Disclaimer: creo que la misma palabra lo define todo: fanfiction.
(Nada de Naruto y sus personajes me pertenece salvo las candentes escenas producto de mi imaginación como efecto de la cafeína)

Advertencias: Yuri (relaciones entre mujeres). Incesto. Sexo explícito.
Si no te gusta, no leas.
Si estás de acuerdo: ¡Qué tengas buena lectura!

Para ls amantes del SakuIno

Cinco días con Ino

Capítulo 1: Propuesta
(Sakura's POV)

Cuando yo tenía veintiún años creí saber todo lo que se tenía que saber del sexo. Cómo empezar. Cómo terminar. Cómo hacer terminar. Con quién hacerlo. Qué hacer. Qué no hacer. Lo que conllevaba. Lo bien que se sentía cuando se hacía de la forma correcta. Lo que me gustaba. Lo que no.

Era fácil saberlo después de más de tres años de práctica constante. Entre mi novio y yo tener sexo era tan común como salir a comer, al cine o a tomar un helado. Pero era más delicioso, más entretenido y sin cargo de culpa por las calorías ganadas. Había estado enamorada de Sasuke prácticamente desde el primer momento en el que lo vi cuando era una preadolescente y, aunque al principio las cosas no habían resultado como yo había planeado, cuando cumplí los diecisiete el destino había dado un giro inesperado y había puesto mis labios en los de él. Y meses después, él había puesto otra cosa dentro de mí.

Hacíamos una gran pareja, todos lo decían. Mi carácter se había hecho algo mesurado conforme los años y la madurez me alcanzaron. Dejé de ser la niña adolescente gritona para poco a poco ir cayendo en la cuenta de que para tener atención no hacía falta dejar sin tímpanos a la gente a mi alrededor. Aunque conservaba cierto grado de espontaneidad que se contraponía con el siempre carácter frío y calculado de Sasuke. Yo decía luz, él decía oscuridad. Yo decía arriba, él decía abajo. Yo decía chocolate, él decía menta. Yo lo abrazaba, él me besaba. Yo lo amaba y él a mí también.

Sin embargo, este relato no es para contar el desarrollo de mi vida amorosa con él, pues aunque en la cama –o en cualquier otro lugar donde se nos antojara hacerlo-, Sasuke dejaba de lado su fría pose y se volvía alguien completamente diferente, plenamente complaciente en toda la extensión de la palabra y apasionado como pocas personas pueden llegar a serlo; hubo alguien que logró abrir aún más mi perspectiva sobre lo que el sexo era, debía y podía llegar a ser. Esa persona era mi prima Ino.

Además del lazo de sangre que nos unía por nuestras respectivas madres, Ino Yamanaka había sido mi mejor amiga durante toda mi vida. Desde pequeñas siempre estuvimos juntas. Jugábamos, íbamos a la escuela, nos defendíamos mutuamente contra los demás. Pero eso había cambiado cuando entramos a la preparatoria: su padre fue transferido por su compañía a otro país y durante los últimos cinco años solamente contactamos a través de correspondencia electrónica y las obligadas visitas anuales en la época navideña a casa de los abuelos. Sin embargo, continuamos siendo unidas. Ella me ponía al tanto de su vida y yo hacía lo propio.

Cuando entré a la universidad, Ino me había ayudado a conseguir un apartamento cerca del campus y lo había ordenado todo para que yo estuviera lista para instalarme. El problema había sido que yo no pude dejar atrás a mi familia. Estaba demasiado acostumbra a mi vida cien por ciento hogareña, con mis siempre preocupados padres y mi escandaloso hermano Naruto, que verme sola en ese pequeño lugar me hacía sentir totalmente aislada del mundo. Así que antes de concluir mi primer semestre en la universidad, yo había vuelto a la adorable casa típica de los suburbios de la ciudad.

Tres años después, yo ya estaba a punto de graduarme e Ino llegó de visita a mi casa durante las vacaciones de verano. Yo me encontraba plenamente feliz, pues cada vez que ella venía tenía asegurada la diversión. A pesar de tener a mis amigas de la universidad, lo cierto es que con Ino me sentía con la suficiente confianza como para recorrer sin Sasuke los clubes nocturnos de la ciudad y pasarla en grande.

Tenía planeado quedarse una semana, pues ella también estaba a punto de terminar su carrera universitaria. Mi hermano y yo fuimos a recogerla al aeropuerto y durante el trayecto había tenido que soportar la ya clásica guerra de comentarios ácidos que se echaban el uno a la otra cada vez que se reencontraban: "¿Esas que se te ven ahí son arrugas, Ino?", "¿Cómo va tu herpes genital, Naruto?", "Siempre he dicho que la barriga de las embarazadas es hermosa, ¿cuándo nacerá la pequeña, Yamanaka?", "¿Sigues diciendo que se te ve pequeño porque tienes frío, primito?", "¿Continuas poniendo anuncios en los diarios buscando quien te haga el favor y te coj… ¡Auch, eso dolió, Sakura!"

Así fue como los cuarenta y cinco minutos que tomaba el recorrido del aeropuerto a casa se tornaron en horas eternas. Pero lo cierto es que detrás de todo ese sarcasmo y los comentarios un tanto ofensivos, ambos se querían mucho. El problema es que eran muy parecidos y no hablo únicamente en lo físico, sino también de sus personalidades extrovertidas.

Cuando llegamos a casa, cenamos todos en familia mientras nos poníamos al tanto de lo ocurrido en nuestras respectivas vidas luego de los meses sin vernos. Claro, Ino y yo profundizamos en asuntos más personales, que no se podían hablar frente a mis padres, mientras lavábamos los platos. Al final, cada quien se fue a descansar. Pensé que compartiría habitación con Ino tal y como lo habíamos hecho en las ocasiones anteriores, sin embargo, mi madre prácticamente obligó a mi hermano a cederle su habitación, pues él se iría de campamento al día siguiente.

Y así fue. Temprano por la mañana mi hermano arrastró a su tímida novia a un campamento de varios días en compañía de su grupo de amigos mientras que mis padres tuvieron que salir de viaje debido a un simposium al que asistiría mi madre, viaje que aprovecharían pues el evento sería realizado en una playa, pero todos prometieron que volverían para despedir a Ino.

Luego de despedir a mi familia, Ino subió a su habitación temporal para llamar por teléfono a sus padres y asegurarles que había llegado bien a nuestra casa y que no había hecho ninguna escala para iniciar una juerga. Yo fui a mi habitación, mi novio estaba de viaje con su hermano mayor, y sin nada mejor por hacer, encendí la televisión.

Estaba haciendo un recorrido por los canales cuando minutos después Ino se unió a mí. Se acostó conmigo en la cama y apoyó su cabeza en mi hombro, como tantas veces antes.

— ¿No hay nada más? —me preguntó ella luego de un instante, apoyando su mejilla en mi hombro para intentar mirarme desde su posición. Yo negué con la cabeza continuando con el zapping a lo largo de todos los canales.

Era un aburrido día de domingo que pintaba para ser digno del olvido.

Detuve mi recorrido al ver la escena de una película. Una mujer rubia estaba dentro de los baños de un restaurante, lavándose las manos, cuando de repente, al mirarse al espejo se da cuenta de que detrás de ella está un hombre. Él se acercó sin romper el contacto visual a través del espejo y luego la guió hacia el último cubículo, donde la puso contra la pared.

Para ser mediodía la escena no era tan explícita como se esperaría quizás si se hubiera tratado de alguna película porno que pasan a las horas de la noche, de ésas que solía ver mi pervertido hermano, pero era lo suficientemente buena para que al espectador le entraran ganas de hacer su propia interpretación tan pronto como fuera posible.

De sólo imaginarme a mí misma en una situación igual, con un apuesto hombre que me llevara al baño para ponerme contra la pared, con sus ágiles dedos subiéndome la falda para encontrar aquel punto ávido de sus caricias mientras la adrenalina corría por mis venas por el miedo y la excitación que provocaban el pensar que en cualquier momento podríamos ser descubiertos, fue suficiente para que repentinamente sintiera mucho calor.

— ¿Nunca lo has hecho? —me preguntó Ino, causándome un sobresalto. Estaba tan entretenida viendo a detalle la forma en la que el rostro de la mujer cambiaba, haciendo ligeros gesto conforme el hombre detrás de ella se movía, que casi se me olvidó que mi prima estaba en la misma habitación que yo.

— ¿Qué cosa? —pregunté parpadeando varias veces. Ella no me estaba mirando, seguía inmersa en la sensual escena de la película—. ¿Sexo en un baño?

Lo medité durante un segundo y la respuesta era no. De toda la gama de lugares en los que Sasuke y yo habíamos decidido para pasar el rato, el baño de un restaurante nunca había figurado en nuestros pensamientos.

Ino comenzó a reír ligeramente. No me pasó desapercibida la forma en la que sus pechos se frotaron contra mi brazo debido a ello, provocándome un escalofrío que recorrió mi espina dorsal y se alojó en la parte baja de mi abdomen. Era suficiente con la escena de la película como para que ahora ése pequeño detalle le agregara más leña al fuego.

— Me refería simplemente al sexo, pero creo que tu pregunta fue respuesta suficiente.

Yo me sonrojé al escucharla. Sin embargo, ella pareció restarle importancia y volvió a mirar hacia la televisión. Pensé que no diría nada más, pero luego de unos segundos volví a escuchar su voz:

— Entonces ¿lo has hecho en algún sitio público?

— ¡Ino! —exclamé sintiendo como el calor me subía al rostro, tiñendo mis mejillas de carmesí. Por muy abierta que fuera nuestra comunicación, a la hora de hablar de mis encuentros sexuales con Sasuke, siempre había tenido cierta reticencia, tal vez confundida con pudor.

Ella rió con más ganas

— ¿Qué? —dijo con tono de falsa inocencia—. Es una pregunta legítima. —yo le dediqué una mirada reprobatoria, pero eso no pareció afectarle—.¿Y? ¿lo has hecho?

Cuando ella se apoyó en su codo para mirarme, pude estudiarla a detalle. Era una mujer muy bella. Siempre lo había sido. Su cabello rubio tenía prácticamente el mismo largo que tenía desde que yo podía recordar, le llegaba poco más abajo del pecho. Sus brillantes ojos azules resaltaban a través del grueso delineado color negro, dándoles una apariencia más enigmática. Tenía la piel nacarada, ligeramente en un tono más cálido que él mío, el cual solía ser de un blanco casi lechoso. Sus facciones estaban finamente esculpidas en su rostro: nariz fina, pómulos perfectos, labios de un natural color rosado, simplemente adornados con brillo labial. No sé por qué, pero en ese momento me pregunté cómo se sentiría besarlos.

— Una vez. —dije volviendo a mirar hacia la pantalla para así intentar apartar mi mente de las ideas referentes a ella. La pareja había dejado el baño y ahora discutía en la acera frente al restaurante sobre si lo que habían tenido había sido un ardiente pero simple acostón o si había sido el chispazo de algo más—. Pero fue en el baño de un cine. No fue cómodo y dudo que haya sido algo salubre, pero fue bastante entretenido. Listo, ya lo dije.

Yo di el tema por zanjado con la última palabra. Eso pareció satisfacerla pues ya no dijo nada más. Volvió a recostarse, apoyando su mejilla en mi hombro y centró su atención en la televisión.

Yo intenté hacer lo mismo, pero de manera inconsciente mis ojos dejaron de prestar atención, para mirar de soslayo el movimiento acompasado que realizaban los pechos de Ino, al subir y bajar con cada respiración que ella daba. Se me antojó simplemente hipnotizante, tanto que realmente perdí la noción de mi entorno completamente entretenida en ello.

— Sakura…

— ¿Mmm? —pronuncié sintiendo la garganta inexplicablemente seca. Pensé que ella me había leído la mente y sabía lo que yo estaba viendo.

— ¿Alguna vez lo has hecho… con una chica? —lo último lo dijo tan bajito que yo honestamente dudé que lo hubiera dicho.

— Nop.

— ¿Y te lo has planteado?

Estaba acostumbrada a ese tipo de conversaciones con ella. De más jóvenes nos preguntábamos a qué edad perderíamos nuestra virginidad, si tendríamos sexo con algún profesor, si lo haríamos con un tipo al que sólo conociéramos una noche… en realidad no había temas tabú entre nosotras.

Medité durante varios segundos mi respuesta. Lo había pensado más de una vez desde hacía algún tiempo luego de sorprender a mi hermano viendo una película porno donde un hombre observaba como dos chicas se besaban. La verdad me daba curiosidad saber lo que se sentía y si era tan bueno como para provocar que los hombres se excitaran tanto con solo verlo. Pero sólo había sido eso: pensarlo.

— A veces, pero no creo que nadie se anime. —respondí relajada como si quisiera restarle importancia al tema. No logré explicarme por qué, pero repentinamente esa conversación me estaba resultando un tanto incómoda. No tenía nada que ver con que se tratara de Ino, sino que era por todo lo que se estaba conjugando en ese momento, especialmente mis repentinos pensamientos sobre mi prima—. No soy precisamente el pináculo de la belleza femenina. —agregué sin más.

Forcé a mis ojos a volver a mirar a la pantalla. Le había perdido por completo el hilo a la película. Y mientras intentaba hallarlo de nuevo, repentinamente sentí que la cama se movía del lado donde estaba recostada Ino. Mantuve la vista al frente y lo siguiente que sentí fueron unos labios húmedos presionando el lóbulo de mi oreja, excitándome en un parpadeo.

— A mí me gustaría. —le escuché susurrar con la voz enronquecida.

Las cuerdas vocales se me tensaron de manera casi dolorosa cuando intenté pasar saliva. Una parte de mi cerebro intentó convencerse de que lo escuchado había sido producto de mi imaginación, pero cuando sentí sus labios sobre los míos, supe que no era una mala jugada de mi mente.

Su beso me tomó más que por sorpresa, provocándome un corto circuito cerebral. Me tensé sin poder evitarlo. No era capaz de procesar aquel inesperado gesto, la calidez de sus labios sobre los míos. Su húmeda lengua acariciándolos.

— Ino… —susurré cuando ella intentó hacerme corresponderle.

— ¿No quieres hacerlo? —preguntó apartándose un poco. Aunque se quedó lo suficientemente cerca y mantuvo sus manos apoyadas sobre el colchón a ambos lados de mi cuerpo. Ella estaba a gatas frente a mí.

— No es que no quiera… —dije dándome cuenta de que, ciertamente, la idea de estar con ella no era para nada despreciable, en lo más mínimo. Pero tenía mis inseguridades y dudas.

Aunque todas se fueron al desagüe cuando ella volvió a besarme, esta vez haciendo más presión contra mi boca. Su cuerpo empujándome hacia atrás, dejándome presionada entre el cabezal de la cama y sus pechos que podía sentir por encima de la tela. El cosquilleo en mi entrepierna surgió de improvisto.

— No creo que sea buena idea. –musité en un suspiro contra sus labios.

El miedo de que tal vez la unión que teníamos cambiara, era lo bastante fuerte como para hacerme desistir de la idea. Ella era una parte fundamental en mi mundo y si cruzábamos la línea era obvio que no habría marcha atrás y me aterraba la idea de que las cosas se arruinaran entre nosotras solo por un instante de pasión provocado por ver la película incorrecta en el momento incorrecto. Eso sin contar el pequeñísimo detalle de que éramos primas.

Ino se apartó de mí nuevamente para mirarme a los ojos. Me sentí totalmente expuesta al escrutinio de su mirada y eso me puso aún más nerviosa. Podía ver el velo de deseo en sus ojos, haciendo surgir el mío como respuesta. Pero aún así no estaba segura.

Ella pareció seguir el hilo de mis pensamientos. Tomó mi rostro entre sus manos y se aproximó un poco más. Nuestros alientos se entremezclaban, su olor me tenía mareada, pero no hizo el menor intento por besarme de nuevo. Yo traté de desviar mi mirada, pero descubrí que no podía fijarla en otra cosa: el rostro de Ino era lo único que era capaz de ver en esos momentos.

— Escucha, estaremos tú y yo solas los próximos cinco días. ¿Qué tal si nos divertimos mientras tanto? Simple y llana diversión. Sólo eso. Sin ataduras, sin rollos y sin complicaciones. Sólo experimentación. ¿Qué dices?

Yo la miré dudosa mordiendo mi labio inferior, el gesto atrajo su atención de nuevo hacia mi boca. La propuesta se escuchaba bien, demasiado bien; pero siempre hay un 'pero' y aunque era consciente de que esa pequeña cláusula tal vez llegaría a surgir en el momento meno esperado, lo cierto es que mi razonamiento quedó eclipsado por la sensación que me provocaba la cercanía de ella. Su aroma embotó mis sentidos, lo sentía en la nariz y su sabor seguía fresco en mi boca. El calor de sus manos en mis mejillas se estaba convirtiendo en otra cosa. Y el roce de su pecho contra el mío en cada respiración fue suficiente para hacer explotar el hormigueo entre mis piernas, tensando los músculos de mi abdomen. Llegué a la conclusión de que, si algún día iba a experimentarlo, quería que fuera con ella.

Tragué grueso, coloqué mis manos sobre las de ella y entonces la besé.

Sus labios cálidos presionaron los míos poco a poco, tanteando el terreno por si yo me arrepentía de nuevo, cosa que no sucedió esta vez. Al contrario, al sentir la suavidad de su boca acariciando la mía, mi deseo despertó abrasándome como una ola ardiente que le devolvió la vida a mis sentidos para que todo lo que pudiera captar fuera total y exclusivamente a ella.

Deslicé mis manos a lo largo de sus brazos hasta llegar a sus hombros y luego delineé el contorno de su figura. Mis pulgares rozaron levemente sus pezones, sintiéndolos duros al contacto, antes de aferrarse a la estrecha curva de su cintura. Ino se removió para cambiar de posición, arrodillándose frente a mí. Enlazó sus manos detrás de mi cuello y pegó su cuerpo más al mío. Yo correspondí apretando mi agarre en su cintura, sintiendo sus pechos frotándose con los míos. Ella mordisqueó mis labios y yo le di acceso al interior de mi boca.

No podía pensar con claridad. De lo único que era consciente era de las caricias que su lengua hacía sobre la mía, de cómo acariciaba cada recoveco de mi boca llenándome con su sabor, de la manera en la que gimió cuando yo alcé mi rodilla y encontré la sensible zona entre sus piernas. Sus caderas se movieron de atrás hacia delante, buscando mayor contacto.

Mi curiosidad guió mis movimientos. Mis manos se deslizaron debajo de la tela de su blusa y ascendieron lentamente sobre la suave piel solo para descubrir que ella no llevaba sostén. La sentí estremecerse cuando mis dedos fríos encontraron sus pezones y los pellizcaron con delicadeza para que alcanzaran su máximo endurecimiento. Levanté un poco más la tela, esperando que ella captara la indirecta y me dejara quitarle la prenda, pero me sorprendió cuando me jaló del cuello y me tumbó encima de ella.

Lancé un pequeño quejido ante el inesperado impacto, pero fue acallado por la profunda risa que reverberó en la garganta de Ino antes de besarme nuevamente. Volví a mover mi rodilla para acomodarme y la escuché gemir de nuevo, provocando que mi excitación fuera en aumento. Algo tenía ese sonido que era capaz de provocarme como pocas cosas lo hacían. Mi cabello cayó a ambos lados de mi rostro mientras mis brazos continuaban sosteniendo mi peso para que pudiera mirarla desde arriba.

Ella no tuvo ningún reparo en sacarme la blusa por la cabeza y bajar los tirantes de mi sostén color blanco para mordisquear mis hombros antes de formar un camino de besos a lo largo de mi cuello hasta llegar al valle que se formaba entre mis pechos. Suspiré sin poder evitarlo. Mientras sus labios se deleitaban con lo poco que mi conservadora ropa interior dejaba a la vista, sus dedos se movieron con maestría por mi espalda y abrieron el broche, provocando que la prenda se deslizara por mis brazos hasta quedar atorada en mis muñecas.

Entonces se alejó un poco para mirarme.

— Eres hermosa. —me dijo antes de alzar la mitad del cuerpo para atrapar uno de mis pezones entre sus labios. Yo arqueé mi espalda y un gemido más fuerte escapó de mi boca cuando sentí su lengua trazar círculos entorno al sensible botón al mismo tiempo que lo hacía su mano en mi otro pecho. Mis brazos flaquearon y tuve que sentarme, quedando montada a horcajadas sobre ella que seguía concentrada en su tarea. Mis dedos llegaron a su cabello y le quitaron la liga para que cayera libremente sobre su espalda. Era suave y sedoso, colándose como agua entre mis dedos.

Ino volvió a subir por mi cuerpo, me dejó sentada de nueva cuenta recargada en el cabezal de la cama y su boca devoró la mía con intensidad, dejándome sin aliento. Su lengua acarició mi paladar y yo gemí ante la sensación. Sus caricias sobre mis senos no cesaban y aumentaban poco a poco, sus manos los acaparaban por completo, apretándolos y amasándolos a su antojo. Mis gemidos y suspiros entrecortados acallaban el sonido de una película que había perdido interés para nosotras.

Yo la dejé hacer.

Sus labios volvieron a la tarea de atormentar mis pezones, su lengua se movía con frenesí sobre ellos y cuando sopló su aliento cálido sobre ellos faltó poco para que me corriera. Sabía exactamente lo que hacía. Una de sus manos recorrió la piel de mi abdomen, trazando círculos aleatorios hasta llegar al botón de mis pantalones. Lo desabrochó e introdujo sus dedos bajo mis bragas, sintiendo mi vagina húmeda y palpitante. Me estremecí entre sus brazos arqueando la espalda y cuando la miré, ella simplemente sonrió.

— ¿Te gusta, Sakura? —me preguntó arrastrando las palabras con sensualidad. Yo respondí con un asentimiento mudo. Sus ardientes besos me habían dejado sin aire y el poco oxígeno que me quedaba era ocupado por mi cerebro para evitar que me desmayara por el placer.

Su mano dejó de acariciarme para jugar con el elástico de mis bragas, dejando al descubierto una porción de mi cadera que tan pronto estuvo a su alcance, ella mordisqueó varias veces. Su cabello me hacía cosquillas y al mismo tiempo me brindaba una sensual caricia en mi abdomen. Sus manos bajaron un poco más mis jeans junto con la ropa interior y yo de forma sumisa alcé las caderas para facilitarle la tarea.

Quedé desnuda frente a ella mientras que Ino permanecía desnuda de la cintura hacia arriba.

— ¿Quieres que te toqué? —volvió a preguntarme deslizando un par de dedos sobre la cara interior de mis piernas, desde mis muslos hasta mis tobillos y de regreso, reemplazándolos después por sus labios que dibujaban un húmedo sendero con lentitud.

Llegó nuevamente hasta mis pechos, expectantes por lo que les haría otra vez. Mordisqueó mis pezones, jalándolos suavemente, haciendo que un chispazo de dolor corriera desde ellos hasta mi entrepierna, excitándome todavía más si es que eso era posible. La rodeé con mis brazos y la apreté contra mí, entrelazando nuestras piernas. La tela de sus pantalones me rozó provocándome escalofríos.

Intenté ahogar los gemidos en mi garganta cuando sus manos masajearon mis muslos y los mechones de su cabello rozaban mis caderas aumentando mi agonía. Su dedo índice delineó dolorosamente mi vagina, excitando las miles de terminaciones nerviosas que había ahí y luego mordió la porción de carne justo debajo de mi ombligo. Me retorcí, haciendo un embrollo el edredón, incapaz de poder mantenerme quieta. Lo que ella me estaba haciendo rayaba casi en la crueldad, y lo peor era que por su sonrisa sabía que lo disfrutaba.

— Ino… —gemí suplicante. Nunca había experimentado nada como lo que ella me provocaba en esos momentos. Con Sasuke había vivido muchísimas clases de placer, pero la forma en la que Ino me tocaba era completamente diferente, era la clase de toques y caricias que solo una mujer podía y sabía dar. Sabía dónde y cómo tocar para hacer más grande esa nube de placer en la que me estaba elevando.

Con una lentitud irritante bajó su rostro hasta colocarlo entre mis piernas. Sus dedos abrieron mis labios, dejando al descubierto ese botón enrojecido que esperaba ansioso sus caricias. Enganchó su mirada color celeste, ahora nublada por el deseo, con la mía y tranquilamente deslizó su lengua de arriba abajo. Arqueé mi espalda lo más que pude y eché la cabeza hacia atrás. Al ver mi respuesta, ella siguió con su tarea, besando, lamiendo, chupando, provocando que el ardor en mi interior se convirtiera en un incendio que estaba consumiéndome viva.

— Por favor… —volví a gemir sin poder evitarlo al sentirme tan cerca del clímax.

Ino se acomodó entre mis piernas, llevando sus dedos directamente a mi clítoris. Me levanté de improviso soltando un jadeo ante lo bien que se sentían las yemas de sus dedos apretando ese botón tan sensible justo antes de adentrarse en lo más profundo de mí. Me tensé por un segundo, pero cuando ella lo retiró lentamente, mis caderas cobraron vida propia, frotándose contra su mano. Agregó un dedo más y luego otro intensificando las sensaciones que me ahogaban, mi pelvis se mecía con fervor rogando porque aumentara la velocidad de sus envites.

Ella lo hizo, el entrar y salir de sus dedos alcanzó un ritmo frenético acompañado por los gemidos que sin ningún reparo escapaban ya de mi garganta. Su mano libre apretaba uno de mis senos y su respiración agitada caía en mi cuello donde su lengua lamía con intensidad. Poco a poco empecé a sentir como el placer se acrecentaba, llenando cada rincón hasta que pensé que estallaría. Se acercó a mi boca, penetrándola con su lengua con violencia, dejando de lado la sensualidad y la ternura que los anteriores besos habían tenido. Éste estaba cargado de lujuria pura en su máxima expresión. Y yo correspondí con la misma ferocidad. Sin dejar de gemir ante sus embestidas manuales, mi lengua se enfrascó en una lucha contra la suya, chocando nuestros labios, invadiendo su boca, pasando a la mía hasta que finalmente sentí el orgasmo ahogarme y tuve que apartarme de ella para poder gritar con libertad ante el placer experimentado.

Los segundos comenzaron a pasar y los movimientos de sus dedos fueron decreciendo poco a poco hasta ser un suave vaivén. Sus ojos ardían cuando se encontraron con los míos y lo único que pude hacer fue tomar su rostro entre mis manos y besarla como forma de agradecimiento. Sus dedos abandonaron mi vagina y subieron perezosos hasta mis pechos, humedeciéndolos con mis propios fluidos. La abracé pegando su cuerpo lo más posible al mío.

Estuvimos un rato juntas, entrelazadas, me gustó como respiraba y se movían sus pechos a ese compás, frotándose contra mis pezones erectos. Ella empezó a acariciarme el abdomen, los brazos, besando mi cuello, bajando hasta mis senos lamiendo las gotitas de sudor entre ellos y volviendo a subir. Yo todavía no lograba recuperarme de la vorágine de placer que me había dado y rápidamente sentí el cansancio cobrar su respectiva fractura.

— Cinco días… —susurró antes de darme un tierno beso en los labios. Mi pecho subía y bajaba arrítmicamente intentando recuperar el aire robado. Me gustaba el sabor de sus labios y la humedad de su boca en la mía.

Al final me dejó ahí, sola en mi habitación, desnuda, jadeando mientras los remanentes del orgasmo me recorrían todo el cuerpo como un hormigueo extremadamente placentero hasta que finalmente me quedé dormida.

Cinco días. Había aceptado su propuesta. Y aún ahora no me arrepiento de haberlo hecho.

Continuará…

Segundo fic yuri y primer largo! (está bien, semilargo porque solo son cinco capítulos). Cualquier comentario o sugerencia se aceptan gustosos.

Ana