Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a spanglemaker9, yo solo la traduzco.


FAKING IT

Precuela

"¡Bella! ¿Hay más sorpresatta ahí atrás?" preguntó Mike desde la parte delantera.

"¡Jesús, Mike, ni siquiera he soltado mi bolso todavía!" Reí mientras la puerta trasera del El Planeta de los Sándwiches se cerraba detrás de mí. "Dame un segundo, ¿vale?"

"Lo siento," gritó de nuevo. "Eric ha llamado diciendo que está enfermo, así que estamos cortos aquí y no he podido ir al fondo y mirar."

Tiré del picaporte de la cámara frigorífica y miré los estantes de la izquierda hasta que encontré lo que estaba buscando y lo cogí. Crucé la pequeña cocina de acero, lanzándole una sonrisa a un muy ocupado Tyler, que estaba preparando rápidamente churrasco, y pasé por la puerta a la parte delantera, dándole un golpecito a Mike en el hombro con dos rollos de sorpresatta.

"Un millón de gracias, Bella. Sé que se supone que no entras hasta dentro de quince minutos, pero..."

"Claro, claro," suspiré. "Sólo deja que coja mi mandil y me lave las manos."

Mike me sonrió aliviado. Yo me escabullí a la parte trasera y me preparé tan rápido como pude para mi turno, dejando mi bolso en un estante, recogiéndome el pelo en una coleta y colocándome mi mandil naranja de El Planeta de los Sándwiches. ¿Naranja, en serio? ¿Había alguna persona en el mundo que pudiera llevar ese horrible color? Ciertamente no era yo.

Mike pareció casi desmayarse de alivio cuando aparecí para empezar mi turno pronto. Había una cola semi-larga de clientes, así que sin ninguna palabra, me puse a ello, tomando pedidos y preparando platos. Jessica ya estaba ahí, manejando la caja registradora. Como yo ya estaba ahí para recoger comida de la ventanilla que conectaba con la cocina mientras Tyler la pasaba, Mike se excusó para ir a la parte trasera a recolocar los artículos que Tyler necesitaba.

No había una gran multitud, sino una corriente estable de personas que no se detuvo hasta bien pasada la hora de la comida y nos mantuvo en movimiento. No tuve tiempo en absoluto para leer algo de la clase de Literatura Británica o trabajar en la letra de la nueva canción de Jasper.

Eran casi las cuatro de la tarde cuando las cosas empezaron a calmarse. Jessica y yo tuvimos que recolocar la parte delantera y limpiarlo todo, pero éramos un buen equipo y no tardamos mucho. Podíamos hablar y reír un poco mientras trabajábamos, lo que siempre hacía que las cosas pasaran más rápido. Ella era un poco zángana, pero era buena persona y con mucho mi persona favorita con la que trabajar.

Entonces, mi persona menos favorita con la que trabajar entró. Lauren. Perra loca. Nos saludó a Jessica y a mí sin palabras y con un movimiento de la cabeza mientras se dirigía al fondo para fichar y dejar sus cosas. Se suponía que entraba en quince minutos, pero sabía que pasaría media hora antes de que viéramos su huesudo trasero en la parte delantera. No, pasaría el rato en la oficina de Mike tanto tiempo como fuera posible, coqueteando y buscando liarse con el jefe. De El Planeta de los Sándwiches. Que alto apuntas, Lauren.

"¿Hoy trabajas toda la noche, Bella?" me preguntó Jessica.

"Sí, hasta que cerremos."

"¿No tenéis concierto?"

"No, esta noche no. Nos han movido a los domingos en el Dugout. Hablando de lo cual," dije, sacando un flyer doblado del bolsillo trasero de mis vaqueros. "¿Vendrás el domingo? Tenemos que mantener un número de gente en la puerta o nos sacarán de la lista completamente."

Jessica cogió el flyer y sonrió. "Claro. Y... ¿quién sabe? Tal vez pueda conseguir una cita, lo que nos convertiría en dos."

"Puedes preguntárselo a Mike," dije casualmente, sabiendo que no habría nada que le gustara más en el mundo que llevarle a él y también que no había nada que era menos probable que hiciera que reunir el valor para pedírselo realmente. La estaba matando que esa fulana de Lauren estuviera ahí atrás en ese mismo momento coqueteando con él. Ya la había empujado en su dirección antes sin éxito, pero eso no me detenía de intentarlo repetidamente.

Ella se sonrojó y no dijo nada, manteniendo simplemente los ojos en su revista.

"¿Qué tal va la nueva canción?" preguntó.

"¡Vaya forma de distraerme, Jess!" reí, "Va lento. Estoy tan ocupada con las clases e intentando hacer turnos extra aquí. Jasper quiere que terminemos de grabar la demo, pero el tiempo en el estudio es malditamente caro."

"¿Cuándo vas a renunciar, Bella?" Las palabras se oyeron como un gruñido de superioridad sobre mi hombro. "Quiero decir, en serio, ¿no te estás haciendo un poco mayor para jugar a ser una estrella de rock?"

Me di la vuelta y miré furiosa a Lauren, que estaba inclinada contra la puerta de la cocina.

"Tengo veintidós," escupí.

"Como he dicho..." dijo Lauren con una sonrisa.

"Jesús, Lauren, ¿por qué no eres un poco más perra?" soltó Jess sobre su hombro. Reí y me di la vuelta para unirme a Jess en el mostrador.

Lauren rodó los ojos pero lo dejó y fue a la caja registradora, intentando parecer ocupada. Jess volvió a su revista. Yo miré al frente, por las ventanas a la gente que caminaba por las aceras del centro de Seattle. Tengo que salir de aquí, pensé con un suspiro.

"Maldición..." susurró Jess.

"¿Qué?" pregunté.

"Ven a verlo," dijo, haciendo un gesto hacia la revista.

Me incliné apoyando los codos en el mostrador, nuestros hombros se tocaban, de manera que podíamos mirarla juntas. Era una revista de cotilleos; no era el tipo de cosa que yo leería habitualmente, pero a Jess le encantaban todas estas cosas y, demonios, cualquier cosa valía para hacer que el tiempo pasara más rápido. Jess estaba mirando unas fotos de una elegante fiesta de Hollywood. Miré más de cerca a donde ella apuntaba y reconocí a Edward Cullen, en toda su gloria de superestrella de Hollywood, con mirada de dormitorio, pelo post-sexo y labios besables.

"¡Es tan jodidamente sexy!" Jess suspiró.

Solté una risita por su tono soñador, pero asentí de acuerdo. "Lo es," dije. Porque ni siquiera era una opinión. Era un hecho. Era sexy. Todos lo sabían.

"El pelo..." Jess gimió.

"El pelo es bastante extraordinario," acepté. "Me pregunto cómo se sentirá tocarlo."

"Jesús, me gustaría saberlo," murmuró ella.

Lauren había estado intentando ignorarnos y finalmente, con un bufido, se rindió y se acercó a nosotras por detrás para ver lo que admirábamos.

"Oh, él. Sí, totalmente sexy," dijo. Increíble. Avisad a los medios. Lauren y yo estábamos de acuerdo en algo.

"Lo que daría por solo una noche," murmuró Jess.

"Una noche," dije con una sonrisa, preparándome para disfrutar nuestro jueguecito. Era un poco como hablar de lo que harías con el dinero si ganabas la lotería. "¡Podría hacer mucho con una noche!"

"¿Sabes qué? Olvida lo de una noche. Le escondería la ropa para que tuviera que estar desnudo en la cama durante días." Jessica soltó una risita.

"Mmmm," murmuré de acuerdo. "Un maratón de sexo de veinticuatro horas. ¡Solo para ir calentando!"

Jessica rio.

Lauren resopló suavemente a mi lado. "¿Por qué malgastas tiempo pensando en un Dios intocable de una revista cuando podrías tirarte a ese caliente tipo de tu banda?"

Giré la cabeza para mirarla fijamente.

"¿Estás hablando de Jasper?" pregunté.

"Espero que no creas que me refiero al otro. Quiero decir, ¿no es tu primo? Eso sería asqueroso. E ilegal," dijo de forma desdeñosa. Luego su expresión cambió, se hizo más desagradable, si era posible. "Pero también es cierto que puede que por eso nunca hayas hecho nada con el rubio caliente. Te gusta tu primo."

Me enderecé rápidamente, pretendiendo hacerla pedazos, pero Jessica se colocó entre nosotras rápidamente con una mano en mi hombro.

"Es suficiente, Lauren. Eso ha estado mal. Solo lárgate."

Lauren me sostuvo la mirada un minuto antes de encogerse de hombros y volverse hacia la cocina. Jess la vio marcharse con una expresión de dolor, suponiendo, y probablemente con razón, que volvía para coquetear con Mike un poco más.

"No puedes dejar que te afecte," dijo Jess, llevándome de nuevo al frente.

"La odio," gruñí. Jesús, lo que daría por poder dejar ese asqueroso trabajo. Si pudiéramos conseguir suficientes actuaciones para la banda como para vivir de ellas, para poder solo tocar, no necesitaría más trabajos malos a media jornada para pagar las facturas. Esa era mi fantasía caliente. Pero todavía estaba a un largo trecho de distancia. Nos quedaba poco tiempo para grabar la demo, pero todavía había mucho que hacer y las horas del estudio eran muy caras. A veces parecía que nunca íbamos a llegar ahí.

Jess y yo terminamos el turno en paz. La noche fue tranquila, lo que fue bueno y malo. Significaba que realmente no necesitamos a Lauren delante con nosotras, lo que era bueno, pero también significaba que se había quedado atrás con Mike, lo que para Jess era muy malo. Deseé saber como conseguir que ella hiciera un movimiento, porque tenía la sensación de que podía conseguirle si solo lo intentaba un poco. Pero habíamos hablado de ello un millón de veces y fue bastante inútil.

Jess pasó el resto de su turno inclinada sobre su revista, fantaseando con Edward Cullen. Hey, lo que sea que te haga superar la noche, digo yo. Lauren se quedó principalmente fuera de mi camino, lo que significaba que Jess y yo nos quedamos con las tareas de cierre, pero era más pacífico así.

Nuestra casa estaba oscura cuando llegué casi a medianoche. Todos debían de estar ya en la cama. Cogí el correo del suelo al otro lado de la puerta cuando entré. Dios nos guarde de que alguien más en esa casa lo ordenara por una vez. Había tenido que barrer esa noche, así que me sentía sudada y la espalda me estaba matando. Necesitaba relajarme un poco antes de ir a la cama, aunque tenía clase a las 9.

Fui directa a la cocina, abrí la nevera, cogí una cerveza y la abrí antes de sentarme en la mesa y empezar a hojear el montón de correo. Facturas de la matrícula de U Dub para mí y Rose. Malditamente increíble. Me pregunté cuánto podría prolongarlas. La factura de la electricidad, el seguro de mi camioneta... joder, ¿por qué tenía que venir todo junto? Nunca podríamos raspar lo suficiente como para terminar la demo.

El último sobre era largo y estrecho, con un remitente de Los Angeles. Iba dirigido a Emmett McCarty/Eclipse. Bueno, tenía el nombre de Emmett, pero también tenía el de la banda, así que imaginé que estaría bien. Y me moría por saber qué demonios era. Abrí el sobre y saqué la carta que había dentro.

- . - . - . - . -

Mi puño golpeó seis veces la puerta de Emmett antes de que escuchara nada dentro. Finalmente, Rose gimió.

"¿Qué coño pasa?" murmuró, pero abrió la puerta. Solo llevaba las bragas y una camiseta de tirantes. Emmett estaba espatarrado en la cama detrás de ella con una sábana cubriéndole hasta la cintura, y realmente no quise saber lo que llevaba o no llevaba debajo.

"Jesús, Bells," gimió Emmett. "Acababa de quedarme dormido. ¿Qué demonios quieres?"

"¿Bells?" Escuché la voz de Jasper detrás de mí y me giré para verle salir al pasillo solo con sus bóxers, rascándose el estómago y bostezando.

"Joder, Jazz. ¿Y si te pones unos pantalones?" gruñí, levantando una mano con desgana para cubrirme los ojos. Él me ignoró y caminó hasta donde yo estaba inclinada en el umbral de la puerta de la habitación de Rose y Em.

"¿Qué está pasando?" preguntó él.

"Hmmm," murmuré con tono sarcástico y un dedo dando golpecitos en mi barbilla. "Solo me preguntaba porqué hemos recibido hoy una carta diciendo que Eclipse ha entrado en la selección final de America's Next Great Band." Moví la carta sobre mi cabeza.

Rose y Jasper solo me miraron con la boca abierta, pero Emmett se sentó de golpe en la cama.

"De ninguna jodida manera," murmuró. Rose y Jasper se giraron para mirarle, todavía con la boca abierta.

"¿Así que lo hiciste? ¿Enviaste una cinta nuestra?" pregunté.

"Um..." Y, en ese momento, Emmett tuvo el sentido de parecer un poco arrepentido. "Sí, envié una cinta hace unos meses."

"¡Emmett!" grité. "¿Por qué demonios no nos preguntaste?"

"Simplemente habrías dicho que no había forma de que lo consiguiéramos," dijo a la defensiva.

"Y tendría razón. ¡No lo conseguiremos! ¿Has visto las bandas que entran en ese programa? Son artistas con contratos. ¡No podemos competir con eso!"

"¿Hemos llegado a la ronda final?" preguntó Jasper, finalmente lo suficientemente despierto como para enterarse de todo.

"Sí," dije, pero todavía hay unas 50 bandas. ¿Realmente crees que entraremos en el top 20? ¿Nosotros? ¡Venga ya!"

"¿Qué cinta has enviado?" preguntó Rose.

"La de Jones Tavern que gravamos el año pasado," dijo Emmett.

"¡Oh, Em!" aullé, "¡esa es en la que tropecé con el cable del amplificador de Rose y casi me rompo el cuello! ¡Probablemente se están partiendo el culo con nosotros ahora mismo!"

"Sí, pero Bells," dijo Jasper, "esa también es la actuación en la que alcanzaste aquella locura de nota al final de la canción, y no hay forma de que alguien recuerde nada de lo que pasó antes cuando escuchen eso."

Emmett asintió de acuerdo. "¿Por qué es para tanto, Bells? Envié la cinta. No ha hecho ningún daño. Y hey, ¡hemos llegado a la ronda final! Eso está bastante bien."

"Sí, solo no te hagas ilusiones, Em. No hay forma de que entremos en ese programa," dije, dándome la vuelta para ir a mi habitación. Jasper se encogió de hombros y también se fue a su habitación.

Empecé a prepararme para la cama, intentando no pensar en una sala llena de ejecutivos de televisión viendo como mi tobillo se enredaba en el cable de Rose y como movía mis brazos salvajemente durante un minuto antes de enderezarme. Había tenido muchos momentos de vergonzosa torpeza en mi vida, pero ese era ganador de una condecoración azul. Y un montón de gente sin cara estaba en alguna sala de LA viéndolo, sin duda pensando que lo que habíamos enviado era una broma. Emmett era tonto si creía que teníamos una oportunidad.

- . - . - . - . -

"Para la próxima clase espero que hayáis terminado Moll Flanders y estéis preparados para discutirlo, gente."

Mi profesor de Literatura Inglesa nos miró mal a todos y mi estómago se hundió. No estaba ni cerca de haber terminado Moll Flanders. Me quedaban probablemente unas buenas 250 páginas. Podía ver que estaría levantada toda la noche para terminarlo antes de la siguiente clase.

Mientras echaba mi cuaderno en mi mochila y recogía el resto de mis cosas, me pregunté por milésima vez porqué me hacía esto a mí misma. Un trabajo casi a tiempo completo en la tienda de sándwiches, casi una carga completa de clases y, además, la banda. De todas formas, ¿qué creía que iba a hacer con mi estúpido título universitario? Si fuera lista, simplemente lo dejaría, pero realmente odiaba renunciar a ello. Y, además, la banda parecía no ir a ninguna parte rápido esos días. Al menos, si tenía un título, podría conseguir un trabajo de verdad algún día. Esa idea me deprimió.

La depresión se solidificó mientras dejaba el aula para enfrentarme a la miserable tarde gris y la helada llovizna. ¿Cómo podía sentirme tan miserable a comienzos de octubre? Solo empeoraría desde ahí. Parecía que pasaría una eternidad hasta que volviera a ver un día soleado. Crucé el campus tan rápido como me fue posible, pero no lo suficientemente rápido. Para cuando llegué al aparcamiento la llovizna y la niebla me habían empapado. Mi pelo era una locura encrespada alrededor de mi cara y mis zapatos hacían sonidos de chapoteo.

Al Gran Rojo no le gustaba el frío y la humedad más que a mí. Me llevó tres intentos hacer que el motor arrancara. Estaba a punto de rendirme y llamar a Rose para que viniera a buscarme antes de que finalmente hiciera contacto.

Le di una palmadita al Gran Rojo en el salpicadero con cariño. "Un día te llevaré a algún lugar cálido, lo prometo."

El viaje a casa hizo poco por mejorar mi humor, ya que los limpiaparabrisas del Gran Rojo no funcionaban bien y tuve que entrecerrar los ojos para ver todo el camino. Eché una mirada por nuestra calle mientras aparcaba. Las casas parecían gastadas y deterioradas bajo las mejores circunstancias y, con ese tiempo, el lugar parecía el fin del mundo. Y nuestra vieja casa alquilada era la peor de todas. En realidad, había trozos de ella que se caían.

Los tres coches de la banda estaban ya aparcados en el camino de entrada y lo que eufemísticamente podría ser descrito como jardín delantero, así que dejé al Gran Rojo en la calle. Me sorprendí porque el resto de la banda estuviera en casa al mismo tiempo. Entre la escuela y nuestros trabajos, eso no pasaba a menudo. No creí que vería a nadie más hasta que llegara a la actuación esa noche.

La actuación. Gemí. Quería quedarme en casa, calentita y leyendo. Pero teníamos una actuación, así que iba a tener que asearme y arreglarme. Habitualmente, nunca me molestaba actuar, pero esa noche...

Cerré con un golpe la puerta del Gran Rojo y casi me caí en el deslizante césped mojado antes de llegar a la puerta principal. La cerré detrás de mí antes de darme cuenta de que acababa de pisar el correo con mis pies mojados y llenos de barro. Pude oír voces en la sala de estar y solo consiguieron molestarme.

"¿Sabéis? ¡No soy la única de esta casa capaz de recoger el maldito correo!"

"Cálmate, primita." Emmett rio desde el umbral de la puerta. "¿Un mal día?"

"Sí... no. Solo largo. Y estoy mojada y cansada. Y tenemos una actuación esta noche."

"Sí." Asintió en señal de comprensión. "No me gustaría nada más que quedarme en casa esta noche y emborracharme, pero tenemos fans que complacer."

Resoplé por su broma y rodé los ojos.

"¿Dónde están Jazz y Rose?"

"Guitar Hero," dijo simplemente.

Asentí entendiendo. No los veríamos en horas entonces.

"Voy a ver si queda algo comestible en la casa," gruñí, dirigiéndome a la cocina.

"Buena suerte con eso." Emmett resopló al reír.

Solté una risita y moví una mano sobre mi hombro en su dirección, temblando ligeramente mientras caminaba hacia la cocina al fondo de la casa. El lugar nunca había sido aislado de forma apropiada y el mantenimiento era horrible. Al mínimo atisbo de mal tiempo, el viento se metía por las grietas de las paredes y las ventanas mal encajadas. Era solo marginalmente mejor que estar fuera.

Emmett tenía razón, la cocina estaba vacía. Era difícil tener nada con él cerca. Aspiraba comida como si no hubiera mañana. Cuando tenía un turno en la tienda de sándwiches, simplemente comía ahí, pero esa noche no tenía nada. Podía ir a la pizzería al final de la calle, pero cobraban 2,50 dólares por una porción. Si podía ser fuerte hasta que llegáramos al bar, tal vez podría convencer al camarero de que me invitara a unos sándwiches. Hmm.

Estaba ahí de pie, intentando valorar mi nivel de hambre y si 2,50 dólares merecían la pena por evitar tres horas más de hambruna, cuando el teléfono sonó en la pared a mi lado. Gemí, porque casi nadie llamaba al teléfono fijo excepto los cobradores. Bueno, nadie más de la casa iba a enfrentarse a ello, así que respiré profundamente y contesté.

"¿Hola?"

"Emmett McCarty, por favor," la voz fue breve, eficiente. Definitivamente era un cobrador. Me pregunté en qué tipo de lío se habría metido ahora. Decidí entretenerle e indagar un poco antes de lanzar a Em a los lobos.

"Um, no estoy segura de que esté en casa ahora. ¿Puedo preguntar quién llama?"

"¿Es usted... es Bella Swan?"

Me sobresalté un poco, preguntándome como habría conseguido mi información. Si ese bastardo me había puesto como su aval o algo, le cortaría las malditas pelotas.

"Um, sí... ¿de qué va esto?"

"¿Bella Swan de Eclipse?"

Ahora sí que estaba intrigada, porque parecía que ese tipo había oído hablar de nosotros. Y nadie había oído hablar de nosotros. Éramos una pequeña banda de Seattle que tocaba en bares y constantemente perdíamos las pocas actuaciones que conseguíamos.

"Sí, esa soy yo. ¿Quién es usted?"

"Bueno, Srta. Swan," dijo el hombre misterioso, y prácticamente pude oír la sonrisa en su voz a través del teléfono, "creo que tengo muy buenas noticias para usted."

- . - . - . - . -

Jazz estaba doblado por la cintura, con el pelo demasiado largo tapándole los ojos, inclinado sobre su "guitarra" mientras se enfocaba intensamente en el patrón del movimiento de dedos que intentaba copiar. Rose estaba de pie a su lado, con los brazos cruzados sobre el pecho y sonriéndole de forma malvada a su hermano mellizo.

"Puedes intentarlo, hermanito, pero no vas a conseguir superarme." Sonrió satisfecha.

"Rosie, soy tres minutos más pequeño que tú," dijo Jazz con los dientes apretados mientras intentaba mantener su concentración. "Y tienes que dejar de hablar mal de mí."

"Oh, ¿vas a llorar como una niñita, Jazz?" Rio.

"Dios, mujer, eres el mal encarnado," dijo Emmett con su fuerte voz desde donde estaba tirado en el sofá, viendo su juego. "¡Y, joder, me encanta, cariño!"

Rose le lanzó un beso sobre su hombro antes de devolver su atención a Jazz y a arruinar su concentración. Honestamente, no sabía porque nadie se molestaba en retar a Rose en ese juego. Era una causa perdida. Ella era capaz de machacarnos a todos.

Me quedé en silencio en el umbral de la puerta de la sala de estar, solo mirándolos un minuto. Habían apartado nuestros instrumentos del medio del suelo para tener espacio para el juego. La batería de Emmett estaba colocada frente a la chimenea muerta. El sofá a punto de colapsar que habíamos rescatado de la acera el verano pasado estaba contra una pared y los pies de Emmett colgaban por el brazo.

Jazz estaba a segundos de perder, pero todo su cuerpo estaba tenso de concentración. Rose miraba la pantalla, viéndole caer a las llamas con los ojos cargados de la emoción del vencimiento. La cabeza de Emmett giró en el brazo del sofá, mirando a Rose con una dulce sonrisa en la cara. Los quería mucho a los tres. Me tomé solo un momento para absorber la imagen tal y como estaban ese momento, antes de abrir la boca y cambiar nuestras vidas, con suerte para siempre.

"Lo hemos conseguido," dije finalmente suavemente.

No parecieron oírme, ya que en ese momento Jazz perdió de forma espectacular y Rose levantó un puño en el aire de forma triunfal.

"Lo hemos conseguido," dije de nuevo.

"¿Qué ha sido eso, Bells?" preguntó Jasper sin apartar los ojos de la televisión.

"Lo hemos conseguido... estamos en el top 20," aclaré.

Emmett giró la cabeza para mirarme a mí ahora.

"¿Qué acabas de decir?"

"Hemos entrado en el programa."

Rose y Jasper se quedaron helados y luego giraron sobre sus talones para mirarme fijamente.

"¿Qué?" susurró Jasper. Emmett se levantó casi a rastras del sofá para colocarse detrás de Rose.

"America's Next Great Band. Eran ellos al teléfono. Lo hemos conseguido. Tenemos que ir a LA la semana que viene."

Hubo un largo momento de silencio mientras los tres me miraban fijamente y yo hacía lo mismo con ellos.

"Oh Dios," susurró Rose finalmente.

"¿Estás tomándonos el pelo?" gritó Emmett, su voz sonó varias octavas más alta de lo que a él le habría gustado, estoy segura.

"¿LA? ¿Vamos a LA?" murmuró Jasper.

"¡Para salir en la jodida televisión!" gritó Rose.

Y entonces la tensa incredulidad que nos había mantenido en nuestros lugares saltó. Emmett silbó y cogió a Rose por la cintura, levantándola en el aire. Jasper se movió adelante y me dio un fuerte abrazo de oso mientras yo reía de forma incontrolable. Emmett gritó a pleno pulmón repetidamente mientras Rose repetía una y otra vez "¡Televisión! ¡Televisión!" y se colgaba de sus hombros. Se liberó de los brazos de él y me cogió de las manos, mientras girábamos en círculos como no habíamos hecho desde que éramos niñas.

"¡Famosos! ¡Vamos a ser jodidamente famosos!" gritó ella mientras yo chillaba y reía y me mareaba y Jasper y Em chocaban los cinco y se daban un abrazo de hermanos.

Ahí, en la reducida sala de estar de nuestra ruinosa casa en Seattle, nos deleitamos en nuestro brillante momento de éxito, ese que había tardado tanto tiempo en encontrarnos, y soñamos con las nuevas vidas de nos esperaban en el sol y la calidez de California.


Hola!

Vaya, casi se me había olvidado que todavía tenía que subir la precuela de esta historia.

Espero que os haya gustado. Ahora sí, este fic queda definitivamente terminado.

-Bells, :)