Disclaimer: los personajes de Hetalia que aquí se presentan no me pertenecen, sino a Hudekazu Himaruya (gran genio mundial xD), ni siquiera México es mío (es de los mexicanos) xD, aunque sí hice yo algo del personaje n_n

Advertencias: yaoi, un poco de violencia en este capi, drama, un poco de OoC (me es difícil a veces captar a Rusia), y alguno que otro sentimiento nacionalista que me surgió y lo puse.

Kary e Inner: PRIVET!

Inner: Bienvenidos al último capítulo del fic.

Kary: Da, decidimos que así tenía que ser, pero como se los prometimos, es más largo que los demás (tiene 4,000 palabras según Word, así que le creeré a falta de ganas de contarlas)

Inner: y bien, este capi está dedicado a todas las personas que nos siguieron (ya sea desde el principio o después) y que de alguna manera dan apoyo (los reviews te suben la moral!)

Kary: especial dedicación a Juan Nikte, Youko Saiyo y

Inner: Grellucios x3 jaja; chica!, la última parte te la dedicamos especialmente, (ya sabrás por qué)

Kary: sin más… disfruten!


Sin miedos.

¿Sin vida o sin venganza?

—Pos entonces… ¡los dos nos vamos juntos!— gritó y echó a correr hacia Alfred, que sólo extendió aquel objeto cortante delante de él, esperando el impacto del otro; Rusia y Costa Rica gritaron al unísono.

—¡NO!— ¿pero qué podían hacer en ese estado?

Los segundos pasaron lentamente mientras México corría, directamente al filo de su propia arma; Rusia luchaba con todas sus fuerzas para liberarse de aquellas cadenas, que apenas y comenzaban a ceder. Un poco más de fuerza y lo lograría… Los metros se reducían drásticamente; ya no había nada que pudiera hacer. Tan sólo…

—¡Stop!— alguien entró corriendo por la puerta y abrazó el cuerpo del rubio, haciendo que este bajara el arma y que el mexicano se detuviera inmediatamente para no lastimar a la persona incorrecta— por favor no lo hagan… no lo hagan— pidió una voz muy suave; el recién llegado miró con sus ojos violetas a su hermano y luego a México.

Iván y Fernando lo miraron, luego el menor preguntó:

—¿Quién es él?

—No… mmm… se me hace familiar.

—Quítate de en medio, Canadá— "sugirió" el mexicano fríamente.

—No lo haré; hasta asegurarme que no se harán daño— respondió sin soltar a su hermano, incluso había hecho que este dejara caer el machete de Alejandro al suelo.

—Si no te quitas tendré que hacerte daño para llegar a él— amenazó el moreno, pero Matthew negó con la cabeza— ¿por qué chin***** lo defiendes?— el canadiense abrazó aún más fuerte a su hermano.

—Al igual que tú, no quiero perder… a la persona que más quiero en este mundo— todos los que escucharon eso abrieron desmesuradamente los ojos, incluso México, cuya aura oscura empezaba a "disolverse" en el aire— p-pero… tampoco quiero perder a un gran a-amigo como tú, así que… no voy a pelear contigo— apenas y temblaba, pero seguía de espaldas al latino y no pudo ver que su mirada pasaba de una llena de furia a una de comprensión— así que, aunque sigas… no me voy a quitar— reafirmó, de alguna manera esperando el filo de la daga mexicana, sin embargo sólo sintió que una mano se posaba suavemente sobre su hombro; levantó su vista y pudo ver la sonrisa del mexicano, que volvía a adornar su rostro.

—Gracias… creo— dijo este apartando sus ojos que habían vuelto a su color chocolate de siempre; al instante recordó la situación en la que estaba y se volvió para ver a varios de sus hermanos en el suelo, a Costa Rica atado y a Rusia en una silla con cadenas; por el momento no sabía por quién empezar.

—Vamos a desatarlos para que nos ayuden con los demás— sugirió Matt dirigiéndose a Fernando al que le empezó a quitar las sogas. México corrió hacia Rusia y entre ambos lograron romper las cadenas. El ruso se levantó estirando los brazos; luego miró a los ojos al mexicano que estaba de pie detrás de la silla, el silencio permaneció entre ellos unos segundos en los que ninguno se atrevió siquiera a moverse, hasta que por fin, México apretó los labios y negando con la cabeza, se lanzó a los brazos de Iván que correspondió torpemente.

—Perdóname por causarte tanta bronca— dijo ocultando su rostro en el pecho del otro.

—México no tiene nada de que disculparse— no pudo evitar que una sonrisa verdadera surcara su cara. Con delicadeza, levantó un poco al mexicano por la barbilla y besó su frente. A un par de metros de ahí, Canadá y Costa Rica los miraban con ternura. Alfred por su parte bajó la mirada ciertamente disgustado; cerca de él captó algo que no había visto hace rato, se agachó a recogerlo y sonrió. Todos los pensamientos se evaporaron de su mente al tiempo que volvía a observar a la pareja— vamos, tenemos que ayudar a los hermanos de México, ¿da?— el nombrado asintió y se separó del abrazo que tenía con el otro al mismo tiempo que Estados Unidos levantaba el brazo. Costa Rica giró su rostro y al ver al gringo, gritó.

—¡Cuidado hermano!— el güero tenía la pistola del mexicano y apuntaba a Rusia en el pecho; un segundo y el ruido del disparo resonó por la habitación. Sin más que hacer, Alejandro se puso frente al mayor y el impacto de la bala dio de lleno sobre él.

Hubo un momento de silencio en el que nadie, ni siquiera México se movió, luego su cuerpo se comenzó a balancear y cayó al suelo; Iván corrió hacia él y lo levantó entre sus brazos. Costa Rica se acercó hacia ellos para contemplar a su hermano y Alfred tiró el arma como si no comprendiera lo que había hecho; Canadá, que ya estaba junto a los latinos, sólo contemplaba la escena horrorizado.

—Hermano, hermano— decía el costarriqueño viendo la sangre que se extendía por la camisa del otro moreno, el cual tenía los ojos cerrados.

—México, por favor despierta— Rusia hacía presión sobre el lugar que pensaba, se encontraba la herida, aunque el líquido carmín seguía saliendo manchándolo también a él— vamos… México tiene que ponerse bien… por favor… me prometiste que no me dejarías solo— se inclinó sobre el muchacho haciendo que su respiración chocara contra la del moreno que poco a poco se iba haciendo menos profunda y regular. Pocos momentos faltaron para que esta se detuviera por completo y les dejara un cuerpo inerte e inmóvil; Rusia lo sujetó aún con más fuerza al tiempo que temblaba y dejaba impregnar sus ropas con la sangre del otro— dijiste que siempre cumplías tus promesas…— soltó oprimiendo el cuerpo y soltando sólo una lágrima.

—Aaa… y-yo si-siempre la-las cumplo— ambos países volvieron a mirar a Alejandro, que tenía los ojos entreabiertos y sonreía de medio lado con suficiencia— ¡ha!... hace fa-falta m-más q-que eso 'pa ma-mandarme al o-otro barrio— los tres sonrieron; México estiró su brazo izquierdo y se oprimió el hombro del lado derecho, haciendo que el sangrado se detuviera un poco.

—Creo que hay que llevarte a un hospital— dijo Rusia tomando la mano libre del latino y acariciándola con cuidado.

—Pero, ¿qué hacemos con mis hermanos?— señaló con la cabeza a los jóvenes que estaban siendo revisados rápidamente por el canadiense, además agregó en voz muy baja— y con él— Alfred los miraba sin moverse; afortunadamente para todos, se escucharon unas voces en la parte superior.

—¡Ey!, ¡Hermanos!, ¡Rusia!... ha, maldito gringo…

—¿Dónde están?

—¡Mis pequeños!, ¡papá España va en su ayuda!

—¡Cállate bastardo!, sólo los vas a asustar…

—¡Aquí!, ¡Por aquí!— gritó Fernando con fuerza.

—¿Qué?— la voz de Argentina se alzó— ¿Fernando?, ¿Dónde estáis?

—Será mejor que vayas por ellos— Costa Rica asintió y salió corriendo; pasó cerca de un minuto hasta que se comenzaron a escuchar pasos en el corredor. Al momento siguiente un grupo numeroso de países irrumpió en aquel lugar.

—Espero que no hayamos llegado tarde— Alemania miraba a todos los "heridos" y luego a Alfred que no se había molestado en intentar irse de ahí.

—No, afortunadamente ellos…— Canadá intentó explicarse, pero alguien lo interrumpió.

—¡WAA!, ¡Chile!— Martín se lanzó al ver el cuerpo del chileno y lo tomó en los brazos, comenzándolo a mecer, haciendo que este pareciera un muñeco.

—Creo que no debes hacer eso, podrías…— de nuevo Matthew trató de hablar.

—¡No me molestéis gringo!

—Yo no soy Alfred, soy Canadá.

—Cana-¿quién?

—Creo que hay que atenderlos ahora mismo— Japón también se acercó a los cuerpos de los heridos y tomó a Colombia para llevársela con cuidado— seguramente aquí cerca debe de haber un hospital en donde los puedan atender— todos asintieron.

España, que parecía madre histérica, tomó a la inconsciente Venezuela junto con Francia y salió tras Japón. Romano, quien trataba de disimular que también estaba preocupado, con ayuda de Italia, levantó a Cuba y se lo llevaron con los demás. Prusia y Austria lograron ayudar con Brasil, mientras que Suiza cargaba él solo con Perú que al parecer estaba despertando.

Los últimos en salir fueron Argentina, quien no había dejado que nadie lo ayudara con Chile y Costa Rica, que iba siendo ayudado por Hungría y andaba con cierta dificultad, aunque se apoyaba en el hombro de la húngara.

Al final en la sala solamente se quedaron Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Rusia y México que no había querido irse por el momento y se apoyaba en el cuerpo del ruso para mantenerse de pie. El silencio perduró por unos momentos hasta que Ludwig dio un paso al frente, quedando en medio del cuarto y dirigiéndose a los demás.

—Como todos los aquí presentes comprendemos, las recientes acciones de América, se han llevado a cabo sin justificación alguna, así que a mi entender, pienso que deben ser sometidas a un juicio en la brevedad posible— la mayoría de los presentes asintieron; Alfred levantó la vista mirando sorprendido a todos los presentes.

—Iggy…

—A mí no me preguntes; yo ni siquiera iba a venir: la idea de que Argentina llegue a pedir ayuda no me conmueve en nada, pero escuché que te nombraba, así que supuse que era grave— soltó cruzándose de brazos y desviando la mirada. Alemania entonces se puso detrás del norteamericano para llevárselo.

—Matty…

—Y-yo— su voz había vuelto a su habitual suavidad— v-voy contigo Al… e-estaré al pendiente de todo lo que pase— Alemania e Inglaterra dieron su visto bueno y salieron llevándose a Estados Unidos, seguidos de Canadá que ya en la puerta se volteó para sonreír de medio lado a Rusia y México, que a la vez le respondieron con una muy radiante y un gesto con la mano.

—¿Qué le irán a hacer al gringo?— preguntó el mexicano en voz alta.

—¿Tanto le importa eso a México?— ambos países se miraron a los ojos, Alejandro rió y negó con la cabeza— entonces vámonos: aún hay que llevar a que curen la herida de México— con rapidez y delicadeza tomó el moreno en sus brazos y lo cargó, saliendo al pasillo.

—Oye, no necesitas cargarme Rusia— su rostro se coloreó un poco de rojo, contrastando con la palidez de hacía unos momentos por la pérdida de sangre.

—Da… pero yo no quiero volver a soltarte; y menos que te vuelvan a lastimar.

—'ta bueno pues— respondió robándole un beso a Rusia.

**~~**O**~~**

—Alguien me puede decir, ¿por qué se supone que hacemos esto?— Argentina se quejaba mientras ponía algunos platos en distintas mesas; Honduras que salía de otro lugar también cargado de platos, le respondió, dejando estos sobre una mesa.

—Recuerda que son tres buenas razones: festejar que nuestros hermanos salen del hospital, fortalecer los lazos de Latinoamérica con el mundo y sobre todo… ¡burlarnos de lo que le han hecho al gringo!— enumeró sonriente.

—Oh… es cierto, tenéis buenas razones— los dos estallaron en carcajadas, al tiempo que Bolivia, Uruguay y Haití llegaban para terminar de colocar algunas otras cosas— ¿ya está lista la comida?

—Ya casi; Guyana, Belice y Paraguay están a punto de terminarla.

—Bien, entonces supongo que nos podemos sentar un rato a esperar— todos asintieron.

Había pasado cerca de una semana desde aquel incomodo "incidente" y sus hermanos aún no había salido del hospital; además de los que habían ido a ponerle frente a Estados Unidos, también Guatemala y Ecuador habían salido heridos; afortunadamente para todos, ninguno de los misiles había caído en la ciudad capital o en alguna de las más importantes y la mayoría de las personas había logrado ponerse a salvo antes de la caída de estos, lo que hizo que los daños fueran en parte "recuperables".

En cuanto a Estados Unidos, recibió un "pequeño" juicio en donde estuvieron presentes las grandes potencias y varios de los latinos que pudieron asistir; ahí se acordó que además de reducir en cierta parte su armamento, tendría que ayudar en la reparación de los países afectados, tanto del territorio como de la personificación de dicha nación, claro que además se tomaron ciertas medidas para evitar lo que sucedió luego de la Primera Guerra Mundial, cuando Francia intentó hacer pagar a Alemania mucho más de lo que este podía al año.

Lo más sorprendente sin embargo es que a pesar de todo lo que se le mandaba a hacer, no puso ninguna traba ante las peticiones que se le hicieron y con una tranquilidad impropia en él, las aceptó todas.

Además de eso, se había disuelto su "Gran Alianza" con México y la anterior alianza que este último tenía con Rusia, se volvió a formar tomando en cuenta además varios tratos con Latinoamérica así como con naciones de Asia, Europa, África y Oceanía.

—Sí, bueno… creo que todos salimos mejor a pesar de lo que hizo el gringo— comentó uno de ellos.

—¿Te olvidas que algunos de los nuestros terminaron en el hospital?— preguntó Paraguay que salía al fin de la cocina junto con los demás.

—Oh, sí… bueno, creo que era sólo eso— la mayoría se comenzó a burlar de aquel comentario; al momento escucharon que los "invitados" de la reunión comenzaban a llegar todos se levantaron para saludarlos.

Los primeros en llegar fueron Alemania, Italia, España, Romano, Prusia, Austria, Francia e Inglaterra. Quienes después de algunos abrazos a los latinos por parte de Italia, unos intentos de maternales cariños hechos por España, varios saludos "menos inocentes" de Francia y otros saludos más normales por parte del resto, se sentaron para acompañar a los latinos en la espera de los demás.

Los siguientes en arribar al lugar fueron los asiáticos entre los que destacaba Japón por traer en sus manos un enorme regalo envuelto en papel blanco y rojo que resultó tener dulces que el mismo Japón había hecho.

—Muchas gracias Japón, están deliciosos— le dijo Panamá en cuanto los probó.

—De nada, Panamá-san.

La espera continuó, siendo los siguientes en llegar los africanos, la mayor parte de los europeos que faltaban y luego los de Oceanía; con la llegada de todos ellos, las sillas comenzaron a faltar, y muchos países se tuvieron que quedar de pie.

—Oye Martín, ¿podrías traer otras sillas?— pidió El Salvador.

—Ah, está bien, está bien— sin ganas se levantó y fue a buscarlas, preguntándose el por qué se les había ocurrido invitar a todos los países. Tomó varias sillas y las llevó con dificultad hacia la sala. Cuando ya las llevaba, tratando de evitar que golpearan a la gente; la otra puerta se abrió y por ella, con gran lentitud, entraron los latinos que habían sido heridos por alguno de los misiles de Estados Unidos. En cuanto los vio entrar Argentina se quedó observándolos, hasta que por último vio a Chile, que llevaba unas muletas y caminaba junto a Perú. Sin esperar un momento, Martín lanzó las sillas por los aires, haciendo que una callera sobre Francia, que no paraba de coquetear con cualquier país que se le pusiera en frente, pero no le importó— ¡Manu!— al llegar a él lo abrazó con todas sus fuerzas y luego lo besó, ganándose un reproche.

—No seáis así de empalagoso— los demás reían de la escena que se había armado y los latinos al ver a sus hermanos corrieron hacia ellos para ayudarlos a pasar y demostrarles lo mucho que los habían extrañado.

—Es bueno tenerlos aquí de nuevo.

—Sí… es bueno también salir del hospital; los doctores del gringo son buenos, pero… son unos amargados— comentó la colombiana.

—Jeje; oigan, hablando de amargados: miren quien está llegando— todos levantaron la vista para encontrarse con Bielorrusia, que venía en compañía de Ucrania y de los bálticos, entre los que destacaba Lituania que intentaba tomarla de la mano; la joven miraba a los lados en busca de su hermano y además tenía los puños en alto por si veía a México— hay que mantenerla alejada de Alejandro o apuesto que ella sí termina el trabajo del gringo.

—Sí; por cierto, ¿dónde estará?— el grupo se encogió de hombros y negó con la cabeza— bueno, supongo que él y Rusia llegarán más tarde.

La reunión comenzó a animarse, mientras los países comían los platillos típicos que habían preparado los latinos y escuchaban la música preferida de estos; además de que buenos licores no podían faltar. Realmente se convertiría en una gran fiesta, y con los anfitriones que tenía eso era más que seguro.

La puerta de entrada se abrió una vez más y varias cabezas se giraron para ver quién era. El ambiente se apagó un poco a la vez que los países de Latinoamérica miraban como Alfred entraba lentamente por la puerta; muchos apretaron los puños y se dispusieron a hablar con él cuando notaron que venía tomado de la mano con otro rubio muy parecido a él.

—¿Quién es el que viene con el gringo?

—Am… no sé, creo que…

—Él es Canadá— recordó Costa Rica forzando un poco su mente.

—Cana, ¿quién?

—Canadá; él nos ayudó— el canadiense miró hacia todas partes hasta que encontró a los latinos, a quienes saludó alegremente con una mano y arrastrando con dificultad a Alfred se acercó a ellos.

—Hello!, ¿cómo están?— el estadounidense no saludó y prefirió desviar la vista.

—Hola Cana… Cana… am… ¡Hola!

—¿Cómo has estado?— preguntó Fernando.

—Excellent!— agitó su brazo como si no quisiera, pero mostrándoles a todos como sus dedos y los de Alfred estaban entrelazados.

—E-a… ¡Qué bien!— realmente nadie sabía que decir, no es que les impresionara o asustara, ellos mismos sabían que al ser países la hermandad suele salir volando, pero… ¿con el gringo?

—O-oye no quiero sonar grosero, pero…— Brasil hablaba en voz muy baja, una misteriosa sonrisa acompañaba sus palabras, los demás se preguntaron qué tenía en mente— ¿dónde está Canadá?

—¡Ah!— Matthew sonrió pasando una mano detrás de la cabeza— ¡Canadá está arriba de Estados Unidos!— esta "declaración" llegó a oídos de todos los países presentes, la mayoría de los cuales soltó una risita al entender las palabras de otra manera, Hungría se acercó a ellos con su cámara y Francia exclamó suavemente:

—Heredaste lo dominante de tu papi— haciendo que las risas se extendieran aún más. Canadá miró a todos sin comprender, mientras que Estados Unidos se había puesto realmente rojo, aunque no soltó la mano del otro, lo que daba más razones para creer en las inocentes palabras de Matthew.

—Algo me dice que sabías que esto pasaría— susurró Cuba a Brasil y este asintió sonriente. Al tiempo que el murmullo comenzaba a bajar, la puerta se abrió una vez más y dos figuras entraron por ella, prácticamente sin ser notadas por los demás, hasta que Costa Rica dirigió la mirada hacia allá.

—¡Hermano!— gritó y corrió a ellos, abrazando al mexicano al llegar junto a él, ganándose un quejido de dolor, pues este tenía un brazo roto a causa del balazo que le había dado Alfred y que lo lastimó mucho más de lo que se había pensado— oh, ¡lo siento!

—No te preocupes— le dijo acomodándose el yeso… y el brazo nuevamente, con un ligero gesto de dolor: nunca se quejaba durante una pelea, pero las secuelas, así como las medicinas, era lo que más odiaba— mejor vamos pasando, ¿no?— el chico asintió y Rusia tomó de la mano a México antes de entrar; los dos se acercaron a los latinos y el ambiente se tensó un poco con la presencia de Estados Unidos tan cerca de ellos— ¿qué onda, hermanos?, hola Matt.

—Privet!

—Hola Mex, hola Rusia— saludaron notando el tenso ambiente— ¿cómo les fue?

—¡Pos muy bien!, lo bueno es que a mí me dejaron salir los médicos desde hace dos días— sonrió. De hecho él sólo tenía la herida del brazo.

—Da, aunque tuvimos que "convencer" a los doctores que le dieran permiso— se miraron cómplices dejando escapar una sonrisa psicópata.

—Sí, bueno… ¿qué no nos ofrecen ni un taco?

—¡Ah sí!— les señalaron unos lugares cerca de algunos países que ya estaban disfrutando de la comida hecha por los latinos— sírvanse.

—¡Claro!— México corrió hacia allá y miró toda la comida sin saber por dónde empezar, al fin se decidió por una arrachera que tenía muy buen aspecto; se fijó un metro más allá y sonrió: sus hermanos le habían traído unas tortillas. Tomó una y con dificultad trató de cortar la carne con un cuchillo para poder ponerla encima— ¡Ah, no puedo!— tuvo ganas de tomar el trozo de carne y morderlo así simplemente, pero la voz de Rusia lo distrajo.

—¿México quiere que lo ayude?— Iván apartó la mano del mexicano con suavidad y tomando un par de cubiertos comenzó a partir la carne— México puede ir a sentarse con sus hermanos— incitó haciendo que Alejandro asintiera y lo besara en la mejilla algo apenado por la amabilidad que el ruso le demostraba sólo a él.

Así pues el latino se acercó a una mesa en donde se habían sentado TODOS los americanos, que conversaban soltando uno que otro comentario que hacía que Alfred se incomodara y que Canadá sólo riera inocentemente.

—Y entonces vimos como ese espectro se levantaba del lago; para ese entonces yo aún era muy pequeño, pero lo recuerdo bien: su piel blanquecina y sus ojos completamente bancos…— Guatemala narraba una historia que según él, había ocurrido en época de la colonia; Estados Unidos se escondía detrás de su hermano como si se protegiera, ignorando las risas bajas de los otros. México se sentó junto a ellos y terminó de escuchar el relato que terminaba en un extraño sacrificio muy parecido al que hacían sus antepasados. Alfred se abrazó aún más de Matthew que le correspondió, dándole a entender al mexicano la situación en la que se encontraban esos dos.

—Ya mejor bájenle— comentó el latino del norte— no vaya siendo que acá mis ojos se nos petatié por el susto— las burlas volvieron y con ellas, Rusia se sentó en la mesa junto a México abrazándolo con suavidad— ¡Gracias!— gritó el moreno al ver su taco que le habían traído en un pequeño platito.

—De nada— México tomó el taco y cuando le iba a dar una mordida, su rostro se puso pálido y soltó el taco como si se tratara de un animal— ¿Qué le pasa a México?— levantó el plato con el alimento y lo revisó, pero al ver que no tenía nada, lo volvió a acercar al mexicano.

—A-aleja esa co-cosa de mí en este instante— se apartó del platillo lo más que pudo ante la mirada confusa de todos. Rusia sin entender lo acercó aún más— ¡Ah!, ¡está poseída!— aterrado se escondió debajo de la mesa, saliendo del otro lado.

—Pero, ¿Qué pasa?— todos se acercaron para ver qué era lo que estaba asustando tanto al ex-azteca— pero si es sólo un taco.

—¿Qué chin***** estás diciendo?— había sacado de algún lugar un montón de amuletos con distintos símbolos— es un taco, pero, pero…— todos lo miraron esperando alguna horrible predicción o algo parecido— ¡No tiene salsa!— casi todos los presentes estuvieron a punto de caerse hacia atrás; muchos otros giraron los otros y Venezuela exclamó:

—¿Lo ven?, les dije que era un miedoso…— Iván también rio y ayudó al moreno a salir de debajo de la mesa; lo cargó entonces aprovechando el "gran susto" y se lo llevó disimuladamente de ahí— ¿alguien más piensa que pronto seremos tíos?

México miró atrás ante ese comentario burlón, pero se dejó llevar por el ruso, ya en la calle quiso bajarse pero el otro no lo dejó, así que colocó su rostro en el cuello de Rusia haciéndole cosquillas con su respiración. ¿A dónde iban?, ni ellos mismos lo sabían, pero estaban seguros de que no volverían pronto a la junta. Alejandro cerró los ojos acomodándose mejor.

—¿México quiere dormir?

—No.

—Entonces…

—Quiero ser uno con Rusia.

—¿Por siempre?— México lo miró mientras sus propias palabras pasaban por su miente: "sólo la muerte dura ´pa siempre"; reflexionó por un momento y respondió.

—Supongo que no hará daño que compartamos el puesto con mi mejor amiga…


Inner: charan! (hora no hubo información extra xDD)

Kary: he aquí el fin de esta extraña cosa (llamada fic), que esperamos que les haya gustado y que aún ahora nos dejen sus últimos comentarios.

Inner: de veras esperamos que les haya gustado (todo el capi y en especial el fic) y bueno… aunque no hayamos matado al gringo.

Kary: desde el principio nunca tuve intención de hacerlo xD

Inner: nos despedimos por ahora!

Kary: pero volveremos pronto!, para quien le interese, habrá un MexGuate (de un solo capi) para antes de vacaciones de Semana Santa, así que no tendrán que esperar mucho n_n

Inner: ha, pero, los últimos agradecimientos son para: Grellicious, Youko Saiyo, Hinata Jagerjaques, Autumleaf, Juan Nikte, Violetilium, Loreley Kirkland, Lily Yavetil y Alicia Almeida.

Kary: extrañaremos sus comentarios T.T

Inner: las dejamos!

Kary: bye, bye~

Inner: proshchaite!