No había nada de luz, excepto la que la luna colaba atreves de las cortinas, solo el zumbido del ventilador en el techo rompía el silencio, en la penumbra solo el cigarrillo entre sus dedos resplandecía, a pesar de que el fumar nunca fue un vicio suyo, necesitaba tener la cabeza ocupada en cualquier cosa antes de volverse loco.

Sobre una cama con las sabanas arrugadas yacía un hombre joven, con la cabeza apoyada sobre uno de sus brazos, se llevo de nuevo el cigarrillo a los labios, aspiro profundamente y luego despidió una bocanada de humo observando cómo se dispersaba lentamente.

Cerró los ojos pesadamente, respiro profundamente dejando que el cigarro de consumiera por sí solo, definitivamente su último intento de indiferencia y esa "ultima copa" habían sido excesivas.

La puerta se abrió y se cerró sigilosamente de inmediato, el chasquido del picaporte lo puso en guardia y miro el reloj con expresión aturdida.

-¡demonios!- exclamo con voz ronca al calor de una brasa.

Se incorporo ágilmente, sentándose al borde de la cama, y aplasto lo que quedaba del cigarro en un cenicero de cristal que había sobre la mesita de noche.

-no deberías fumar en la cama, seiya- una pequeña risita acompaño las palabras burlonas.

Perplejo, él se volvió, consiente por primera vez que no estaba solo, la chica vestida de blanco estaba de pie junto a la puerta, seiya frunció el seño.

-bombón… ¿Qué haces aquí?- pregunto secamente.

Ella ladeo apartando su cabello suelto de los hombros y se apoyo contra la pared. Su mirada recorrió al atractivo joven, desde sus pies descalzos , pasando por el pantalón arrugado, deteniéndose en su pecho que subía y bajaba rítmicamente, cuando sus ojos se toparon con los de seiya, se rio.

-he venido a verte, por supuesto ¿Por qué otra cosa iba a estar en tu habitación?-

-una habitación de la mansión kaiou, sabes que no deberías estar aquí… ellas no lo aprobarían-

-cierto- la rubia se encogió los hombros. El escote del vestido descendía provocativamente entre sus senos, permitiendo vislumbrar sus generosas curvas. La cadena de oro resplandecía sobre su pecho, y un delicado corazón pendía de ella, rozando su piel, acariciándola, anidando en aquel secreto lugar.

-¿Qué quieres?- pregunto él con voz tensa, librando una batalla interna muy familiar para él desde su regreso.

Estaba preciosa, su piel sedosa brillaba cálida, tenuemente, cuando la luz de la luna llena ilumino su cabello rubio, éste brillo con un destello dorado propio. El corte del modelo del vestido que lucía se amoldaba a la perfección a las sensuales formas de su cuerpo.

Seiya la deseaba, casi dolorosamente, desde hace tanto tiempo… tantos años lejos, pero sabía que no era para él.

No la princesa de la luna, no la única heredera de uno de los imperios más perfectos que pudiera haber existido, no la futura gobernante de la tierra… no la futura esposa de Darien Chiba.

Desde de años de ausencia había llegado juntos a sus hermanos y su princesa a uno de los eventos más memorables en todo el universo… la boda de la princesa de la luna y el príncipe de la tierra.

Durante toda la maldita semana la había observado, devorándola con los ojos, a pesar de su resistencia, se había sentido irremediablemente atraído hacia ella, hasta que el doloroso vacio de lo que no podía ser lo llevo a la soledad de su habitación.

Ahora estaba allí en la oscuridad y seiya podía percibir la presencia de una extraña. La fría reserva que la arropaba como un manto se había desvanecido. Apoyada con indolencia contra la pared, el aire que la rodeaba parecía arder intensamente, fiero e indescriptiblemente. Era un peligro, y él aquella noche no tenía ánimos para resistirse.

Seiya se humedeció los labios con la punta de la lengua, reseco de tantas copas y cigarros. Con una voz fría que disimulaba su tormento, exigió secamente.

-te he preguntado qué quieres-

-seiya me sorprendes- dijo ella con tono juguetón –supongo que ya te lo imaginaras…-

El vestido de serena se agito de forma fascinante con cada uno de sus alientos contenidos.

-quiero lo mismo que quiere cualquier chica que entra en la habitación de un hombre… te quiero a ti-

-¡no seas ridícula!-

Seiya se sintió aturdido por aquella respuesta a quemarropa, incomodo saco otro cigarrillo de su paquete con exagerada parsimonia, la llama del encendedor ilumino su rostro, aspiro el humo profundamente y se quedo observando la punta ardiente del cigarro.

Levanto al cabeza lentamente, su mirada recorrió el cuerpo de serena con deliberada insolencia, desnudándola, cuando al fin topo con los ojos de ella esbozo una sonrisa burlona.

-no tienes la menor idea de lo que estás diciendo… esta ebria-

-¿ah sí?- replico divertida –se lo que estoy haciendo, pero no da resultado… no eres el hombre que pretendes, ambos lo sabemos… estos días te has portado como algo menos que un amigo, casi ni me has hablado-

-fuera de aquí, princesa… amigos o no, yo no entrare a este juego- seiya se estiro sobre la cama, observando el monótono movimiento del ventilador con simulada indiferencia.

-tengo 20 años… no estoy para juegos, y ya que soy una princesa… solo por esta vez quiero que mi voluntad se cumpla-

A pesar de sí mismo, seiya no puedo dejar de percibir como la bañaba la luz de la luna cando se alejo de la pared. Ella era todo lo que había soñado y deseado durante los últimos años.

-no- murmuro, secándose las gotas de sudor de la frente. Sabía que debía levantarse, que debía llevarla resueltamente fuera de la habitación, pero lo barrió una oleada de vértigo y se sintió incapaz de hacer nada.

-si… mañana es mi boda- en su voz se escurrió una gota de amargura pero dio un paso hacia la cama –pero eso es mañana, hasta eso aun no les pertenezco… hoy seré yo misma-

-vuelve con ellas, princesa- la voz de seiya era tensa –compórtate como una chica de tu edad… tu no me deseas, solo es un arrebato de rebeldía… yo ya lo comprendido y lo he superado-

-no es ningún arrebato…-

-estas confundía… a todas les pasa antes de casarse-

-no soy tan joven ni tan tonta… seiya solo por una noche podríamos olvidar las reglas, olvidar el riesgo en que ponemos el futuro… ¿podríamos imaginar que solo somos tu y yo?-

¡Imaginar! Se había pasado los últimos años sintiéndose como un idiota, amándola, observando fascinado como se había convertido en toda una mujer, dejando que su mente lo llevara los mundos mas irreales donde solo eran ellos dos ¡y ahora estaba ante el pidiéndole imaginación!

-por tu propio bien… vete-

-he venido en busca de mi propio bien-

-no sabes lo que estás diciendo-

-¿no?-

-has bebido demasiado champaña-

-no tanto como tu-

-¡maldita sea, serena!... vete antes de que deje de razonar- sentado al borde de la cama con los codos en las rodillas y las manos en la cabeza se sentía al borde de la locura "seiya, confió en ti" oyó la voz de su princesa y sus hermanos golpeando sus sesos.

Serena busco la cremallera que cerraba su vestido a su espalda, el descenso sonó atronador en el silencio haciendo que seiya levantara la cabeza, el vestido se abrió y cayó hasta su cintura, revelando sus senos. No hubo nervio en el cuerpo de seiya que no se pusiera en tensión, sabía que sería hermosa, pero no esperaba tal perfección, aquella visión era más de lo que esperaba encontrar en el mundo real, deseo tocarla, abrazarla, besarla…

Mientras la miraba embrujado, paralizado por el poder de su propio deseo, una ligera ondulación de las esbeltas caderas hizo resbalar el vestido hasta el suelo, serena se libro de el despreocupadamente, sus senos se balancearon cuando se quito los zapatos, luciendo tan solo unas finas pantaletas y una cadena de oro camino hasta estar frente a él.

-sabes que ya no podre resistir… por favor- dijo seiya con voz ronca

-seiya… por favor- susurro ella dulcemente.

Su voz vibrante y armoniosa intensifico la locura en seiya, no podía ni moverse, estaba atrapado en la telaraña que ella había tejido. En el aire que los separaba se respiraba la pasión contenida, ella lo seguía esperando.

Un destello fugaz de incertidumbre atravesó su rostro, frunció el ceño levemente, cerró los ojos por un instante, sintió un pequeño escalofrió, entonces como si acabara de tomar su última decisión su expresión se aclaro, se hecho hacia atrás su abundante cabellera, y dio un paso más hacia adelante.

Estaba tan cerca que podía saborear el sonido de su respiración entrecortada. El gesto en el rostro de él le indicó a serena un pequeño triunfo, la esperanza de unos momentos de plenitud antes de la soledad que le cernía sobre su futuro. Inclino la cabeza hacia él con aire majestuoso, sin el menor asomo de incertidumbre.

-solo por esta vez seiya, quiero ser la princesa que reclama todos su derechos… y yo reclamo una noche de amor con el hombre de mi elección… deberías comprender la costumbre-

-creo que caí en el siglo equivocado, el mundo equivocado, el sexo equivocado y… además, esto no es una noche de bodas-

Seiya apenas podía pensar, hasta hablar le costaba trabajo, mas allá de la luz serena era una sombra en movimiento, la penumbra envolvía en el misterio las curvas de su cuerpo, parecía una diosa inalcanzable que estaba llevándolo al borde de la obsesión, sin embargo sabía que si la tocaba seria cálida, excitante, muy real… también sabia que debía levantarse, alejarse de ella… y sabia que no lo haría, no podía.

-¿Qué piensas?- pregunto ella y la cama se hundió cuando se sentó junto a él –vas a quemarte- murmuro tomando el cigarro de entre los dedos de seiya.

El aroma embriagador de serena le produjo una sensación de vértigo, sus tibios dedos acariciaron la piel de seiya, su mano no vacilaba y su rostro parecía relajado, pero en las profundidades celestes de sus ojos se dibujaba el temor, la suplica y un extraño dolor.

-por favor- susurro acariciándole la mejilla –hazlo por mí, déjame conocer el amor a través de alguien a quien no me sienta atada… hazme el amor, demuéstrame lo maravilloso que puede ser. Luego podre soportar lo que venga-

En su voz se adivinaba el llanto, la mirada perdida y seiya hubiera sido capaz de hacer cualquier cosa por aliviar su tristeza.

-bombón… - dijo suspirando y derrotado la acaricio.

Tomándola por los hombros la atrajo hacia él, sus pieles desnudas se encontraron en un mundo de nuevas sensaciones, ella se estremeció durante un largo rato, el solo la abrazo, esperando a que se apagaran sus temores.

Serena también se calmo, relajándose contra él, comenzó a acariciarla, murmurando tiernas palabras para tranquilizarla. Seiya guiaba sus movimientos con manos suaves y casi expertas, e los últimos años había metido innumerables mujeres en su cama con el deseo de que aquello evitara que soñara con ella, pero siempre sin el menor éxito.

Ella quedo en la cama, inmóvil y con los ojos muy abiertos, seiya el dio un beso, saboreando al dulzura que el ofrecía y luego se levanto para acabar de desnudarse. Serena no se movió, tan solo lo observaba con expectación. Seiya se pregunto que podía herirlo más, rechazarla o lo que estaba a punto de ocurrir. Inclinándose sobre ella le acaricio los labios.

-¿estás segura de querer seguir adelante?-

Ella asintió sin dejar de mirarlo un solo instante.

-estas asustada, debes haber reunido todo tu valor para venir a mi ¿no es así?-

Serena trago saliva y asintió de nuevo.

-hasta esta noche no me había dado cuenta de lo buena actriz que eras- dijo con ligereza y la esperanza de llevar una sonrisa a sus labios.

-solo fueron ensayos… a partir de mañana representare un papel pero hoy… hoy soy la verdadera serena tsukino-

-el amor de un hombre por una mujer puede ser hermoso… lo será para ti, bombón, es una promesa-

Temblando de timidez apenas contenida seiya comenzó una lenta y dulce seducción, con manos expertas acaricio sus cejas de terciopelo, sus largas pestañas. Le encanto su piel, delicada como porcelana, como un ciego que aprende atreves del tacto, el se aprendió el rostro de serena.

Se inclino para rozarle la mejilla con la suya, dibujo una senda con sus besos hasta sus labios.

Seiya no exigió nada, hizo el papel de amate juguetón hasta que sintió que los labios de serena se suavizaban y aceptaban la presión de los suyos, hasta que sus ojos se clavaron en los suyos, hasta que su aliento se convirtió en un suspiro y se irguió para devolver beso por beso.

Al ver su abandono, seiya se ahogo excitado en un delicioso océano de gozo, a cada respuesta de serena retrocedía, solo para volver al ataque una y otra vez, la nueva batalla más placentera que la anterior. Una oleada de deseo los estremeció, el hundió la cara en su cabellera de seda, acogedora, aspirando su fresca fragancia, luchando para contener el deseo que había sido su compañero durante los largos años.

Despacio, se dijo, procurando relajarse un poco, mucho más que apaciguar su propia desesperación, deseaba llevarla dulcemente al mundo fantástico que podía nacer del amor, pero el cuerpo no siempre escucha al corazón, y seiya sabía que su sexo se endurecía de ansiedad sin remisión.

A serena le producía una sensación placentera soportar el peso de seiya sobre ella, sentir su corazón palpitar sobre sus senos. El era como ella imaginaba a u hombre viril, hermoso, excitado de forma fascinante. Sentir su aliento enredado entre sus cabellos era una dulzura infinita, su piel caliente, un tesoro.

Era encantador y lo estaba demostrando, pero serena quería mucho mas, aquel comienzo había acabado con la chica miedosa. Estaba en el lumbral de dos mundos, ya no era una niña, todavía no era una mujer. Ardía de impaciencia por lo que tenía tan cerca de su alcance.

Percibió las dudas de seiya y con sabiduría innata de mujer, le dio una respuesta rotunda, enredo sus dedos inquietos sobre el pelo negro y fuerte de seiya, atrayéndolo hacia si en una silenciosa invitación. El suspiro con que respondió él encendió un temblor en las profundidades de su interior. Seiya busco sus labios y la beso apasionadamente, bebiendo con avidez aquel néctar dulce y embriagador que él era ofrecido sin vacilación alguna.

-bombón…-

Seiya deslizo las manos sobre sus senos, con la primera caricia serena dejo escapar un gemido de satisfacción, envolviéndolos plenamente con ambas manos, se inclino hacia ella. Cuando el pezón se contrajo con el primer roce de sus labios, serena se puso tensa, seiya se aparto, aguardando impaciente, dolorosamente. Durante un instante de vértigo, serena pareció retroceder y el no se atrevió a moverse.

Los dedos de serena apretaron con más fuerza sus cabellos y luego lo atrajo contra sus senos arqueados. Lanzando un gemido, seiya se llevo a la boca el pequeño capullo, perdiendo el completo control de su ansiedad.

Sus manos recorrieron ligera como mariposas el cuerpo de serena, viniendo a descansar sobre las caderas, entonces se arrodillo a su costado y con gran delicadeza aparto la última barrera.

Lleno de pasión, seiya abrió con las manos una senda de fuego sobre su vientre liso y terso, descendiendo hasta acariciar la mata de terciopelo y oro, deteniéndose en el interior de sus muslos firmes. Serena esbozo una sonrisa, aceptando la dulce exploración.

Y serena, como aprendiz de seducción, se convirtió en una alumna aprobada, devolvió en abundancia cada caricia intima de seiya, encendiendo en él una excitación enfebrecida con sus elocuentes manos. El cuerpo de serena le susurraba un canto de sirena, al que costaba tanto resistirse como respirar.

Abrazándola, buscando sus secretos más maravillosos, seiya descubrió un mundo nuevo. Nunca había amado a ninguna mujer, nunca había experimentado un deseo semejante. Las caricias de serena le abrieron un mundo de sensaciones y seiya supo que jamás olvidaría aquella noche, ella siempre ocuparía un lugar en sus recuerdos, en su mente y en su corazón… era la primera y la única vez que sería suya.

Sin ninguna prisa, disfrutando cada instante, deslizo la mano en la última y más intima de sus caricias. El preludio tocaba a su fin.

-seiya… -

Ton solo era su nombre, pronunciado con voz vibrante, pero era la última suplica.

-sí, amor, ahora-

Se irguió sobre ella, herido de ansiedad, conteniendo el deseo desbocado. Seria suave, le enseñaría lo que podía ser el amor. Lo que podía ofrecerle.

Antes que el profesor se convirtiera en amante, seiya tuvo un último pensamiento coherente ¿a qué se debía aquella locura incontenible? ¿Seria una intoxicación? Su honestidad innata le exigía la verdad tan solo: se sentía embriagado desde el momento en que la vio por primera vez.

Cierto ¿maldición o fortuna? Se olvido de la cuestión al fundirse con serena en un universo que solo les pertenecía a ellos dos, el tiempo volaba, convirtiéndose en enemigo, destructivo y ladrón. No había lugar para él en el amor. Sin embargo, su paso les procuro la satisfacción de sus deseos, la plenitud…

NOTA DE AUTORA:

Este fic lo hice como un capitulo único pero ya le estoy tomando cariño, quien sabe y tal vez lo continúe, ojales guste.