Hola a todos! Disculpen que me haya retrasado tanto en subir este capitulo, dije que iba a pasar un mes y creo que fueron mas de cuatro. Que verguenza con ustedes. Pero les aseguro que terminare la historia, tenganlo por seguro. Tengo toda la trama en mi cabecita pero a veces me hace falta tiempo para poder sentarme a escribirla.

Gracias a todos y cada uno de los lectores que siguen esta historia, a todos los que la tienen como favorita y a las personas que comentan en esta historia, muchas gracias. Gracias gracias por seguir leyendo y por todos sus comentarios. Me encanta poder saber que opinan de la historia.

Espero que les guste esta nueva entrega de "10 maneras de besar a Yamato". Adelante con el Sorato!


Capítulo 5

Incómodo

Cabellos rojos que se movían ligeramente con la briza, una silueta que avanzaba por el pasillo lentamente y con cierto aire sensual. Cada paso venía acompañado de un nuevo movimiento de caderas que parecieran fueron calculados para torturarlo lentamente.

La chica se volteó al sentir una mirada que la observaba con detenimiento. Al girarse se encontró con unos ojos azules que no se apartaban de su cuerpo. La muchacha solo pudo reírse con cierto nerviosismo para luego regresar a su tarea.

No. Esto no era un sueño. En realidad los dos chicos estaban despiertos, juntos. A decir verdad, ellos y otros 25 muchachos más que formaban parte de la clase de historia.

Es que nuevamente Yamato se había quedado embobado viendo a la pelirroja mientras caminaba al pizarrón a tomar dictado de lo que la maestra decía. Le estaba resultando terriblemente difícil evitar que sus ojos se perdieran en la figura de la muchacha.

Es que aunque tratara y tratara era como si su mirada tuviera vida propia, porque no podía apartarla de la silueta de la chica. Como diría su amigo Taichi, cada vez que la muchacha pasaba cerca de él sus ojos saltaban prácticamente fuera de su cráneo.

Había pasado dos meses desde que él le había pedido a Sora que fuera su novia. Y ella le había dicho que sí.

No podía describir los meses pasados como algo menos que los mejores momentos que había tenido en su vida. Simplemente no podía explicar lo bien que se sentía cuando estaba con Sora.

Habían hecho de todo para poder verse. Ella había faltado a unas cuantas clases de tenis y él no se había presentado a un par de ensayos de su banda. Todos los períodos libres que tenían en el instituto significaba que estarían juntos, sentados en el patio debajo del gran árbol de sakura, abrazados o simplemente conversando.

La muchacha saldría a escondidas de su casa por un par de minutos para encontrarse con el rubio en el parque que estaba a unas cuantas cuadras del edificio de departamentos donde ella vivía. Y él la llamaría por las tardes para conversar hasta que prácticamente la Sra. Takenouchi tenía que desconectar el teléfono para que su hija se fuera a dormir.

Todo había sido increíble. Estaba muy feliz de tener a Sora en su vida. Incluso le había compuesto una canción para su primer mesaversario (así era como lo llamaba Mimi, y aunque a Sora le causaba risa esa palabra también empezó a utilizarla).

No hace falta decir que apenas terminó de tocar la canción para ella en aquel parque donde habían hecho un picnic al atardecer, la pelirroja se abalanzó encima del rubio dedicándole esos besos que tanto le gustaban a Yamato.

Y ahí era donde entraba el actual dilema del rubio. Desde que su relación con Sora había pasado de ser platónica como hace un par de meses, a tenerla cerca de él todo el tiempo, había hecho que una nueva parte de su cerebro se despertara (y de su cuerpo también) y empezara a registrar cosas que antes no había notado.

Como por ejemplo que la muchacha se mordía el labio cuando intentaba recordar algo, o la manera en que intentaba alargar su falda cuando él se la quedaba viendo por mucho rato, o como su uniforme de tenis se pegaba muy delicadamente a su cintura y otras partes de su cuerpo que últimamente le hacían quedarse hipnotizado mirando por más tiempo del que se podría considerar necesario.

No sabía por qué, pero últimamente se le hacía muy difícil evitar mirar a la pelirroja mientras caminaba, fijándose específicamente en su parte trasera.

Y eso hacía que automáticamente se sintiera sofocado y que su mente se perdiera en los recuerdos de él y Sora besándose en el cine, en la entrada del edificio de la muchacha, en el salón de ensayos de su banda, detrás de las gradas de la cancha de fútbol..

-Señor Ishida, si es tan amable de continuar con la lectura del tema, por favor- dijo la maestra con el ceño fruncido al darse cuenta de que el muchacho no estaba prestando atención, haciéndolo despertar así de su ensimismamiento.

¡Pero cómo rayos esta señora esperaba que él estuviera concentrado en la lección si le ponían a su espectacular novia prácticamente a modelar delante de él con esa sonrisa que lo volvía loco! ¿Quién en su sano juicio no se distraería?

El chico solo pudo tartamudear incoherencias mientras trataba de encontrar en su libro el inicio del capítulo, que según él, era el que estaban revisando. Movió un par de hojas, para después levantar la mirada y quedarse viendo a la profesora con su cara patentada de cachorro arrepentido, intentando así que no lo castigaran por no tener idea de lo que estaban haciendo en clases.

- Espero, señor Ishida, que para la próxima clase preste más atención a las actividades que desarrollamos. Creo que con un ensayo sobre la Revolución Francesa bastará para asegurarme de eso.- la mujer se dio la vuelta para dirigirse nuevamente al pizarrón, pero antes volvió a hablar. – Esperemos que la facilidad para distraerse que tiene su novio no se le pegue a usted también señorita Takenouchi.

Con esto la mujer siguió escribiendo en la pizarra, mientras la muchacha se ponía tan roja como su cabello y todos sus compañeros reían por lo bajo.


-¿Tienes alguna especie de maldición con todos los maestros del instituto? Creo que no he conocido a ninguno durante todo este tiempo que no te haya puesto algún tipo de castigo.- dijo la pelirroja mientras acomodaba sus libros dentro de su casillero y sacaba su uniforme de tenis.

- No se por qué, pero creo que todos me odian. Seguramente quieren ser tan geniales como yo, pero no lo logran- contestó el rubio mirando a la muchacha para luego guiñarle el ojo.

- Si claro. ¿Qué me dices de la maestra de historia? ¿Ella también quiere ser como tú?- preguntó la chica con cierto tono divertido.

-No. Pero probablemente quisiera que su decrépito esposo fuera tan guapo como yo.- respondió el rubio sacándole la lengua a su novia.

- Tonto- la muchacha le dio un ligero golpe en el hombro y luego el rubio la abrazó delicadamente por la espalda.

- ¿Sabes que hoy no me has besado en todo el día?- le dijo el chico al oído con cierto tono pícaro que hizo que la muchacha se pusiera roja de la vergüenza.

- ¡Yamato! ¡Shhh! Que alguien te va a escuchar.- respondió la pelirroja susurrando tratando de taparle la boca con sus manos a su novio.

-Pero si toda la secundaria sabe que estamos saliendo- replicó Yamato tratando de robarle un beso a su novia mientras esta se revolvía cual acróbata para soltarse del agarre del muchacho.

- Pero eso no quiere decir que lo estés gritando a los cuatro vientos- contestó la chica aún sonrojada.

El muchacho sonrió al escuchar la respuesta de su novia. Sora podía ser muy inocente y recatada en ciertos aspectos, y este era uno de ellos. En cierto modo le parecía gracioso ver como se ponía nerviosa cada vez que siquiera mencionaba el tema de besarse. Le parecía que se veía muy adorable con las mejillas sonrojadas tratando de hacer que él se quedara quieto en sus intentos de besarla. Esto solo hacia que él lo continuara intentando con mayor entusiasmo, solo para seguir haciéndola enojar.

- ¿Qué piensas hacer con el ensayo que te asignó la maestra?- volvió a hablar la pelirroja luego de que al fin se liberara del abrazo "empalagoso" de su querido rubio y comenzaran a caminar juntos por los pasillos del instituto para dirigirse al área de deportes.

- Ahhh, no lo sé. Pensaba hacerlo el fin de semana.-el chico se llevó las manos a su cabello para revolverlo un poco. Se notaba que no quería hablar de ese asunto por el momento.

- ¿No teníamos que hacer ese deber tan largo de algebra para el próximo lunes?- le dijo la muchacha cuando ya estaban llegando a las canchas de tenis.

- Cierto. Lo había olvidado. Ahora voy a tener que hacer doble trabajo. La secundaria me terminará matando.- dijo el rubio abatido. Todo su fin de semana se iría al caño solo por hacer los benditos trabajos que le enviaban sus profesores sin vida. Como si ellos nunca fueron chicos que alguna vez intentaron disfrutar de su juventud.

- Si quieres podemos hacer tu reporte de historia juntos el sábado. Ya sabes que mi padre tiene cientos de libros sobre historia. ¿Qué te parece?- dijo la chica con el rostro iluminado pensando que había tenido la idea perfecta.

Pero bastaba ver la cara de pánico que puso Yamato apenas escuchó esto, para saber que él no pensaba lo mismo. Es que una cosa era que la madre de Sora se imaginara que había algo entre el rubio y su hija, y otra muy diferente era que el muchacho se apareciera en su casa muy fresco, donde ambos padres, en especial el Sr. Takenouchi (aunque no lo quisiera aceptar le tenía profundo terror desde que lo vio con una antigua espada samurái, obviamente una réplica, aunque Yamato aún no procesaba ese pequeño detalle), estarían a sus anchas de poder decapitarlo por salir con su "pequeña".

El chico dio un gritito ahogado y se llevó las manos a su cuello intentando verificar si todavía tenía la cabeza pegada al cuerpo. Aún era muy joven para morir.

- ¿Yamato? ¿Estás bien?- dijo la chica preocupada, mientras agitaba una mano frente al pálido muchacho.

El rubio carraspeó un poco. Imaginarse al Sr. Takenouchi corriendo atrás de él por todo su apartamento mientras agitaba su espada como un desquiciado, hizo que se le pusieran los vellos de punta. El chico se estremeció al pensar eso y agitó su cabeza en un intento por borrar esa imagen. Sora no querría que su novio muriera a manos de su padre. ¿Por qué le hacía esto?

-Ehhh… si. – la voz del muchacho salió muy aguda, y Sora tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no echarse a reír en ese mismo momento. La carita de susto que tenía Yamato tampoco le ayudaba mucho a contener las pequeñas risas que se agolpaban por salir. –Ehhh, no quisiera molestar a tu padre. Ya sabes, no quisiera dañarle algún libro importante.

- ¡Venga que no le vas a molestar! Además que él estará en una conferencia todo este fin de semana, y de seguro que nos presta sus libros.

El muchacho soltó el aire que ni siquiera se había dado cuenta que estaba conteniendo. Uff. Por lo menos saldría vivo de este fin de semana.

-Ohh. Ya veo –dijo el chico en un intento por parecer calmado.- Creo que estaría bien, si es que tu quieres, claro.

- Por su puesto que quiero.- le respondió la pelirroja con una gran sonrisa. –Que mejor manera de pasar el sábado que contigo.

Yamato la miró fijamente a los ojos. Le encantaba cuando Sora le decía cosas tan dulces. La muchacha al darse cuenta de lo que había dicho y la intensa mirada del rubio sobre ella, no tuvo más remedio que ponerse colorada hasta las orejas y agachar levemente la cabeza. Aún no superaba esa etapa de sonrojarse completamente cada vez que el rubio la miraba directo a los ojos por más de tres segundos.

La chica se puso detrás de la oreja uno de sus mechones de cabello que habían resbalado de su coleta en un intento por disimular su sonrojo, para luego alzar la vista y encontrarse con un rubio muy risueño.

- Creo que no voy a poder esperar hasta el sábado- le dijo el muchacho sin apartar un segundo la vista del rostro de su novia. Se quedó observando cada una de las facciones de esa chica que le robaba el sueño. Su mirada se alternaba entre los brillantes ojos rubíes de la pelirroja y sus labios. ¡Cómo lo volvían locos esos labios! Eran tan suaves y rosados.

La muchacha se relamió los labios lentamente en un acto inconsciente. El rubio se quedó con la boca abierta al ver a la muchacha haciendo algo que para él era el sinónimo de sexy. No pudo evitar querer abalanzarse encima de la pelirroja para poder besarla como se debía. Una descarga eléctrica recorrió por completo el cuerpo del chico al pensar esto. Esa muchacha podía hacer que perdiera el control por momentos.

La pelirroja se quedó hipnotizada con la mirada tan profunda del muchacho. Siempre le había encantado los ojos azules de Yamato, pero desde que esos dos brillantes zafiros le dedicaban solo a ella esas miradas tan cargadas de pasión, la muchacha no tenía más remedio que dejar que fluyeran en sí todas esas sensaciones que hacían que todo su cuerpo empezara a sentir un familiar calor.

El chico se fue acercando lentamente a la pelirroja. Levantó su mano para acariciar muy pausadamente la mejilla de la muchacha (para desesperación de la misma). Ella cerró sus ojos al sentir el suave contacto de su mano. Como le encantaba cuando Yamato la acariciaba así.

El rubio siguió acercándose más, hasta que estuvo muy cerca de la boca de Sora. Se podía escuchar claramente la respiración agitada de la muchacha. Ambos se acercaron para cerrar los últimos milímetros que los separaban. Podía sentir el aliento de la chica en sus labios, solo un poco más cerca y los podría tocar. Sora cerró sus ojos esperando el contacto tan anhelado. El muchacho se movió más cerca para rozar ligeramente sus labios con los de ella y …

-¡Takenouchi! La entrenadora quiere a todas en la cancha en este momento, y ni siquiera te has cambiado.- interrumpió muy abruptamente una de las compañeras de Sora, haciendo que ambos chicos se separaran por el susto.

Al fondo se escuchaba el sonido del silbato de la entrenadora llamando a todas sus estudiantes.

Sora se giró para tomar del suelo su mochila con su uniforme que había dejado caer cuando Yamato la había intentado besar. ¡Esa niña inoportuna! ¡Ahora se tendría que ir a casa sin poder probar los labios de su rubio! Aghhh.

El muchacho lanzó un suspiro de frustración. ¿Por qué todas las compañeras de Sora tenían que ser tan endemoniadamente inoportunas? El rubio se revolvió el cabello mientras maldecía por lo bajo su mala suerte.

El muchacho tomó aire para tranquilizarse y se dispuso a hablar.

- Entonces, ¿El sábado vamos a trabajar en el ensayo?- dijo Yamato mientras la pelirroja terminaba de acomodar su maleta.

- Si. Mi práctica de tenis termina a las diez y media, así que puedes venir a casa a las once- respondió Sora ya con su mochila en el hombro y recuperada del intento fallido de besar a su encantador novio.

- De acuerdo.- le dijo el chico con una gran sonrisa.

La pelirroja le sonrió de vuelta y le dio un rápido beso en la mejilla. Se tendría que contentar con eso por el momento ya que no pudo probar los labios de su rubio.

- Y no te preocupes por que mi madre te vaya a asesinar. No estará en casa el sábado.- terminó diciendo la chica, para luego darse media vuelta y caminar hacia los vestidores, dejando así a un perplejo Yamato por lo que había escuchado. ¿Ellos iban a estar en su casa el sábado? ¿Solos?

La boca del rubio no podía estar más cerca del piso en ese momento.


Cuatro muchachos estaban terminando de ensayar en una vieja bodega una de las canciones de su banda.

- ¡Ehh Takashi! ¡Que la canción ya ha terminado!- gritó uno de los muchachos, llamado Akira, al ver a su amigo que seguía con su solo de batería luego de minuto y medio de que todos los instrumentos ya habían dejado de sonar.

- Este cree que está en un video musical- le dijo por lo bajo Yutaka a su amigo Yamato. Ambos empezaron a reír cuando Takashi comenzó a hacer malabares con sus baquetas en un intento fallido por verse cool.

Al escuchar las estrepitosas risas de sus otros compañeros, el aludido dejó caer una de las baquetas al piso para que seguidamente la otra cayera en su cabeza con un sonoro "toc", haciendo así que una nueva ronda de risas estallara entre sus tres amigos.

- ¡Que eso ha sido planeado!- dijo Takashi mientras se sobaba la cabeza intentando salvar su dignidad.

- Claro, amigo. Por su puesto.- respondió Yamato aún con lágrimas en los ojos por haberse reído tanto.

- Creo que mejor nos vamos- dijo Akira poniéndose de pie y mirando su reloj - Debo llegar a casa antes de las ocho o mamá me hará lavar los platos de nuevo por todo un mes. Todavía no me recupero de las dos semanas que me hizo limpiar los retretes del restaurante – el muchacho hizo una mueca de asco acordándose de esos traumatizantes momentos.

En menos de treinta segundos el blanco de las risas había cambiado. Los chicos se quedaron mirando por un segundo para luego empezar a reír nuevamente al recordar la imagen de Akira en delantal, con un pañuelo en la cabeza y una esponja en la mano. Buenos tiempos.

- ¡A callar!- gritó Akira en un intento fallido de hacer que sus amigos dejaran de burlarse, ganándose así solo más risas.

-Vámonos ya. No vaya a ser que te termines convirtiendo en la mucama del restaurante de tu madre.- le dijo Yamato tratando de contener unas risas que intentaban escapar.

El chico solo frunció el seño y se giró para seguir recogiendo sus cosas.

Los miembros de la banda empezaron a guardar sus instrumentos, con las ocasionales burlas y chistes que siempre se hacían.

- ¡Hey muchachos! Mañana vamos a servir un desayuno para una empresa en el restaurante de mi madre, así que va a haber mucha comida. ¿Qué les parece si se pasan por ahí como a las once para comernos los pasteles de la cocina?- dijo Akira emocionado pensando en la gran cantidad de dulces que iban a haber.

-¡Comida gratis! ¡Ahí estaré!- gritó Takashi alzando sus manos en puños como si hubiera ganado el premio mayor de la lotería, mientras Yamato y Yutaka se quedaban mirando tratando de entender por qué se juntaban con ese chico.

-Ehh claro- dijo Yutaka sin estar tan convencido. Escabullirse en una cocina donde antes la mamá de su amigo los había perseguido con una escoba para que dejaran de comerse la comida de los clientes no le traía los mejores recuerdos.

-¡Genial!- contestó emocionado Akira – ¿Que tal tú Yamato?

Los tres muchachos miraron expectantes al rubio esperando su respuesta.

-Yo no podré ir mañana- dijo el rubio mientras se agachaba para intentar evitar las miradas de sus amigos y ponía su bajo dentro de su estuche. - Tengo que hacer un trabajo de historia y Sora me va a ayudar a hacerlo.

Los tres muchachos se quedaron mirando entre ellos con sonrisas socarronas en los labios.

- ¿No será que quieres que ella te ayude a hacer "otras cosas"?- dijo Takashi mirando al rubio y alzando sus cejas de manera sugestiva, ganándose así un golpe en la nuca por parte de un muy sonrojado Yamato.

-Auch. Yo solo preguntaba- dijo Takashi mientras se sobaba el cuello.

- Por lo menos Yamato tiene novia y no se acuesta de noche besando su almohada- dijo Yutaka recordando cuando habían encontrado a su amigo en su habitación llenando de babas a su almohada.

- ¡Yo también he tenido novia! – le contestó tratando de defenderse.

-¿Cuándo? ¿En el jardín de infantes?- preguntó esta vez Akira riéndose un poco, mientras Yamato agradecía mentalmente que la conversación ya no estaba enfocada en él.

- ¡No! - contestó Takashi – Fue en la primaria- lo dijo muy quedo con la intención de que sus amigos no lo escucharan pero claro que no fue así y todos comenzaron a reír nuevamente.

- Como si tú tuvieras más experiencia- dijo Takashi cruzándose de brazos mientras miraba desafiantemente a Yutaka.

El muchacho palideció por un momento. Takashi estaba a punto de celebrar su pequeña victoria cuando el muchacho habló de nuevo.

- El otro día fue la fiesta de mi prima. Una de sus amigas me besó, con lengua y todo, puso mi mano encima de su blusa- terminó diciendo mientras miraba el suelo tratando de ocultar su rubor. Quien iba a pensar que el tranquilo de Yutaka hubiera llegado a segunda base con una chica.

-¿!QUE?!- gritaron al unísono sus amigos.

-No puede ser que Yutaka me haya ganado en eso. Esto es una pesadilla- se dijo a si mismo Akira mientras se llevaba las manos a la cabeza en un intento fallido por parecer dramático. –Lo máximo que Kasumi me ha dejado hacer es besarla con lengua.- dijo algo frustrado el guitarrista.

Los muchachos miraron nuevamente a Yamato, que había estado increíblemente callado todo ese tiempo, esperando que dijera algo.

El rubio solo atinó a sonrojarse a más no poder. Sería mentira si decía que nunca había considerado hacer todas esas cosas con Sora, pero es que le daba pánico siquiera pensarlo cuando estaba cerca de ella, ella era tan inocente y pura que lo menos que quería era asustarla por dejarse llevar por sus hormonas tan alocadas.

- Ehh…es que, Sora y yo no hacemos esas cosas- habló finalmente el muchacho sin despegar la vista del suelo.

- ¡QUEE! ¿Ni siquiera un beso francés? ¿Nada?

El rubio quería que lo tragara la tierra en ese momento. El muchacho se revolvió en su asiento y se llevó las manos a la cara. ¿Por qué? ¿Por qué sus amigos tenían que ser tan entrometidos? ¿Por qué simplemente no podían ser como Taichi que aún pensaba que las cigüeñas traían a los niños?

¿Qué se suponía que les iba a decir? ¿Qué siempre se imaginaba besando a Sora así, pero que le daba pánico hacerlo mal? Porque la verdad no es que el tuviera tanta experiencia en esa área, mejor dicho era nula. Claro, si no contaba las escenitas que había visto detrás de las gradas de las canchas del instituto donde las parejas de estudiantes mayores se sacaban prácticamente los calces de las muelas, pero para su percepción parecía tan asqueroso que intentó borrar todo recuerdo de eso. Tal vez debió de prestar más atención.

Los tres muchachos seguían mirando al rubio esperando por una respuesta. Yamato se sonrojó por enésima vez en la noche y carraspeó sonoramente.

Estaba seguro que esta sería una conversación muy pero muy incómoda.


- Así que terminó pidiéndome disculpas y volvimos otra vez- se escuchaba al otro lado del auricular a Mimi quien había regresado con su novio por centésima vez después de una gran ruptura dramática en medio del patio del instituto. La pelirroja la escuchaba al igual que las otras veces con su oreja pegada al teléfono, aunque debía aceptar que ya le estaba empezando a doler.

- Oh eso esta muy bien Mimi. Espero que esta vez se queden juntos por más tiempo.- le dijo la pelirroja a su amiga.

-¡Claro que sí! Nosotros vamos a estar juntos por siempre.- le dijo muy alto y emocionada la castaña, lo que hizo que Sora se despegara un poco el teléfono por lo aguda que podía ser la voz de su amiga. – ¿Entonces qué vas a hacer el sábado?- le pregunto esta vez Mimi con una voz normal.

-Bueno tengo práctica de tenis y después Yamato va a venir a mi casa para hacer un reporte de historia. Mamá va a estar todo el día en la academia de ikebana así que vamos a poder trabajar sin que nos esté espiando cada treinta segundos.

- ¿Solos? ¿Van a estar solos en tu casa?- le dijo Mimi con su nuevamente aguda voz.- Yo no pensaba eso de ti, y a esta edad.

- ¿Qué?- la pelirroja estaba mas que confundida con esta conversación que estaba teniendo con su amiga. Como podía ser que en menos de treinta segundos no entendiera nada de lo que su amiga le estaba diciendo.

- Ya sabes. Tú y Yamato. Solitos en una casa solo para ustedes. En tu habitación. – le dijo esta parte con cierto tono de picardía lo que hizo que al fin Sora entendiera lo que su amiga estaba insinuando. ¿Ella y Yamato? Eso ni siquiera se le había pasado por la mente, bueno solo una vez, pero si Mimi lo había pensado probablemente Yamato también. Esperaba que no fuera así. Ella estaba segura que no quería que nada pasara, ¿o si?

-¿Qué estás diciendo Mimi? – le preguntó un poco exasperada. –Nosotros vamos a estudiar.

- Sora, si invitas a tu novio a tu casa y van a estar solos es porque quieres que algo pase.

- ¿!Que!?- dijo esta vez colorada la muchacha mientras se abanicaba la cara con su mano. – Ni siquiera lo había pensado.

-¿Ya lo has besado con lengua?- le preguntó esta vez la castaña.

La pelirroja no podía ponerse más roja en ese momento, nunca había tenido una conversación así con su amiga, mejor dicho con nadie. La chica se revolvió incómoda en su asiento.

-No- le contestó la pelirroja. En ese sentido tenía que decir que sus besos con Yamato habían adquirido cierta pasión con respecto a los que se daban al inicio, pero no habían llegado a nada más. - Yamato es un caballero conmigo. El no haría eso- le dijo Sora a su amiga, hablando muy bajito para evitar que su madre la oyera.

- ¿Tú quieres que lo haga?

Sora se llevó las manos a la cara. Sentía como tenía caliente todo su rostro. Iba a ser una gran mentirosa si decía que nunca se había imaginado a ella y su novio besándose como en las películas que ponían en el cine, con una pasión arrebatadora, pero una cosa era pensarlo y otra muy diferente era admitirlo en frente de su amiga. Bueno, no de frente, pero por teléfono.

La muchacha tragó grueso y al fin respondió.

-No lo sé. Además creo que es un poco…desagradable. – le dijo la pelirroja tratando de salir de ese apuro en el que la había puesto su querida amiga.

- Créeme Sora, no es así. Es todo menos desagradable. Ya lo verás.

Dos horas de estar al teléfono y de escuchar como dar un beso francés y como lograr que Yamato se lo diera, hicieron que la muchacha empezara a ver su sesión de estudio con el rubio de una manera un poco.. diferente.


Amanecía y el rubio despertó al escuchar un fuerte ruido que provenía de la cocina de su departamento. Se levantó apresurado para verificar que era lo que había provocado aquel molestoso sonido que había hecho que despertara de ese increíble sueño que estaba teniendo, que obviamente lo involucraba a él, una guapa pelirroja y el sofá de su sala. Aghh! Debía recordar cambiar las sábanas de su cama luego de revisar la cocina.

El muchacho salió de su habitación y encontró a su padre revolviendo todo lo que estaba guardado en los gabinetes de la cocina. Alrededor de él habían varios sartenes y un plato roto en el piso. Esto era lo que pasaba cuando su padre intentaba cocinar.

-¡Hola hijo!- dijo el Sr. Ishida intentando arreglar el desastre que había provocado –Quería hacer el desayuno antes de que salieras.

Yamato sabía que su padre hacía esto con buena intención, pero lo cierto era que siempre que el hombre intentaba siquiera hervir agua, la cocina del departamento quedaba hecha pedazos.

- Genial.- dijo el chico sin mucho entusiasmo pensando en cuanto tiempo le tomaría arreglar todo ese desorden. Se sentó en la barra de la cocina esperando el famoso desayuno Ishida que comprendía de café y unas tostadas.

- ¿Así que vas a salir hoy?- le preguntó su padre al muchacho mientras le servía una taza caliente de café.

-Si. – le contestó el rubio mientras se llevaba la taza a los labios y tomaba un poco de ese líquido que siempre lo hacía despertar. – Debo estar en casa de Sora a las once.

Apenas el chico terminó de decir esto, se dio cuenta de su error. Yamato no frecuentaba mucho las casas de sus compañeros, menos aun las casas de su amigas, así que al ver la cara de sorpresa que puso su padre supo que un interrogatorio le esperaba por delante.

- ¿Sora ah?- dijo Hiroaki Ishida con una sonrisa que no pudo disimular. –Así que vas a ir a su casa.

-A estudiar papá- dijo el chico apurado.- Tengo que hacer un trabajo de historia.

El muchacho tragó saliva esperando que su padre dejara el tema. Porque a pesar de que el Sr. Ishida nunca había mostrado alguna especie de oposición a que su vástago tuviera novia, era muy diferente tener que decirle "hey papá sabes que, tengo una novia increíblemente sexy que me encanta y que por pensar en ella todo el día y noche no puedo dormir", bueno tal vez no se lo hubiera dicho así pero entienden la idea. Así que esperaba que su padre olvidara de lo que estaban hablando para tener un poco más de tiempo para pensar en como le contaría que estaba saliendo con una de sus más queridas amigas.

Hiroaki solo necesito ver a su sonrojado hijo para darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Así que por eso la cuenta del teléfono había subido monumentalmente en estos últimos meses. No podía decir que no se le había ocurrido de que esa fuera la razón, de que su hijo ya no era mas un pequeño y que ya estaba empezando a salir con chicas. El Sr. Ishida sonrió con algo de nostalgia al ver como su hijo se estaba convirtiendo poco a poco en un joven.

Pero no se la iba a dejar tan fácil. Quería hacer desesperar a su hijo un poco más, después de todo no era de todos los días que veía a su benjamin todo sonrojado por una chica. Además era el deber de su padre avergonzarlo con charlas y preguntas de este tipo. El Sr. Ishida sonrió y prosiguió a hablar.

-Bueno no regreses tan tarde de tu cita. Trataré de estar aquí de regreso para la cena. ¿Y Yamato?

El rubio alzó la mirada con cierto temor, ese era el tono que su padre empleaba siempre antes de decir un comentario fuera de lugar que hacía que se incomodara al cien por ciento. Esperaba que esta vez estuviera equivocado.

- Siempre usa protección.

El muchacho se atragantó con el café que estaba tomando produciéndole una tos que hacía parecer que sus pulmones se le iban a salir en cualquier momento. Yamato enrojeció a más no poder, no solo porque casi muere de asfixia sino también por el comentario de su padre. No podía creer que él había dicho eso.

El muchacho alzó la vista intentando controlar su tos y abrió la boca para refutar lo que su padre le había dicho, sin embargo Ishida mayor se le adelantó y habló primero.

- Pero creo que primero deberías cambiarte esos pantalones, ya sabes por la mancha en el medio.- dijo el hombre haciéndole señas a su hijo con los ojos para que se percatara de lo que decía.

El muchacho bajó la vista a sus pantalones para nuevamente ponerse rojo. El chico estaba empezando a pensar que era un milagro que su rostro no hubiera explotado de tantas veces que este había enrojecido en menos de veinte minutos. IN-CO-MO-DO.

Y con eso el Sr. Ishida se marchó, dejando a un pobre Yamato totalmente avergonzado, con ganas de que se lo hubiera tragado la tierra y mucho más nervioso de lo que ya estaba de ir a la casa de su querida pelirroja.


En su departamento Sora se había asegurado de que todo estuviera limpio y en orden. No fue mucho trabajo ya que su madre era una mujer con un amor increíble hacia la limpieza y los quehaceres del hogar.

Apenas había regresado de su práctica de tenis, la muchacha se había dado una rápida ducha y se cambió de ropa (no sin antes probarse cuatro combinaciones para decidirse por la primera opción que se había puesto).

También había ordenado su habitación, no es que estuviera pensando en pasar mucho tiempo allí con Yamato, tal vez solo le enseñaría las fotos que tenía en su escritorio, o tal vez se quedaran conversando un rato, pero solo un rato.

Lo que pasaba era que Sora había tomado una decisión. Todo había sido increíble con Yamato en los últimos meses, pero quería hacerle ver que ella también podía marcar los avances en su relación. El había sido el primero en besarla en esa fiesta, el primero en declarársele. Esta vez le tocaba a ella dar ese paso de aumentar la pasión con la que se besaban, tal vez incluso aumentar el tiempo de sus sesiones de besos, y aunque muriera de la vergüenza, debía aceptar que la idea de darle un beso con lengua a un chico no sonaba tan desagradable como hace unos cuantos años. Probablemente y únicamente porque ese chico era Yamato.

La muchacha regresó a la realidad cuando se percató de que el timbre había sonado. Sintió como su estómago dio un vuelco al escuchar el mismo ruido por segunda vez. Es que una cosa era pensar lo que iba a hacer esa mañana y otra muy diferente era hacerlo, y en lo que respecta a su relación con Yamato ella aun sentía cierta vergüenza en considerar ir siquiera mas lejos de lo que habían llegado, que no era mucho.

La pelirroja se miró rápidamente en el espejo antes de llegar a la entrada. Los nervios hacían que sintiera fuertes sacudidas en su estómago. El timbre sonó una vez más.

La chica caminó hacia la puerta mientras fragmentos de la conversación que había tenido con Mimi aun se repetían en su cabeza. No podía negar que desde esa llamada telefónica sus normales nervios que sentía cada vez que salía con Yamato se habían duplicado, mejor dicho triplicado. La pelirroja tomó aire tratando de calmarse y abrió la puerta.

Y ahí estaba él. Tan apuesto como siempre. Apoyado en el marco de la puerta. Era como si el ni siquiera lo intentara. Esa sonrisa de medio lado tan característica suya plasmada en su rostro, que siempre la hacía sentir mariposas. Esta vez no fue la excepción.

La chica sonrió al verlo ahí, le encantaba cuando Yamato sonreía así solo para ella. Porque esa sonrisa era solo de ella y nadie más. Todos los nervios y tensión se esfumaron por un momento.

El muchacho sonrió aun más al ver a su novia parada en frente de él. Nunca se iba a cansar de verla. Tenía que reconocer que esa chica se había ganado un espacio muy especial dentro de su corazón.

Ya ni siquiera recordaba por que había estado tan nervioso en el camino hacia su casa. Hasta ese momento.

Ese momento cuando la pelirroja hizo lo que siempre hacía que Yamato perdiera la razón: Se mordió su labio inferior.

Y para el rubio esa acción fue el detonante para despertar ese fuego tan familiar últimamente dentro de él, que lo hacía querer abalanzarse encima de la muchacha y poner en práctica su particular sueño de la noche anterior.

La chica se quedó mirando al rubio por un instante. Normalmente este era el momento cuando él le decía algo como estás muy bonita hoy o como has estado, para luego darse ese corto beso con el que habían empezado a saludarse cada vez que quedaban en salir a algún sitio. Pero el rubio seguía mirándola, fijándose específicamente en sus labios. La mirada tan intensa de su novio la hizo sentir que sus rodillas cederían en cualquier momento y que terminaría en el piso. La muchacha intentó respirar para calmar así ese revoloteo incesante en su estómago.

La pelirroja esperaba el beso inminente que le seguía a los momentos cuando Yamato se quedaba viéndola por mucho rato. Pero nada pasó. Sora abrió la boca para decir algo pero prefirió quedarse callada. Su novio estaba un poco raro esta mañana.

El muchacho se revolvió en su lugar tratando de sacar de su cabeza todos esos pensamientos un poco inapropiados para la ocasión que estaba teniendo. Por el bien de Sora y de su propio juicio terminaría de hacer ese trabajo de historia lo más rápido posible para poder irse a su casa y darse una ducha bien fría.

- ¿Yamato estás bien?- le preguntó Sora con cierto tono de preocupación en su voz.

- Si. Lo siento, me desconecté por un momento.- le contestó el muchacho aun un poco hechizado por la chica que tenía en frente y la montaña rusa de sensaciones que esta le había provocado.

La pelirroja solo sonrió. Y esperó ese tan anhelado beso de saludo. Pero nuevamente no llegó.

La muchacha clavó su mirada en la del rubio, preguntándole que pasaba. El muchacho solo se limito a reír nerviosamente. Que mas hubiera querido que besarla en ese momento, pero con todos los comentarios y consejos de sus amigos aun dándole vueltas en la cabeza, sin contar con el reciente sueño tan vívido que había tenido, no quería arriesgarse a echarle fuego a algo que ya se había despertado dentro de él y después no poderse controlar. Porque sentía que si apenas rozara a su novia no podía asegurarse que no haría algo que después lamentaría.

-Ehh, ¿Entramos entonces?- preguntó el chico tratando de que su voz sonara normal, a pesar de los vuelcos que sentía en su estómago.

La chica se sorprendió un poco. Desde que habían empezado a salir Yamato nunca desaprovechaba una oportunidad para besarla, y ahora pasaba de ella. ¿Qué estaba ocurriendo?

La pelirroja se hizo a un lado indicándole al rubio que entrara. ¿Por qué Yamato estaba tan raro?

El muchacho entró al departamento. Era muy bonito, mucho más grande que el de su padre. Además que no habían pilas de ropa sucia en cada rincón ni habían platos sucios sobre la mesa del comedor. Las paredes estaban adornadas con cuadros muy hermosos, y había un estante donde se encontraban varias placas que Yamato suponía eran del Sr. Takenouchi, además de unas fotos de Sora cuando era pequeña. Se acercó un poco para verlas más de cerca.

Nunca había entrado mas allá del recibidor de la casa de Sora, esta era la primera vez, y le dio gusto ver que esa casa reflejaba totalmente lo que ella era. Armonía y felicidad. Tal vez lo que necesitaba para dejar de sentir todas esas sensaciones y emociones que lo asfixiaban era concentrarse en otra cosa. Por lo menos lo había logrado por el momento concentrándose en lo acogedor que lucía ese departamento.

El chico se volteó y se encontró con una pelirroja con el ceño fruncido mirando a un punto fijo en el espacio, pero no concentrada en el momento. Eso quería decir que Sora estaba pensando, es decir estaba intentando recordar algo, y por la forma que había tomado su entrecejo lo más probable es que no hubiera tenido éxito en su intento de recordar.

El rubio decidió romper el silencio y tuvo una brillante idea, según el. Se acercó lentamente a la muchacha y cuando esta empezó a reparar que el rubio estaba caminando hacia ella, el muchacho le gritó: BUUUU!

Sora dio un paso hacia atrás y casi se tropieza con la alfombra del piso. La pelirroja golpeó al rubio fuertemente en el brazo, y este solo atino a sobarse el lugar donde probablemente luego tendría un moretón.

-¡Yamato Ishida! ¡Odio que me asustes así!- dijo la muchacha enfada aun dando pequeños golpes al brazo de su novio.

El rubio a pesar del dolor que sentía en su hombro sonrió por haber hecho enojar a su querida novia. La pelirroja no tuvo más remedio que sonreír también. Ese muchacho podía ser un tonto a veces, pero siempre le sacaba una sonrisa.

- ¿Me vas a decir en que estabas pensando?- le preguntó Yamato a la pelirroja. – Por un momento pensé que te habías ido a Marte o algo por el estilo.- terminó diciendo el chico sonriendo burlonamente.

La muchacha se llevó las manos a las caderas y contestó. -¿Tu me vas a decir por qué estabas tan raro en la puerta?

El chico tragó grueso al escuchar esa pregunta.

- No estaba raro. Estoy igual que siempre- intentó disimular el muchacho mirando al piso.

Sora lo observó por un momento. Seria mejor dejar el tema ahí, o sino el también querría saber en que era lo que ella se había quedado concentrada pensando. Y ni en un millón de años le iba a decir que era porque estaba intentando recordar algún momento en que hubiera hecho que su Yama no quisiera besarla nunca más.

Así es, Sora Takenouchi se había armado un drama en su cabeza donde su rubio no la quería besar más y sus labios se volverían piedra por falta de uso. De acuerdo, era un poco infantil, pero de todas maneras le preocupaba que su novio ni siquiera había mostrado indicios de quererla abrazar o besar en lo que llevaban de tiempo en su departamento. Porque si el chico no la quería besar, eso sí que sería un gran problema para lo que ella tenía pensado hacer.

La chica decidió que tendría mucho tiempo luego de terminar de hacer el ensayo de historia para poner en práctica lo que Mimi le había contado por teléfono, eso si esperaba no ser un desastre y luego morir por la vergüenza si es que no lograba besar a su rubio de la manera que ella quería.

-Bueno entonces, ¿te parece si comenzamos con el trabajo de historia?- preguntó la pelirroja entusiasmada por lo prometedora que parecía esa tarde, olvidando así el raro comportamiento de su novio.

El muchacho solo asintió, aun confundido por el cambio de humor de su novia.

Sora se acercó a uno de los escaparates donde había una infinidad de libros de todos los temas, y empezó a buscar el que Yamato necesitaba para hacer su tarea.

Pero para su mala suerte este se encontraba en el ultimo piso de esa tan alta repisa, y aunque Sora no era baja, esta tuvo que ponerse en puntillas para poder alcanzar el tan preciado libro, haciendo que su blusa se levantara un poco dejando visible parte de su espalda baja.

El muchacho otra vez sintió ese conocido calor recorrerle. Hace treinta segundos había olvidado todo lo relacionado a tocar a su novia, pero es que la muchacha tenía ese efecto en él, de hacer que por momentos no pudiera enfocar su atención en otra cosa que no fuera ella, en especial en eso lapsos donde dejaba expuesta alguna parte de su tersa piel. Porque sentía que no podía despegar su vista de esa tez bronceada que se asomaba por debajo de su blusa, expuesta para que solo él la pudiera ver. Y lo peor era que ella ni siquiera sabía lo que estaba produciendo en el muchacho.

Yamato se acercó rápidamente a la pelirroja para ayudarla a bajar ese libro, mas por inercia y por querer tenerla cerca que por cualquier otra razón, aunque aun había una parte despierta en su cerebro que le hizo recordar que él debía ser caballeroso y ayudar a su novia en esta proeza.

El chico se paro detrás de la muchacha y alzó su mano para tomar el libro, y al hacerlo su mano rozó el brazo de la pelirroja, que no se había percatado de que su novio estaba detrás de ella. Sora se volteó y al momento de hacerlo Yamato bajó su mano y accidentalmente le rozó uno de sus senos. La muchacha abrió la boca por la sorpresa y se sonrojó inmediatamente, tanto que sus mejillas casi se podían comparar con el color de su cabello.

Los ojos del muchacho prácticamente se salían de su lugar por la sorpresa. No sabía que hacer. No lo había hecho a propósito aunque no negaba que había sido el accidente más increíble que había tenido. El solo se limitó a ponerse tan rojo como su novia y murmurar un quedo lo siento.

La muchacha respiró unas cuantas veces intentando calmar los agitados latidos de su corazón. Por la cara de bochorno que tenía Yamato, estaba segura que esto no había sido a propósito, simplemente había sido un accidente. Respiró unas cuantas veces más antes de decirle al rubio que todo estaba bien. Si ella estaba muerta de la vergüenza, probablemente el rubio la estuviera pasando mucho peor. Sora caminó hacia el sofá de la sala esta vez ya con el libro en la mano y le hizo un gesto a Yamato para que se sentara con ella.

El rubio caminó lentamente hacia la muchacha para luego tomar asiento en la parte mas alejada del sofá. No quería otro de esos accidentes de nuevo, porque estaba más que seguro que el próximo no sería un accidente, así que prefería mantenerse al margen por el momento, por nada del mundo quería hacer que Sora se sintiera incómoda.

La pelirroja carraspeó un poco y comenzó a hablar.

-Bueno, este libro tiene toda la información para hacer el ensayo. Creo que deberíamos leerlo para subrayar las partes más importantes y luego escribir el informe.

El muchacho solo asintió con la cabeza, no confiando aun en que su voz sonara normal si es que hablaba.

-De acuerdo, aquí dice que el capítulo dos es sobre las causas que llevaron a la Revolución Francesa. Así que puedes comenzar por allí.- Sora le entregó el pesado libro al rubio y este lo tomó, eso si evitando en cualquier momento siquiera rozar los dedos de su novia.

Luego de una media hora de leer, subrayar y de escribir, al fin parecía que el "incidente" había quedado en el olvido y los muchachos se estaban concentrando específicamente en el ensayo que el rubio debía terminar.

-Ehh, Sora. Estas hojas están pegadas. Creo que si las separo se romperán.- el muchacho miró a su novia y esta muy preocupada por el grito que su padre daría si alguno de sus preciados libros se dañara, le arranchó el libro de las manos al rubio para revisar muy minuciosamente que era lo que había pasado.

La muchacha observó esas hojas y con mucho cuidado intento desunirlas, pero para su mala suerte movió muy rápido el papel y se cortó el dedo con el borde de la hoja.

-¡Ouch!- dijo la pelirroja mientras se llevaba el dedo a la boca. El sabor a sangre le hizo caer en cuenta de que debía curarse esa herida sino quería dejar manchas rojas por todo el libro de su padre.

-¿Sora estás bien?- el rubio se acercó a la muchacha para examinar que era lo que le había ocurrido. – Déjame ver.

- No –le contestó la chica aunque no se le entendía muy bien ya que tenía el dedo en la boca. -Me salió sangre, así que necesito que me traigas algodón y una banda para mi dedo. Están en el baño del pasillo, debajo del lavabo.

El rubio fue corriendo a donde la muchacha le había dicho, tomó todas las cosas y regresó a la sala. Se sentó al lado de su novia, puso el libro en la mesa de centro y le hizo un gesto a la muchacha de que le enseñara el dedo para poder curárselo.

La chica estiró la mano y la puso encima de la de Yamato. El chico comenzó a limpiar la herida y a colocarle un poco de alcohol.

La chica se removió en el momento en que la sustancio entró a la cortada. Alzó la vista y se encontró con la del rubio, este le dedicó un dulce sonrisa haciéndola sentir segura de que el nunca dejaría que algo malo le pasara.

Yamato siguió con su labor muy concentrado, mientras la chica enfocaba toda su atención en el muchacho que tenía en frente. Era muy suertuda en haber encontrado un chico como Yamato, él siempre se preocupaba por todos los que estaban a su alrededor aunque no siempre lo demostrara, cuidaba de las personas que lo querían y siempre sacaba su lado dulce cada vez que estaban juntos, ese lado que estaba reservado especialmente para ella. Sora sintió las mariposas nuevamente en su estómago, pero no eran nervios, era algo más. Sentía una especie de calor en su pecho que la hacía sentir completa y totalmente feliz de estar así con el chico que ella tanto quería.

La chica sonrió y se fijó en el serio rostro de su novio. El rubio terminó de colocar la banda adhesiva en el dedo de la pelirroja y alzó la vista. Al hacerlo se encontró con dos rubíes que lo miraban fijamente, esos ojos que podía observar todo el día, estaban tan llenos de paz, alegría y algo más que no podía descifrar en ese momento. Una sonrisa dulce y sincera adornaba el rostro de la muchacha, lo que hizo que se olvidara de cómo respirar por un momento.

La pelirroja se acercó tímidamente al rubio. El no podía despegar su vista de ella, esa sonrisa que la chica le estaba dedicando hizo que su corazón latiera más rápido que de costumbre. Sora le acarició la mejilla suavemente, como cuando Yamato la acariciaba a ella. El muchacho no podía moverse, Sora tenía ese poder sobre él. La mirada de la chica desbordaba felicidad y una fuerte determinación. Ambos se quedaron mirando en una especie de trance. Rojo y azul en un duelo de miradas.

La muchacha acercó su rostro al de su novio y él cerró los ojos por inercia. Se quedaron así por unos segundos, escuchando y sintiendo la agitada respiración del otro, hasta que Yamato no pudo aguantar más y besó a la pelirroja. Fue un beso cargado de pasión y de electricidad. Nunca se habían besado así. Yamato movía sus labios frenéticamente sobre los de la muchacha, y esta no se quedaba atrás. Era como si ambos habían estado esperando ese momento, ese beso que los hiciera estremecer hasta el más profundo rincón de su ser, porque ninguno de los dos demostraban señales de que querían parar pronto, a pesar de sus pulmones pedían aire a gritos.

La chica se separó apenas de los labios del muchacho para tomar aire y volvió a su tarea. Ella no se quedaría atrás esta vez. La chica sabía que era lo que tenía que hacer, lo había repasado en su cabeza mil veces. Así que era ahora o nunca.

El muchacho estaba extasiado besando a la pelirroja. Esto era mucho mejor que en sus sueños. Yamato llevó una de sus manos al cabello de su novia para acariciarla, le encantaba poder tenerla así, tan cerca de él.

Sora sentía como si su corazón estuviera a punto de salírsele del pecho. No podía decir que sus anteriores besos con Yamato no habían sido increíbles, pero sin duda este se llevaba el premio. La manera en como el muchacho la sostenía por la cintura y le acariciaba el cabello, hicieron que la pelirroja soltara un sonido que antes nunca había escuchado.

Yamato separó sus labios de los de la muchacha por una milésima de segundo. Escuchar a Sora suspirar así no podía ni comparársele a sus más alocados sueños. El muchacho la volvió a besar con mayor entusiasmo, pero lo que ocurrió después fue lo que lo dejó totalmente en jaque.

Sintió como la tímida lengua de su novia delineaba lentamente su labio inferior. Si ya se sentía extasiado por la manera en que se estaban besando, ahora sentía que nunca iba a poder parar.

El muchacho abrió su boca, simplemente por reflejo, porque la verdad tenía que aceptar que no sabía qué era lo que estaba haciendo. Y sintió como su lengua tocó ligeramente la de la muchacha.

Esto era el cielo. Podía jurar que había muerto y se había ido al cielo. O al infierno tal vez, por todo el calor que sentía en ese momento.

Sora agradecía que estaban sentados, porque si no hubiera sido así estaba más que segura de que se hubiera estampado en el suelo. Parecía que todo su cuerpo había dejado de funcionar, con excepción de su loco corazón que latía como nunca antes.

Yamato no se podía creer lo que estaba haciendo. Tantas veces que había visto a esas parejas empalagosas metiéndose la lengua, lo habían hecho estar seguro que hacer eso sería lo más asqueroso y antisanitario del mundo. Pero ahora que su querida Sora parecía muy interesada en esa actividad, no podía estar más de acuerdo en seguirle la corriente.

La muchacha lo besaba con una pasión desbordante. No podía creer que habían pasado tanto tiempo sin hacer esto. Rayos! Su amiga tenía razón. Esto no era para nada desagradable.

El rubio volvió a tocar la lengua de su novia y esta se estremeció nuevamente, haciendo un pequeño gemido que descolocó completamente al muchacho.

Tenía que aceptar que esta había sido la mejor sesión de besos que había tenido con su novia. Las lenguas de los jóvenes se volvieron a juntar produciendo así un nuevo gemido que hizo que Yamato la apretara más cerca a él.

Sora no podía dejar de probar los labios de su novio. Eran como una droga que no podía dejar de tomar. La manera en como él la besaba y sus manos acariciaban lentamente su espalda la hacían sentir como si estuviera en fuego. Pero un fuego que solo se apagaba si estaba cerca del muchacho. La pelirroja lo besó nuevamente, pero esta vez de una manera pausada y cargada de sentimiento.

El rubio fue el que suspiró esta vez. Esa muchacha podía hacer que perdiera la razón por momentos. Y poder tenerla cerca de él era todo lo que el necesitaba para ser feliz. No tenían que ser la pareja que su mente adolescente le presentaba en sus eróticos sueños, era suficiente con poder abrazar a su novia y besarla así, porque sabía que era todo lo que necesitaban por el momento, nada más.

Yamato se separó de Sora terminando así esa sesión de besos que los había dejado a ambos con una sensación de cosquilleo por todo el cuerpo. Al ver el sonrojado rostro de su novia y sus hinchados labios no pudo evitar sonreír. Era hermosa.

El rubio tomó de las manos a su novia y le besó la herida de su dedo. La chica sonrió por la escena, Yamato era siempre tan dulce con ella. Sora acaricio lentamente la mejilla del muchacho.

Ambos se quedaron mirando y sonriendo, porque era todo lo que ellos necesitaban. Estar juntos en esos momentos era lo que lo hacía especial, no la intensidad de su relación, sino poder confiar plenamente en el otro y saber que se iban a cuidar mutuamente.

Por ahora era todo lo que necesitaban, abrazarse y sentir la proximidad del otro. Solo eso. Ya tendrían tiempo para preocuparse de otras cosas. Luego.


¿Que les parecio?

Yamato y Sora ya estan creciendo, era normal que ciertos pensamientos se le pasaran por la mente del rubio, pero como ven es un caballero ante todo. Y la pequeña Sora, que ya no es tan pequeña, ha empezado a tomar riendas en el asunto de su relacion con su hermoso novio.

Asi que veran como se sigue desarrollando esta pareja en el siguiente capitulo, que vendra despues?Nuevas situaciones y personajes se uniran a esta historia, y prometo solemnemente publicar tan pronto como termine de escribir.

Siempre me gusta saber que opinan de los capitulos asi que dejen sus reviews, :) se los agradezco

Bueno sin mas, hasta la proxima transmision!

dedee