La historia es una ADAPTACIÓN tendrá alto contenido sexual… por eso desde un principio aviso y digo que quien no quiera se abstenga de leer. Los demás sois bienvenidos y claro esta si eres menor de edad no te puedo obligar a no leer pero sabes que será enteramente bajo tu responsabilidad y tu elección

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Cuando Bella volvió su atención a vestirse, se dio cuenta que sus manos seguían temblando, sus piernas se sentían como gelatina y se sentía maravillosa, como si le hubieran quitado ochenta libras de los hombros. Años de tensión, se habían ido. El sexo había sido irreal. Justo lo que siempre había esperado y soñado que sería antes de que su madre la hubiera convencido de lo contrario. Ahora, se sentía asustadiza como una colegiala con su primer amor o algo igual de tonto. Se comprimían fuertemente sus emociones, mentalmente castigándola. Romantizar este encuentro no era el camino a seguir. Ella se movió para enfrentar a Edward. Tomo una respiración profunda.

— Escucha, no quiero que se convierta en más de lo que es… y lo que ha pasado esta noche — Ella lo miro por confirmación.

— Lo que tú digas. — él arrastro las palabras mientras se limpiaba y se deslizaba en sus pantalones de nuevo.

Ella trato de no mirar su cuerpo, pero era un ejercicio inútil. Su pecho y estomago desnudos eran tan fuertes y definidos. Su cara se calentaba a medida que sus dedos maniobraban su polla todavía dura en sus pantalones antes de abrocharse la bragueta. Ella saco su lengua para humedecer sus labios secos, levanto su mirada y se dio cuenta de que él la estaba mirando. Sus ojos estaban fundidos como el mientras la miraba.

— ¿Segura que no te puedes quedar hasta mañana? — el pregunto, su voz sonó como si acabara de tragar vidrio. — Incluso te haré el desayuno.

¿Maldita sea, porque tenía que ser tan sexy y tierno? Ella tendría que mantenerse firme de una manera u otra. Pero esta noche le había demostrado que él era especial. Él se había arriesgado a pelear en el bar para defender su honor, pero estaba bastante seguro de su virilidad para dar un paso atrás y dejar que ella se defendiera cuando quiso. Luego, la había hecho volar con el sexo. Y ahora se estaba ofreciendo a cocinar para ella. ¿Qué más se puede pedir?

Pero era un chico malo. Bella sabía que era cierto tanto como sabía su propio nombre. Ámame y déjame Edward. Y maldita fuera si se enamoraba de él y dejar que la dejara. Prefería ser la que lo dejara y mejor hacerlo ahora, mientras todavía tenía fuerza de voluntad.

— Eso es una gran oferta, pero me temo que voy a pasar.

— ¿Muy bien, entonces que tal un beso de despedida antes de acompañarte afuera?

En contra de su mejor juicio, se encontró asintiendo con la cabeza.

— Está bien. Un beso.

Ella tenía el pelo alborotado, las mejillas rosadas y los labios hinchados. Y algo marco en él cuando la vio con la ropa puesta, preparada para salir de su vida. No iba a dejarla ir. Bella no iba a llevar a cabo su plan. En la mente de ella, ellos tuvieron una aventura y ya había acabado. Ella tenía que tomar de su más fuerte voluntad para esperar salir de ahí. Porque él iba hacer todo lo posible para hacerla cambiar de opinión. Haría lo que fuera necesario para pasar más tiempo dentro de Isabella Swan. No solo en lo físico, cosa que no había experimentado con ninguna mujer antes, pero realmente ella le gustaba. Era divertida, tenía coraje y buena persona. El sería un tonto si la dejara escapar. Y Edward Anthony Cullen no era un tonto.

Ella camino hacia él por su beso de despedida y el la jalo cerca. Tomando su barbilla con la mano, la beso suavemente en la frente, luego rozo con sus labios sus parpados, la nariz, las dos esquinas de su boca. Y ella dejo escapar un suave "hmm". Presiono sus labios contra los de ella y ella se derritió. Deslizo sus manos sobre los hombros de ella, por su clavícula, sobre sus pechos. Hizo una pausa por un instante, tocando con el pulgar sus pezones hasta que se pusieran duros, paso por la cintura, luego permitió que sus manos llegaran a sus caderas. Él se arqueo hacia adelante, restregando rápidamente su engrosada verga contra su hueso púbico y gimió en la boca de ella. Ella se inmovilizo y gimió cundo él se inclinó y deslizo una mano por sus rodillas para cargarla en sus brazos.

— Edward… — susurro.

— Sé que te tienes que ir, pero solo un poco más de tiempo, ¿está bien?

El soltó su aliento en alivio al sentir que asentía con la cabeza en su hombro. La acostó en la cama y rápidamente le quito sus jeans. Ella se inclinó hacia él y envolvió su brazo alrededor de su muslo. Levanto su polla y la puso en contacto directo con su esperada boca.

Edward miro la pálida luna cuando ella froto suavemente sus labios contra él hacia adelante y atrás, después ella lo agarro con una mano y abrió los labios de par en par y lo llevo al fondo de su boca.

— Maldición, esto es bueno. — murmuro él mientras le pasaba los dedos por su pelo sedoso.

Ella se apartó y le sonrío. — Me alegra que te guste.

Edward gimió cuando ella lo capturo de nuevo y comenzó a chuparlo duro. Él estaba aliviado de que fuera más fácil ir despacio en esta ocasión, la sesión anterior lo había llevado al borde. Entonces lo tomo profundamente, cerrando su garganta a su alrededor en un sensual apretón y cualquier control se quebró.

Su mano apretó su cabello y la utilizo como ancla cuando ella trabajo fundiéndolo, su boca amamanto su polla con fuerza una y otra vez. El comenzó a bombear sus caderas en contrapunto, follando su boca. El mundo de él se convirtió en un alfiler, su visión se borró y su cabeza grito mientras corría hacia el orgasmo. Ella nunca lo soltó, llego hasta la bolsa de sus bolas con una mano. Con una enorme fuerza de voluntad, él se detuvo con segundos, en su prisa por liberase. ¿Qué demonios fue eso? Se suponía que él debía ganársela, volverla loca. No al revés. Él ya sabía que estaba enganchado. Ahora, él tenía que engancharla.

— Jesús, eso fue…— No podía encontrar las palabras para describir que sexy fue y como lo prendió.

Ella simplemente le sonrío, complacida consigo misma. No era la mirada que él quería. Tenía que volverla loca, hacerla delirar por él, hacerla correrse fuerte, como nunca se había corrido en su vida. Cuando Bella decidió quedarse, decidió que si lo iba hacer lo iba hacer bien. Se preocuparía por las consecuencias mañana, pero esta noche eran ellos dos.

Ella lo miro desde la cama, al parecer tratando de recobrarse y se dio a sí misma una congratulación. Debió haberlo hecho bien. Su euforia se convirtió en anticipación ya que él se subió a la cama y se cernió sobre ella, a horcajadas sobre sus caderas. Agarro la parte inferior de su camiseta y se la quitó, arrojándola a un lado. Ella no se había molestado en ponerse el sostén de nuevo, cuando se volvió a vestir, se estremeció cuando él miro con avidez sus pechos desnudos. Ed se inclinó abajo y metió un pezón en su boca. Ella jadeo cuando él la mordisqueo y la chupo. Respirando el olor almizclado de él, ella alcanzo su cabeza para subirlo, pero el se apartó.

Bella gimió en protesta.

— No me toques. Te estoy tocando yo ahora. — le ordeno.

Ella bajo sus manos a los costados, mientras el inclinaba su cabeza de nuevo a sus pechos y encendió su pezón con la lengua. Ella arqueo la espalda presionándose para que el fuera más profundo. Bella gruño en señal de frustración porque él se hacía para atrás una vez más.

— No, no, no hagas trampas. Quédate quieta o te voy a castigar.

¿Porque la amenaza le causo un chorro de calor entre sus muslos? Él se inclinó una vez más y froto su lengua por los pezones una vez más y otra vez. Luego lo tomo con los dientes, lo golpeo con la lengua. Ella se retorcía debajo de él. Luchando por no agarrar su cabeza otra vez, sabiendo que sería inútil.

— Por favor.

— No hables hasta que yo te diga.

Ella cerró la boca bruscamente, creándole frustración. El señor mandón iba a…

— Buena chica, las buenas chicas reciben premios. — le dijo mientras deslizaba su polla presionándola en contra de su entrada caliente.

Oh sí. Sus caderas se levantaron para encontrarlo, cuando la cabeza gruesa de su verga pulso en su coño. Ella gimió de alivio. Él se apartó.

— ¿Que he dicho? No se permite hablar. Ni moverse. Ahora te voy a castigar. Y si eres buena chica, cuando hayamos terminado, tú puedes montar mi polla. — Sus oscuras palabras y el brutal calor de su tono le envío emociones que se deslizaron a través de ella antes de establecerse en sus caderas.

Edward rodó y paso sus piernas sobre la cama. Sus ojos se encontraron y el hizo un gesto para que subiera en su regazo. Muda, ella se negó con la cabeza.

— Ahora. — grito él, con el rostro tenso. Ella estaba en el precipicio, preguntándose hasta donde lo dejaría ir con este juego, y se dio cuenta de que quería aprovechar la oportunidad al máximo. Ella se puso de rodillas y se arrastró alrededor de él, poniéndose boca abajo encima de su regazo. Su cara quemaba ya que se imaginaba su culo desnudo al aire, pero su humillación inicial se evaporo, cuando sintió su flexible polla debajo de ella. Ella se quedó quieta para no frotarse desesperadamente contra él.

— Bien. — dijo él un momento antes de que su mano le diera un fuerte golpe.

Plaff. Ella se puso rígida, luego gimió cuando él la acaricio con un toque suave, antes de bajar su palma otra vez dura.

Bella trato de separar el dolor del placer. Sus sentidos se calentaron y a pesar que las mejillas de su culo quemaban al contacto, también podía sentir la polla de Edward presionando contra su coño mojado. Plaff.

Trato de no moverse mientras se deslizaba la cabeza de su pene de nuevo por su coño.

Plaff.

Las caderas de él flexionadas, presionando su dura longitud en ella. Ella no podía respirar, no podía pensar. Él le palmeaba el culo y se lo apretaba con firmeza, empalándola más con su pene rígido. Ella tembló por el esfuerzo de permanecer quieta y apretó la cara contra el colchón, para evitar suplicar.

En el siguiente golpe, ella arqueo las caderas casi por reflejo, gimiendo por como el la llenaba tan profundo como pudo desde ese ángulo. Un segundo después ella estaba privada cuando él la quito por completo. Ella sollozaba.

— IsabellaMickey, si vas a seguir desobedeciendo, va ser una noche muy larga. — Estrelló otra vez su mano sobre su culo y comenzó a palpitarle y arderle la carne.

Delicioso.

Edward se preguntó si sabía que se estaba castigando tanto como a ella. El temblaba por el esfuerzo de solamente voltearla y follarla. El necesitaba que ella llegara a un nivel elemental en su mente. Una mujer como ella podía encontrar un millón de hombres que la follaran, él quería estar fuera de eso. Quería tenerla por completo, para que no pudiera compararlo con nadie y ese impulso le dio fuerzas de voluntad sobre humana.

En ese punto de la lección, él tuvo que cerrar sus ojos durante un minuto para excluir el erotismo de tenerla acostada sobre su regazo. Su culo regordete y rosado por sus manos y si él lo miraba por más tiempo iba a explotar y humillarse a asimismo corriéndose fuera de ella y no dentro.

Plaff. Otra nalgada.

Tanto frotaba como apretaba su culo, de nuevo le dio unos centímetros de su polla, deleitándose del calor abrazador, que se cerró sobre él. Ella lucho por permanecer inmóvil, pero su respiración era entrecortada ya que a pesar de sus esfuerzos, su cuerpo temblaba mientras yacía sobre él.

— Buena chica. — le susurro y deslizo sus manos hacia abajo sobre la piel sedosa de su culo, localizando la grieta oscura con un dedo, uniéndolo más abajo. El separo los muslos de ella, donde estaban unidos precariamente, separo sus caderas tirando su pene fuera de ella y lo sustituyo con dos dedos, gimiendo cuando él los empujo en su esperado calor. Las caderas de ella se desplazaron casi imperceptiblemente, él la sostuvo. Ella dejo escapar un gemido ahogado.

— Ahora repite después de mí. — deslizo sus dedos más profundo. — Quiero que.

— Quiero que. — gimió ella

— Te comas mi coño. — continuo él.

Ella gimió y sacudió la cabeza. El flexiono los dedos dentro de ella.

— Yo quiero que comas mi coño hasta que me corra. Dilo o te voy a mantener así toda la noche, justo en el borde.

Ella temblaba y sollozaba y trato de presionar con más fuerza sus dedos.

Ella estaba tan cerca, tan cerca. Él podía sentirlo por la tensión de su cuerpo, el endurecimiento de las paredes de su coño. Saco sus dedos, deslizándola fuera de su regazo, la puso de pie. Se levantó y la tomo en sus brazos y camino hacia el baño principal.

Ella se quedó sin aliento. — ¿Que estás haciendo?

Él la sentó en la repisa y encendió las luces en baja intensidad. Su respiración era entrecortada, su mirada febril mientras esperaba su respuesta. Espejos los rodeaban por tres lados.

— Mírate Bell's.

Ella volteo la mirada hacia un lado y se miró. El esperaba que viera lo que él veía. Sobresalientes labios sensuales. Senos perfectamente formados con duros y enrojecidos pezones. Un testimonio de vida, respiraba la encarnación de sexualidad y una necesidad saludable.

— Tu eres tan hermosa, tan sexy. No tienes que esconder nada. ¿Qué hay que temer? Di lo que quieres. Mereces conseguir lo que quieres. — insistió él en voz baja.

— No puedo.

— Si puedes. — se movió entre sus muslos y palmeo su polla en la mano. Él miro su coño brillante y rosado y gimió. Él estaba dolorosamente duro. Le tomo toda su fuerza de voluntad no bombearse con su puño un par de veces y liberar la insoportable tensión en sus bolas. Pero estaba en un callejón sin salida y él tenía que provocarla.

Él miro hacia arriba y la cacho mirándolo. Se agarró su polla y se acarició hacia arriba, mirándola fijamente a la cara, midiendo su reacción. La lengua de ella salió y sus fosas nasales se ensancharon delicadamente.

Ah a ella le gustaba mirarlo. Él se froto de nuevo, bombeo su puño arriba y debajo de su polla llena de sangre, apretando la cabeza. Ella se quedó sin aliento. Él bajo la mirada para ver la gota de humedad del llanto de su polla. Ella encontró sus ojos.

— Cuando te vi en tu celda. Tu miraste… — Su voz se desvaneció, cuando sus ojos bajaron de nuevo.

El rezo en silencio por su cordura cuando comenzó a trabajar más fuerte, arriba y abajo. La respiración de ella se hizo más difícil, cuando su pene se alargó y empezó a gotear líquido pre seminal.

— ¿Te gusta la verga, nena? Dime que te gusta.

— Si, me gusta. — susurro ella.

— ¿No te puedo oír, que has dicho? — podía sentir su semen salir de sus bolas ahora, listo para su lanzamiento, pero él siguió adelante.

— Me gusta, me gusta mucho. — dijo un poco más fuerte ahora.

Se paró y soltó su polla, esta se sacudió y tembló. Él tomo su fuerza de voluntad para no correrse.

— Fóllame Edward. Fóllame duro, por favor. — susurro ella.

La euforia se disparó a través de él, pero se obligó a mantener la calma. Ella estaba casi allí, completamente abierta para él. Se arrodillo delante de ella, respiro su olor. Movió su lengua sobre su clítoris hinchado y ella se estremeció, gritando. Chupo duro el nudo en su boca, expertamente trabajó con sus labios y lengua. Su cuerpo se tensó como el de ella y deslizo dos dedos dentro de ella, profundo. Ella se congelo y el sabia con un respiro, un movimiento, ella explotaría en él.

— Edward — sollozo, arqueando sus caderas para llevarlo más profundo, para que le diera más. El retrocedió sus dedos hasta que apenas las puntas se mantenían adentro de ella y ella gimió, insatisfecha.

— Ruega, ruega por mí. Dime exactamente lo que quieres y como lo quieres. — respiro sus palabras contra ella sus labios a unas pulgadas de su coño, un líquido cremoso corría por sus muslos. El mordió ahí y ella se estremeció otra vez, en agonía por la anticipación. El lamió su centro una vez más y su coño se agito contra sus dedos.

— No. Podemos estar así para siempre. Ruega.

Algo dentro de ella se rompió mientras sollozaba y temblaba.

— Por favor. Por favor, fóllame. Quiero tu polla dentro de mí cuando me corra. Por favor. — se quejó.

Él se puso de pie de un tiro y retiro totalmente los dedos de su cuerpo, agarro su pene y empujo la cabeza en su calor esperado.

— Buena chica. Eso es todo. Ahora tómalo. — Gruño mientras se aferraba a sus caderas, conduciéndolo en un solo movimiento suave.

Bella lo rodeo con sus brazos y se agarró de su culo para anclarlo por un momento, antes de empujar sus caderas en respuesta. Él lo saco y lo volvió a meter, a continuación la embistió todo el camino de vuelta. Agarro las caderas de ella fuertemente y la follo con fuerza con su enorme polla, una, dos y luego sintió el cuerpo de ella tensarse cuando grito.

La embestía duro, sintiendo sus paredes interiores tirando de él, instando a su propia liberación. Se retiró y otra vez empujo una última vez y el coño de ella, se tensó y convulsiono sobre él, absorbiéndolo con sus jugos, hasta que no se pudo contener por más tiempo, agarro sus bolas las apretó con la mano y se deslizo fuera de su coño. Ella todavía estaba jadeando, pero se las arregló para pronunciar.

— En mi boca.

El casi se corre en el aire y luego sacudió su cabeza para despejarse. Ella se arrodillo magnifica entre sus piernas, agarro su pulsante polla en su puño. Cerro los labios en su pene y chupo toda su longitud. Sus bolas se apretaron más, hasta sentir como se elaboraba completamente dentro él. El miro su gloriosa cabeza subiendo y bajando en él, sin terminar.

El orgasmo lo rasgo por dentro y el agarro la cabeza de ella en sus manos mientras explotaba en su golosa boca, amamantándolo. El éxtasis venia y venia mientras el gritaba su nombre, bombeando en su garganta, la polla se sacudió cuando se corrió.

Mierda. Trataba de volver a sus sentidos, se preguntaba quién había sido el profesor y quien el estudiante. A medida que su ritmo cardiaco se volvió lento, miro hacia abajo y vio Bella mirándolo con una sonrisa de satisfacción.

— ¿Porque sonríes? — pregunto el, agitando su pelo juguetonamente.

— Por nada en absoluto, Cullen. ¿Te crees muy inteligente, eh? Me haces rogar. Bueno la venganza es perra y tendré mi revancha.

Increíblemente su polla tembló ante la idea. Alargo su mano y la tomo entre la suya.

— Bella, quiero que nos demos una oportunidad. Me gusta estar contigo. Y hay un millón de cosas que quiero mostrarte y hacer contigo. Pero eso no es todo. Me gustas. Me importas. Y quiero saber si soy capaz de amarte, y ver si tú me puedes amar también. No soy un ángel, pero si se una cosa, que nunca me sentí así con ninguna mujer antes y por eso es que nunca tenido ningún compromiso con nadie. Pero si me das la oportunidad, te juro, que seremos tu y yo, nadie más. ¿Qué dices? — El termino con el corazón en la garganta.

La alegría brillo en los ojos de ella. — Yo digo que sí, tan loco como es, vamos a darnos una oportunidad. — Ella hecho los brazos por su cuello y se apretó a su cuello, y el alivio se apodero de él.

- Pero mi venganza empieza ahora.