Historia de un sentimiento

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Junio 2002

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"Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser."

Esa es la definición de mi emblema, lo que se supone que es mi mayor característica, lo que comprendí y acepté hace tres años. En ese caso, buscaba el encuentro y unión con mi madre y conseguí sentirlo a través del encuentro con Piyomon.

Tengo claro lo que siento hacia ella y hacia los demás y que es amor, que en verdad puedo dar amor, sin embargo, esa no es la única definición de lo que representa mi emblema.

"Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear."

Creo que este se refiere al amor del que habla todo el mundo, el que reproducen en todas las canciones y muestran en todas las películas. El unirse con alguien que sienta eso mismo por ti, alguien que te complemente y con el que desees compartir tu vida. El amor romántico, el amor de pareja.

Y ahora, como me pasó hace tres años este es el que me da miedo, el que no entiendo y temo explorar para darme cuenta si lo tengo o si no lo tengo.

Analizándolo, me doy cuenta de que siempre me ha atraído de forma natural, siempre he querido compartir mis sentimientos con él y que él los compartiese conmigo, y siempre he querido comunicarme con él, por lo que solo me queda preguntarme si en verdad él me complementa, me da energías para convivir y para… ¿crear?. Eso lo dejaré aparcado por el momento.

Si resulta que cumple con el resto de la definición, no tendré más dudas y deberé aceptar que es amor lo que siento por Yamato. Sin embargo, ¿que sentirá él por mí?

Seguramente algo como esto:

"Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato."

O lo que es lo mismo, amistad. No tengo duda de que eso define nuestra relación actual, pero yo ya he empezado a ver reflejado mi trato con él en la definición de amor, ¿habrá alguna posibilidad de que él sienta lo mismo?

A veces creo que podría se posible, porque me da la sensación de que busca mi compañía, comunicarse conmigo y compartir buenos momentos, pero otras veces lo veo tan alejado como la cima del monte Fuji, como si sus sentimientos jamás pudiesen estar en comunión conmigo, que su definición de amor nunca irá dirigida a mí.

Eso me alivia, pero a la vez me entristece. Tengo miedo a sufrir, pero también a no experimentar ese amor y sobre todo, tengo miedo al:

"Falta de amor o amistad" , es decir, que haya desamor por su parte, porque yo no concibo una vida sin estos dos sentimientos, y seguramente, para él este también será su mayor miedo.

Porque por nuestros emblemas y su definición, el desamor para nosotros es como la Kryptonita para Superman: mortal.

...

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Respiró fuertemente dejando que ese aroma tan especial y único entrase por completo en sus pulmones y purificase todo su cuerpo enormemente contaminado por los excesos de la gran urbe.

Abrió los ojos, mirando con una amplia sonrisa ese paisaje que solo pocos afortunados podían disfrutar. No podía creer que volviese a estar ahí y sobre todo no podía creer que su compañero volviese a estar a su lado.

Bajó la vista pero le extrañó no encontrarlo.

-¿Gabumon?.- cuestionó. Hacía tan solo unos segundos estaba.

Escuchó un ruido entre las hojas tropicales de la jungla que se abría a su derecha. Vio que algo se movía y no dudó de que sería él.

-Gabumon, ¿qué haces?.- preguntó, mientras con la debida cautela se adentraba a la jungla.

Inspeccionó antes su alrededor, cerciorándose de que no había ninguna torre de oscuridad cerca, por lo que en caso de necesitarlo, su compañero podría digievolucionar con normalidad.

Le pareció distinguir entre el follaje el uniforme femenino de su instituto, eso significaba que Sora estaba allí, ya que era la única chica de la secundaria con permiso para viajar a ese lugar. Agitó la cabeza confuso, no sabía que iba a ir ese día, aunque en realidad era incapaz de encontrar un sentido a su propia presencia ya que no recordaba haber viajado con la nueva generación desde el ordenador de la sala de informática de la escuela primaria.

Sin embargo, en estas circunstancias, eso tampoco le parecía absurdo.

Agudizó la vista y en efecto, era ella.

-¿Sora?.- cuestionó. Una cabeza pelirroja se volvió hacia él. Pudo distinguir que se llevaba el dedo a la boca, mientras examinaba sus inmediaciones.- ¿te encuentras bien?

-Shh...- repitió el gesto con enfado y el rubio se tensó.

Observando detenidamente sus aledaños por si hubiese algún peligro oculto, Ishida avanzó hacia la chica.

-¿Qué ocurre?.- susurró con preocupación, una vez a su lado.

No se esperaba que ella lo tomase de la mano y tirase de él con decisión, empezando un descabellado trote por la jungla.

-Quiero dejarlos atrás.- dijo.

Y Yamato no encontró ningún sentido a sus palabras.

-¿A quién?, ¿te persigue alguien?, ¿dónde está Piyomon?

Las piernas de la deportista no flaquearon en ningún momento, ni siquiera por lo dificultoso que resultaba reír de las ocurrencias de su amigo mientras corría de una forma tan endiablada.

Yamato se sentía incapaz de seguirle el ritmo, sobre todo con esta presión de no saber de que huían, no obstante la mano de Takenouchi le sujetaba con fuerza y eso era todo lo que necesitaba en ese momento.

Corrieron sin saber donde, por lo menos él, por esa jungla que parecía que no acababa nunca, esquivando ramas, haciendo giros imposibles y saltando desniveles y troncos que parecían puestos a propósito.

Fue en uno de esos donde el pie de Yamato tropezó. Automáticamente soltó la mano de Sora para no arrástrala con él en su inevitable caída.

Sintió el manto de hojas que cubría el suelo en su rostro y sus manos, así como un dolor intenso en la rodilla.

-Au.- se quejó, mirando el roto de su pantalón y el doloroso raspón en su piel.

Pronto buscó con la mirada a su acompañante, convencido de que pese a que su acto heroico le hubiese dado la posibilidad de seguir huyendo, ella se habría detenido y enseguida la tendría pendiente de su herida.

Le desconcertó y le causó un gran aflicción ver que no había ni rastro de la pelirroja, es decir, que había seguido corriendo sin reparar en que ya nadie agarraba su mano. Le había abandonado.

Apretó los dientes furioso por este desolador pensamiento, pero su mente pronto recapacitó. Era imposible que ella le dejase atrás, por lo que seguramente eso de lo que huían la habría cogido y le habría hecho algo.

Se levantó abruptamente aterrado porque esto hubiese sucedido.

Sintió un encogimiento en su corazón por cada segundo que sus ojos no la veían. Como alguien le hiciese daño… apretó los puños tan violentamente que se daño la palma de la mano con las uñas.

No podía ni imaginar un minuto en el mundo sin Sora, un segundo de su vida sin ella sería una eterna agonía. En ese momento descubrió, que era la persona con la que jamás se cansaría de compartir los segundos de su vida, que era su propia vida.

-¡Sora!.- exclamó.

Dio unos pasos apresurados para un lado y luego para el otro. Se desesperó porque no encontraba ninguna pista de por donde podría haber ido y de la dirección que tomase podría depender la vida de la pelirroja.

Se llevó las manos a la cabeza apurado incapaz de tomar una decisión. ¡Demonios!, seguro que Taichi ya habría decidido algo. ¿Por qué él era incapaz de arriesgarse?, pero solo el hecho de pensar que si se equivocaba de camino condenaría la vida de su amiga le incapacitada para dar un paso.

Pero entonces, sin previo aviso, algo lo rodeó de la cintura por detrás. Dio un respingo, pero al segundo sintió ese calor que solo le podía dar ella. Miró su cintura distinguiendo sus brazos y la paz regresó a él.

-¿Dónde te habías metido?.- preguntó ella dulcemente.

Su aliento rozó su oído, sus labios rozaron su lóbulo.

-Me caí.- logró articular Ishida, notando que ese calor se apoderaba más salvajemente de su cuerpo.

Lentamente se volteó, lo que provocó que ella lo soltará. La observó unos instantes para comprobar que estaba bien, y en efecto, estaba más guapa que nunca. Hubiese deseado abalanzarse hacia ella, abrazarla con toda su fuerza y rogarle que nunca más le volviese a dar semejante susto, que la mayor distancia que hubiese entre ellos de ahora en adelante fuese la que le separaba en ese instante… tantas cosas hubiese hecho en ese momento, pero como siempre, logró contener sus impulsos.

Bajó tímidamente la vista y se señaló la rodilla.

-¿Qué pasa?.- preguntó la chica extrañada.

El rubio tuvo que pestañear un par de veces para creerse lo que veía, en donde su pantalón no tenía ningún desperfecto y la rodilla no le dolía ni lo más mínimo.

-Yo… juraría que…- balbuceó con estupor.

Volvió en sí al escuchar la adorable risa de Takenouchi.

-Que mono te pones cuando estás confundido.- soltó, ruborizando considerablemente al rubio.- arrugas la nariz, ¿lo sabías?.- dijo, dándole un toquecito.

El chico perfiló una nerviosa sonrisa, mientras meneaba un poco la cabeza abrumado, llevándose la mano a la nariz.

-No sé… no me había dado cuenta.

Notó como ella apoyaba la cabeza en su pecho, mientras realizaba un notable suspiro.

-Hay tantas cosas de las que no te das cuenta…

El rubio quedó paralizado, sin ni siquiera atreverse a envolverla entre sus brazos. Era todo excesivamente desconcertante, porque aunque Sora era cariñosa y amable, nunca le había abrazado, acariciado y tocado de esa forma. Al contrario, Takenouchi solía ser bastante contenida con sus muestras de afecto, por lo menos con él.

-¿Te encuentras bien?

-Ahora sí.- contestó ella con una sonrisa, amarrándose con fuerza a la cintura del rubio.

Yamato tragó saliva, mientras sus músculos seguían en máxima tensión. Entonces, la pelirroja apoyó el mentón en el pecho del músico, mirando hacia arriba de forma adorable. Ishida se dejó cautivar por su mirada.

-¿No era esto lo que querías?

El compañero de Gabumon se echó un poco para atrás asustado. Sintió como su rostro y en realidad todo su cuerpo se empapaba en sudor y que su corazón estaba a punto de agujerearle el pecho de lo violento que latía.

-Que… ¿qué quieres decir?.- tartamudeó avergonzado.

Ni quería imaginar que Sora fuese conocedora de sus sentimientos.

-Lo sabes muy bien tontito.- dijo ella de forma juguetona. Luego llevó las manos hasta su cuello y agarrándose a él tomo impulso para sostenerse con las puntas de los pies y que su cara quedase a la misma altura que la de Yamato.- te mueres por besarme.- anunció con una aterradora seguridad.

Ni sabía cuando pero sus manos habían rodeado su cintura, quizá para sujetarla en esa forzada postura. Sus ojos habían quedado clavados en los de ella, sintiendo que no tenía salida alguna, tampoco buscaba una salida ya que llevaba demasiado tiempo queriendo estar en esta placentera prisión. Trató de decir algo, pero le resultó imposible, porque los tan ansiados como prohibidos labios de su mejor amiga se acercaban con descaro a los suyos.

Había recreado en su mente este momento infinidad de veces y era incapaz de recordar nada de su alrededor, solo la sensación que le producía por fin tocar esos anhelados labios, su esperanza para sentir amor.

Un hormigueo recorría su cuerpo solo con pensarlo y ahora por fin lo sentiría en la realidad.

Ni quería averiguar como habían llegado a esta situación tan absurda porque lo único que ocupaba sus sentidos era ese aliento que pronto se entremezclaría con el suyo, esos labios que pronto marcaría para la eternidad, porque eso lo tenía claro, una vez que la besase, no renunciaría a ella nunca, sería suya para siempre.

Cerró los ojos y notó ese agradable cosquilleo posarse en su labios y para hacer más romántico si puede este momento, los U2 les pusieron esa banda sonora que jamás olvidarían.

Abrió los ojos sin llegar a besarla al darse cuenta de esta incoherencia.

-¿Qué hacen los U2 en el Digimundo?

Jamás se arrepentirá lo suficiente de haber hecho eso porque entre sus brazos Sora se fue desvaneciendo y convirtiéndose en… ¿la almohada?

La música fue ganado intensidad, conforme Yamato iba despertando a su alrededor que por supuesto no era ni jungloso, ni amoroso, ni digimonocioso, era su triste habitación.

Se quejó amargamente al ser consciente, estrujando la almohada contra su cabeza.

-¡Rayos!.- exclamó furioso, dando una almohadazo al despertador para pararlo.

Quedó tendido sobre la cama unos instantes, tratando inútilmente de que por arte de magia ese sueño regresase, y aunque sea, pudiese hacer realidad sus fantasías en él. Pero era inútil, ella ya no estaba, ya no era real. Si la besaba ahora, sería parte de su imaginación, consecuencia de su frustración.

Salió de las sábanas con notable enfado, jurándose que jamás volvería a escuchar una canción de ese dichoso grupo irlandés… ¿With or Without you?, estaba hasta las narices de que para él siempre fuese without, ya que si algo caracterizaba sus cada vez más recurrentes sueños con Sora era que nunca llegaba a besarla.

Una vez estaba bajo el mar y ella era una sirena que le salvaba de morir ahogado, pero cuando le iba a hacer el boca a boca, despertaba abruptamente, otra vez estaban en la nave de Alien y antes de besarla, salía ese asqueroso bicho de su cuerpo y se despertaba… y así hasta un millón de sueños absurdos. Pero lo desesperante era que parecía que hasta el dios Morfeo sabía que esos labios no estaban destinados para él y le torturaba en su propio reino, aquel en que debería ser feliz y conseguir todo lo que ansiaba.

Se deshizo de su camiseta empapada en sudor y abrió la ventana para airearse, pero no lo consiguió demasiado porque este mes de Junio estaba resultando incómodamente empalagoso.

Vagó por su habitación como un ente, incapaz de recordar porque demonios se había puesto el despertador tan pronto un sábado por la mañana. Fue al tomar sus pantalones y ver que caía su digivice cuando al fin fue consciente de que había quedado.

-¡Gabumon!.- exclamó apurado.

Pero para su desgracia, su celular ya sonaba sin descanso. Miró la pantalla y resopló al ver el nombre de la persona que le molestaba.

-Sí Jyou, ya sé que habíamos quedado para ir al Digimundo.- dijo desganado, al mismo tiempo que se colocaba los pantalones y rebuscaba con la mirada alguna camisa ponible.-… ¡me tomas por un Yagami!, por supuesto que no me acabo de levantar, de hecho llevo rato esperándoos en la puerta de la escuela… ah, ¿qué estáis ahí todos?, ¿también Motomiya?… - no pensó más y se colocó la primera camisa que encontró, sin siquiera molestarse en olerle la axila para ver si ya era hora de echarla a lavar.-… pues si tanta prisa tienes iros ya, con tal de que me dejes a uno de los chicos para abrirme la puerta… a Daisuke no por favor, mejor a Iori que habla poco… sí, hasta luego, ¡ya estoy llegando!.- finalizó, cortando la llamada y saliendo despavorido.

Tuvo que volver a los segundos al darse cuenta de que se había dejado el digivice sobre el escritorio.

Demostrado, esta adolescencia le estaba volviendo todo un despistado.

...

Sus dedos tamborileaban sobre la cama, siguiendo el ritmo de la canción que sonaba ahora. Prácticamente se había aprendido de memoria todo el repertorio de ese CD, ese disco que él le regaló por su cumpleaños, con, como decía él, canciones imprescindibles para no ser una inculta musical. No la quería incluir, pero ella le obligó y la canción compuesta e interpretada por el portador de la amistad quedó grabada en ese disco y precisamente era la que más se reproducía en esa habitación.

Esbozó una sonrisa sin saber por qué realmente, solo que su cerebro le había mandado sonreír, quizá esa canción le hacía sonreír.

Enfocó, todavía con esa amplia sonrisa, al muchacho que estaba de rodillas en el suelo conectando su laptop por si tenía que echar mano de alguna de sus múltiples herramientas.

-¿Qué dices que le pasaba?

Takenouchi cerró los ojos para dejar de caminar por el filo junto a Yamato y concentrarse en su amigo. Se colocó en el suelo, al lado de este.

-No sé, se me quedó bloqueado, luego le dí a control, alt, suprimir unas diez o veinte veces y se me apagó. Cuando lo encendí salió eso, me dio miedo y te llamé.- explicó, señalando la extraña pantalla de su pc.

-Es la pantalla de bios.- comunicó con suma tranquilidad.

-¿Es grave?.- cuestionó la chica apurada.

Koushiro la miró arqueando una ceja con extrañeza.

-¿No sabes lo que es la pantalla de bios?, ¿acaso no dabas informática en el colegio?

La tenista se incomodó considerablemente.

-Me las pasaba jugando al buscaminas con Taichi.- musitó un tanto avergonzada. No le gustaba parecer una estudiante mediocre, pero es que su profesor de informática de la escuela era demasiado aburrido como para prestarle atención.

A Izumi le sorprendió conocer tal información, ya que no le parecía propio de Sora o por lo menos de la imagen que siempre había tenido de ella, pero al contrario que otros, en su carácter no entraba el hacer un comentario burlón o recriminatorio al respecto. Simplemente, se volvió a la pantalla.

-Esta pantalla no presenta peligro para el ordenador, tranquila.- anunció, mientras sus manos ya tecleaban con velocidad.- lo primero que haré será un chequeo para ver si todo funciona correctamente, ¿te parece bien?

La enigmática mirada azabache del portador del conocimiento quedó clavada en Sora, buscando su aprobación. Esta se encogió de hombros confusa.

-¿Podré seguir conectándome a internet y ver fotos en secuencia cuando acabes?.- cuestionó, demostrando para que usaba el dichoso ordenador.

-Claro.- aseguró atónito por la pregunta.

Ella sonrió complacida.

-Entonces haz lo que quieras.

Y los ojos de Izumi brillaron de emoción. Un nuevo universo de software para explorar y reprogramar a su antojo.

En cuestión de segundos, el genio pelirrojo quedó inmerso en las tripas virtuales de ese trasto, y Sora, tímidamente para no perturbarlo, regresó a tomar asiento en el bordillo de la cama.

Estuvo observando sus escasos gestos faciales durante un rato, como de vez en cuando esas gruesas cejas se arqueaban denotando sorpresa, para que segundos después se frunciesen muestra de su concentración para resolver cada contratiempo que se le aparecía.

Takenouchi de nuevo volvió a reír, porque ese chico era absolutamente el mismo que hace tres años se enchufaba a su laptop cada vez que podía, y también había que reconocerlo, les salvaba de numerosos peligros del Digimundo.

Echó la cabeza para atrás apoyándola contra la pared, recordando cuando se enteró de su emblema, el conocimiento, ¿cual sino podía portar?

Poco a poco su sonrisa fue desapareciendo conforme recordaba esa conversación entre el demonio Myotismon y su esbirro DemiDevimon, cuando hablaron de los emblemas de todos. En ese momento ninguno le sorprendió, excepto el suyo, y por si no fuese lo suficiente insegura, ese embaucador de DemiDevimon le convenció de que no era merecedora de él, de que jamás podría hacerlo brillar.

Entonces se equivocó, pero ya hacía mucho tiempo de eso, además una nueva chica había recogido el testigo de su emblema, ¿y si eso significaba que ella había perdido su característica?

Abrió los ojos y se encorvó hacia adelante con la necesidad de compartir estos desalentadores pensamientos.

-Koushiro, ¿crees que hemos perdido nuestros emblemas?

Normalmente, el compañero de Tentomon solía aislarse cuando entraba en el mundo virtual, pero esa pregunta que no venía a cuento le desconcertó demasiado.

-¿Por qué dices eso?.- cuestionó, sin despegar la vista de la pantalla.

Sora se levantó y empezó a deambular con nerviosismo.

-Bueno, esa chica, Miyako-chan, pudo coger el digiegg del amor que yo no pude ni mover, sin embargo Takeru y Hikari pudieron coger el suyo con facilidad. Por eso, si ahora no somos niños elegidos, igual es porque hemos perdido nuestra característica y el Digimundo se ha buscado a otros.

Koushiro paró de teclear un instante y arqueó una ceja pensativo.

-No lo había visto desde ese punto, pero de todas formas, lo que los nuevos niños elegidos activan son los digiegg, no el emblema en sí. Son necesarios debido a que Digimon Kaiser bloquea la digievolución normal.

-Pero están creados con el poder que dejamos para restaurar el Digimundo, ¿verdad?.- preguntó la chica. Tras meditarlo unos instantes, Izumi asintió sus palabras.- entonces, renunciamos a nuestro emblema, igual eso significa que ya no lo tenemos.- dijo, llevándose la mano al corazón.

El joven dejó salir una risa de seguridad en sí mismo.

-Que ya no podamos invocar su poder para hacer digievolucionar a nuestros compañeros no significa que no tengamos esa característica. Recuerda que ya estaba en cada uno de nosotros antes de ser elegidos, que precisamente fuimos elegidos por ellas.

Takenouchi lo miró atentamente, sin estar del todo convencida.

-¿Entonces por qué no somos nosotros?

El genio de la informática bajó la vista y continuó tecleando sin demasiado ímpetu.

-¿Quién sabe?, quizá porque crecimos, tal vez el Digimundo crea que los adultos pierden de verdad su emblema.- comunicó su teoría con tristeza.

Sora compartió su estado de ánimo.

-Ojalá me diesen la oportunidad de crecer junto a Piyomon, con ella sé que jamás perdería mi emblema.

El pelirrojo sonrió complacido por ese deseo.

-Al menos ahora los volvemos a tener.

-Sí, tienes razón.- regresó a su optimismo natural.- ¿quién ha ido hoy al Digimundo?

-Jyou y creo que también iba Yamato.- la chica prestó atención al escuchar su nombre.

-Igual mañana voy yo, creo que necesito hablar un poco con Piyomon.- dijo, de una manera un tanto ausente.

-Llama a los chicos, ellos van casi todos los días.

La tenista ya había regresado a la cama, cerró los ojos y suspiró tratando de relajarse, no sin antes volver a presionar el número cinco del control remoto de su reproductor de música, necesitaba escuchar nuevamente su voz.

...

Taladros salieron disparados de sus manos y nariz, impactando en ese obelisco oscuro responsable de que su poder estuviese tan disminuido. Al instante se empezó a agrietar desde la parte de abajo, pero los mayores no le permitieron al compañero de Iori que lo derrumbase del todo.

-¡Espera Digmon!, ¡ahora es nuestra parte!.- anunció Kido, mostrando orgulloso su dispositivo.

Un haz de luz e Ikkakumon se apareció ante ellos. Feliz por volver a ver a su compañero, el fututo médico miró a Yamato para ver si ya cabalgaba en lomos de Garurumon, por eso le extrañó que no fuese así. El rubio estaba distraído, con las manos en los bolsillos y mirando a la nada.

-Yamato, ¿nosotros no digievolucionamos?.- preguntó Gabumon tirándole del pantalón.

Solo entonces regresó a la realidad y fue consciente de la situación, de que ya tenían vía libre para intervenir.

-Ah, sí claro.- sacó el digivice, pero antes de que su compañero se convirtiese en ese lobo atigrado, un ruido captó su atención. Ikkakumon ya había derribado la torre.

-Genial Jyou, gracias por esperar.- bufó Ishida, guardando su dispositivo. Gabumon compartió su decepción.

-Tranquilos, ahora vamos a derribar otra, ¿verdad Digmon?.- aseguró con euforia el pequeño del grupo.

Siguiendo la indicación del D-3 de Hida, los tres siguieron su peregrinaje. Por los alrededores vieron como varias torres más caían a manos de Halsemon, Pegasusmon, Nefertimon y Flamedramon.

El rubio observó eso con un poco de resignación, pero también satisfacción, porque no cabía duda de que el Digimundo estaba en buenas manos con esta generación.

-Menudas energías tienes estos chicos, no nos van a dejar ni una.

El mayor del grupo caminó a la par de su distraído amigo.

-¿Te encuentras bien Yamato?.- preguntó con preocupación.

Ishida encogió los hombros con dejadez.

-¿Por qué lo dices?

-Estás en otro mundo.- comentó el peliazul.

El portador de la amistad encontró ese comentario increíblemente gracioso dada su situación.

-Que perspicaz Jyou.

Kido lo miró con indiferencia.

-Sabes a que me refiero.

-¿Hay alguna jungla por aquí?.- preguntó, pasando olímpicamente de su amigo.

Gabumon negó y Kido se desesperó.

-¿Por qué no me prestas atención?.- reclamó, tomándolo del brazo para que lo encarase.

-¿Qué quieres Jyou?.- se hartó también el poco paciente rubio, revolviéndose.

-¿Le vas a pegar un puñetazo como hiciste con Taichi?.- cuestionó Gabumon con curiosidad.

-Es probable.- contestó el chico, acariciándose los nudillos, mientras miraba de una forma nada amigable al anteojudo.

-¡Oh venga!.- exclamó el portador de la sinceridad haciendo un gesto con las manos.- ¿intento mantener una charla de amigos y me llevaré un puñetazo?, vaya portador de la amistad estás hecho.

Yamato gruñó, no le había hecho ninguna gracia ese atrevido comentario, pero en el fondo sabía que su amigo llevaba la razón. Estaba completamente en otra órbita, quizá siguiese en el mundo de los sueños y estaba pagando su frustración por como se sentía al despertar con quien menos culpa tenía.

Masculló unas disculpas y siguió el camino que marcaban los enérgicos Iori y Digmon.

Enseguida, el suicida Kido le siguió.

-Quizá si me contarás lo que te preocupa.

-No me preocupa nada Jyou.- quitó importancia Yamato. Pero su cara reflejaba agotamiento y no físico precisamente.

-Somos amigos, puedes contar conmigo.

-No he dormido bien, eso es todo.

-¿Desde cuando no duermes bien?

-Llevo una temporada teniendo sueños frustrantes y eso hace que luego esté enfadado.- se explayó el músico sin darse cuenta.

Realmente el futuro médico también podría ser futuro psicólogo.

-¿Qué clase de sueños?

-Pues…- calló al darse cuenta de que había estado a punto de relatarle quien era el objeto de sus fantasías. Negó, queriendo dejar pasar el tema.-… nada del otro mundo, sirenas, aliens, Digimundo…

El peliazul quedó pensativo por su palabras. No había que ser un genio para percatarse de que le había ocultado algo deliberadamente y si a eso se le sumaba el casi imperceptible sonrojo en las mejillas que había apareció cuando calló de golpe, solo podía tratarse de una cosa. Lo más normal que le quitase el sueño a un chico a esta edad, lo mismo que se lo quitaba a él cuando no estaba de exámenes.

-¿Es por una chica?.- se atrevió a preguntar.

Eso hizo que Ishida se trastabillase, pero logró permanecer de pie.

-¿Qué?.- cuestionó con inquietud. No podía permitirse ser tan evidente en cuanto a sus sentimientos, no si esa chica era la mejor amiga del grupo.

-¡Hala Yamato!, ¿tienes novia?.- empeoró la situación un ilusionado Gabumon.- Takeru me ha contado que eras popular pero no sabía que tanto, ¿es la hermana de Daisuke?

Tantas ideas descabelladas a punto estuvieron de colapsar su cerebro, ¿novia?, ¿qué su novia era esa entusiasta fan que le obligaba a tener citas con artes malvadas? Sacudió la cabeza queriendo desterrar eso de su mente.

-¡Deja de decir insensateces Gabu!.- exclamó al borde del ataque.

Y lo peor era que Jyou se había quitado las gafas y apoyaba la varilla en el labio en una pose intelectual, comos si fuese a descifrar el universo.

-Eso es poco probable, porque conociendo lo que conozco a Yamato no se pondría de novio con cualquiera, sino ya habría podido tener una docena de novias y no le hemos conocido ninguna. No, sobre todo después de lo que vivió de pequeño, creo que eso no va con el carácter de Yamato. Creo que para que Yamato saliese con una chica en plan serio debería tener sentimientos, sí, tendría que ser una chica que le conociese, le comprendiese y para la que el amor tuviese el mismo significado que para él.- por un momento Ishida quedó anonadado escuchándole, porque estaba resumiendo sus aspiraciones y sentimientos perfectamente.-… sí, por lo que seguramente tuviese que ser una chica que ya conociese de hace tiempo, seguro que sí, tal vez su primer vínculo fuese de amistad y poco a poco fuese derivando en otros sentimientos más fuertes, pero es difícil que Yamato encuentre una chica así porque la mayoría se le acercan por su atractivo físico y su popularidad, por lo que seguramente debiese estar en su vida antes de que empezase la secundaria que fue donde empezó a destacar con más claridad entre el sector femenino. Y en caso de que exista una chica que reúna esas características esa es…- las gafas se le resbalaron de las manos y sus ojos se abrieron como los de un sapo al llegar a su conclusión. Definitivamente apuntarse como extraescolar a "Principios de Psicología" había sido todo un acierto. Al mirar a Yamato, este supo que lo había descubierto y por eso apresuró a taparle la boca.

-Sí, esa es Hikari-chan.- excusó, haciendo un gesto amenazante al sorprendido Jyou.- pero es la hermana de mi mejor amigo, lo que la hace intocable. Sí, la vida es dura, lo superaré, gracias por tu interés Jyou.

...

Ya se habían reunido con los demás chicos y aprovechaban juntos para almorzar y contarse los avances de hoy, de los cuales debían estar muy satisfechos y orgullosos.

Desde la dichosa oratoria deductiva de Kido este estaba medio petrificado, sin poder evitar llevar la vista a su amigo cada dos segundos. Por el contrario, Ishida ya estaba a escasos segundos de perder la paciencia. De nada servía hacer como si esa conversación jamás se hubiese producido, porque en cada acción que realizaba sentía la inquisidora mirada de ese anteojudo sobre él.

Finalmente, le hizo un gesto con la cabeza para apartarlo del grupo.

-Voy un segundo a descargar.- excusó a su hermano, que era el que estaba a su lado.

-¡Voy contigo!.- anunció el alegre rubio.

-¡No!.- lo impidió el mayor.- ya viene Jyou.- dijo lo suficientemente alto para que el susodicho se moviese.

-Pero yo también tengo ganas de descargar.- susurró el compañero de Patamon, tratando de sonar igual de fino que su hermano delante de las chicas.

Nuevo contratiempo para Yamato que ya estaba al límite de su paciencia.

-¡Pues vas al baño de niños, nosotros vamos al de adultos!.- sentenció no dando pie a más replicas y dejando a Takaishi bastante confundido por su actitud. Se encogió de hombros dejándolo pasar achacando su mal humor a que estaría en su recurrente estado gruñón y que en cuestión de minutos seguramente se le pasaría.

Ishida caminó unos metros mirando de reojo para ver si le seguía su pesadilla en este día. Así era, notablemente asustado, pero el peliazul seguía de cerca los pasos de su amigo. Cuando Yamato consideró que ya se había alejado lo suficiente, se volvió abruptamente provocando que Kido diese un asustadizo brinco.

-¿Qué pasa contigo?.- cuestionó, cruzándose de brazos con enfado.

Jyou trató de darle confianza mostrando su mejor sonrisa. Según su visión, esto era una muy buena noticia.

-Estás enamorado de Sora, eso es genial.

Yamato se llevó las manos a la cara dando media vuelta. Nunca había escuchado hablar de este tema más allá de su mente, pero analizándolo detenidamente, esa palabra en concreto no recordaba haberla hablado consigo mismo. Bueno, quizá alguna vez de refilón.

Estaba rabioso porque alguien hubiese descubierto sus sentimientos, pero nuevamente no podía pagarlo con su intuitivo amigo. Sería injusto.

Apesadumbrado, tomó asiento en los restos de una de las torres que acababan de derrumbar, de espaldas a Kido. Se sentía incapaz de hablar con esto con una persona tan cercana a Sora como era Jyou. Su secreto dejaba de serlo y eso siempre era peligroso.

Le dio la opción a hablar, pero tras escuchar una docena de suspiros como única respuesta, el compañero de Gomamon tomó asiento a su lado.

-¿Por qué no querías que Gabumon se enterase?

-Porque nadie puede saberlo.- musitó, con la cara incrustada en sus manos.

-Pero es una buena noticia.- trató de animar, pero fue excesivo para Yamato, que estaba aguantando demasiada presión.

Se levantó de golpe y lo miró furioso.

-¡Me estás jodiendo Kido!.- masculló entre dientes.- ¡qué tiene de buena noticia!

Jyou se tensó, pero fue capaz de mantener la calma que estaba perdiendo su amigo.

-Sinceramente, no me imagino una chica mejor para ti.- habló con su emblema en la mano.

El rubio le hizo un gesto de desesperación.

-¿Y yo para ella?, ¿te has parado a pensar eso?

-¡Eh!.- tranquilizó el muchacho.- que era yo quien estaba en esa cueva con vosotros. Y ahí hubo algo, por las dos partes.- determinó con seriedad y aire melancólico.

Yamato volteó la cara con desprecio.

-Tonterías.- bufó.

-Puedes preguntárselo.

-¿Y perder su amistad para siempre?.- le enfrentó de nuevo el más pequeño, con esa mirada increíblemente intimidante.- no me arriesgaré a eso, nunca.

-¿Y que opciones tienes?

Kido trataba de ayudar, pero no tenía ni idea de cómo hacerlo, además, no ayudaba lo poco receptivo que era Ishida de normal y mucho más en estos temas tan comprometidos.

-Todo lo tenía controlado.- murmuró cariacontecido.- pero tuvieron que empezar esos sueños y volverme loco otra vez.

-Yamato.- llamó su atención el mayor, subiéndose la montura de las gafas y dejando ver una semi sonrisa.- no entiendo mucho de esto, pero creo que en el amor es imposible que tengas todo controlado.

Nueva lanza a fuego hirviendo en su corazón y nuevo quebradero de cabeza. Cada palabra de su amigo no hacían más que enfurecerle más, para luego dejar paso a una amarga tristeza.

-Mierda Jyou, ¿quién está hablando de amor?.- cuestionó a la defensiva, tratando de autoconvencerse de eso no podía ser así.- no sé lo que siento, igual es solo cariño o igual es solo deseo, o… no sé, pero cada vez es más intenso.

Sintió la mano de Kido en su hombro, dándole esos ánimos que necesitaba.

-Entonces lo primero que tienes que hacer es descubrir cual es ese sentimiento que te provoca, ¿no crees?

-Si fuese tan fácil.- negó, mirando al suelo. Alzó la vista y pese a lo mucho que le atemorizaba que alguien fuese participe de su más profundo secreto, tuvo la necesidad de agradecerle su comprensión. En cierta medida también había sido una liberación hablar de esto con alguien.- gracias Jyou, pero por favor, hagamos como si esta conversación no ha ocurrido nunca.

...

Nunca se cansaría de notar esa sensación sobre su cara, esa caricia que le regalaba ese mismo viento que peinaba hacia atrás su cabello rojizo, camuflado entre las plumas del ave que le transportaba. Sonrió con regocijo, sintiendo, que de nuevo volvía a ser esa niña y de hecho por esos minutos en donde descansaba en sus garras, en verdad retrocedía al pasado. Su mente se despejaba y su alma se liberaba, lejos de todos los dilemas que últimamente habitaban en su corazón.

Escuchó el D-terminal, leyó el mensaje y arrugó el entrecejo con fastidio mirando el horizonte para ver si la advertencia de Takeru era real. En efecto, una torre se divisaba a lo lejos.

Apenada por tener que acabar su paseo, le dio un toque en la pata a su compañero.

-¡Birdramon, será mejor que bajes ya, no me gustaría tener un aterrizaje forzoso!.- exclamó, señalando ese detestable objeto.

-No te preocupes Sora, jamás te pondría en peligro.- escuchó su reconfortante voz y sonrió satisfecha.

No había nada que temer si ella estaba a su lado.

Con una elegante pirueta que hizo las maravillas de la adolescente, el digimon tocó tierra firme y Sora con él. Segundos después, un afectuoso pájaro rosa saltaba sobre su compañera para que le cogiese en brazos como a un bebé.

-¿Te ha gustado el paseo, Sora?.- cuestionó, mirándola con esa adoración de la que solo ella era capaz.

La chica se perdió en esos cómicos e ilusionados ojos azules y sonrió enternecida.

-Ha estado genial Piyo, lo necesitaba, muchas gracias.

La digimon se acurrucó entre su pecho, ese que aunque fuese un poco diferente al que conoció, seguía siendo igual de calentito y le proporcionaba la misma paz.

La chica rió negando con la cabeza por pensar en lo irónico de la situación. Todavía recordaba lo agobiante que le resultaba una digimon tan cariñosa en esos primeros días de aventura, y ahora, no se cansaría nunca de estar entre sus plumas. Muchos menos después de que la puerta hubiese estado cerrada por tanto tiempo.

Fueron testigos de cómo la torre que habían divisado era tirada por unos compenetrados Pegasusmon y Nefertimon.

Sora sonrió viéndolo.

-Hacen buena pareja.- dijo, mientras la digimon abandonaba sus brazos.

-Sí, es que sus ataques se complementan muy bien.- añadió la digimon.

-Me refería a Takeru y Hikari.- aclaró la pelirroja.

El alegre ser digital caminó dando un par de saltitos y tomó asiento en la hierba. Su humana la siguió, sentándose en esa postura que ya no le resultaba tan incómoda como era sobre sus rodillas.

-Tú y yo también hacemos muy buena pareja, ¿a que sí?.- cuestionó la digimon del amor.

-Claro que sí.- aseguró la muchacha.

Sin embargo, a la amorosa ave no le pasó desapercibido el tono melancólico en su respuesta.

-¿Te ocurre algo, Sora?

Si algo no quería la humana era preocupar a su amiga, pero no había que olvidar que precisamente había ido esa mañana al Digimundo para charlar con ella e intentar que le aclarase sus dudas.

-Bueno…- suspiró, llevándose el puño cerrado al corazón.- es que últimamente estoy confusa con mi emblema.

Piyomon se levantó asustada.

-¡No habrás vuelto a discutir con tu mamá!

Takenouchi se enterneció por su preocupación.

-No, tranquila, entre mi madre y yo ya todo está claro, gracias a ti.- el ave volvió a tomar asiento aliviada.- es otro tipo de sentimiento.

Su compañera torció la cabeza confusa, pero permaneciendo a la expectativa. Le encantaba escuchar a Sora y consideraba que siempre aprendía algo nuevo de ella.

Sora resopló, incapaz de ordenar sus pensamientos para poder llegar a mantener una conversación mínimamente coherente.

-Todo era más sencillo hace tres años.

La digimon se extrañó.

-¿De verdad?

-¿Por qué te sorprendes?

-Es que ahora pareces más relajada, quizá porque ya no tienes esa presión de ser una niña elegida.- explicó la plumífera con convencimiento.- ¿no recuerdas cuando querías responsabilizarte de todo?, entonces lo pasaste mal.

La tenista la escuchó con atención, reflexionó sus palabras y se dio cuenta de lo ciertas que eran.

-A veces quiero tener todo controlado aunque no esté en mi mano y me agobio y me presiono si no es así.

-Por eso Sora tienes que mirar las cosas con calma y no dejar que nada te agobie y vuelva a oscurecer tu corazón.- comentó con apuro, recordando lo mal que lo pasó en esa cueva sin poder hacer nada por su Sora.

La chica se mordió el labio inferior, alzando la vista al cielo. Por un momento había olvidado lo que sintió en esa cueva, de hecho, lo olvidó justo en el instante en el que Kido e Ishida le tendieron sus manos. Pero era cierto, aunque ahora no lo recordase y pensase que los dilemas que afrontaba eran el mayor problema que había tenido nunca, su infancia no había sido tan fácil como la veía con el paso del tiempo.

Ella siempre se había preocupado en exceso por los demás, adquiriendo responsabilidades que no le correspondían.

-Sora por favor, no te preocupes por cosas que no puedes controlar porque sino acabarás sufriendo.- suplicó la digimon sujetando sus manos.

-Pero Piyomon, ¿qué pasa cuando nada dentro de mí está claro?, ¿cómo no me voy a preocupar si no sé lo que siento o lo que puedo llegar a sentir?.- preguntó con un ápice de angustia.

Piyomon sonrió con seguridad.

-Pues ya te lo dirá tu corazón Sora, como cuando te dijo que me querías y activó tu emblema o te dijo que tu madre te quería. Creo que a veces quieres buscar en el cerebro lo que tienes que buscar con el corazón y eso no está bien, el cerebro está para otras cosas como para estudiar y hacerte muy lista.

Takenouchi la escuchó con incredulidad porque por muy surrealista que fuese que una digimon le diese consejos sentimentales, los encontró increíblemente lógicos y acertados. Ella siempre tendía a pensar sobre el significado de los sentimientos en vez de limitarse a sentirlos.

Finalmente la abrazó.

-Gracias Piyomon, ojalá pudieses estar siempre a mi lado para leerme el corazón.

-Seguro que encuentras la forma de leerlo porque eres muy lista, Sora. Todo el mundo te quiere Sora, Sora, Sora, Sora…

...

Cerró la libreta y dejó la guitarra a un lado frustrado. Era incapaz de concentrarse y que le saliese una melodía decente. Todo porque su cabeza era ocupada de nuevo por ella, por su sentimiento cada vez más fuerte, por sus sueños cada vez más adictivos, y como no por la conversación del día pasado con Jyou.

¿Estaba enamorado?, ¿pero que se sentía exactamente cuando uno estaba enamorado?, tal vez una confusión e impotencia tan bestial como la que sentía él ahora.

Hacía tiempo que había asumido que le gustaba y lo pasó muy mal hasta que logró controlarlo, dejar de martirizarse por estos sentimientos y aprender a disfrutar de ellos, pero siempre tuvo la esperanza de que algún día se le pasarían, o si no era así, por lo menos, había aprendido a convivir con Sora y seguir siendo su amigo sin ningún problema. Pero claro, todo eso era antes de que el chico de la sinceridad pronunciase la palabra prohibida y hablase de amor.

Era un sentimiento demasiado fuerte como para atreverse a hablar de él.

Era un sentimiento que le daba pánico llegar a sentir.

Era un sentimiento que si en verdad estaba presente, acabaría dominando todas sus acciones.

Debía salir de dudas y aunque no le gustase pedir su consejo y mucho menos en temas tan comprometidos, no tenía a nadie más a quien acudir.

Entró en la cocina y lo primero que le sorprendió fue el exquisito olor que desprendía. Sacudió la cabeza tratando de concentrarse.

-Papá.- llamó, pero este le cortó poniéndole la cuchara en la boca.

-¿Y bien?

-Está muy bueno.- dijo para salir airoso y sin necesidad de mentir.

Hiroaki se enorgulleció de sí mismo.

-¿Y es que a quién te crees que has salido?.- dijo inflando el pecho, Yamato sonrió siguiéndole el rollo y luego se sentó a la mesa.

Quedó unos instantes en mutismo absoluto, mirando detenidamente sus pulgares que jugaban de forma inconsciente a cazarse entre sí. Cerró los ojos sin saber como sacar el tema sin que su padre le diese una de esas charlas de la vida. Los abrió al notar que el periodista tomaba asiento a su lado.

-¿Qué tal todo?.- preguntó con amabilidad.

-Bien.

Intercambiaron algunas frases más sobre estudios, Digimundo, música o incluso Takeru y las respuestas de Yamato fueron excesivamente escuetas, lo que empezó a mosquear al adulto. Era verdad que últimamente solía tener la cabeza en otro sitio, pero hoy lo encontraba preocupadamente ausente.

-¿Estás seguro de que todo va bien, hijo?

Fue como la pregunta que estaba esperando escuchar para al fin armarse de valor.

Con el debido nerviosismo por el tema, se volvió a su padre.

-Sí bueno, en realidad hay un tema que me preocupa.- a pesar del titubeo, sonó decidido.

-Tú dirás.- invitó el padre con seguridad, mientras daba un sorbo a su cerveza.

-Es sobre una chica.- soltó a todo correr.

El adulto estuvo a punto de atragantarse y escupir el líquido pero logró contenerse. Lo miró mientras ralentizaba su sorbo para preparase mentalmente para esta charla. Se dio cuenta entonces de lo mucho que había crecido, de que en realidad ya era casi un hombre y por lo tanto ya era normal que pensase en esos asuntos.

Dejó la lata sobre la mesa, carraspeó un par de veces y suspiró. Luego enfocó a su hijo, que pese a su notable vergüenza, le prestaba atención.

-Vale… eh… perfecto.- habló un poco consigo mismo, hasta que creyó por donde debería iniciar esta conversación.- vale, antes de que me cuentes nada, ¿no habrás usado el condón que te dí verdad?, porque seguramente ya estará pasado así que mejor te compraré una caja nueva…

La conversación que le traumatizó el final de su niñez regresaba con fuerza y Yamato no se sentía con la capacidad de soportarla en su adolescencia. Todavía no estaba traumatizado en esta etapa de la vida y quería continuar así.

-Papá, que no va por ahí.- cortó acelerado, mientras su cara se tornaba roja por los pensamientos de su padre.- no quiero hablar de… sexo, sino de una chica. Son conceptos diferentes.

Hasta ahora, el sentimiento que le producía Sora nunca le había llevado a imaginar y desear una situación más allá de un beso, y estaba bien así, de lo contrario, no podría volver a mirarla a la cara en toda su vida.

Claramente aliviado, el hombre hizo una sonora risotada mientras le pegaba una colleja al púber.

-Dentro de unos años no serán conceptos diferentes, créeme.

Ishida se llevó la mano a los ojos, dándose cuenta de que ir a preguntar a su padre sobre el amor había sido la idea más nefasta de su corta vida.

-Déjalo.- dijo decepcionado.

El padre dejó de reír al ver la cara de su hijo y evitó que se levantase agarrándolo del brazo.

-Perdona hijo, pero es que… no sé al ritmo que hacéis las cosas los chicos de hoy en día y… puedes contarme lo que quieras. Una chica, ¿te gusta una chica?.- retomó el tema con toda su buena voluntad.

Ya no le apetecía hablar de este asunto, pero Yamato valoró la acción de su progenitor y por eso regresó al asiento.

-Sí… eso, pero no tiene importancia ya.- trató de despachar.

-Claro que sí.- animó Hiroaki intentando recuperar su confianza.- a tu edad las emociones son muy fuertes y estas primeras experiencias te marcan mucho. Venga hijo, cuéntamelo.

El rubio resopló con resignación, más porque todavía necesitaba que alguien con experiencia le aconsejase de estas cosas.

-Vale sí, me gusta una chica.- confesó, mirando un punto concreto de la mesa para no morir de vergüenza.-… me pasa hace tiempo y lo tenía controlado, pero llevo una temporada que todo es más fuerte y no paro de soñar con ella y cuando me despierto…

-Tranquilo hijo.- interrumpió nuevamente el hombre apoyando la mano en su hombro. Por fin ya creía saber lo que le daba tanto apuro a su chaval.-… se llama polución nocturna y es completamente normal a tu edad.

-Oh, por favor.- masculló Ishida hijo cada vez más acalorado, incapaz de mirar a su padre.- no es eso, ¡no son esa clase de sueños, ¿vale?!, ¡son tiernos!, ¡son especiales!, ¡son perfectos!, ¡y lo que siento al despertar es frustración porque no sea real!,¡¿puedes entenderlo?!, ¡mis sentimientos no tienen nada que ver con el sexo!.- acabó gritando, totalmente enfurecido.

Parecía que los únicos problemas de chicas que podían tener los adolescentes eran sexuales. ¿Acaso su padre no le conocía lo suficiente para saber que eso jamás le preocuparía?, ¿qué lo que a Yamato solamente le podría quitar el sueño eran los sentimientos?

Hiroaki quedó sin palabras por las determinantes palabras de su primogénito. No había duda de que bajo su fachada de tipo duro que había forjado con los años seguía siendo ese niño sensible y sentimental que le hacía callar entre lágrimas cuando sus gritos despertaban a su hermanito.

-Perdona hijo.- dijo con arrepentimiento. Ese día descubrió que tenía mucho que aprender de su vástago.

-Ya… no pasa nada.- agitó la cabeza el músico con dejadez.- solo quería saber que se siente al estar enamorado, pero dudo mucho que tú me lo puedas decir.

Dicho esto, se levantó desilusionado, pero antes de que abandonase la cocina, su padre habló:

-No sé si yo puedo decírtelo, pero creo que ya lo has descrito muy bien.- sin llegarse a voltear, el portador de la amistad paró para escucharle. La voz de Hiroaki se percibía triste y melancólica.- estar enamorado es ser tierno con esa persona, aunque tu carácter sea seco y cortante, con ella no, con ella florecen esos sentimientos. Cuando estás enamorado quieres que todo sea especial; los besos, las citas… que tanto tú como ella seáis felices cada vez que los recordéis, cuando estás enamorado sientes que la perfección existe y que es esa persona, que ella es perfecta para ti y que todos vuestros momentos son perfectos. Estar enamorado es anteponer tu sentimiento a cualquier otro placer, porque no existe mayor placer que mirarla y poder contemplar su sonrisa. Creo que algo así sería estar enamorado, pero no me hagas mucho caso hijo, yo no sé nada de sentimientos.

Terminó de hablar y supo que sus palabras habían conseguido su misión que era penetrar en Yamato. Puede que no le convenciesen, pero por lo menos le harían reflexionar y quizá, le ayudasen a encontrar el significado de su sentimiento.

...

"Leer en el corazón".

Era un consejo absurdo y que sonaba a poema, sin embargo, estaba convencida de que era lo que tenía que hacer, claro que no tenía ni la menor idea de cómo lograrlo. Por eso, Sora acudió al hombre más culto y con más palabrería sobre temas espirituales que conocía. Curiosamente, todos los que lo conocían deducían que esa facilidad de hablar de una forma que saliese directa del corazón característica de Sora lo había heredado de él.

Claro que si existía algo que una hija no podía preguntarle a un padre era sobre el amor, bueno, sobre esa clase de amor que era el que le preocupaba a la pelirroja en estos días, por eso debería ser muy cuidadosa con sus palabras para no levantar sospechas.

Con este objetivo había llamado a Haruhiko, que como de costumbre se encontraba trabajando en Kyoto. Tras unos minutos siendo la hija perfecta y escuchando hasta el más mínimo detalle de las aburridas aventuras del profesor, Sora vio que era su momento.

-Papá, ¿a ti te gustan las preguntas abstractas, verdad?, esas que te hacen divagar y reflexionar hasta el amanecer.

-Oh bichito, que buena eres, ¿me vas a regalar una pregunta abstracta?.- pidió le hombre ilusionado.

La portadora del amor se levantó del sofá y empezó a deambular con nerviosismo. Lo bueno de hacer estas preguntas por teléfono era que resultaba más fácil ocultar tus intenciones y sentimientos.

-Sí bueno, es cosa de Piyomon, ¿vale?.- excusó con el clásico en versión digital "la prima de la amiga de mi compañera de tenis no sabe si está enamorada".- es que el otro día me preguntó que cómo se lee un corazón, quiero decir, cómo sabes los sentimientos que alberga tu corazón hacia un tema en concreto o en general, no estoy pensando en nadie en concreto… es algo abstracto, una idea.- disimuló consciente de que se había delatado muy torpemente.

Unos segundos de silencio en los que a Sora le dio tiempo a imaginar a su tranquilo padre tirando la puerta abajo vestido de Rambo y preguntando por ese desgraciado que le había robado el corazón a su hija. Evidentemente que eso no ocurrió.

-Vaya, Piyomon plantea cosas muy interesantes.- escuchó su tono entusiasmado. Quizá había sonado más convincente de lo que pensaba, o sino, la ilusión por plantear una respuesta a este complicado tema primaba en el profesor ante su instinto de padre protector.

Tampoco le sorprendió a la portadora del amor, a fin de cuentas, el estudio y el trabajo siempre había sido prioritario en la vida de Haruhiko. En realidad, sintió algo de pena porque su visión no hubiese sido real, al menos así habría demostrado que se preocupaba por ella, de una forma enfermiza, pero mostraría algo de interés por su vida.

-Sí, Piyomon es toda una filósofa.- dijo la muchacha dejándose caer en el sofá con desgana.

-A veces no entendemos nuestros sentimientos y supongo que para un ser digital es más complicado, ya se sabe con los cambios hormonales, el interés por cosas que antes te parecían idioteces... de repente la sociedad espera cosas de vosotros que no entendéis, porque hace tan solo unos días erais niños, y vosotros mismos también esperáis cosas del mundo quizá que todavía no os corresponden. Os sentís dioses y demonios en un mismo día, porque pasáis de lo más alto a la depresión en un minuto, en una acción, en una decepción. Os encontráis perdidos, en medio de la nada, porque ni podéis refugiaros en la infancia, ni podéis valeros como adultos, es una etapa complicada, pero también una de las más dichosas para vivir porque todo lo que experimentáis es multiplicado por mil, lo hacéis al límite, como si mañana ya no fuese a estar. El amor, la amistad, el desamor, absolutamente todo se magnifica en esta etapa, quizá por inexperiencia, quizá porque son las primeras veces de muchas cosas, y por eso mismo es normal que os confundáis y no sepáis que demonios os pasa con nada de vuestro alrededor. Por qué todo es tan diferente a hace un par de años si en realidad nada ha cambiado, sois las mismas personas, estáis en la misma ciudad, hacéis las mismas cosas, pero nada es igual, porque ya no sois niños y vuestro corazón os prepara para la vida de adultos…- finalizó el adulto, dejando a su hija descompuesta.- claro, que estoy hablando de Piyomon, así que no te preocupes.- añadió con diversión.

Sora rió sintiéndose estúpida, pero también afortunada por las palabras de su ausente progenitor. En la distancia pero había demostrado que sí se preocupaba por ella y por esa bomba de relojería en donde había entrado que era la adolescencia.

-Es más o menos como lo has descrito, es así como me siento… eh Piyomon claro, como se siente Piyomon. Entonces, ¿existe alguna forma de darle un sentido a toda esta maraña de contradicciones?

De nuevo un corto silencio, donde solo escuchó la respiración de su padre preparándose para darle ese consejo que tal vez recordase toda la vida.

-Bichito, ¿sabes lo que hago cuando estoy confundido con el significado de algo?

-¿El qué?

-Lo escribo.

Sora se extrañó con esa respuesta, pareciéndole imposible.

-¿Pero como vas a escribir sobre algo que no entiendes y no sabes realmente lo que hay?

Haruhiko rió por la inocencia de su pequeña. A veces quería ser demasiado racional.

-Pues por eso mismo hija, cuando tu cerebro no te da la respuesta que buscas, tienes que buscarla por otros medios. Coges un papel en blanco y un lápiz y deja que el corazón hable, te diga lo que siente, créeme que aparece de forma mágica y aunque cuando lo estás escribiendo no tienes ni la menor idea de que significa, luego lo lees y por fin le encuentras el significado. De verdad cielito, lo ves con claridad.

-¿En serio?.- musitó la chica todavía con desconfianza.

-Haz la prueba y ya me dirás.

-Bueno, supongo que lo podría intentar… eh quiero decir Piyomon lo intentará, claro que primero le tendré que enseñar a escribir.

-Eso no me lo pierdo.- dijo el hombre entre risas.

-Sí, yo tampoco.- se contagió de sus risas Takenouchi hija. Luego se puso un poco más seria.- gracias papá.

-No bichito, gracias a ti por llamarme, me ha hecho mucha ilusión que me necesitases para algo.- dijo con un tono un poco más afligido. Era consciente de que por sus largas ausencias hubiese perdido a su hija, por eso su mayor alegría era que ella todavía reclamase su ayuda y le tratase como a un padre.

Sora entendió el tono y se sintió culpable. Ella lo intentaba, pero puede que a veces no fuese tan comprensiva con su padre como le gustaría.

-Papá yo siempre te necesito…- susurró apenada. Hizo fuerzas para lograr no derramar ni una lágrima y lo consiguió.- te quiero mucho papá.

Ese sentimiento sí lo tenía absolutamente claro y le salía desde lo más profundo del corazón, pero la pregunta era, ¿podría lograr descifrar cual era el sentimiento que le producía Yamato?

...

Aunque finalmente la charla con su padre le había sorprendido para bien, no le había dado la respuesta que buscaba ya que si tenía razón sería verdad que estaba enamorado y definitivamente no estaba preparado para estar enamorado de Sora Takenouchi. Por eso, no dudó en buscar una segunda opinión en el referente de toda adolescente confusa y con ganas de ver tíos buenorros: ¡las revistas! Puede que no cumpliese todos los requisitos, pero sabía que era más probable que encontrase lo que buscaba ahí que en revistas de motor y chicas en bikini.

Desganado, terminaba de realizar el test que le indicaría como debería actuar en el futuro respecto a Sora.

-"Enhorabuena, eres multiorgásmica".- leyó el resultado con desinterés.- es bueno saberlo.

Ya había realizado todos los test, leído todos los artículos sobre el idol del mes y ya había practicado puntería tirándole dardos al póster de doble página que venía del susodicho, por lo que ya era hora de evitar el problema y tomarlo de frente.

Se levantó de la silla, mientras doblaba la revista por la hoja deseada, la del consultorio sentimental.

Tomó el teléfono inalámbrico y marco los números.

Sonó un par de tonos y la idea que surcó su mente fue colgar y seguir conservando su dignidad, pero antes de que pudiese ejecutar cualquier movimiento, escuchó una sugerente voz masculina al otro lado.

-¿Hola?.- cuestionó con timidez.

-Hola guapo dime, ¿dónde estás?.- preguntó el chico al otro lado, que atemorizó por completo al púber.

-En mi casa.- susurró, mirando hacia la puerta para asegurarse de que estuviese cerrada y ese hombre no le pudiese encontrar.

-¿Y qué llevas puesto?

El chico se apartó el teléfono de la oreja y lo miró con pavor.

-¿Es importante para la consulta?

-Eres un chico tímido, ¿eh?, no importa yo haré todo el trabajo. Acabo de salir del gimnasio y me aprietan las mallas, quizás puedas ayudarme a bajar este…

Completamente lívido por lo que estaba escuchando, el joven reaccionó antes de que su mente imaginase algo que le atormentase el resto de su vida.

-¡Soy menor jodido pedófilo!.- exclamó con furia y un cierto tembleque. Aún cabía la posibilidad de que el gay con mallas estuviese al otro lado de la puerta. Pero entonces, la voz que escuchó ya carecía de sensualidad, erotismo, y también por qué no, ya no le atemorizaba tanto.

-¿Qué coño hace un niño llamando a la línea erótica gay?

-¿La qué?.- cuestionó Ishida confuso, buscando el teléfono en la revista.

-Joder, lo que hay que hacer para pagarse la carrera. Cuelga antes de que me denuncien capullo.- masculló el joven del otro lado, antes de cortar la llamada.

Por supuesto, era imposible que esa llamada estuviese más cortada que Yamato en este momento. Sin duda alguna, era una experiencia que podría haber suprimido perfectamente en su vida.

Cuando logró ver lo que había pasado, gruñó con enfado.

-¿A quien se le ocurre poner una línea erótica gay en una revista para niñas salidas?.- conforme se lo preguntó, se respondió. Esta revista no estaba dirigida exclusivamente para el sector femenino precisamente.

Con más terror que otra cosa por lo que se pudiese encontrar ahora, pero Yamato se la volvió a jugar, marcando ahora sí, el número correspondiente al consultorio sentimental.

Esta vez le atendieron rápidamente, una enérgica como repelente voz femenina.

-¡Consultorio sentimental de la revista "Amor en el insti"!, le habla la Dra. Corazón, ¿con quien hablo?

-Ah… - titubeó totalmente avergonzado, hasta que fijó la vista en lo que echaban en ese momento en la televisión.- soy Shinnosuke Nohara… de Kasukabe.

-Vaya.- rió la chica.- ¿y nos vas a enseñar la trompa?

-¡Estáis todos enfermos!.- despotricó el rubio, todavía con la llamada anterior en la mente.

-¡Eh Shin-chan!, relájate.- pidió, y Yamato por fin entendió el comentario, apagando la televisión para que no le distrajese más.

-Perdona, es que… he tenido una mala experiencia hace unos minutos.- excusó, mientras se pasaba la mano por la frente, empapada en sudor por el agobio que sentía con esta situación.

-¿Línea erótica gay?

-Sí, eso es.

-Pasa muy a menudo, no te preocupes. Y bien, ¿cuál es tu consulta?

-Ah… bueno, es que… es… sobre una chica…- empezó el portador de la amistad con cierta dificultad.

-Ajá.

-Hay una chica que me gusta, pero últimamente el sentimiento se presenta más fuerte y me confunde y me hace estar irascible y frustrado.

-Ajá, ¿de que forma se presenta?

-Eso no lo sé…- hizo una pausa, apoyándose en la mesa. Resopló, incapaz de dar una explicación mejor.-… en forma de sueños, por ejemplo, ¿eso significa algo?

-Sueños, ¿eh?, ajá…- comunicó la especialista. Su pausa fue más larga, quizá para que le diese tiempo a buscar ese concepto en el libro guía en el que se basaba el consultorio.- sueños aquí esta.- se le escapó.- y bien, ¿de que carácter son?, ¿eróticos?…

-¡No!, no tiene nada que ver con eso… son bonitos, agradables, en los sueños estoy con ella y siento un sentimiento muy fuerte y ella me corresponde y quiero besarla y ella a mí, pero cuando va a pasar me despierto.

-Ajá… así que no llega a producirse el beso, ¿cierto? Sueñas siempre que vas a realizar algo con esa persona pero no consigues llevarlo a cabo, ¿verdad?

-Supongo.- se encogió de hombros Ishida.

-¡Ya sé lo que te pasa!.- anunció con entusiasmo

Y Yamato sintió como si una luz iluminase por fin el camino a seguir.

-¿Es amor?.- cuestionó con una intrigante mezcla de sentimientos. Por un lado le aterraba que eso fuese así, pero por otro sentía que así era, es más, inconscientemente, deseaba que así fuese. Jamás se imaginaría enamorado de otra chica que no fuese su dulce y comprensiva Sora, por mucho sufrimiento que esto le causase.

Los segundos que tardó en responder fueron una intensa agonía para el rubio, pero entonces ella habló y su corazón retomó por fin su latido.

-¡No!

-¿No?.- cuestionó incrédulo. Su mente solo estaba preparada para un sí.

-No, no es amor, lo que tu sientes, se llama obsesión, una ilusión en tu pensamiento, que te hace hacer cosas, así funciona el corazón.

-¿Qué?.- más que a consejo eso le había sonado a letra de canción del verano.- ¿obsesión?

Debía admitir que nunca se había planteado esa posibilidad seriamente.

-Así es. Es tu subconsciente el que busca besar a esa chica de forma obsesiva.

-Eso quiere decir, que todo esto que creo que siento es una ilusión creada por mi cerebro y no una realidad directa de mi corazón.- tradujo Ishida con decepción lo que él había entendido.

-¡Espera Shin-chan!, ¿puedes repetir esa frase?, es muy buena para añadirla a la guía.

En teoría debería sentir alivio por no estar enamorado de su mejor amiga, pero no podía evitarlo, le destrozó saber que ese sentimiento tan puro y mágico que creía sentir no era real, que todo era parte de un juego alucinatorio del subconsciente.

No sentía amor, no amaba, no había amor en su corazón. Estaba vacío. Todo lo que creía haber sentido era una invención, quizá para no sentirse solo, para demostrarse a sí mismo que él también podía amar, pero no era verdad.

-¿Estás segura?.- lo intentó una última vez.

-Oh, claro que sí, nuestro consultorio sentimental nunca se equivoca.

Abatido, bajó un poco el teléfono. Tuvo la tentación de cortar la llamada, pero no lo hizo porque si al menos lo suyo tenía cura, deseaba saber cual era para que por fin pudiese volver a la detestable normalidad con Sora.

-¿Y que tengo que hacer para curar esta obsesión?

-Es fácil, cumplir tus sueños.

-¿Tengo que dejar que Alien me coma?.- preguntó sin entender.

-¡No!, tienes que besarla.

Ishida rió por no llorar.

-¿Es que no me has escuchado?, siempre me despierto antes de que pase.

-¡En la realidad!, tienes que besarla de verdad, acabar el sueño despierto y desaparecerán, así como lo que crees sentir. ¿Es lo que quieres, no?

El compañero de Gabumon se había quedado paralizado al escuchar su suicida solución. Evidentemente deseaba besarla, pero dudaba de que eso arreglase nada.

-Es imposible, no puedo hacer eso porque esa chica es mi mejor amiga, ¿entiendes? No puedo besarla o me odiará para siempre.

Ni se quería imaginar como sería la reacción de Takenouchi. Seguramente le hincase la rodilla en sus partes y luego le retirase la palabra para el resto de su vida.

-¿Tan feo eres?.- cuestionó la joven.

-¿Qué?.- se indignó el muchacho.- para tu información, fui elegido el novato más guapo del insti.

-Entonces, ¿cuál es el problema?, seguro que la chica está encantada de que la beses.

-¿Es que no sabe lo que significa mejor amiga?, no puedo besarla porque nuestra amistad se vería afectada para siempre.- argumentó con apuro.

Pero la joven del otro lado ya parecía agotada de esta charla.

-Oye, ya te he dado la solución a tu problema, está ya sería otra consulta y solo atendemos una por llamada, así que, ¡que tengas suerte y no olvides meterle la lengua!

Con eso, la llamada se cortó, dejando a Yamato perplejo al igual que indignado por las respuestas. Balbuceó algo al teléfono, hasta que se dio cuenta de que ya nada tenía que hacer con esa loca.

Más que ordenar sus sentimientos le habían dejado más confuso, pero al menos le habían abierto una posible salida.

Tiró la cabeza para atrás y resopló. Ahora sí que estaba en una auténtica encrucijada.

...

Suspiró como llevaba haciendo la última hora, mientras el lápiz que sujetaba golpeaba esa hoja en blanco. Bueno, en realidad todavía le quedaban restos de goma de las veinte veces que había borrado la primera línea.

¿Desde cuando escribir una carta era tan complicado?

La respuesta era fácil, desde que esa carta iba dirigida a uno de tus mejores amigos y salía directa de tu corazón explicándole cosas que tú ni sabías que sentías.

Depositó el lápiz un segundo sobre la mesa y estiró las manos, al mismo tiempo que realizaba unos ejercicios de relajación.

Dejó la mente en blanco para encontrar su fallo, concluyendo que había enfocado mal esta tarea desde el principio. Se entercaba en hacerlo con el cerebro, escribir algo lógico, cuando se supone que el objetivo de este ejercicio era averiguar lo que se escondía en el corazón y la mente no era capaz de descifrar.

Pronto la calma y la paz llegaron a ella, sintiendo que era el momento idóneo para recuperar el lápiz y empezar a hacer trazos.

Ahora sí que sentía que hablaba el corazón.

"Para mi amigo Yamato,

Te escribo estas líneas porque soy incapaz de hacerlo de otra forma. No te asustes, no es nada malo, creo, solo trato de descubrir lo que hay en mi interior, mejor dicho, lo que tú provocas a mi corazón, lo que siento por ti.

Verás todo empezó… soy incapaz de pensar cuando empezó, pero supongo que tendrá un empiece, quizá en el Digimundo, quizá en la secundaria, quizá ayer…

¿Recuerdas esas charlas a la hoguera del Digimundo cuando teníamos once años?, puede que empezase haya, no sé si el sentimiento pero sí el hecho de querer conocerte, querer comprenderte y estar a tu lado. Me siento bien contigo, me gusta compartir momentos contigo y cada vez me hace más feliz esa sensación que me produce que me hables, o me mires, o me sonrías.

No sé si estoy enamorada de ti, pero si no es así creo que es una sensación muy parecida porque dicen que cuando te enamoras te vuelves un poco idiota y yo hace mucho tiempo que me siento idiota.

He tardado tiempo en darme cuenta de esto, en realidad, creo que fue este San Valentín cuando descubrí que había algo dentro de mí que no era normal, quiero decir, que hacia ti sentía algo diferente que hacia los demás. Creo que buscaba ocultarlo o negarlo, pero sabía que algún día se revelaría.

Floreció cuando estuve deseando que tu cita fuese un fracaso, sabes que yo no soy así, pero lo deseé y por eso me preocupé, porque no es normal que yo desee esas cosas a nadie, mucho menos a mis amigos. Eran celos, me daba celos que pasases nuestro día con otra, no solo nuestro día, creo que todos los días. No me gusta que haya más chicas en tu universo salvo yo, bueno, ya me entiendes, quiero decir especiales, en el caso de que yo sea especial para ti, pero si no lo soy, muchas gracias porque sí me lo haces sentir.

Me di cuenta que me gustabas cuando deseaba abrazarte y hacerte una caricia o un mimo que te devolviese la sonrisa, pero la sonrisa de verdad, la sincera, no esa que usas para despachar a las chicas que no te interesan.

Me gusta cuando me sonríes, o me miras con esos ojos tan repletos de dulzura e inocencia. ¿Cómo alguien puede decir que tienes una mirada de hielo si a mi me derrites cada día?

Desconozco si a nuestra edad podemos sentir esta clase de amor, pero ¿qué sino puede ser este calor que siento en mi corazón cada vez que pienso en ti?

Somos adolescentes, nos podemos confundir, nos podemos equivocar y enamorar, o hacer todo a la vez como creo que me está pasando a mí.

No espero que tu sientas lo mismo ni mucho menos, aunque a veces, por la forma en que me tratas parece que sí puede ser, pero claro tú tienes el emblema de la amistad por lo que va con tu carácter tratar de forma educada y cordial a tus amigos, ya me entiendes, a tus amigas chicas, ya sé que la amistad entre tíos tiene otras normas.

Me bastaba con recrearme en este sentimiento que aún no le había puesto un nombre, pero creo que últimamente me agobia un poco más y necesito un poco más, estoy empezando a sufrir por pensar en lo que me queda por sufrir estando enamorada de ti pero lo aguantaré, no te preocupes. Soy fuerte.

Algún día se me pasará, seguro que sí y seremos los amigos que debemos ser y todo estará bien.

Gracias por hacerme sentir esto y por activar mi emblema aunque sea de forma inconsciente.

Siempre me tendrás Yamato.

Con amistad y amor, Sora"

...

Llevaba toda la mañana diciéndose que era una verdadera locura, pero esta noche también había soñado con ella y como de costumbre su esperado beso no llegó a producirse, por lo que si había alguna forma de acabar con todo esto, debía probarla.

Apartó unos instantes la vista de ella, intentando inútilmente concentrarse en la clase.

Si hubiese sabido la de distracciones que le provocaría estar en el mismo grupo, no se habría alegrado tanto cuando lo descubrió.

Era la primera vez en sus vida que compartían aula y curiosamente era la más inoportuna para ambos.

Por una vez, deseaba que la clase no acabase nunca, así podría posponer su suicida acción todo lo posible, pero como siempre, el tiempo trascurría al contrario de tus deseos y antes de que se diese cuenta, el profesor ya se había despedido.

Dejando de pensar en las posibles consecuencias, Yamato se decidió a seguirla para acabar con esta obsesión o no, pero agonía sí, de una vez y para siempre.

Como cual acosador no la perdió de vista entre la marabunta de gente que iba al recreo. Se frenó al darse cuenta que entraba al baño femenino, obviamente.

Respiró en profundidad en un vano intento de conseguir valor y convencerse de que no iba a cometer el mayor error de su vida. Seguidamente tomó una pastillita de eucalipto para tener un aliento despejado. No se convenció y decidió llevarse a la boca todo el paquete. Sintió un leve mareo mientras masticaba esas pastillas que estaban acabando con todo el ecosistema bucal de Ishida para los próximos mil años, pero logró tragarlo, eso sí, perdiendo la sensibilidad en la boca para las próximas horas.

Eso le apenó, pero igual era mejor así, de ese modo, no se volvería adicto a besar los labios de esa chica. El eucalipto le haría inmune a su sabor y a su tacto.

Respiró una última vez en donde sus pulmones se congelaron por ese aire mentolado que ahora habitaba su cuerpo, y sin más, entró.

Un par de chicas dieron un respingo por esta aparición, Sora en cambio, que se lavaba la cara, ni se enteró.

Las otras chicas se fueron con unas sobreactuadas poses de indignadas y cuchicheando sobre esta intromisión a lo que Ishida aprovechó para colocarse tras Sora.

Quedó unos instantes encorvada, frotándose los ojos a conciencia, también se pasó un poco de agua por detrás del cuello para aliviar el empalagoso calor que azotaba esos días Odaiba.

Yamato tuvo que pestañear un par de veces para volver en sí y no quedarse en trance observando cada uno de sus movimientos, siendo consciente de que su Sora a parte de dulce también podía llegar a ser muy sexy y provocativa.

Alzó la vista al cielo para apartar cualquier tipo de pensamiento, convenciéndose de que hoy por fin dejaría de estar obsesionado con ella y su vida volvería a la normalidad, su amistad recorrería el camino que debía seguir y esta fase de cuelgue obsesivo por su mejor amiga sería historia.

Al volver a buscar su reflejo en el espejo, se dio cuenta de que tenía la vista fija en él, con una sonrisa incrédula.

-Hola.- saludó con timidez, dando un paso para atrás.

¿Cómo se supone que iba a besarla si no podía ni mirarla sin ruborizarse como un niño?

-Hola.- le devolvió el saludo la muchacha, mientras apartaba la vista de su reflejo, secándose las manos cuidadosamente.

Para Yamato tardó una eternidad en secarse y encararle y para Takenouchi también ya que lo hizo deliberadamente para ganar un poco de tiempo y que su mente asimilase que el chico al que había escrito una carta de amor la tarde pasada le había seguido hasta el baño de las chicas.

Pero evidentemente que una persona no puede pasarse el resto de su existencia secándose las manos y el inevitable careo no tardó en producirse.

La pelirroja suspiró sin darse cuenta, pero es que lo encontraba más guapo si puede que hace una hora. El rubio sonrió tratando de aparentar una seguridad inexistente.

-Sabes que es el baño de las chicas, ¿verdad?.- cuestionó bajando la vista intimidada.

Se sentía como si en su frente hubiese un cartel en luces de neón declarando sus sentimientos.

El músico no contestó. Estaba demasiado nervioso para perderse en comentarios intranscendentes de modo que se limitó a actuar. La agarró de la muñeca con delicadeza y la invitó a esconderse en la letrina más cercana.

Ahora ya no actuaba como un acosador, directamente parecía un violador.

Estupefacta, pero Sora le siguió viendo como Yamato echaba el cerrojo para asegurarse de que nadie les molestase.

-¿Te encuentras mal?, ¿quieres vomitar?.- se preocupó Takenouchi por el extraño comportamiento de su casi siempre cuerdo amigo.

Ishida le pidió un segundo con el dedo. Resopló un par de veces con nerviosismo y se atrevió a mirarla.

Todavía tenía gotitas de agua por la frente y la naricilla y eso le pareció increíblemente adorable.

Agitó la cabeza para no perderse en estas nimiedades y de nuevo recuperó la firmeza, donde la ternura, la dulzura y el amor no tenían cabida.

-Vale, ahora va pasar algo entre nosotros que es posible que no te guste y que me odies para todo tu vida, aunque yo espero que no y que dentro de unos meses podamos ser amigos y recordemos esto como una divertida anécdota.- dijo de un tirón su ensayado discurso. Luego cerró los ojos con disgusto. Sin duda un inodoro no era el sitio que tantas veces había recreado para ese primer beso con Sora, pero era mejor así, de ese modo no lo recordaría con romanticismo ni cariño, es más, lo olvidaría, así como su adicción por Takenouchi.

Cuando abrió los ojos vio que la chica estaba contra la puerta con una cara no demasiado buena.

-No te asustes, yo nunca te haría daño.- intentó tranquilizar el chico.

Sora hizo un aspaviento con la mano. Sus gestos hacían pensar que ni había escuchado sus palabras.

-¿No notas un intenso olor a eucalipto?.- cuestionó con dificultad.

Automáticamente el rubio se cubrió la boca con la mano.

-¿No te gusta el eucalipto?

-Sí… bueno… no sé… pero es que me estoy mareando.- logró decir, mientras se deslizaba por la puerta.

Se le estaba quedando el rostro completamente blanco.

Yamato ese día descubrió, que la futura madre de sus hijos no aguantaba los olores mentolados en cantidades industriales.

Le costó reaccionar, porque por un momento pensó que si la besaba en esas circunstancias, igual ella ni lo recordaba y así podrían proseguir con su amistad, claro que también existía la posibilidad de que la matase por intoxicación eucalíptica.

Sin embargo, mientras su cerebro discutía esta sarta de tontearías, su cuerpo, seguramente guiado por su corazón, actuó abriendo la puerta y ayudando a su ya casi desfallecida amiga a salir y airearse.

-¿Estás mejor?.- preguntó desde una distancia preventiva.

La chica, que de nuevo tenía el rostro empapado, asintió mirándolo a través del espejo.

Antes de que pudieran intercambiar una palabra más, el timbre que reclamaba su regresó al aula sonó.

-Yamato, ¿qué me querías decir?.- se animó a preguntar antes de salir.

No quería quedarse con la incógnita de a que se debía el inesperado comportamiento de su amigo.

Ishida se había quedado en babia y despertó con su pregunta.

-Bueno… ah… ¿podemos quedar luego y te lo digo?

Pese a este fracaso, estaba decidido a intentarlo de nuevo.

La adolescente medio asintió.

-Tendrá que ser después de mi entrenamiento.

Yamato sonrió escuchándola anonadado y evidentemente que no encontró lógica a esa acción, simplemente le apeteció sonreír. Le dio mucha ternura el simple hecho de contemplarla.

Ternura.

-Me parece perfecto.

Perfecto.

-… pero aquí no, es todo muy cutre.- prosiguió.- ¿qué te parece donde el río?, es más especial.

Especial.

Sin darse cuenta, Yamato iba cumpliendo todos los requisitos de una persona enamorada y Sora, por supuesto que accedió a su irrechazable proposición.

...

Estaba ahí desde antes de que Sora empezase su entrenamiento, quería impregnarse de todo ese paisaje de tal manera que quedase perpetuo en su memoria.

Sus pensamientos eran totalmente contrarios a cuando la asaltó en el baño, ahora deseaba vivirlo, sentirlo, hacer que fuese inolvidable, pero ¿a que se debía este cambio?

Evidentemente que como buen adolescente confundido y firme candidato a enamorado, la contradicción era su modo de vida y ni se había planteado a que se debía ese cambio.

Igual porque se imaginó de repente con más edad y caminado con Sora de la mano, rememorando su primer beso, en donde por supuesto una cutre taza del váter de instituto no tenía cabida. Aunque claro, tan pronto que pensaba eso, la imagen de Sora abofeteándole y él regresando cada día en soledad a ese río para recrearse en ese único beso también cubría su mente.

Era una marea de contradicciones acorde con sus sentimientos, pero curiosamente, lo que no le entraba ahora por la cabeza era que fuese a olvidarse de ella tras ese beso que precisamente era para lo que lo hacía. De hecho no quería olvidarse de ella, le gustaba demasiado esto que sentía, a veces le hacía sufrir, pero casi siempre le daba ganas de vivir, le provocaba sonrisas y felicidad.

Esta vez sí, mascaba solo un chicle de menta suave, igual que ese que regaló a Takenouchi hacía casi un año. Ese beso indirecto que puede que hoy se hiciese realidad.

Desde la barandilla del paseo, Sora llevaba varios minutos observándole. Un ribazo de hierva los separaba, Yamato se encontraba a la orilla, viendo esos barquitos de papel que los niños depositaban con toda su ilusión desde un extremo, esperando que cruzasen todo el río y desembocasen al mar, y hasta por qué no, llegasen al continente.

En ese instante, la pelirroja se sintió como uno de esos barcos, que con un soplido se hundiría para siempre, pero al contrario, con un suspiro de cariño, podría llegar a cruzar los siete océanos si era necesario.

No había ido al entrenamiento. Le había sido imposible acudir sabiendo que había quedado con Yamato, es más, que le tenía que decir algo en un sitio tan bonito como en el que se encontraban.

De improvisto había tenido un ataque de optimismo, pensando que los sentimientos de Ishida pudiesen ser parecidos a los suyos, pero ya se le había pasado. Había sido una locura transitoria lo suficientemente fuerte como para animarse a ir a su casa y recoger la carta que le escribió, con toda la voluntad de entregársela.

Pero ahora tenía miedo a hacerlo. Tenía miedo a equivocarse, a perder lo que tenían por querer más, tenía miedo a naufragar.

Quedó mirando al cielo, tratando de buscar una respuesta que no se encontraba ahí, porque estaba en otro cielo, en el de los ojos de Ishida.

Entonces volvió a enfocarlo y se alarmó al ser consciente de que le había descubierto. Tenía su mirada fija en ella.

Por un momento tuvo la tentación de hacerse la despistada e incluso huir, pero él la llamó con la mano y ella, sin pensar, le correspondió.

Ya era tarde para esconderse.

Bajó a cámara lenta por las escaleras que llevaban hasta donde se encontraba Ishida. Yamato la siguió con la mirada.

Se detuvo a una prudencial distancia que el rubio no entendió.

Manoseaba la carta, sin atreverse a dar el siguiente paso. Fue el rubio el que empezó a recortar la distancia, y Sora también, sin llegarlo a meditar imitó sus movimientos.

Ahora sí, quedaron separados por menos de un metro.

-Aquí estamos.- dijo la pelirroja con un más que notable nerviosismo.

Increíblemente dada la situación tan comprometida, pero el portador de la amistad estaba tranquilo, con una calma que hasta daba miedo.

-Sí.- respondió, pegándose a ella un poquito más.

Sora percibió un agradable olor a menta, que nada tenía que ver con el que le intoxicó en el baño y que además le dio un poco de nostalgia. Nunca había comido esos chicles si no era Yamato quien se los daba.

Bajó la vista ruborizada, imaginándose que le regalaba otra vez un chicle, pero esta vez, sin necesidad de manos.

Y Yamato por fin lo vio y rió de felicidad por verlo, eso de lo que había hablado su viejo y no había prestado demasiada atención porque le daba miedo que fuese cierto.

¡Demonios!, por supuesto que daba miedo descubrir que estabas enamorado pero este placer que sentía solo por contemplarla lo compensaba con creces.

Se dio cuenta de que si ahora la besase se arrepentiría toda su vida, porque no era el momento perfecto ni para él, ni para ella. Que jamás podría ser especial por el hecho de que seguramente ella lo repudiase por ello, ¿cómo podría vivir con ese cargo de conciencia?, ¿y si era su primer beso? No podía robarle un beso a la chica que quería, sobre todo después de que fuese precisamente ella la que le abrió los ojos recordándole cual era el sentido de un beso.

No podía forzarlo, ni utilizarlo, si algún día debía pasar, tendría que surgir entre los dos, ser ese momento especial que recordasen en sus paseos de enamorados, y sino, seguiría soñando con ellos.

Si en verdad era obsesión lo que sentía, no deseaba curarse y si era amor, se recrearía para siempre en este maravilloso sentimiento.

Volvió la cara hacia el río, se agachó para recoger una piedra y la tiró.

Al escuchar el sonido del agua, Sora lo miró.

Se embelesó con su mirada que desbordaba una luz única. No pudo contener la sonrisa cuando la dirigió a ella, mostrándole una piedra.

-Recuerdo que en el Digimundo tú las hacías rebotar.- dijo. Takenouchi estaba tan fascinada que ni le desconcertó el comentario.- pues bien… ¿me enseñas?.- pidió, arrojando una nueva piedra que se hundió como la anterior.

Y como por arte de magia, su mente quedó en paz, en calma, quizá por la tranquilidad que le transmitía su amigo. Todos su agobios desaparecieron mientras guardaba la carta en su cartera de libros.

No era momento para ello, este instante era demasiado especial como para estropearlo confesando sus sentimientos. Todavía quería disfrutar un poco más de él: de su amistad, de su sonrisa, de su mirada y de su compañía.

Fijó la vista al río estudiándolo. Luego, sonrió a su amigo con diversión, mientras le arrebata su piedra.

-Te enseño… si me das chicle.- propuso, mordiéndose el labio inferior con travesura.

Sin perder la sonrisa, pero Ishida se sorprendió por la petición, no obstante, no tenía nada que reclamar debido a que él había hecho un espantoso show para acabar pidiéndole que le enseñase a rebotar piedras en el agua.

Se llevó la mano al bolsillo en busca del paquete, pero se detuvo al ver que Takenouchi negaba.

-No, no… mejor este.- pidió, poniendo los dedos en los labios del chico, a la espera de recibir esa goma mascada.

Sin salir de su asombro y sin perder detalle de su mirada para ver cada una de sus adorable reacciones, Yamato asomó su chicle por entre sus labios.

Takenouchi realizó sus movimientos con velocidad, siendo consciente únicamente de su atrevida acción cuando lo tuvo en la boca, provocando obviamente, el correspondiente sonrojamiento de mejillas.

Pero bueno, estaba satisfecha, ya que, aunque fuese mediante un chicle, era como si besase al chico que le gustaba, o del que estaba enamorada. ¿Y quien no haría una locura por un beso de su amor?

Y sin saberlo, encontraron ese loco sentimiento por el que tan preocupados habían estado y seguramente estarían en el futuro en unas piedras rebotando y hundiéndose, en un chicle compartido, en unas sinceras risas entre amigos y en unas traviesas salpicaduras a la orilla de ese río.

Porque el amor se presenta de la forma más insospechada, solo es necesario que sea tierno, especial y perfecto, como lo fue esa tarde para Sora y Yamato.

Su primera tarde de amor. La tarde que siempre recordarían.

...

...

Sigo soñando con ella, pero ya no me ofusca como antes. Ahora por fin soy capaz de disfrutarlos, también he de reconocer que mis sueños son un poco diferentes, ya no me despierto siempre antes de beso. Ahora el beso se produce, a veces más intenso, otras veces más tierno, pero siempre es cálido y afectuoso. Me deja satisfecho y feliz.

Creo que sí tenía una obsesión, pero era el negar lo que de verdad sentía. Tenía culpabilidad por tratar de besarla en sueños y por eso me reprimía y nunca sucedía. Ahora no sé si lo tengo claro, pero por lo menos he asumido el sentimiento que me produce. ¿Amor?, por lo menos amor adolescente, que desconozco si tiene las mismas normas que el adulto. Yo espero que no porque los adultos siempre lo estropean todo.

Me gusta este amor que noto cuando estoy a su lado o pienso en ella, me gusta porque es dulce, puro y desinteresado. No busco nada a cambio, bueno, quizá que me enseñe a rebotar piedras.

Lo que quiero decir es que, me basta con sentirlo y por hacerla sentir bien a ella.

Al final Jyou iba a tener razón. Eso sí que me da miedo, que los demás se lleguen a enterar, que Sora se entere y se aleje de mí alegando que no quiere hacerme daño.

No me importa que me hagas daño, ya no, porque aunque no te des cuenta haces otras muchas más cosas que me compensan.

Mi corazón es cálido gracias a ti, mi sonrisa es sincera gracias a ti y tengo ilusión por la vida gracias a ti.

A riesgo de sonar cursi, ¿existe algo mejor que estar enamorado?

...

Junio 2002

...

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N/A: sah, lo reconozco, este último Yamato me quedó cursi, pero bueno, ya le tocaba abrirse por fin un poco y dejar de renegar de los sentimientos bonitos como el amor.

Sin más, un capi que adoré escribir porque trata del amor y de cómo mis chicos se dan cuenta de que están enamorados. Lástima que aún quede medio año para confesarse, el sufrimiento que se habrían ahorrado si Yamato se hubiese animado a besarla. Aunque también es verdad que la podrían haber cagado porque no estarían preparados para eso. Cada cosa a su tiempo.

Primero tendrán que ponerse de acuerdo con sus emociones para luego preocuparse de las de su pareja.

Bueno, espero que os haya gustado el momento chicle sesion 2 XD. No creo que sea asqueroso comer el chicle de tu novio, ¿no?, sino nadie abriría la boca en un beso y la vida sería bastante más aburrida XD ¿He dicho que Yama es el novio de Sora?… mierda, ya os he destripado el final de la serie XD. Estoy en plan humorista y todo. Mejor me despido que ya empiezo a poner incoherencias.

Dudas, reclamos y chicles usados a través de un comentario, sino ya me despido hasta el próximo capi, que atención el título, que pongan las luces de neón y el redoble de tambores… ¡Historia de una cita!

Saluditos!

Publicado: 8/10/2012