Dos cosas, antes de empezar.

Primera: Lazy Town pertenece a Magnús Scheving.

Segunda: está historia se la dedico a todos los del Pont Del Dragó.


-¡Bien, ahora tenemos educación física! – exclamó una chica y es que era última hora y estaba cansada de tanto empollar.

-¡Ya, que bien! – exclamaron todos los chicos de la clase, todos menos uno, éste tenía los pies encima de la mesa y daba un poco de miedo, tenía el pelo negro, los ojos grises y cara de pocos amigos, iba vestido con una camiseta negra con una calavera y unos tejanos negros, también.

Alguien entró en la clase, pero no era el profesor de gimnasia, era el director Milford Buenagente.

-Veréis el profesor de gimnasia se ha puesto enfermo – dijo el director.

-¿Es grave? – preguntó otra de las chicas.

-… - Milford se quedó callado durante unos segundos –tiene cáncer – contestó, finalmente.

-¿entonces, hoy no haremos gimnasia? – preguntó un chico.

-No os preocupéis por eso que ya tenemos sustituto, adelante – dijo el director.

De repente apareció un chico, parecía rondar los veintidós años, llevaba un extraño uniforme azul, casi tan azul como sus ojos e iba andando con las manos.

-Hola, encantado, me llamo Sportacus – dijo el nuevo profesor, mientras se ponía sobre sus pies –bien – continuó hablando –¿Qué tal si empezamos conociéndonos un poco? Alguien quiere comenzar diciéndome su nombre y algo que le guste hacer – acabó diciendo Sportacus.

Un montón de brazos se alzaron la mayoría de chicas.

-Bien, empieza tú – Sportacus señaló a un chico moreno de ojos marrones el cuál iba muy bien vestido.

-Me llamo Stingy y me gustan el dinero y las posesiones – dijo Stingy.

-Bien ¿y tú? – su dedo esta vez apuntó a una chica con el pelo rosa.

-Yo me llamo Stephanie, me gusta bailar – contestó Stephanie, algo sonrojada.

-¿y tú? – dijo Sportacus, a la vez que señalaba a un chico de aspecto afro americano, el cuál iba lleno de maquinas.

-Yo soy Píxel y me gusta todo lo relacionado con la tecnología – dijo Píxel.

-Aja ¿y tú? – señaló, está vez, a una chica con tres coletas y con un poco de aspecto de marimacho.

-Yo me llamo Trixie, me gusta hacer travesuras – contestó Trxie.

-Ah, ya veo. Bueno ¿y tú? – dijo, mientras señalaba a un chico rubio, con los ojos azules, el cual llevaba los bolsillos llenos de caramelos, chicles y piruletas.

-Yo soy Ziggy y me gustan los caramelos – dijo Ziggy.

-¿Y tú? – está vez miró al chico que daba miedo. Al parecer a esté le basto sólo con la mirada para darse por aludido.

-¿A ti que te parece? ¿eh? – preguntó el chico, a la vez que le lanzaba una mirada de reto.

-No lo sé, yo acabo de llegar – contestó Sportacus, mientras le devolvía la mirada.

-¿Con qué acabas de llegar y ya pretendes conocerme? – dijo el chico de ojos grises.

-Aja – Sportacus asintió.

-¡Pues eso me da asco! – exclamó el chico y después se fue de la clase.

-Esto ¡profesor! – dijo Ziggy.

-¿Si? – dijo Sportacus, quién parecía que aún estaba intentando asimilar lo que acababa de pasar.

-Él es Robbie Rotten – dijo Ziggy.

-¿Y es siempre así? – preguntó Sportacus.

-Con la mayoría de la gente sí – contestó, está vez, Stephanie.

-Vale – dijo con cara pensativa -vamos al patio – acabó diciendo Sportacus.

Cuando acabo la clase Sportacus se dirigió al despacho del director, quería saber más detalles sobre Robbie.

-Hola – dijo Sportacus.

-Oh, Sportacus, hola – esperó unos minutos a que el susodicho hablase pero al ver que no decía nada decidió hablar él -¿Qué querías? – terminó preguntando el director.

Sportacus parecía estar perdido en sus propios pensamientos. Aunque enseguida reaccionó –yo había venido a preguntarle sobre un alumno llamado Robbie.

-¿Robbie Rotten? – preguntó Milford.

-Aja – Sportacus asintió.

-Ese chico no es más que un criminal – dijo el director.

-¿Perdón? – Sportacus se sorprendió por aquella respuesta.

-Yo incluso he llegado a oír que ha matado a gente – dijo el director.

Sportacus no creyó aquello, Robbie no tenía pinta de asesino, tenía pinta de ser un chico asustado que se comportaba de aquella forma para llamar la atención.

-Por supuesto, no son más que rumores – dijo Milford.

-Ah, vale – dijo Sportacus, a la vez que se retiraba.

-Aunque preferiría que te mantuvieras lo más alejado que puedas de Robbie – le aconsejó Milford.

Sportacus oyó el consejo del director aunque prefirió pasar de él y hacer como si no lo hubiera oído.

Después de hablar con el director Sportacus salió a la calle, con la intención de irse a su casa, aunque se detuvo al ver a Robbie sentado en unas escaleras, acompañado por unos tipos quienes a diferencia que él sí tenían pinta de asesinos, tenían manchas de sangre en las camisas y unos ojos fríos.

-Venga, tío, ¿no pretenderás rajarte ahora? – le preguntó uno de los tipos a Robbie.

-N… no – balbuceó Robbie.

-Pues, si hay alguien que no te gusta, te lo cargas y punto – dijo otro de los tipos

-Robbie, ¿Qué haces? – preguntó Sportacus, quién se había ido acercando, sigilosamente hasta donde estaba Robbie.

Todos, excepto Robbie y Sportacus, salieron corriendo.

-Tú, ¿Cuánto tiempo llevas escuchando? – preguntó Robbie.

-Ni que eso importase, lo que sí importa es que hacías tú con esa gente – dijo Sportacus.

Robbie pegó un largo suspiró.

-Esos tipos eran asesinos – le recriminó Sportacus.

-¿Y qué? ¿Insinúas que yo no lo soy? – dijo Robbie, a la vez que intentaba poner unos ojos fríos.

Sportacus estuvo a punto de contestar pero se cortó cuando recordó lo que le dijo el director.

-Ves, tú no sabes nada sobre mí. De modo que no me rayes más la cabeza – dijo Robbie, para luego irse andando.

Sportacus pudo seguirle pero no lo hizo, se sentía mal por no haber podido decir lo que pensaba.


Continuara.

Como siempre, cualquier critica siempre y cuando sea constructiva será bien recibida.

Y el chiste viene a continuación.

En la escuela, la profesora pregunta.

-A ver Juan ¿tú como te imaginas la escuela ideal?

A lo que Juan contesta.

-Cerrada, profa.