Vocaloid le pertenece a Yamaha Corportion.


Capítulo XV - Siempre juntos

...Dos vidas destinadas a ser enemigos por un cruel racismo...Un amor completamente prohibido...

Si la vida nos diera otra oportunidad, me encantaría estar contigo…

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— ¿Por qué tardan tanto? — se preguntó Nana a sí misma estando en la sala de espera — ¿Habrá pasado algo…? — dirigió su vista hacia una ventana y observó figuras a lo lejos. — Pero, ¿qué es eso?

Sin embargo, antes de que pudiera inferir algo, el doctor Kusakabe se hiso presente en la habitación. Nana se giró al sentirlo llegar. Sus manos comenzaron a temblar; trataba de prepararse psicológicamente para lo que viniera.

— Doctor, ¿qué ha sucedido? — cuestionó. El hombre la miró fijamente a los ojos.

Pero, antes de que él pudiese responder algo, un fuerte estallido hiso temblar absolutamente todo. Nana se tambaleó, apoyándose de la pared que poseía más cerca, y, levantando su vista, buscó al causante de aquel estruendo. No obstante, el alboroto se repitió varias veces más. Sin duda, eran bombas.

— Un ataque de tropas enemigas…— dedujo Kusakabe levantándose del suelo. Una mirada de horror apareció en la cara de la mujer — De seguro son los rusos…

— ¡Dios mío! — exclamó — ¡Debe ser en el campo! — llevó sus manos hacia su rostro pensando en lo peor.

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— Dell, ¿te sientes cansado? — preguntó en tono burlón el comandante al observar detenerse al soldado — ¿Es por eso que te detienes?

— Señor, ¿no siente algo extraño? — objetó mirando el techo del lugar. A penas cuestionó aquello, el estruendo que había hecho temblar a Nana se presentó. El suelo se meció, logrando que los presentes en la recámara perdieran el equilibrio, cayendo de rodillas el piso.

El comandante frunció el ceño y salió a ver qué ocurría. Afuera, Mikuo se estaba levantando de la tierra, al mismo tiempo en que Jack miraba el cielo. Giró a ver al líder.

— ¡Comandante, es un ataque de tropas rusas! — gritó señalando los grandes aviones que sobrevolaban el lugar. El padre de Rin subió su mirada, encontrándose con sus enemigos.

— ¡Rápido! ¡Carguen los aviones, preparen los misiles…!

Nuevamente, sin dejar de concluir el mandato del hombre, cayeron varias bombas en el campo, acabando así con cualquier protección que éste poseía. Sin hacerse esperar, tropas inglesas se hicieron paso entre los pocos guardias que quedaban alrededor de aquella prisión, exterminando a cualquier enemigo en el camino.

Después de la victoriosa entrada, los ingleses, junto con los rusos, rodearon a los soldados, apresándolos para que más tarde fueran ajusticiados por la ley. El líder del campo retrocedió, sin saber qué hacer. Veía que los soldados ingleses y rusos lo estaban buscando, sin duda, el sería quien recibiría el peor castigo.

La cruz roja británica se hiso paso entre los oficiales de su ejército, corriendo a auxiliar a los pobres presos que se encontraban malheridos, desahuciados, desnutridos y deshidratados. Meito, que se encontraba siendo atenido, recordó que se habían llevado a su amigo.

— ¡En uno de los extremos del campo, se llevaron a un prisionero, un muchacho rubio, lo tenían muy mal herido! — informó — Fueron el comandante de ese campo, el teniente Jack y dos soldados más — los ingleses asintieron y fueron en busca de Shun al recibir tal declaración.

El aludido giró a ver a su alrededor, ideando qué hacer para salvarse. Vio que Mikuo tenía la intensión de rendirse, puesto que había dejado su arma en el suelo y se había resignado a que lo pusieran preso. Pero, antes de que pudiese avanzar, el comandante lo tomó del cuello, sacó su arma y la llevó a la cabeza del joven. Aquel acto sorprendió a los soldados representantes de Inglaterra y Rusia que se habían dirigido hasta él.

— ¡Si dan un paso más, lo asesino! — exclamó. Ellos se miraron entre sí, con una notable expresión de duda en sus rostros.

— Y, ¿qué perdemos con eso? — inquirió uno, desafiándolo — Un nazi más, un nazi menos… Al final, todos recibirán su castigo.

— Es cierto.

El líder se quedó callado, nervioso por la falla de su plan. Jack miró asombrado a su comandante, y, sin entender la razón, sacó su arma, asesinando con un solo tiro al padre de Rin. Mikuo miró con miedo al teniente. Quiso decir algo, pero los ingleses no le dieron tiempo. En un parpadear, Jack había sido fusilado por los soldados enemigos. Ahora, el peliazul se encontraba solo.

— ¿Estás bien? — interrogó uno de los hombres al ver el horror en el rostro del novato. Mikuo sentía que sus piernas le fallaban, pero asintió con pudo.

— Len, ¿oíste eso? — le susurró Dell mirando con compasión al herido — ¡Han llegado los ingleses! ¡Resiste, ellos te salvarán! — sonrió con inmensas ganas de llorar — Espero que algún día seas capaz de perdonarme…

Dicho eso, la puerta de aquella recámara cayó estrepitosamente al suelo. Ingleses entraron, seguidos de los rusos, y rodearon a Len y a Dell.

— ¡Rápido! ¡Traigan a unos enfermeros! ¡Hay un muchacho gravemente herido aquí! — ordenó. Se acercaron a Dell, lo aprisionaron y se lo llevaron.

— ¿Deberíamos dejarlo con vida? — cuestionó un hombre al ver a Gakupo en el suelo, desangrándose.

— Lo que ellos hicieron no tiene perdón… Pero nuestras órdenes establecen claramente que se rescaten a los heridos y se apresen a los nazis — argumentó uno de sus compañeros. Ambos tomaron a Gakupo selo llevaron para darle asistencia médica.

Un enfermero entró en la cámara y vio a Len. Lo cargó entre sus brazos, y con lástima, examinó la gravedad de sus heridas.

— Sé fuerte, pequeño… Haremos todo lo posible para salvarte.

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— Doctor, dígame… ¿Qué ha pasado con mi nieta? — interrogó Nana cuando la situación estaba más calmada.

— Bueno… Sería mejor si usted lo viera con sus propios ojos…— la anciana sintió ganas de llorar ante aquella contestación, pero se dijo a sí misma que no podía caer, sería fuerte.

— ¡Doctor Kusakabe! — llegó corriendo un joven mensajero — ¡Tengo noticias! ¡Las tropas inglesas han tomado el campo, asesinaron al comandante y a varios de sus seguidores! ¡Ahora mismo están atendiendo a los heridos!

— ¿Al comandante…? — Nana tragó con fuerza, varias lágrimas comenzaron a caer de sus ojos. A pesar de todo, como dicen, el amor de una madre es infinito. Nadia sufre tanto por los demás como lo hace una madre por sus hijos. — Sin embargo, sabía que tarde o temprano eso pasaría… ¿Qué le parece, doctor? — el aludido la miró confundido — Me he quedado sola…

— ¿Sola…? — suspiró — Nana, sígame. Es hora de que vea a Rin — sugirió. La mujer asintió, se levantó de su asiento y caminó detrás del doctor.

Después de cruzar el largo corredor, se detuvieron en frente de la habitación en la que había estado Rin ese mismo día. El hombre le hiso un ademán para que pasara. Ella obedeció, tomó la cerradura y la abrió. Llevó sus manos a su rostro y comenzó a llorar.

— ¡Dios mío…!

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Nana caminaba a lo largo de todo el mercado, haciéndose paso entre las personas que se reunían en frente de algún puesto de verduras. Iba tarareando una canción, sonriente como siempre. Saludaba a todos los ciudadanos y a los vendedores.

Habían pasado 2 años desde que la guerra había terminado. Ahora, existía un nuevo organismo internacional que evitaría que otra disputa bélica de ese calibre explotara de nuevo en el mundo Las naciones hacían lo que estaba en sus manos para recuperar y ayudar a los países en ruinas, y, a pesar de todo, una paz reinaba en aquel momento. Claro qué, miles de personas quedaron gravemente heridas, tanto psicológica como sentimentalmente. Niños que perdieron a sus padres, adultos que no encontraron a sus familiares, jóvenes que quedaron completamente solos. Una gran catástrofe había caído sobre la Tierra, y las consecuencias se verían con el paso del tiempo.

Nana se detuvo en frente de un puesto de frutas, mirando con alegría las mandarinas. Esas eran las preferidas de su nieta. Mientras examinaba los alimentos, una muchacha de cabellos azules verdosos, idéntica a Mikuo, solo que en versión masculina, se acercó a ella.

— ¡Nana! — sonrió. La susodicha se volteó a verla. — ¿Cómo ha estado? ¿Cómo se encuentra?

— Muy bien, Miku — contestó esbozando una risita en su rostro — ¿Y tú, querida, cómo has seguido? ¿Cómo se encuentra tu hermano?

— ¡Muy bien! — respondió con ánimo — Ya casi termina de pagar su condena de llevar a cabo servicio social… Para mi madre fue un verdadero alivio que Mikuo no fuera sentenciado a muerte por ser solo un novato.

— Además, él tiene un buen corazón — se expresó — No merecía morir por una obligación... Ya que, después de todo, a él lo obligaron a introducirse en la armada.

— Así es — iba a agregar algo más cuando las campanas de la Catedral sonaron. Nana se sobresaltó al caer en cuenta de que eran las doce.

— ¡Ah Dios! — tomó unas mandarinas y las pagó — Miku, debo irme. Me saludas a tu madre y a tu hermano — la muchacha asintió, despidiéndose de Nana con la mano.

Corrió a través de la gente, sin duda llegaría tarde a su casa. Iba cruzando la plaza, cuando, cerca de una de las grandes fuentes, chocó con una jovencita, cosa que hiso que todas las cosas que llevaban se cayeran al suelo.

— ¡Discúlpame! — dijo Nana, para observar a la niña detalladamente. Era de más o menos 10 años, poseía un lindo cabello ondulado, de color rubio y ojos azules como el cielo. Le recordaba mucho a Rin.

— Lo siento, señora…— se inclinó levemente — Fue mi culpa por no fijarme mientras corría…

— No te preocupes, pequeña. Yo también iba distraída — Nana le guiñó un ojo y acarició su cabellera. Se agachó para recoger las bolsas — ¿Quieres una mandarina, querida?

— No debo aceptar cosas de extraños…— contestó la chiquilla. Miró atentamente la fruta y prosiguió — Sin embargo… Sí me encantaría…

— ¡Hikari! — la llamó un joven, corriendo hacia ella — ¡Te dije que no te alejaras! ¿Qué ocurriría si te perdieras? ¡Mamá acabaría conmigo! — le reprendió. La niña escuchó atenta el regaño.

— Lo siento, onii-san…

— Tú…— dijo Nana al observar bien al joven. — Santo cielo…

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— Pasen, están en su casa — comentó Nana, ofreciéndole la entrada a los dos hermanos. Ella vivía en una casa bastante acogedora. Las paredes estaban tapizadas con pinturas de flores. Los muebles eran de abeto, algunos estantes de roble, unas mesas de pino… Una gran variedad de clases. Habían alfombras con temas coloridos. Libros, lámparas, vasijas, jarrones, imágenes… De todo un poco.

— ¡Qué lindo lugar! — chilló la pequeña. Nana sonrió y le propuso que hicieran galleas juntas — ¡Claro!

— Disculpe — captó su atención el chico — ¿Dónde está el baño?

— Al final del…— Nana hiso una pausa y sonrió de una extraña forma. Luego, continúo — Corrijo, es la segunda puerta a la izquierda. — el joven no entendió por qué lo miró de esa forma, más le restó importancia y se dirigió al segundo piso.

Mientras subía escalón por escalón, observó cuadros de Nana, Rin y Shun. Una sonrisa se apoderó de su rostro, para luego continuar con su trayectoria. Al estar en el corredor, buscó la puerta del cuarto que le había indicado Nana. Tomó el picaporte, lo giró y la puerta se abrió.

— Nana, pensé que llegarías más temprano…— dijo una voz suave desde la cama ubicada al fondo de la pieza. Aquella muchacha rubia cargaba un pequeño pañito mojado en su frente — ¿Has traído mandarinas?

Él no contestó. Se acercó lentamente a la cama, tomó asiento en la orilla de ésta y la inspeccionó detenidamente. Rin había dejado crecer ligeramente su cabello; se veían notables cambios en su cuerpo. Sin duda, ya no era una niña de 14 años… Ahora era toda una joven de 16.

— ¿Nana? — repitió ella. Al no recibir respuesta, retiró de su frene aquella toalla y se dispuso a sentarse mientras decía: — ¿Acaso hice algo malo para que me hagas la…? — pero calló en seguida al ver a su acompañante. Sus ojos se abrieron al tope, para luego empañarse por completo, llevó sus manos hasta su boca con el fin de evitar que un grito saliera y su corazón comenzó a latir con fuerza.

— Es la primera vez que estamos tan cerca, sin ningún obstáculo …— comentó Len sonriente. Ella no aguantó más y se lanzó a sus brazos. Cuánto había esperado ese momento.

— ¡Len! ¡Len! ¡Len! — lo nombraba incontable veces — ¡Pensé que habías muerto…! Cuando me enteré que habían bombardeado el campo lo primero que me vino a la mene fuiste tú…— alzó sus ojos para encontrarse con los orbes de su amado. Con una de sus manos acarició su mejilla y estrechó el abrazo — Muchas gracias, Dios…

— Te amo — susurró el joven cerca de su oído. Rin se paralizó ante aquella confesión — Todos estos años reflexioné que nunca tuve la oportunidad… o más bien, el valor de decírtelo directamente… Pero ahora, la vida me ha dado una segunda vez… no deseo desaprovecharla.

— Len…— ella lo abrazó con fuerza, conmovida por esa declaración — Yo también… ¡Yo también estoy perdidamente enamo…! — pero no concluyó su oración. El rubio atrapó sus labios, obligándola a callar.

El beso fue tierno, lento, lleno de amor. Algo que ambos habían estado esperando por tanto tiempo. Una vez en sus brazos, Rin se encontraba agradecida por sentir la calidez que le impregnaba su Len. Tomó lugar en las piernas de éste y rodeó su cuello en un movimiento rápido. Len la miró con amor, y algo divertido.

En esos minutos, Rin se tomó la molestia de examinarlo detenidamente. Había dejado de ser un niño, ahora era todo un hombre, con sus miembros bien definidos; atractivo para cualquier muchacha.

— ¿Por qué me miras tanto, querida? — inquirió él, muy cerca de su cuello. Ella se estremeció al sentir el aliento de Len chocar contra su piel.

— Bueno… A decir verdad, te has vuelo… — él la escuchó algo inquieto— Muy hermoso… — opinó con un sonrojo en su rostro. Len sonrió y se inclinó levemente para besarla otra vez.

Sus labios estaban por rozarse cuando, de improviso, un grito proveniente de la puerta los alarmó.

— ¡Hikari, no veas! ¡Éstas son cosas de adulos! — exclamó Nana, tapando la mirada de la pequeña.

— ¡Na-Na-Nana! — chilló Rin avergonzada ante la interrupción — ¡Debes tocar antes de entrar!

— ¿Tocar? ¡Pero si la puerta estaba abierta! — refutó la anciana — ¡Si querían más privacidad, la hubieran cerrado! — ambos se sonrojaron ante aquel comentario. Rin miró suplicante a abuela, mientras Len desviaba su mirada.

— ¡Onii-san! — la pequeña se destapó los ojos — ¿Ella es tu novia?

— Así es — contestó Len enseguida. Rin se quedó sin habla, sonriendo de oreja a oreja — ¿Te parece linda, Sakura?

— ¡Sí, es muy bonita! — respondió — ¡Tengo una hermana muy bonita!

— Muchas gracias, Hikari...

— Bueno, prepararé el almuerzo. Hikari y Len se quedarán para comer. ¡Hay que celebrar este encuentro!

Nana salió junto a la hermana menor de Len para darles otro momento a solas a los jóvenes. Ellos salieron a la terraza del cuarto de Rin, donde se apreciaba una hermosa vista de un gran bosque. Len rodeó la cintura de la rubia con sus brazos, y apoyó su barbilla en el hombro de ella.

— Creí que este momento jamás pasaría… Yo, atrapada en tus brazos… — se regocijó la joven. — Sin embargo, me da pena pensar que muchos han sufrido para que estuviéramos juntos… ¡Oh! — recordó un detalle — Len, ¿cómo se encuentra tu familia?

— Mi madre estaba enferma cuando fue liberada, pero ahora se encuentra mejor…— contestó y su semblante cambió a uno de tristeza — Me enteré que mi padre murió apenas lo arrestaron…

— Perdón, no debí preguntar — se disculpó ocultando su mirada en el pecho del chico. Len sintió como algo húmedo llegaba hasta su piel… Ella estaba llorando.

— Basta, no hay motivos para que sufras… — agarró con delicadeza sus hombros y la separó un poco de él — Estamos juntos, ambos vivos, y eso es lo importa ahora — limpió algunas de las lágrimas que caían por sus mejillas. Rin tomó la mano de Len e hiso que él la dejara apoyada sobre una su rostro— Es cierto… tengo algo que darte — buscó en los bolsillos de su chaquea y sacó el relicario que ella una vez le dio. — Me prometí que si te volvía a ver, te lo daría…

— Lo guardaste — sonrió. Se giró mientras él acomodaba el colgante en su cuello. Cuando acabó, Rin se quedó mirándolo fijamente.

— ¿Qué sucede?

— Hagamos una promesa — sugirió ella, a lo que él respondió con una mirada llena de confusión — Desde ahora, siempre estarás a mi lado, yo siempre estaré contigo — levantó su dedo meñique para cerrar el pacto.

— Yo siempre estaré a tu lado aunque no me lo pidas — aclaró. Cerró sus ojos, respiró y pronunció — Siempre juntos — concluyó imitando el gesto de la rubia.

Cuando acabaron su promesa, él plantó un beso en la comisura de sus labios y la acorraló en contra de la baranda del balcón. Rin enredó sus dedos en el cabello de él y sonrió.

— Te adoro, Len…

— Y yo a ti, Rin…

"Jamás desesperes, aun estando en las más sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante…"

Miguel de Unamuno.

Fin.


Fin... Fin... Fin

¡Muchísimas gracias por haberme acompañado y apoyado durante el desarrollo de mi fic.

¡Muchas gracias, gracias, gracias!

Espero que les haya gustado el cap., simplemente no pude dejar que se murieran.

Dejen su reviews :3

¡Gracias a todos, a mis lectoras Toph Kagamine, Rinka Megumi, ArikaFD, Montse Black, Kuro-Neko-Angel, Nulpi por dejarme reviews que me han animado a seguir! ¡Son geniales!

Nos vemos! Cuídense!

Con mucho amor, Jess.