disclaimer applied. Masashi Kishimoto © Naruto. yo todo lo demás.


«Todo el tiempo estoy pensando en ti, para pasión y locura mía. Yo gozo de aquella infame psicopatía, me gustan tus ojos y admiro tu dolor; me duele, pero quiero darle a tu vida un poco de color»


«piensa en Sasuke»


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Tsunade casi nunca había permitido que Sakura observara una sentencia, en todo caso no había surgido la necesidad, pero la rubia le explicó que era necesario, para entender y revertir errores que pudiesen existir en el sistema.

Desde luego, Sakura se la pasó llorando, grabándose a fuego cada palabra que había surgido de los labios de Sasuke en su momento final.

Shizune había ido a cambiarse, puesto que habían confeccionado ropas especiales para la ocasión. Ropas con el símbolo Uchiha a la espalda, el clan iba a surgir nuevamente y era necesario. Sakura estaba ataviada con sobrios colores, ya no usaba rojo. Ahora usaba negro, púrpura y azul. Portaba el característico abanico rojo y blanco, sonreía pero muy poco.

Inoichi Yamanaka había metido a Sasuke, que estaba inconsciente, en una especie de cámara que solían usar para la interrogación. Con tan solo la cabeza como punto principal, Inoichi se concentraba en dar vuelta atrás a los recuerdos del joven. Era una tarea sencilla, un jutsu amnésico si se le quería ver así. Era algo que solo él podía hacer, y solo él podía revertir.

Tenía sus fallas, como todo jutsu, un punto ciego, y era por eso que había que renovarlo con frecuencia intermitente de al menos diez meses entre medio. En todo caso, era solo por seguridad, ese jutsu borraba parcialmente la memoria y creaba una especie de espacio vacío, de modo que incluso aunque fallara… ese espacio se mancharía poco a poco y no solo de una vez: Recuerdos al azar volverían, pero no sería tan grave.

―¿Falta mucho, Tsunade-sama? ―susurró Sakura.

―Sí, no es fácil borrar una vida ―respondió Ino, robándole la palabra a Tsunade y luego inclinándose a modo de disculpa―. Me enteré de la sentencia, ¿estás de acuerdo en esto, Sakura?

Ella bajó la mirada, y luego asintió, su vestimenta afirmaba la ligera inclinación de cabeza.

―¿Cuánto falta, Ino? ―preguntó otra vez, pero ahora dirigiéndose a su amiga.

―Eh… supongo que unas horas, según entiendo, hay que dar un retroceso brutal a los recuerdos que ya existen. Borrarlos, almacenarlos si es necesario, y finalmente crear nuevos. No tienes de qué preocuparte, está en manos de mi padre.

―No estoy preocupada, estoy asustada ―respondió Sakura e Ino se golpeó la frente.

―No cambias nunca, frentona, ¡no tienes nada qué temer! Él sigue aquí, y eso es lo que importa ―parecía que la rubia ya había recobrado su habitual personalidad, y volvía a ser más fuerte que Sakura, emocionalmente hablando.

―No estará aquí ―susurró Sakura.

―Estará, el jutsu borra recuerdos pero no personalidades. Con eso se nace, no necesariamente se hace, así que seguirá siendo Sasuke-kun después de todo ―Ino avanzó hasta su padre, pues para eso había asistido ahí, juntó las manos, canalizó chakra y comenzó a liberarlo en la frente de Sasuke.

Sakura giró el rostro, pues no quería ver eso, Tsunade le tocó el hombro.

―Vamos, niña, demuéstrate a ti misma que yo no estoy equivocada y eres más fuerte de lo yo podría llegar a ser. Acompáñame, Sakura ―musitó y la chica sorbió unas cuantas lágrimas―. Hay algo que tenemos que hacer antes de que el momento de la transformación llegue.

Ella no entendía nada, pero finalmente obedeció y siguió a Tsunade por los amplios pasillos de la torre Hokage, con la mirada gacha, sin recordar que ahora vestía como miembro del clan Uchiha.

―Mira ahí ―llamó Tsunade, apuntando con un dedo un cartel que había sido puesto ahí en cuanto el juicio de Sasuke había terminado―. He repartido bastantes, y dictado a todos los ninjas Anbu que esparzan las nuevas reglas de Konoha. Todos saben que Sasuke Uchiha ha sido perdonado, y lo vulnerable que ahora se encuentra. Sakura, creo que entiendes que esta situación es más delicada de lo que parece ―la miró fijamente―. Él corre el peligro inminente de morir, ahora que no puede defenderse, es por eso que tú vas a cuidarlo por sobre todas las cosas, ¿entiendes?

Sakura parpadeó, confundida primero y satisfecha después, asintió y apretó entre sus manos uno de los panfletos. Ahí estipulaba que cualquiera que mencionara la anterior existencia de Sasuke Uchiha, algo sobre su vida repleta de sangre, pagaría caro esa falta. Por otro lado, anunciaba que quien viera al niño, no diría su identidad fuera de la aldea.

Después de todo, el niño seguiría siendo parte del clan Uchiha y cualquiera relacionaría que era él mismo, pero tardaría en entender.

Por otro lado, Sakura estaba parpadeando lentamente y alzó la mirada hacia Tsunade.

―Entiendo, protegeré a Sasuke a costa de todo ―susurró, jurándose a sí misma que sería de esa manera.

―He mandado llamar a todos los ninjas de tu generación, para comunicarles la sentencia. Quiero que estés a mi lado en ese momento, puesto que Shizune está ocupada, tú eres la portavoz del Clan Uchiha ahora.

Sakura asintió, mientras la cordura se le escapaba de las manos como agua. Tragó saliva en seco, y luego Tsunade le sonrió, caminaron juntas hasta la oficina principal de la Hokage.

Afuera, estaban todos y cada uno de los chicos que Sakura había conocido desde que tenían seis años, prácticamente su familia.

―Hola chicos ―saludó Sakura, y al instante todos fijaron su vista en su nueva vestimenta. Era raro mirarla sin que estuviera ataviada con el atuendo rojo que la caracterizaba.

―¿Sakura? ―preguntó Lee, y ella asintió―. ¿Por qué… estás vestida así?

Ella se mordió el labio, y Tsunade apareció detrás de ella, con una sola mirada la Hokage logró que todos entraran a la oficina. Sakura se posicionó a su lado, y aspiró aire profundamente mientras escuchaba a Tsunade repetir las palabras que había dicho frente al consejo de ancianos.

«La sentencia de Sasuke Uchiha, será volverse un niño nuevamente. Sin recuerdos que motiven su sed por la venganza, el niño Sasuke estará bajo el cuidado de Sakura Haruno y Shizune que ahora forman parte del clan Uchiha y serán conocidas como Shizune Uchiha y Sakura Uchiha, respectivamente. Nadie tiene porqué hablar sobre el tema, el niño crecerá con nuevos valores y sus habilidades, únicas, serán aprovechadas conforme su crecimiento para un nuevo comienzo. Uchiha ha de cumplir ésta sentencia, hasta que vuelva a gozar de los diecisiete años con los que ahora cuenta, esto es irrevocable y necesitará de la ayuda de todos»

La chica de pelo rosa mantenía los ojos cerrados, escuchando a Tsunade en completo silencio. Le dolía ponerse a pensar en todo aquello, pues se sentía culpable por quitarle a Sasuke todos los buenos recuerdos que tenía de su infancia. Pero así debía ser, y ella no podía hacer nada, lo que la hacía sentir del asco.

―Entiendo ―dijo Shikamaru―. ¿Ellas serán sus guardianas? ―preguntó, refiriéndose a Sakura y Shizune.

―Su familia ―interrumpió Hinata, que por ver primera no jugueteaba con sus dedos―. Así será… será más normal para Sasuke, ¿verdad?

Tsunade asintió, y entonces Sakura abrió los ojos.

―Esto no es fácil, él es uno de nosotros, pero…

―¡Yo pienso exactamente como tú, bella flor de cerezo! ―gritó Lee, poniéndose en plan «chico genial» y haciendo que Sakura sonriera, sintiéndose incómoda―. Pero, ¿no eres muy joven para ser la madre…?

―Sakura no será la madre de Sasuke, será… algo así como su hermana mayor. He decidido, de entre todos ustedes, que Sakura es la mejor opción para llevar a cabo la misión de cuidar al criminal Sasuke Uchiha.

―¿Por qué, Tsunade-sama? ―quiso saber Kiba, y Akamaru sacó la lengua agitándola al aire―. Si solo es porque era parte del equipo siete…

―Un hombre no puede realizar ésta tarea, y tengo que decírselos, he elegido a Sakura por ser más cercana a Sasuke como su antigua compañera. Sasuke será visto como lo que en realidad será: un niño. Y me temo que muchos de ustedes no lo verían así, se debe inculcar al chico el amor hacia la aldea y esas cosas de las que careció cuando niño.

«Espero contar con su apoyo, puesto que aunque la misión es de Sakura, ustedes son su equipo, ¿está claro? » ―preguntó Tsunade, finalmente.

La mayoría de muchachos asintieron con solemnidad, Sakura se mordió el labio sintiendo entonces el golpe de la realidad. No podía decir que los nervios la hubiesen abandonado, pero ciertamente estaba temblando aunque no lo pareciera.

―Pueden retirarse ―susurró Tsunade, y todos obedecieron. Hinata le sonrió afable a Sakura, entonces Tsunade la detuvo y las llamó a ambas―. Hinata, Sakura, si han de comentarle algo de esto a Naruto Uzumaki… que sea con el mayor tacto posible, seguro que deseará saber que sucederá con Sasuke, pero no quiero interferencias, ¿bien?

―Sí, Tsunade-sama ―dijo Hinata, Sakura simplemente asintió.

Hinata salió, mientras Sakura se retorcía los dedos nerviosamente. Aspiró profundamente y exhaló ruidosamente.

―Sakura ―llamó Tsunade―. Creo que deberías ir a ver qué tal van con Sasuke.

―Perdón, Tsunade-sama, pero no puedo ir. No quiero ir.

―¿Por…?

―No puedo soportarlo más ―soltó Sakura―. Creí que podía… pero, pero… ¡Tsunade-sama, estamos haciendo algo peor que matarlo! Desaparecerán sus recuerdos, los más felices que tenía… la única felicidad que alguna vez llegó a sentir y…

―El dolor es parte de la vida ―interrumpió la rubia quedamente―. Aprendes a vivir con él o dejas que te destroce completamente. Sakura, la paulatina locura que Sasuke desarrolló es comprensible hasta cierto punto, pero ciertamente él es una persona con corazón débil y sentimientos quebrantables. Pudo haber resistido, como tantas otras personas, la muerte. Uno se sobrepone a todo el dolor que enfrenta, o termina justo como Sasuke está ahora.

«Si te pones a pensar en ello, seguro que es demasiado cruel lo que estamos haciéndole. Pero algo se tiene que hacer, y alguien debe hacerlo, grábate una cosa en la mente: Es necesario. Por si mismo él jamás encontraría el camino correcto, es demasiado temperamental aunque físicamente sea muy sobrio, y tarde o temprano, siempre, se dejaría llevar por el odio y la dolorosa vida que le ha tocado vivir. Son errores suyos, por los que nadie más que él debe pagar, pero hemos estado a punto de hacerlo. Esto es beneficioso para ambas partes y, además, sabes que deseas que Sasuke Uchiha sonría sinceramente. La locura es parte de todos nosotros, y se desata con el dolor… así que…» ―posiblemente Sakura había dejado de escucharla, posiblemente aún lo hacía, pero sonrió lentamente.

―Suéltame, Sakura ―dijo Sasuke aquella vez, mientras ella le rodeaba el cuello con los brazos y suspiraba quedamente. Era esa clase de alivio, que te libera por dentro cuando sientes que estás muriendo, como volver a respirar y ver el mundo a color. Saber que él estaba bien, era su dotación de plenitud.

―Sasuke-kun ―susurró ella a su oído, porque si bien él decía que lo soltara… tampoco hacía nada por evitar su contacto. Sakura pensó que tal vez estaba demasiado cansado para seguir siendo hosco, pero aún así lo soltó después de un rato―. Me alegra que estés bien ―dijo, con total sincerad y una sonrisa cálida. Él la miró seriamente y no respondió nada más.

Era así, y no muchas veces lo había visto sonreír, y cuando sucedía era como si todo brillara más. Como cuando miras fijamente el sol, y todo lo ves brillante al momento de mirar el mundo otra vez. Si bien el efecto no dura mucho, es suficiente para joderte la vista un poco. Era así.

―Iré, Tsunade-sama ―interrumpió Sakura, a las explicativas palabras de Tsunade, y finalmente la rubia guardó silencio, salió de ahí y se dirigió a la sala de interrogación.

Comprendía a Tsunade, y finalmente tomaba en cuenta lo fuerte que era aquella mujer. Ahora era que veía con claridad, porqué era que ostentaba el cargo que tenía: La quinta sombra de fuego.

Tsunade Senjū había experimentado más dolor del que Sakura razonaba. La muerte de su familia entera, quedándose sola en el mundo. Sin más que amigos separados por sus ambiciones, por el destino, Tsunade había desarrollado esa fuerza valerosa que una gran mujer posee. Infinitas muertes: Su hermano pequeño, su novio, frente a sus ojos y entre sus brazos. Abandonos circunstanciales de su único apoyo: Orochimaru, Jiraiya, amigos encarnados en su alma, perdidos en una lucha vil el uno contra el otro.

Sakura pensó entonces en Naruto: creciendo sin el amor de una madre o la sonrisa orgullosa de un padre. Solo desde pequeño, con el desprecio sobre su espalda… sí, su amigo era también muy fuerte. Buscaba amigos donde había solo odio. Su rostro dibujaba una sonrisa ante el dolor, la sangre y la soledad. Persiguiendo a Sasuke cuando éste no quería ser encontrado, persistiendo aún cuando ya no había fuerzas de donde sacar. Sonriéndole aún cuando le dolía por dentro. Naruto era realmente fuerte, y estaba orgullosa de ser su amiga, su hermana y su compañera en aquella carrera contra el tiempo, contra la muerte: La vida.

Pensando en la entereza de personas como ellos, se dio cuenta de lo débil que seguía siendo. Por muy entrenada que estuviera, ella no podía manejar lo que le sucedía, todo lo que le dolía. Así que en ese momento, se prometió a sí misma hacer lo posible por soportar lo que viniese, aún cuando su sangre marcara el camino.

Tenía miedo de entrar, por supuesto, pero el miedo se veía superado por la curiosidad y la curiosidad superada por el amor, y el amor superado por… el dolor. Abrió la puerta, y entró sigilosamente.

Ino se había ido, eso parecía, solo Inoichi Yamanaka seguía frente a Sasuke y lucía cansado. Sakura se aproximó hasta allí y entonces… el rubio cesó en su labor y realizó tres sellos distintos, de los que Sakura no quiso distinguir ninguno.

―Está listo ―musitó el hombre, y se giró para mirar a Sakura―. Pueden transformarlo ahora, de preferencia antes de que despierte o será muy confuso para él.

―Yamanaka-san ―dijo Sakura―. ¿Eso es reversible?

―Por supuesto, todo jutsu mental es reversible ―respondió él―. Pero nunca de golpe, así como tardé en realizarlo, los recuerdos pueden ser recuperados pero nunca todos a la vez. Empieza de adelante hacia atrás, y si es que alguna vez recuerda algo… sería lo más reciente que pudo haber hecho. En todo caso, no hay de qué preocuparse Sakura, el jutsu solo puedo revertirlo o arreglarlo yo, yo o algún miembro de mi clan que lo sepa realizar. Y soy el jefe, solo yo lo sé.

Sakura frunció el ceño, las palabras tenían ese tinte tranquilizador de quien no quiere darle largas al asunto, eso no le convencía en lo más mínimo. Si había alguna posibilidad de que Sasuke recuperara sus recuerdos, si bien era pequeña… aún así existía. Y el tan solo rememorar como había actuado antes de que lo dejara inconsciente, le hacía no querer saber qué haría si es que regresaba su mentalidad normal.

―Tranquilízate ―dijo Inoichi e interrumpió el hilo de sus pensamientos―. Si te la pasas razonando cada decisión que tomas, lamentarás cada paso que des tarde o temprano. Ve por la Hokage… hay que proceder a la transformación antes de que los últimos efectos del jutsu se pasen.

Ella obedeció, sin ser capaz de responderle y no sin antes echarle un vistazo a Sasuke. Lucía impávido, como casi toda su vida, pero ésta ocasión parecía muy tranquilo. Sus rasgos no estaban crispados, porque incluso cuando dormía, y Sakura lo sabía porque se había pasado la mayoría de las misiones que tenían cuando niños, en las que dormían por la noche juntos; observándolo. Él mantenía el rostro enjuto y serio.

Sakura sonrió, solo por un momento se permitió hacerlo, y lanzó un sonoro suspiro antes de volver con Tsunade. Le informó que todo estaba listo, y la rubia mandó llamar a Shizune también.

―Muy bien, entonces ―dijo Tsunade, estando solo presentes ella, Sakura y Shizune―. Ambas van a proporcionarme chakra para el sello de transformación, este henge gasta bastante pues tiene que ser permanente y solo nosotras sabremos los sellos que aplicaré, pueden revertirlo si es necesario, de otro modo queda terminantemente prohibido.

―Sí, Tsunade-sama ―respondió Shizune, junto los dedos y comenzó a canalizar chakra.

Estaban reunidas alrededor de Sasuke, en la misma habitación donde minutos antes había estado el jefe del clan Yamanaka trabajando en la mente del chico Uchiha.

La tensión de Sakura salía por cada uno de los pequeños poros de su piel, eso y la emoción tan grande que sentía, ante la sensación que experimentaba al pensar en lo que Sasuke haría al despertar. En cómo sería cuando volviera separar los párpados, y dejara ver su par de pupilas obsidianas.

Primero Tsunade, luego Shizune y luego Sakura, sucesivamente comenzaron a proporcionar chakra e irradiar ese característico color azul.

―Sakura ―llamó Tsunade―. Necesito que pienses en Sasuke.

La aludida se descolocó y la fluctuación de su chakra se turbó un poco, «pensar en Sasuke» ¡si lo había hecho toda su jodida vida!

―Ni Shizune ni yo lo visualizamos de manera correcta, así que es necesario que tú lo hagas. Imagínalo cuando niño, para que la transformación surta efecto.

Sakura asintió y cerró los ojos, miró la oscuridad detrás de sus párpados y ese extraño color que refulgía delante de ellos. Podría ser la luz, o el chakra, o cualquier otra cosa… pero en la oscuridad pronto apareció alguien, complexión delgada, y cabello revuelto con terminación en picos.

Era más alto de lo que esperaba, se sintió tentada de abrir los ojos pero finalmente comprendió que era parte de su imaginación, intentó pensar más en él, pensar en Sasuke mucho más de lo que siempre había hecho, cosa que parecía imposible pero que logró al apretar los párpados: Entonces pudo ver el rostro de ese alguien, en su mente.

Sus ojos, de un enfermizo color rojo y con aspas alrededor del iris, pronto se volvieron oscuros nuevamente. El flequillo sobre la frente. El cabello revuelto, en picos. Una capa Akatsuki. Una mirada de odio, dirigida especialmente hacia ella.

Sakura jadeó, no abrió los ojos, y se mordió el labio. «Sasuke» pensó, y el chico dejó de portar la capa con nubes rojas. Sasuke ahora vestía el haori blanco, y el molesto pantalón purpureo, sosteniendo su katana con la punta hacia Sakura, ella caminó en su imaginación hasta él y Sasuke se volvió aún más joven.

Doce años, seguro, vestía casi enteramente de negro, a excepción de algunos vendajes en sus rodillas y brazos. Sakura dio un paso más, y él dejó de amenazarla, para estar vestido con aquella polera de penetrante color azul, sus pantalones cortos blancos, y su banda ninja en la frente. Recordó claramente su manera de mirarla, y el sonido de su voz a esa edad. La protegía del peligro, se anteponía ante ella, le llamaba por su nombre y siempre estaba ahí.

―Sasuke ―se escuchó a sí misma, mentalmente. Si olvidó agregar el sufijo, no lo recordó en ese momento.

―Hn ―y la respuesta que esperaba, Sasuke inclinó ligeramente la cabeza hacia ella, Sakura intentó acercarse más pero él parecía estar más lejos de lo que pensaba.

El Sasuke de doce años fue aquél que le dio la espalda tantas veces... unas por protegerla, y decirle que se quedara tras él siempre. La última vez que Sasuke le dio la espalda, fue para marcharse, no la miró, no dijo nada más que «gracias» y no volvió a verlo a los ojos otra vez, no hasta ver el sharingan brillando y sus ansias por matarla.

Todo, sobre todo él, prontamente comenzó a retroceder en el tiempo, en la mente de Sakura. Sus ojos verdes observaron como su estatura disminuía, cada rasgo de su rostro y cada miembro de su cuerpo se hacían más finos y pequeños, y su mirada se hacía más y más suave. No se percató de que ella también lo hacía, ella misma cambiaba junto con él, había cambiado todo ese tiempo... y solo ahora se percataba de ello.

Y es que, ¿quién se da cuenta de sus propios cambios? Ella sabía que había crecido, porque miraba al suelo desde una distancia diferente, pero fuera de eso no se daba cuenta de que no era la misma chica de antes. Los ojos, el cabello y esas cosas, era todo igual. Pero había creído otras cosas, madurado, amado, y llorado como la niña no había hecho, y como la mujer resistía cada vez más.

La pequeña Sakura cerró los ojos otra vez, al abrirlos nuevamente tenía frente a ella a Sasuke. No diecisiete, ni dieciséis, ni doce, solo cinco. Con tan solo cinco o seis años, él estaba parado frente a ella y en su rostro se dibujaba una traviesa sonrisa dirigida a ella.

―Sasuke-kun ―soltó entre sílabas, y por reflejo mental recordó la última vez que lo vio a los ojos, cuando tenían doce. Sílabas, «Sasuke» y entonces… abrió los ojos otra vez. Vio todo moviéndose, su mundo refulgiendo y luego fundiéndose. Fue consciente de varias cosas al mismo tiempo.

Uno: El suelo estaba bastante frío, y duro.

Dos: No podía ver más allá de las motas de polvo, no era capaz de enfocar gran cosa.

Tres: Sintió un vuelco terrible en el cuerpo, tal vez por eso perdió el equilibrio, su corazón, su estomago, y los demás órganos de su cuerpo, se encogieron ante tal sensación.

―¡Sakura-san! ―gritó Shizune.

―No ―negó Tsunade y la morena no se movió―. Estará bien, terminemos con esto de una vez. Bien hecho, Sakura ―dijo, y Sakura no supo entender. Su cabeza daba vueltas, y ya no emitía señales de chakra. Tal vez porque lo había olvidado, pero tampoco sentía que pudiera seguir haciéndolo.

Para cuando Sakura pudo razonar, ya no se encontraban en la sala de interrogación, donde había tomado lugar la transformación de Sasuke. Era una cálida habitación, posiblemente el hospital, abrió los ojos lentamente y los entrecerró para que no le doliera aún más la cabeza.

―¿Qué…? ―intentó decir, fue detenida abruptamente con un brusco jaloneo a su mano derecha. Giró el rostro, esperando ver a Tsunade o Shizune, o a cualquier persona a excepción de…

―¿Sa… Sasuke-kun? ―dijo lentamente, se incorporó como pudo y miró fijamente al niño que tiraba de ella, posiblemente queriendo que se levantara.

―¿Vas a levantarte ya? ―respondió el pequeño.

El niño estaba vestido tal y como ella recordaba, tal como lo había imaginado, sus ojos oscuros eran como dos gotas de aceite, brillando a cada parpadeo. Sonreía abiertamente, con el aire infantil que la había deslumbrado tanto cuando era una niña.

―¿Pero…? ―no podía completar ninguna frase, se sentó en la cama e intentó razonar qué había pasado. No era tonta, sabía que ese niño era Sasuke y que él iba a reconocerla por los recuerdos que, fueran los que fueran, habían implementado en su mente por medio del jutsu mental.

―Oh, ya despertaron ambos ―dijo Shizune, al entrar a la habitación. Solo entonces Sakura se dio cuenta de que no era el hospital, era una habitación común y corriente. Al parecer era… su nueva casa. Tsunade les había explicado rápidamente aquello, pero ciertamente no le encontraba pies ni cabeza.

―Sí, mamá ―Sakura volvió a escuchar la vocecilla de Sasuke, y terminó por dejarse caer otra vez a la cama.

―Shi… eh… ―intentó hablar al incorporarse otra vez, Sasuke no había soltado su mano e incluso la asía con fuerza. Lo único que le había quedado claro, era que él creía que era su hermana mayor, se mordió el labio antes de hablar―. Mamá, ¿podemos hablar un momento? ―dijo, y se sintió tan estúpida que estuvo a punto de sonrojarse.

―Sasuke-chan ―llamó Shizune, y el menor giró el rostro hacia ella―. Ve afuera un minuto, no te alejes demasiado, ¿está bien? ―pidió, él hizo un mohín de desacuerdo pero finalmente obedeció.

―Shizune-san ―dijo Sakura, cuando estuvieron solas―. ¿Qué…?

―Tranquila, Sakura ―intervino Shizune―. Al parecer ambos jutsus funcionan perfectamente el uno con el otro. Si te lo preguntas, su transformación fue todo un éxito, como puedes verlo por ti misma. Al basarse en tu recuerdo, en tu mente, puede que hayas gastado mucho más chakra que yo o Tsunade-sama… estás más unida a él por esa razón, a su transformación.

Sakura parpadeó por toda respuesta, y finalmente asintió ante lo que Shizune decía como toda una autómata. Vamos, no tenía raciocinio para nada más.

―¿Dónde está él? ―preguntó, con timidez y una pequeña sonrisa floreciendo en sus labios. No podía contener la emoción, sinceramente, ni las ansias de mirarlo más detenidamente ahora que su cerebro se encontraba más alerta.

Shizune la miró a los ojos, asintió lentamente y miró hacia la puerta.

―Él sabe que eres su hermana mayor, así quedó establecido en su mente, procura despabilarte cuando lo vuelvas a ver, no queremos que se asuste o comience a tener dudas, ¿estás bien, Sakura?

―Si soy su… su hermana mayor…

―Soy tu madre ―tajó Shizune―. Pero no te preocupes por nada, tan solo actúa tranquila y todo pasará.

Sakura miró los ojos oscuros de Shizune fijamente, intentando encontrar algo de fuerza sin conseguirlo. Quería, realmente quería, cerrar los ojos otra vez y dejarse llevar por el montón de sensaciones que se arremolinaban dentro de su cuerpo. Cerrar los ojos otra vez y que nada hubiese pasado, tener doce y despertar para hacer misiones de lo más tontas junto a los integrantes del equipo siete.

Todo era más tranquilo.
Desear no haber encontrado a Sasuke estaba mal, por lo que no se permitía pensar algo así, tan solo aspiró aire profundamente e intentó ponerse de pie. Por contradictorio que fuese,

―¡Sasuke! ―gritó, sin que Shizune entendiera porqué lo llamaba. El pequeño no se hizo esperar y abrió la puerta de la habitación tan rápido que por poco tira a Shizune al entrar.

Sasuke dijo algo, y ella lo miró fijamente mientras intentaba controlar los latidos desaforados de su corazón. ¡Le llamó hermana mayor! Por todo lo santo, que no podía ser más… más lin-do.

Por correr, lo que había hecho al llamado de Sakura, el niño respiraba tan agitado como el corazón de ella latía. Sus ojos se encontraron, los de él brillando y los de ella cristalizados.

No podía hablar, y él no dejaba de mirarla.

Vestía la ropa que ella recordaba, pantaloncillos cortos, polera de manga larga y que le cubría el cuello. Predominante el color negro, al igual que sus ojos y su cabello que seguía siendo tan rebelde como siempre. Pero su pequeña sonrisa, y sus ojos brillantes, y las mejillas sonrojadas por verse frente a ella y tan agitado, la vencieron por completo. Todo la venció.

Acabó por deslizarse hacia él, no razonó cómo, y lo rodeó con sus brazos lo más fuerte que fue capaz. Lo sintió tan… pequeño, quieto, y reacio a corresponder el abrazo, que supo que era Sasuke. Sí, era él.

Ver realizado el jutsu fue peor de lo que imaginó, tan contradictorio, podía sentir el peso del dolor recayendo sobre ella. La última mirada que obtuvo del Sasuke de diecisiete años, no tenía punto de comparación con el brillo alegre en los ojos de éste pequeño Sasuke. Estaba el constante murmullo del: Su vida se ha acabado, literalmente. Y su vocecilla interna diciéndole que él estaba sonriendo… y lucía tan… él.

―Suéltame, hermana ―pidió Sasuke, sofocado y un tanto… avergonzado. Su voz fue queda, casi temerosa. No ordenaba que lo soltara, lo pedía puesto que simplemente no parecía capaz de respirar entre sus brazos.

―Lo siento, Sasuke ―respondió ella, acabó de rodillas frente a él y pudo mirarlo a los ojos perfectamente―. Estoy… estoy feliz de verte, ¿sabes?

Sasuke giró el rostro, para no seguir mirándola, y entonces Sakura entendió que tendría que lidiar con eso y con tantas otras cosas que él haría después. Él era su responsabilidad, ahora su vida (aunque lo había sido siempre) y seguiría siendo así siempre.

―Sí ―susurró él.

―¡Qué pasó! ―tanto Shizune, Sasuke y Sakura, se sobresaltaron al escuchar el grito procedente de la calle. Y al instante esa voz fue reconocida.

Mierda, ¿tenía que llegar en ese momento?

―Naruto ―susurró Sakura, miró a Shizune y luego se puso de pie y miró a Sasuke una vez más―. Yo me encargaré de él, ahora regreso.

Salió de la habitación como pudo, hasta llegar al anexo que era la entrada principal. Se puso las botas ninja, y corrió la puerta para mirar los ojos azules de su amigo. Había… había tanto que explicar y… y se tiró a sus brazos apenas lo vio.

―Sakura-chan…

Naruto tan solo fue capaz de abrazarla, tan fuerte que ella sollozó más fuerte. Y es que si había mucho que decir, había un torrente de lágrimas que querían salírsele del pecho, y de los ojos, de todos lados… hasta del corazón.

―Está bien, Naruto, está bien ―decía Sakura a su oído, tratando de convencerse a sí misma en el proceso. Estaba bien, porque Sasuke estaba vivo… vivo. Y Naruto con ella, en sus brazos, feliz. Estaba…

―¡Oye, tú! ―gritó entonces una vocecilla que intentaba ser agresiva, consiguiendo sobresaltar un poco a ambos ninjas. Sakura cerró los ojos, y Naruto miró por encima de su hombro entre los rosáceos cabellos de ella.

―¿Quién es ese mocoso? ―preguntó Naruto al oído de Sakura, y ella lo abrazó más fuerte apretando los párpados.

―Es…

El enfurruñado chiquillo lo miraba hostilmente, y Naruto reconocía esa mirada de algún lugar. Y Sakura lo abrazaba aún con demasiada fuerza, esperando que no se alocara como siempre hacía.

―¿Sasuke? ―dijo él, antes de que Sakura le hablara al oído y su aliento lo volviera loco con tan solo rozar su lóbulo. Algo estalló de pronto, en todo el mundo, siendo el epicentro, el corazón de Sakura.

«El equipo siete» reunido otra vez… eh, bueno, algo así. Y... ¿y cómo haría ella para decirle todo aquél embrollo, a... Naruto?

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«Te rompes, odias y amas y destruyes y construyes y haces las cosas a tu manera; te duele y lo sé, los latidos y todos los pecados, pero te amo y te protegeré… porque tú y yo estamos atados»


eah, ahora si me puse puntual (?) en realidad no D: pero me tardé por un montón de cosas feas. ahora ya no tengo pc, por lo que es más dificil incluso intentar escribir y aunque tengo ideas... y las apunto como puedo, no es lo mismo u.u

¿a que es feo? en fin ~ espero que les siga gustando, para las que ya habían leído hasta el capítulo siete; obviamente habrá cambios esenciales puesto que no me acuerdo mucho de lo que se perdió, así que escribiré sobre la marcha, ¿vale? espero que les agrade, de igual modo intentaré no cambiarlo demasiado.

Gracias por seguir conmigo, no dejen sola a Viry que se pone a llorar como nena xD ~

―Viliviry. ViryMousy. Uchiha Viry. Haruchiha Viry― (por si no sabían que soy polifacética)