Advertencia: Último capítulo dudetos~ espero que lo disfruten ;0; asdasd será largo y se dividirá en dos partes. La primera es relatada por varias naciones así como lo han sido los capítulos anteriores (Los países se mostrarán abajo como siempre) y la segunda va solo relatada por Holanda y Prusia, Prusia para la letra NORMAL, Holanda para la ITALICA, y los diálogos van en BOLD *Reparte palomitas* Disfruten la función ;0 (Ah sí, también habrá un intento de lemmon C: )

Todo lo que fuiste, eres y serás

Primera parte

Aún estoy algo molesto con mis hermanas por el susto que me dieron, pero estoy más aliviado al ver que están bien, más aliviado al saber que no tendré que matar a la rata albina mientras duerma.

Pero las miradas afiladas que se le escapan al holandés hacia mi hermana me hacen pensar que si sigue así al que tendré que matar es a él.

-¿Qué hay entre ti y ese Beilschmidt?

-Nada… ¡Ya no hay nada!

Tomé el hombro de Yekaterina, quien empezaba a temblar ligeramente mientras sus suplicas por que terminarán todo ese alboroto seguían sin ser escuchadas. Entonces me miró a mí con sus grandes ojos azules que amenazaban tormenta.

-Diles algo hermanito… -Me suplicó, y aunque a mi también me hubiera gustado que pararan con su escándalo, no se me ocurría como hacerlo exactamente sin que Vincent terminara en otra camilla de hospital o sin que Natalia terminara abrazándome de esa manera asfixiante que tiene ella.

-Esta bien… ¿Qué "hubo" entre ti y ese Beilschmidt?

-¿Qué te importa! –Comenzaba a considerar mi primera opción.

-No vuelvas a hablarle así, da?

-Si no quiere que le conteste de esa forma que me deje en paz.

-Quería saber… -Mi hermana deslizó sus palabras suavemente, pero me miraba a mí ahora… ruborizada y agradecida por mi intervención, sin embargo su mirada volvió a ser de hielo y regreso a los ojos del neerlandés- ¿Desde hace cuanto que Gilbert y tú se revuelcan?

La exclamación ahogada de Yekaterina ocurrió junto al sentimiento de que algo se estaba rompiendo en el ambiente. No bastó una fracción de segundos para que el Van Dijk hiciera ademán de lanzársele encima a Natalia.

Pero yo tengo unos rápidos reflejos y logré interponerme empujando mis manos contra sus hombros y obligándolo a retroceder un paso.

-Piensa con quien te estas metiendo –Mis palabras fueron cantadas.

-¡No! ¡Que piense ella… -Señaló a Natalia que se mantenía firme tras de mí- …con quién se esta metiendo!

-Con una persona que perdió la razón, o mejor dicho… su razón para continuar –Mi hermana menor seguía lanzando veneno, pero a ella no podía alzarle la mano.

-Naty, detente de una vez –Yekaterina corrió a su lado, ya estaba sollozando.

Lo que yo me preguntaba era si mi hermana tendría toda la culpa realmente, porque a mi parecer… quien tenía la mirada arrepentida era Vincent. Había mantenido esa mirada desde que entramos a la habitación del albino.

Seguramente tenía todos los motivos para sentirse despreciable ju ju~

/

-¿Quién se puso celoso hoy? ¿Quién se puso celoso hoy~?

-Para con eso –Gruñó el británico con la cara echa un tomate.

-¡Pues tú! Oui! ¡Claro que tú~!

No se los demás, pero reírme durante tanto tiempo de ese par… perdón, con ese par, me dio sed.

-¡Argh! ¡Que me dejes en paz! Bloody git!

-Oigan –Hablé sonriendo, ellos me miraron a la espera de lo que diría, y Lovino a mi derecha detuvo su susurrante conjuro para pasar el aburrimiento (una verdadera lista de malas palabras)- Tengo sed, iré por una lata de refresco ¿Alguien quiere algo?

-No te preocupes por mí, mon ami~

-Tampoco por mí, but thanks.

-Yo te acompaño bastardo, no quiero quedarme solo con este par de descerebrados –Se puso en pie- ¡Y también quiero que me compres algo por acompañarte en tu lamentable viaje!

-Fusosososo ¡Hecho! –Miré a los rubios- No tardaremos, tíos~

Ellos se despidieron con asentimientos de cabeza, Lovino ya había comenzado a caminar a la maquina expendedora desde que se levanto de la silla.

-Espérame Lovi~~ -Corrí y pero en unos segundos tropecé con él, no me había dado cuenta que se había detenido- ¿Eh? ¿Qué pasa?

-¡Todo esto es tú culpa! –Las respuestas llegaron solas, aquella era la potente voz del neerlandés.

¿Acaso seguía peleándose con Gilbert a pesar de que este estuviera en una camilla?

-También la tuya, deja de ser tan inmaduro –Una vez más volvieron a aparecer automáticamente las respuestas, era la voz de Natalia.

Lovino y yo nos quedamos espiando desde una esquina, aquello no lucía muy bien. Vincent ya no solo tenía una explosión en el cabello, si no también de sentimientos encontrados, se notaba a leguas. Natalia tenía esa cara de cuando disfruta torturar psicológicamente a las personas, a pesar que su propia vida se viera arriesgada en ello, esa chica podía ser tan orgullosa como Gilbo. Iván sonreía terroríficamente, al frente de su hermana pequeña como una advertencia y Yekaterina gimoteaba abrazándose de la misma.

-¿Qué pasa aquí? –Murmuré sin esperar una respuesta realmente.

-¿Parezco un maldito sabelotodo? –Gruñó Lovi, aunque la telenovela al frente también lo estaba entreteniendo- Vincent esta discutiendo con esos soviéticos.

-Eso es obvio, Lovi~

-¿Entonces porque mierdas preguntas? Che palle!

-Bueno, quiero saber el porque.

-¿Y yo cómo voy a saberlo? –Me miró ceñudo- Tengo una idea ¿Porqué no vas a preguntarles? –Me dio un empujón.

-¡Buena idea!

-¿Qué? ¡No! ¡Era una broma, bastardo! –Ahora tiraba de mi, pero ya había tomado una decisión- No quiero que te maten, maldizione.

-Fusosososo no te preocupes, el jefe no puede morir tan fácil –Le hice un cariñito en los cabellos (con cuidado de no tocar el rulo o entonces ya sabía que ninguno de los dos podría parar~), le di un beso fugaz en la frente y me aproxime al campo de batalla- Disculpen~

Los cuatro me miraron algo aturdidos por mi intervención, pero no tardaron en volver a adquirir sus rostros amenazantes (excepto Yekaterina, claro).

-¿Qué esta pasando aquí?

-Que te lo diga el enamorado –Natalia comenzó a caminar hacia el pasillo por donde yo había entrado, sus hermanos la siguieron.

-¿El enamorado? –Mire a Vincent entonces, en busca de respuestas- ¿Enamorado de quién…?

-De lo imposible –Y entonces el también se marchó.

Ahora creía saber que había pasado aquí.

/

-¿Estás diciendo que nuestra pareja de tortolos es… real?

No es que no lo supiera, solo que no encontré otra palabra mejor para definir la situación actual entre Gilbert y Vincent, que siempre se habían mostrado demasiado opuestos a confesar sus sentimientos, tanto que a pesar de que todos lo sospecháramos ellos dos no tenían ni idea.

Ahora al parecer ambos lo habían admitido, no el uno con el otro, si no con ellos mismos. Pero no solo eso…

…había problemas.

-Sí, Natalia se refirió a él como "el enamorado" –Antonie, emocionado por su propio relato, hacia movimientos con las manos.

-¿Y que tiene que ver Natalia en todo esto? –Inquirió Arthur.

-Pues la verdad no estoy seguro… -Antonie se rascó la sien derecha- Pero ella discutía con Vincent, molestándolo con ese asunto… se echaban la culpa de… algo…

-¿Echarse la culpa? ¿Con algo respecto a Gilbert? –Arthur parecía estar comprendiendo algo.

-Supongo…

-Tenemos que ver como esta Gilbert –Arthur nos miro al resto.

-¿Porqué? –Lovino frunció el ceño, el y su fobia a los alemanes.

-Porque algo ocurrió con Vincent y Natalia que perjudico a Gilbert, estoy seguro… ¿Si no de que se echarían la culpa?

-Tal vez por azotar la puerta –Propuso el español.

-That's stupid.

-Entonces, mes amis, vayamos con Gilbert y saquémonos de dudas.

-Che palle.

Seguro que si nuestro albino favorito estaba decaído o enojado, la mejor solución era el amour de tito Francis.

Al tocar la puerta de su habitación no hubo respuesta, estaba anocheciendo y era probable que estuviera durmiendo, eso y que tenía el sueño pesado.

Pero Sacrebleu! Apenas son las siete y todos sabemos que Gilbert en una situación como esta podría pasar noches de insomnio.

Volvimos a tocar la puerta, escuchamos un gruñido.

-Ya vámonos –Masculló el italiano y se dispuso a caminar a otro lado, pero Antonie tomo su mano impidiéndoselo.

-Gilbert mon ami, somos nosotros ¿Podemos pasar?

Silencio.

-¡Vamos a pasar! –Antonie me guiñó un ojo y susurró- Es así como tienes que hacerlo, amigo.

Le sonreí y asentí; abrimos la puerta, la luz estaba encendida aún y Gilbert veía televisión.

-¿Qué? –Saludó el peliplata.

-¿Qué te tiene de malas, Gilbert? –Se acercó Arthur.

-¡Nada! –Gil era muy malo disimulando- Esque… no hay nada bueno en la tele, sí, eso… ¿Lo creen? 300 canales y nada de calidad.

Antonio miró el televisor, meditabundo.

-Pero si esta tu programa favorito Gilbo…

-¡Pero ya no es tan awesome como antes! –Trató de defenderse el albino.

-¿Quieres que te consiga una película porno? –Ofrecí sonriendo.

-Nein.

-Oh ya se, quieres que te traiga a alguien…

-No quiero a ese "pelos parados" aquí –Interrumpió.

-En realidad estaba hablando de una dama de compañía –Me arreglé el cabello y sonreí- Pero ya que sale el tema… ¿Cómo… vas?

-¿Cómo voy de qué? –Intercambió tres miradas rápidas entre el televisor y yo- Olvídalo Fran, no quiero enredarme más en ese asunto.

De verdad algo había pasado, me senté en su cama y le quite el control de las manos.

-¡Oe! ¡Estoy usando eso!

-No se que paso Gil, pero yo y este trío de caballeros apuestos vamos a devolverle esa sonrisa a tu rostro.

Gilbert solo frunció los labios mirándome amenazadoramente, pero no dijo nada. Sabía que en el fondo estaba agradecido de que sus amigos se preocuparan por el.

/

¿Y cómo iba a decirles lo que sentía?

Qué hace poco había descubierto que estaba enamorado de Vincent Van Dijk y que hace unas horas había descubierto que ese hombre me había tendido una trampa que terminó con una catástrofe.

Mis propios planes se volvieron en mi contra.

Sólo quería olvidarme de él y empezar de nuevo. O por lo menos eso era lo que quería mi cerebro, mi corazón deseara que todo esto se solucionara. Que yo pudiera volver a verlo a los ojos y que el mirara los míos, que ambos miráramos dentro del otro y que supiéramos lo que sentíamos.

Pero mi vista estaba nublada por autoprotección, no quería verlo, y si lo veía sabía que solo encontraría una especie de traidor.

No pienso que las esperanzas sean las que mueren al último. Pienso que lo que morirá al último serán mis sentimientos renegados, justo después de las esperanzas.

Eso si es que mueren.

Miro como Francis y Antonio no paran de hablar y reír frente a mí, contando chistes, anécdotas o alguna otra tontería. Los oigo pero no puedo escucharlos, estoy distraído, estoy abatido.

Se percatan de que no he reaccionado ante ninguna de sus palabras y entonces comienzan a tirarme de las mejillas y el cabello, a darme zapes pero también abrazos. Adoraba mi Bad Trio por más molestos que fueran a veces.

Los tumbé de mi cama y me acomodé a mis anchas.

Se quejaron y se me lanzaron encima. Mis quejidos adoloridos los hicieron recordar el motivo por el que yo estaba en una camilla de enfermería.

Aún así las tonterías no se detuvieron, y muy probablemente lograrían hacerme sonreír, aunque el dolor sentimental seguía presente.

/

-¡Y entonces me dijo del cinturón de castidad!

Y el trío de idiotas ya se estaba riendo a carcajada limpia.

Hace tan solo unos minutos el francesito comenzó a alegar sus asombrosas capacidades para infiltrar alcohol en aquella habitación de paredes blancas y olor a medicinas.

Como ya lo notaron… sí lo logró el muy maldito.

Ese par de idiotas ya estaban borrachos, del tonto albino no lo sabía pues había estado bebiendo bastante poco, a decir verdad.

Arthur se desconoció del mundo y ya llevaba tomadas dos botellas en silencio, y bueno… puede que yo comenzara a sentir mi cuerpo más ligero.

-¡Miren, miren! ¡El baile del perrito! –Antonio se paró sobre la pequeña mesita y comenzó a bailar moviendo las caderas pero con los brazos doblados tal cual perro pidiendo comida. Sí, también estaba sacando la lengua.

Esos estúpidos no se conformaban con decir pendejadas, si no que también tenían que hacerlas.

El cejón salió de su trance y corrió a tropezones para treparse a la mesa también, imitando el famoso "baile del perrito".

Antonio y Arthur comenzaron a bailar como si fuesen amigos de toda la vida.

¡Y lo que estoy sintiendo no son celos! ¡Es lastima por ese par de descerebrados y la pobre enfermera que deberá limpiar sus huellas, sus vomitadas y sus futuros meados de borracho!

Y que haya pateado la mesita para que se cayeran tampoco fue producto de celos ¡Que quede claro!

Y aquel alboroto no se detuvo hasta que todos estuvieron tirados por toda la habitación, agotados de tantas emociones y alcohol. Lamentablemente me incluyo.

/

Todo aquello había estado muy bien, Gilbert se había reído y lo había pasado bien. Pero aún había algo mal que al parecer nadie más había notado, incluso yo, hasta ahorita.

Gilbert apenas terminó con una pequeña lata de cerveza, y aunque sonreía no lucía muy animado.

Y ya era bastante raro que el albino no quisiera emborracharse.

-Hey, Gil… -Mi voz sonó floja entre tanto ronquido de los demás que se habían quedado dormidos, pero no Gilbert, el miraba la noche reflejada en el techo, sin rastro de sueño- Dime algo…

-¿Qué quieres que te diga, Cejas?

-Bloody git, no me llames así… - Suspiré y trate de acercarme, habíamos cumplido bien el objetivo de relajar a Gilbert y sacarle una sonrisa, pero no habíamos averiguado ni ayudado con su problema- Dime… Te gusta Vincent ¿Cierto?

Me miró, y a pesar de la noche podría jurar que un rubor se había apoderado de toda su palidez.

-¿Eso a qué se supone…?

-¿Qué paso entre ustedes?

Silencio de nuevo, suspiró y volvió a mirar el techo, probablemente había caído en la cuenta que yo no estaba en un estado en el que no podría recordar mañana nadaque había escuchado hoy.

-El ayudo a Natalia a provocar que Iván me diera una paliza –Sus palabras fueron bajas, pero audibles, no estaban quebradas pero si eran tristes.

Y yo no me esperaba aquello.

-¿Porqué lo haría?

-No sé, supongo que no soportó toda mi "awesomidad" y quiso deshacerse de mí –Me dio la espalda, temeroso de que mirara su rostro.

-Si hubiera sido un error… ¿lo perdonarías?

-Quiero hechos, no palabras.

-¿Aún lo amas?

Silencio una vez más, solo acompañado de la orquesta nocturna de los grillos allá afuera.

-Sí –Fue lo único que susurró Gilbert.

-¿Y te haría feliz estar con el? –Comencé a ver al albino como si fuera un yo del pasado- No puedes seguir siempre el camino correcto, debes seguir el camino que te haga feliz.

-Se fue, Arthur, lo eché y no se molesto en volver –El lamento en su voz comenzaba a volverse más presente.

-Si te cierran una puerta no puedes entrar por allí, tal vez esta buscando otras formas de acercarse -¿Desde cuando me volví consejero?

-N-No puedo… -Ya se estaba quebrando.

-Lo que mereces volverá, hay que ser pacientes a veces.

-Creo que es mejor que despiertes a todos y se marchen antes de que las enfermeras los descubran en la mañana –Era obvio que no iba a mostrarse débil tan fácilmente.

-De acuerdo… -Me dispuse a despertar al resto.

-Arthur…

-Yes?

-Danke.

/

Miro las estrellas. Unas más brillantes que otras, pero entre todas se necesitan para formar un bello paisaje.

Y yo miro su cama vacía, mi corazón vacio.

Lo extraño.

Me odio por eso, porque es mi culpa haberlo perdido. Su culpa haberme enamorado, pero a fin de cuentas es mi culpa la que no me deja dormir.

Ojala amaneciera y todo hubiera sido un mal sueño.

O tal vez regresar el tiempo y negarme a ayudar a Natalia.

Incluso tal vez regresar más el tiempo y no haberme estancado con Gilbert.

Pero eso no es lo que quiero, porque se que no se puede. Quiero estar con él ahora, admitirle mis tonterías pero también presentarle mis sentimientos. Quiero amarlo más de cerca, aunque el no me corresponda.

Es mi culpa que este allí. Debería cuidarlo… pero el jamás me dejaría.

A menos que no se enterara.

Vuelvo a mirar a las estrellas, ellas serán mis cómplices.

/

Todo lo que fuiste, eres y serás

Segunda parte

Desde hace unos días que velo las noches de Gilbert.

No podré cuidarlo cuando el este despierto, pero puedo acompañarlo cuando este dormido. Admirando su pacifico rostro, cubriéndolo del frío y susurrándole en sueños.

Lo lamento tanto amor, haber actuado tantas mentiras me ha transformado en un cobarde.

Ya no puedo hablarte a menos que este seguro que no me escucharás. Ya no puedo tocarte a menos que este seguro que no me sentirás.

Desde hace unos días que Gilbert se encuentra estable.

Pero desde hace unos días que no quiere volver a su antigua habitación compartida, siempre encuentra una excusa para quedarse en la enfermería.

Eso me deprime, pero no me detiene.

/

Anoche tuve un sueño, soñé que Vincent estaba conmigo.

Fue solo unos segundos en que sentí sus manos sobre mis mejillas en una tierna caricia. Su voz susurrándome palabras lindas que se me dificulta recordarlas claramente.

Fue un sueño tan real que sospecho que fue una alucinación al despertarme en medio de la noche en una de esas etapas entre el sueño y la realidad.

No importa lo que haya pasado, unos segundos después yo ya estaba en otro sueño, y al día siguiente Vincent no estaba a mi lado.

No quiero seguir durmiendo, en todos mis sueños esta él. Ya sea como pesadillas en las que me revela cuanto me odia y cuanto se alegra de nuestras distancias, o extrañas fantasías en las que revivo aquellos besos que llegamos a darnos con el detalle extra de murmurarnos "te amo".

Pero al final todo es una pesadilla, porque despierto y es una mentira.

Sigo molesto, es cierto, pero más que molesto estoy herido. Y solo el puede aliviarme, ojala estuviera aquí. Ojala yo no fuera tan orgulloso como para cerrarle todas mis puertas.

/

Me preparo para estar con el de nuevo.

Es patético, me arreglo frente al espejo como si el fuera a verme. Y cuando este frente a el le hablaré como si pudiera escucharme.

Al final lo único que importa es que estaré con el. Lo único que me mantiene firme y no me convierte en un muerto en vida.

El Gakuen esta silencioso. Solo los motores de los autos allá afuera, solo los animales nocturnos entonándome la misma canción. Solo aquella puerta con el símbolo de enfermería, y aquella respiración del joven tras ella, ansiaba que me contagiara de su tranquilidad.

Abrí la puerta despacio, y tirándola levemente hacia arriba, para que no produjera ningún ruido.

Y allí estaba él, con sus ojos cerrados y solo iluminado por la luz de la luna, no me gusta ser cursi, pero últimamente ya no puedo evitarlo; lucía hermoso.

No puedo dormir, o mejor dicho no quiero.

Una brisa proveniente del pasillo que oculta mi puerta hace que mis sentidos se pongan alerta, sin embargo no abro los ojos.

No es un fantasma, mucho menos un ladrón. Pero se que hay alguien allí, y eso no es normal. No pienso demostrarle que me enteré de su presencia, esperaré a ver que ocurre y entonces… actuaré.

Tomo asiento en la silla de visitas que esta justo al lado de su cama, sin dejar de mirarlo. Adoraba sus tonalidades blancas, en su piel, su cabello y en su sonrisa; y entonces cuando mirabas el contraste de sus ojos rojos, te enamorabas aún más.

Claro que ahora sus parpados los cubrían y no estaba sonriendo, pero no por ello dejaba de ser atractivo.

Ese aroma me es familiar…

-Buenas noches, de nuevo… Gilbert.

Aquel susurró casi inaudible por poco me hace abrir los ojos, o dar un respingo. Esa voz… esa es su voz, la voz de Vincent… ¿Dijo "de nuevo"? esta es otra alucinación…

Tengo miedo que al abrir los ojos no lo encuentre.

-Hoy no ha pasado nada especial… busque de nuevo contacto visual contigo en clases, no lo obtuve. Pero esta bien, porque haberte visto hoy me basta.

Mi corazón comienza a latir rápidamente, si es un sueño… es esa clase de sueño romántico, de esos sueños de lo que no quiero despertar… porque duelen más que las pesadillas.

Los primeros días que comencé con estas visitas nocturnas me sentía muy idiota al estar hablándole como si él fuera un diario y yo escribiera con mi voz. Sin embargo conforme pasaron los días fui acostumbrándome, y en cierto modo era terapéutico.

-Poder estar aquí ahora me basta aún más… lo único que me gustaría es poder abrazarte con fuerza, sin el temor a que despiertes y me apartes.

Tragué saliva, esperando que no lo notara. No quería permitirle a mi subconsciente que siguiera torturándome en sueños, aunque este era tan real como el otro…

-Solo vengo a pedirte perdón de nuevo. A decirte que estoy arrepentido de lo que hice, que admito que soy un idiota, pero un idiota que no puede soportar estar otro día sin ti.

Su mano cálida se poso sobre la mía, temí haber temblado ante ese contacto tan suave. Pero lo necesitaba tanto… yo tampoco soportaba otro día sin él.

-Gilbert… -Me acerqué un poco más a él, inclinándome ligeramente- perdóname más que nada por amarte tanto… -Mis labios oprimieron los suyos delicadamente, un beso mudo del que había estado alimentándome todas las noches.

Y entonces supe que esto no era un sueño

Ese breve beso cargado de emociones me hizo abrir los ojos. Un cosquilleo se apoderó de todo mi cuerpo y el rubor tiñó mi cara por completo, ya no había duda de aquello.

Vincent estaba allí, Vincent siempre había estado allí.

Había abierto la puerta y yo nunca me había enterado.

Lo vi separarse, con un brillo en sus ojos apagados, pero aquellos ojos verdes no me miraron, estaban avergonzados observando el suelo. A pesar de estar tristes eran tan bellos como los recordaba.

-Descansa Gilbert, por favor vuelve pronto… -Me levanté con toda la actitud de un zombie, si seguía más tiempo aquí luego no me controlaría y le abrazaría con angustia, como alguien que abraza a la muerte, implorándole sollozante que regrese a su ser querido.

Ya me dirigía a la puerta, pero mi mano que se había mantenido sobre su mano fue repentinamente tomada. Lo sentí como un pequeño paro cardiaco.

-No puedes pedirme que vuelva pronto y luego irte –Mire atrás, Gilbert estaba despierto, no solo eso, me miraba con intensidad, como si nunca hubiera estado dormido, aquello ocasiono que la vergüenza se apoderara de mí.

-Gil…

-Siéntate de nuevo, Vincent. Espera mi regreso más de cerca.

Su mano soltó la mía tan pronto como volví a sentarme, sin embargo su vista no se aparto. Y yo sentí que me había quedado mudo.

-Dime la verdad ¿Porqué lo hiciste? –Tenía sentimientos muy vivos dentro de mí, quería llorar y reírme al mismo tiempo. Gritarle que no me importaba nada siempre y cuando nunca me dejara solo. Pero aún tenía un orgullo que defender, y una verdad que saber.

Respire como si fuera mi último aliento. Tal vez lo era.

-La verdad es… -Mi garganta estaba seca, mi voz sonó como si acabara de terminar con un llanto- Estabas tan cerca de mí… no estaba acostumbrado, tenerte cerca me desconcentraba… quería apartarte –Murmuré aquello último.

-Pues eso lo lograste ¿No?

-Pero cambie de opinión, no te quiero lejos.

-Entonces quédate –Tomó mi bufanda repentinamente- y bésame.

En un abrir y cerrar de ojos ya me había tirado de la bufanda y ya estaba fundiendo mis labios con los suyos. Bastante sorprendido al principio, incapaz de poder pensar en otra cosa le abracé.

Tal vez fui un poco impulsivo, pero ya no importaba, solo quería estar así con él, quería hacerle saber que correspondía a sus sentimientos.

Amar y ser amado.

Sostuve su torso delgado pero con musculatura entre mis brazos, acercándome todo lo posible a él, sintiendo su cálido cuerpo contra el mío, deleitándome con aquella forma tan sensual en la que Gilbert besaba.

Acaricié sus cabellos, no eran duros como el mundo pensaba, eran suaves y solo se rebelaban contra la gravedad, pero yo cambié aquello, despeinándolo, tenía una cierta manía con desacomodar el cabello de la gente querida. Incliné mi espalda hacia atrás, esperando atraerlo conmigo.

Si él no lo hubiera hecho antes lo hubiera hecho yo, ya no podía detenerme a pensar en nada. Me incliné sobre el haciendo que se recostara por completo, incluso subí mi rodilla derecha sobre aquel colchón.

No habíamos empezado nada pero con tan solo esa simple acción ya me había hecho soltar un suspiro y separarme solo lo suficiente para rozar nuestros labios, lo necesité tanto.

Me sonrojé, y lo miré… lucía radiante.

-Vin…

-Te amo –Me hizo sonreír.

-Kesesese te dije que era imposible no amar a Ore-sama~ -Aflojo la risa y me dedico una sonrisa que pecaba de adorable- Te amo…

Y aquello había sido más que suficiente para besarlo de nuevo, no quería que esto terminara nunca. Su respiración, sus caricias, sus labios y nuestras lenguas. Terminé subiéndome en la cama con él, Gilbert no tardó en abrazarme también con sus piernas.

Su cuerpo contra el mío era la misma sensación que se tendría al estar en el paraíso, o algo mejor; no cabía duda de aquello. Volví a tomar su bufanda y la deslicé para apartarla de su cuello.

-Hoy sí estoy preparado –Susurré sonrojado contra sus labios, el no pareció entender muy bien a que me refería al día en que fingí estar ebrio, pero no me importaba pues se entendía el concepto.

Lo mire en busca de alguna señal aparte de palabras, su rostro, aunque sonrojado mostraba seguridad. Sonreí y besé sus labios suavemente, luego fui hacia su cuello, allí comencé un beso más profundo.

Cerré los ojos, aquel mar de sensaciones era asombroso y yo solo pude atinar a acariciar su espalda, incapaz de distraerme de las sensaciones sobre mi cuello. Mis piernas también dieron caricias a las suyas, empezaba a sentir mucho calor.

Mis manos se escurrieron por debajo de la camisa de Gilbert, acariciando su fina y suave piel mientras mi beso sobre su cuello se estaba convirtiendo en una serie de lamidas, él dio un pequeño gemido ronco que provocó que me apegara más a su cuerpo y mis manos explorando su espalda.

Era increíble, todo era increíble… Vincent era increíble. Ya no soportaba más, yo también comencé a tantear su cuerpo en busca de una entrada entre su ropa hacia su irresistible piel, la encontré, era el cielo.

Al llegar una de sus manos a mi pezón me hizo dar un respingo, pero no me desagradaba en absoluto.

Jugué con el suavemente, arrancándole pequeños gemidos que estaba esperando escuchar desde hace mucho, mis labios descendieron por su cuello hasta llegar a su clavícula, donde me detuve a impartir una serie de besos y más lamidas.

Me recosté completamente sobre aquella cama, curvando mi espalda ante tanto contacto delicioso, mordí mis labios, a pesar de todo me abochornaban aquellos gemidos.

Decidí que lo mejor sería quitarle aquella camisa, y así lo hice, me separe un poco quedando de rodillas aún sobre el, le sonreí y tomé dicha prenda, apartándola de su buen cuerpo. Su pecho subía y bajaba al compás de su respiración, descendí de nuevo para besarlo, haciendo una pequeña presión con mis dedos alrededor de su cintura.

Ya le tenía media camisa levantada por solo andar acariciando su espalda, pero todo lo que él hacía entorpecía mis movimientos, sin embargo no quería que se detuviera.

Vincent pareció comprender el significado de su ropa desacomodada sobre su espalda y volvió a alzarse ligeramente para deshacerse de su camisa.

Su cuerpo era perfecto.

Nos besamos con intensidad de nuevo, acariciando la lengua contraria con la propia, con nuestra respiración aumentando ligeramente más. Mi diestra volvió hacia su pezón y mi zurda bajo a su entrepierna aún sobre sus pantalones, masajeando sin poder contenerme.

Esa combinación de acciones fue más que suficiente para perder total ritmo en el beso y soltar un gemido que no pude disimular, mi cuello se estiró como si quisiera mirar algún punto justo sobre mi coronilla, Vincent lo besó de nuevo, yo solo podía retorcerme, acariciarle y amarle como tanto había esperado.

Quería sentirlo completamente, sin siquiera meditar mi decisión mis dedos ya estaban deslizando sus pantalones del pijama, acariciando sus fuertes y suaves piernas en el proceso, rozando mis pulgares con su ingle.

Aquello era demasiado, si seguía con ese ritmo iba a morirme allí mismo. Mordí mis labios de nuevo y escabullí una mano por el abdomen del holandés, llegando hasta su entrepierna también, la froté sensualmente, yo también quería escuchar gemidos de sus labios.

Sonreí, no tardaron en endulzar mis oídos.

Me tomó por sorpresa pero solo un poco, sabía que Gilbert no era ningún sumiso. Aún así trate de ahogar mis gemidos, no estaba acostumbrado a que tuvieran su público, no fue una tarea fácil y no lo logré del todo hasta que me dispuse a deslizar los bóxers del albino y sentir como se tensaba al ser expuesto.

Un ligero temblor se apodero de mí. Vincent se agachó sobre mí para comenzar una serie de pequeños besos que recorrían desde mi barbilla, cuello, pecho, pasaban por mí abdomen y llegaban a mi miembro, me estremecí y gemí de nuevo.

Volví a transformar los besos en lamidas, subiendo y bajando por su erección, para que más tarde fuera totalmente cubierta por mi boca, Gilbert había comenzado a mover las caderas inconscientemente.

Cada vez era mejor, tal vez ya hasta me había muerto y ya estaba disfrutando de una especie de paraíso. Gemí levemente con cada movimiento, ya no me importaba disimular lo bien que se sentía.

Después de un rato de que sus gemidos cortos aunque ciertamente masculinos motivaran todos mis movimientos me separé dejando un beso sobre su punta, él soltó un quejido por la falta de atención, pero no me detuvo.

Empecé a desabrocharme mi pantalón.

Si creía que no podía tener más color en mi tez estaba equivocado, al mirarlo deshacerse de sus prendas… pantalón y bóxers de una sola pasada, el rubor se extendió como la tinta sobre el papel.

Volví a recostarme sobre el, abrazando su cuerpo tratando de eliminar cualquier distancia por más microscópica que fuera, lo besé una vez más y susurré sobre sus labios.

-Ik hou van je.

-Ich liebe dich.

Era mágico entender lo que decía solo por la forma en la que pronunciaba las palabras, un te amo holandés… un te amo alemán… ¿Cuál es la diferencia?

Lamí mis dedos, dejé que Gilbert también lo hiciera. Luego descendieron por su cuerpo hasta llegar ha su entrada, donde dejé a mi dedo corazón entrar con cuidado en él. El ojirrojo gruñó y se tensó pero me permitió seguir a los movimientos circulares dentro de su cuerpo. Después de un rato ya estaba gimiendo de nuevo.

Cuando entró el segundo dedo volví a sentir un dolor, pero ya estaba más acostumbrado gracias al primero. Me abracé completamente al rubio y deposité muchos besos sobre su cuello. Me parecía imposible haber estado enojado con él hace unos minutos.

El tercer dedo entró, Gilbert curveó su espalda y se movía buscando más, descendí por su pecho para lamer sus pezones. Deleitándome con cada acción del albino, aún más a sabiendas que eran a causa mía.

-A-Ahm~ Vin~

Después de un rato sus dedos salieron de mí, pero no tardé en sentir la cabeza de su miembro rozar mi entrada, gemí en su oído, ansiando el contacto, ansiando ser suyo.

Produjo efecto pues entró más rápido de lo que tenía planeado y sentí que iba a romperme, lancé una exclamación adolorido y mis ojos amenazaron lágrimas, pero no quería que se apartara.

Lo miré preocupado ¿Había sido muy brusco?

Se abrazó más a mí y mordió mi hombro pero sin buscar lastimarme, movió las caderas lentamente en busca de olvidarse del dolor de la penetración y darle paso al placer. Yo hice lo propio, y también tomé su sexo para masturbarle en el proceso, el pareció olvidar el dolor, aflojaba su cuerpo y lo tensaba, y los gemidos comenzaron a inundar la habitación de nuevo; también los míos.

Todo aquel dolor había valido la pena, lo que estaba sintiendo ahora era increíble. Un placer inimaginable, estoy seguro que mis gemidos y suspiros lo expresaban sin disimulo, también mi cara, también mis caricias y mi cuerpo.

La velocidad de las estocadas fue en aumento, había encontrado ese punto en el que el germano se retorcía debajo de mí y pedía más, y aquello simplemente me hacía desearlo aún más, y entonces volvía a aumentar la profundidad, dando justo en aquella zona.

Me sorprendía que mi corazón no hubiera estallado aún, pero después de un rato sentía que ya no podía aguantar más… aquella atención anterior en mi miembro ya lo había despertado bastante.

-N-No aguanto más… ah~

-Hazlo –Vincent me besó con fiereza y no pude contenerme, su abdomen y pecho terminaron manchados por mi esencia.

Casi un segundo después yo terminé también, dentro de él. A pesar de que Gilbert ya había terminado gimió junto a mí al sentirlo.

Lo abrace con ternura y me recosté a su lado, besé su frente con nuestras respiraciones agitadas en el fondo.

-Vincent… -Me acurruqué abrazándolo, con mi cara en su pecho y cerrando los ojos- Prométeme que esto no es un sueño…

-No te preocupes si es un sueño… -Me miró con cierta angustia- …por que ninguno de los dos va a despertar de él.

Le sonreí y el brillo en su mirada rubí hizo que toda nuestra historia apareciera ante mis ojos.

Amé cada pelea, cada sonrisa y cada lágrima.

Lo amo a él.

Y lo seguiré amando.

Porque al final todo valió la pena.

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*Notitas: Uff y así es como termina mi largo fic~ òmó oh yes mucho más largo que In der liebe in amore~ … pero no tan largo como el Diario del asombroso yo.. asdsafasdasfdasda debo terminarlo… algún día….

Soy la persona más cursi del mundo.

En fin ¿Qué les pareció? En general a mi me gusto ;u; ya decía yo que Fanfiction necesitaba un HolPru~ ojala alguien más se anime a hacer uno algún día, me encantaría leerlo :'D

Cómo siguiente proyecto haré el oneshot que le prometí a mi Seychellosa amiga Ren~ un PruSey~ yay! Y luego comenzaré con el de la encuesta que aplique (y sigue en pie) en mi página de perfil.

Aunque también me gustaría probar otros animes como Durarara == y… caricaturas como Hora de Aventura y Duelo Xiaolin ** (O Xiaolin Chronicles asdada ya veremos que tal estará)

¿Tomatazos? ¿Besos? ¿Latigazos? ¿Algo? ¡Review es la solución!

Orden 1ª parte: Rusia/ España/ Francia/ Prusia/ Romano/ Inglaterra/ Holanda

Acotaciones 2º parte: Prusia, Holanda, Diálogos.

¡Hetalia le pertenece a Himaruya! PD: ¡Himaruya tienes que resucitar! D: