Los hermanos Potter y el secreto de la cámara

Capítulo 01

Un grito agudo despertó a Harry Potter. El que fuera héroe en las ya pasadas batallas contra el Lord oscuro, tras estar a punto de caerse de la cama del susto, miró la hora del despertador de estilo muggle que tenía sobre la mesita. Era la hora habitual de desayuno, por lo que su mujer y los niños debían estar abajo. Refunfuñando, Harry se levantó y se dirigió a la cocina.

- Albus - gruñó, dejándose caer sobre su silla habitual - Pensaba que había aparecido un dragón morado a topos naranja con siete cabezas. Casi me da un infarto.

El pequeño se acercó a él dando saltando alegremente.

- ¡La carta, la carta, ha llegado la carta! - chilló el niño, agitando un papel delante de sus ojos y volviendo a corretear por la cocina.

Harry dirigió una mirada soñolienta e interrogadora a su mujer. Aún no se había despertado del todo y no comprendía lo que pasaba. Ginny le sirvió café, sonriente.

- La carta de Hogwarts, Harry. Acaba de llegar la lechuza.

Harry comprendió.

- Enhorabuena, Albus - lo felicitó, cogiendo su taza.

- Sí, enhorabuena, Albus, pero deja ya de chillar. No es para tanto - se burló James, el primogénito.

- Ya, como que tú no diste la barra cuando te llegó la carta el año pasado - lo pinchó la pequeña Lily. James respondió lanzándole un trozo de tostada.

- Niños, no juguéis con la comida - les regañó Ginny, quitándole a su hija el trozo de bollo que iba a lanzar en respuesta - Y tú, Albus, deja ya de saltar y desayuna, hijo, que aún te matarás…

- Es que estoy contento, mami.

- Ya lo sé, hijo, pero para, por favor.

Harry contempló el desayuno familiar, pensativo. Albus, emocionado, no dejaba de hablar de la escuela de magia, James intentaba asustarle con bromas sobre lo que hacían a los novatos y Lily metía cizaña, mientras Ginny terminaba de servir la comida e intentaba (con poco éxito) que sus hijos se comportaran de una forma más o menos civilizada. La escena era cálida y hogareña, pero la mente de Harry estaba bastante lejos de ahí.

- Papi, ¿cuándo vamos a ir al Callejón Diagon? - Lily tiró de la manga de su padre, quién estaba tan abstraído que apenas había notado que los niños ya habían terminado de comer.

- ¿Eh? - reaccionó, notando la mirada de los tres niños sobre él - En cuanto los tres estéis vesti

dos y vuestras habitaciones estén presentables - le dio un beso a la niña en la nariz y la empujó suavemente hacia la puerta - Venga, los tres a prepararse mientras mamá y yo terminamos de desayunar y recogemos.

Los tres críos salieron, saltando y armando alboroto. Ginny se sentó junto a su marido y le cogió la mano, para obligarle a que la mirara.

- ¿Qué pasa, Harry?

Ella le miraba a los ojos, intentando leer que era lo que le abstraía. Harry le sostuvo la mirada, intentando aparentar normalidad.

- Nada, Ginny. Cosas del trabajo.

- ¿Cosas relacionadas con magos oscuros?

Harry suspiró. Trabajaba como auror y se había pasado los últimos años persiguiendo a los cada vez menos seguidores de Voldemort que quedaban en libertad y deteniendo a cuanto aspirante a nuevo Señor Tenebroso se le cruzaba por delante.

- Cosas relacionadas con el trabajo.

- Harry si pasa…

- No pasa nada, Ginny. Y aunque lo pasara, no es nada de lo que debas preocuparte. Quedamos en que yo controlaba a los malos y tú controlabas a esos tres demonios.

- Aún así… - la pelirroja estaba preocupada. La familia figuraba en los primeros puestos de los objetivos a eliminar de todo aquel que quisiera hacerse un nombre como nuevo señor del mal. Habían vivido con bastante tranquilidad durante años, pero no sin largas horas de trabajo. Y, a pesar de eso, alguna vez habían corrido peligro. Ginny sabía que Harry atraía el peligro como el imán atrae los metales, y ella misma era la primera en aceptar un desafío. Pero desde que llegaron los niños, era diferente. Ya no podían correr detrás de cada mago oscuro que apareciera alegremente. Tenían una familia y debían preocuparse por ella.

- No pasa nada - repitió Harry cansado - Vámonos antes de que los niños sufran un colapso por nerviosismo.

La familia salió de casa, con los niños aún revolucionados. Albus estaba muy emocionado por entrar en la escuela de magia, James, quien iba a empezar su segundo año, se había contagiado de la emoción de su hermano y no dejaba de hablar de su curso anterior y Lily estaba malhumorada, pues aún le faltaba un año para poder irse con sus hermanos y estaba ya harta de escuchar las anécdotas de su hermano. Para cuando llegaron a El Caldero Chorreante, la niña se había pegado al brazo de su padre, que seguía medio ausente, harta de la algarabía de sus hermanos, que había afectado incluso a su madre, quien estaba dividida entre la lectura de las dos listas de materiales y las anécdotas de su propia etapa escolar.

- Papá, ¿nos encontraremos con los tíos y los primos? - preguntó Lily de repente, acordándose de que su prima Rose también empezaba ese año.

- No lo sé, pero es posible. Tus tíos han tenido bastante trabajo últimamente, pero la gente suele venir estos días a por las cosas de Hogwarts. Seguro que os encontramos con muchos conocidos, así que es muy posible que los veamos.

- Eso espero. Hugo tampoco puede ir aún a Hogwarts, así que podré hablar con él - la niña subió las escaleras de Gringotts dando saltitos.

- Dirás conspirar contra tus hermanos con él - Harry dejó ir una risa y acarició la cabeza de su hija, mientras metía la otra mano en el bolsillo donde guardaba la llave de su cámara y se retiraba a un lado del vestíbulo para esperar a su mujer y sus hijos, quienes se habían entretenido mirando algún que otro escaparate.

- Nada que no se ganen - respondió la chiquilla, encogiéndose de hombros.

Por desgracia para Lily, en Gringotts no vieron a ningún conocido. Al menos, ella no.

Dado que eran muchos, Harry bajó con los chicos a la cámara mientras las chicas esperaban arriba. Albus, quien nunca había bajado a los túneles, se quedó impresionado, y un poco asustado. James, que había bajado por primera vez el año anterior, disimuló frente a su hermano su asombro, pero Harry sabía que sentía lo mismo que Albus.

El viaje se desarrolló, en general, sin incidentes. Bajaron a la cámara, cogieron el dinero necesario para las compras y un pequeño extra para cada niño ("por si necesitáis algo, pero no lo gastéis en tonterías" comentó Harry) A la salida, sin embargo, Harry se quedó parado unos instantes, cruzando la mirada con alguien que se salía de la cámara de enfrente, tras lo cual asintió imperceptiblemente. Fueron apenas un par de segundos, pero bastó para que James se diera cuenta del cambio en el rostro de su padre y, siguiendo su mirada, descubriera a la persona a la que miraba: un señor, aproximadamente de su edad, de cabello rubio platino, acompañado de una niña también rubia y de ojos muy claros, la cual también había detectado el intercambio de miradas. Sin embargo, el niño no dijo nada, ni en ese momento ni cuando se reunieron con su madre y su hermana. Por lo general, su padre era muy agradable con sus conocidos, especialmente si los niños estaban presentes. Esta vez, ni siquiera habían hecho un mínimo gesto de saludo. Sólo un breve intercambio de miradas. Aquello no era normal, y James quería saber el por qué. Pero si su padre no se había acercado a hablar con aquel hombre, por algo sería.

Los cinco salieron de Gringotts, listos para iniciar las compras.

- Veamos - dijo Ginny, volviendo a consultar las listas - ¿Qué tal si los chicos buscáis los libros y las chicas vamos a por las plumas, los tinteros y demases? Luego podemos ir a por las túnicas… y a por la varita de Albus.

Los ojos del pequeño pelirrojo centellearon de alegría al oír mencionar su varita.

- Por mí de acuerdo. Flourish y Blotts, niños - dijo Harry, rodeando los hombros de los dos niños y conduciéndoles hacia la librería

El aspecto del lugar era prácticamente idéntico al que tenía cuando Harry empezó la escuela. Una larga cola de chicos y chicas, acompañados de sus padres, esperaba para comprar sus libros.

- Poneos en la cola - indicó Harry, señalando a la hilera de gente que esperaba a que un empleado de la librería les ayudara a encontrar sus nuevos libros entre la marea de volúmenes que les rodeaban - Yo voy a curiosear un poquito, avisadme cuando tengáis los libros.

Harry se escabulló entre las estanterías, dejando a los niños en la cola, extrañados. Su padre no tenía la costumbre de dejarlos solos, aunque estuvieran en un lugar que parecía seguro. Albus miró a su hermano. El pelirrojo era capaz de notar que, desde hacía algunos días, su padre estaba un poquito raro. Pero ahora, su hermano también lo estaba. El pelinegro a duras penas contestaba a los saludos que le dirigían algunos conocidos del curso anterior. El pequeño se dio cuenta de que tenía la mirada puesta en una niña que esperaba un par de personas más adelante.

- ¿Quién es esa, tu novia? - bromeó.

James le dirigió una mirada enfadada.

- ¡No digas burradas! Quédate aquí, ahora vengo.

El pelinegro imitó a su padre, deslizándose entre la gente y las estanterías, dejando al pelirrojo aún más confuso.

- ¡Espera…!

James le ignoró. Había reconocido a la niña, era la que acompañaba al hombre con el que su padre había intercambiado aquella misteriosa mirada. El hombre, que seguramente sería su padre, no estaba con ella. Algo le decía a James que su padre y aquel hombre estarían "curioseando" la misma estantería. Los encontró en un rincón algo apartado, al fondo del comercio. Se escondió detrás de una estantería, desde donde, sacando unos libros, pudo escuchar sin ser visto.

- …podría ponerse difícil. Yo creo que deberíamos decirlo - estaba diciendo el hombre rubio.

- ¿Y preocupar a todo el mundo? - respondió su padre.

- Y prevenir a todo el mundo - corrigió el otro.

- Asustar - reafirmó Harry - además, tampoco tenemos nada seguro. Sería absurdo.

- Al menos a tu mujer, Harry.

- Si se lo cuento a ella, se lo tengo que contar a Ron y Hermione.

- ¡Pues hazlo! Esto empieza a desbordarnos, y te recuerdo que yo tengo a dos niños a mi cuidado.

- Te recuerdo que yo tengo tres.

- Tú tienes a Ginny.

- Y no pienso preocuparla y arriesgar a mi familia. Cuanto menos sepan, de momento, mejor.

- No es preocupar, es…

- Prevenir. Pero prevenir significa que hay algo a lo que hay que temer. Y antes de que lo digas, sí, te repito que si se lo cuento a Ginny se lo tengo que contar también a Ron y Hermione… y tarde o temprano los chicos lo sabrán también y entonces habría que explicar muchas cosas.

- Lo que quieras, entonces - admitió el otro a regañadientes - Pero sigo pensando que es hora de hablar…

- Vámonos, al final los niños se pondrán nerviosos - Harry zanjó la discusión, cansado. Acababa de recibir noticias no muy agradables y necesitaba reflexionar sobre ello, pero no podía en plena sesión de compras. Quería acabar lo antes posible y poder retirarse a pensar.

James, al escuchar el fin de la conversación, se escabulló lo más rápido posible, rezando por llegar hasta su hermano antes que su padre. Pero no fue posible: al evitar el camino que seguían los adultos, dio un rodeo demasiado grande y Harry llegó antes.

- ¡James! ¿Dónde estabas?

- Estaba… mirando unos libros sobre Quidditch… - improvisó el chico.

- No me gusta que te separes de tu hermano. No lo vuelvas a hacer.

- No, papá.

Albus pasó la siguiente media hora mirando alternativamente a su padre y a su hermano. Ambos estaban más silenciosos y menos alegres de lo normal y al pelirrojo no le gustaba. Y que le mantuvieran al margen le gustaba aún menos. Pero no se atrevía a preguntar nada. Por un lado, no quería enfadar a su padre, por otro, James lo mataría si lo ponía en evidencia delante de los adultos. Su hermano era un poquito arrogante a veces, aunque en el fondo era un buen chico. Claro que James jamás lo admitiría… y Albus tampoco.

Por fin, los tres varones se reunieron con Ginny y Lily en la puerta de Madame Malkin, y Albus correteó hacia ellas contento, esperando que encontrar más optimismo y conversación. La tienda estaba casi vacía en aquel momento. Madame Malkin salió de detrás de una cortina, sonriente.

- ¡Bienvenidos! - saludó alegremente - ¿Qué tenemos, algún primer año?

- Sí, este de aquí - respondió Ginny, señalando a su hijo mediano. El chico sonrió con orgullo - Y este de segundo. Necesitamos túnicas suficientes para el pequeño y un par de túnicas nuevas para el mayor - añadió, lanzándole una mirada de reproche a James, que había vuelto con algunas túnicas "ligeramente deterioradas"

- Ay, ay, ¿un chico travieso? - a un gesto de la modista, un par de cintas métricas se precipitaron sobre los chicos, empezando a tomar medidas que una pluma iba anotando.

- Travieso es poco - rió Ginny - Para este niño habría que inventar nuevos adjetivos.

Su hijo había heredado la atracción por los problemas de sus padres. Gracias a Merlín, no había habido cámaras secretas, ni piedras filosofales, ni trasladores ocultos ni padrinos fugitivos ni nada por el estilo. Pero si James se parecía tanto a su padre en el interior y en la suerte como en el exterior, no tardaría en aparecer algo. Por el momento, en su primer año de escuela había conseguido dejar una túnica como un queso gruyere ("jugando…" fue lo que dijo James) y otra estaba llena de manchas de una sustancia indeterminada que no se iba ni con magia ni con lejía ("un accidente en clase de pociones" fue la explicación)

- Bueno encantos, id pasando para dentro - indicó la bruja, señalando la cortina - que enseguida os llevo las túnicas.

Los dos niños cruzaron la cortina, mientras Ginny iba a seleccionar las túnicas junto a Madame Malkin y Harry se sentaba con Lily a esperar. Al otro lado de la cortina encontraron a otros dos estudiantes probándose túnicas: un chico de cabello rubio platino… y la chica de Gringotts y Flourish y Blotts.

- ¡Hombre, si está aquí el principito! - saludó alegremente James, dándole un golpe amistoso al rubio.

- ¡Habló el humilde! - respondió el otro - ¿Qué, al final no se han podido salvar las túnicas del año pasado?

- No, lamentablemente han pasado a mejor vida…

- ¡Qué lástima, papi y mami van a tener que comprarte nuevas!

- Uy, sí, pobres, igual se quedan sin comer… al menos yo tengo excusa, cual es la tuya.

- Los Malfoy siempre empezamos el curso con cosas nuevas - el rubio hizo un gesto altanero, en broma - además, te recuerdo que el "accidente" de clase de pociones me afectó también a mí… es la última vez que me pongo a tu lado en clase.

- Eso, y que te daba envidia que yo tuviera ropa nueva - comentó la niña para pincharle, sin apartar la vista del espejo en el que se estaba mirando.

- Si la envidia fuera tiña… ¡y deja de mirarte! ¡Es una túnica, son todas iguales, no te va a quedar mejor por mucho que te mires!

- ¡Habló el que lleva tres siglos para comprar una túnica idéntica a la que tiene en casa!

El rubio le hizo un gesto de burla y se volvió hacia el pelinegro.

- Esta es Lisse, mi tormento personal.

- Yo también te quiero…

James no hizo ningún gesto que delatara que ya había visto a la niña, pero no le costó atar cabos: era la que acompañaba al hombre con el que su padre había hablado a escondidas. Por lo tanto, el desconocido era el señor Malfoy. James sabía que su padre conocía al señor Malfoy desde la escuela, pero, por lo poco que sabía (sus padres, como casi todos los adultos, no solían hablar de su juventud) no era precisamente santo de su devoción, ni de nadie de su entorno. ¿Por qué hablaban a escondidas? La otra cuestión era si la niña (o su hermano) sabían algo de la relación. Desde luego, si la niña había detectado también el cruce de miradas en el banco, de lo que James estaba seguro, tampoco hizo ninguna observación.

- Mucho gusto. Mi hermano lleva dos meses hablando de su gran amigo. ¿Quién es el pelirrojo?

Ese comentario captó la atención de Albus, quien se había pasado toda la conversación distraído, pues las amistades de su hermano le interesaban bien poco. El apellido Malfoy le llamó ligeramente la atención, pero la expresión "gran amigo" le centró de lleno. De alguna manera, su cerebro intentaba unir los conceptos "Malfoy" y "gran amigo" y algo no terminaba de encajar. ¿No eran los Malfoy aquellos de los que alguna vez había oído hablar a los mayores? Y no precisamente en muy buenos términos…

- Este es mi hermano, Albus. Es su primer año.

- ¡Mira qué bien! También es el primer año de Lisse.

- Si te ponen en Slytherin, podemos hacer equipo contra estos dos. Será divertido.

- Sueñas si crees que vas a poder con el gran Jim, hermanita.

- ¡Venga ya, fantasma, si lleváis sólo un curso!

Antes de que se iniciara una pequeña pelea, Madame Malkin entró, seguida por Ginny, ambas cargadas con túnicas.

- Niños, si ya estáis id saliendo, vuestro padre espera - dijo, dirigiéndose a los rubios. Estos, obedientemente, se quitaron las túnicas y salieron, haciendo un gesto de despedida. Por entre la cortina, James y Albus alcanzaron a ver a un hombre rubio, apoyado en el mostrador. James lanzó una rápida mirada a su padre: estaba jugando con Lily, aparentemente sin reparar en el hombre del mostrador. Por su parte, Albus se fijó en la mirada que les echó su madre a los dos chicos. Pareció reconocerlos, pero no hizo ademán de saludarlos, y se volvió hacia sus hijos rápidamente, como si no quisiera que la vieran mirando a los otros.

- Bien, vaya probando las túnicas a los chicos mientras yo terminó de atender al señor - dijo Madame Malkin, dejando las túnicas sobre una silla.

Un rato y muchas túnicas y agujas después, la familia dejó la tienda de ropa y se dirigió hacia lo que Albus llevaba esperando todo el día: la tienda de varitas.

El señor Ollivanders estaba ya muy mayor, y su hijo, con quien tenía un gran parecido, le asistía en la tienda. Más de una vez, tanto su familia como sus clientes y viejos amigos le habían recomendado que se retirara, pero Ollivander se negaba: quería trabajar hasta el último de sus días.

- Ah, mis viejos amigos - saludó al verles entrar - ¡Cuánto me alegra encontrar a magos con varitas tan bien escogidas y tan largamente conservadas! - Harry y Ginny sonrieron - Y el joven James Potter… caoba y pluma de fénix. Como te dije el año pasado, auguro grandes cosas. Falta ver si terribles o grandiosas… claro que también pueden ser terribles y grandiosas… En fin, vamos a lo que estamos, que luego se empeñan en que me retire - Ollivander volvió su peculiar mirada hacia Albus, que se sintió pequeñito ante el anciano - Veo aquí a un jovencito que necesita una varita, ¿me equivoco?

- N… no, señor.

- Claro que no. ¿Por qué vendría un mago a Ollivander's, si no fuera por una varita?

A una señal de su padre, el Ollivander hijo empezó a sacar varitas para que el pelirrojo las fuese probando. Una a una, Albus las agitó, una a una, las varitas provocaron pequeños destrozos y el chico se apresuró a dejarlas sobre el mostrador.

- Me recuerdas a tu padre - comentó Ollivander, con una risita - tranquilo, hijo, es normal que estas cosas pasen. No te preocupes, tu hermano sí que lió una buena… - James puso su mejor cara de inocencia y esbozó una sonrisa de disculpa - Probemos con ésta a ver…

La sensación que sintió Albus al coger la varita que le tendían fue indescriptible. Sintió una corriente de energía sacudiéndole el brazo y recorriendo todo su cuerpo. La agitó y un brillante haz de chipas iluminó la estancia. Albus se sintió preparado para realizar cualquier cosa, pero su padre le frenó, cogiéndole suavemente de la mano y retirando la varita.

- Tranquilo, hijo. Tienes siete años para aprender a usarla - le dijo, con una sonrisa.

- Desde luego, una familia curiosa - comentó Ollivander, envolviendo la varita - No puedo esperar a que esta joven señorita venga a por su varita…

Los Potter se despidieron del viejo fabricante de varitas y de su hijo.

Después de la intensa jornada de compras, Harry y Ginny decidieron obsequiar a sus hijos con un delicioso helado en la famosa heladería de Florean Fortescue.

- Acabo de darme cuenta de una cosa - comentó Harry - A James le regalamos una lechuza el año pasado. Albus se merece una mascota, ¿no, Ginny? ¿Qué te gustaría, hijo? Las lechuzas están bien, así estaremos en contacto.

- Con la de James me basta - a Albus no le gustaban mucho las lechuzas. James tenía una blanca, muy parecida a la que su padre tuvo de joven, y le recordaba demasiado a un pequeño fantasma, siempre ululando. Albus estaba convencido de que la lechuza le tenía manía, o de que su hermano la había entrenado para que le molestara. El caso era que siempre que se acercaba, le mordía.

- ¿Un gato, entonces? - sugirió Ginny - O una rata. Ron tenía una.

- No me la recuerdes, anda - comentó Harry - Tal vez un sapo… Neville tenía uno.

- Más bien el sapo tenía a Neville - rió Ginny.

- ¿El director Longbottom tenía un sapo? - James soltó una carcajada.

- Sí, y siempre se le escapaba…

Los tres niños estallaron en risas.

- Bueno, como sea, vamos a la tienda de animales, ya decidirás allí qué te gusta - Harry pagó y los cinco se fueron a El Emporio de la Lechuza.

Una vez allí, se entretuvieron un rato curioseando las jaulas, en lo que el dependiente atendía a otros clientes. Todos, absolutamente todos animalitos parecían detestar a Albus.

- No lo entiendo, todos me odian.

- Para que luego digas que soy yo el que entrena a Winter - Winter era la lechuza de James. El nombre lo había escogido Lily.

- No te odian, cariño - lo consoló Ginny - es sólo que… algunos tienen más mano para los animales que otros…

- Pues entonces, Al es manco.

- ¡James!

El único animal que se dejó tocar fue una enorme boa que descansaba en un rincón. Albus se acercó a ella, mirándola fijamente a los ojos, como hipnotizado.

- Hijo, no permiten serpientes como mascotas - Harry tomó a su hijo por los hombros y lo apartó del reptil - Tendrá que ser otra cosa…

Finalmente, Albus prefirió no tener mascota. Podía compartir la lechuza con su hermano y no sentía afecto por ningún otro animal. O mejor dicho, ningún animal sentía afecto por él. Salvo la serpiente.

La que sí encontró una nueva amiguita fue Lily, que salió con una gatita negra como la noche, a la que llamó Niki.

- ¡Ay, qué bonita! - repetía la niña de camino a casa, haciéndole carantoñas a la cachorrilla, que ronroneaba entre sus manitas.

Making Off:

Al final de cada capítulo, añadiré esta pequeña (sí, claro, soy famosa por escribir notas más largas que los capítulos…) sección en la que aclararé cosas sobre el fic, contaré anecdotillas sobre su creación y comentaré/responderé/aclararé dudas que puedan surgir.

Lo primero a aclarar es que esta es una continuación libre de la saga, inspirada ligeramente (cada vez menos) en el epílogo, pero que no lo sigue. Algunos de los cambios que recuerdo (no me apetece repasarme el epílogo, la verdad, además, no me convence mucho) son los siguientes:

- El aspecto de James y Albus, que, si mal no recuerdo, está invertido. Lo siento, tengo debilidad por James, me hace ilu un James Potter II XD Lily, aunque no la he descrito, viene a ser un mini calco de su abuela, mezclada con su madre, mientras que a Albus le han tocado los genes Weasley.

- Los otros grandes cambios son en el clan Malfoy: Draco tiene dos niños (ya presentados) y posiblemente haya más cambios.

- De momento, el resto de familias se mantienen como estaban (o como recuerdo que estaban…)

- Los niños vivirán aventuras propias, pero ligadas de alguna manera a las de sus padres.

Más cosas sobre el fic:

- Llevo tiempo queriendo escribirlo (de este primer capítulo existen como veinte versiones) pero lo que me ha inspirado definitivamente a escribirlo es el buenrollismo de la comunidad potteriana de T! ¡Gracias, gente!

- Este primer capítulo ha sido el primero, escrito a medias entre una clase de Teoría del Derecho y un ataque asesino de dismenorrea. Así ha salido…

- Prometo intentar continuar lo antes posible, aunque no siempre me será posible (entendedlo, tengo vida… corrijo, soy universitaria, NO tengo vida -.-) aunque admito que los comentarios me inspiran :P

- es mi principal fuente de información. Gracias a Merlín que existe…

- He tenido que mirar el nombre de la hija de Harry y Ginny XDDD

- Lechuza blanca Winter. Sí, me van a dar el Oscar a la originalidad -.- No soy buena para poner nombres, por eso los capítulos no los tendrán.

- El nombre de Lisse es en honor a una vieja amiga de mi abuela, que pasó una temporada en su casa durante la postguerra alemana. Una mujer muy guapa a la que conocí por fotos y a la que mi abuela le tiene muchísimo aprecio. Siempre me gustó su nombre.

- Lo creáis o no, esto son 12 páginas de Word.

Pues ale, ya tenéis el primer capítulo. Admito que había momentos en los que apenas sabía cómo seguir XD pero bueno, creo que, en general, no está del todo mal.

¡Comentarios, por favor, que es mucho más fácil mejorar si se sabe qué gusta y qué no!