Hola! Estoy encantada de formar parte activa de fanfiction aunque sea mediante una ADAPTACIÓN. Espero que os guste y disfrutéis de ella.

Como he dicho esta historia no es mía y los personajes tampoco lo son… la trama pertenece a Chloe Cole y los protagonistas a Stephanie Meyer.

La historia tendrá alto contenido sexual… por eso desde un principio aviso y digo que quien no quiera se abstenga de leer los demás sois bienvenidos y claro esta si eres menor de edad no te puedo obligar a no leer pero sabes que será enteramente bajo tu responsabilidad

Desde la escuela secundaria, Bella ha sido una chica muy buena. Cediendo a los deseos de su madre, ella se transforma en una simple chica, ocultando su sexualidad floreciente, ya que los chicos sólo deseaban una cosa. Pero, una parte de ella que esta oculta y que no puede enterrar, anhela algo más.

En la prisión de Forks está encerrado durante treinta días Edward Cullen, por una pelea en el bar, el solo quiere cumplir su condena y salir, hasta que recibe una visita de la Oficial Isabella Swan. Él ve en ella una mujer ardiente en su interior, y no se detendrá hasta conseguir esa parte que ella oculta.

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Isabella Swan se paró frente al espejo de su habitación, hizo una mueca de dolor cuando aplasto sus pechos 95 en un sujetador 85C. El sujetador que no era realmente de color blanco sino como el color del queso cottage, era horrible. Ella supuso que era casi tan cómodo, como era de esperar, dado que su función primordial era aplanar los senos poco favorecedores.

Se puso unas pequeñas braguitas negras de encaje. Las sexy bragas eran su indulgencia. Nadie sabía, pero eran su pequeña rebelión que la hacía sentir mejor, como si alguna parte de ella estuviera bonita, aunque nadie pudiera verlo.

Rápidamente se puso una conservadora camisa azul oscuro y los pantalones azul marino a juego que intencionalmente se había comprado dos tallas más grandes. Para completar el uniforme se puso el sombrero azul marino sobre su larga cabellera oscura y que los zarcillos estuviesen apretados firmemente. Metódicamente se ató el cinturón, se puso el bastón de mando en la funda y se fue corriendo por las escaleras, comprobando en su bolsillo su tarjeta de identificación camino abajo. Cogió las llaves y se calzo los absurdos zapatos de suela gruesa, y se dirigió a la puerta.

Bella hizo el trayecto en quince minutos, estacionándose en la prisión del pueblo de Forks. Se miró en el espejo retrovisor por última vez, se puso los anticuados lentes de carey y se dirigió hacia el interior del gran edificio gris al Bloque C, asintió con la cabeza y saludo con la mano a varios de sus compañeros de trabajo predominantemente masculinos, que apenas le daban una mirada. Entro en la sala de control cuando el sargento Jacob Black salió.

—Hola sargento.

— Hola Bella ¿Cómo te va? — respondió el con una sonrisa fácil.

— Bastante bien. ¿Cómo están los niños hoy? — pregunto refiriéndose a los reclusos que supervisaban. Ellos no solían tener problemas con los presos en el condado de Forks. La mayoría estaba allí, por violar la libertad condicional o faltas menores y cumplían condenas cortas.

— Tranquilos, no mucha acción. Esperamos que se comporten esta noche. Tienes un chico nuevo en 742, por pelear en un bar, tipo grande, pero no ha dado ningún problema hasta ahora.

Con eso se acercó y le dio las llaves del bloque. El firmo su salida de su día y ella de entrada, para comenzar su turno de ocho horas.

—Te veré mañana, se buena. — dijo Jake con un guiño y dejo el cuarto, cerrando detrás de él.

Realmente le gustaba Jacob. Era un tipo realmente agradable y él estaba presionando para que la promovieran a sargento cuando hubiera una vacante.

El padre de Bella había sido oficial de policía durante treinta años, antes de retirarse. Ella esperaba seguir sus pasos mediante la obtención de una posición en la codiciada Unidad de homicidios. Por el momento, estaba trabajando como oficial correctivo en la noche e iba en la escuela de posgrado durante el día para obtener su maestría en la justicia penal. El grado, junto con su experiencia en la cárcel y con suerte, su ascenso a sargento, aseguraría su largo camino hacia la carrera que ella quería.

Se sentó, mirando las cámaras. Todo estaba como debería de ser. Todos los presos estaban confinados en sus celadas de lectura, escribiendo cartas o durmiendo una siesta. Miro a la cámara de la esquina que le daba la vista de la celda 742. El nuevo prisionero estaba en su cama, acostado con las manos cruzadas detrás la cabeza. Mientras miraba, el comenzó a hacer abdominales. Ella apretó un botón, para acercar la imagen.

Dios, era magnifico. La piel clara, hombros anchos, los muslos como troncos de un árbol. Amplio más la imagen, mordiéndose el labio. Él estaba todo duro, con la cara tensa y Bella embelesada mientras él seguía haciendo abdominales por cinco minutos completos, le dolía el estómago con solo observarlo. Sus abdominales deben ser como una piedra, pensó.

El preso se detuvo bruscamente, se sentó, se desabrochó la camisa y la tiró sobre la cama. El corazón de la chica comenzó a latir un poco más rápido cuando vio su pecho y brazos desnudos. Si él había parecido caliente con su camisa, sin ella estaba que incendiaba. Un brillo de luz de sudor cubría su piel. Los músculos finamente esculpidos cortados con líneas verticales a ambos lados de su estómago, desaparecían en los pantalones de algodón azul claro colgados precariamente bajo sus caderas. Ella tragó saliva, con la garganta seca de repente.

Él se puso de pie, volviéndose hacia la cama. Bella silbaba bajo su respiración mientras ponía su vista en su espalda desnuda. Delicioso. Los amplios hombros, afilados abajo en una cintura delgada, y un culo tenso y jugoso.

La cara de Bella se quemó. Ella tomo un respiro tembloroso y trato de calmarse. Ya no era más esa persona, la niña traviesa que albergaba pensamientos enfermos y oscuros deseos. Ahora estaba en un camino diferente, uno que conducía al cumplimiento y estabilidad intelectual. Su deseo sexual desenfrenado pero no correspondido había hecho nada más que causarle dolor.

flashback

Isabella había tenido una especie de florecimiento tardío. A lo largo de un verano sus pechos habían surgido grandes y pesados, sus piernas juguetonas se convirtieron en bien torneadas, y sus mejillas suavemente redondeadas tomaron una forma más delgada.

Su madre, Rene, se había horrorizado cuando vio el cambio. En su pánico, le había agarrado a Bella su larga melena y le había hecho un corte aserrado, al mismo tiempo refunfuñando en voz baja acerca de la vanidad y los muchachos que sólo quieren "una cosa". Sin embargo para consternación de Rene, el corte no hizo nada para menoscabar el encanto de su hija, solo acentúo su cara en forma de corazón.

Determinada a mantener a su hija a salvo de los hombres, tiro toda la ropa de Bella y obligo a la muchacha a utilizar la ropa más anticuada que pudo encontrar, insistiendo en que ocultara sus pechos y minimizara su atractivo.

Pronto todos se olvidaron de que Bella había sido algo especial y volvieron a sus propias vidas. Pero mientras ella podía domar su apariencia, no podía dominar su curiosidad. Ya que su madre apenas le permitía salir de la casa y tener un novio estaba fuera de toda cuestión, ella aprendió sobre el sexo por Internet. Estaba fascinada, no, cautivada, y mirar sin tocar se convirtió en algo insoportable impulsándola a tientas a masturbarse con sentimientos de culpa. Nunca podía olvidar las advertencias de su madre, recordándole constantemente. "las chicas buenas no hacen eso".

fin flashback

Y las chicas buenas sin duda, no mirarían a los chicos malos medio desnudos hacer ejercicios.

Con un suspiro de pesar, se volteo decididamente fuera de la visión de la cámara destinada a la celda 742 y su delicioso habitante y comenzó hacer unos trámites de traslados que deberían hacerse al día siguiente, pasando el tiempo hasta la hora de la comida.

Cuando dieron las cinco de la tarde, se encontró con su compañero de sección, Riley Biers, que trabaja al otro lado del bloque C, estaba permitido que las mujeres trabajaran en el bloque de los hombres, el director siempre se aseguraba de que si había una mujer trabajando en un lado del bloque, hubiera un hombre del otro lado. Isabella no sabía si sentirse aliviada o molesta por el doble significado, por lo que optaba por ignorarlo.

Una vez que sonó la campana de la cena, ella y Riley tenían que ir a todas la celdas y abrir las puertas para los presos. Juntos, caminaban cuidando a los reclusos que iban en línea hacia la cafetería y velar por ellos mientras comían. Entonces, los llevaban a las celdas de recreo para que vieran televisión o el computador.

Como Riley caminaba de un lado del bloque, ella iba por el otro, acercándose a la celada 742. El estómago le dio un salto, buscando la llave e insertándola.

Hola señor Cullen. — grito ella leyendo su nombre en el portapapeles. Soy la Oficial Swan, sal para comer.

Claro que si Oficial. — dijo una voz profunda pero aterciopelada que arrastraba las palabras, desde el más lejano rincón de la pequeña habitación. Se puso de pie y se movió hasta quedar a la vista por completo.

El aliento de ella quedo atrapado por completo en su garganta, cuando lo vio de cerca, Era alto. Ella mantuvo la mirada de firmeza en su rostro para evitar babear. Cuando él la miro, con los ojos entrecerrados, parecía que se tomaba su tiempo mirando su uniforme mal ajustado, desde su sombrero hasta sus sensible zapatos hasta que su cálida mirada se posó en su rostro. Después de mirar sus labios por un momento largo, le dedico una mirada sardónica que desapareció tan rápido como había llegado.

— Me gusta su uniforme, Oficial. — dijo con expresión grave.

— Gracias. — contesto, una descarga de ira dio color a sus mejillas. — Me gusta también el tuyo. El azul de la prisión es tu color. Ahora basta con la charla. Vayamos a la comida, ¿de acuerdo?

Ella giro en sus talones y se dirigió a la siguiente celda, dejando a Cullen para que tomara la parte de atrás de la fila Podía jurar que sentía la caliente mirada de Edward Cullen en la espalda mientras se alejaba y se maldijo por desear que sus pantalones le ajustaran mejor.