ATENCIÓN:

-Los personajes no me pertenecen. Son creaciones de Himaruya.

-Historia basada en los videos de HetaONI originados en Nico Nico Douga

-Agradezco a especialmente a Gemini Artemis por facilitarme las traducciones al idioma ingles los scripts de HetaONI y RomaHeta y ha Ankokutenjo por traducir todos los videos en el idioma español.


CAPÍTULO I

Un posible comienzo

[Alemania]

-¡Vamos, entremos! -le suplicaba Italia.

Nunca hubiera pensado que esas pocas palabras le iban a cambiar su vida.

Varias horas antes, Alemania se preparaba para una de esas molestas Conferencias Mundiales, en las cuales siempre se repetían las mismas absurdas situaciones: Estados Unidos hablando mientras comía y gritando "¡I am a hero!" cada cinco minutos. Inglaterra reprendiéndolo por su comportamiento y peleando con Francia sin motivo alguno. Rusia, con su aura amenazante, asustando a los países bálticos los cuales temblaban de tal forma que movían la mesa descontroladamente hasta que el temor los superaba y se desmayaban. Japón sin dar su propia y sincera opinión en nada y estando de acuerdo con las ideas más absurdas y Suiza, con su rifle amenazante, reprendiéndolo por ello. China construyendo barrios chinos en medio de la sala de reunión. Grecia durmiendo. Italia gritando "¡PASTA ~!" cada vez que le cedían la palabra, entre otras tantas cosas.

Lo único que agradecía era que la Conferencia Mundial se realizaría en la casa de Inglaterra, por ende el viaje no sería tan largo como algunas otras veces.

Pero antes de la reunión, había acordado encontrarse con Italia por las mediaciones del lugar para entrenar. Si bien, ninguno de los dos se encontraba ante ningún conflicto bélico, pero sabia por experiencia que los tiempos de paz eran siempre cortos y se debía estar constantemente en forma.

Alemania vistió su traje militar verde oscuro. Se mojó su rubio cabello y los peinó para atrás. Ya era hora. Cogió un cambio de ropa para la Conferencia Mundial, el cual consistía en un traje marrón oscuro, camisa blanca y una corbata roja con rayas finas blancas para hacer juego y algunas cosas más por las dudas. Luego subió al auto que lo llevaría al aeropuerto para tomar su vuelo con destino al suelo ingles.

[…]

Su mal humor no dejaba de ir en aumento. Italia no solo había llegado tarde al entrenamiento, sino que también había escapado de este apenas lo habían comenzado.

Faltaba poco más de dos horas para la reunión y seguía sin encontrarlo. Podía haberse ido sin más, ya que él, simplemente, no podía permitirse llegar tarde a ningún lugar y, menos aun, a una de sus obligaciones como país, pero si no encontraba al italiano este escaparía de sus compromisos y él no le permitiría semejante irresponsabilidad.

Había llegado, al parecer, en un pequeño pueblo inglés. Le preguntó a unos niños que jugaban a la pelota si habían visto a un italiano y les describió con señas el inconfundible rulo que tenía en su cabello.

-I've seen him! -le respondió uno de los críos señalándole el camino.

Siguió la indicación e inmediatamente lo encontró tomando un helado en la plaza principal.

-¡ITALIA! -lo llamó a gritos.

Este pegó un sobresalto y lo miró aterrado. Intentó escapar de nuevo, pero él fue más rápido y se lo impidió agarrándolo del cuello de su chaqueta militar.

Miro su reloj: faltaba una hora para la Conferencia Mundial.

-¡Lo siento, lo siento! -gemía su compañero, pero si comenzaba a regañarlo llegarían tarde y él nunca llegaba tarde.

-¡Para compensar tu irresponsabilidad y como reprimenda por haber escapado del entrenamiento iras trotando a la reunión! -sentenció.

-Ve ~? Por lo menos, deja que termine mi gelato ¿si, Alemania?

Fue la gota que rebalso el vaso.

No solo le tiró el helado en el primer contenedor que vio, sino que también lo obligó a correr en vez de trotar.

[…]

-O.K.! ¡Comencemos con la Conferencia Mundial! Hoy deberíamos hablar de la contaminación que estoy produciendo en el mundo y mi dependencia del petróleo extranjero, pero he decidido que son temas aburridos y no admitiré opiniones contrarias –dijo América dando comienzo reunión.

-¡No puedes decidir que si y no hablaremos hoy día, cerebro de hamburguesas! ¡Aparte estas en mi casa y no puedes tomar el control de la reunión en tus manos! –gritó Inglaterra mientras levantaba la mano.

-Hoy vamos a hablar de un tema más importante: una mansión embrujada cerca de este lugar donde aparece un monstruo que se come a la gente –siguió hablando el estadounidense -Propongo que vayamos a investigarla y…

-¡No me ignores, idiot!

-¡Estoy en contra! ¿Cómo puedes proponer algo así? ¡Estas reuniones son algo serio! –gritó esta vez Alemania.

-Ve ~ ¡Pero, yo quiero ir!

-¡No le sigas el juego, Italia! –le regaño el alemán.

-¡Como un "kimodameshi"! -exclamó el japonés emocionado.

-¿Qué carajo es eso? -lo interrogó Prusia.

-Es un juego muy común en mi país. Es una prueba de valor. Se seleccionan lugares embrujados para recorrerlos y demostrar si eres valiente o no.

-Suena interesante -opinó el francés.

-¡El asombroso yo no le teme a nada y puedo demostrarlo! ¡Yo voto por ir!

Alemania no podía creer la situación ¿Por qué las Conferencias eran siempre tan absurdas?

Vio que varios países se levantaban de sus asientos y se retiraban de la sala furiosos por haber tenido que desperdiciar su tiempo en esta reunión y en las ocurrencia ridículas del americano. Quedaron unos pocos: Japón, Alemania, Italia, Prusia, América, China, Francia, Inglaterra, Rusia y otro país, pero había olvidado cómo se llamaba. Siempre lo olvidaba por alguna razón.

-¡Alemania, Alemania! Dime que vas -le rogó el italiano.

-Nein!

A continuación, salió del lugar y Prusia, Japón e Italia fueron tras de él.

-¡Maldición, West! ¿Desde cuándo eres tan cobarde?

-¡No soy cobarde! ¿Dónde quedo tu sentido común? Cosas como mansiones embrujadas, monstruos, fantasmas, vampiros, zombies y todas esas cosas no existen.

-Si esta tan seguro, ¿por qué no quiere ir? –preguntó Japón.

-¡Porque... no quiero y listo!

-Entonces iremos nosotros -indicó Italia con sonrisa inocente.

El alemán detuvo su marcha y largó un suspiro. Sabía que si Italia iba, seguramente, recibiría una de sus llamadas de "¡Ayúdame, Alemania! ¡Ayúdame!". Aparte, desconfiaba en el comportamiento de su hermano, el cual nunca dejaba de meterse en problemas. Tuvo que reconocer que iba a ser más perjudicial irse a su casa que acompañarlos.

-Bien, iré…

[…]

Antes de partir, los cuatro países decidieron cambiarse las ropas formales que llevaban puesta por algo más cómodo, pero el hecho de que Prusia fuera preventivo y llevara una muda de ropa era algo imposible de esperar. Por suerte, Alemania había llevado, junto con sus pertenencias, el traje militar azul petróleo de su hermano.

-Siempre andas preparado para una guerra, West -bromeó cuando vio que le tendía su traje y sus borcegos militares. -Ahora entiendo porque siempre andas por ahí con un bolso tan pesado ¿Qué más llevas? -le preguntó mientras hurgaba sus cosas- ¿Un látigo?- lo sacó y lo levantó sobre su cabeza riéndose. -¡Pervertido!

-¡Dame eso! -ordenó sacándoselo bruscamente de las manos. -¡Tu eres el único pervertido que piensa cosas raras al ver un látigo! ¡Es un arma!

-Hablando de armas, por suerte no olvide traer la mía aunque no creo que la necesite -dijo Japón mientras sacaba una larga katana entre sus pertenencias.

Prusia se la pidió prestada para comprobar su filo. La sacó de su saya y, apenas toco la hoja, se cortó el dedo pulgar. Acto seguido, soltó un fuerte "¡MIERDA!" y Japón le acercó unas vendas.

-Tenga cuidado. Mi katana puede, incluso, cortar una bala en dos.

-Presumido ¿Vos decís que esa mierda es un arma? ¡Esto es un arma!

Su hermano, con un exagerado orgullo, blandió una espada medieval que era en su totalidad de un color negro con excepción de su empuñadura dorara que, en su parte superior, simulaba ser las alas de un águila. Esta siempre había sido su fiel compañera desde el siglo XVIII, pero los años y las grandes peleas que tuvo que sufrir desde su creación habían mellado su doble hoja. Alemania no pudo evitar pensar que esa pobre espada necesitaba urgente una jubilación y, al juzgar la mirada de los demás, no era el único que pensaba de esa manera.

-¿Y tú que llevas, Ita?

-Pues... yo llevaré el "espíritu italiano".

-Déjame adivinar: tu arma es una bandera blanca ¿no? ¿Podríamos irnos ya y terminar con esto rápido? -pidió Alemania impaciente.

No quería perder más tiempo en esa misión absurda.

[…]

Era un día caluroso, sin nubes, y el solo brillaba cruelmente cuando salieron del edificio donde había tenido lugar la conferencia. El viaje hacia la mansión fue largo, casi tres horas según el reloj de Alemania.

Para llegar, tuvieron que atravesar una larga extensión de bosque, él cual se encontraba mudo a pesar del hermoso día que era. El viento no ululaba entre las hojas de los altos arboles y los animales que vivían allí no mostraban menor signo de existencia. El terreno era irregular y difícil de penetrar y los altos y frondosos árboles tapaban la mayor parte de la luz solar dejándolos casi en la total oscuridad. El paisaje lúgubre y el silencio anormal hizo que a Alemania le recorriera un gran escalofrío en todo el cuerpo.

Sorprendido, miró a Italia ¿Como podía estar tan tranquilo?

-No te quedes atrás, hermano -le advirtió.

-¡Maldición! -gruñó Prusia jadeante y limpiándose el sudor de su frente con la manga de su chaqueta militar. -¡Estoy harto de caminar por este bosque de mierda! ¡Me hubiera divertido más molestando a Hungría y al señorito podrido de Austria! ¿Falta tanto para llegar a esa maldita casa?

-¡Ya llegamos! -gritó Italia señalando hacia adelante.

Era cierto. A los lejos podía ver unos grandes portones de hierro seguidos de un extenso claro que daban por finalizado el bosque espeso. Pasando esos portones, unos metros más lejos, visualizó la mansión.

La mansión no era lo que él esperaba. Se imaginaba a esta más tenebrosa, con las paredes agrietadas, la pintura gastada y oscura, las ventanas rotas y rodeada de plantas, árboles marchitos y grandes telarañas. En cambio, estaba ante él una enorme vivienda de varios pisos, con un gran hall que tenía una puerta verde oscuro con picaporte de cobre. También tenía techo de tejas y estaba pintada de un color pastel. Podría decirse que, por su aspecto, era una casa acogedora si no fuera que en ella no existían ventanas. Ninguna ventana. Eso era perturbadoramente extraño.

Algo en su interior comenzó a gritarle advertencia. "¡No entres!", "¡Peligro!", "¡Trampa!" le decía. Quería alejarse, irse de allí lo antes posible, pero ¿por qué?

-Es realmente aquí -le interrumpió sus pensamientos el italiano.

-Pensé que solo era una de esas tontas historias de terror que se cuentan en la casa de Inglaterra... Nunca pensé que la encontraríamos -expuso Japón.

-No se ve muy aterradora que digamos...

Alemania percibió que su hermano se había imaginado una casa parecida a la que él tenía en mente y se notaba bastante decepcionado.

"¡Vete de aquí!" volvió a gritarle esa vocecita en su interior.

-Yo no creo que sea interesante -mintió.

-Yo tampoco -Alemania estaba feliz que Japón no diera su propia opinión esta vez. -Está bien cuidada y ni siquiera parece embrujada. Hasta me atrevería a decir que es una casa cualquiera sin nada en especial.

-Después de todos los problemas que pasamos para poder encontrarla ¿nos vamos a ir sin echar un vistazo?

-¡Maldición! ¡Tiene razón Ita! ¡Yo no me voy hasta entrar en esa mansión de mierda por la que tuve que caminar tanto! -vociferó el teutón.

-Está bien, -dijo Japón en tono conciliador -pero tal vez la puerta este cerrada, en ese caso nos iremos y si abre nos quedaremos solo unos minutos ¿entendido?

Alemania deseo con todas sus fuerzas que esa puerta estuviera cerrada, pero no fue suficiente. Apenas el asiático tocó el picaporte, la puerta se abrió con un fuerte rechinido y, horrorizado, pensó que la casa los invitaba a pasar.

Reprimió las advertencias de su interior, respiró hondo y entró decididamente.

Seria, después, el peor error de su vida.