Mi primer Takari, asi con todas sus letras, como pareja pricipal y no secundaria. Este fic lo tenia empezado desde hace ya muuuuucho tiempo, pero solo ahora encontré la inspiracion para terminarlo. Va a constar de 5 capitulos, y el fic terminara, si no me equivoco, el 14 de febrero, y cada capitulo será subido una vez a la semana, cada lunes.

Bueno, lalalalala, espera que les guste, y nos vemos la proxima semana.


"Operación San Valentín"
(Post-D02, Pre-Epílogo / Miyako, ya cansada de cómo Hikari maneja su relación con Takeru, decide tomar cartas en el asunto… ¿Y qué mejor forma de hacerlo, que jugando a ser Cupido?)

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i.Y Así Comienza; ¡Miyako al Rescate!


Hikari suspiró nuevamente, observando detenidamente cada movimiento que hacía Takeru. Lo que sea que estuviera diciendo el profesor ya había perdido importancia para ella, y en un rincón de su mente, se preguntó desde cuando un chico era más importante que su educación.

Pero Takeru no era cualquier chico, no. Él era su mejor amigo desde que ambos tenían unos tiernos ocho años, con quien había pasado por montones de aventuras y en quien podía confiar ciegamente, sabiendo que él nunca la defraudaría.

Takeru era el chico de quien estaba enamorada—tan enamorada como una chica de quince años puede estar, claro está. Porque, ¿qué puede saber de amor una niña de tan solo quince años?

Bueno, puede que mucho, solo tengo que tomar a Sora como ejemplo. Cuatro años junto a Yamato y ambos están más enamorados que nunca… Si, han tenido sus desacuerdos, y se han distanciado un par de veces, pero aun así vuelven a estar juntos al final. Sin importar qué. O a mi hermano, un año y medio con Mimi, y no ha tenido mayores problemas. ¿Qué podría interponerse entre Takeru y yo?

Un leve golpe en su hombro la sacó de sus pensamientos y al voltearse a ver quien interrumpió su momento de contemplación, se vio cara a cara con una de sus compañeras de clase, quien le pasó un trozo de papel doblado, pidiéndole que se lo diera a Takeru. Hikari suspiró cansada y asintió, volteándose hacia adelante nuevamente. Estiró su brazo, y tras asegurarse que el profesor no estuviera viendo, golpeó el hombro del rubio, quien ahora se sentaba justo delante de ella, y esperó.

Takeru se volteó levemente y sonrió al verla. Sonrisa que ocasionó un leve sonrojo de su parte. Ella le entregó el papel sin decir nada, y cuando este le preguntó de quien era, luego de ver que no provenía de ella, Hikari solo se encogió de hombros. Él leyó rápidamente el papel y luego fijó su vista en alguien sentado en los bancos de más atrás, dándole a quien sea le envió el mensaje una pequeña sonrisa. Después de darle las gracias, mostrándole otra sonrisa, Takeru se volteó hacia el frente, fijando su atención en la lección.

Hikari no pudo evitar el suspiro que se escapo de sus labios.

Claro, sus fans.

Al año después de la caída de Malonmyotismon, la madre de Takeru tuvo que viajar a Francia por motivos de trabajo, llevándose a Takeru con ella. Claro, si bien todos estaban tristes por su partida, sabían que esa era una buena oportunidad para el chico, pues no todos los días uno tenía la posibilidad de estudiar en el extranjero. Estuvo dos años en Francia, y cuando volvió, ya no era su amigo de siempre Takeru, ya no era un niño.

Cuando volvió, era solo Takeru, un joven muy apuesto de quien se sintió inmediatamente atraída. Su cuerpo había crecido, y sus músculos se habían definido, lo cual se debió al deporte que seguro practicaba allá. También llegó con un adorable acento que lo dejó como el chico más irresistible dentro de la secundaria. Ciertamente, los genes que poseían los rubios hermanos eran bastante buenos, porque así como Yamato parecía tener cada día más fans, lo mismo era para Takeru. La única diferencia entre ellos era que, mientras Yamato ya se había acostumbrado a toda la atención que recibía de las chicas, Takeru no, y eso lo hacía aun más atractivo para la población femenina de la escuela.

Hikari pensó en un principio, que la atracción que sintió solo fue un producto de la sorpresa que tuvo al verlo tan cambiado y lo que alguna vez sintió por él cuando eran niños. Pero, contrario a lo que esperó, en lugar de disminuir, su atracción por él creció, y pronto ya no solo era atracción física, lentamente había empezado a enamorarse de su querido amigo de infancia. Y por más que lo intentara, no veía una solución a este predicamento. Muchas veces se preguntó si esto era lo que sintió Sora cuando se dio cuenta de sus sentimientos por Yamato, esta confusión, esta negación, y finalmente esta resignación a la realidad.

¿Habría Sora luchado en contra sus sentimientos por el rubio mayor? Quién sabe, lo único claro es que ella había conseguido el valor para declarársele y tuvo la suerte de que Yamato le correspondiera. Y las cosas habían salido espectacularmente para ellos.

Lástima que ella no fuera como Sora, así de valiente, para declarársele. El temor a un rechazo era demasiado grande como para que siquiera pensara en confesarse.

Así se había pasado la mayor parte de los últimos meses, amando en silencio a su mejor amigo, observando todos esos detalles que lo hacen quien es, adorándolo, admirándolo, desde la distancia. No sabía en qué momento había vuelto a ser esa niña tímida que alguna vez fue, pero cuando estaba cerca de Takeru, se sentía tan… tan… nerviosa que no sabía que decir. Y el hecho que él siguiera actuando como siempre lo ha hecho con ella, solo le demostraba que la veía como su amiga y nada más.

Lo peor de todo es que el día de San Valentín se acercaba a una velocidad impresionante. Solo una semana y estaría sobre ellos, junto con el baile que el comité de la escuela había organizado, quienes era liderados nada menos que por Mimi. Este año Mimi lo planeó todo para que el baile fuera casi como una pre-graduación para los de último año, solo porque Taichi estaba dentro de los futuros graduados. Y para hacer las cosas más interesantes aun, Mimi había sugerido que este año, fueran las chicas las encargadas de invitar a los chicos al baile, y solo las chicas. Iba a ser una velada formal, algo que a muchos chicos, principalmente Yamato y Taichi, no les gustó nada la idea.

Y con el baile a tan solo una semana de distancia, las fans de Takeru lo perseguían como abejas a la miel pidiéndole que fuera con una de ellas. Y Hikari estaba segura que esa nota era otra invitación más.

Lo que ella no entendía, era por qué Takeru se rehusaba a darles una respuesta definitiva. Por lo que había escuchado en rumores, era que Takeru parecía estar esperando la invitación de una chica en especial, por lo que no daba respuestas a las que ya lo habían invitado.

Su optimista corazón quería creer que él esperaba por ella, porque él también la quería en secreto, y esperaba alguna señal que le dijera que sus sentimientos eran correspondidos, pero… ¿no era ella lo suficientemente obvia ya? Es aquí donde su pesimista mente interfería y le reprimía que no, si Takeru realmente sintiera algo por ella, aunque solo sea atracción, hubiera notado algo, o quizás lo notó pero callaba para no dañar su amistad.

Takeru… ¿Por qué las cosas no pueden ser más simples entre nosotros ahora? ¿Qué pasó con aquellos tiempos en donde nos entendíamos a la perfección?

Pero ella sabía lo que había pasado con esos tiempos; se habían esfumado en el momento en que aceptó sus sentimiento por él.

La campana del receso sonó, anunciando la llegada de la hora de almuerzo. Todos en el salón comenzaron a ordenar sus cosas para ir a la cafetería. Hikari se puso de pie justo en el momento en que Takeru lo hizo y ambos se sonrieron al darse cuenta de ello. Cuando abrió la boca para hablar, un mar de chicas se abalanzó sobre Takeru, empujándola lejos de donde estaba. Y en menos de lo que se esperaba, ella se encontraba parada junto a la puerta.

Suspiró tristemente, captando luego la mirada que Takeru le daba por sobre las cabezas de sus fans, era una de tristeza, pero había algo mas… algo que no pudo identificar en su mirada. El chico le dio una sonrisa apenada antes de dirigir su atención a las muchachas que le rodeaban. Hikari sacudió su cabeza de lado a lado levemente y luego salió del salón, caminando en dirección a la cafetería.

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Miyako no necesitaba ser un genio para saber que algo había sucedido entre su mejor amiga y el menor de los rubios. Tan solo bastaba verle la cara a Hikari para sacar sus propias conclusiones. En silencio, observó como esta se sentaba frente a ella mientras esperaban al resto de sus amigos, suspirando con pesadez.

No sabía que pensar, ni que hacer, sobre esta repentina situación.

Ella sabía que entre Hikari y Takeru siempre ha habido una cierta… conexión, un cierto vinculo que el resto no podía compartir, ni penetrar. Era algo de ellos dos, y solo de ellos dos. Era como si siempre estuvieran sincronizados el uno con el otro, siempre en la misma frecuencia. Hikari siempre parecía saber cuando Takeru iba a entrar en uno de sus momentos de oscuridad, logrando sacarlo antes de que cayera muy hondo. Y él siempre parecía saber cuando ella se sumía en su inseguridad y atentaba con seguir esa oscuridad que parecía perseguirla por todas partes. Si bien era ella la que compartía la digievolución DNA con Hikari, era Takeru el único que lograba salvarla de sí misma.

Y por primera vez desde que los conoció, Miyako vio esa conexión fallar en cierta forma. Takeru aun podía percibir cuando la inseguridad atentaba contra Hikari, pero ya no sabía el por qué. Lo mismo viceversa. Hikari parecía saber cuando Takeru estaba más frustrado de lo normal, pero no sabía el por qué tampoco. Y sin ese por qué, no podían hacer mucho para ayudarse mutuamente.

Y era una lástima, en serio, que todo eso se debiera a algo tan simple como no darse cuenta de lo que estaba justo delante de sus narices. Por no notar que ambos se escondían de un rechazo que jamás llegaría si se atrevieran a dar esa confesión. Esa confesión que el resto de ellos esperaba. Porque no era un secreto para nadie, nadie que los conociera, que Hikari se había enamorado de Takeru, y él de ella.

Qué les impedía declarase, era un misterio para todos, pero sea lo que fuere, estaba acabando lentamente con su amistad. Y Miyako estaba cansada de ver como cada día se distanciaban más y más sin darse cuenta de ello.

Lo peor de todo, es que ella sabía que, una vez los lazos que unían a sus amigos se desvanecieran, ambos caerían tan hondo en su propia oscuridad que nadie podría hacer nada para evitar su sufrimiento.

Era gracioso, en cierta forma, saber que aun cuando el mal había sido erradicado del Digimundo, los problemas aun perseguían a los elegidos de alguna forma u otra. Pero no mas, Miyako no dejaría que eso pasara, y si tenía que amarrarlos juntos y encerrarlos en un cuarto pequeño para que dejaran de escapar de sus emociones, entonces lo haría.

"¿Por qué me miras así?"

La voz de Hikari la sacó de sus pensamientos bruscamente. "¿Así cómo?"

"Así como si estuvieras planeando hacer algo conmigo o… como si quisieras decir algo y no sabes cómo hacerlo…"

"Aun no le has confesado a Takeru como te sientes, ¿verdad?" preguntó de repente, frunciendo el ceño.

Hikari suspiró cansada, sujetando su cabeza con ambas manos. "Oh, Miyako, no ahora, ya hemos hablado sobre eso," dijo, haciendo una pausa. "Takeru no me ve de esa manera, y no pienso arriesgar nuestra amistad por una equivocación."

Tuvo que morderse la lengua para no decir que su amistad ya se estaba arruinando, no había porque deprimir a su amiga aun más. "¿Y cómo lo sabes? ¿Se lo has preguntado?"

"No, pero lo sé, lo conozco. Lo veo en la forma que me trata, nada diferente a como te trata a ti, o a Sora, o a Mimi. Yo solo soy su amiga, nada mas."

Dios, estos dos sí que están ciegos… ¡Y soy yo la que usa gafas!

"¿En serio? Pues desde el punto de vista de un tercero, la cosa no es así. Takeru te trata de manera especial, eso todo el mundo lo puede ver… bueno, obviamente no todo el mundo."

Hikari alzo la vista hasta enfocarla en ella, una expresión de confusión cubriendo su rostro. "¿Qué estás diciendo, Miyako?"

Respiró profundamente antes de proseguir. Si iba a ayudar a sus amigos, esta era la oportunidad perfecta para hacerlo, más aun con el baile de San Valentín a la vuelta de la esquina. Si ellos se rehusaban a ver lo que tenían en frente, entonces ella los haría abrir los ojos de una buena vez.

"Digo, Hikari, que Takeru te quiere. Ese chico te ve más que como una amiga y me sorprende que tu, quien lo conoce tanto como su propio hermano, no se haya dado cuenta," hizo una pausa, dando otro respiro. "Hikari, no sé si Takeru esté o no enamorado de ti, pero… lo que sea que siente por ti, va mas allá que solo amistad, créeme."

Hikari se ruborizó levemente, y una sonrisa comenzó a aparecer lentamente. "¿En serio?"

"¡Sí! Deberías ver la forma en que te mira cuando no te das cuenta, o la forma en que siempre está al pendiente de ti… Hikari, dile lo que sientes, estoy segura que no te rechazará," dijo Miyako.

"¿Pero cómo? Siempre está rodeado de sus fans, y cada vez que intento decirle algo, somos interrumpidos…"

Antes de que la chica se deprimiera de nuevo, Miyako comenzó a pensar en un plan para solucionar ese problema. "Invítalo al baile," dijo. "Ahí tendrán bastante tiempo para estar solos, y de paso tendrás unos días para prepararte psicológicamente para ello."

"Aun hay un problema," dijo Hikari.

"¿Cuál?"

Ella apunto a la entrada de la cafetería, donde se encontraba Takeru acompañado de un pequeño grupo de chicas, las que proclamaban ser las fans más fieles a él. A menos que Takeru estuviera con los elegidos, esas chicas siempre lo seguían a donde fuera, era casi como ver a Yamato cuando recién comenzó a cantar en la banda.

"Aun cuando exista la posibilidad que Takeru si sienta algo por mi y no vaya a rechazar mi invitación, jamás podría hacerlo delante de ellas, Miyako. Yo ya no les agrado solo por ser su amiga, no quiero empeorar su noción de mi al invitarlo delante de todos," suspiró. "No me creo capaz aun, todo esto aun se siente muy nuevo para mí. Ni siquiera ha pasado medio año desde que logré comprender mis sentimientos."

Miyako sonrió, ahora teniendo una idea clara por dónde empezar con sus planes para ayudar a sus amigos. "Eso déjamelo a mí. Hoy es viernes, y no hay clases hasta el lunes. Las fans de Takeru aun no se atreven a perseguirlo fuera de la escuela, la mayoría porque no viven muy cerca de él. Yo te recomiendo utilizar el fin de semana para remendar algo de la incomodidad que se ha formado entre ustedes—"

"Pero si no tenemos ninguna incomodidad…" protestó Hikari suavemente, pero Miyako la ignoró.

"—Y el lunes, te diré que haremos."

Hikari la miró con algo de preocupación. "Pero, Miyako…"

"¡Yosh! ¡Operación San Valentín está en marcha!"

Segundos después, su mesa se empezó a llenar con sus amigos, los elegidos llegando uno a uno, o en caso de las parejas, como Yamato y Sora, de dos en dos. Cuando Takeru logró librarse de sus fans, se acercó a ellos, tomando su lugar junto a Hikari y dándole una sonrisa después de sentarse.

"Oye, Hikari, ¿qué me ibas a decir al comienzo del receso? Ah, y lamento lo que pasó en el salón, tu sabes, cuando…"

"Está bien, Takeru, no te preocupes. Y solo te iba a preguntar si comerías con nosotros hoy."

"Claro que sí, no hay necesidad ni de preguntarlo, jamás me perdería un almuerzo con mis amigos."

Su conversación, aun cuando no era susurrada, parecía ser como si solo estuvieran ellos dos, y Miyako sonrió. Esto solo confirmaba lo que ya todos sabían, esos dos estaba completamente enamorados el uno del otro.

La voz de Taichi rompió con la relativa tranquilidad que había en la mesa, y pronto las risas se hicieron presentes.

"Hey, hey, ¿qué tanto se susurran ustedes dos? Si hasta parecen unos tortolitos. Oye, Takeru, tu sabes que te quiero como si fueras mi hermano, pero no por eso vas a aprovechar de coquetear con mi hermana sin mi permiso."

"¡Hermano!"

Miyako vio satisfecha como las mejillas de ambos se teñían de rojo ante ese comentario. Oh, su plan no podía ser más fácil. Lograr que esos dos se confesaran, sería pan comido. ¿Quién sabe? Quizás y hasta terminen como novios antes del baile.

Como quitarle un dulce a un niño.


Continuará…


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