Ni siquiera permitió que Michael la tocara, la levantó posesivamente del piso y salió de la biblioteca rumbó a la parte alta de la casa, dando uno que otra orden, entre las cuales: traer un medico, agua caliente, paños limpios, comida, leche.

—Vayan a mi casa, y que Yuka se venga enseguida— ordenó Michael. Los sirvientes se movieron de un lado para otro.

Shouji llegó hasta su habitación y sin esperar a que Michael abriera la puerta dio una patada y esta cedió. El rubio lo miró aterrado por la brutalidad con la que actuaba, esperaba nunca enfrentarse a él. Shouji llegó junto a su cama y depositó a la chica sobre la cama. Empezó a desabotonar la corbata y la chaqueta, pero Michael le afirmó las manos.

—Es una chica, es ella, no es él.

— ¿Y crees que no lo sabía?— Shouji se liberó y quitó por completo la chaqueta, la camisa de Soubi. –Siempre lo he sabido— Giró el cuerpo de Natsumi y se horrorizó cuando vio la faja sobre su busto y sobre su cintura, que comenzaba a causarle magulladuras. –Está demasiado apretado— Deshizo el nudo y empezó a desenrollarla, pero cuando le quedaba la última vuelta observó a Michael con el ceño fruncido. –Date la vuelta— le ordenó.

—Tú tampoco la veas— no reclamó más, se dio media vuelta y dejo que Shouji siguiera con su trabajo. Shouji quitó la última vuelta de la tela y observo solo por unos segundos el cuerpo blanco y delicado de esa mujer que tenía enfrente. La tapó rápidamente con las cobijas de su cama y espero, sin mucha paciencia, que la sirvienta llegara. –La envenenaron— dijo Shouji.

— ¿Cómo lo sabes?— preguntó Michael.

—Las pupilas dilatadas, la lengua blanca, tos… no, te apuesto que era vomito, fiebre, hemorragia.

—Dele este señor— La sirvienta, una mujer mayor de contextura gruesa y piel blanca, le entregó una copa con un líquido semitransparente. Shouji se preparó para dárselo a Natsumi, mientras la sirvienta acercaba un recipiente metálico hasta la mejilla de la chica — ¿Listo?

—Sí— dijo Shouji y con cuidado separó los labios de Natsumi con sus dedos y vertió el líquido en su boca. Pocos segundos después la chica se estremeció y giró su cabeza. La mujer acercó más el recipiente y pronto la joven empezó a vomitar todo lo que había comido esa mañana.

— ¿Qué es eso?

—Vinagre. Es muy efectivo— contestó la sirvienta. Natsumi volvió toser, mientras la mujer se alejaba y dejaba el recipiente lejos de ellos. Shouji tomó un paño empapado con agua fría y limpió los labios de la joven con extremo cuidado.

— ¿Y ahora?— preguntó Michael, esperando el siguiente paso.

—Nada. Solo esperar— Los dos hombres miraron a Natsumi mientras ella sudaba frio y tosía de vez en cuando.

FEUDAL – Alma gemela

Capitulo 8

Una razón

— ¿Qué es todo esto?— preguntó Kachou cuando llegó de su paseo en la ciudad con su esposa. Sus sirvientes se movían de un lado para otro y su hijo no se veía por ninguna parte. Se quedaron en el recibidor esperando que alguien les recibiera los sombreros, bastones y abrigos, pero ningún sirviente se acercó. La puerta se abrió detrás de ellos y dos jóvenes entraron, una era Yuka la sirvienta de Michael, quien los salido cordialmente y luego subió la escalera guiada por la otra criada. –pero qué demonios— Kachou siguió de cerca a las sirvientas y junto con Kaoruko llegaron hasta la habitación de su hijo.

Shouji observó a Yuka, y la chica corrió hasta el lado de Natsumi. –Hay que abrigarla.

—Yuka, tienes la casa a tu entera disposición.

—En ese caso, tráiganme ropa. Necesito vestirla, agua caliente y leche.

—La leche llegó hace un segundo. Esta ahí— Shouji apuntó la mesa –En cuanto a ropa— abrió sus cajones en busca de algo que pasarle. Sacó algunas camisetas y dos pijamas de seda— buscaré algo más.

—Mientras lo hace, salgan de aquí, necesito vestirla.

—Pero.

—Por favor— rogó la chica. Shouji y Michael se quedaron en silencio y salieron rápidamente para no perder más tiempo. Cuando estuvieron afuera, Shouji por fin tomó en consideración las presencias de sus padres, mirándolo con preocupación.

— ¿Qué pasa aquí?

—Papá, mamá, hay muchas cosas que debemos hablar.

—Sí. Estoy de acuerdo contigo, Shouji. Empieza por explicarme eso— dando énfasis a lo recién visto. Shouji miró la puerta cerrada de su habitación.

—Fuimos engañados por ella.

— ¿Ella?

—No es Soubi es Natsumi, mamá— informó el moreno –Ella ha estado todo este tiempo a nuestro lado.

— ¿Por qué ella haría una cosa así?

—Vengan, vamos al despacho… ahí les explicare todo.

Kachou negó con la cabeza mientras intentaba discernir todo lo que su hijo y su rubio amigo le comentaban.

—Así que Arizuka fue.

—Encontré el collar de Soubi, que supuestamente había sido robado la noche del asalto, lo encontré en su habitación.

— ¿Entraste a la habitación de Arizuka?

—Sí. Padre, es un hombre terrible, se ha acaparado de todas las cosas de Natsumi y de Soubi, no dudo que él tuviera algo que ver con la muerte de mi padrino.

— ¡No digas eso!— Kaoruko sonó alarmada, tanto que Kachou le dio la mano para intentar tranquilizarla. –No puedo creer que ella estuviera cargando todo esto. Soy como su madre, tendría que haberme preocupado más por ellos. Si Shouji y Natsumi estuvieran aquí, seguro que estarían muy molestos conmigo.

—No te culpes, mamá. Michael le sugirió…— todos miraron al rubio, que lucía desordenado y con la mirada perdida en otra cosa —…que se acercara a mí para que yo los ayudara a descubrir a Arizuka, y que se hiciera pasar por su hermano para poder moverse con más tranquilidad por la sociedad.

—Era igual que se vistiera normalmente.

—Pero su tío exigiría que ella se quedara en casa, y eso podría…— Shouji apretó los puños con rabia –Se imaginan.

—Sí, Shouji. No es necesario que des mas detalles— Kaoruko miró a su esposo y este asintió.

—Tengo un deber con esta familia. Son parte de mi familia, así que cualquier cosa que necesite… pueden contar conmigo— Michael y Shouji sonrieron. Shouji se levantó del asiento y caminó hasta su padre y le entregó la caja aterciopelada.

—Necesito que entregues esto a las autoridades como prueba contra Arizuka.

—Sabes que se tiene que hacer una investigación.

—Papá, tu eres el jefe de la policía, puedes hacer que todo se haga más rápido.

—Sí. Pero si hay un juicio, no bastara con eso. Haré todo lo que está a mi alcance pero no soy la ley, solo la autoridad.

—Buscare más pruebas— la conversación se vio interrumpida por la llegada del médico que acababa de examinar a la joven convaleciente. Kachou notó como el rostro de su hijo cambio con la llegada del médico. — ¿Y? ¿Cómo esta doctor?

—Ella a este paso no durara mucho.

— ¿pero que le dieron?

—Opio, joven. Le daban opio. A juzgar por el estado fue en una gran cantidad, es extraño que no lo notara— Michael y Shouji se dieron una rápida mirada.

Disculpe— la voz de una tercera persona desde el pasillo los interrumpió. Para ese momento los cuatro estaban frente al médico. Yuka se ganó juntó a Michael y miró al médico –Es posible que le dieran eso por muchos días.

— ¿A qué se refiere?

—Es una sospecha, pero la señorita dice que siempre su comida sabia extraña, un tanto amarga*.

—Es posible. El opio es una sustancia amarga. Si ella ha estado consumiéndolo por más de lo previsto su estado es aun más grave.

— ¿Y qué se puede hacer?— preguntó Kaoruko, adelantándose al grupo.

—Nada, señora. Aun no hay nada que exista que pueda curar de la intoxicación. Por lo menos ya se extrajo una buena cantidad de veneno; tengo entendido que le hicieron beber vinagre— Michael y Shouji asintieron –También bebió leche.

—La leche le limpia el estomago.

—En efecto— contestó el médico –Pero con eso no es suficiente. La sustancia del opio es mucho más fuerte. Ya no hay nada que se pueda hacer. Sólo evitar que la fiebre siga subiendo.

—Gracias, doctor— dijo Shouji de mala gana. –Voy a subir— Antes de que alguien dijera algo, Shouji salió de la biblioteca y subió por las escaleras.

Cuando entró en la habitación, esta estaba caliente. A pesar de ser verano mantenían las ventanas cerradas y Natsumi estaba destapada. Shouji se sentó a su lado en una de las sillas y le tocó la frente con la palma.

— ¿Sabías que estaba envenenado, verdad?— Ella deliraba y tosía con frecuencia — ¿Por qué lo hiciste? Natsumi ¿Por qué lo hiciste? – le tomó la mano y la besó, y apoyó su cabeza en sus manos, sin soltarla.

Pasaron horas hasta que Michael y Yuka entraron en la habitación. Shouji tenía su espalda recostada en la silla y la mirada perdida. Michael le entregó un café bien cargado y se sentó en el borde de la cama junto a Natsumi.

—Oye, pequeña, No puedes darte por vencida todavía, aun te falta algo ¿recuerdas?— Michael sonrió y acarició la mejilla pálida —Arizuka aun no ha pagado. Tienes que encargarte y cerciorarte de que él vaya a la cárcel— no hubo respuesta, ni movimiento.

Michael se apoyó en la cama y la abrazó. No tenía miedo de la actitud de Shouji y de Yuka, porque su abrazó no era de amante, sino de hermanos. Lloró un poco y cuando se recuperó se levantó y le dio un golpe en el hombro a Shouji.

—Ven, aun nos queda trabajo por hacer.

— ¿Qué trabajo?

—Hay que encontrar al señor Emoto, él debe saber muy bien los planes de Arizuka— Shouji se levantó de un saltó al recordar al hombre, y asintió –El podría ser un muy buen testigo en el caso ¿No lo crees?

Atravesaron el recibidor de la casa de los Tokaurin rumbó a la escalera. No hubo ningún sirviente que los detuviera. Se detuvieron frente a la habitación que pertenecía a Arizuka y abrieron la puerta. La habitación estaba vacía y los cajones abiertos y desordenados.

—Huyó.

—Era obvio.

No fue hace mucho— los dos se voltearon hacia la mujer que les hablaba desde la puerta. Era Yoriko, con un semblante pálido y demacrado –Se fue hace unos minutos.

— ¿No sabes a donde, Yoriko?

—No— la anciana se apoyó en la puerta y miró a los dos jóvenes –No creo que vuelva.

— ¿Porque?

—Estuvo conversando con el señor Emoto, pelearon. El señor Emoto se fue gritando que no lo dejaría en paz hasta que le pagara su dinero, y si no iría con las autoridades—los ojos de la anciana desbordaron por las lágrimas.

—Hay que encontrar a ese hombre.

—No hay ningún registro de él— les dijo y enjuago sus lágrimas en un pañuelo. —Nunca supimos como se encontraban, como sabía a qué hora venir.

—Debe haber una manera— Shouji levantó la vista hacía el penúltimo cajón y lo reviso. En efecto, estaba lo que buscaba. Era la libreta de nombres de mujeres que se acostaba. Era una corta lista, pero notó que algunos se repetían.

—Arizuka ¿Quién querría acostarse con él?— preguntó Shouji a su amigo para hacerlo pensar.

—Una loca, una mujer que tuviera mucho estomago…— respondió

— ¿O…?

—… o una mujer a la que le pagaran por eso – los dos salieron rápidamente de la habitación, cruzaron el recibidor y el umbral, para subirse a sus caballos. — ¿Cuántos burdeles hay en esta ciudad?— preguntó Michael –Nunca podremos ir a todos.

—Hay que descartar a todos las casas de geishas— Contestó Shouji moviendo a su caballo.

—No quedan muchos. Aun son nuevos.

—A Arizuka le gusta el lujo, no irá a uno donde le sirvan una cerveza.

—Hay uno cerca de aquí— los dos asintieron y galoparon hasta el lugar.

Fueron horas y horas que buscaron de uno, en uno. Todos los burdeles y prostíbulos al que Arizuka iría, pero en ninguno lo encontraron. Shouji estaba desesperado y ansioso, quería llegar a casa para ver a Natsumi, pero no se atrevía a regresar y que le dijeran que su condición había empeorado.

Salieron del último burdel y Shouji notó la luna que se cernía sobre el cielo. Ya había anochecido y todavía no encontraban nada. Se subió a su caballo con molestia y empezó a galopar. Irían a uno más. Michael se veía cansado pero sabía que si le preguntaba si quería volver a casa el joven diría que no. Shouji sintió los galopes de Michael detrás de él y se tranquilizo.

El ultimo burdel no era muy aclamado por la ciudad, estaba en un lugar bastante mal habido y sus estructura era endeble y sucia.

Ese hombre nunca iría a un lugar así.

— ¡Cuidado, Shouji!— gritó Michael. Kazanuri (Shouji) tiró de las riendas para detenerse cuando vio a un hombre frente a su caballo. El animal botó al hombre y esté grito adolorido. Michael y Shouji se bajaron para auxiliar al hombre.

— ¿Está bien?

— ¡Hay que llevarlo a un hospital!

—Estoy bien— el hombre se incorporó con lentitud y se quedo mirando al rubio atentamente. Michael lo miró dudoso, pero su comportamiento le llamó la atención: el viejo se apresuró a levantarse esquivando las manos del moreno.

—Por favor, permítame ayudarlo— se ofreció Shouji.

— ¡He dicho que me suelten!— el viejo se alejo rápidamente por la calle. Michael no razonó, actuó por instinto, corrió detrás del hombre y se lanzó sobre él cuando este se introducía en un callejón. Shouji lo siguió y ayudó al rubio a afirmar al hombre sin saber porque.

—Michael, ¿Qué haces?

— ¿Cuál es tu nombre?— preguntó Michael con los ojos oscurecidos por la rabia – ¡Contesta!

—Soy… Soy… Emoto— Shouji lo afirmó con más fuerza y le sonrió afirmativamente al rubio.

— ¿Dónde está Arizuka?— preguntó molestó afirmando al hombre del cuello de la camisa.

—No lo sé— contestó asustado ante la agresividad de los dos hombres

— ¡Mientes! ¡Si no contestas voy a hacer que te pudras en la cárcel! y tengo el poder para hacerlo, así que será mejor que hables ¿Dónde está Arizuka?

—No lo sé— Shouji le dio un fuerte puñetazo en el rostro y el viejo flacucho comenzó a sangrar —De verdad, no lo sé. Me dijo que lo espera en la posada Kioto, pero nunca llegó.

— ¿Para qué se iban a juntar?

—Para…— Emoto dudó por miedo, pero más temor le causo la mirada de Shouji —…iba a pagarme por haberle servido todo este tiempo.

— ¿Fuiste tú quien enveneno a Soubi?

—Sí, él me ordeno que lo hiciera. Me dijo que me daría la mitad del zafiro, en dinero.

—Los ojos de Soubi, ese zafiro.

—De Natsumi, será. El zafiro lo obtuvimos la noche de la muerte de la señorita Natsumi, ese fue un error. El señor Arizuka aun se lamenta el haberla perdido.

—Ahora que ha perdido el zafiro— comentó Michael

— ¿Lo perdió?— interrumpió Emoto con la boca sangrando por el puñetazo de Shouji.

—Sí, lo ha perdido, así que ahora no tiene un peso para pagar por sus servicios señor Emoto; usted ha sido cómplice de homicidio y el principal inculpado en homicidio frustrado, así que tiene un boleto directo a la cárcel y si es estricta será fusilado. Mi familia es influyente, señor Emoto, my influyente… y tiene dinero.

— ¿Qué intenta decirme?

—Si usted nos ayuda a encontrar al viejo nosotros podríamos ayudarlo en su sentencia— Los ojos de Emoto se abrieron por la sorpresa y temblaron. Shouji dejo que pensara unos segundos en su decisión… era lo mejor que podía hacer, después de todo igual iría a la cárcel. — ¿Y? ¿Que ha decidido?

—Si me ayudan, los ayudare— Shouji sonrió y levantó al viejo, con la ayuda de Michael. Caminando, llegaron hasta el cuartel que quedaba a unas cuadras y los oficiales reconocieron inmediatamente y lo saludaron al estilo militar.

— ¡Señor!

—Llévense a este prisionero— lo lanzó a los oficiales quienes lo afirmaron con fuerza –Este hombre es acusado de dos crímenes graves. No quiero que lo dejen solo ni un minuto y tampoco puede recibir visitas, de nadie. Señor Emoto, si usted cambia de parecer, sabe cuál será la pena— Shouji sonrió al ver la expresión del viejo — ¡llévenselo!

—Permiso.

—Vaya, si que tienes presencia. No solo me respetan por mi posición actualmente, sino por mi familia.

—Estoy bien ubicado— sonrió Michael.

— ¿A qué te refieres?

—Soy amigo de las familias más influyentes de Japón, Tokaurin, Kazanuri, Nakajima. ¿A quién mas necesito?

Cuando los dos entraron en la casa, el rostro de su mayordomo estaba serio y pálido. Shouji presintió lo peor, su corazón palpitó con fuerza contra su pecho y la sangre le bombeó más rápido a la cabeza.

— ¿Qué pasa, Noguchi?— preguntó Shouji.

—Vino un mensajero de la señorita Kobayakawa— Shouji se maldijo por haber olvidado su cita con la familia Kobayakawa.

— ¿Qué dijo?

—Que esperaba su visita con ansias—. Shouji observó su reloj de bolsillo

—Aun no es tan tarde, para hacer la visita. Gracias Noguchi— levantó la vista al mayordomo y le sonrió, mientras le entregaba el sombrero y el fuete. –Tengo que cambiarme antes de ir a la casa de los Kobayakawa, Noguchi, necesito tu ayuda. Alístame otro caballo y guarda al que traía en el corral, está exhausto.

—Sí, señor— el mayordomo se retiró, con los utensilios de Shouji y Michael. Los dos atravesaron el recibidor rumbó a la escalera y llegaron hasta la habitación de Shouji, pero cuando llegaron a la habitación de Shouji está estaba vacía y aseada.

—Shouji— su madre lo interrumpió –No te exaltes.

— ¿Dónde está?

—Tu padre pidió que la cambiaran de habitación— El moreno frunció el ceño y siguió a su madre. Natsumi estaba en una de las habitaciones de huéspedes. Estaba tranquila y dormida, los delirios habían cedido. Shouji se acercó hasta ella y le tocó la frente.

—También bajo la temperatura— murmuró.

—El doctor dijo que está más estable. Que solo tiene que descansar.

—It's realy aliviator— Michael miró a Yuka y ella asintió.

—Ha dormido gran parte del día, así que esperamos que pronto despierte.

—Mamá ¿Por qué mi padre la cambio de habitación?

—Dijo que era lo mejor, así podrías descansar en tú cama— contestó Kaoruko parada detrás de él.

—Iba a dormir con ella— informó Shouji.

— ¡Estás loco! Nunca te permitiría que la tocaras.

—No dije que la iba a tocar. Independiente de en que dormitorio esté igual dormiré con ella— Shouji se acercó hasta los labios de Natsumi y los besó con ternura –Tengo que salir— informó volteándose hasta su madre que lo miraba reprobatoriamente –Voy a ir a la casa de los Kobayakawa.

— ¿A qué vas?

—Voy a anular mi compromiso. Como dije desde un principió, no pienso casarme con ella. No la amo y ella tampoco me quiere, voy a casarme con Natsumi.

—Shouji, si tu padre lo sabe…— lo afirmó del brazo y lo alejó de Natsumi —…él se opondrá. Aun no puedes tomar decisiones de esa índole.

—Entonces, primero iré a hablar con él ¿Dónde está?

—En su dormitorio— sin escuchar más, el moreno giró sus talones para dirigirse a la puerta. Su madre lo siguió de cerca y ninguno se detuvo hasta que llegaron al dormitorio. Shouji golpeó la puerta y segundos después entró sin esperar autorización.

— ¡¿Qué es esa forma de entrar?!— preguntó molestó Kachou. — ¿Shouji?

—Padre. Te informó que en este momento me dirijo a la casa de los Kobayakawa para anular la petición de mano de Miyuki.

— ¿Qué?— Kachou caminó hasta su hijo –No te atrevas.

—No padre. No me casaré con ella. Voy a casarme con Natsumi Tokaurin como se prometió en un inició.

—Pero ella es libre de hacer lo que quiera en este momento, nadie dice que querrá casarse contigo.

—Lo hará, padre, lo hará. Y el compromiso con Miyuki es solo un impedimento para mí. Usted le prometió mi mano a Shouji y Natsumi Tokaurin, a mi padrino, no puede retractarse porque ellos no están. Una promesa hay que cumplirla y yo deseo casarme con esa chica.

—Shouji…— Kachou paso su vista hacía su mujer y luego volvió a él —…Y si ella no sobrevive.

—Papá, no vuelvas a decirlo— su mirada fue tan intensa que Kachou no fue capaz de protestar. –No sé en qué te perjudica tanto que yo me case con ella, es de buena familia, excelente para ser más exacto, somos amigos desde niños y tú eras amigo de sus padres. Compartieron miles de cosas, no sé porque te molesta.

—No me molesta, Shouji. Lo que no quiero es que se repita la historia— un silencio fúnebre se hizo presente. Shouji miró sin comprender las palabras de su padre.

— ¿A qué te refieres?

—Estás viviendo lo mismo que vivió mi querido amigo Shouji Tokaurin. Se enamoró de Natsumi Tsugimoto, que también tenía un hermano, y al igual que Soubi, su tío Reiko también murió. Luego fue ella, Natsumi murió cuando dio a luz a los dos mellizos y Shouji fue asesinado. No quiero que Natsumi muera y tu sufras la perdida— * (acabo de darme cuenta de la relación)

—Pero eso no tiene nada que ver. Cada uno tiene su futuro, yo estoy seguro que ella no morirá. Y si algo llegara a pasarle más me lamentaría no haber podido disfrutar de estar a su lado durante ese tiempo. ¿Entiendes? Prefiero estar un poco con ella a nunca. Yo, estoy verdaderamente enamorado de ella. La amo, desde que hable con mi tío para pedir su mano.

— ¿Hablaste con quien?

—Con mi padrino, Shouji Tokaurin, el me aprobó cuando le pedí la mano de su hija.

— ¿Cuándo fue eso?— preguntó Kaoruko sorprendida.

—Antes de irme al ejercito, cuando tenía quince. Le pedí la autorización para casarme con ella y él me lo autorizó.

—Ese era el deseo de todos. No tengo porque retractarme de mi decisión. Tengo la autorización de su madre, quien fue ella la de la idea+, de mi padrino y de su hermano. ¿No soy el mejor candidato?

—Pero…— Kachou iba a reclamar pero Kaoruko le tomó el brazo y lo interrumpió.

—Shouji… yo solo quiero tu felicidad. Nada me daría más placer que verte feliz y si ese es tu deseo entonces te apoyo. Ve con los Kobayakawa y anula el compromiso.

— ¡Pero Kaoruko!— las dos miradas estaban sobre él. Kachou tragó saliva dificultosamente y asintió. –Es verdad… tiene razón. Esta mujer tiene razón.

— ¿Y?

—Te doy mi consentimiento para que te cases con la persona que tu creas es la correcta.

—Papá— Shouji le dio un fuerte y apretado abrazo a su padre, y un beso en la mejilla a su madre y salió a toda prisa hasta su habitación. Tenía que esta presentable para romper los lazos con los Kobayakawa, sinceramente a ellos les caería muy mal su comportamiento, pero ya no estaba en 1800, sino en 1900 y los compromisos no eran por conveniencia, sino por amor.

Y ahí estaba. Sentado en un bonito sofá en la sala de los Kobayakawa mientras la mirada del jefe de hogar estaba sobre él. La mujer en cambio estaba sentada junto a su hija con una sonrisa tranquila, y Miyuki se mantenía seria y nerviosa.

—me disculpo otra vez por la hora.

—No se preocupe, joven Kazanuri. Aun le debemos una compensación por el mal trato de ayer. Echarlo de esa forma por pensar mal de usted, es imperdonable. Usted es un hombre honrado y derecho, nunca dañaría a nuestra Miyuki.

—En efecto, señor Kobayakawa, y es por eso por lo que he venido.

— ¿Se sirve otra tasita de té?— ofreció la señora.

—No, no, muchas gracias. La verdad— carraspeó un poco y observo a los ojos al señor –venia a hablar sobre el compromiso.

—Adelante, usted dirá. Si quiere adelantar la fecha estamos a su entera disposición— Shouji sonrió nervioso. Hablar con esas personas era difícil, más cuando las cosas iban contra sus deseos. El señor Kobayakawa era un hombre de piel blanca, de ojos y cabello negro y una gran panza. Mientras que su esposa era una mujer de contextura delgada, con un lindo lunar bajo la comisura de la boca, ojos lilas (iguales a su hija) y cabello castaño oscuro. Tenía una apariencia muy tranquila, a diferencia de su esposo que siempre le gustaba ir a todas las fiestas que se daba. Fue él el de la idea de la fiesta en su casa, del viaje a Londres, del compromiso con los Kazanuri y ni idea que otras cosas más.

—Bien— Shouji tragó saliva y tomó aire –Yo quería retirar el ofrecimiento de mi padre, respecto al matrimonio entre la señorita y yo—. Y fue punto final. El viejo se levantó con la mirada llena de rabia hacía él y se acercó peligrosamente. Miyuki afirmó la mano de su madre y la apretó nerviosa por el comportamiento de su padre.

— ¿Es una broma, señor Kazanuri?

—No lo es, señor Kobayakawa— Shouji se levantó y se puso a su altura. Pudo notarse a simple vista que Shouji era mucho más alto que el viejo, pero en contextura el viejo le ganaba.

—Usted prometió casarse con mi hija.

—Lo sé, pero hemos decidido que ninguno de los dos quiere un compromiso de esta índole— el viejo miró a su hija quien se levantó y se colocó junto a Shouji.

—No quiero casarme con él, papá.

— ¡Ya hemos tenido esta discusión, Miyuki!

—Pero de que vale si tú no me escuchas.

—Por favor, querido— intentó calmarlo su mujer, pero él la miró con el seño fruncido y la mujer guardó silencio.

—Usted es su padre— interrumpió Shouji – ¿No querrá lo mejor para ella?

—Por eso es el compromiso con tu familia.

—Pero mi familia no es la única, hay una familia que también esta ensalzada por su participación en la restauración y más por el emperador por su gran lealtad. Los Nakajima son una gran familia, y sus integrantes son buenos amigos con nosotros.

—Pero esa familia…

—Tienen un hijo, el joven Ken Nakajima. Es soltero, postula al ejercito y.

—Y yo estoy enamorada de él, papá. No sé porque te molesta tanto que lo ame— El viejo miró a su hija y negó con la cabeza.

—Miyuki, todo esto lo hago por ti.

—Si fuera por mí, no me obligarías a casarme con alguien que no me ama. Nuestro matrimonio seria un infierno para ambas partes, porque los dos amamos a otras personas— el viejo cayó en su silla con la vista baja y horrorizado.

—Eso era lo que intentaba decirle, señor— Shouji miró a Miyuki –Me acompañas hasta la puerta— LA joven asintió. –Buenas noches, señora, señor— los dos salieron de la sala rumbó al recibidor.

—Muchas gracias, joven Kazanuri.

—De nada. Esto no significa que no volveremos a hablarnos nunca más.

—Por supuesto que no— respondió ella –Es usted todo un caballero, y un buen amigo. Se lo agradezco— Shouji se puso su chaqueta, su sombrero y le sonrió.

—Nos veremos nuevamente. Me invitaras a tu fiesta de compromiso, haber si hay conoces a mi novia.

—Por supuesto. Y usted no olvide mi invitación.

—Nunca— le dio un beso en el dorso de la mano y salió de la casa. Ya había terminado con su compromiso con los Kobayakawa y realmente sentía que un gran peso había sido retirado de su espalda. Ahora tenía una misión más difícil, convencer a su novia de casarse con él.

Cuando llegó a casa, Natsumi seguía dormida. Dejó su chaqueta de vestir a un lado y observó a Yuka que se veía cansada y pálida. –Vete a dormir, es mi turno.

—Gracias, señor. Buenas noches.

—Buenas noches— respondió gentilmente. Michael también estaba ahí, pero él se quedo un rato más. Cuando se dispuso a salir miró por última vez a Shouji y sonrió con malicia.

—No te atrevas a tocarla, remember that is prohibido— Shouji frunció el seño y lo miró con ironía. Michael rió. Salía de la habitación, cuando vio a Yuka intentar entrar. — ¿What pasa?

—Hay algo que quiero hablar con el señor Kazanuri.

—Te espero.

—No es necesario, joven Michael. Vaya a descansar. Buenas noches.

—Good nigth— dijo de mala gana y entró en la habitación continua.

— ¿Qué sucede, Yuka?— la joven juntó un poco la puerta y se paró junto al moreno.

—Es algo que la señorita me contó en una ocasión; sobre sus sentimientos. Ella está enamorada de usted, señor, pero pensar que usted está profundamente enamorado del joven Soubi.

—Comprendo— la mirada de Shouji brilló cuando Yuka le dijo los sentimientos de Natsumi.

—Por eso piensa que cuando usted se entere de que ella no es el joven, se desilusionara porque fue el joven quien murió— Shouji asintió atento –Piensa que lo mejor hubiera sido que ella muriera aquella noche, como hicieron creer.

—Es una tonta.

—Lo sé, pero la entiendo. Ella nunca ha conocido el amor, y el que ha conocido a sido en sus manos, señor; por eso la entendía. Nos sabe con cuanta felicidad se comió el pastel que usted le envió.

— ¿Qué pastel?— se alteró Shouji.

—Bueno, el pastel envenenado. El joven Michael también lo probó y notó su extraño sabor, debido al opio; pero ella… yo creo que ella sabía que el pastel estaba envenenado.

— ¿Crees que ella se…?

—Sí, señor. La señorita me dijo que todas las personas tenían distintas razones para vivir y que cuando terminaban una podían seguir con otra, además que siempre van naciendo distintas razones. Pero en su caso solo tenía una, que era encontrar la forma de vengar a su hermano. Después de eso ya no tenía razón para vivir.

—Fue por eso por lo que se lo comió. Yuka, cuando Natsumi y Michael recibieron mi nota esta mañana ¿Natsumi ya se había comido el pastel?

—Le lleve un pedazo de pastel y en ese momento llegó la nota. Ella termino de comerlo después de haberse enterado de su recado— Shouji asintió con una seria expresión. –Creo que usted es el único que puede darle una buena razón para vivir, por favor, se lo pido… aunque sea como amiga, por el amor que le tiene al joven Soubi.

—Tranquila, Yuka. Yo me encargare desde aquí. Te agradezco mucho todo esto— la joven sonrió complacida.

—De nada.

— ¿Te han facilitado una habitación?— preguntó Shouji.

—Sí, señor— ella emprendió su camino hacia la puerta.

—Bien, entonces que tengas buenas noches.

—Buenas noches, señor— Yuka cerró la puerta por fuera y se alejo por el pasillo. Shouji caminó hasta la puerta y giró la llave que había ahí puesta. Luego se quitó la corbata, la camisa, quedando solo en camiseta y se sentó en la cama en el lado opuesto de Natsumi. Se quitó las botas los calcetines y los pantalones quedando solo en la ropa interior. Se acostó bajo las mantas y se acercó lo que más pudo al cuerpo dormido de la chica.

Sus brazos musculosos la envolvieron y la atrajeron hacia su cuerpo mientras le acariciaba el cabello. Se quedo apoyado en las almohadas mientras que Natsumi recostaba su cabeza sobre su duro pecho. –así que necesitas una razón, Natsumi Tokaurin. Déjame decirte que yo tengo una buena razón para que te quedes a mi lado— acercó su boca hasta la oreja de la joven y sonrió –No creo tener una razón de peso para que vivas, solo puedo decirte que te amo y te necesito, y si necesitas una razón, entonces vive por mí, porque no creo poder encontrar a alguien a quien amar más que a ti. Soubi no fue mi amor, solo lo ame como un hermano, él era mi mejor amigo, mi compañero. Nunca nos vimos con otros ojos— los ojos de Shouji se inundaron por las lágrimas —te amo, Natsumi Tokaurin, tu actuación logro engañarme pero no tus ojos esmeraldas— sintió que la chica se movía en sus brazos y sonrió. La apretó con más fuerza contra su pecho y cerró los ojos mientras cerraba los ojos y se quedaba dormido.

Continuara…


Próximo, ultimo capitulo.

Espero sus comentarios.