No hay nada que me hago olvidar

El tiempo que ha pasado y ya no volverás

No hay nada más

Adiós mi corazón

Caminaba con desgano por un parque, el reloj público ponía las cuatro de la tarde. ¿Qué hacía ahí cuando debería estar en la oficina? El día anterior, en el trabajo todo había sido un asco, era una pesa más sobre los hombros que se posaba encima de las pesas del dolor y la ira. Su única dicha residía en ir a casa a tomar un baño de burbujas e ir a la cama y si la vida le sonreía un poco, tal vez moriría ahogada en la tina. Con su mano derecha sostenía la correa de su bolso y con la izquierda presionaba el botón que llamaba al elevador.

Una voz llamó su atención… era su jefe quien dejaba a su cargo un trabajo extra, al menos le llevaría tres días realizarlo, pero la fecha límite de entrega era al día siguiente por la tarde. La campanilla del elevador sonó, las puertas se abrieron y antes de entrar, hombre de unos cuarenta años dejó varias carpetas en manos de Karin. Boquiabierta, sostuvo las carpetas mirando la sonrisa irónica del viejo; furiosa, detuvo las puertas del elevador antes de que cerraran "¿Qué carajos cree que soy?" fue lo primero que salió de su boca antecediendo un sin fin de reclamos, arrojó las carpetas contra su jefe, quien apenas logró esquivarlas, dio un golpe con su zapatilla en el suelo y gritó: "Considere eso como mi renuncia"; su mano se formó en un puño que se impactó a velocidad contra la nariz del sujeto "Y deje de mirarme los senos"

Si, ahora estaba desempleada, era lo que menos, con sus recomendaciones la aceptarían fácilmente en cualquier otro lugar y no necesitaba dinero. Lo que realmente necesitaba, era olvidarse de todo y todos, no podía permanecer en su apartamento, ni pisar restaurantes, tiendas o cafés, ni siquiera podía mantenerse en ese parque por que todo, absolutamente todo, le parecía estar contaminado por él.

No concebía repudiar tantos sitios en los que nunca estuvo con él, pero con un par de parpadeos se daba cuenta que el café de la esquina, se parecía al café Les Deux Magots donde ella le pidió andaran; el restaurante de calles atrás se asimilaba al Tour d'Argent donde él le propuso que vivieran juntos; que la tienda de enfrente se asemejaba a la que está junto al edificio conde vivieron y que el parque que ahora abandonaba, era casi el duplicado de André Citroën donde se encontraron después de una fuerte disputa, teniendo ahí un inolvidable reconcilio. ¡¿Quién fregados había ordenado que todas las ciudades de Francia se parecieran?

Su cuerpo le exigía un descanso, había estado caminando sin parar desde las nueve de la mañana que abandonó su departamento, ni siquiera había desayunado y su estómago clamaba por comida. Convencida de que no hallaría un sitio que o le recordara al azabache se rindió y buscó un restaurante, si por su cabeza tenía ideas suicidas de algo estaba convencida: jamás se mataría de hambre. Ella era de muy buen comer y era algo que muchas mujeres le envidiaban, podía comer tanto como quisiera y siempre mantener su esbelta figura, no sabía si tenía que ver con algo genético o el constante movimiento que a veces su trabajo le exigía pero a Sasuke… ¡Mierda! ¡Ni pensar en comida podía divorciarse de su recuerdo!

Encontró un restaurante, se hallaba dentro de una plaza, con pesados pasos se aproximaba a su meta cuando con el rabillo del ojo percibió algo familiar… si, vio a Sasuke, estaba a siete metros de distancia, de perfil a ella y con la chamarra de aquella vez… ¡Imbécil! Justo cuando pensaba que no podía verse más pisoteada, resulta que ahora él se hallaba besando a otra. Ahora comprendía por que ese día su celular no dejaba de sonar, ahora entendía por que tanto misterio al aparecer y desaparecer. Para él, ella solo era una amante.

— ¡Sasuke! ¡Por favor no…! —

Fueron las últimas palabras que oyó al dar media vuelta, sin duda, esa voz pertenecía a la pelirrosada que Sasuke besaba. Furiosa, volvió al apartamento empacando sus cosas, maldiciendo mil veces el nombre que ahora se prohibió articular, llamó a la mudanza y cuando se pudo controlar, llamó a Juugo para pedirle que fuera a recogerla, no se sentía apta para conducir.

Otra mujer le habría hecho una escena, cualquier otra tomaría sus cosas y se iría a vivir a otra ciudad, incluso otro país. ¡Pero no Kagura Karin! Estaba harta de sufrir por el, se avergonzaba de haberse esperanzado en volver con él y ahora que su orgullo había sido peor que pisoteado, su meta era volver a París. No, no estaba huyendo, regresaba a "La ciudad luz" a hacer algo que debió haber hecho tiempo atrás: ¡Arrancar a Uchiha Sasuke de su vida desde la raíz!

Juugo llegó acompañado de Suigetsu, ella ya se lo esperaba pero prefería contarle todo al naranjizo. La ayudaron a empacar lo que faltaba y sentados en la sala esperaban que llegara la mudanza.

— ¿Te quedarás ahí callada sin decir nada o nos explicarás por que nos hiciste venir tan de emergencia? —

Justo como lo esperaba, el albino no podía quedarse con la boca callada y le hubiera gustado parchársela antes de que hiciera esa cuestión, pero era demasiado tarde, ahora solo le quedaba dos opciones, contarle toda la verdad o tener suerte y ser interrumpidos por la llegada de la mudanza… Con lo ocurrido las últimas semanas, sabía que un perro callejero tenía mejor suerte que ella, así que se levantó del asiento, buscó su bolsa sacando de ella las llaves de su carro y las aventó al Hozuki.

— Ten — el albino logró cacharlas — Por favor tu llévate mi auto.

A pesar de lo que había pasado entre ellos, Suigetsu seguía siendo su amigo, pero prefería no discutir del tema con él, si con alguien debía hablar, si es que se decidía a hacerlo, sería con Juugo, quien sabría aconsejarla sin juzgarla.

Dio media vuelta y entró a su habitación, solo hacía tiempo para evitar el bombardeo de cuestiones que sin duda, el albino le tenía preparado. Recargose en la puerta después de cerrarla, miraba las puntas de sus zapatos pensativa… contra la puerta se dejó caer hasta quedar sentada en el suelo, miró la habitación por impulso pero no pudo seguir observándolo, solo le llegaba la noche a su lado.

— Si quiero olvidarme de todo debo empezar ahora —

De un salto se levantó regresándole la seguridad, acomodó todos esos objetos que no se había atrevido a tocar por que él ya había tenido contacto con ellas y mandó al carajo todo aquello que la perturbaba. Entre arreglos y decisiones se le fue el tiempo hasta que llegó la mudanza.

Ya no quedaba nada en la casa, fue más fácil para ella dejar ese apartamento que el primero, estaba decidida y no solo abandonaría la edificación, si no que también renunciaría ahí mismo a todo sentimiento hacia Sasuke, amor, amistad, odio… ya era tiempo de dejarlo ir.

— Adiós a todo, de Sasuke ya no quiero saber nada —

Azotó la puerta tras de sí, dejando solo el apartamento al cual jamás volvió.

FIN


Bien, éste fue el final de este SonLong-Fic, pero si tienen curiosidad por saber qué fue de Sasuke en ese año, los invito a ver el siguiente link:

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