Los personajes de Dance In The Vampire Bund no me pertenecen.

Inmortalidad.

Tenían la inmortalidad, nunca morirían, podrían hacerse daño físicamente y sobrevivir, sin embargo ahí estaba la chispa de la desesperación en sus cuerpos.

¿Y si alguien lo apuñalaba con una espada de plata? ¿Y si le disparaban con una bala de plata? ¿Y si…?

¿Y si alguien le clavaba una estaca en el corazón? ¿Y si alguien le tendía una emboscada y la dejaba a la luz del sol? ¿Y si…?

Akira suspiro y se froto la parte superior de su alborotado pelo negro, miro la puerta por la cual entraría la princesa, acompañada por Vera.

Pero no entró. Miró el reloj y contó los segundos, minutos.

Dos horas y aún no llegaba. Se preparó para lo peor.

¿Y si…?

La puerta se abrió sorprendiéndolo.

―¡Princesa! ―gritó. La princesa de todos los vampiros sonrió y mostró sus colmillos. Su pequeño cuerpo estaba empapado por el agua, él levanto una ceja. ―Estas bien…

Mina Tepes volvió a sonreír mientras sus mejillas se ruborizaban.

―Claro que sí. ―gruño la pequeña princesa, haciendo un mohín con los labios.

Akira suspiro y le cogió una mano, beso los nudillos y suspiro.

―Gracias a Dios, Princesa.

Mina Tepes oculto su ligero sonrojo bajando la cabeza y apretando los labios.

Akira estaba tardando pensó Mina, la Princesa. Tenía que haber vuelto en el día, pero ahora era de noche, con las estrellas y la luna en el cielo, sin el molesto sol.

Mina Tepes arrugo el ceño y miró penetrantemente a Vera.

―¿Por qué tarda tanto? ―preguntó siseando. Vera formó una tranquilizadora sonrisa en los labios carnosos.

―Ya llegará, Princesa.

Mina negó, algo estaba mal.

¿Y si…?

Entonces la puerta se abrió con fuerza, entrando Akira Kaburagi Regendorf. Con algunos rasguños, moretones, sangre… pero estaba vivo.

Mina mordió con fuerza su labio.

―Llegas tarde, Akira. ―mordió la frase. El hombre lobo sonrió.

―Lo siento, princesa.

No importaba si eran inmortales, aún tenían en el cuerpo esa sensación de miedo de morir, pero no para ellos mismos, más bien por temían perderse.

Eran inmortales, pero le temían a la muerte, más si se llevaba al ser preciado de su lado.