Capítulo 4

¡Edward estaba tan grande! Pensó Esme mientras lo miraba por el espejo retrovisor del auto. Se dirigían al Hospital para su usual visita al médico pediatra, aunque Eleazar más que revisarlo se encargaba de hacerle mimos.

Él pequeño iba en su sillita, sujetando con una mano una sonaja azul y haciéndola sonar con todas fuerzas mientras chupaba los deditos de su otra mano. Era el juguete favorito de Edward, y se lo había comprado Carlisle hace un mes atrás cuando fueron a la juguetería y mientras su padre lo colgaba Edward cogió la sonaja que estaba colgada a su altura y de ahí no la quiso soltar. Carlisle no tuvo problema en comprarla, él daría lo que fuera por su pequeño. Desde aquella vez Edward solo jugaba con esa sonaja, al parecer le encantaba el sonido que hacia, al igual que la música. Habían descubierto que cuando estaba inquieto y le colocaban música clásica el se relajaba bastante y se movía mucho y reía cuando Carlisle se lo llevaba a su despacho y colocaba viejos clásicos rock'n'roll de los años 70's.

Esme se detuvo frente al hospital y se estacionó velozmente, bajó y se dedico a sacar a Edward de su sillita, que en cuanto la vio comenzó a reír y balbucear. Lo tomó en brazos y aunque le quiso quitar la sonaja para que no se le fuera a perder tan solo con intentarlo Edward soltó un grito y la miro con sus ojos verdes enfadados.

- Me causa gracia que lo único que hayas aprendido de Alice sea a dar gritos cada vez que quieres algo mi amor – dijo Esme riendo mientras rozaba su nariz con la de su hijo.

Entraron al Hospital y todas las enfermeras rieron al ver a Edward, era un pequeño bastante famoso ahí, además que con su ternura y belleza había cautivado hasta a la enfermera más gruñona. Además que el martes anterior Esme había tenido que ir a Seattle y el viaje era aún muy largo para el pequeño, por lo que Carlisle decidió llevarse a su hijo al Hospital con él y tener un día de hombres. Resulto que al final cada paciente, enfermera y doctora que lo veía se le iba a hacer mimos y decirle lo lindo que era, y Edward solo reía y reía haciendo feliz a su padre.

- Hola señora Esme – dijo la secretaria de Carlisle - ¡Hola pequeño! ¿Cómo estás?

En eso la puerta se abrió y salió Carlisle, de inmediato Edward empezó a hacer su Noja y una sonrisa se extendió por su diminuta boquita rosada.

- Hola campeón – dijo Carlisle arrebatándole a su esposa su hijo y alzando a su bebe logrando que riera fuerte y agitara sus bracitos, logrando que la sonaja sonara aún más fuerte. La secretaria de Carlisle, Zafrina, rió fuertemente por la escena, no era para menos.

Carlisle abrazó a Edward que aun hacía sonar su sonaja, y besó suavemente los labios de su esposa, antes de tomarle la mano y guiarla hacía la consulta de Eleazar.

- Estaré en media hora acá Zafrina – dijo sin voltear a verla.

Mientras caminaban hacia la zona pediátrica, muchas enfermeras se giraron para mirar al doctor con su hijo, si Carlisle antes era guapo y arrancaba suspiros, ahora lo hacía el doble. Esa aura paternal le sumaba aún más atractivo. Pero todas tenían claro cuan enamorado estaba de su esposa, y que ninguna podría competir con su belleza natural y sencilla que se había acentuado aun más con su embarazo y ahora lucía curvas seductoras, atrayendo a muchos hombres para molestia de su esposo.

- Vamos justo en la hora, ojala Eleazar no se haya entretenido con algún paciente – dijo Carlisle.

- No creo, debe estar esperando a Edward – dijo Esme soltando una pequeña risita.

En cuanto entraron al ala pediátrica y se dirigieron hacia la secretaria y esposa de Eleazar, Carmen, esta se levanto de un vuelo y se dirigió hacia ellos con una enorme sonrisa.

- ¡Esme, cariño! te ves estupenda – dijo besándole la mejilla. Se acercó a Carlisle y beso su mejilla pero sin ponerle atención, ella miraba a la criaturita en sus brazos.

- Vaya pequeño, no te veo hace una semana y mira lo grande que te has puesto – acaricio la mejilla de Edward mientre este balbuceaba cosas sin sentido.

- Pasen, pasen, Eleazar los está esperando.

Esme le agradeció y entraron a la consulta, en cuanto los vio se levanto y se dirigió a ellos, le pidió a Carlisle que le entregara a Edward.

- Veamos jovencito, revisaremos cuanto has crecido.

Edward se quedó tranquilo mientras Esme lo desvestía para poder pesarlo, pero en cuanto lo colocaron en la helada pesa mandó un gritó que sorprendió a todos.

- ¡Vaya! ¡Pero que pulmones tienes pequeño! – dijo Eleazar riendo ante la imagen.

- Calma amor – decía Esme mientras lo acariciaba, su bebe tenia el ceño fruncido y sus ojos se comenzaban a llenar de lagrimitas. Comenzó a acariciar su carita suavemente hasta que Edward dejó de sollozar y agitarse en la báscula.

- Muy bien papás, el peso de su bebé es absolutamente normal, así que desde hoy ya tienen mi autorización para comenzar a darle papillas. Es preferible que primero le comiencen dando caldo de verduras o pollo para que sus papilas gustativas comiencen a acostumbrarse a los sabores, pero no muy condimentadas ni con mucha sal ¿ok? Ya en una semana pueden empezar a darle papillas y yogurt. Si quieres Esme, puedes dejar de darle pecho, ahora es solo tu decisión.

Después de que vistieran a Edward, le devolvieran su sonaja que había logrado quitarle y batallaran con el para colocarle la tierna casaca con orejitas en su gorro, se despidieron de Eleazar que le hacia caritas raras a su hijo.

Cuando salieron Esme se quedó conversando con Carmen mientras Edward jugaba con su papá a pegarle con la sonaja en la cabeza.

- No entiende que tiene esa sonaja para que te guste tanto – le dijo Carlisle a su hijo que reía y agitaba su manito para que su juguete sonara – Tienes miles de sonajas y solo te gusta esa, y no tomas en cuenta ningún otro juguete.

Edward miró a su papá y trato de morder el mentón de Carlisle dejándolo todo baboseado.

- Hora de irnos Ed, despídete de papá – dijo Esme llegando hasta ellos.

Carlisle beso la frente de su pequeño, que cada vez estaba más grande y hermoso, su cabello dorado terminaba en rizos y sus enormes ojos verdes brillaban con intensidad.

Besó a su mujer y se despidió con un leve "nos vemos en casa mi amor, llegaré en dos horas más".

Esme salió con su niño en brazos, y luego de llegar al auto lo acomodó en su sillita. Luego de sacar el auto del estacionamiento se dirigió a su casa.

- Amorcito, llegaremos y te haré un rico caldo de pollo con verduras, ojalá te guste como cocino.

N/A: en el próximo capítulo, que probablemente subiré mañana, contaré como fue la primera comida de Edward. Espero les guste este capítulo! Besos!

* En mi perfíl las imágenes de la sonaja, ropa, etc de Edward!

Capitulo 5

Habían pasado tres días desde que Edward tenía el permiso oficial de su pediatra para empezar a comer, pero primero le habían dado caldos, que le gustaron mucho a Edward. Sin embargo había terminado bastante mojado ya que no estaba acostumbrado a las cucharas. Sumándose a eso, estaba en la edad en que comienzan a brincar, y se la pasaba saltando en su sillita de comer.

Ahora le gustaba estar de pie, por lo que hacia grandes escándalos a la hora de irlo a acostar, porque ahora que estaba más grande dormía menos. Por suerte, Carlisle ya había comenzado a trabajar en la clínica y llegaba a casa temprano y siempre tenia tiempo para jugar con él. Pero de todas formas, Esme estaba pensando en contratar a alguien para que se encargara de las tareas del hogar, no tenía tiempo para encargarse de la casa, de su trabajo de Diseñadora de interiores y además de un pequeño que estaba cada vez más despierto y vivaz.

- ¡Hola cariño! – dijo Carlisle entrando a la habitación de Edward, donde el estaba mirando sus juguetes, agarraba uno y lo tiraba al piso y luego reía o gritaba de alegría.

- Hola amor, ¿Qué tal tu día? – dijo Esme sentada en la mecedora haciendo un bosquejo.

- Divertido – dijo su esposo simplemente - ¡Edwaaaard! – Dijo, logrando que el pequeño volteara su cabecita y riera reconociendo a su padre y comenzara a balbucear – ¡Mira lo que te he traído!

Carlisle saco de una bolsa una mordedora de manzana. Esme lo miró divertida.

- Ya le están comenzando a salir los dientes, tiene las encías inflamadas, es por eso que está tan inquieto. Estas cosas sirven mucho para aliviar su molestia – dijo rápidamente, mientras le entregaba la mordedora a Edward, que la tomo en sus manitos, la miró, la tiro al piso…pero esta no hizo ningún sonido. Frunció su pequeño seño. La volvió a tomar y se la llevo a la boca. Y al parecer le gustó bastante ya que estuvo un buen rato con ella, mordiéndola.

Esme se fue a hablar por teléfono dando indicaciones a sus empleados, ya que ella ahora trabajaba desde casa, y había entregado la mayor parte de sus labores a Jane, una compañera de la Universidad y que ahora trabajaba con ella para así poder descansar en su embarazo y estar con Edward. Carlisle sujetaba a Edward mientras este estaba en el brinca brinca. En eso, Esme apareció y se quedo mirando la escena. Hace algún tiempo atrás pensó que nunca podría ver algo así, sin embargo ahora podía ver feliz y orgulloso esposo como un papá, jugando con su pequeño y contándole cosas del hospital. Y aun mejor, podía ver a su hijo, fruto del amor de los dos, su pequeño angelito, sano, creciendo feliz y con todo el amor que pudieran darle.

- Carlisle, saca a Edward de ahí, es hora de que coma su cena – dijo con una sonrisa en la cara.

- ¿Se la puedo dar yo? – pregunto dubitativo, tomando a Edward en brazos y dirigiéndose a la cocina.

- Claro amor, pero hoy comienza con algo más sólido, hoy será papilla de espinacas, acelga y pollo – vio como su esposo hacia una mueca, y lo miro con el seño fruncido, a lo que Carlisle rápidamente añadió:

- Muy sano y nutritivo – sentó a Edward en su sillita mientras este rezongaba y agitaba sus bracitos, se sentía atrapado en esa cosa tan incomoda.

Esme le entrego un pequeño plato de bebe con una papilla de color verde. Carlisle se sentó frente a su hijo y lleno la cuchara con papilla, luego la soplo.

- Ahora Edward, abre tu boquita – el niño lo miro y sonrió pero no hizo nada – vamos Edward, di 'a'. Esme rió y Carlisle la miro con enfado.

- Cariño, solo acerca la cuchara. Edward aun no sabe cual es su boca ni que es la letra a – vio como su esposo se ruborizaba un poco pero oyó lo que dijo, en cuanto la cuchara toco levemente los labios de su hijo, este abrió su boca y se comió la papilla, manchándose su boca levemente.

- ¡Muy bien, campeón!

Luego de un rato, ya casi no quedaba nada de comida, y Edward desviaba su atención a cualquier cosa menos a la cuchara.

- Vamos peque, queda poquito – rogaba su padre, pero Edward seguía ensimismado mirando a su mamá.

- Esme, creo que Edward no quiere más – dijo colocando el plato y la cuchara sobre el, mientras miraba a su esposa hacer la cena – creo que…

¡Plaf! Algo verde se estrello en su cara. Escuchó las risas de Esme y de su hijo, por lo que miro a Edward que había tomado la cuchara y la agitaba muerto de la risa. Vio como la volvía a meter en el plato y la volvía a mover, haciendo que la papilla cayera por todas partes.

- No, cariño – dijo su madre, acercándose rápidamente a él y quitándole suavemente la cuchara, haciendo que Edward hiciera un puchero – mira como has dejado a papá y mi cocina. Y como has quedado tu.

Carlisle sonrió y se levantó rápidamente y trajo la cámara y saco una foto a su esposa con su hijo en brazos. Edward tenía papilla en el pelo, la cara y la ropa y Esme solo reía.

Se miraron y no pudieron evitar reír, Edward estaba feliz, había descubierto algo nuevo.

N/A: ¡Lo siento! Se suponía que subiría el capitulo antes, pero he estado súper enferma y no he podido :( . Espero les guste este capítulo. Quiero hacer una aclaración, escribo este fic inspirada en una persona especial, el Benjita, hijo de mi mejor amiga y que el 28 de Junio cumple un año y tres meses, obviamente he cambiado muchas cosas, pero es el único bebe cercano que tengo ya que todos los de mis familia ya están muy creciditos, como de cinco años en adelante xd. Los links de los juguetes y objetos y ropa de Edward están en mi perfil.

Recuerden pasarse por mis otras historias! Si les gustó está, les aseguro que le encantará "Su papi" y "Recuerdos de Niñez". La primera sobre la relación de Edward y Rennesme que SM se saltó ¬¬ y la segunda sobre como era Edward cuando era un niño, reviviendo todos los recuerdos para su esposa embarazada. También tengo "Reviviendo" y "Embarazados", ambos sobre Edward y Bella aunque son un poco más subidos de tono xd. Y por supuesto "Besos en un Tren" una adaptación de una muy buena novela.

Capitulo 6

Edward tenía nueve meses y estaba de lo más inquieto, daba muchísimo trabajo. Había aprendido a gatear y lo hacia velozmente, y ya sabia pararse, sentarse y caminar u poco apoyado de los muebles, por lo que había que estar al pendiente de él y seguirlo en sus paseos.

A Esme y Carlisle no les había quedado más que cubrir cada enchufe de la casa, y cambiar de lugar varios objetos peligrosos para Edward. Además había desarrollado cierto odio a los zapatos, pero según Carlisle no era ningún problema que anduviera descalzo ya que eso fortalecía el arco de los pies y los músculos de sus piernas.

Ahora Carlisle se entretenía más jugando con él, ya que Edward tenia más noción de sus movimientos y pasaba horas jugando con sus autitos de juguete que eran sus favoritos ya que eran didácticos con muchos colores y al andar hacían ruido. También, había aprendido a aplaudir y ya tenía ciertos objetos que eran sus favoritos. Pero dentro de todo lo bueno y lo grande e inteligente que estaba Edward, estaba pasando por la etapa de apego, y no le gustaba estar con otras personas que no fueran sus padres, y en especial con Carlisle. Se quedaba largos momentos llorando cuando su papá se despedía de él por las mañanas. Esta situación tenía a Carlisle totalmente estresado, ya que para él era muy difícil separarse de su pequeño, no estar con el a cada instante viendo como crecía y estaba pensando en pedir las vacaciones. Sin embargo, tenían planeado ir a visitar a sus padres más adelante, ya que como vivían en Londres se les hacía difícil viajar seguido, no por dinero, si no porque ya no eran unos jóvenes y se cansaban demasiado, pero eran los abuelos más consentidores del mundo y ya habían comprado una casa en Seattle con la intención de pasar unos cuantos meses cerca de su único nieto y poder ver como crecía, y por supuesto cumplir con el deber de los abuelos, malcriarlo.

- Carlisle, si no te apuras llegarás tarde – habló Esme mientras le preparaba la mamadera a Edward, que estaba en su corralito jugando con su cascabel azul golpeándolo contra el suelo con el seño fruncido.

- Lo sé, lo sé, pero me dan unas ganas enormes de quedarme en casa. Está lloviendo tan fuerte que lo único que deseo es quedarme acostado regaloneando contigo y Ed – su esposa lo miró y rió.

- Me da la impresión de que Edward hará los mismos berrinches que tú cuando tenga que ir al colegio.

Carlisle se levantó y se acercó a su esposa, y tomándola por la cintura la beso suave y apasionadamente, luego fue donde Edward y lo tomó en brazos haciendo que sonriera.

- Cuida a mamá por mi, pórtate bien y no le des mucho trabajo, cuando vuelva jugaremos – beso su frentecita mientras Edward hacía pucheros. De inmediato se lo entregó a Esme y salió de la casa. Ya desde el auto, mientras se alejaba escuchaba el llanto de su pequeño.

Tuvo un día bastante raro en el Hospital, apenas había habido emergencias y el trabajo en la clínica era más monótono. Cuando al fin dieron las cinco se despidió de su secretaria y se fue rápidamente a su auto para dirigirse a casa. Cuando llego entró rápidamente buscando a su esposa y su hijo. Escuchó risas y cuando llegó a la sala vio una escena que lo enterneció. Alice, la hija de su vecina y mejor amiga de su esposa había aprendido a caminar hace unos días y ahora se encontraba de pie junto a Edward, sujetando sus manos e incitándolo a dar unos pasos. En cámara lenta vio como Edward daba tres pasos inseguros antes de caer sentado. De inmediato Alice aplaudió y dio un gritito de felicidad y comenzó a balbucear mientras Edward reía.

Busco a su esposa con la mirada y la vio con una cámara en la mano mientras Emmett le preguntaba a su mamá porque Eddie no caminaba "Aún es muy pequeño, Emm, pronto lo hará y tendrás un niño con quien jugar".

Sin poder evitarlo, Carlisle sonrió. Su pequeño que no tenía ni un año ya tenía amigos y estaba creciendo rápidamente, quizás un poco mas rápido de lo normal.

Escucho un grito proveniente de su bebe y miro al piso donde Edward aun estaba sentado mirándolo con una sonrisa, extendiendo sus brazos y comenzando a balbucear cosas inentendibles. Él ahora era un hombre totalmente completo.

N/A: perdón por demorar en actualizar, pero con lo del terremoto en mi pais les contaré que recien estamos terminando el semestre para poder salir de vacaciones de invierno, asi que imaginen mi estrés xd. Les aviso que por primera vez participo en un concurso "A Beatle Contest" con la Historia "Lucy in the Sky whit diamonds" espero y pasen a mi perfil y lean la historia y obvio, voten por mi en el link .net/u/2416954/# ahí esta el poll para que voten. Fijense en mi nombre por que hay otro fic con el mismo nombre.

Tambien pasense por mis otros fics, si les gustan los de bebés les recomiendo Recuerdos de Niñez, tiene tan solo 4 capitulos pero son muy lindos y obviamente "Su papi". Cuidense y que tengan lindo dia.

Capitulo 7

En el salón de la casa Cullen no había nada, solo el enorme sofá, los cuadros y la mullida alfombra. Y es que con un niño como Edward era imposible. Tenía diez meses y en su crecimiento normal ya podía tomar objetos pequeños y como es natural se los echaba a la boca. Así que sacaron todos los objetos pequeños del salón. Hace un tiempo ya tomaba objetos grandes con ambas manos…pero ahora todo lo tiraba al piso, por lo que también tuvieron que sacar todos los objetos grandes. La mesa de centro la habían quitado para que el se pudiera desplazar mejor, y la alfombra era su lugar favorito para gatear y rodar por el piso. Se sujetaba del sofá y lo recorría dando pasitos cortos, aunque le costaba después volver a sentarse. Habían colocado rejas de seguridad en todas las entradas de esa habitación, sobre todo porque el pequeño había aprendido a subir la escalera gateando. Ya había sonidos que eran característicos de él, como su estridente risa cuando Carlisle imitaba el sonido de un auto mientras lo daba vuelta en sus brazos. Le gustaba esconderse detrás del sofá y que alguien lo buscara y también se enojaba cuando Esme no lo dejaba meter sus manitos en la papilla, porque Carlisle si se lo permitía.

Cuando Alice y Emmett lo iban a visitar Emmett se entretenía jugando con él escondiéndose ya que Edward lo buscaba. Ahora él reconocía a algunas personas. Cada vez que Alice lloraba el también lo hacia. Según Carlisle eso era normal, ya que los bebes a esa edad son muy sensibles, y el pequeño lo estaba demostrando porque ahora le daban un poco de miedo los baños y lloraba un poco antes de relajarse ante las palabras de Esme y el agua tibia.

- Mira lo que te he traído cariño – le dijo Esme suavemente mientras Edward la miraba y esbozaba una sonrisa mientras empezaba a "hablarle" balbuceando cosas como 'daba adada' y silabas que no tenían conexión entre sí. Esme siempre le respondía algo, como si de verdad tuvieran una conversación.

- ¿Así que te estas divirtiendo amor? Me alegro mucho – Se sentó en el piso junto a él y deposito el platillo plástico que traía en el suelo, ya que su bebe extendía los brazos a ella, por lo que de inmediato lo abrazo y beso su frentecita mientras él reía.

- Eres un bebe muy regalón ¿verdad? ¿Quién es el pequeño muñequito hermoso de mamá? – le preguntaba Esme mientras besaba su barriguita por sobre la polera mientras escuchaba las dulces carcajadas de su hijo que se revolvía en sus brazos.

- Te traje algo para que disfrutes – explicó mostrándole el plato que traía cubitos de queso. Edward amaba el queso, ya que podía aplastarlo con sus encías.

El bebe tomó un cubito con sumo cuidado y lentamente lo metió a su boca y lo comió con la boca abierta, luego continuo con los otros. Esme se quedo ahí vigilando que no se fuera atorar. Luego de que se comiera sus cinco cubitos de queso Edward la miro con una sonrisa. Su madre lo tomo en brazos y lo llevo a la cocina. Todo ahí estaba asegurado para que Edward no pudiera abrir nada así que lo dejo en el piso. La mesa de la cocina tenía un florero de muchos colores. Era de la india y Esme lo había traído de ahí cuando viajo con sus padres a los dieciséis años. Edward siempre lo miraba cuando comía y con gestos lo pedía, pero era de demasiado valor como para entregárselo. Al poco rato de estar lavando verduras escuchó la puerta y vio a su esposo entrar por la puerta de la cocina.

- Hola cariño – el saludo con un dulce beso en los labios

- Hola – dijo Esme acariciando su mejilla - ¿Qué tal tu día?

Antes de que Carlisle lograra responder se escuchó un gran estruendo haciendo que ambos miraran preocupados por su bebe.

Antes de que Esme entrara en pánico escucharon unas risas y algo moverse bajo el mantel. Su madre corrió presurosa hacia el sacando el mantel que cubría a su bebe para encontrarlo riendo con los brazos levantados por sobre su cabeza, y en su mano izquierda tomado fuertemente la punta del mantel.

Suspiró de alivio y escucho reír a su esposo y le dirigió una mirada desaprobatoria.

- No te rías, no debes alentarlo a hacer estas cosas.

- Esme míralo.

Ella se giro y vio a su hijo mirando a todas partes, hasta que su vista se quedó fija en el florero de la india. Gateo rápidamente hasta él y lo miró unos instantes antes de colocar una mano sobre el y pronunciar ¡Oh!

- Él solo hizo lo necesario para tener lo que quería – dijo Carlisle abrazándola por la espalda viendo a su hijo tomar el florero que milagrosamente no se había roto.

- Mamá estará enojada – le dijo Carlisle a su hijo que en cuanto escucho la voz de padre alzó la vista hasta él – Mamá se molestará por que casi rompes su florero y por el desastre que has hecho en la cocina.

Edward sonreía feliz, luego miró a Esme que en realidad no estaba molesta, solo se preocupo por su bebe, le daba lo mismo que el florero se rompiera si su hijo estaba sin ninguna herida.

- Ma-má – grito Edward feliz. Ambos quedaron en shock ¡Edward había dicho su primera palabra! Sin tomar más en cuenta el florero levanto sus bracitos y grito otra vez con más fuerza y seguridad

- ¡Mamá!

Esme lo tomo rápidamente en sus brazos mientras besaba toda su carita y lagrimas de felicidad caían por sus mejillas.

Su bebe estaba creciendo, y su primera palabra había sido para ella.

N/A: Espero les guste el capitulo. Quiero agradecer a las paginas 'Babysitio', "drrondonpediatra", hay cosas que los bebes aun no entienden bien a esta edad, por que por ejemplo para ellos la palabra mamá puede equivaler para todas las mujeres, incluso para su papá xD he aprendido mucho sobre bebes últimamente.

El vaso se había roto en varios pedazos y Edward reía feliz en su sillita. A los once meses de edad él ya era capaz de tomar jugo, bebidas o leche desde un vaso con dos orejas, sin embargo a él le gustaba el té en vaso y su leche en brazos mientras lo mecían. Y como hijo único y por ser un pequeño tan hermoso y adorable sus padres se desvivían por complacerlo.

- ¡Edward! ¡No! – el pequeño de inmediato dejo de reír y miró a su mamá como esperando una explicación de que era lo que había hecho mal – Cariño, no debes botar el vaso – fue la reprimenda suave que le dio Esme. A esta edad era normal que el botara al piso los objetos que ya dejaba de usar, pero esos vasos no eran de goma y siempre terminaban rompiéndose. Suspiro y se dispuso a barrer el desastre ocasionado por su hijo sonriendo.

Edward estaba grande, ya caminaba pero no mucho, ya que prefería hacerlo cuando ella o Carlisle lo tomaban de las manos. Como ya sabía que ella era "mamá" la llamaba gritando por cualquier cosa, para mostrarle una hoja de una planta, una cuchara o alguno de sus juguetes o simplemente para que ella lo tomara en sus brazos y lo regaloneara. También solo dormía si le leían un cuento, adoraba ver los dibujos de este y era feliz cuando reconocía un objeto o un animal, de los cuales ya imitaba sus sonidos siendo su preferido el del gato y el del león que había aprendido viendo "El Rey León" y ahora siempre gruñía moviendo su cabeza haciendo que las personas que lo vieran rieran. Antes de dormir había que pasearlo por su habitación tarareándole alguna canción.

- Ven cariño, mamá debe cambiarte la ropa – le dijo Esme a su pequeño, que de inmediato levantó los brazos para que su mamá lo sacara de su silla. Lo tomó en sus brazos y subió las escaleras mientras su bebe balbuceaba moviendo las manos para explicarse. Había cosas que el ya sabia su nombre pero él les había inventado un nombre propio al no poder decir el de verdad. Le encantaba decir "No" y mover la cabeza aunque quisiera decir sí, cuando tenía hambre decía "ñam" y cuando algo le gustaba mucho aplaudía. En cuando entraron en su cuarto hizo movimientos bruscos hasta que Esme lo dejo en piso, y él, caminando lentamente se dirigió a sus juguetes, escogiendo un perro de peluche y llevándolo donde Esme.

- ¡Guau-guau! – le dijo y la miro sonriendo.

- Si Edward, un guau-guau, pero ven, ahora debo mudarte y cambiarte ropa

- ¡No!

- sí, iremos al parque

- ¡No, no, no! – dijo moviendo su cabeza y agarrando más fuerte al peluche.

- Iremos con papá – añadió Esme mirándolo con diversión ante su expresión de enfado con su seño fruncido haciéndolo ver tan parecido a su padre.

- Ya – dijo mirándola no muy convencido.

Esme lo tomo en brazos rápidamente haciendo que el jadeara asustado, pero luego riera mientras su mamá lo elevaba por sobre su cabeza. Luego lo dirigió hacia el mudador y le cambio el pañal mientras el jugaba con una toallita húmeda pasándola por su cara. Le saco la ropa y lo vistió con su pañal con dibujos de Winnie de Pooh, pantys, calcetines, unos jeans claros y unas zapatillas diminutas pero perfectas para su edad, y arriba con camiseta, polera manga larga y un grueso polerón de algodón.

- Vas abrigado porque afuera hace frío – en cuando dijo esa Edward hizo una especie de tiritón dando a entender que eso era el gesto de frío.

Luego de estar arreglados y guardar una pelota y el peluche del perro en el auto lo sentó en su sillita y colocó música. Edward se movía en su asiento como si bailara y Esme reía feliz. No podía creer lo rápido que pasaba el tiempo, casi un año y medio atrás no pensó que quedaría embarazada ni que tendría a tan hermoso y consentido bebe, aunque ahora era un tema que l preocupaba, ya que Edward se estaba volviendo muy mañoso y hacia berrinches cuando no se hacia lo que él quería. Era entendible, sus abuelos sabrían que él sería su único nieto y lo mimaban demasiado cuando viajaban, cumpliendo cada uno de sus caprichos y demandas, y Carlisle era otro punto…a él le encantaba el lado tan curioso de Edward, que quería tomar todo, tocar todo y tirar al piso todo. Era su método de conocimiento.

Cuando llegaron al Hospital, Carlisle los estaba esperando a fuera y rápidamente camino hacia donde su esposa se estaciono y abrió la puerta trasera rápidamente.

- ¡Hola mi pequeña sabandija! – dijo alegremente besando la frente de Edward que reía fuertemente y gritaba "apa" ya que aun no podía decir "papá" pero como iba encaminado lo diría pronto.

Carlisle rió y dejo su maletín al lado de la sillita de Edward y este comenzó a jugar con la manilla. Se sentó en el asiento de copiloto y le robó un beso bastante a apasionado a su esposa. Entre risas y conversaciones se dirigieron a Seattle donde pasarían el resto del día, ya que aún era temprano.

Más tarde, luego de haber almorzado en el centro se encontraban con Edward en un parque que estaba entretenidísimo persiguiendo la pelota que Carlisle le lanzaba hasta que pasó un perro.

Edward miró con los ojos muy abiertos a sus padres, luego en especial a Carlisle.

- ¡Papá a guau! – dijo con voz de sorpresa mientras señalaba con un dedo el pequeño perro que estaba cerca de ellos.

Carlisle quedo sorprendido, su hijo le había dicho "papá" esa palabra que en un momento pensó no escuchar nunca y que ahora le decía una de sus razones para vivir. A Esme se le llenaron los ojos de lágrimas por la emoción, abrazó a Carlisle que se encontraba como en shock.

- Tu hijo te habla, papá – le dijo suavemente.

Edward seguía ajeno a lo que ocurría, apuntaba al perro y movía su mano para que el perro se acercara a él, sin embargo el perro estaba olfateando el pasto sin tomar en cuenta al pequeño niño.

- ¿Cómo me llamaste, Ed? – dijo Carlisle con voz ahogada. Edward volvió a mirar a su papá y dando los pasos más rápidos que pudo se acerco a él y lo tomó del pantalón mientras Carlisle lo miraba atento.

- ¡A guau papá! – dijo mientras apuntaba al perro un poco desesperado ¿Nadie entendía que el quería al perro? - ¡Papá! – volvió a gritar, ya con sus ojitos llenándose de lagrimas. ¡Era primera vez que veía un perro de cerca y quería tocarlo!

- Pequeño – murmuró Carlisle con la voz entrecortada tomándolo en sus brazos y abrazándolo mientras Edward pasaba los brazos por su cuello para afirmarse mientras seguía hablando sobre el "guau".

Esme se acerco y beso su cabecita, pero ahí fue donde Edward explotó y se puso a llorar, el quería tocar al perro, saber como era y sus papás no lo dejaban.

- Tranquilo campeón, iremos a ver al perrito – dijo Carlisle aun con los ojos llenos de lágrimas.

- ¡Tiiii! – gritó Edward feliz al notar como su padre se acercaba al perro Labrador dorado y se agachaba para que Edward estuviera cerca de él.

- ¡cuidado Carlisle! No vaya ese perro morder a Edward – gritó su madre un poco más lejos.

El perro levanto la vista y miró al niño, luego lamió la mano que el pequeño extendía hacia él.

- ¡Ah! – Grito feliz Edward – Papá a guau – dijo el pequeño mirando al Carlisle. Quien reía de felicidad, no solo de ver a su pequeño tan feliz, sino que también porque le había dicho papá, y ahora él era el hombre más feliz del mundo.

N/A: Espero les guste, perdón por la tardanza! Pásense por mis otros fics! Espero sus Reviews con sus recomendaciones y opiniones. Como saben, como siempre me informe del crecimiento de los bebes a esta edad.

Primerizos 9

- ¡Edward! ¡Ven para acá! – dijo Esme mientras veía a su hijo correr precariamente por el pasillo del supermercado. Suspiro y caminando con el carrito más rápido se acercó a él - ¡Edward Cullen! ¡Te estoy hablando! – dijo con voz más fuerte y dura. No estaba enfadada, pero su madre, en su última visita le había advertido que debían colocarle límites a Edward, que por muy hermoso y tierno niño que fuera, si era un malcriado no le agradaría a nadie.

- Papá – fue lo único que respondió su hijo mientras apuntaba hacia el otro pasillo con el dedo. Esme rió.

Faltaban dos días para que su hijo cumpliera un año, y tenían programada una gran fiesta para él, vendría toda la familia, ya que muchos no lo conocían aún. Estarían los amigos de la familia y habían invitado a los niños pequeños del pueblo. Ahora, se encontraban en el supermercado de PortAngels que tenía más variedad de cosas, comprando todo lo necesario y Edward andaba como loco. Ya tenía la confianza suficiente para caminar y no hubo manera de lograr que se sentara en el carrito para niños que otorgaba el Supermercado.

Edward estaba presentando cierta ansiedad cuando alguno de sus padres no estaba, pero en su ultima visita al medico, Eleazar había dicho que era normal, era parte del sentido de dependencia que el creaba, más aun cuando estaba en lugares abiertos con más personas.

- Mamá ¿Papá? – pregunto Edward frunciendo el seño. Esme se acercó a él y le mostró los brazos. De inmediato su hijo levanto los suyos. Así que Esme lo tomo y le besó la frentecita y eso hizo que su hijo relajara el seño.

- Papá ya viene mi amor – le dijo sonriendo. El rubio pelo de su hijo era muy delicado, como una pelusita y se le hacían rizos en las puntas dándole un toque angelical. Además que sus verdes ojos contrastaban con su muy blanca piel y sus espesas pestañas que eran envidia de muchas mujeres, parecían pestañas de comercial de rimel. Edward balbuceo algo inentendible y Esme le sonrió. Ella siempre le respondía algo, era una forma de estimular a su hijo.

- ¡Papá, papá, papá, papá! – comenzó a gritar Edward haciendo que algunas personas que pasaban por ahí comenzaran a reír y pronunciaran sonoros "awww". Se le había pegado esa costumbre a su hijo cuando hace una semana antes estaba jugando con sus bloques en el living y daban un especial de Queen en la radio. Cuando tocaron la canción Bohemian Rapsodhy y se escuchaba la inconfundible voz de Freddy Mercury cantando "Mamma uuhh" Edward comenzó a reír y empezó a gritar como loco "mama, mama, mama, mama, uuuuuuh". Así que ahora cada vez que quería a alguno de sus padres empezaba a repetir su nombre. Ella solo reía, su bebe tenia una voz tan dulce que a nadie le molestaba.

- ¿Qué ocurre, campeón? – pregunto Carlisle cuando llegó a su lado prácticamente corriendo con unos paquetes de malvaviscos. Su rubio pelo y sus ojos azules resplandecían. Nada lo hacia más feliz que escuchar a su hijo llamarlo, sentir como su bebe lo necesitaba. De inmediato Edward estiró sus brazos hacia él y su padre lo tomo después de dejar las bolsas en el carrito.

- Miau – respondió Edward indicándole con un dedo un cartel que ofrecía una oferta para alimento de Gatos – Ewar miau.

Esme rió. Su pequeño tenia cierto amor por los animales y siempre pedía un guau o un miau, incluso un piopio cuando veía un pajarito, y así como iban se lo terminarían comprando, alguna inofensiva mascota para que su hijo tuviera con que jugar.

- Si Edward, un gato – le respondió su padre.

- Ewar miau – continuo

- Si Edward, ya se que quieres un gato – respondió cansinamente su padre, a él no le gustaban mucho las mascotas.

- Papi, Ewar a miau – dijo mirándolo haciendo un puchero.

Carlisle simplemente suspiro, y Esme de inmediato supo que su hijo tenia la batalla ganada.

- ¡Está tan grande! – dijo Aro con una sonrisa. Ver a su nieto tan feliz persiguiendo a su amiga y vecina Alice le sacaba una sonrisa a cualquiera. Ellos no lo veían hace dos meses, y era increíble todos los cambios que su nieto había manifestado en tan poco tiempo. Ya decía algunas palabras, caminaba y corría y aplaudía todo lo que le gustaba. Era un niño muy inteligente. Sabia cual era su boca, su nariz, sus orejas, sus ojos, su pancita, sus piernas, sus brazos y manitos. Cuando llegaron no se había dado fácilmente, pero luego de un rato no quería soltarse de los brazos de su abuela y sonreía mucho cuando él le hablaba.

- Si, no me gusta que crezca tan rápido – añadió su hijo por lo que se rió

- Yo pensé lo mismo cuando eras un crío, Carlisle, pero ya vez ¡Tengo un nieto! No te darás ni cuenta cuando me haga bisabuelo.

Ambos rieron mientras Esme con su madre colocaban más bocadillos en las mesas. Todo era muy alegre. Los niños más grandes reían y corrían por todo el lugar jugando con las pistolas plásticas que ella había comprado. Edward estaba totalmente ajeno a eso, corría lentamente detrás de Alice. Estaban en un corral habilitado en el patio que era bastante grande y ahí se encontraban todos los niños de la edad de Edward, como el hijo de los Newton, de Crowley, Mallory, Stanley, Cooper. El no compartía con ellos, que jugaban cada uno en su mundo con cubos y sonajas.

Los adultos comían y bebían refrescos comentando los adelantos de sus pequeños, sonaban orgullos por cualquier logro de sus hijos.

- Tía Esme, tío Calisli – dijo Emmett corriendo hacia ellos.

- ¿Qué pasa Emmett? – pregunto Esme sonriendo a ese pequeño al que ella quería como a otro hijo y que Edward adoraba.

- Eddie se cayó y no alcanzo a pasarme al corral – dijo sonando bastante preocupado.

De inmediato ambos padres corrieron hacia el lugar, preocupados sobre todo por que su hijo no llorara, ese era mal indicio.

La imagen que vieron los consternó. Edward estaba boca abajo en el suelo tratando de levantarse, mientras Alice lo tiraba tratando levantarlo.

- ¡Cariño! – grito afligida su madre, metiéndose adentro del corral fácilmente y tomándolo en brazos.

En cuanto Edward sintió el calorcito y la voz de su mamá empezó a sollozar débilmente.

- ¿Está bien? – preguntó su abuelo, Edward, padre de Esme que se acercó rápidamente al lugar.

- Ahora le acaba de dar una crisis de mamitis aguda solamente – añadió Carlisle. Cada vez que Edward tropezaba o caía se trataba de levantar solo y hacia como si nada, pero en cuanto llegaba Esme comenzaba a llorar, solo para que su madre lo regaloneara y le colocara más atención.

Ambos rieron y Carlisle ayudo a su esposa a salir de corral.

- ¿Por qué no lo revisas? – Dijo mirándolo con preocupación – Se puede haber hecho daño

- Esme, no se golpeo en la cabeza y sus rodillas están en perfectas condiciones – agrego Carlisle con una sonrisa – Amor, colócale su gorro, ya es hora de que le cantemos el cumpleaños feliz.

Edward no quería su pequeña coronita de rey, se la sacaba cada vez que su mamá o alguna de sus abuelas trataban de colocársela.

- No, Eward no – repetía ya un poco rojo por la molestia.

Todos reían a causa de la molestia del pequeño. Sus abuelos trataban de distraerlo, pero al final lo logro su padre al mostrarle la torta con la vela encendida que llevaba hasta el. De inmediato todos comenzaron a cantarle el "cumpleaños feliz" y Alice aplaudía sin entender que sucedía en su entorno, mientras los demás niños de su edad estaban distraídos apretando los malvaviscos que les habían entregado, otros mirando la llama de la vela con forma de uno y los mas grandes cataban emocionados. Luego todos aplaudieron esperando a que Edward soplara la velita.

- Vamos Edward, sopla – lo alentaba su madre. Hace unos días le habían enseñado a soplar así que ella hizo el gesto y de inmediato Edward comenzó a imitarla hasta que después de unos intentos lo logro. Todos aplaudieron y él también lo hizo feliz.

Lo colocaron en el piso con varios de los regalos que le habían traído, el solo miraba los papeles de regalos llenos de colores, y sus padres comenzaron a ayudarle a romper el papel de los regalos y el sin mirar el juguete se entretenía aplastando los papeles fascinado por el sonido que estos producían. Le regalaron balones de futbol, autitos de carrera y juegos didácticos. También libros de género con grandes dibujos.

- Ahora, viene el regalo de papá – dijo Carlisle trayendo consigo una gran caja con un inmenso moño azul.

- ¡Papá! – grito su hijo.

Edward miro la caja, solo tenía que levantar la tapa.

- Vamos Edward, levanta la tapa – le indicó su mamá con una gran sonrisa mientras sus abuelos sacaban fotos como locos.

Edward se levantó y camino hasta la caja y con cautela levanto la tapa mirando que contenía.

- ¡Guau! – grito emocionado. Todos rieron ante el entusiasmo del pequeño que aplaudía feliz mirando el pequeño labrador Golden retriever que comenzó a ladrar alegremente.

Carlisle sonrío. Aunque no le gustaban los animales sabía que ese era el regalo perfecto para su hijo, ya que un gato lo podía rasguñar ante un niño que lo tomara en brazos y lo molestara mucho, en cambio el cachorro aun no tenía la fuerza para provocarle una mordida grave y se acostumbraría.

Sacaron el perrito de la caja y todos los niños se vieron entusiasmados ante la mascota, sin embargo el más feliz era Edward, al fin tenía su guau.

N/A: Espero les guste, estoy escasa de creatividad, espero sus reviews. Las que quieran escuchen la canción de Queen, es muy buena =)

Esme acurrucaba a su bebe en sus brazos. Tenía otitis y no dejaba de llorar. Estaba muy decaído, y cuando él lo estaba pareciera que la casa lo hiciera con él. Las plantas no brillaban, los pajaritos no cantaban, y "Guau", su perro, no jugaba. Habían pasado mala noche, Edward no dejaba de llorar y estaba muy inquieto, además que no quería comer. Carlisle le había administrado antiinflamatorios y antibióticos, pero parecían no hacer efecto, y se encontraban muy nerviosos. Era la primera vez que Edward estaba tan enfermo, solo había sufrido uno que otro resfriado sn complicaciones y los cólicos normales de los bebes.

- Tranquilo mi amor, papá ya va a llegar – dijo Esme mirando con lastima a su bebe que tenia sus ojitos rojos de llorar y chupaba su chupete sin ganas. Carlisle había salido hace una hora a la farmacia y ya debía estar llegando a casa. En momentos como este no le gustaba vivir lejos del pueblo.

Minutos después se oyó como la puerta de enfrente se abría y luego de oír pasos apresurados vio como la puerta de su habitación se abría dejando ver a su marido que venia agitado con una bolsa de la farmacia en su mano.

- Llamé a Eleazar y me dijo que le diera este jarabe y le aplicara estas gotas en su oído, son calmantes y ayudaran a que se desinflame su oído más rápido – dijo mientras se sacaba su chaqueta e iba al baño a lavarse las manos – Y también añadió que no entráramos en pánico, que la otitis era algo de lo mas normal.

Le sonreía mientras veía como se acomodaba frente a mí.

- Edward – susurro Carlisle. El pequeño giro su rostro para mirar a su papá, y levanto sus brazos para que lo cargara. Carlisle besó su frentecita que se notaba caliente por la fiebre, que gracias a Dios no era alta – Te pondré algo en la orejita que te duele – De inmediato el pequeño coloco su manito en su oreja izquierda y botando el chupete dijo "Papá, lele".

Esme sintió como su corazón se oprimió, a su bebito le dolía algo y se sentía tan impotente de no poder aliviar su molestia.

- Por eso Edward, con esto no te dolerá más – Carlisle reclino a Edward que extrañamente se quedo quieto y le aplico cinco gotas – Muy bien mi niño – lo felicito por su buen comportamiento – Ahora ¿Quieres un avioncito?

El pequeño esbozó una leve sonrisa, era bueno que ahora los jarabes infantiles vinieran con aplicadores de motivos como aviones, autos, cohetes, y cosa por el estilo. Además de sabores de frutas por que o si no, no abría caso que Edward tomara su jarabe.

Minutos después el pequeño angelito dormía en medio de la cama, con ambos padres a sus lados.

- Espero que esto funcione – dijo Esme acariciando el rostro de su hijo.

- Son los mejores que hay, probablemente mañana amanezca mejor, pero deberá consumir los remedios durante una semana más o menos. Mañana lo llevaremos con Eleazar para que descarte alguna otra infección.

Se durmieron rápidamente, cuando Edward se enfermaba era un caos en la casa, ninguno de sus padres se separaba de él. Era su pequeño milagro, su bebito y no permitirían que le sucediera nada malo.

Carlisle despertó con un molesto dolor en sus ojos, era como si alguien lo estuviera picando. Abrió sus ojos para encontrar dos orbes verdes mirándolo curioso. Las dos manitos de Edward se colocaron en las mejillas de su papa y luego lo miró regalándole una hermosa sonrisa, donde se podían apreciar sus pequeños dientecitos blancos (que solo eran tres).

- Veo que estás mejor campeón – dijo feliz su papá mientras reía feliz, todo estaba en calma otra vez. Lo tomo en sus brazos y comenzó a besar su carita mientras su hijo reía feliz, era un niño muy consentido.

- Vamos Edward – Carlisle miraba a su hijo que estaba de pie junto a su cachorro (que ahora llegaba a las caderas de su hijo) y le acariciaba la cabeza. Era increíble la conexión que tenia Edward con su perro, el cachorro lo seguía a todas partes y Edward compartía todo con él.

- Guau – dijo su pequeño mirándolo.

- No Edward, vamos al Hospital, Guau no puede venir – dijo Carlisle un poco molesto. Llevaba unos minutos tratando de explicarle a su niño que los animales no pueden ir al Hospital.

- Si – fue lo único que añadió su hijo con el seño fruncido.

- Carlisle, tómalo en brazos y vamos, no puedes pedirle permiso para hacer las cosas, tu eres el adulto aquí, eres su padre, debes tener autoridad – dijo Esme girando sus ojos. Carlisle no hacia nada que su hijo no quisiera, y eso estaba mal. Carlisle debía ser una figura de respeto. Tampoco la idea era imponerse, pero Edward debía saber que sus mayores había que obedecerlos.

Suspiro y se encaminó a su hijo, lo tomó en brazos mientras el pequeño empezaba a gritar "No" y pataleaba. Carlisle lo metió al auto y se lo entrego a su madre, que lo colocó hábilmente en la silla y lo aseguro.

Edward lloró la mitad del camino, sin tomar en cuenta los regaños o palabras amorosas de Esme, y no miraba a Carlisle.

- Tenemos demasiado caprichoso a Ed, Carlisle, creo que le debimos imponer reglas antes.

- ¡Esme! Solo tiene un año y dos meses

- Lo sé mi amor, pero es mejor cuanto antes se comience.

Carlisle suspiro mientras se estacionaba en el Hospital. Él quería ser amigo de su hijo, no quería que lo viera como un papá autoritario, pero Esme tenia razón. A la única que le obedecía era a ella, y era bueno que Edward conociera límites.

Se dirigieron al área pediátrica y fueron atendidos de inmediato. Edward aun andaba enfurruñado y no hablaba ni balbuceaba nada, ni siquiera quiso caminar, y no dejo que Carlisle lo llevara.

No le gusto esa sensación, de que su hijo estuviera enojado con él.

Lo reviso su pediatra y se encontraba bien, solo era una infección pasajera. Cuando se iban en la recepción Carlisle escuchó unos gritos.

- ¡Dotor Carlile! – grito una dulce vocecita, por lo que de inmediato se dio vuelta y vio a un pequeño niño, de pelo café oscuro y brillantes ojos dorados corriendo hacia el - ¡Mire! ¡Ya me sacaron el yeso!

- Hola Robert, me alegro mucho que estés mejor – ese pequeño lo había atendido hace un mes, y había sido su medico desde entonces. Se había caído tratando de escalar un árbol a pesar de sus cortos cuatro años.

Le había agarrado cariño especial, ya que se imaginaba así a su hijo cuando estuviera más grande. Le acarició el pelo a Robert mientras este sonreía feliz.

- ¡Papá! – escucho el grito de su hijo y se dio vuelta. Edward le estiraba los bracitos impaciente.

- ¿Qué pasa campeón? – le pregunto tomándolo en brazos.

- Papá mío – dijo abrazándose a él con el seño fruncido.

Carlisle se sintió feliz, su hijo lo quería.

- Si Edward, papá tuyo.

- ¿Ese es su hijo dotor Calisle? – pregunto Robert curioso

- Si Rob, es mi bebe – Edward miro a Robert con desconfianza, pero el niño lo miraba con una sonrisa en su cara por lo que Edward también sonrío.

- ¡Hola Bebe! – dijo Robert feliz. Edward solo movió su manito sin despegarse de su papá, como si se lo fueran a quitar. De lejos se oyó la voz de una mujer llamando al pequeño – Me voy, chao dotor, chao bebe – dijo despidiendo y corriendo hacia su mamá.

Carlisle miro a Edward qué seguía apoyado y bien agarrado a él y beso su frente.

N/A: Espero les guste, cuídense! Recuerden dejar sus reviews y pásense por mis otros fics =)

Capitulo 11

Esme reía viendo como su esposo armaba los juegos en el patio. A pesar del mal clima de Forks, Carlisle se había empeñado en comprar un resbaladilla, un columpio y una caja de arena para Edward, aprovechando que en el verano de Forks no hacia frío a pesar de la ausencia de sol.

Edward estaba cada vez más inteligente, reconocía a sus padres y abuelos en las fotografías y reconocía animales y sonidos característicos de ellos cuando Esme se les mostraba en los libros que le había comprado y en los programas infantiles que daban en la televisión.

Edward reía jugando en la "Habitación de Juegos" que Esme le había hecho para que jugara con "Guau" ahí. El perro estaba más grande, pero definitivamente adoraba a su amo y no se despegaba de él, y ladraba un montón cuando veía que Edward se acercaba a la puerta de salida o la escalera.

- ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamá! – escucho como su bebe la llamaba y sonriendo se dirigió a la habitación.

- ¿Qué pasa mi vida? – pregunto al entrar y ver a Edward sentado sobre el perro y acariciando su cabeza.

Edward le mostró su dedito, donde tenía un espacio de piel rojo e inflamado. Esme sonrió y acerco y le dio un besito, haciendo que su hijo riera y siguiera jugando como si nada. Ella se sentía feliz, su bebe era la cosita más preciosa que tenia y adoraba que él la necesitara para tantas cosas, le encantaba que se acurrucara junto a su pecho, que en cuanto sentía pena o miedo a la primera persona que llamara fuera a ella. Y también adoraba ver como su hijo interactuaba con su papá, ver como jugaban juntos, como su esposo se desvivía por complacer a su bebe, como reía cuando estaban con el perro (que Carlisle al fin había aceptado) o cómo Carlisle le mostraba libros de medicina y le conversaba asuntos del Hospital como si Edward lo comprendieran.

También amaba ver a sus padres, los abuelos de Edward tan felices y orgullosos de su nieto. Como a pesar de que no se veían tanto como lo desearían, luego de unos minutos de timidez, Edward se entregaba feliz a sus abuelos para que lo consintieran.

- ¡Listo! ¿Vamos Ed? – llego gritando agitado Carlisle.

- Amor, me da un poco de miedo, ¿Seguro armaste bien los juegos? – pregunto Esme preocupada.

- Claro que sí, sabes que no dejaría que le pasara nada malo a Ed.

Edward ya estaba de pie y al lado de su papá mirando atento a sus padres mientras tironeaba el pantalón de su papá.

Los tres salieron, obviamente cuidando que Edward no cayera. El perro salio disparado en cuanto se dio cuenta que iban al patio y se puso a corretear a los pajaritos que había en el jardín.

Carlisle tomo al pequeño y lo subió a uno de los columpios. Como era para bebes, el columpio tenia cinturones de seguridad y su diseño era especial para que el bebe quedara con la espalda bien apoyada. La resbaladilla era baja, pero Carlisle se había empeñado en que fueran juegos grandes por lo que a pesar que la resbaladilla era baja, era bastante larga.

Luego de asegurarlo bien, Carlisle comenzó a empujar levemente el columpio, haciendo que Edward colocara cara de miedo por unos segundos, pero luego empezó a aplaudir.

- Mamá – grito Edward riendo mientras Esme sonreía solo de verlo a él.

- ¡Mira Edward! ¡Estas volando! – le dijo Esme haciendo que Edward moviera sus manitos.

Pasaron horas jugando afuera, al pequeño le encantó la resbaladilla y más aún porque su papá lo subía y su mamá esperaba en el final.

- Vamos Edward, hazlo por papá – decía Carlisle mientras Edward estaba enfurruñado en su silla. El quería estar afuera y tirarse por la resbaladilla pero debía comer, pero era tan cabezota, y Carlisle ya estaba sucumbiendo ante sus encantos.

- Carlisle, ponte firme – le dijo Esme riendo. Era gracioso ver al doctor Cullen, decidido y fuerte…implorando a su bebe que comiera.

- ¡Edward ya basta! Te comerás tu cena y luego iremos a jugar – Edward hizo un puchero – Vamos cariño, está muy rico.

- No papi, allá – dijo apuntando afuera

- No Edward, hay que comer ahora, porque después vamos a ir al zoológico, nos iremos por el fin de semana.

Edward lo miro extrañado, pero también tenia hambre por lo que acepto lo que su papá le ofrecía en una cuchara. Carlisle le hablaba de de animales que verían.

Cuando termino de comer Edward estaba impaciente y se removía en su silla.

- Vamos caballero mío, te cambiaremos de ropa porque pasaremos el fin de semana en Seattle – dijo Carlisle mientras Esme estaba arreglando las maletas. Deseaban pasar un fin de semana en la ciudad y llevar a Edward a pasear y cenar a otras partes, además de poder salir ellos. El perro quedaría a cuidado de "Emmett" que al ser vecino vendría a darle de comer y jugar.

Carlisle lo vistió con una polerita celeste pálido con franjas, unos pantalones cargo cortos de color piedra, y unas zapatillas con velcro.

- ¿Listos mis amores? – pregunto Esme entrando a la habitación de Edward con una maleta para ellos y una para Edward, que aunque fuera uno solo debía llevar mas cosas que ellos dos juntos.

Partieron sonriendo y despidiéndose de "Guau". A mitad del camino Edward se durmió.

Cuando llegaron se dirigieron al Hotel Hilton de Seattle donde habían hecho reservaciones y se dirigieron a su habitación aun con Edward durmiendo. Su pequeño dormiría con ellos porque en un lugar extraño se asustaría.

En cuanto el pequeño despertó sabían que tendrían mucho por hacer, disfrutarían su fin de semana al máximo.

N/A: Continuará este capítulo XD no he estudiado nada, me dedico a leer fics y no avanzo =(

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Capitulo 12

Carlisle reía a mandíbula batiente mientras Esme tomaba fotos. Su pequeño Edward estaba aferrado a las piernas de su papá y trataba de escalarlo como un monito en un intento para que lo llevara en brazos. Se veía adorable y gracioso.

- Edward no seas flojo, debes caminar un poco – le decía su papá. Sin embargo en cuanto el niño se comenzó a impacientar y se puso a llorar lo tomó entre sus brazos de inmediato y beso su fruncido seño – Está bien cariño, papá está aquí.

- Papi – dijo Edward abrazándose a él. Esme lo miró con una sonrisa.

Edward era muy tímido y se colocaba nervioso cuando había mucha gente, sobre todo ahora que estaban en el vestíbulo del Hotel. Durante el camino se había entretenido caminando detrás del Botones, ya que las llaves que tenia colgada al pantalón tintineaban, en el ascensor Edward se entretuvo mirando los botones cuando brillaban al indicar al piso al que se dirigían. Pero el vestíbulo atiborrado de gente que entraba y salía fue otra cosa, y se puso ansioso por lo que comenzó a estirar sus brazos pero sus papás no lo tomaba, así que trato de subirse por si mismo.

- ¿Salgamos? – pregunto Esme mientras arreglaba la chaqueta del Edward, no quería que se fuera enfermar. No hacia frío, pero el era un niño pequeño.

Tomaron un taxi y se dirigieron al Zoológico. Esme se fue en el camino jugando con Edward, ya que no podían salir sin llevarle un juguete para que él se entretuviera, y su favorito de ahora era un libro de animales, donde al apretar al animal emitía el sonido que este hacia.

Bajaron y dejaron a Edward en el piso, caminaron con el tomado de las dos manos, ya que a él le encantaban los animales y no dudaban que en cuanto los viera se volvería loco.

Compraron los tickets en la entrada y caminaron lentamente, los pasitos de Edward eran cortos, además que se distraía viendo tantos niños por todas partes.

Entraron y caminaron lentamente hacia las orillas de la calle llena de árboles que poseía el zoológico para el mejor desplazamiento de los visitantes. Se acercaron a los grandes ambientes que estaban en la orilla y se maravillaron al ver el oso polar en las aguas nadando tranquilamente, y su hijo observarlo fascinado, con su pequeña boquita abierta.

Siguieron caminando y contemplando los diferentes animales que habían visto, mientras Edward los señalaba.

- ¡Mamá! – grito Edward totalmente emocionado cuando pasaban fuera de la jaula del león que estaba echado en el piso tomando sol. Los apuntaba y gruñía moviendo la cabeza Comcel león de Metro Golden Meyer.

Sus padres rieron y lo tomaron en brazos para que pudiera verlos con mayor claridad.

Adoraban ver a su hijo así, tan feliz y eufórico.

Fueron a la pequeña granja para niños y le permitieron tocar corderos, ovejas, perros, gatos, cerdos y una vaca. Edward hizo un gran escándalo porque había tomado en brazos al gato y se lo quería llevar con él.

Se marcharon con él llorando amargamente porque quería el "Ñau" para él.

- Tranquilo amor, el gatito es de ahí, esa es su casa – decía Esme sobando su espaldita – no podíamos traerlo con nosotros.

- ¿Y si pasamos a una tienda de mascotas a comprarle uno? – dijo Carlisle mirándola angustiado, no soportaba que Edward llorara.

- Carlisle, no podemos consentirlo tanto, si le compramos algo cada vez que llora se acostumbrará a tener todo lo que quiera, será un niño mimado y muy altanero y no quiero eso para él, quiero que mi hijo sea un buen chico, humilde y que se esfuerce por las cosas que quiere.

Su esposo suspiró sabiendo que su mujer tenía la razón, pero ver a su hijo, que aunque había dejado de llorar iba triste y cabizbajo en los brazos de su madre.

Después de la ida al zoológico llevaron a Edward a almorzar a un restauran infantil, donde los meseros iban disfrazados de castores y habían mucho jugos infantiles, en los que subieron a todos a su bebe.

El fin de semana pasó rapidísimo, Edward había mejorado su ánimo, aunque había preguntado por "Guau" reiteradamente. Fueron a muchas tiendas y compraron algunos juguetes didácticos para su bebe, sin embargo lo que llamó la atención de Edward fue otra cosa.

Habían decidido el último día almorzar en restaurante del Hotel, que era bastante elegante, pero sin embargo no tenían problemas con los niños* y vistiéndose ellos y a Edward más formal se fueron a disfrutar de su ultimo día.

Para su pequeño bebe pidieron puré de papas con pescado a la plancha, que desmenuzando en pequeños trozos el niño comió ávidamente. Poco después de terminar el postre y justo antes de que ellos se marcharan un señor subió a un escenario y comenzó a tocar el piano. Edward miraba embelezado al señor, por lo que sus padres decidieron acercarlo a él. Cuando terminó la canción el señor levantó las manos hacia Edward, en gesto de tomarlo en brazos y para sorpresa de sus padres aceptó de inmediato.

- Hola bebe – dijo mirándolo a los ojos – Veo que te gusta la música.

El niño solo sonreía mostrando sus pequeños dientes blancos.

- Es extraño que se dé con personas desconocidas – dijo Esme – debe haberlo cautivado.

- No soy yo, es el piano – fue lo único que dijo el Señor, y sentándolo en sus piernas lo dejo frente a las teclas. Edward las miró y sin poder evitarlo las empujo hacia abajo, notando que producían un sonido. Con ambas manos empezó a tocarlas, admirado de los diferentes sonidos que hacían.

Miro a sus padres con una sonrisa.

- Eso es todo por hoy pequeño – dijo el señor levantándolo de sus piernas – creo que tu algún día serás un gran músico.

Edward le regalo una sonrisa y un aplauso, y sin hacer ninguna rabieta dejo que Esme lo tomara y se lo llevara de ahí.

Cuando llegaron a casa, el domingo por la noche Edward entro gritando "Guau" en cuanto cruzaron la puerta. Cando le dejaron en el piso comenzó a acariciar a su perro y darle abrazos y el perro encantado languetiaba la cara de su amo.

- Eward a miau – le dijo al perro.

- Creo que el asunto del gato no termina todavía – dijo Esme mirando a su esposo.

- Lo sé, pero creo que se distraerá un poco cuando le traiga un teclado de juguete, es muy pequeño para comprarle un piano.

N/A:

* En la mayoría de los Restaurantes elegantes no permiten entrada de niños, porque lloran, gritan, etc. Algo que por lo general molesta a la mayoría de los comensales, es por ello que hay algunos que son "Familiares" y tienen menús especiales para niños.

Espero les guste la continuación del capítulo anterior. El próximo, ya saben, Edward un poquito mas grande.

Capitulo 13

Edward estaba con el plumero* pasándolo sobre "Guau" con suma delicadeza. Esme ya le había tomado varias fotos, y lo miraba tranquilamente. Había leído en un libro para padres que era bueno incluir a los niños en las tareas del hogar, así no solo se hacia el hábito de ayudar en casa, si no que también se entretenía. Así que entregándole un plumero y mostrándole que se pasaba sobre los muebles estaba realizando el ejercicio y aunque al principio Edward lo había hecho bruscamente y había botado unos adornos rompiéndolos, él solo se dio cuenta que debía hacerlo con cuidado. Aunque aún Esme no entendía porque limpiaba al perro.

- Edward, deja de limpiar a Guau, ya llego Alice y Emmett – de inmediato el pequeño levantó su cabeza y miro a su mamá con una sonrisa y casi corriendo se acerco a ella, justo cuando tocaban el timbre.

En cuanto se abrió la puerta Emmett entro como un tornado a la casa.

- ¡Eddie! – Gritó fuertemente acercándose al pequeño – Tengo tu nariz – dijo tocando la nariz del pequeño y se alejó de él. De inmediato Edward comenzó a hacer pucheros y a sollozar.

- ¡Emmett, devuélvele la nariz a Edward! – gritó Heidi entrando a la casa con Alice en brazos. Al escuchar el tono de su madre, Emmett se acerco al pequeño y volvió a colocar el dedo en la punta de la nariz del bebe.

- Ahí tienes tu nariz Eddie.

Esme rió, Emmett adoraba a los niños, pero se aburría con ellos ya que eran más pequeños.

- Ali – dijo Edward cuando Heidi la dejo en el piso y ella avanzo hacia él.

- Eddie – dijo feliz la pequeña dando una especie de saltitos – Vamos a jugar.

- Mamá jadín – dijo el pequeño. Esme adoraba la forma de hablar de su pequeño, aún no usaba artículos y no pronunciaba bien, pero ahora lo hacia con más frecuencia y ella era feliz de escucharlo tratar de cantar algunas canciones.

- ¿Quieres ir a los columpios y al resfalín? – le pregunto y él solo agitó su cabecita.

Las mujeres se saludaron rápidamente, ya cuando estuvieran afuera podrían conversar. Además ahora debían vigilar constantemente a los niños, ya que se mordían o golpeaban, y aunque al principio se habían preocupado el pediatra les había informado que era algo totalmente normal, que era otra de experimentar de los bebes.

- cuando tenga sed solo dale agua, Esme, o sino se acostumbrará a beber bebidas industriales y no es bueno para su salud – le decía Heidi a su amiga, además ella estaba en una etapa naturista y aunque a Emmett no le agradaba solo les daba alimentos orgánicos y tenia prohibidas las golosinas. Aunque sin que ella supiera, su esposo Félix Brandon le daba papá fritas a Emmett escondidos en el auto o en el parque.

- Lo sé, a Carlisle tampoco le agrada que Edward consuma alimentos con tantos aditivos químicos, pero en realidad yo le doy jugo de frutas hechos por mí o agua de hierbas. Lo que me tiene preocupada ahora es si estará bien que lo pase de la cuna a la cama sin barrotes – dijo con un suspiro – me da miedo que caiga.

- Nosotros con Emmett lo hicimos a los dos años, pero creo que lo debería haber hecho antes. Además querida, no preocupes, las camas de niños pequeños son bajas y para que estés más tranquila coloca una colchoneta o cojines en el suelo, así estarás más tranquila.

Esme pensaba…antes cuando se juntaba con sus amigas era para hablar de la vida, de sus maridos o de lo que ocurría en el pueblo, sin embargo ahora todo giraba en torno a sus pequeños.

- Y Esme, no cometas el error que yo cometí. Si Edward cae, y llora ¡No lo lleves a tu habitación! Debes quedarte con él en su cuarto y esperar que se vuelva a dormir, o sino se acostumbrará a que lo lleves a dormir con él. Hasta hoy no puedo estar bien con Félix pensando que Emmett entrara al dormitorio y nos pille quizás como.

Rieron mientras vigilaban a los pequeños sentados en los columpios bien asegurados y a Emmett jugar a la pelota con el perro.

Alice hablaba alegremente, pronto cumpliría dos años y estaba preciosa.

- Allie habla mucho, no entiendo porque Ed lo hace tan poco

- Porque está claro que es más tímido. Yo tengo la suerte o mala suerte de tener terremotos en vez de hijos.

Rieron y luego de un rato, entraron a los niños para darle una merienda. A Esme le encantaba la relación que tenían los niños, eran como tres hermanos, Emmett los cuidaba mucho y se preocupaba por ellos, además de molestarlos. Y la relación de Alice con Edward era bien especial, ya que ella era la única persona con la que Edward compartía sus juguetes.

- ¿Crees que algún día sean novios? – pregunto Heidi mientras los observaba jugar con unos cubos de colores.

- Tal vez, pero no creo que funcionaria, son como hermanos.

- Si, además seria difícil para nosotras, seria como que se casaran dos hijos.

Un llanto desvío su atención y vieron a Edward jalándole el pelo a Alice, mientras reía.

*En mi país se le llama plumero a una cosa peluda que sirve para quitar el polvo. Estoy tratando de hacer una página para colocar las imágenes del fic.

N/A: capitulo cortito =)

Capítulo Navideño

Edward estaba en una etapa muy difícil. Tenia un año y seis meses y estaba en el punto culmine de su gran conflicto de personalidad, como lo había denominado Eleazar, su pediatra. Resulta que Edward estaba haciendo mas rabietas que nunca y según su doctor era por los deseos en conflicto que tenia de ser independiente y a la vez ser un bebito y eso lo confundía, pero era una etapa por la que todos los bebes pasaban y pronto lo superaría. Sin embargo Esme tenia los nervios destrozados, por que ahora se había obsesionado con las luces del árbol de navidad y quería tenerlas todo el día encendidas, quería salir a jugar al patio pese a la gran cantidad de nieve y quería que ella lo tuviera en brazos durante la tarde, sin contar que quería jugar durante la tarde con Guau y no dormía su siesta, por lo que se ponía my irritable a la hora de su cena.

- ¡Guau men! – gritaba el pequeño moviendo la manito para que el perro fuera hasta él.

- Edward, tu perro está comiendo – dijo Carlisle tomándolo en brazos y sentándolo en sus rodillas – Quédate con papá y come tu papilla de frutas.

- No quere – dijo Edward mirándolo a los ojos y con el seño fruncido - ¡Guau!

Carlisle sus piró pesadamente, pronto llegaría la artillería pesada, viajarían los padres de Esme, Elizabeth y Edward. También lo harían sus padres, Aro y Heidi.

- Van a venir los abuelos

- Abelo

- Si, y tienes que comerte la comida, o se molestaran contigo – continuo Carlisle

- No

- Carlisle, si no quiere, no lo obligues – dijo Esme colocando pequeños canapés y cupcakes navideños en la mesa de centro.

- Está bien – replico su esposo

- Edward, es hora de la siesta, Carlisle, debes ir a buscar a nuestros padres – Carlisle se levanto y dejo a Edward de pie en la alfombra y camino en busca de su chaqueta. Cuando estaba por salir su hijo llego corriendo a su lado y estirando los bracitos con una enorme sonrisa en la cara.

- Lo siento cariño debes quedarte a cuidar a mamá – le dijo su papá colocándose a su altura viendo como su hijo hacia un puchero – No podemos a dejar a mamá solita porque le dará pena y se pondrá a llorar.

Edward lo miraba atentamente y en cuanto dijo que su mamá se pondría a llorar fue lo más rápido que pudo donde Esme y se abrazó a sus piernas.

- ¿No me dejarás sola, cierto mi amor? – dijo tomándolo en brazos.

- No – añadió el pequeño y beso a su mamá repetidamente haciendo que ella riera.

Poco después se durmió y Esme aprovecho esos minutos para ordenar todo antes de que llegaran sus padres y suegros.

Edward había despertado un tanto inquieto, pero cuando Esme lo llevo a la sala y vio a sus abuelos se quedo en sus brazos y no quiso bajar a jugar en la alfombra. Eso duró hasta que recordó quienes eran esas personas y entrara en confianza. Al poco rato después tenia a sus dos abuelos tirados en la alfombra mientras el arrojaba una pelota y ellos la iban a buscar. Las abuelas sacaban fotos emocionadas y Edward era feliz de lanzarles besos con la mano. Luego de la cena, donde sus abuelos se paliaron por tenerlo en las rodillas y darle trocitos de pavo fueron hasta el árbol de navidad.

- Edward debes abrir tus regalos – dijo Renata que lo tenia en sus brazos. Lo dejaron en la alfombra para que él solo fuera hacia el árbol a dejar sus regalos. Esme había colocado un disco de villancicos y en cuanto el pequeño coloco sus pies en el suelo se puso a bailar al ritmo de la melodía. En unos segundos llego "Guau" y se puso a ladrar y moverse al lado de él haciendo que Edward riera y bailara ahora dando pequeños saltitos. Los abuelos y los padres miraban orgullosos y felices al pequeño, Carlisle más precavido que todos graba el momento.

- Abre este Edward, es de papá – dijo Carlisle entregándole una caja.

- ¡Mio, mío! – grito feliz el pequeño rodeado de papeles de sus otros regalos, que eran juguetes de sus abuelos y sus padres. Había recibido juegos didácticos, un auto donde cabría cómodamente hasta los tres años y una moto donde se podía montar y empujarse con las piernas. Su madre le había regalado muchos libros para que leyeran juntos y pinturas para niños para enseñarle a pintar. Los últimos dos regalos que quedaban eran de Carlisle.

Edward quito la tapa y chillo emocionado.

- ¡Un Ñau, mami! – Dijo levantándose y saltando feliz - ¡Guau un Ñau! – Edward metió los brazos en la caja y saco un gatito blanco que estaba de lo más tranquilo. Cuando Guau se acercó Esme se había levantado para evitar que el gato rasguñara a su hijo, sin embargo el gato no se asusto por el perro y a Guau tampoco pareció importarle. Edward dejo al gatito en el suelo y comenzó a acariciarlo mientras decía "nanai".

- Así como van, tendrán un zoológico – dijo Elizabeth haciendo que todos rieran y Carlisle se sonrojara. Secretamente ahora si le gustaban los animales.

- Aun te queda un regalo Ed – de inmediato el pequeño dejo al gatito y se dirigió al árbol, tomando el último paquete que allí quedaba. Era bastante grande, por lo que no lo pudo cargar, pero sin preocuparse rompió de inmediato el papel, dejando al descubierto un teclado de juguete. Carlisle se acercó al pequeño y lo encendió. Cuando Edward toco las teclas y de ellas salieron notas su padre se complació al ver como sus ojitos verdes se abrían impresionados y su pequeña carita se adornaba por una sonrisa.

Había sido una maravillosa navidad, Edward había tenido lo que más quería y sobre todo el había alegrado a toda su familia con sus hermosas sonrisas y su alegría y felicidad.

N/A:Espero les guste el capítulo =) en mi blog están las imágenes del fic =

Capitulo 14

Edward dormía tranquilamente abrigado en su pijama enterito de color celeste . Sus padres lo observaban absortos mientras afuera nevaba. Guau estaba durmiendo en la sala de juegos, ya que hacia mucho frío como para que estuviera en su casa en el patio y Ñau estaba en su cama en el living. Hace una semana habían cambiado la cuna de su hijo por una pequeña cama para él. Hasta ahora no habían tenido ningún problema, exceptuando que a Edward no se le hizo nada difícil aprender a bajarse de ella y muchas veces lo encontraron jugando en el piso por las mañanas. Así que ahora también debían dejar las rejas de seguridad de la escalera cerradas durante la noche por si a Edward se le ocurría dar un paseo nocturno y no lo escuchaban.

- Vamos a dormir, no creo que despierte – dijo Carlisle mientras le daba un ligero apretón a la mano de su esposa.

- Solo déjame encender su lamparita – dijo Esme mientras presionaba las nuevas lámparas pegadas a la pared en el cuarto del bebe.

Como a las tres de la mañana Esme comenzó a sentir que algo movía la cama. Se sentó en la cama y encendió la luz de la lámpara y pudo ver a su pequeñito de casi dos años con su pijamita y sus ojitos anegados en lágrimas.

- Mi vida – dijo tomándolo en brazos mientras sentía que su esposo se iba despertando - ¿Qué pasa mi amor? – Esme miraba preocupada a su hijo que en cuanto estuvo en los brazos de su mami se acurrucó contra ella y dio un sollozo.

- ¿Qué pasa? – dijo Carlisle totalmente preocupado mientras acariciaba el rubio pelo de su hijo.

- No se, lo sentí cuando ya estaba aquí – Esme aparto un poco la carita de su bebe para que él pudiera verla – Tranquilo Ed, mami y papi están aquí.

Edward se relajo en sus brazos y Carlisle besó el pelo de su esposa y la frente de su hijo, y de inmediato el pequeño estiró los brazos hacia su papá.

Acostaron a Edward entre ellos y pronto los tres se quedaron dormidos.

- Como te digo, solo llego a la cama, ni siquiera lloro o nos llamo antes – le contó Esme a su amiga Heidi Brandon mientras observaban a sus hijos correr por el parque. Emmett tenia a Alice y a Edward persiguiéndolo.

- Tal vez solo tuvo una pesadilla – dijo Heidi restándole importancia – por que eso fue el lunes y desde ahí que no se ha salido de su cama.

- Si, me asusta no poder saber que le ocurrió esa noche – dijo Esme en un suspiro.

- Esme, no siempre podemos saber todo lo que les ocurre a nuestros hijos. Debe haber sido solo una pesadilla. Si hubiese sido algo mas grave Edward no hubiera querido dormir en su habitación y de seguro no lo hubiera hecho toda esta semana – dijo dándole una sonrisa de apoyo a su amiga – además yo lo veo de lo más feliz persiguiendo a Emmett.

- Si – dijo Esme sonriendo al ver a su hijo correr al lado de Alice gritando "Emmy" con sus mejillas sonrosadas, su rubio pelo más desordenado de lo normal, las rodillas de los pantalones sucias y sus ojos brillantes de felicidad – debe haber sido una simple pesadilla. Aunque ahora le permitimos dejar al perro y al gato dormir con él en su cuarto. Varias veces cuando lo hemos ido a ver en la mañana están los dos animales en su cama.

- ¡Pero si él los adora! – dijo Heidi riendo – yo aun no entiendo como el perro y el gato se llevan tan bien.

- Carlisle compró el gato en un criadero donde hay muchos perros también, entonces el gato ya estaba acostumbrado a su presencia y bueno, Guau también lo compro ahí.

Ambas se miraron y rieron al ver a Alice y Edward sobre Emmett, ya que habían logrado alcanzarlo.

N/A: el capítulo anterior era un extra por Navidad. Ahora lo releí y me di cuenta que al principio coloqué a Heidi como abuela, pero más abajo a Renata. Aclaro de inmediato: Elizabeth y Edward son los padres de Esme, Aro y Renata los de Carlisle y finalmente Heidi y Félix son la familia Brandon, padres de Emmett y Alice.

También quiero pedir disculpas por la demora, espero poder actualizar todos mis fics hoy, a más tardar mañana.

Ya saben, preguntas y dudas sobre el fic, sobre lo que se viene y sobre mi en www . formspring . com / caleidoscope y para poder las imágenes de los fics en ladybluevampire . blogspot . com.

Recuerden pasar por mis otras historias =) recomiendo Besos en un Tren y Recuerdos de Niñez que ya están terminadas.

En el prox capítulo el cumpleaños nº 2 de nuestro Eddie

Capítulo 16

Esme suspiró al ver tan linda escena. Venía con las compras que había realizado en los brazos y no pudo avanzar más que unos cuantos pasos a la cocina cuando diviso el rubio pelo de su esposo y fue a averiguar porque estaba sentado en tanto silencio. Cuando llego al salón pudo ver a Carlisle sentado en su sillón favorito con su pequeño hijo en brazos, durmiendo sobre su pecho. Parecían dos perfectos ángeles. Su bebito, de ya dos años y casi dos meses dormía sobre el pecho de su padre con la boquita abierta y sus rubios cabellos más alborotados que nunca. Sus cortos y delgados bracitos se aferraban al torso de Carlisle y sus piernas estaban abiertas, mientras los brazos de su papá lo sujetaban por el trasero. Carlisle tenía una sonrisa plasmada en su cara y dormía pacíficamente.

Esme suspiró, y es que el bebé de la casa se estaba convirtiendo en un niñito hermoso rápidamente. Corría detrás de Guau y Miau por toda la casa, se lavaba los dientes, las manitos y la carita solo, obedecía las ordenes que se le daban y hablaba más (aunque muchas veces las frases que pronunciaba no tenían sentido), le costaba pronunciar la "rr" así que a los demás perros le decía "peros". Era un cúmulo de energía, por lo que durantes las tardes, después de su siesta tenían que jugar con él en el patio para que se cansara y durmiera bien de noche, cuando no podía dormir los mantenía a ambos padres despiertos hasta altas horas de la madrugada. Por suerte Guau y Miau siempre estaban dispuestos a jugar con él.

El cumpleaños número dos del pequeño fue un evento a gran escala en la pequeña Forks. Y es que el pequeño Edward de dos años era una hermosura y la adoración de las enfermeras del Hospital cuando Carlisle lo llevaba al Hospital, donde lo dejaba haciendo garabatos en papeles mientras el atendía a algunos de sus pacientes, mientras Esme se encargaba de las compras, de la nueva decoración del cuarto de Edward y de organizar la fiesta. Días antes de la fiesta de cumpleaños, vino una famosa fotógrafa de niños para tomar fotos del pequeño, ella también había tomado las fotos de cuando Edward tenia una semana de vida, un mes, tres meses, nueve meses, un año y ahora su pronto segundo año, y eras unas fotografías espectaculares. Los primerizos padres del pequeño habían estado asustados por la supuesta "Crisis de los dos años" pero aún no ocurría nada. El pequeño ya avisaba cuando quería pipi o popo, pero a veces no se aguantaba, pero llevaba poco tiempo de práctica, así que aún Esme le colocaba pañales. El día del cumpleaños había un montón de niños corriendo por todos lados, la decoración era un zoológico y Edward iba vestido de león, viéndose totalmente adorable. Cada vez que alguien le preguntaba que era, él contestaba "un lón" y gruñía. Él solo jugaba con Alice, aunque ahora lo hacía con otros niños, no se sentía totalmente en confianza y eso sus padres lo notaban. Le regalaron un montón de juguetes, sin embargo lo que Edward más disfruto era que su mami había contratado una granja de animales…por lo que en el patio de su casa ahora había una vaca, unas ovejas, corderos, una gallina, unos cerditos, muchos patitos amarillos. Cuando le cantaron el "Cumpleaños Feliz" le llevaron una torta muy, muy grande y la torta tenía "animales" de crema, él no pudo evitarlo y metió la mano a la torta. Por suerte Carlisle alcanzó a grabar eso, su pequeño no quiso esperar y metiendo su manito en la torta comió un pedazo logrando que todos rieran y los abuelos del pequeño se jactaran de lo inteligente que era su nieto.

Esme volvió de su viaje al mes pasado y vio como su bebito estaba despertando y al moverse, despertaba a su papá en el proceso.

- Hola amor – dijo Carlisle cuando la vio.

- Hola par de dormilones – añadió mientras se acercaba a ellos. Su hijo se rascaba sus ojitos con sus puñitos, su polera estaba arrugada y manchada.

- Mami – habló con un murmullo el pequeño – Pipí.

Esme lo tomo en brazos y lo llevó al baño. En la nueva decoración del cuarto de Edward, habían derribado uno de los cuarto de invitados para transformarlo en un "mini baño" como lo llamo Emmett, ya que el water, el lavamanos y la tina eran a la altura de Edward. Esme dejó al pequeño en el piso y le bajo los pantalones. Edward hizo pipí, y luego soltó se dirigió a su lavamanos y se las lavo muy bien. Se dio vuelta y colocando sus manos en las caderas miró a su mami con el seño muy fruncido.

- ¡¿None tabas? (1) – dijo molesto. Esme quiso reír, pero lo evitó porque o si no Edward se enojaría más.

- Estaba comprando cosas ricas para ti – dijo hincándose para mirarlo a los ojos. Vio como el pequeño se relajaba y la miraba con ojitos brillantes.

- Miau se fue – dijo y sus ojitos brillaron con pena – y Guau y mí bacamo pedo papi no y mi fue y no.

Esme no entendió que quiso decir, pero supuso que probablemente Edward quiso ir a buscarlo, pero Carlisle no se lo permitió.

- Tranquilo amor, Miau va a volver, solo fue a dar una vuelta – dijo aunque no muy segura. Edward adoraba a su gato y se entretenía jugando con él.

- Ta bien – dijo y se fue a su dormitorio.

Esme rió, lo único de la crisis de los dos años que Edward había tenido era que a él no le gustaba para nada que ella no estuviera con él, que se acercaran hombres a ella y que Carlisle la abrazara mucho, pero con su papi podía compartirla un poquito más.

- Mami ¡Meeeeeeen! (2) – grito desde el dormitorio, y Esme pudo verlo mirando por la ventana.

Se acercó a él y pudo ver como por la ventana se veía a Miau sentado sobre el resfalín de su patio de juegos, muy tranquilo.

Edward rió, mostrando todos sus pequeños dientitos blancos y el corazón de Esme se apretó. Amaba tanto a su niño, y estaba tan grande. Ya iba al baño solo, se sabia casi todos los animales de su libro de mamíferos y peces, sabía que la letra E era la inicial de su nombre y la de mami, jugaba con Carlisle todos los días y a veces se iba a dormir con ellos porque no quería estar solito. Se preguntó si alguna vez en su vida habría sido tan feliz como ahora.

N/A:

Dónde estabas

Mami, ven

Espero les guste el capítulo, los próximos ya no los haré mes a mes, si no que avanzaré más rápido. Fotos en mi blog: ladybluevampire . blogspot . com

Si quieren preguntar algo, cualquier cosa haganlo a mi formsping, no respondo reviews porque no tengo tiempo :/

Mis saludos y mejores deseos =)

Capítulo 11

Edward estaba sentado en la alfombra mientras jugaba con su piano de juguete. Tocaba las teclas de a una, no como los demás niños que colocan una mano entera sobre las teclas. Escuchaba el sonido y luego apretaba otra, a veces estaba horas así. Le encantaba que colocaran música y bailaba entretenido. También le gustaba dar paseos, mirar las hormigas del jardín, jugar al doctor con Guau, correr con un hilito para que Miau lo siguiera, hacer que Carlisle lo persiguiera por la casa, sacar las ollas de Esme y aporrearlas con el cucharón, tirar la pelota a Guau para que la persiguiera, acariciar a Miau para que hiciera ese ruidito extraño o simplemente, después de comer su fruta permitir que Guau y Miau lo lamieran y él reír como loco por las cosquillas.

Esme sonrió y se acercó a él.

- ¿Quieres hacer pipí? – le preguntó. Ya iba al baño solo, pero había que recordárselo ya que cuando jugaba se le olvidaba.

- No mami – dijo con una sonrisa.

Esme asintió y se sentó cerca de él y comenzó a leer una revista. Ahora el pequeño estaba calmado, pero podía fácilmente salir corriendo y caer por las escaleras del patio o cualquier cosa, los niños pequeños tenían un don para desaparecer.

- Mami, teno hambe de un cholate – dijo Edward seriamente. Esme rió ¿Cómo podía un niño de dos años y seis meses hablar tan seriamente?

- No quedan chocolates – Edward frunció el seño – tendríamos que ir a comprar.

- Ya ¡Mañana! – gritó. Aun se confundía con el tiempo, el pensaba que mañana era todos los días, lo que significaba que tendría que llevarlo al Supermercado.

- Hoy, mi amorcito, hoy. Entonces ¿iremos al supermercado? – le pregunto mientras lo levantaba. Definitivamente hoy era el día calmado de Edward, solo había tenido que cambiarlo de ropa dos veces, una porque después de almuerzo se lleno de fruta la ropa y la segunda porque decidió esconderse de ella entre las flores recién regadas, por lo que había barro*.

- Si Mami, no teno nada duce – dijo haciendo un puchero. A él le encantaba el chocolate, pero Esme solo le daba un pequeño trocito todos los días, pero lo había acostumbrado a chocolate con alto porcentaje en cacao, que era el saludable. Los demás dulces no le gustaban mucho, prefería las frutas ya que tenían juguito.

Esme lo tomó en brazos y luego de sentarlo en la sillita partieron rumbo al supermercado. Colocó música de la radio y Edward se entretuvo mirando el paisaje.

- Edward, llegamos – anuncio Esme, a su pequeño le gustaba saber todo lo que hacían además, Eleazar, pediatra del pequeño, había recomendado que le hablaran como si fuera un adulto, ya que así el aprendía a hablar bien desde un principio y evitaban problemas del lenguaje.

Bajaron y mientras Esme se ajustaba la cartera, Edward salio corriendo hacia la entrada.

- ¡Edward Cullen, detente! – gritó. Sin embargo Edward no se detuvo hasta que estuvo frente a un Elefante mecánico para niños y lo miraba con admiración. Esme agitó la cabeza con resignación, su pequeño adoraba ese elefante que se movía lentamente con una alegre y pegajosa canción. En cuanto llego donde su hijo lo reprendió.

- ¡Edward! No puedes irte así corriendo – le dijo mirándolo con el seño fruncido – Si te portas mal te llevaré a casa y sin ningún chocolate.

Edward miro sus zapatillas, a él no le gustaba hacer enojar a mami, pero le gustaba mucho mirar el elefante.

Esme lo tomo de la mano y entraron al Supermercado.

- ¿Quieres subirte a un carrito? – preguntó.

Edward solo agito la cabeza en negación, a él le gustaba más caminar con mamá y ayudarla a echar muchas cosas al carro.

Iban por los pasillos y varia de la gente de Forks se detenía a saludarlos. Edward solo miraba y se abrazaba a las piernas de su mami, ya que era un poco tímido.

Cuando llegaron al pasillo de mascotas el pequeño hizo reír a su mamá, ya que solo quiso llevar un alimento de perros que tenia a un labrador retriever al frente, ya que según Edward esa era de "Guau".

- Mami ¡un datón! – dijo el pequeño mostrándole un ratón de juguete.

- Cariño, Miau no persigue esos juguetes – dijo sonriéndole.

- Si, gato come datón – replico el pequeño como si fuera lo más obvio del mundo.

Esme solo asintió y ayudo a que Edward lo echara al carrito ya que no alcanzaba. A ello no les complicaba comprarle cosas ya que tenían bastante dinero, pero lo maravilloso era que Edward siempre escogía cosas para Miau, para Guau, para papá, para mamá, para los abelos o para Ali y Emy, a el le gustaba más dar, que recibir.

Luego de comprar la leche, verduras frutas de Edward, compraron chocolate, helados y shampoo de bebe terminaron las compras. Esme le pago a uno de los empaques* que le llevara las cosas al auto, ya que Edward estaba cansado y queria que lo llevaran en brazos.

- Mami ¿polemosid donde falante?* - sus ojitos verdes brillaban de emoción y su mamá no fue capaz de negarse.

Luego de darle la propina al joven se dirigió al elefante mecánico mientras Edward se agitaba ansioso. Luego de sentarlo y decirle que se afirmara de las orejas del elefante, metió la moneda y apretó el botón verde. Comenzó la música y el elefante se empezó a mecer lentamente. Edward se reía y Esme solo podía agradecer poder hacer feliz a su hijo.

N/A: capítulo dedicado a oriana21, no estoy segura si fue a este fic al que le dejo review, pero siempre me escribe. Agradezco a mis pacientes lectoras =) espero les guste el capítulo y sus comentarios.

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