Trágame tierra

Una colección de pequeños relatos sobre Helga G. Pataki y sus situaciones vergonzosas

1. Audífonos.

Estaba realmente enfadada. Helga G. Pataki no podía dejarse vencer.

-Phoebe, creo que de algún modo tu lápiz tiene cierta ventaja sobre el mío.

-¿A qué te refieres, Helga?

-Pues que no es posible que de las 50 veces que llevamos jugando al gato, tú me has ganado todas. ¡Esto es muy sospechoso! –exclamé en voz alta, la cual se confundió entre los gritos de los demás alumnos en el salón de clase.

El profesor Simmons había salido a atender el llamado del director, y después de quince minutos aún no había regresado. Para matar el tiempo, Phoebe y yo decidimos jugar al gato encerrado en una hoja de papel. Sin embargo, la pequeña oriental ya llevaba ganadas todas las partidas, lo que estaba comenzando a irritarme. Me crucé de brazos. Estaba muy molesta.

En mi enfado miré hacia el resto de la clase. Harold estaba riendo de algo con Sid y con Gerald. Nadine analizaba como tonta una caja llena de gusanos que había traído para mostrar al profesor Simmons. Le había dicho que la idea de traerlos era totalmente asquerosa, pero como todo el mundo, me ignoró. Curly intentaba sacarle conversación a Rhonda, pero la princesita, dándose aires de importancia, intentó aparentar interés en la caja de gusanos de Nadine. Asientos más allá se encontraba el rubio mechón del Cabeza de Balón. El idiota estaba haciendo no se qué, pues no alcanzaba a ver desde mi asiento. Qué tonto, tan ridículo y antisocial. ¿Por qué diablos no aprovechaba en platicar con sus torpes amigos?

Lo ignoré y volví a enfocar mi mirada en la nueva partida del juego que Phoebe, como ganadora, debía empezar. Miré el lápiz con desdén y lo tomé. Dibujé una cruz en uno de los cuadros.

-Interesante movimiento, Helga.

-Oh, cállate Phoebe.

-Hablo en serio, Helga. ¿Sabes? El juego del gato encerrado tiene una serie de trucos, pero veo que no los has descubierto.

-Basta, Phoebe, deja de alardear y juega.

Phoebe colocó un círculo justo debajo del mío. Luego, yo tracé mi movimiento. Después de cuatro minutos, Phoebe ya me había ganado otra vez.

-¡Yay! ¡Gané!

Golpeé el pupitre con disgusto. ¡Maldita sea! Otra vez había ganado.

-Vamos, Helga, admítelo –presumió Phoebe con sus diminutos ojos entornados que casi los hicieron desaparecer-. Soy superior a tí.

-¡¿Superior? –grité enfadada, pero mis gritos no los escuchaba nadie entre todo el bullicio-. ¡Jamás admitiré eso, Phoebe! ¿Qué te sucede?

-Admítelo, admítelo, admítelo.

Estaba claro que Phoebe intentaba molestarme, y lo había logrado.

-¡Admitir eso sería como admitir que el Cabeza de Balón es el muchacho más sensual y atractivo de todo el mundo!

A los dos segundos escuché cómo mi grito resonaba por toda el aula como el eco en una caverna profunda. Sentí como las miradas de todos se enfocaban en mi persona. Enrojecí completamente. Había metido la pata. Jamás debí gritar aquello, pero contaba en que todo el ruido lo disimulara. Lo que no contaba era que todos los demás se callaran precisamente en aquel estúpido momento. ¡Además era un sarcasmo! Pero al parecer la otra parte no había sido escuchada, porque se escucharon risitas ahogadas.

Al dirigir mi mirada al asiento de Arnold sentí un vuelco en el estómago. ¿Y si Arnold lo había escuchado todo? De repente, observé que giró la cabeza hacia donde todos estaban mirando, es decir, a mí.

No quería observar su tonta mirada de perplejidad al haber escuchado mi estúpido comentario. Pero cuando me miró alcancé a descubrir los audífonos en sus oídos. El tonto al parecer estaba escuchando música... y no escuchó nada de lo que pasaba, porque me miró con curiosidad y su absurda ignorancia.

De repente, entró el profesor Simmons por la puerta e interrumpió aquel incómodo momento.

-Chicos, he llegado, perdón por la tardanza.

Todos dejaron de mirarme y se dirigieron a sus asientos.

Al parecer me había salvado. Juré que al terminar la clase exterminaría a Phoebe con una tortura medieval antigua.


¡Hola a todos!

Bueno les doy la bienvenida a todos los fans de HA! y HelgaxArnold. Esta vez me uno a la expedición de escribir sobre esta pareja después de explorar con otros shippers que pueden encontrar en mis relatos.

Doy inicio a una colección de relatos, que si bien, no tienen una continuidad específica. Sólo son relatos que narran experiencias vergonzosas de Helga con respecto a su admiración hacia Arnold, aunque esta no quiera admitirlo. Situaciones ridículas que le pueden suceder en la escuela y que le hacen pasar un mal rato.

Esto es como un calentamiento para escribir una historia con más continuidad y con mayor extensión que me encuentro preparando para estos dos personajes.

Así que espero les agraden y disfruten de leer las aventuras de esta rubia malhumorada.

Saludos a todos.