Niña mala

Kotomi recuerda vagamente a su madre paseándole por la zona comercial de la ciudad, en tanto sus ojos se posaban en los escaparates con indiferencia. Hasta que llegaron a una tienda donde vendían instrumentos musicales y allí, saludándole, estaba ese violín primero que descansaría sobre su hombro durante varios años, antes de romperlo accidentalmente en un ataque de cólera. Pudo haberle pedido otro a su guardián, pero odiaba ser una niña mala, se detestaba por haberle negado al mundo el regalo de sus padres y se sonrojaba de solo pensar en enfrentarlo. Por eso, el instrumento que sus amigos le han dado es doblemente valioso y lo agradece tanto que cree que su corazón va a estallar de un momento a otro.