disclaimer applied. Masashi Kishimoto © Naruto. yo todo lo demás.


title. Arráncame la vida.
rate | genre. T | suspense/hurt/comfort.
pairing. Sasuke Uchiha | Sakura Haruno.
summary. ―Sasuke-kun, no quiero verte morir ―pero lo ha matado de todos modos, o algo mucho peor. Un jutsu mental que sella sus recuerdos, y es un niño. Debe protegerle, no ser enamorada, ser hermana. Guerra, Sasuke, Sakura ¿en qué falló?, ¿por qué el sueña y ella recuerda?, ¿es que jamás se va a terminar? Siempre Sasuke, y al revés, Sakura por él. (más completo)
by. ViryMousy (Viliviry)

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Cuenta hasta tres, y abre los ojos, ¿no ves el mundo al revés?, ¿no ves todo el fuego que me acaba?. Uno, dos y tres, gira y gira y gira, jamás se va a detener.


«Noche púrpura»


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Intentó no pensar demasiado en «ello», pero como siempre, su corazón ignoró por completo toda su fuerza de voluntad y se aceleró.

Caminó decididamente hasta llegar a la última celda de aquel oscuro y frío lugar: los calabozos. Su paso no era el más rápido del mundo y ella lo sabía, pero no hacía nada por acelerar el proceso, porque de hecho era el único momento en el que podía verlo.

Suspiró y sacudió la cabeza, tomó entre sus manos la bandeja con comida y tragó saliva en seco cuando llegó a la celda indicada.

Su corazón se oprimió, su vista ya se había acostumbrado a la oscuridad y podía verlo perfectamente, Sasuke Uchiha se encontraba encerrado ahí.

Tres meses habían pasado desde que el joven Uchiha estaba encarcelado, convertido en un prisionero. Tres meses, ella llevaba la cuenta. Porque al final, Naruto sí que había cumplido su promesa y ahora Sasuke estaba frente a sus ojos. Pero algo estaba mal en el feliz cuadro, y era exactamente eso, que no era feliz.

Ella creyó que todo volvería a ser como antes, pero no fue así. En realidad era obvio, pero como siempre, ella se aferró a la idea de que si crees en algo puede ser realidad. Creer no es lo mismo que hacer, desear no es realizar: Nada es lo que parece.

Porque había esperado mucho más para vivir ese momento, pero todo había sido jodidamente fácil y la asustaba. La batalla fue ardua, mortal, inverosímil y peligrosa.

La última vez que lo había visto antes de eso, él intentó matarla y ella intentó matarlo a él, claro que se quedó en eso: En un intento. ¿Cómo seguir amando a alguien tan solo te hace daño? En realidad es una pregunta estúpida, la mayoría de la gente no responde coherentemente, y no solo se ve involucrado el instinto masoquista que todo el mundo tiene encerrado.

Tampoco ella podía responder a eso, porque lo quería solo porque sí, porque no podía dejar de quererlo. Y no solo era la costumbre de hacerlo, era porque de verdad no podía olvidarlo. Eso no impedía que se reprimiera.

―Uchiha ―llamó con voz fuerte y clara―. Debes comer algo ―dijo y depositó la bandeja con comida en el lugar de siempre, recogió los alimentos que había llevado hacía unas horas como desayuno y negó levemente con la cabeza, todo estaba intacto y algo le decía que lo que estaba dejando… en un rato también lo estaría. Comprendía la actitud reacia del muchacho a la comunicación, pero no comprendía su instinto suicida, ¿por qué demonios no comía nada?

Lo más sorprendente es que no había perdido peso, mucho menos fuerza. Como siempre, Sasuke era… Sasuke.

―Uchiha ―repitió, no se había atrevido a llamarle nuevamente como antes, no era que no quisiera pero el remordimiento le pesaba y prefería no ahondar mentalmente en el tema―. Mírame… necesito hacerte un chequeo médico.

El muchacho no se movió, ella se acercó a las rejas y junto sus manos. Hizo unos cuantos sellos y susurró una palabra para liberar el jutsu que protegía la seguridad de la celda, una que solo ella y Tsunade, junto con algunos Anbu, conocían.

Sakura se dispuso a entrar en el cubículo, una vez que las amenazas ninja desaparecieron por completo.

Adentro, Sasuke ni siquiera se había girado a mirarle porque parecía haber algo mucho más interesante en el muro que estaba frente a él, Sakura se quedó mirándolo fijamente pensando que de hecho… no debía haber ido sola. Pero ella le había rogado mucho a Tsunade para que la dejara hablar con Sasuke, el chequeo médico no era más que su pretexto. Sasuke lo sabía, porque no era estúpido, así que procedió a ignorarla.

Sus planes estaban saliendo cada vez peor, no era suficiente para nadie que su hermano estuviera muerto. No, claro que no. Había tenido que dejarse atrapar por Konoha para no morir a manos de Madara, decidiendo traicionarlo.

Tanto Karin como el resto de su equipo, habían sido capturados por Akatsuki, y no era que le importara demasiado lo que les ocurriera así que no pensó mucho la decisión de dejarlos atrás. Él había huido para encontrarse con Naruto, a sabiendas de que el rubio no iba a preguntar el porqué de su fácil victoria. Pero Sakura sí se lo preguntaba, él podía verlo y sentirlo, y le fastidiaba que no se quedara con la explicación de su caída.

Por supuesto que la guerra había terminado de manera afable, pero Sasuke sabía, que era solamente un nubarrón en la tormenta que se avecinaría. Después de todo… él no deseaba destruir la aldea, pero sí matar a Uchiha Madara.

Madara era un loco ambicioso con aires de grandeza, era como un segundo Orochimaru pero aún peor, porque él estaba unido por un fino lazo de sangre y linaje a él. Y eso le hacía sentir asco, solo un poco.

Aspiró aire nuevamente, la presencia de Sakura comenzaba a tornarse molesta y ni siquiera habían pasado dos minutos. No llevaba la cuenta, pero de todo el tiempo que había pasado ahí, solo Sakura había bajado a visitarlo. Solo ella lo alimentaba y procuraba, aunque actuara despectivamente en su presencia.

―Date vuelta ―escuchó, hizo caso omiso de la orden hasta que ella le tocó el hombro―. Dije que te dieras vuelta ―repitió Sakura.

Molesto, Sasuke se giró a encararla, no se puso de pie porque no podía hacerlo gracias a las cadenas que lo mantenían pegado al suelo. Sakura hizo una ligera reverencia hacia él, que no la miró precisamente de manera conciliadora

―Quítate el haori ―murmuró la chica.

Sasuke obedeció monótonamente. Ella se mordió el labio tratando de controlar los impulsos de su cuerpo, era mujer y tenía hormonas, y había que admitir que por muy loco que estuviera, Sasuke seguía siendo el hombre más atractivo con el que se habían topado sus ojos de niña y de mujer.

El antes desconocido orgullo de la chica Haruno, le obligaba a mantenerse firme frente a Sasuke. Pero a solas era otra historia, era como si fuesa dos personas diferentes.

Era Sakura Haruno, la mejor kunoichi de la aldea. La ninja aprendiz de Tsunade. La más apta. Valiente. Fuerte e inteligente frente a todos. Por dentro era solo Sakura. Débil. Rota. Burda. Sentimental. Chillona. Molesta…

Bueno; se valía todo al ser bipolar.

Pese a todo, no se atrevió a sonrojarse cuando el torso de Sasuke quedó a la vista. Su piel era tersa pero tenía algunas cicatrices. Sakura se agachó para estar a su nivel, y se puso de rodillas mientras tocaba los puntos vitales del Uchiha.

Checó su pulso, presión, condición física y todo lo básico. Satisfecha de saber que el cuerpo de Sasuke no había sufrido deterioro alguno, Sakura sonrió levemente.

Pasaron varios minutos. Lo único que se escuchaba era la respiración de ambos, arrítmica.

―Puedes vestirte ―murmuró, y Sasuke no la miró pero procedió a subirse el haori y cubrir su pie―. Estás fuerte, pero casi anímico, ordeno que comas algo ya ―agregó mientras se ponía de pie.

Fue entonces cuando logró que él la mirara, ante la palabra orden. ¿Acaso ella se había atrevido a ordenarle algo? ¿Qué sucedía en ese mundo oscuro en el que estaba encerrado?

―Una orden ―murmuró Sasuke, carraspeó debido al poco uso dado a su voz y Sakura jadeó porque era la primera vez en todo ese tiempo que él hablaba. La primera vez desde hacía mucho tiempo en que escuchaba su suave, grave, profunda y característica voz. Era todo lo que lo hacía ser él, todo lo que ella alguna vez había deseado.

―Exacto ―contestó―. Es una orden, soy médico ―le recordó, tratando de imponerse, tratando de ser fuerte como se suponía que era.

―Hn ―la arrogancia: estaba encerrado en un puta calabozo oscuro y seguía siendo arrogante, ¡¿cuál era el problema de Sasuke? O acaso era… ¿era que podía ver a través de sus mentiras?

Esperaba que no fuera que en realidad él supiera que ella no era así de fuerte, aunque quisiera.

―Uchiha, el juicio contra ti será mañana, más vale que estés preparado ―continuó como si nada hubiese pasado. Por dentro se regocijaba, pero no iba admitirlo públicamente.

De cierto modo, Sakura se había vuelto como él: reservada, fría cuando era necesario y ya no lloraba por todo. Tampoco era tan inútil como antes. Había sido la primera en acabar con un miembro de Akatsuki, seguida de otros más, claro. Ahora sabía lo que le había sucedido a él: La muerte transformaba a las personas, siempre.

La vida sigue después de la muerte, para las personas que la experimentan, por supuesto, pero no de la misma manera que antes. Es casi imposible recuperar el ritmo que se tenía, y puede que se sea incapaz de lograrlo.

Sasuke no contestó, se limitó a asentir sin mirarla y cuando tuvo su haori puesto, se giró para admirar la pared nuevamente. Sakura se sintió ofendida, pero no herida, al menos no tanto como antes. Lanzó un gruñido a sabiendas de que el juicio en contra de Sasuke Uchiha era la etapa final para el asesinato a un criminal; ella lo sabía, Naruto lo sabía ―que lo tuvieran controlado con palabras inútiles era otra cosa―, y Kakashi lo sabía.

Nadie había hecho nada. Tsunade lo había prohibido terminantemente, Sasuke no solo se había vuelto algo psicópata, porque había intentado matar a Naruto y Sakura tantas veces que ya había perdido la cuenta, sino además de todo se había vuelto el hilo débil entre la guerra y la paz en el país del fuego.

Y a pesar de todo, ninguno de ellos había dejado de buscarlo. Ahora que estaba aquí… todo era realmente raro. En realidad era como si no hubiera pasado nada, porque de hecho había pasado todo.

Naruto se había vuelto más fuerte y maduro, Hinata ya no se sonrojaba tanto frente a él porque ahora eran pareja. Sakura se había alegrado por ellos y se relegó a ser la celadora oficial de Sasuke. Mucho había cambiado, y suele suceder que cuando los cambios son tan grandes… difícilmente te das cuenta de ello, precisamente por ese detalle, porque no quieres hacerlo.

¿Por qué aceptar que todo era un caos? Sakura había deseado por mucho tiempo volver a tener a Sasuke con ella, ahora que lo tenía no sabía qué hacer.

Era como un niño con un juguete nuevo; el chiquillo desea fervientemente el juguete y no puede pensar en nada más que en tenerlo, claro que, una vez que lo tiene: las ansias, la emoción y el regocijo, todo se pierde y después ya no sabe qué hacer con su juguete.

Sasuke no era un juguete, pero Sakura ya había perdido todas las razones que tenía para desear que regresara. En resumidas cuentas estaba jodidamente confundida. Suspiró, decidida a cambiar su confusión por la fuerza que solía tener, se rehusaba a volver a ser débil y tonta frente a él. Le dio una ligera patada para que volviera a mirarla.

―Quisiera preguntarte algunas cosas ―anunció, pero él la miró con casi-aburrimiento.

Sasuke no sabía la razón, bien podía ser porque siendo humano le era necesario el contacto social aunque no lo quisiera, pero fue como si algo se hubiese encendido dentro de él, y su voz fue activada.

―No tengo por qué responder ―contestó con voz grave, Sakura no se dejó intimidar y raramente, Sasuke se decepcionó del hecho ―sin saber porqué―, la sensación de tener que predecir las reacciones tan… predecibles de Sakura había desaparecido.

―Sí tienes ―espetó ella―. Quiero ayudarte, y para ello necesito que me digas cosas, yo acompañaré a Tsunade-sama en el juicio y...

Él alzó una ceja. Esperaba una sentencia, claro, pero aunque en fondo lo sabía, realmente no tenía en mente que Sakura abogara por él.

―Hn ―el sonido aquél fue respuesta suficiente. A oídos de Sakura, un claro y altisonante: me importa una mierda.

Sakura no perdió el control de sí misma y se inclinó levemente hacia delante.

―Uchiha ―murmuró mientras hacía amago por no caerse―. No es que tu clan sea famoso hoy en día, ¿es que ya no te importa tu vida? Sin ti, el clan Uchiha desaparecerá para siempre.

Sasuke se giró lentamente a mirarla, eso había sido un golpe bajo y ambos lo sabían. Ella no bajó la mirada y sus ojos se encontraron con los de él. Pasaron varios segundos así. Hasta que Sasuke, con su marcada indiferencia, rompió el contacto visual.

―Vete ―soltó.

Ella accedió sin decir nada más, ya que no era mucho lo que podía soportar, con ese cruce de palabras tenía suficiente para atormentarse mentalmente toda la vida. El ruido que hizo él al acomodarse nuevamente, fue rápidamente contrastado con la reja cerrándose.

―Piénsalo bien, yo… Sasuke… yo… ―la voz de Sakura se había quebrado, se limpió las lágrimas que brotaban de sus ojos verdes e hizo los sellos propios para volver a encerrar al chico Uchiha―. Yo no quiero verte morir ―agregó y se dio media vuelta para irse.

Ya no había usado el apellido, perdió todo sentido ante su declaración poco ortodoxa. En realidad era toda la verdad, ella no quería verlo muerto, pese a que no supiera que hacer realmente con todo lo que sucedía en su mundo, estaba segura de una sola cosa: No soportaría vivir sin Sasuke de nuevo. A fin de cuentas seguía siendo patético, pero no importaba, porque de hecho ella era patética, pero tampoco importaba, porque lo único que tenía en la cabeza era el puto juicio del idiota de Sasuke.

Iba a hacer lo que pudiera porque no fuera asesinado. Aunque el precio a pagar por querer eso, fuera tenerlo sin tenerlo.

Irónico, además de estúpido. Pero ella era así.

Por dentro, y mientras caminaba por el oscuro pasillo de vuelta a la superficie, Sakura estaba resquebrajándose. Por fuera lucía exactamente como siempre, ataviada con su blusa roja y pulcramente arreglada su banda ninja: Ella era Sakura Haruno.

Por su lado, ahora nuevamente solo en la oscuridad de su encierro, Sasuke apretó los ojos cuando su estomago hizo un pequeño ruido. Solo él fue capaz de escuchar, aunque no había muchos prisioneros con él ahí abajo. Hizo caso omiso del demandante sentimiento de hambre, cruzó los brazos y recargó la espalda en la pared.

No había mucho que hacer por ahí, la verdad, tan solo se dedicaba a pensar y evitar a toda costa el hambre. Otro ruido de su estomago se escuchó, rebotó en la pared y regresó a sus oídos, gruñó en respuesta y cerró los ojos.

Tenía que concentrarse, olvidar el día de mañana, el día de su juicio. Era resonado por toda la aldea y él lo sabía, no le interesaba en lo más mínimo. Porque él no quería estar en esa pútrida celda. Venganza había sido su apellido durante más de cinco años, posiblemente diez. Pero ahora… si había que decir la verdad, estaba bastante confundido, asqueado de la vida y del sistema, asqueado de sí mismo. Y de Itachi, y de Madara, y de Naruto, y Sakura, y el puto mundo que lo hacía volverse loco y no saber qué hacer.

Miró fijamente la comida que Sakura había llevado, y sopesó sus posibilidades: ser un criminal desnutrido o un criminal con el estomago lleno. Escogió la segunda y se deslizó lo que sus ataduras le permitían, para alcanzar la comida que Sakura le había llevado.

Hincó los dientes en el pescado y se comió todo el arroz. Después de todo, era un hombre y tenía necesidades indispensables para vivir.

Por dentro; el dolor, el coraje, la sed de venganza y la locura, estaban consumiéndolo. Por fuera, lucía tan impávido como siempre, su mirada oscura era fiera y su haori portaba el símbolo de su clan: Él era Sasuke Uchiha.

Cuando los rayos del sol dieron de lleno en su rostro, Sakura se cubrió con su mano, observó con detenimiento como era que Naruto la esperaba afuera y cómo no podía dejar de llorar.

―Sakura-chan ―dijo Naruto al verla, se quedó callado cuando comprendió la triste mirada jade, no dijo nada más y se aproximó a ella.

Sakura lo miró un momento y después se limpió el rostro, sonrió. Naruto le devolvió la sonrisa e hizo su pose favorita, indicándole que todo estaría bien porque él haría que así fuera. Ella recobró la confianza y se dispusieron a alejarse de allí rumbo a la torre hokage, porque después de todo, el juicio contra Sasuke Uchiha sería al día siguiente y todos los ninjas de su generación estarían presentes. Los doce ―aunque en realidad eran once―, de Konoha. El grupo de chiquillos infantiles que ahora eran hombres y mujeres fuertes, de provecho, inteligentes y que sabían lidiar con la muerte porque la habían visto con sus propios ojos.

Su generación era la que más había sufrido. Pero no importaba porque seguía unidos, esa era la voluntad del fuego, el camino que habían elegido.

―Sakura-chan ―llamó Naruto dando un salto tenaz―. ¿Qué crees que pase mañana con el bastardo?

―No le llames así, Naruto ―contestó Sakura antes de razonar lo que decía, era un hábito forjado con los años, borrado con esfuerzo y recuperado abruptamente solo porque sí. Porque ahora que Sasuke había vuelto… parecía todo tan normal como decir: Iré a ver a Sasuke. Claro que lo iba a ver a donde estaba encarcelado, pero lo vería. Algo de todos los días, parte intrínseca de su vida.

―Bastardo ―decía Naruto, enojado porque Sasuke le había ganado en algo.

―Cierra la boca, perdedor ―respondía Sasuke sin siquiera dignarse a mirar al rubio que saltaba a su alrededor lanzando improperios, porque él era mejor.

―¡No llames así a Sasuke-kun, Naruto! ―tajaba Sakura―. Ignóralo, Sasuke-kun ―y le sonreía solo a él, pasando del rubio. Verde para el negro, el azul tan anhelante como el cielo.

―Hn ―emitía el Uchiha, sabiendo que su compañero comenzaría a gritarle en el oído a ella y se libraría de él. Por mientras.

―¡Pero, Sakura-chan! ―el rubio tenía un ataque de furia, pero miraba a Sakura con infinita agonía, producto del coraje y el rechazo.

―¡Cállate, Naruto! ―furiosa, Sakura acababa por golpearle como si fuese el peor de sus enemigos..

Y Kakashi rogaba al cielo un poco de paciencia, ignorando al trío de mocosos temperamentales que tenía bajo su cuidado… como siempre.

De manera retorcida, todo ahora era «como siempre». Absurdo, como cuando eran niños y no había preocupaciones de otro tipo que no fuera comer ramen, entrenar como loco y conquistar a Sasuke.

―No lo sé, Tsunade-sama pretende que esté presente en la interrogación.

―Pero tú no eres de inteligencia…

―Ya sé ―murmuró ella cabizbaja.

―Hey Sakura-chan, ¡anímate!, ¡te invito a comer ramen! ―Naruto cambió el tema en un acuerdo mutuo de silencio.

Sakura sonrió, pero negó levemente, se abrazó a sí misma y trató de sonreír más abiertamente. Naruto no tenía porque saber que de hecho, y muy posiblemente, Sasuke no iba a ser perdonado tan fácilmente. De saberlo, volvería a rogar por su vida, ella también estaba dispuesta a hacerlo pero… no quería pensar en ello, no en ese momento.

―Naruto… necesito descansar ―excusó y comenzó a alejarse del rubio―. ¡Come un tazón enorme de ramen por mí!

―Sakura-chan…

―Naruto yo… yo… quería preguntarte algo, verás… ―comenzó a decir la chica de cabello rosa, Naruto se acercó a ella instintivamente―. ¿Por qué crees que esto está bien? ¿No sientes nada raro? ¿Cómo si algo no encajara?

―¡¿Pero qué dices, Sakura-chan? Si todo encaja bastante bien, !el bastardo está aquí con nosotros!, y nosotros somos el equipo siete…

―A eso me refiero… yo… yo no puedo evitar sentir que… que no debe ser así… ―alzó los hombros y se mordió el labio, no era el momento de hablar de ese tipo de cosas y lo sabía, no había podido evitar sacar el tema porque la estaba comiendo por dentro―. Pero olvídalo.

El rubio se rascó la cabeza, confundido, frunció el ceño y sus ojos azules brillaron de sospecha, pero no dijo nada más. Había aprendido a quedarse callado, tanto por hábito como para cuidarse de los golpes de Sakura. No parecía que fuera a golpearlo pero podría suceder, ella era así.

―Ya, Naruto, te veré mañana ―dijo Sakura y saltó para perderse entre los árboles. Naruto la miró alejarse con las manos en los bolsillos, cuando se percató de algo peculiar: la casa de Sakura estaba hacia el otro lado.

Sakura no podía, tampoco quería, dejar de pensar en Sasuke. Tenía miedo, realmente tenía mucho miedo. ¿Qué pasaría por la mañana? Por mucho que Sasuke fuera su ex-compañero, ni el consejo ni la Hokage tendrían piedad con un criminal de ese calibre. Ella tampoco la tendría. Pero ella era ella, Sasuke era Sasuke y nada estaba bien. Suspiró y llegó al antiguo campo donde solían entrenar todos juntos.

Observó los tres troncos, se visualizó de pequeña ahí mismo… junto con Sasuke, Naruto y Kakashi. Habían sido tiempos mucho más apacibles, llenos de problemas infantiles como: no sonrojarse al ver a Sasuke ó golpear a Naruto si decía alguna tontería. Ahora tenía que preocuparse por la vida de Sasuke y apoyar a Naruto si algo salía mal. Los problemas eran de vida o muerte.

Se sentó a observar el atardecer. A recordar lo que había perdido, recuperado, lo que estaba podrido dentro y fuera de ella.

Su corazón latía frenéticamente y no podía respirar bien, pero no iba a detenerse, el rubio iba a la delantera y ella no quería quedarse a atrás. No iba a quedarse atrás.

Siguieron saltando y pronto, llegaron al lugar que el pequeño perro ninja había indicado: Una especia de playa con un hermoso atardecer.

Sakura jadeó y Naruto no se detuvo, así que ella volvió a correr detrás de él.

―Lo encontramos ―murmuró Hinata detrás de ellos.

―Más rápido ―alcanzó a decir Naruto antes de acelerar… Sakura hizo lo mismo y rápidamente dejaron a varios de su equipo rezagados. No iba a perderlo, no de nuevo, jamás.

Ambos, Naruto y Sakura, se quedaron estáticos ante la escena: Sasuke estaba tirado en la arena y parecía bastante débil.

―¡Sasuke! ―gritó Naruto.

Sakura se quedó callada, se quedó parada lejos de ambos y sintió su corazón latir con fuerza.

El rubio se acercó al Uchiha y se puso de rodillas cerca de él. Naruto, y todos los demás, ya estaban cansados de luchar con varios miembros de Akatsuki para llegar hasta ahí.

―Aléjate de mí ―murmuró con un aura peligrosa el Uchiha, activó el Sharingan y alzó la mirada, fieramente se apartó del rubio y se puso en posición de batalla―. ¡Ya deja de perseguirme, jódete!

Naruto frunció el ceño e hizo varios clones, la pelea iba en serio.

―Vendrás con nosotros ―dictó con los ojos azules destellando furia.

―Te lo dije ―respondió Sasuke―. Si luchamos…

―Ambos moriremos ―completó Naruto―. Pues que así sea, ¡Pero regresarás a Konoha, aunque sea para que te entierren ahí!

Sakura se mordió el labio y comenzó a avanzar, presa de un profundo pánico paralizante. Claro que su orgullo, toda su desesperación, le dictó que no se quedara quieta, que ésta vez hiciera algo.

―¡No! ―gritó Sakura y saltó para intentar interponerse entre ambos.

―¿Tú qué demonios haces? ―preguntó Sasuke, se tambaleó levemente pero eso pasó desapercibido―. Ésta vez si te mataré ―amenazó, Sakura no se detuvo.

―¡No le hables así a ella! Hemos pasado mucho tiempo buscándote, bastardo ―contestó Naruto abruptamente, apartando a Sakura bruscamente.

―No pedí que lo hicieran, idiota…

Sakura dio un golpe en el suelo. Haciendo que por reflejo ambos ninjas dieran un salto gigantesco. Al acto, Naruto hizo dos clones en aire y Sasuke se dio cuenta por lo que sacó su Chokuto y se lanzó contra el rubio.

La chica de cabello rosa miró hacia arriba. El rubio y el moreno chocaron, cayeron al suelo y los tres quedaron situados en un peligroso triángulo.

Los demás ninjas de Konoha llegaron, Kakashi les ordenó mantenerse al margen: Esa batalla era personalmente del equipo siete.

Todos los clones de Naruto, el chico rubio real y Sakura, miraron fieramente a Sasuke. Él escaneó sus posibilidades y decidió caer dignamente, ya tenía poco chakra, y desmayarse así porque sí, le parecía patético para alguien como él.

―Sasuke ―murmuró quedamente Sakura apareciendo detrás de él, sin que Sasuke supiera cómo fue eso posible. Naruto se acercó ante la distracción, y al mismo tiempo, ambos lanzaron un golpe.

Si bien podría haber escapado del golpe de Naruto, porque el idiota no era tan listo. Podría haber escapado del golpe de Sakura, porque a fin de cuentas, ella era débil. Pero no pudo escapar de ambos, menos simultáneamente.

El cuerpo de Sasuke se tambaleó, primero hacia adelante porque Sakura golpeó primero, luego hacia atrás porque Naruto remató: Cayó en los brazos de la chica.

Pero sus reflejos siguieron intactos, se alejó de ese remedo de equipo letal y con las pocas fuerzas que tenía, realizó un Chidori.

Sakura lo veía venir, por lo que canalizó todo el chakra que pudo en su puño para soltar otro golpe. El grito de Naruto se lo impidió, éste ya había hecho un rasengan. Mierda, ¿no sabían más técnicas o qué? Ambos siempre presumían de lo geniales que se habían vuelto ―sí, Uchiha también pero a su manera tan burdamente arrogante―, y siempre usaban esas técnicas.

―¡Chidori! ―gritó Sasuke con voz queda, se inclinó hacia adelante debido a la debilidad y ésta vez Sakura sí lo notó.

―¡Rasengan! ―coreó Naruto, éste se proyectó hacia adelante al mismo tiempo en el que Sasuke hacia amago de atacarlo.

Sakura se mordió el labio, con el pensamiento de que esto era raramente conocido para ella, recordó el porqué y sonrió amargamente. Ella corrió al instante para interponerse entre ambos, sin pensarlo, otra vez sin pensar más que en la seguridad de ese par. Temía por la vida de Sasuke, tenía por la vida de Naruto, pero por la suya no. Aspiró profundo y en lugar de interponerse como si fuera idiota, porque no lo era, siseó al soltar un golpe en el suelo que desestabilizó a Naruto y le hizo perder la bola de energía. Lo mismo sucedió con Sasuke, solo que éste se hundió en un agujero del suelo.

La batalla terminó en ese instante ―por muy burdo, patético, rápido o poco interesante que pudiera parecer― Naruto gritó el nombre de Sasuke y ella corrió hacia la grieta donde él se había perdido.

Ahí estaba, sucio y ensangrentado por el golpe. Con los ojos cerrados y las energías agotadas, el amigo que habían buscado desde siempre: Sasuke.

Porque todavía no estaba claro para ella el porqué había sido así de… sencillo. Sasuke debió dar más pelea, debió hacer que ella sufriera de dolor ante sus intenciones homicidas. Pero no sucedió nada. Él fue altanero pero dio poca batalla, incluso podría decirse que fue algo débil. Naruto no se lo había preguntado porque estaba exultante ante su victoria, pero ella sabía que no estaba bien.

―Sasuke-kun… ―susurró, se atrevió a decir su nombre de esa manera, mientras acomodaba su rostro sobre la punta de sus rodillas. Abrazándose a sí misma siguió sentada ahí, sobre la hierba húmeda, sobre todos sus recuerdos y absurdos sueños.

Porque no era que Sakura fuera una tonta niña enamorada, había pasado mucho tiempo desde entonces y ya ni siquiera sabía si podía llamarse amor. No, tal vez no era amor, podía ser costumbre, estupidez, necedad o masoquismo. No estaba segura y no iba a averiguarlo la noche antes al juicio, lo sabía.

Un ruido la alertó, se puso de pie en un solo movimiento y miró hacia la oscuridad de los árboles.

―Identifícate ―ordenó.

―Tan agresiva como siempre, igual de fea ―murmuró Sai mientras salía de las sombras y sonreía. Sakura apretó los puños, cómo deseaba golpearlo.

―Sai ―susurró, molesta, y volvió a sentarse en el suelo. Harta de pensar demasiado en todo lo acontecido recientemente―. ¿Qué quieres?

―La quinta quiere verte ―anunció el chico de cabello negro―. He sido mandado a buscarte, para llevarte allá.

―¿Tan tarde? ―preguntó Sakura, desconfiada, somnolienta y molida emocionalmente.

―Sí, se trata sobre Sasuke Uchiha.

El nombre socavó su autocontrol, volvió a ponerse de pie y echó a caminar hacia su ahora compañero de equipo. Pensó en cómo sería si Sasuke fuera perdonado y… restauraran su lugar oficial en el equipo siete. Sería… además de su sueño hecho realidad, estúpido, absurdo y además imposible. No pasaría.

―¿Quieres hablar sobre algo? ―preguntó Sai mirándola fijamente.

Sakura frunció el ceño y lo miró también. Negó sin decir nada.

―¿Por qué lo preguntas? ―dijo Sakura, mirando al frente mientras ambos caminaban hacia la torre hokage, a pesar de la hora que era.

―Te ves preocupada, he leído que cuando una mujer no dice nada lo quiere decir todo… así que…

Sakura giró los ojos.

―Te he dicho que los libros no siempre lo dicen todo, cierra la boca.

Sai asintió mientras sonreía.

―Es por Uchiha Sasuke, ¿no es así?

―Si soy tan obvia, supongo que tengo que decir que sí ―contestó Sakura y asintió también, pero sin mirarlo todavía.

―Era de suponer, tus ojos brillan cuando dices tan solo el nombre.

Se sonrojó, perdida entre la poca razón que le quedaba y las ganas de golpear a Sai que tenía. Claro que el chico no tenía la culpa de aquella sinceridad bruta, tampoco de esa sonrisa estúpida ni de sus ojos oscuros ni de…

Sakura, muy a su pesar, se giró a mirarlo una vez más.

―¿Mis ojos...?

―Brillan ―respondió Sai, con simpleza―. De todos modos, Tsunade te necesita, ¿quieres hablarlo o algo así? Supongo que tengo que escucharte. Cuando un amigo lo necesita, hay que escucharle.

―No, estoy bien ―mintió, para ambos, y luego bufó―. Gracias, Sai, vamos con la Hokage.

Llegaron con Tsunade, Sakura ya estaba lo suficientemente estresada como para golpear a quien osara molestarla más de lo que Sai ya lo había hecho. No tocó la puerta y entró solo porque sí. Tsunade la recibió con una mirada paralizante, Sakura tragó saliva en seco.

―Tsunade-sama ―saludó la joven haciendo una ligera reverencia, se incorporó y asintió dando a entender que la escuchaba.

―Sakura ―comenzó Tsunade―. ¿Cómo ha estado todo allá abajo?, después de casi dos semanas, habrían de existir algunas mejorías.

―Nada ―se apresuró a decir Sakura―, él no habla y tampoco come.

―Ya, entonces, ¿qué crees que suceda mañana?

―Yo… no lo sé… ―instintivamente, Sakura se abrazó a sí misma y sollozó tratando de ahogar el llanto y todo lo demás en su pecho.

―¿Tienes listas tus preguntas? Recuerda que te confié esto a ti porque eres fuerte, no me puedes fallar.

Sakura asintió y miró el suelo fijamente. Claro que tenía sus preguntas…. Pero simplemente dolían, todo dolía. Dolía respirar, pensar, y ver a Sasuke tal y como era ahora.

―Sakura, quiero que hagas algo.

Ella abrió mucho los ojos al escuchar eso. Se mordió el labio.

―¿Quién será parte de mi equipo? ―atinó a preguntar, esperanzada, como toda una estúpida, en que Sasuke fuera parte de su equipo. En que el patético sueño de: «Volver a ser el equipo siete», se cumpliera así de fácil y rápido solo porque a ella le gustaba imaginarlo.

Claro, no fue tan errado su pensamiento.

―Es solo para ti ―declaró la mujer rubia, Sakura esperó a que continuara hablando―. Tendrás que ser la defensora de Sasuke Uchiha. Y no es exactamente una misión, pero tómala así si quieres.

Y ahí fue donde Sakura hizo el esfuerzo sobrehumano para no caer al suelo, ya le dolía todo.

―¿Qué? ―dijo jadeante, sus dientes castañeaban.

―Me escuchaste, no me interesa lo que decida el consejo mañana por la mañana, estoy bastante segura de que no me escucharán y no podré hacer mucho por conservar al muchacho con vida. Todo ha pasado por su causa, ¡sabes que estuvo a punto de estallar una guerra…!

―Lo sé, Tsunade-sama ―interrumpió antes de que, seguramente, el escritorio de la rubia pereciera como otras tantas veces.

―Quiero que averigües sus verdaderos propósitos, no me creo que se dejara atrapar tan fácilmente. Es un Uchiha después de todo, así que tienes que ser lo suficiente inteligente para salvarlo.

Sakura asintió, vaya, ella no era la única loca que pensaba que la situación no tenía pies ni cabeza. La hacía sentirse un poco mejor, no del todo, solo un poco.

―Yo…

―Sakura ―interrumpió ahora la voluptuosa rubia―. Confío en que puedes hacerlo, de hecho eres la única que es capaz de hacerlo. Perdóname si esto te supone algún tipo de trauma. Si lo hace… lo entenderé…

Por un momento, Sakura respiró tranquila.

―Acepto, Tsunade-sama ―murmuró y se mordió el labio, sin saber exactamente por qué aceptaba algo como eso. Si ella… si ella no podía ganar… si lo condenaban a muerte… sería toda su culpa y se moriría por eso. Pero también sabía que nadie más podía hacerlo, porque ella lo conocía lo suficiente. No un hombre, ni un Anbu, ni Kakashi o Naruto. Solo ella.

Sakura no conocía a nadie con el estómago para soportar al nuevo Sasuke Uchiha porque ya nadie ―aunque fuera muy atractivo― estaba loca por un traidor, un criminal y un loco. No. Solo ella.

Lejos de sentirse importante, Sakura se sentía con ganas de vomitar. Muchas ganas de vomitar. Escuchaba repiqueteos, tal vez solo era que se había vuelto loca pero podía escucharlos.

―¿Eso es todo, Tsunade-sama?

―No ―respondió la rubia, sonrió un poco―. La sentencia será decidida de acuerdo a la defensa que ejerzas, querrán entrar en su mente. Pero quiero que tú entres primero, eres la mujer más cercana a Sasuke que existe en ésta aldea, te mereces el respeto por ello y la oportunidad de hacerlo. Orochimaru fue mi compañero, lo perdí a él también y no quiero que te suceda lo mismo que a mí, ni con él ni con Jiraiya. Por favor, Sakura, esfuérzate.

Ella asintió, convincente lo más posible, quería correr y abrazar con mucha fuerza a su maestra. Quería cerrar los ojos y que eso no estuviera pasando, despertar y ser aquella chica de doce años que enloquecía por Sasuke y aborrecía a Naruto, no sufrir por uno y añorar al otro. Su vida giraba en torno a ello desde aquellas fatídicas palabras.

―Equipo siete: Naruto Uzumaki, Sakura Haruno y Sasuke Uchiha ―dijo Iruka, Naruto saltó, Sakura se lamentó. Cuando el tercer nombre fue pronunciado, fue Naruto quien agachó la cabeza y fue Sakura quien saltó de alegría. El comienzo de todo. El comienzo… del fin. El triángulo intrínsecamente enlazado por dolor, muerte, sonrisas, rivalidades, amor. El destino que ellos mismos forjarían, la fugaz felicidad, su madurez y luego su pena. ¿Quién dijo que el siete era el número de… la buena suerte?

―Puedes irte ―dijo Tsunade y ella avanzó hasta la puerta―. Y Sakura, mantente firme…

Ella cerró la puerta al salir y caminó ausente hasta su hogar, aunque no pudo dormir. Tsunade Senju se había vuelto completamente loca, debía estar borracha aunque no pudo notar ni un ápice de descontrol en su voz…

Pues vaya que Tsunade confiaba mucho en su fuerza, algo que ni ella misma hacía, porque no se sentía capaz de hacerlo, realmente no. Ya tenía sus preguntas preparadas, cada una era como una herida fresca y profunda que no podía tocarse. Pero quería ser fuerte para poder mirarlo a los ojos e interrogarlo, para imponerse y ser la mujer fuerte que todos querían que fuese, que todos creían que era.

Sakura se dirigió a su hogar, rendida emocionalmente, destrozada, mutilada. Probó a intentar dormir, pero no funcionó, así que se acostó boca abajo y abrazó a su almohada. Se sentía extasiada, mareada, profundamente asustada y… tal vez algo emocionada. Contradictoriamente, en realidad, quería que el día de mañana llegara. Porque Sasuke, que estaba ahí, vivo, consciente, sería enjuiciado. Ella lo sabía, él cambió gradualmente con los años hasta llegar a aquello, si no lo detenían, se convertiría en, no un humano, un monstruo sediento de sangre; lleno de odio, cegado, oscuro. Y la situación no era la más idónea, tampoco normal, pero ella algo haría para hacerlo cambiar. ¿Quién sabe? El cambio los atacaba a los tres, y ella no tenía motivaciones tan fuertes, podría volverse loca de tanta pena, de tanto amor, de tanto dolor. Egoísta hasta la médula, podría acabar con todo aquello ella misma.

Naruto tampoco dormía, se limitó a mirar el techo de su habitación y juguetear de vez en cuando con la sombra que podía proyectar con sus dedos. Estaba radiante, exultante ―no es que conociera el termino―, pero no le gustaba la actitud de Sakura, porque, ¿Qué estaba mal? Hasta donde él sabía, ella siempre había querido que Sasuke volviera porque quería estar con él más que a nada en el mundo: Él lo trajo para ella, además de ser su hermano. Sakura no era buena mentirosa, y Naruto la conocía ahora mejor que nadie, él sabía que ella estaba confundida.

Así como sabía que no lo amaba de esa manera cuando se lo dijo, sabía que ahora no tenía idea de qué hacer. Por eso la apoyaría al día siguiente.

Sasuke, por otro lado, tampoco dormía. Él estaba bastante despierto, repasando mentalmente lo que diría por la mañana. Sí, él sabía lo que le preguntarían y lo que tenía que decir. Era Sasuke Uchiha después de todo, era inteligente, y paciente. Esperaría el momento perfecto para soltar toda la historia sobre la redención y el arrepentimiento… sobre cómo había sido todo un error y después de todo, él quería volver a sus raíces. Porque Naruto le había convencido y ya estaba harto del camino oscuro de la venganza ―tenía planeado algo tan convincente que dejaría frito al consejo―, sería solo cuestión de tiempo para que cayeran rendidos ante la inminente, pero falsa, verdad en sus palabras.

Y así, en esa noche que parecía más purpura y lúgubre que otras, ningún joven del antiguo equipo siete pudo conciliar el sueño. Porque muchas cosas pasarían… justo en la mañana.

Sakura abrió los ojos y la luz dio de lleno en su rostro. Se desperezó y decidió que no quería seguir acostada porque no había dormido nada, de todos modos. Tomó su traje ninja y se lo puso, su banda con el símbolo de Konoha relucía en su cabello rosa. Era como cualquier otra mañana, claro. Pero no para ella.

Al mirarse al espejo solo pudo pensar en sus ojos verdes, su estatura y su porte. El porte que extrañamente ella sabía que no poseía, pero que se le daba bastante bien fingir que sí. Suspiró y terminó de arreglarse.

Su corazón latía desaforado cuando salió de su hogar y se dirigió a las celdas, no a la torre hokage.

―Sakura-san ―llamó una voz, ella se giró sorprendida por no escuchar ni sentir al ninja detrás de ella, era un Anbu después de todo―. Buenos días, ¿lista? ―preguntó.

―Sí ―concordó la chica y echaron a andar con bastante rapidez hasta llegar a donde se mantenía a los prisioneros de guerra, traidores y demás. Los nervios estaban comiéndola viva, pero no iba a demostrarlo.

Sakura y el hombre enmascarado entraron al recinto y bajaron las escaleras que conducían hasta el último piso. Ella pisaba firmemente, aunque su corazón negara lo que por fuera demostraba: Fuerza. Se encaminó hasta llegar a la última celda y habló con voz clara y fuerte a la persona en su interior.

―Uchiha Sasuke ―llamó, sin esperar siquiera a escuchar algún ruido por respuesta, quebrándose, cerró los ojos y lo dijo: ―Es hora de tu juicio.

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Cuando sientas que te rompes, todo un poquito más, sabrás que amas. con locura y con pasión, siente y siente aquél calor. está bien cuando el amor es dolor.


he comenzado por editar esta historia, para darles mayor calidad, que de todos modos ahora tengo un montón de cosas encima. pero no quiero fallar, por nada del mundo, ni borrarla ni nada. así que me atengo a que me odien y comencé a editarla. tengo estas cosas feas de economía, y un montón de palabras griegas, y proyectos de yadayada (súper interesante) y luego exámenes y universidad D:
¡PERO LAS AMO! y quiero brindarles mis ideas, con calidad (que creo que mejora algo si la edito). GRACIAS.

¿reviews? ―el orgasmo del escritor― si has leído, comenta. you know, así sabré qué tan linda eres tú *-*' y te acosaré (?)

―Viliviry. ViryMousy. Uchiha Viry. Haruchiha Viry― (por si no sabían que soy polifacética)