Apagó la televisión ante las barbaridades que acababa de ver. No le gustaba el nuevo ciclo de teleseries de ciencia ficción, todo era demasiado violento y escasamente verosímil. ¿Cómo podía gustar a los jóvenes ver como usan a los animales para combatir por simple diversión y convertir su modo de vida en un círculo vicioso de crueldad y maltrato, y, es más, que se hagan famosos por ello? Joseph torció el gesto mientras pensaba en la pregunta que acababa de formular. El mundo está loco, pensó al final, si permiten emitir estas cosas.

—Querida, ¿sabes dónde se encuentra nuestro hijo? Hace horas que no le veo.

—¿No lo recuerdas. Joseph? Hoy comenzaba su aventura pokémon.

Lo había olvidado completamente, menos mal que tenía a su esposa para recordárselo. Era justamente este día cuando su hijo comenzaba a convertirse en un hombre protegiendo a los pokémon y hacerse alguien famoso en la recolección de medallas. Ya resuelta su duda recogió el periódico mientras seguía refunfuñando sobre lo que vio en la televisión. Todos locos, menos mal que mi hijo no seguirá ese camino, sentenció mientras terminaba de saborear su café y abría la página de sucesos.