NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS.

¡Antes que nada leean esto y la nota al final de la historia, después, podrán matarme si aún lo desean! (que espero no lo hagan)

Revisión de Comentarios:

Daari: ¡Gracias! por tus comentarios, tu apoyo y ayuda ^^

SammyKataangTwilight: y a mi me encanta saber que te gustan mis historias.

konitaFanKataang: lamento decirte que es el último capítulo, aquí sabrás porqué. Y gracias por el halago, que bueno que te gustase la historia.


Epílogo.

La lluvia caía sin reparos sobre las altas montañas y había obligado a los Monjes cancelar la mayoría de las actividades diarias. Salvo las meditaciones que fueron trasladadas al gran salón en vez del patio, nada se podía hacer si era fuera de las aulas cerradas. Difícil era para un maestro aire, liberal, estarse quieto.

Aang miraba a través de su ventana tratando de que el agua lo calmase. No podía esconder las lágrimas ya formadas en sus brillosos ojos y que caían despacio por sus mejillas. Inhalaba profundamente, en un intento inútil de calmarse. Katara estaba detrás de él, con los brazos cruzados, sintiendo que el corazón se le partía pero sin poder hacer nada más que eso

—¿Por qué?—repitió el niño—Sigo sin entender

—Tú lo entiendes Aang, siempre lo has sabido—empezó Katara con voz suave pero firme—Debo irme, con mi esposo y con mi hija.

—¿Cuándo volverás?

—No lo sé—nunca, pensaba. Jamás aquí, en este tiempo.

Aang seguía tratando de no llorar demasiado. Pero el dolor en su palpitante corazón era intenso como para ignorarlo. Con un esfuerzo sobrehumano, habló tranquilo.

—Creo que, de cierta forma, ya sabía que me abandonarías.

Los ojos de Katara se abrieron desmesuradamente ante esas palabras.

—¡No te abandono Aang! ¿Por qué dices esas tonterías? No es verdad. Regresaré, te lo prometo.

—No—afirmaba el muchacho—Tú me dejas por la misma razón que me ha dejado todo el mundo ¡Por que soy el Avatar! ¿Oh no? Mis amigos, conocidos, la gente que estimo, todos se alejan por lo mismo. Pensaba que Gyatso y tú eran diferentes… ahora veo que no.

—Aang yo no…—Se contuvo de hablar, pues sabía que si lo explicaba todo, mínimo aunque fuese una razón, le daría esperanzas al niño. Y por mucho que le destrozara el alma, debía quitarle todo rastro de confianza y dejarlo confundido si quería salvar su vida de la invasión.

—¿Qué cosa?—preguntó Aang, viendo que Katara luchaba por no hablar mordiéndose el labio.

—Nada.

—¿Nada?

Lo miró. Sin pronunciar palabra

—¿Ves como lo que te dije era verdad? No me quieres porque soy el Avatar

—Piensa lo que quieras Aang. Pero lo que sí puedo decirte es que eso es mentira.

Aang le dio la espalda y no la miró cuando salió de su alcoba. Ya una vez que escuchó sus pasos alejarse del pasillo, pudo derrumbarse en su cama y llorar. Sentía que estaba perdiendo el amor de su vida para siempre. Y no había llanto ni distracción ni nada que le consolara. Jamás la habría.

Quieta, sin que la miraran, Kumiko escuchaba todo desde la habitación de al lado. Sus manos se hicieron dos puños ante el llanto de Aang y ella misma sintió sus mejillas empaparse ¿Quién se creía que era Katara para tratar a su Aang de esa forma? ¡Era nadie! ¡Jamás sería alguien! Nadie, nunca, podrá hacerle tanto daño a mi amor y salir invicta. Pensaba mientras se encaminaba hacia la biblioteca del Templo, con una sonrisa siniestra.

—¿Lista?—preguntó Sokka a su hermana.

—Sí.

La respuesta fue vacía. Sokka notó que Katara parecía ser un espectro. Un fantasma andante. No dijo nada y solo subió las maletas sobre la espalda de un bisonte volador que le habían prestado. La lluvia se había calmado y podrían emprender vuelo. Primero, irían a buscar suerte en la Tribu Agua del Sur. De ahí, no sabían a donde mas ir.

—Suerte—les deseo Gyatso, desde el suelo cuando los dos morenos se fueron hacia un destino incierto—Y que encuentren su camino.

Aang desde su ventana los miró partir. Y dejó la carta sobre su cama, con el planeador en su mano, dispuesto a hacer lo mismo.

Gyatso bendijo a los espíritus y rogó por la estabilidad temporal.

Los demás Monjes se unieron a sus rezos.

El Aang del futuro suplicaba por su esposa y amigo.

Suki imploraba volver a ver a su esposo.

Usagui anhelaba a su mamá.

Kumiko pronunciaba unas extrañas palabras leídas en un libro.

En lo recógnito del Mundo Espiritual alguien habló fuerte, casi gritando una orden.

Y los hermanos morenos sintieron un intenso dolor en sus interiores antes de el rayo atravesara el firmamento. ¿Los golpeo? Nadie lo supo. Pero ambos desaparecieron repentinamente sobre el cielo y dejando como rastro solo un grito de dolor. Miles de estruendosos relámpagos rompieron tanto el cielo como la tierra, dejando que la lluvia intentara reparar sus estragos.

Por aquel tiempo, en aquellos lugares, nada más se supo sobre Katara y Sokka. Y dos días después, tampoco se sabría nada sobre los Nómadas del Aire, convertidos sus Templos en rocas cubiertas de fuego.

Fin.


Se siente tan extraño poner esa palabra: "fin" ¡No me acostumbro! Bueno, antes de que me maten por dejar así la historia, mi mente loca ideó otra manera de continuarla. Pero por el giro demasiado brusco que dará he decido escribir la continuación en una historia aparte. Para variar, se llamará "¡Ayuda! La intervención de Kumiko" y no constará con más de cinco o seis capítulos. La publicaré en pocos días, ya casi termino el primer chapter.

Seguro me odiarán por manejar tanta incertidumbre en todas mis historias. Lo lamento, pero se me ocurren las cosas y simplemente no puedo resistirme a hacerlas así. Espero se animen a buscar mi siguiente fic y vean el extraño final que he decidido ponerle a esta trilogía de "¡Ayudas!"

Gracias a:

SammyKataangTwilight.

Nisseblack.

Mariifabii44

Ari Thermaian

Daari

Lizmi

Bronkaloka (lesliemanya)

Por todo su apoyo. Y a los que no dejaron comentarios pero siguieron leyendo ¡También! ¡Un beso! :)

nos leemos!

chao!