Bueno, heme aquí, son exactamente las 00:30 horas, del 14 de febrero del 2011. Como lo prometí, desde el 1er capi, aquí esta el final, espero les guste. Disfruté mucho escribiendo este fic, con una de mis muchas parejas favoritas XD.

NA: Eh, creo que lo dije antes, ¿o fue en respuesta a un review? Como sea, toda esa idea de Hikari casi siendo tranportada al mar negro, nació mientras veia unos capitulos de D02 nuevamente; me di cuenta (a mi interpretacion claro) que las pocas veces que Hikari es (y casi es) transportada al mar negro sucede cuando se esta sintiendo particularmente vulnerable. Y claro, el que parece sentirlo siempre, es Takeru... asi que de ahí todo el royo del capi anterior.

.

.

.


v: Plan D; Caminando Hacia el Mañana


Estuvieron un buen tiempo ahí parado en el pasillo, tomados de las manos. Ambos tenían su vista fija en el único lugar donde se conectaban.

Takeru soltó un respiro tembloroso y dio un leve apretón a las manos de la chica, y cuando Hikari alzó su mirada, él le mostró una pequeña sonrisa. "¿Quieres ir…?"

Era casi como retroceder en el tiempo, porque en ese minuto, Hikari supo exactamente lo que él quería decir, así que solo pudo asentir levemente y sonreírle también.

Así como estaban, tomados de las manos, fueron en busca de sus abrigos, ignorando las miradas curiosas de sus amigos cuando pasaron cerca de su mesa, y salieron del gimnasio. Se detuvieron solo unos segundo en la entrada de la escuela, solo para ajustar sus abrigos y bufandas, y así evitar un posible refrió, y luego continuaron su camino.

Sus manos aun seguían en contacto.

Al llegar al lugar, su sitio secreto, Takeru sacó de entre unos arbustos una vieja mochila, de la cual sacó una manta. El rubio menor dejó la mochila en su lugar y acomodó la manta sobre el césped, bajo un árbol. Hikari no esperó a que él le extendiera su mano, ella tomó la iniciativa y ambos se sentaron sobre la manta.

Ninguno murmuró palabra alguna.

.~~~~~~~~~~~~.

Tuvo suficiente tiempo para decidirse que hacer.

La charla con Yamato le había dejado todo más claro, y encontrándole la razón al rubio mayor, Hikari decidió confesarle sus sentimiento a Takeru sin importar que fueran o no correspondidos. En el peor de los casos, le quedaba el consuelo de saber que Takeru no la dejaría sola, independiente de lo que sintiera.

El silencio que los envolvía era relajante y a la vez sofocante, al menos lo era para ella. Podía sentir claramente un cambio en su habitual dinámica, pero no sabía qué lo había ocasionado; quizás su decisión a finalmente sincerarse con el rubio o quizás algo mas, no lo sabía.

De algo si estaba segura, su secreto se revelaría esta noche, sin excepción.

Las nubes que cubrían el cielo se abrieron ligeramente para dejar pasar un poco de la luz reflejada por la luna, para luego cerrarse y cubrir todo nuevamente. El solitario faro que iluminaba el lugar no le era de mucha ayuda, apenas y podía ver con claridad, pero suponía que era mejor así; de esta forma lograría ocultar el sonrojo que se apoderaba de su rostro lentamente.

Para cuando se armó de valor y volteó hacia Takeru, grande fue su sorpresa al encontrarlo ya observándola detenidamente y, al parecer, así lo hacía hace bastante tiempo.

Pestañeó un par de veces para despejar su mente, que parecía haber hecho un alto a todo pensamiento en cuanto sus ojos rojizos hicieron contacto con los azules de su amigo. Él la miraba diferente, estaba segura, pero su mirada no se sentía diferente; los sentimientos que ésta provocaba en ella eran los mismos de antes y a la vez no. Todo se volvió confuso de repente, pero Hikari no creyó ver las cosas más claras que como las veía ahora.

No, su mirada no era diferente; solo había adquirido un nuevo brillo, como si el muchacho hubiera descubierto el tesoro más grande de la vida y—

Takeru se levantó repentinamente, levantándola a ella también. El inesperado movimiento la hizo tropezar, pero como siempre él estaba ahí para capturarla. El rubio dejó sus ojos vagar por todo su rostro, como si estuviera memorizando cada detalle, hasta que al fin hicieron contacto con los de ella, y el estremecimiento que le recorrió el cuerpo dejó a Hikari anhelando por algo…

"¿Takeru?"

Él sujetó sus manos con firmeza, y sin romper el contacto visual, le respondió al fin.

"Yo también me enamoré de ti."

Por breve momento, quiso estar sorprendida ante las palabras del chico, pero no lo estaba, y, dentro de todo lo que imaginó podría llegar a sentir en este momento, el querer estar sorprendida y, no estarlo, definitivamente fue lo que más, bueno, lo que más la sorprendió.

Quería decirle que ya lo sabía, porque—porque lo sabía, quizás siempre lo supo y no quiso reconocerlo por temor a equivocarse, pero ahora… ahora todo estaba ahí, sin defensas que atravesar, todo estaba ahí, para el deleite del mundo.

Quien se movió primero, no sabría decirlo, quizás fue ella, quizás fue él, quizás fueron ambos, no importaba, porque casi como si se hubieran leído sus mentes, acortaron la poca distancia que los separaba. Hikari no podía apartar la vista de esos ojos azules que tanto adoraba, y cuando sus frentes se toparon, ella sonrió, y en ese mismo instante (en serio, era como verse en un espejo) Takeru también esbozó una sonrisa.

Lo que pasó luego fue un revoltijo de imágenes borrosas, hasta que sintió sus labios tocarse en un inocente roce, y el tiempo pareció detenerse.

El beso no era nada más que inocente, simplemente no había otra forma de describirlo. Pasivo, tranquilo, extremadamente tierno y algo inexperto, pero ninguno tenía prisa en pasar a lo apasionado; ya luego tendrían tiempo para eso, pensaba ella.

Un suave movimiento tras otro, su beso no era una batalla por dominación, era un encuentro fortuito entre dos amantes que disfrutaban el uno del otro; sus labios se tocaban tan levemente que le permitía la libertad de respirar tranquilamente. Un roce, una caricia y sus labios seguían en contacto. De pronto, su ritmo ameno cambió.

Hikari debió haber imaginado que las cosas no se quedarían así de pacificas por el resto de la noche, después de todo, Takeru siempre había sido una persona de fuertes e inesperadas emociones.

Y esta vez no era la excepción.

Sin previo aviso, Takeru dejó de acariciar su mejilla, soltó su mano y la abrazó, estrechando su cuerpo contra el de él. Tal fue la fuerza que empleó en tan simple gesto, que Hikari sintió la tierra desaparecer debajo de sus pies, y no tuvo más opción que aferrarse a su cuello. El aire a su alrededor dio un vuelco inesperado, y la desesperación los envolvió, Hikari sintió en lo más profundo de sí como ambos trataban de compensar el tiempo perdido de la única forma que podían.

Dando rienda suelta a sus emociones.

Rápidamente, el beso se tornó apasionado, la cantidad de sentimientos que se traspasaban era abrumadora, pero bienvenida para ella, quizás para él también.

Takeru parecía no encontrar forma de apegar mas sus cuerpos, por lo que segundos después comenzó a dar temblorosos pasos; hacia donde, ella no tenía idea, pero poco le importaba. De repente, el mundo a su alrededor sufrió un brusco cambio de perspectiva, y sintió su espalda impactar contra el césped… no, contra la manta que Takeru había arreglado para ellos. Su imponente cuerpo cubrió el suyo y pronto sus bocas se enredaron en una batalla por el control total de la situación, pero ni ella, ni al parecer Takeru, estaban dispuestos a ceder.

Su rostro se sentía extremadamente cálido, pero probablemente aumentó un buen tanto su temperatura al sentirse algo avergonzada al no poder prevenir el gemido que escapó de su boca y que, al parecer, no era el único.

Takeru presionó su cuerpo aun más contra el suelo, y aprovechó uno de los muchos gemidos que escapaban de su garganta para introducir su lengua en su boca. Las cosas no llegaron a más, y fueron quizás detenidas antes de lo que le hubiera gustado admitir, porque sin previo aviso, Takeru rompió el beso, su expresión mostrando sorpresa, y rodó a un lado, dejándose caer pesadamente junto a ella sobre la manta.

Antes de que el rubio pudiera murmurar palabra alguna, Hikari sujetó su mano fuertemente y la trajo a sus labios, besando sus nudillos. "No te disculpes," susurró.

Takeru permaneció en silencio por varios segundos, y cuando contestó fue con un leve suspiro. "No iba a hacerlo."

Una fuerte brisa pasó por el lugar y ella tuvo que resistir el temblor que atentó con apoderarse de su cuerpo; no quería arruinar este momento con Takeru (cuando ellos, con sus labios levemente hinchados y sus cabellos despeinados y sus manos con los dedos entrelazados, al fin podían expresar lo que sentían libremente) y causarle una innecesaria preocupación, incluso si su abrigo hacía poco a la hora de cubrirla del frío.

El hecho que aun debían aclarar lo qué los había llevado a esta situación aún seguía presente en ella, y el saber que no tenía ni idea cómo abordar ese tema la ponía más y más nerviosa conforme pasaban los minutos. Cuando ya no pudo aguantar más (en serio, la curiosidad la estaba matando, y tal vez Gatomon si estaba influenciando en ella pero en realidad necesitaba saber que había pasado con Takeru para que dejara caer sus defensas de tal manera), se sentó de golpe y volteó hacia él.

.~~~~~~~~~~~~.

"¿Qué cambio?"

Su pregunta lo tomó por sorpresa, pues pensó que ya todo había quedado arreglado. Ambos sabían lo que el otro sentía, así que no había nada más que hablar, ¿verdad? Pero sus palabras venían cargadas de significado. Porque, en efecto, ¿qué cambio? Ciertamente no sus sentimientos, estos siempre habían sido los mismos. ¿Ella? No, ella seguía siendo la misma persona adorable que siempre había sido, ¿entonces él?

Si, él había cambiado.

Había cambiado en el mismo instante en que el puño de Taichi conectó con su rostro, cuando creyó que la ira lo consumiría por completo. Había cambiado en el instante que sintió la derrota pesarle en los hombros mientras se encaminaba a los vestidores.

Había cambiado en el momento en que leyó su carta, en el momento que sintió la desesperación de saber que estuvo a solo segundos de perderla a la oscuridad nuevamente.

"Me di cuenta de lo idiota que fui… al no ver lo que estaba justo delante de mis narices."

"¿Takeru?"

Su expresión de confusión era tan adorable que solo podía preguntarse cómo le fue posible resistirse al repentino deseo que tuvo de besarla todos estos meses. Pero era posible, porque haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, resistió la tentación y buscó dentro del bolsillo de su pantalón, sacando un trozo de papel.

La carta.

Hikari la aceptó con algo de inseguridad, aun no realizando lo que era, y fue solo cuando extendió la hoja de papel que su rostro expresó el reconocimiento.

"La carta que… escribí para ti…"

"Sí."

Hubo un breve silencio, en el cual Takeru pudo ver como todo parecía encajar para ella, las cosas aclarándose lentamente. Sin embargo aun parecía haber algo de confusión que se rehusaba a partir de la mente de Hikari, y él quería saber por qué.

"La leí pocos minutos antes de…" de sentir que te perdía, quería decir, pero se contuvo, soltando un suspiro en su lugar, "…antes de encontrarte con Yamato fuera del salón de música."

"Oh…" Hikari dobló la carta nuevamente, y volteó a mirarlo. "Estoy segura… de no haberte dado esta carta…"

"No lo hiciste," Takeru pasó sus manos por su cabello y prosiguió. "El entrenador la encontró cerca de las bancas el día que estuviste viendo la práctica, ehh… el Martes, creo… Había olvidado dármela con todo el alboroto del baile, hasta hoy…"

"Oh…"

Ella desvió su mirada hacia el cielo, ahora parcialmente cubierto por nubes, y dejó escapar un suspiro. Sus manos jugueteaban con la carta de manera nerviosa, y si no la conociera mejor, diría que estaba incomoda en su compañía, pero no, él si la conocía, y la sonrisa que atentaba con liberarse y la expresión de ternura solo le decían que ella contemplaba lo que había pasado hasta ahora. Era su forma de asimilar las cosas, nada más.

"¿Te duele?"

"¿Uh?"

Hikari le regaló una sonrisa y apuntó a su boca. "El labio."

Takeru se tocó el labio roto levemente, negando un poco con la cabeza. "Oh, no…" dijo, pero el movimiento le hizo hacer una mueca de dolor (y se preguntaba cómo era posible que mientras se besaban apasionadamente no había sentido molestia alguna). "Bueno, si, un poco, pero nada que no pueda aguantar."

"Lo siento," dijo ella, sonriéndole apenada, mientras lentamente, una expresión de angustia caía sobre su rostro.

Takeru se apresuró a tomar posesión de sus manos, dándoles un firma apretón, y le mostró una pequeña sonrisa, para aliviar su preocupación (y solo pequeña, porque no quería estirar sus labios de más y sentir el dolor, ya que no lograría ocultarlo ahora). "No es tu culpa; de hecho, creo que lo necesitaba."

Hikari se acercó más a él, hasta que sus hombros se tocaban, y le dio un tierno beso en la mejilla, a lo que Takeru solo pudo responder con otra pequeña sonrisa y un leve rubor. La chica reposó su cabeza sobre su hombro, ambos disfrutando de esta cercanía.

.~~~~~~~~~~~~.

Hikari no necesitaba nada más, decidió, solo esta tranquilidad, la compañía de Takeru y la seguridad que esta no era la última vez. Cerró los ojos, relajándose por completo. Por fin todas las preocupaciones y angustias de la noche se desvanecían, y la tensión dejaba su cuerpo. Ahora todo lo quería era pasar la noche así, justo así, con Takeru.

"¿Aun está en pie?"

"¿Qué?" preguntó de manera perezosa, no prestando mucha atención a lo que Takeru decía, ya que, bueno, quería disfrutar el momento, ya habían hablado todo lo que debían.

"Tu invitación. ¿Aun está en pie?"

Ni que la hubieran electrificado, Hikari se enderezó rápidamente, sintiendo la confusión desaparecer antes de que pudiera hacerse notar en su mente, y lo miró a los ojos, buscando algún indicio de que lo que escuchó fue solo un producto de su imaginación.

"Porque me encantaría ir contigo al baile."

Pero no encontró ninguno.

"…Si, aun lo está."

.~~~~~~~~~~~~.

Miyako estaba a un paso de entrar en pánico.

Ken apenas y podía con la preocupación. Sora y Mimi no sabían cómo contener la situación, ni cómo ayudar a su amiga. Taichi y Yamato estaban a un paso de hablar a golpes ("No puedo creer que golpearas a mi hermano", "No puedo creer que dejaras que ese desgraciado se llevara a mi hermana"). Koushirou ya no se podía las manos de tanto teclear en la laptop. Y Daisuke no estaba por ningún lado.

Miyako estaba a un paso de entrar en pánico. Y cuando eso pasaba, la irritación se hacía presente en ella.

"Al menos podrías agradecerme el haberla encontrado antes que Akira le hiciera daño," rebatió Yamato, su mirada amenazadora, mientras estaba parado frente a Taichi.

"Yamato…" trató de calmar Sora, pero sin éxito, su rubio novio la ignoró.

"Al menos podrías agradecerme el haberlo hecho recapacitar antes de que hiciera una estupidez, de nuevo," replicó Taichi, su mirada igual de amenazadora, con la misma estancia que el rubio.

"Taichi…" trató, también inútilmente, de calmarlo Mimi.

Las cosas simplemente no podían estar peor.

"¿Dónde. Demonios. Esta. El. Idiota. De. Motomiya?" gruño Miyako, paseándose a las espaldas de Koushirou como si se tratara de un animal enjaulado. "¿Y por qué te tardas TANTO?"

Koushirou suprimió el escalofrió que intentó con sacudirlo (en serio, la pelimorada era peor que Mimi cuando se enfadaba—bueno, no, no peor, pero cerca), y trató de sonar lo más calmado posible mientras empezaba a explicar.

"No es fácil determinar si se ha abierto alguna puerta al Digimundo con una laptop que no está equipada para eso, como la mía, la cual dejé en casa porque no pensé que sería necesitada," dijo, haciendo una pausa mientras ingresaba unos códigos utilizando el sistema binario en la casilla determinada. "Además, sin algún Digivice o D3 para crear un acceso, tengo que hacer todo manualmente y eso requiere de tiempo y paciencia."

Miyako, claro, no apreció nada su forma de explicar. "¿Y se puede saber, DÓNDE esperas que guarde mi D3 con este vestido?"

Las cosas que implicaba esa pregunta eran claras.

Koushirou se ruborizo avergonzado. Ken tosió un par de veces, tratando de aplacar el rubor que bajaba hasta su cuello. Sora y Mimi la miraron con la boca abierta, con cabiéndoles la sorpresa. Yamato y Taichi hacían su mejor intento para no largarse a reír.

"Ehh, sí, como iba diciendo… eh—" Koushirou soltó un poco más el cuello de su camisa, intentó ocultar su incomodidad, mas aun al ver a su actual pareja acercarse a ellos. "No hay una forma rápida de hacer esto—"

"Llevas más de una hora intentándolo, Koushirou-senpai, ya deberías haberlo logrado," gruño la pelimorada, apretando los hombros del joven con fuerza.

"Miyako, tal vez deberías calmarte un poco, estoy seguro que Koushirou hace lo que puede—"

Ni siquiera lo intentos de Ken parecían llegar a ella; esto era serio.

"Tal vez todo el ponche se le fue a la cabeza…"

"¡Lo tengo!"

Apenas el genio de la computadora terminó su exclamación, Miyako estaba encima de él tratando de ver lo que había descubierto. "¿Se abrió una puerta? ¿Están en el Digimundo?"

"No, ninguna puerta se he abierto aquí en Japón, no en las últimas horas."

Su irritación se fue junto con las palabras de Koushirou, Miyako cayó sobre una de las sillas (o quizás fue Ken el que la puso convenientemente ahí), sintiendo el pánico hacerse presente de nuevo. Nadie se atrevió a decir nada, viendo como la preocupación cubría el lugar. Taichi y Yamato no parecían querer reírse ya, demasiado consternados por sus hermanos menores.

Justo entonces, Daisuke decidió hacer su aparición. "Hey, ¿los encontraron?"

Miyako, y todos los demás, voltearon de verlo de mala manera, porque, no solo era evidente que el muchacho no había estado buscando a sus amigos como dijo, sino además se notaba a kilómetros de distancia que había estado divirtiéndose por su cuenta.

"Obviamente no," respondió Miyako, secamente, pero siendo ignorada completamente.

"Oh, bueno, no creo que sea necesario ya, porque ahí vienen."

Y Daisuke tenía razón, porque en cuanto Miyako se volteo hacia la entrada del gimnasio, vio sus amigos, Hikari y Takeru, caminando muy juntos y tomados de las manos, sonriéndose el uno al otro y con las mejillas ruborizadas y—

—y antes que alguno pudiera reaccionar, Hikari caminó rápidamente hacia ellos, con Takeru a cuestas, y envolvió a Miyako en un fuerte abrazo apenas la tuvo en frente.

"Uh…"

"Muchas gracias, Miyako," susurró la menor de los Yagami. "Muchas, muchas gracias."

Takeru le dio una media sonrisa, haciendo notar su labio roto, y dejó que Hikari lo guiara hasta la pista de baile.

Era obvio que todo el grupo estaba sorprendido, pero Miyako era la más afectada, porque (verlos ahí parados en el medio de la pista de baile, con los brazos de Takeru alrededor de su cintura y los brazos de Hikari alrededor de sus hombros, sus frentes tocándose ligeramente y ambos mostrando una sonrisa que no había aparecido en sus rostros desde hacía meses, no le era difícil creer que) no merecía tal agradecimiento; ninguno de sus intentos por juntarlos había dado resultado, cada uno dejando consecuencias devastadoras además.

(Era el destino.)

Porque, así como la vida se encargó de separarlos, esta misma se encargó de juntarlos otra vez.

.~.

.~.

.~.

Su lugar secreto.

Un pequeño claro ubicado en un pequeño acantilado junto al mar, rodeado de árboles y arbustos, y que albergaba una abandonada cancha de baloncesto. Al borde de esta cancha, sobre el césped (que necesitaba desesperadamente ser cortado) había una manta, sobre la cual había dos bolso y junto a uno de los bolsos, una cámara digital, que, si se miraba con detención, indicaba una memoria llena.

"¡Oh, caminó! ¡Eso es una falta, caminó!"

Pero nada de esto era importante para los jóvenes que se encontraban allí, y la risa que le siguió a esa exclamación (una risa relajada, sin preocupaciones y llena de felicidad) eran prueba de eso.

"Esa es su quinta falta, señorita Yagami, me temo que tendré que sacarla del partido."

Hikari rió alegremente cuando Takeru la abrazó por la espalda, haciendo uso de su fuerza para levantarle del suelo. Cuando la volvió a depositar en tierra firme, aprovechó su agarre y comenzó a depositar tiernos besos a lo largo de su hombro, siguiendo hasta su cuello, saltando hacia su mejilla, para finalmente devolverse hasta llegar a su oreja. Hikari se había ruborizado en demasía en cuanto los besos continuaron y al sentir el cálido aliento de su novio (sí, su novio), sintió la temperatura de su rostro aumentar.

"Y lamento decirle que también estará suspendida del próximo encuentro, señorita Yagami," susurró el joven en su oído.

Hikari se giró entre sus brazos, su sonrisa radiante, con el balón aun en sus manos. Takeru se acercó con intenciones de besarla, o eso creyó, porque apenas cerró los ojos, el rubio le arrebató el balón de las manos y se echo a correr hacia la canasta.

"¡Oye!" protestó ella, pero sin muchas ganas, pues aun sonreía (y era increíble, porque no había parado de sonreír desde la noche anterior).

Takeru encestó, como ya era costumbre, y comenzó a celebrar junto a una multitud imaginaria, la cual se hizo presente solo gracias a los sonidos que él hacía. Ella extendió sus brazos en una silenciosa invitación, y el rubio sonrió ampliamente (las últimas cinco o seis horas habían curado su labio casi por completo), trotando hacia ella. En un simple movimiento, que mostró su aceptación, Takeru la abrazó, alzándola del suelo nuevamente.

Y se sintió tan natural estando ahí en sus brazos, mientras él los giraba alrededor de la cancha, que era casi como lo hubieran hecho siempre (tal vez si lo habían hecho siempre, esto no era nada diferente a como eran las cosas cuando eran solo amigos, solo que entonces ambos se forzaban a que sus acciones fueran lo mas platónicas posible).

El día de San Valentín se había ido, oficialmente, hace poco más de ocho horas, y era, sin duda, el mejor de la historia para ella.

Takeru la había encaminado a su departamento, con Taichi siguiéndolos de cerca y clavándoles la mirada en la nuca, y habían llegado a eso de las dos de la mañana. Tímidamente, y con los ojos de sus amigos sobre ellos, Takeru le había dado un pequeño beso de despedida (con Taichi diciéndole que si intentaba algo más, le partiría la cara). Minutos después, Hikari se encontró en su cama, intentando dormir.

No podía hablar por él, pero Hikari apenas había podido dormir un par de horas cuando su madre la despertó diciéndole que su rubio novio (si, era su novio, al fin, alfinalfinalfin, era su novio) la esperaba para dar un paseo.

Y aquí estaban ahora.

Perdida en los recuerdos de las últimas horas, ella no se dio cuenta cuando Takeru dejó de girar, deteniéndose junto a la manta. Y nuevamente, se encontró recostada sobre la manta.

"¿Crees que, si te beso ahora, Taichi me partirá la cara?"

La sonrisa traviesa que adornaba su rostro era suficiente para hacerla sentir millones de mariposas revolotear en su estomago, pero fue la forma en que esos ojos azules brillaban (lo que le susurraban) lo que evocó la sonrisa que creció en ella (y la respuesta que esperaba se reflejara en sus ojos).

"No, siempre y cuando no se entere."

Takeru solo emitió un sonido de satisfacción y la besó.

("Te amo. Sabes, como no tienes idea.")


Fin.


Se fini. No olviden sus muy agradecidos cometarios. =) yes?