DISCLAIMER: Los personajes de Harry Potter son propiedad de J. K. Rowling.

Summary: Rose Weasley, una brillante lingüista, sólo odiaba dos cosas más que a nada en el mundo: el fútbol y al futbolista Scorpius Malfoy… lástima que estuviera casada con él. –AU– SM/RW

Características del fic:

- Pareja: Scorpius x Rose
- Universo alterno
- Género: Romance/Comedia
- Rated: T

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Preferencia Personal
Capítulo 1:
Vidas… ¿paralelas?

El ruido de la televisión llenaba por completo la estancia del pequeño departamento.

"Así es, luego de haber sido juntos la imagen para la próxima campaña publicitaria de la famosa marca de ropa italiana, los rumores acerca de un tórrido romance entre la modelo Isabelle Alberoni y el jugador de fútbol del momento, Scorpius Malfoy, son cada vez más fuertes después de haber sido confirmadas las numerosas escapadas del deportista a Milán. Fuentes allegadas a la pareja aseguran…"

— ¿Otra vez viendo eso, Lily? —la pregunta interrumpió la atención de la joven que hasta entonces había permanecido fija en el televisor. Sus ojos castaños rápidamente dejaron la pantalla para mirar a la mujer que llegaba proveniente de su habitación.

— ¿Puedes creerlo? —preguntó ella en respuesta, desde su lugar en el sofá comiendo cereal con leche—. Es la nueva conquista y dicen que ya están planeando boda y todo.

Mientras la veía regresar su atención al programa matutino, Rose Weasley no pudo más que sonreír ante el comentario emitido por su prima, mejor amiga y compañera de apartamento. Sí, Lily Luna Potter no podía ser menos para ella. Y realmente le hacía feliz tenerla a su lado, sin importar su extraña afición por comentar cada cosa que veía en televisión. Lily podía estar plenamente enterada de la vida de Brad Pitt y a los cinco segundos debatir con Dr. House sobre si la paciente tenía leucemia linfocítica o simple síndrome de Munchausen.

— ¡Y yo no puedo creer que sigas aquí! —exclamó ella—. ¿No deberías estar en clase?

Lily no pareció escucharla pues continuaba con su perorata.

— El hombre está como para comérselo, eso nadie lo niega pero… —soltó un profundo suspiro—… es una verdadera lástima que su atractivo sea claramente proporcional a las ganas de vomitar que provoca su actitud nefasta. Qué desperdicio, ¿no te parece?

Rose puso los ojos en blanco.

— Creo que deberías darle el beneficio de la duda ya que, hasta donde sé, ni siquiera lo conoces. Recuerda: "Un libro…"

—… No se juzga por su portada" —completó la joven repitiendo las palabras que caracterizaban a su prima—. Lo sé. Pero si me lo preguntas, él sería una novela con muchas escenas ardientes, ¿no crees? —añadió mientras sonreía pícaramente.

Rose resistió el impulso de poner los ojos en blanco otra vez así que simplemente suspiró. Miró el reloj en su muñeca y decidió dejar atrás esa conversación. Hoy era un día muy importante para ella pues su futuro próximo se decidiría en una importante reunión aquel día y lo que menos necesitaba era llegar tarde. Mientras Lily aún estaba por terminar la universidad, Rose había sido una alumna excepcionalmente brillante y se encontraba entre el selecto grupo de personas que había recibido su doctorado a los veinte años y ahora, teniendo veintidós, se dedicaba a dar clases. Al menos por ahora.

Como James, su primo, solía decir: era una jodida computadora súper genio.

— Bien, ya que hemos aclarado este profundo debate, ¿te importaría responderme?

La cuchara repleta de cereal se quedó a mitad del camino desde el plato hacia la boca de Lily cuando se giró para mirarla con el ceño fruncido.

— ¿Qué cosa?

Rose volvió a suspirar.

— Universidad. Clases. Ahora.

— Ahhh —dijo la joven frente al televisor—. Nop, tengo clase hasta las diez así que todavía me quedo un rato, ¿tú ya te vas?

Rose asintió desde la barra de la cocina mientras continuaba acomodando su bolso.

— Daré un par de clases y después veré a Ted… —hizo una pausa. Con sus manos se palpó a sí misma para asegurar la ubicación de su teléfono celular. Dios sabía lo fácil que extraviaba el pequeño aparato.

— Salúdalo de mi parte.

Rose asintió antes de encaminarse hacia la salida.

— Te veré más tarde. —dijo al abrir la puerta.

— ¡Hey, Rose! —gritó Lily.

Ella se detuvo y caminó en reversa hasta quedar dentro del campo visual de la chica.

— ¿Sí?

— Estamos algo cortos de personal en el bar, ¿te importaría ir esta noche en nuestro auxilio?

Rose hizo un mohín mientras hacía una revisión mental de su itinerario aquel día. Esperó unos segundos y luego miró su reloj.

— Tengo una reunión con los miembros del departamento esta tarde, pero veré qué puedo hacer. Intentaré estar ahí antes de las seis, ¿te parece?

Lily le lanzó una de sus radiantes sonrisas.

— Genial. Gracias.

Rose asintió con la cabeza y dejó el departamento.

Todo iba salir bien hoy. Esta mañana, se sentía feliz de ser ella.

Un semáforo le marcó el alto justo en el momento en el que su teléfono celular comenzaba a sonar. Scorpius soltó un exasperado suspiro al ver el nombre en el identificador, tres simples letras: Lex. Su mejor amigo y su representante.

— Ahora qué, Lex. —espetó luego de activar el altavoz.

— Espero que ya te encuentres en el entrenamiento, Malfoy. No quiero otra llamada del presidente del club acusándote de desacato, ¿oíste?

Scorpius soltó un bufido hastiado, tanto por la reprimenda como por ver su cara en la primera plana de los tabloides. Otra vez.

La luz del semáforo cambió a verde.

Llevaba más de cuatro años jugando para el equipo de fútbol de Slytherin. La fama y la fortuna habían llegado a él a la velocidad de la luz en cuestión de meses luego de ser catalogado como un prodigio del deporte. Sin embargo, con todo lo genial también habían llegado los rumores, los escándalos y los paparazzi a diestra y siniestra. Vale, tenía que admitir que lo suyo era la vida nocturna y la buena compañía, pero eso no significaba que él se metiera bajo la falda de cada fémina que se le atravesaba en el camino. Al menos no siempre.

— ¿Me estás escuchando?

La voz de su representante lo trajo de vuelta.

— ¿Qué dijiste?

Scorpius lo escuchó bufar al otro lado de la línea. Un gesto bastante extraño en alguien que era la viva imagen de la ecuanimidad como Alexander Nott.

— Dije que intentaré desmentir lo que sea que hayan inventado esta vez sobre ti y Alberoni.

Scorpius sonrió irónico ante la mención de la famosa modelo italiana. Durante su estancia en Milán, él le había ofrecido su mano cuando ella estuvo a punto de tropezar durante la presentación de la campaña publicitaria en la que ambos habían participado, pero la mujer lo había interpretado como una promesa de matrimonio o algo así. Le había costado mucho trabajo deshacerse del constante acoso telefónico de la pequeña sanguijuela.

— Mientras tanto, no te metas en más problemas, ¿quieres?

— Tus deseos son órdenes, jefe —ironizó él.

La llamada terminó en el instante en el que llegaba al centro de entrenamiento de su equipo, donde una docena de fotógrafos y reporteros, en su mayoría provenientes de revistas del corazón y tabloides, le esperaban. Scorpius se acercó a la caseta de vigilancia, apenas bajó un poco el cristal de su ventanilla para mostrar su tarjetón de acceso al guardia de seguridad, aunque sabía que era algo innecesario. No era por ser presuntuoso, pero todo el mundo sabía quién era él.

El hombre robusto, de piel sonrosada, apenas vio su cara y le dio paso libre antes de que los reporteros se abalanzaran sobre el precioso Posche carrera color plata que conducía. Scorpius no hizo ningún gesto de cortesía antes de reanudar su camino hacia el interior de las instalaciones. Estaba molesto porque, seguramente, ese pequeño espectáculo, además de ser noticia en los programas de chismes, le costaría una reprimenda por parte de los directivos del club, y si llegaba tarde –otra vez- existía la posibilidad de que lo castigaran enviándolo a la banca. El entrenador lo había amenazado la última vez.

Cuando estacionó el auto, apagó el motor y la canción "Next go round" de Nickelback dejó de sonar a su alrededor. Entonces golpeó el volante con las manos.

Había mañanas en las que apestaba ser él.

— Lo juro, Ted, no sé qué más hacer —gimió Rose tan pronto como la camarera les llevó su orden. En otras ocasiones, una rebanada de pastel de chocolate acompañada por un café le hubiera levantado el ánimo en un santiamén. Pero no esta vez.

La tarde había comenzado a caer sobre la ciudad desde hacía varios minutos. El día había empezado tan perfecto como ella lo había esperado, pero en el momento más importante, todo se había venido abajo. Así que ahora aquí estaba, sentada en una mesa junto a la ventana de un pequeño café en el centro, gimoteando porque las cosas no habían salido acorde al plan. A su perfecto plan.

El hombre sentado frente a ella sonrió complacido al ver la taza de té frente a él. Un hábito demasiado inglés, y demasiado contradictorio para alguien que parecía un ferviente admirador de Sid Viscious y seguidor de su moda. Los jeans desgastados y la camiseta negra de manga corta decorada con la frase "Anarchy in the UK", que traía puestos no necesitaban de más descripción.

— Rosie, lindura, —comenzó mientras vertía algo de miel en su bebida—. Te lo voy a explicar otra vez, porque eres mi amiga y te aprecio, ¿de acuerdo?: eres el mejor elemento con el que cuenta el departamento de Britania en la Universidad de Londres, prácticamente naciste hablando inglés antiguo y gaélico. Eres un bebé que ha conseguido lo que a tus compañeros de profesión puede llevarles toda su vida…

Rose entornó los ojos ligeramente. Ted siempre tendía a exagerar las cosas.

Ted Lupin era un amigo muy cercano, su padre había sido el mentor de su madre y, además, eran familiares políticos. Cercano a los treinta, alto, delgado, con el cabello corto oscuro del que sobresalían algunos mechones teñidos de color rojo intenso y las perforaciones distribuidas en sus cejas, labio inferior, nariz y orejas, parecía un punk de la vieja escuela. Pero su apariencia no podía ser más engañosa. Ted era un graduado con honores de Oxford, especializado en civilizaciones antiguas y un experto mundialmente reconocido sobre la antigua Britania. Todo un erudito en cultura e historia. Y además, también parecía ser su terapeuta personal.

— ¿Tú crees que ellos renunciarían a ti tan fácilmente? Preciosa, eres el diamante Hope de la lingüística. Ellos te encontraron, te pulieron y piensan presentarte en sociedad ahora que te asignaron la investigación de los grabados en St. Albans. ¿Qué tan difícil es comprenderlo? Ni muertos te dejarían ir, mucho menos si eso significa perderte ante los señores "nosotros estudiamos momias para el almuerzo" del departamento de egiptología.

Rose suspiró echándose para atrás en su asiento. Tal vez Ted tenía razón –algo no tan fuera de lo común.

La Universidad de Londres, más en específico, su departamento de Lingüística británica, le había dado todo lo que ahora era ella. Y estaba más que agradecida por ello. Le habían dado toda su confianza al otorgarle la beca, luego dejarle impartir cátedra y participar en estudios de manuscritos antiguos. Pero desde hacía un tiempo atrás, su área de investigación… ya no la satisfacía como antes. Así que ella había pensado que, tal vez, lo que necesitaba era un cambio. Había caído bajo el hechizo egipcio en el que caían muchos y quería ver si sus límites se extendían también para aquella civilización. Pero ahora no podría averiguarlo porque sus superiores se habían negado a su petición de cambiar de rubro y, por si eso fuera poco, le habían ofrecido ser la líder en su primera investigación. Lo agradecía profundamente, pero… eso no era lo que ella había planeado.

Definitivamente, Ted tenía razón. Los miembros de su departamento no la dejarían ir. Al menos no por ahora.

— Además, ¿no se supone que hacías todo esto por tu madre? —preguntó casual sin darse cuenta de que había dado en un punto sensible.

Hermione Jean Granger. El solo nombre era una leyenda en el círculo histórico, lingüístico y cultural por sus aportaciones a la investigación y decodificación de numerosos documentos de toda la Gran Bretaña. Si ella era excelente en su trabajo, su madre había sido más que excepcional. Brillante, audaz y entregada, había sido todo lo que requería una profesión como la de ellas para realmente ser valorada y reconocida. Pero entonces la muerte había llegado inesperadamente y su gran trabajo había quedado interrumpido.

Las heridas de aquel fatal accidente de auto habían dejado profundas cicatrices en su corazón que todavía no sanaban y, honestamente, ella dudaba que algún día lo hicieran por completo. Demasiado pronto ella y su hermano habían quedado privados de la presencia de sus padres y era precisamente esa razón por la que ella había aceptado seguir los pasos de su madre, intentar concluir, no con éxito sino simplemente con satisfacción, el excelso trabajo que ella había dejado inacabado.

Sin embargo, parecía que no estaba haciendo un buen desempeño. Las cosas no habían salido como ella lo había planeado otra vez. La fundación que había creado en nombre de su madre para fomentar la investigación y la educación estaba teniendo algunos apuros de índole económica luego de la crisis financiera que había azotado al mundo en los meses anteriores, y ahora ella parecía haber perdido la brújula sobre lo que su madre hubiera deseado.

Tal vez nunca lograría llenar los zapatos de la gran Hermione Granger.

— Tienes razón… supongo —dijo finalmente, encogiéndose de hombros.

Ted dejó de jugar con la cucharita y bebió un poco de té.

— Mira, si quieres mi consejo, creo que lo mejor es que esperes a concluir tu investigación. Aprovecha el trabajo y las clases que impartes. Después puedes hacer una especialización en egiptología y así tendrás más tablas. Entonces podrás buscar opciones en el área, ¿no crees? Serán solo unos meses más, a lo mucho un año, estás todavía en pañales y tienes todo el tiempo del mundo, ¿qué podría salir mal?

Con una sonrisa intentando asomarse en sus labios, de nuevo Rose tuvo que darle la razón. Ted parecía ser el único ser de la tierra capaz de aclarar su mente cuando ella estaba a punto de colapsar. Tenía toda la boca llena de razón. Esperaría, seguiría preparándose y entonces buscaría expandir sus horizontes. ¿Qué podría salir mal?

Las campanadas de una iglesia cercana la hicieron saltar de su asiento.

— ¡Rayos! —exclamó mientras comenzaba a recoger su bolso y su abrigo de la silla cercana.

— ¿Qué ocurre?

— Lily me pidió que fuera a ayudar al bar. Le prometí que estaría ahí antes de las seis y ya voy tarde. —respondió al tiempo que revolvía el interior de su bolso en busca del bendito teléfono celular.

— Wow. Bella, brillante y experta sirviendo alcohol. Dime, ¿cómo es que no me he casado contigo?

Rose rió con suavidad.

— Eso es porque estás casado con mi prima, ¿recuerdas? Además de que luzco fatal por las mañanas y soy una obsesa del orden.

Esta vez fue el turno de Ted para reír. Rose le sopló un beso y después salió corriendo en dirección a la calle.

Scorpius regresó a su apartamento ubicado en uno de los edificios más lujosos de toda la ciudad, dispuesto a cambiarse de ropa con toda la rapidez que le fue posible. El día no había resultado la bazofia que él había imaginado así que ahora que la noche llegaba a la ciudad, el plan ya estaba más que claro. Una noche de juerga aprovechando que las cosas habían salido mejor de lo esperado. No había sido regañado y tampoco había sido enviado a la banca.

En unos minutos se reuniría con un par de compañeros de equipo, recorrerían algunos bares y clubes del centro, y se la pasarían bien.

Sí, sonaba perfecto. ¿Qué podría salir mal?

«Continuará…»

Espero que les haya gustado!

Esta historia la había tenido planeada desde mediados del año pasado, si no mal recuerdo, y aunque la idea principal es un tanto cliché, espero poder aportarle un poco de frescor. Esto va a ser algo de lectura ligera, una historia rosa –aunque no melosa, he de aclarar- con la que deseo simplemente hacerles pasar un buen rato de relajación.

Por ahora creo que es todo, me voy. Cualquier comentario, duda, sugerencia o crítica, será bien recibida.

Nos leemos pronto!

Anna