Amor de madre

"Ojalá no hubieras nacido…" Cualquiera que escuchara a una madre decir esto a su pequeño hijo pensaría, sin duda, que no le quería.

Ella definitivamente amaba a Soren, había esperado mucho tiempo por él, pero tenía buenas razones para desear que su primogénito no hubiese nacido, y estas distaban de si le amaba o no.

Si no hubiese sido tan ciega ante Ashnard, su querido hermano mayor no hubiera tenido que sacrificarse por ella ni por el hijo que esperaba, no habría tenido que sufrir un destino tan horrible y Ena no tendría el corazón roto ni estaría atada su voluntad hacia nadie por el amor que profesaba hacia Rajaion.

Cuando le tomó en brazos por primera vez su corazón se hinchó de orgullo y se llenó de amor por él. Estaba segura de que no permitiría que nadie le hiciera daño, él bebé no tenía la culpa de nada… pero también era consciente de que su hijo tendría una vida muy difícil. Todos los estigmatizados tenían una vida dura; temidos por los beorc y repudiados por los laguz, no tenían lugar en el mundo.

Almedha estrechó al pequeño recién nacido y lloró amargamente, pensando en todo lo que tendría que soportar del mundo. Pero no era solo el que fuera un atentado contra las leyes de la Diosa, sino que era el heredero de un tirano, un ser que no dudaba en asesinar a su propia familia para conseguir lo que desea.

Soren cargaría una cruz muy pesada toda su vida.

"Ojalá no hubieras nacido… si tan solo no hubieras nacido…"

Cuando para Ashnard fue patente que el niño no había heredado ningún poder especial de su sangre laguz (Almedha hizo todo lo posible por ocultar su potencial), arregló todo lo necesario para ponerlo remotamente a salvo. Como toda buena madre deseaba ahorrarle a su hijo cualquier tipo de dolor, no podía quedarse en Nevassa con ella, por eso lo mandaba lejos por mucho que su corazón se retorciera.

Y mientras los grandes ojos de Soren la miraban con añoranza mientras se alejaba, Almedha deseó con más fuerza que nunca que no hubiera nacido.

-Si tan solo no hubieras nacido… no tendrías que sufrir…

Ahora, mientras el sol se escondía en el horizonte y Soren ya no era visible a la distancia, solo podía rezar a Ashera por misericordia para el futuro de su hijo y esperar y desear que viviera la vida más feliz posible en algún sitio donde nadie supiera quién ni qué era.