Traiciones

River ha pensado mucho en Job últimamente. Se le ocurre que la pérdida de Linalí es una prueba, como todas las que ha tenido que soportar Komui anteriormente.

¿Se le ocurre o son las palabras de John Gill, que surgen desde el subconsciente a torturarlo por estar durmiendo junto a alguien de cabello rubio y ondulado y no lacio, negro, perfumado con lilas? Es soberbio de su parte intentar adoptar la fábula bíblica a un desastre burocrático. Pero Gill está feliz de ese modo.

-Tal vez ella solo está dormida y todo lo horrible que ha sucedido no es más que una gran prueba para el supervisor Komui.-Le dijo una vez, con la voz y los ojos húmedos, temblando en sus brazos, a oscuras.

Mientras que River lo imaginaba a él, ese hombre asiático torpe, dando pasos a ciegas en el pasillo, con Marian Cross sirviéndole de apoyo.

-Puede que sea solo una lección de Dios.-Deduce no muy brillantemente el norteamericano, ingenuamente según River, hacia dentro. O hacia afuera, si no está de humor para sus delirios religiosos en los cuales todo lo que están pasando tiene justificación.

-Bueno, pero son mis creencias. No tienes por qué burlarte.-Le solloza, con los ojos en plena inundación, temblando su voz chillona.

-¿Qué podrían enseñarnos? ¿A mejorar nuestro rendimiento en el trabajo?-Bromeaba con amargura, pensando en cómo se había quintuplicado la ya copiosa cantidad de información a visar en su escritorio desde que Linalí había regresado en coma.

El pequeño mundo en el que se mueven ha cambiado terriblemente en los últimos meses. No sólo para River y Gill, que son los menos acostumbrados a las tragedias. La transformación de Komui Lee fue lo más desesperante. Parece haber envejecido setenta años, antes que sesenta días.

River pensó que era su trabajo controlarlo. Estaba comenzando a hacerlo desde que la última transmisión de Allen por medio de Timcampy lo puso al tanto del desastre pero luego llegó Cross Marian con Linalí Lee en brazos, como un príncipe oscuro y arlequinesco. Y la mano de River, destinada al hombro de Komui resbaló y dio contra su propio muslo, en un golpe seco y mudo.

Se pregunta si algún día las cosas volverán a ser como esos días en los que se la pasaba maldiciendo la pobreza y las cuantiosas horas de trabajo, lado a lado con un adormilado hermano Lee.

-Por supuesto. Eso no puede durar mucho. Hay un 73,9% de probabilidades de que Linali despierte. Pronto lo hará y todo volverá a la normalidad.-Susurra Gill, con un temblor en la voz que da pena y denota la inseguridad en sus argumentos y cuántas cosas no ha tenido en cuenta para engordar ese optimista porcentaje. Pareciera que el antiguo espíritu de Komui se adueñara de él cuando está en la cama de River.

Gilly cree que ha heredado la tarea de ser cínico/optimista. Pero sus críticas y quejas suelen pasar por ataques de leve nerviosismo. River desea que Komui se recupere pronto. Y que mande al general Exorcista a la porra, aunque eso es prescindible.