Yo no soy la autora solo me dedico a la adaptación de las novelas que me gustan, si les cambio algunas cosas, pero ni la historia ni los personajes me Pertenecen, algunos de los personajes de esta historia son propiedad de Stephenie Meyer, el nombre de la historia original la publicaré al final. Que disfruten…

PROLOGO

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Irlanda, 1560

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En la capilla de Ballinarin de la familia Masen, prevalecía un clima festivo y expectante, porque todos habían venido a ser testigos de la boda de Edward Masen, y su amada Tanya Denaly. En un pequeño cuarto en la parte de atrás de la capilla Edward caminaba impacientemente. Su hermano Jasper mientras tanto estaba en la puerta y observaba la llegada de más invitados.

- ¿Por qué tarda tanto?- Edward dejó de caminar. La luz del sol, que se filtraba a través de la pequeña ventana hacía que su cabello cobrizo brillara como el fuego. El novio lucía magnífico con sus ropajes negros.

Esa impresión se enaltecía con la capa que tenía bordada el escudo de armas de los Masen.

-No hay nada que temer - opinó Jasper -la muchacha te ama. Simplemente debes tener más paciencia. -Y después agregó -La paciencia no es una de tus virtudes. Pero en este caso debes tener mas comprensión. Dale a Tanya la oportunidad de presentarse lo mas bella posible para su futuro marido.

-Ella no puede ser mas bella, de lo que ya es ¿Y por qué debo seguir esperando? Ya he esperado toda mi vida por este día.-

- ¡Es cierto! Parece como si hubieras estado enamorado de ella desde siempre.

-Desde que era un muchacho de doce años -, reconoció Edward. Con su famosa sonrisa cada muchacha entre Cork y Derry habían caído bajo su encanto. Probablemente no había ninguna mujer joven que no hubiera soñado con compartir un futuro con el hijo mayor de los Masen. Pero Edward siempre había tenido solo ojos para Tanya. - He nacido para ella-, explicó con convicción. -Jasper, hoy es el día en que mi existencia se hace perfecta. Te juro que no puedo esperar un día mas sin que ella sea mía.- Jasper lanzó la cabeza hacia atrás y se rió con ganas.

-Debes estar pasando por una terrible experiencia.-

-Tanya se rehusó a entregarse a mi deseo. Dijo que sólo se uniría a mí en la noche de bodas. Su inocencia será un regalo especial para su marido.

-Considerando toda la energía sexual que has acumulado, tu noche de bodas será una inolvidable experiencia.- En ese momento la puerta se abrió impetuosamente, y los hermanos se dieron la vuelta.

Una joven muchacha, vestida en seda rosa, entró abruptamente.

- ¡Temí que fuera demasiado tarde!-

-¿Demasiado tarde para qué, Elisabeth?- Edward sonrió con afecto ante la imagen de su hermana menor. Con su cabello rojo despeinado por el viento, y sus mejillas, ardiendo.

Ella respiró agitadamente, y Edward asumió que había corrido desde la torre principal del castillo hasta la capilla, siempre tenía que correr, para poder seguir el ritmo de sus hermanos.

-Demasiado tarde para darle a mi hermano un beso antes que parta- Elisabeth jadeante respondió.

-No hables de esa manera, como si me fuera a ir. Tanya y yo viviremos aquí en Ballinarin.

-Pero serás un hombre casado.- Elisabeth se rió, y un hoyuelo en sus mejillas se hizo visible. -Y asumo que serás padre muy pronto. Y entonces no tendrás mas tiempo para tu hermana.- Edward la besó tiernamente en la frente.

-Siempre tendré tiempo para vos, Elisabeth-, afirmó. -Además puedes venir todos los días y ayudar a Tanya con los pequeños.-

- ¿Cuántos niños van a tener?- preguntó

-Al menos una docena. Los muchachos se parecerán a su padre, y las muchachas tendrán como su madre el cabello rubio y la piel clara. Serán tan bellas que tendré que encerrarlas para protegerlas de los jóvenes de la zona.- Elisabeth y Jasper se rieron ante sus palabras.

-Hermano, es por esto que te quiero tanto. Cuando sueñas acerca del futuro, tus sueños siempre son grandiosos. Espero que las cosas no te salgan al revés y que tus hijos sean menudos y delicados como su madre y tus hijas gigantes, como tú.- dijo Jasper sonriente.

-Esperemos que no -, respondió -sería...

Se detuvo, porque oyeron ruidos desde fuera de la capilla. Aliviado Edward sonrió.

-Bien, finalmente. Pensé que... - Otra vez Edward se detuvo en el medio de la frase. Una sonrisa apareció en sus labios. Alarmado oyó los repentinos gritos, y los invitados se apresuraron a salir de la capilla.

Cerca de la entrada había un niño de seis o siete años, quien gesticulaba agitadamente y articulaba palabras casi incomprensibles. Sus ropas estaban rasgadas y sucias, manchadas con sangre. Edward se abrió paso entre la multitud, fue hacia el niño y se agachó, rodeando sus hombros. Al aproximarse detectó pánico en el hermano de Tanya.

- ¿Qué pasó, Alec? ¿Dónde están los otros?

-En el camino... en la curva... Soldados ingleses... Mas de una docena

Edward reprimió el creciente sentimiento de terror con todas sus fuerzas.

-¡Alec, dime, qué pasó!- El niño estaba obviamente aterrorizado. Todo su cuerpo temblaba, cuando dijo:

-mi padre se cayó sobre mí. No me podía mover. He visto todo. ¡Oh Edward, todos están muertos!

-¡No!- Edward soltó al niño, se enderezó y corrió a su caballo, que estaba atado a un árbol. Montó de un salto y acicateó al animal. Partió velozmente sin escuchar que otros jinetes lo seguían. Antes de alcanzar la curva, Edward ya había captado el ominoso silencio. Ningún sonido, ningún movimiento de otros animales. Parecía como si el mundo hubiera dejado de respirar y después lo vio, varios cuerpos si vida de seres humanos y animales.

Los caballos, en cuyos cuellos las lanzas todavía estaban clavadas. Los hombres valientes que aparentemente habían luchado hasta su último aliento.

Algunos aún muertos sujetaban sus espadas. Pero las mas agredidas eran las mujeres Edward vio algo blanco flotando en el viento. Un pedazo del vestido de novia, que había sido rasgado por manos crueles. Pudo localizar a Tanya. Temblando se arrodilló al lado de su amada muerta. Su cuerpo parcialmente expuesto indicaba evidencias de haber sido violada antes de haber sido brutalmente asesinada. Con un grito Edward pegó su cara a su cabello manchado con sangre. Tembló incontrolablemente. Era como si su corazón se rompiese en pedazos.

-¡Edward, por Dios!- Jasper estaba al lado de su hermano. Impotente observó el infinito dolor de Edward.

Él no estaba avergonzado de sus lágrimas. Gradualmente más gente llegó a la escena de horror.

Carlisle Masen fue hacia su hijo mayor. Su voz tembló, cuando dijo:

-Edward, sabemos quien es responsable de esta masacre. Alec oyó como se llamaba el líder de los asesinos. El lo describió como un hombre grande y musculoso, con cabello amarillento y una cicatriz que va desde su ojo derecho hasta su mentón.

-Lo Encontraré.- Edward se quitó su capa y cubrió el cuerpo violado de Tanya. Luego se puso de pie, al lado de la joven, con quien debería haberse casado ese día. Esa noche debería haber estado en su cama. Pero ahora yacería en una fría tumba para siempre. Edward miró a su alrededor. Estaba rodeado por su familia y amigos, quienes lloraban atónitos y en silencio. Sus propias lagrimas habían desaparecido.

En sus ojos había una mirada fría y dura. Rígidamente Edward miró la devastación a su alrededor.

-Juro que no descansaré hasta que encuentre a la bestia Inglesa que hizo esto.- Carlisle puso una mano en su hombro.

-Buscaremos un carro para transportarlos.- Edward se sacudió para sacar la mano de su padre.

-Nadie va a tocar a Tanya. Yo mismo la llevaré. Es la última cosa que puedo hacer por ella.- Fue una procesión triste y silenciosa de vuelta a la capilla. A esa altura Edward caminaba con su ropa manchada de sangre y barro. Tanya estaba en sus brazos completamente inconsciente de la capa que la cubría. En la capilla, Edward se detuvo.

Sostuvo a Tanya en sus brazos por un largo tiempo, hasta que la tumba fue cavada y el Padre Malone dijo las palabras, con las cuales su cuerpo sería transferido a la tierra.

Edward permaneció por horas en silencio arrodillado ante la tumba, donde su amada descansaba ahora, mientras todas las otras víctimas de la brutal masacre eran enterradas. Edward vio las tumbas a su alrededor y finalmente perdió su mirada en la distancia.

Los miembros de su clan lo rodeaban silenciosamente. Finalmente se volvió hacia sus padres, abrazó sólo a su madre y a su padre, y luego le dio un breve beso en la mejilla a su hermana. El silencioso sollozo de Elisabeth se convirtió en un ruidoso llanto.

- No me abandones Edward-, ella lloró desesperadamente. - Quédate aquí. Si te vas, no querré verte nuevamente-

-Shh, mi pequeña.-

Edward abrazó a la muchacha, y le prometió:

-Volveré. ¡Confía en mí!- Jasper tomó del codo a su hermano.

- ¿Puedo acompañarte?-

-No, esta es una misión que debo llevar a cabo solo. Quédate aquí donde eres necesario.- Edward miró a su madre, quien rodeaba con sus manos los hombros de Alec. - ¿Cuidarás al niño?- Esme Masen asintió con la cabeza.

-Lo cuidaré como si fuera mi hijo. -Edward ajustó su espada y acomodó las alforjas en su caballo.

Su padre se quitó su propia capa con el escudo de armas de los Masen y la puso sobre los hombros de su hijo.

-Dios te acompañe, Edward, y te haga volver pronto.

Sin una palabra mas Edward montó su caballo. Lanzó una última mirada a Ballinarin. En la distancia Croagh Patrick se levantaba majestuosamente. La montaña que dominaba el paisaje cambiaba de color dependiendo de la hora del día. Por el momento asumía un tono terroso y rosado. Edward amaba ese paisaje a pesar que ocasionalmente parecía ser un paisaje inhóspito. Ahí estaba él, en el lugar donde siempre había querido estar.

Pero las idílicas tierras de su hogar habían probado ser traicioneras por los terribles eventos que había ocurrido en ese lugar, tenía que dejar Irlanda. Su viaje continuaría por años, sino por el resto de su vida. Porque no había ningún motivo para volver a sus tierras hasta que no cumpliera su juramento.