casa estaba en pie, pero Natsumi todavía no había salido de su habitación. Michael estaba vestido apropiadamente, observo Yoriko, y le sonrió con una amplia sonrisa disimulando perfectamente su pasada visita en la madrugada.

-Bueno días, Michael- saludó Arizuka entrando en la sala -¿Cómo lo has pasado en la fiesta?-

-Muy bien, gracias- se inclino levemente -¿Y Soubi, como esta? ¿Ya se le quito el dolor?-

-¿Soubi?- preguntó confundido el viejo de arrugada piel, barriga deforme y enorme y labios gruesos.

-Ah… lo siento- se retracto –Me refiero a Natsumi-

-¿Qué pasa aquí?- preguntó.

-No es nada- Los pasos de un nuevo integrante se hicieron presente e interrumpieron la conversación. Soubi entró en la sala, pero Michael sabía que era Natsumi, por el verde color de sus ojos.

-Michael, me tenias preocupado. ¿Dónde está ella?-

-¿Qué pasa?- preguntó el viejo aun mas confundido que antes. -¿Cómo que ella? ¿Se refieren a Natsumi?-

-Sí, tío- el joven de ojo verdes aspiró y lo enfrentó –Te mentimos anoche. No fui yo quien fue a la fiesta, fue Natsumi, porque si sabias que iba a ir sola no la hubieras dejado ir- el rostro del anciano palideció y su cuerpo perdió la estabilidad. Se sentó sobre el sillón que estaba detrás y se quedo pensando en silencio.

-¿Y…?- Soubi lo ignoró, giró su vista hacia el rubio y espero paciente una respuesta -¿Dónde está mi hermana?-

-Eso quería saber- contestó Michael –ella se vino antes de la fiesta-

-¡¿Cómo que se vino antes?- se acercó furioso hasta el rubio y lo tomó del cuello de la camisa –Michael, te la encargue con tu vida. Ella no ha llegado desde anoche ¡Exijo una explicación!-

-¡No lo sé! Ella estaba vestida como tú así que la deje en uno de los carruajes en la puerta de la fiesta. Me dijo que no me preocupara, que se iba antes. Le ofrecí traerla de vuelta pero se negó rotundamente, tu sabes cómo es, me dijo que me quedara a disfrutar, que ella no podía porque estaba muy preocupada por ti, así que no pude negarme-

-¡Imbécil…!- le dio un puñetazo, lo que hizo saltar al viejo – ¡¿Y… dejaste que se viniera sola?-

-¡Lo siento, pensé que ya abría llegado a la casa!-

-¿No ha llegado, Soubi?- preguntó por primera vez Arizuka con el rostro pálido.

-No, tío, no ha llegado- Arizuka notó que la mandíbula de su sobrino se apretaba por la rabia y sus ojos despedían un odio tan grande hacia su mejor amigo que incluso lo asusto.

-Tenemos que informarle a la policía. No es normal que una persona desaparezca así-

-Algo debió pasarle. Ella no haría una cosa así. Algo debió pasarle- Los ojos de Michael se llenaron de tristeza al ver a su amigo tan desesperado y se acercó para tocarle el hombro

-La encontraremos, ya lo veras-

-Eso espero- le dijo dándole un empujón para apartarlo de su cuerpo y salir lo más rápido de la sala. Arizuka ni siquiera se acordó en despedirse de Michael, caminó a grandes zancadas hasta la biblioteca y se encerró. Michael miró a Yoriko y esta asintió, preocupada por la conversación. La mujer se acercó hasta el rubio y le tomó la mano.

-Dígame que está bien, que nada malo le ha pasado a mi niño- refiriéndose al verdadero Soubi.

-Está en mi casa-

-Pero dígame que está bien-

-Está en mi casa- repitió el joven y se marchó rápidamente de la casa. Yoriko se quedo ahí, parada sin emitir palabras y temiendo lo peor, lo mejor era ocultárselo a Natsumi, porque si no ella no podría disimular.

Desde la visita de Michael no podía estar tranquila; se había quedado en su habitación casi sin apetito. Michael había sido claro, ese era un secreto que debían mantener entre ellos dos, y no podía arriesgarse a que alguien frustrara sus planes.

Caminó hasta la mesa de centro y observo el té que su sirvienta le había llevado, un té bajativo para después de la cena.

Michael sabía cómo funcionaban las cosas en esa casa, después de la cena, a ambos jóvenes se les llevaba un té, el cual los ayudaba a dormir durante las noches. Esa noche no tomaría su té, esperaría hasta que su nana viniera a peinarla para dormir y se cerciorara de que ella estaba; Luego, de eso, se iría.

Observo la tasa y se mordió el labio inferior, si vieran el té la obligarían a tomarlo o sospecharían. Tomó la tasa con cuidado y caminó hasta una de las plantas que había en su balcón y vertió el líquido rojizo. Volvió de prisa hasta la mesa y dejo la tasa, acto seguido la puerta fue golpeada.

-Adelante-

-Buenas noches, mi niña- le dijo la anciana Yoriko – ¿A tomado nuevamente té?- preguntó junto a la tasa.

-Sí-

-No debería tomar esas cosas, cuando sea mayor no podrá vivir sin ellos- Le dio el paso para que Natsumi se sentara en una de las sillas, y ella comenzara a atar su corta cabellera en un simple moño. El peinado que usaba Natsumi no era adecuado para la época en la que vivía. Cuando lo dijo a Soubi que cortaría su cabello este accedió encantado, ya que así sería más fácil para ambos aparentar ser el otro, sin ese largo delator.

-No te preocupes, Yoriko- contestó Natsumi.

-Lo siento, pero si me preocupo, y hablare con las niñas sobre esos tés- Yoriko le acarició los hombros y tomó aire –Mi niña, cuídese mucho por favor-

-Sí-

-No quiero que nada malo le pase. Cuando llegue a la casa del joven Michael avíseme, por favor. Así estaré más tranquila-

-Bien- Natsumi se volteó hacia su sirvienta y le tomó las manos -Sabes que no puedes decir a nadie lo que pasará-

-Tranquila, mi niña, soy una tumba. Por mi nadie lo sabrá. Mi lealtad esta con los hijos de mi señora Natsumi y mi señor Shouji, nadie me obligara a decir una palabra-

-Te lo agradezco, Yoriko- la abrazó de su boluptuosa cintura y apoyó su rostro sobre el pecho protector de la mujer. Pasaron unos largos minutos hasta que Natsumi volviera a decir palabra; Yoriko acariciaba su cabeza con ternura –Tengo miedo, por Soubi-

-No se alarme- dijo la mujer mayor –El joven ha de estar muy bien- mintió -quizás solo está por ahí divirtiéndose y nosotras aquí, (angustiadas) pensando cosas que no son-

-Yo creo que le sucedió algo-

-No atraiga los males con la lengua, mi niña. Que dios no escuche sus palabras y tampoco sus pensamientos- bajo la mirada hacia Natsumi y sonrió

-Está bien- asintió.

-Cada vez que la miró me recuerda más a su madre, la señora debe estar orgullosa de usted-

-¿Me parezco a mi madre?- preguntó con un deje de felicidad.

-Por su puesto, parecen dos gotas de agua. El señor la amaba tanto-

-Mi padre-

-Él estaría orgulloso de verla ahora, de ver en lo que se ha convertido: una hermosa y alegre señorita (No como esas estiradas de allá afuera) Si no una buena señorita, igual que la señora- los ojos se le llenaron de lagrimas, las que empapó con un pañuelo que sacó de su bolsillo.

-Yoriko… ¿Conociste a mi madre?-

-Sí, la conocí, yo estuve con la señorita durante su embarazó-

-¿Y ella… amaba a mi padre?-

-Con toda su alma, siempre lo amo, fue el único hombre en su vida- Natsumi sonrió y se apoyó en el respaldo de la silla.

-No sabes cuánto me alegra saberlo-

-El señor luchó por cumplir la promesa de estar con la señorita y finalmente (aunque fue poco) pudieron casarse, pero el señor siempre había dicho que el momento más feliz de su vida es cuando conoció a la señorita Natsumi, su madre, y cuando ustedes nacieron. No digo que haya sido infeliz después de que la señora, bueno… ya sabe, porque siempre que los observaba, a usted y al joven Soubi, sus ojos se le llenaban de lágrimas-.

-Mi padre extrañaba a mamá-

-Sí, pero no lo podía demostrárselo debido a serios conflictos ¡Ah! Que recuerdos. Bien, ahora lo único que quiero es que mi niño Soubi llegue a casa sin ninguna novedad y que usted llegue con bien- le puso la mano en el hombro y le sonrió con ternura. –Si algo llegara a pasar me avisaran de inmediato ¿verdad?- Natsumi asintió –Cuídese, cuídese mucho, mi niña-

-Lo haré, Yoriko- la mujer se encaminó a paso lento hasta la puerta, para dejar la habitación vacía. Inmediatamente, Yoriko hubo abandonado la habitación, Natsumi corrió hasta la puerta y cerró con llave, se miró al espejo y observo su pijama, que en ese momento solo sería una molestia. Sacó de debajo de su litera la maleta que había hecho con posterioridad y la llevó hasta la ventana. Volvió hasta su closet y buscó la ropa que había seleccionado para esa noche. Se quitó la camisola con nerviosismo de que alguien pudiera tocar la puerta y arruinara su plan de escape. Sin meditarlo demasiado se colocó la enagua, un pantalón café (que pertenecía a Soubi), unas botas negras, una camisa blanca y el corbatín por si alguien los veía en la calle tendría que actuar como su hermano, así que cada detalle tenía importancia. Tomó la chaqueta y la llevó hasta la ventana donde descansaba la maleta. Tendría que utilizar la maleza que se cernía sobre la pared para poder escapar, no era problema ya que lo había hecho varias veces y las ramas soportaban bien el peso de su cuerpo. Se quedo de pie, observando por última vez la habitación antes de marcharse de ese lugar. Cuando salió del jardín trasero de la mansión, Michael la estaba esperando apoyado en la pared y con una expresión sombría.

-Ya era hora-

Entró en un completo silencio a la casa de Michael. Él le había dicho que Yuka, una de sus fieles sirvientas, los iba a estar esperando para recibirlos, así que no tenían que preocuparse porque ella los viera; Y en efecto, cuando llegaron hasta la casa, la joven pelinegra les abrió la puerta y los escoltó hasta la parte alta (donde se encontraba la habitación de Michael).

-Buenas noches, señorita Natsumi-

-Buenas noches, Yuka- saludó ella, con una sonrisa. –Bien, Michael- se volteó Natsumi hacía su amigo -¿Puedes decirme cual es el misterio?-

-Bien- la tomó de la mano y la dirigió hasta la habitación continua. Natsumi sintió que un escalofrío recorría todo su cuerpo, cuando entraba en la oscura habitación que solo estaba siendo alumbrada por la tenue luz de una vela. El cuerpo de una persona yacía sobre la cama, durmiendo, mientras una persona vigilaba su sueño. -Buenas noches- saludó Michael al anciano que cuidaba del dormido -¿Cómo ha ido?-

-No muy bien, señor. Ha estado delirando gran parte de la noche, a este paso…- Natsumi caminó hasta la persona convaleciente con cuidado de no hacer ruido. Su respiración se detuvo y su corazón se estremeció al reconocerlo y verlo en ese estado. Corrió hasta la cama y se ganó a su lado, observándolo.

-Soubi- murmuró, mientras le tomaba la mano y sentía su temperatura. –Está tan helado- le tocó la frente para comprobar su temperatura, y las lagrimas corrieron por su mejilla –Esta sudando mucho, tiene fiebre-

-Natsumi- la interrumpió Michael mientras observaba a la chica y se acercaba a los mellizos –Esta herido, ten cuidado-

-¿Herido?- se volteó hacia su rubio amigo, con el rostro inundado por la preocupación.

-Sí. Lo encontré cerca de tu casa, y ha estado en ese estado desde entonces-

-¡¿Por qué no me lo dijiste, Michael? Hubiese venido inmediatamente a verlo-

-Por eso mismo- la joven lo miró con odio, pero entendía su proceder; ella era impulsiva, y hubiese venido en ese mismo momento para verlo. Acarició la mano de su hermano y la besó con ternura.

-Pero… se va a recuperar ¿verdad?- miró a su amigo, pero este no respondió. Giró a mirar a los demás que se mantenían con sus rostros serios e inmutables. –Michael, dime que se recuperara-

-¿Doctor?- el rubio de ojos azules volteó a observar al tercer hombre que los acompañaba, que había estado velando el sueño del herido – ¿Lo hará?-

-Hay que ver como sigue- dictaminó. Natsumi sintió que todo le daba vueltas, pero reunió las fuerzas necesarias para no tambalear, ni echarse a llorar.

-Lo hará- dijo –Se recuperara, estoy segura de eso. Él es fuerte, lo sé-

-Natsumi- murmuró Michael; volteó a ver al médico, que con solo una mirada entendió su pregunta, y este negó con la cabeza. –Pase lo que pase…- le dijo mientras se acercaba a ella por la espalda –…Hay que ser fuertes. Pase lo que pase… yo estaré a tu lado-

Continuara…

*Dormían juntos en la habitación que pertenecía a su padre. Cuando dormían separados Arizuka intentaba entrar en la habitación de Natsumi.