Hay veces que me bloqueo escribiendo otras cosas, y algunas ideas aparecen en mi mente así de pronto, y tengo que escribirlas.

Este pequeño One-shoot es un ejemplo de ese hecho. No prometo que ocurra así, pero lo mismo subo más One-shoots aquí.

¿Por qué "White Houses"? Bueno estaba escuchando esa canción (de Vanessa Carlton) cuando estaba escribiendo el final de este texto, y me hizo gracia que "se parecía un poco" la letra a lo que estaba escribiendo a la letra de la canción.


Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, cuya historia y personajes han inspirado este fanfic.


White Houses

El dulce y templado verano en Forks estaba cercano a su fin y yo cogería un avión de vuelta a Phoenix al día siguiente.

Esto no frenó a mis amigos de Forks para celebrar una fiesta de despedida y así es como acabamos en casa de los Hale, en el sótano, con la música a todo volumen, los Cullen, los Hale y yo.

Las cervezas habían sido cortesía de Emmett, el único que tenía edad legal para comprar alcohol.

Los porros eran cortesía de Edward y Jasper. No quise saber de donde habían salido y me negué a fumar, Charlie lo sabría... Entendí enseguida porque Rose había insistido tanto con que me quedara a dormir esa noche en su casa.

Emmett y Rose estaban en el sofá que había en la parte más alejada de donde estábamos los demás, dándose el lote como si nadie más estuviera en la habitación.

Alice se inclinó hacía mí y me susurró al oído, después de devolverle a su hermano el dichoso porro.

—¿Lo vas a dejar pasar un año más?

Yo no dejaba de mirarle a él y él me miraba a mí.

Sonrío.

Edward y yo llevábamos paseando nuestros sentimientos alrededor nuestro sin dar el paso definitivo desde que yo tenía 13 y él 15. Según Alice desde mucho antes, pero yo no recordaba haber sentido nada más que amistad hacia él antes de eso.

Aquel verano, el de mis 13, vi a Edward besar a Lauren Mallory en su pisicina y deseé ser ella.

Al final del verano Edward también me besó a mí. Y eso es todo lo que había habido entre nosotros, a parte de amistad, un beso. Un simple e inocente besó, que un chico de 15 años le dio a una niña de 13. Y hoy en día, yo estaba a punto de cumplir los 18 y el cumplió los 20 a principios de este verano.

En realidad solo juntó sus labios con los míos durante tres segundos, pero esos tres segundos son con los que he comparado cada uno de los besos que me ha dado un chico desde entonces.

Hubo novias y novios, pero al final llegaba el verano y Edward los pasaba casi completamente sin salir con nadie… y si yo estaba con alguien en Phoenix, nunca dejaba que fuera muy serio si se acercaba el verano.

Edward solo estuvo un verano distante conmigo, el pasado, cuando le dije que me había acostado con el chico con el que salí ese invierno, y realmente, no le duró mucho. Cuando le pregunte que le pasaba y no me contestó, simplemente le dije que si yo me enfadará con él por el mismo motivo estaríamos permanentemente enfadados.

Edward y yo hablábamos mucho cuando estábamos juntos. De todo, excepto de nuestro sentimientos reales hacia el otro. Esos sentimientos que no iban más allá de las miradas. Sentimientos de los que ambos éramos conscientes gracias a Alice.

Jasper se puso de pie entonces y dándole una última calada al porro, que ahora tenía él. Se lo ofreció de nuevo a Edward. Después le tendió la mano a Alice y desaparecieron por las escaleras que iban hacia el piso de arriba. Cerrando la puerta tras ellos.

Yo miré hacía el rincón donde estaba el sofá.

Estábamos solos.

Volví a mirar a Edward. Él seguía mirando hacía las escaleras por las que habían desaparecido Jasper y su hermana.

Me miró intensamente mientras le daba una calada más al porro y se acercó a mí.

Me lo ofreció.

—No —susurré.

—Sabes que estar respirándolo también te coloca, ¿verdad?

Asentí. Ya hacia rato que había empezado a sentir sus efectos.

—¿Quieres probarlo sin fumar?—Le miré desconfiada—. Ven.

Me acerqué a él, arrastrándome un poco por el suelo. Él se inclino hacia mí.

—Separa un poco los labios —así lo hice y observé como daba una calada más intensa que las anteriores. Sin soltar el humo se inclinó hacia mí, y con sus labios separados escasos centímetros de los míos, exhaló el humo lentamente hacia mí, cubriendo mi boca y mis fosas nasales.

Inhalé el aire. Olía y sabía a la marihuana y a él.

Nos miramos fijamente a los ojos en silencio.

Sin separarnos.

—¿Qué opinas? —susurró.

—Huele bien... —susurré.

—Sabe aún mejor... es buena...

—Mi padre os pillará... —dije entre risas.

—No lo creo, y tenemos muy poca... no excede la cantidad ilegal de posesión y todo eso, aunque el experto es Jasper, ¿sabes? Yo solo la fumo— me contestó guiñándome un ojo.

—Ya... claro, dijo el estudiante de medicina.

Edward se rió entre dientes.

—¿Seguro que no quieres probar?

—¿Quieres pervertirme?—dije inocentemente mientras me separaba un poco de él para mirarle directamente a la cara.

Edward soltó una leve carcajada, se acercó, dio otra calada, y repitió la operación anterior.

—¿Otra cerveza?

—Vaya... ¿también quieres emborracharme?, que caballeroso de tu parte.

Una calada más. Esta vez su nariz rozó la mía.

—Estoy cansado de portarme bien contigo...—susurró.

—Entonces no lo hagas...—contesté al mismo volumen.

Sus labios rozaron los míos levemente. Después se separó.

Otra calada más.

Se separó por completo para dejar el porro, casi terminado, en un cenicero que había cerca de nosotros en el suelo. Lo apagó. Después me miró y se puso de pie.

Caminó hasta el sofá y se sentó.

Nos miramos intensamente durante lo que me pareció una eternidad.

La canción que sonaba terminó y empezó otra.

Me levanté y caminé parándome delante de él, sin dejar de mirarle a los ojos, casi negros por sus pupilas dilatadas a consecuencia de la tenue luz y los efectos de la hierba y el alcohol.

Cogió mis manos y tiró de mí hacia él, obligándome a sentarme a horcajadas en su regazo.

Sujetó firmemente mi cintura con una mano y colocó la otra en mi cuello. Me dejé acercar y nuestros labios volvieron a acariciarse.

—¿Estas borracho? —susurré rozando sus labios al hacerlo.

—No. Sólo un poco colocado... como tú.

—No estoy... bueno quizás un poco —solté una risita tonta.

Edward sonrió.

—Soy estúpido...

—Ya...

—¿Y tú, qué?

—Yo soy tonta. Pero ser estúpido es mucho más grave.

Esta vez sonreímos los dos.

—¿Es necesario que te vayas mañana? No empiezas las clases hasta dentro de dos semanas, es la universidad, los primeros días no sirven para nada—sonrió.

—Ya tengo el billete...

—Cámbialo.

—Sabes que no puedo. Y se lo prometí a mi madre.

Me besó de nuevo y esta vez no fue un mero roce.

Presionó sus labios con determinación contra los míos, pasando su lengua lentamente sobre ellos, pidiendo algo más.

Separaré los labios y le dejé que siguiera, gimiendo débilmente cuando su lengua y la mía se encontraron.

Mis manos inmediatamente se lanzaron a su pelo y lo acaricié. Edward me acercó más a él con las suyas, que seguían apoyadas en mis caderas.

Gemí al sentirle entre mis piernas cuando mis caderas, instintivamente, oscilaron hacia su cuerpo.

Entonces me sujeto con fuerza evitando el movimiento.

—No... hagas... eso —jadeó Edward separando nuestro labios.

—¿Por qué no? —exhalé acalorada y excitada.

—No podré contenerme...

—No lo hagas —susurré volviendo a besarle, esta vez violentamente.

—No quiero hacerte daño —yo gemí luchando contra su mano.

—No me harás daño.

—Te vas mañana... y yo me marcho a Nueva York…—gruñó Edward cediendo un poco en su presión, dejándome rozar mi cuerpo contra el suyo de nuevo para a continuación sujetarme con fuera de nuevo.

—¿Por qué has esperado hasta hoy? —me separé mirando sus ojos, buscando la respuesta en ellos.

—¿Y tú?

—No lo sé...

—Ni yo...

Me besó de nuevo, llevando la mano que estaba en la cadera a mi mejilla. El beso fue dulce... y con mi cadera liberada me acerqué aún más a él.

Y esta vez me dejó moverme.

Lo hice lentamente, encontrando el punto exacto en el que la costura de mis vaqueros presionada contra el bulto que se estaba formando entre sus piernas hacia delicias en mi parte más íntima.

—Oh... —suspiré mientras Edward acariciaba mi espalada lentamente hasta que sus manos agarraron mi culo y me apretó contra él, mientras mordía mi labio inferior.

No pude evitar mover frenéticamente mis manos sobre los botones de su camisa, abriéndolos con desesperación. Tirando de la camisa hasta que la saqué de sus vaqueros, abriéndola y deslizándola por sus hombros.

Edward dejó de presionar mi cuerpo contra el suyo unos instantes para quitársela.

Deslicé lentamente mis dedos por los abdominales y pectorales que tantas veces había admirado disimuladamente este verano en la piscina.

Edward empezó a bajar la cremallera de mi sudadera, lentamente. Mirando mis ojos mientras empujaba la prenda por mis hombros y me la quitaba dejándola sobre su camisa en el sofá.

Miró mi camiseta mientras acariciaba mi vientre sobre ella.

—¿Puedo?

Asentí mientras levantaba un poco los brazos y él me ayudaba a quitármela, cayendo sobre el resto de prendas.

Sus dedos bordearon mi ombligo mientras un escalofrío recorría mi espalda, a la vez que miré mi sujetador, simple, y nada sexy.

Me sonrojé.

Una de las manos presionó sobre la parte baja de mi espalda, acercando mi cuerpo hacia él.

Sus labios quedaban a la altura de mis pechos y besó la parte de ellos que no cubría el sujetador, moviéndose, lentamente de un lado a otro de mí escote, con suavidad.

—Edward...— gemí débilmente, arqueando la espalda, deseando estar aún más cerca de sus labios.

A ciegas, sentí como sus manos buscaban entre nosotros, abriendo el botón de mis vaqueros y bajando la cremallera.

—Dime que pare—jadeó.

—No...— deslicé mis manos hasta sus mejillas y acerqué sus labios a los míos de nuevo.

Edward acariciaba lentamente mis muslos mientras nos besábamos.

Nos separamos y yo besé su frente antes de ponerme de pie quitándome las sandalias me detuvo cuando empecé a deslizar mis vaqueros por mis piernas.

—Bella, ¿estás segura?—se levantó.

Su mirada me decía que realmente deseaba esto tanto como yo.

Llevé las manos a mi espalda y solté el cierre del sujetador, dejándolo caer al suelo.

Edward dejó de mirarme a la cara y mientras me acercaba a él, deslicé los brazos alrededor de su abdomen y le abracé. Juntando nuestros cuerpos.

—Dios… —susurró mientras besaba mi pelo— Bella… no quiero estropearlo.

—No lo vas a estropear... te quiero, Edward.

Edward me miró entre asombrado y satisfecho.

—Yo... también te quiero —susurró antes de besarme.

Yo noté las lágrimas rodar por mis mejillas mientras él me empujaba hasta el sofá tumbándome y tumbándose sobre mí, separando mis piernas con su cuerpo.

Edward acarició mi cuerpo y yo el suyo, hasta que quedamos completamente desnudos dándonos placer con las manos y los labios, hasta que Edward parecía nervioso de repente.

—¿Qué pasa? —Jadeé cuando el se incorporó.

—No tengo... nada —Edward resopló frustrado, mientras se pasaba las manos por el pelo y miraba mi cuerpo desnudo con adoración.

—Estoy protegida —susurré mirándole a los ojos y sonriéndole con timidez.

Él sonrió y volvió a cubrir mi cuerpo con el suyo besándome apasionadamente.

—¿Estás segura?

—Si...

Lentamente Edward unió nuestros cuerpos, dejándome acostumbrarme a su tamaño cuando no podía avanzar más.

Me miró a los ojos, en los que vi amor y me besó dulcemente hasta que con mis caderas le indiqué que siguiera.

Y lentamente, movimos nuestros cuerpos juntos, al mismo tiempo hasta que el ritmo empezó a ser descompasado y ocultábamos los gemidos con besos y entrelazando los dedos de las manos por encima de mi cabeza.

La música que llenaba el sótano parecía marcar el ritmo de nuestros movimientos.

—Bella... necesito... no aguantaré mucho más —me dijo al oído mientras que sin soltar mis manos llevó una de ellas junto con la suyo entre nuestros cuerpos, con sus dedos guió los míos acariciándome, provocando que mi cuerpo cayera de lleno en un espiral que se aceleraba cada vez más.

—Oh... Edward...

Exploté, contrayendo mis músculos, Edward gruñó entre dientes sintiendo mi orgasmo sobre su cuerpo, provocando el suyo.

Embistió su cuerpo contra el mió con fuerza varias veces hasta que se desplomó, derramando en mi interior la evidencia de su placer.

Permanecimos en el sofá con nuestros cuerpos entrelazados besándonos dulcemente hasta que por los tragaluces del sótano la luz crepuscular nos dejó casi a oscuras.

[...]

—Mamá, ya te he dicho que no puedo ir... Sí... ya sé que es Acción de Gracias, iré en Navidad... Claro que lo prometo... Yo también te echo de menos— alguien golpeó la puerta en ese instante—. Mamá, llaman a la puerta, tengo que colgar. No, no espero a nadie, será la chica de la habitación de al lado para despedirse. Mamá, no empieces otra vez, ¿vale? —llamaron de nuevo— ¡Ya voy!... Te llamo mañana... Y yo a ti. Adiós.

Colgué y tiré el móvil sobre la cama mientras resoplaba acercándome a la puerta. Y la abrí.

—¡OH DIOS MIO! —Me lancé a sus brazos antes de besarle— ¿Qué haces aquí?

—He venido a pasar Acción de Gracias contigo.

Edward me guiñó un ojo antes de empujarme dentro de mi habitación, cerrando la puerta con el pie, mientras se quitaba el abrigo.

*FIN*


Espero que os haya gustado.