Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto.

Cumple su último deseo.

Se encontraba parado frente la puerta de aquella casa. El joven iba muy bien vestido, con un traje negro, una camisa blanca y una corbata color anaranjado. Sus rubios cabellos estaban tan alborotados como siempre, parecían no tener nada en común con su traje de gala pero al muchacho no le interesaba en lo más mínimo. En la mano tenía una rosa blanca en todo su esplendor, la flor favorita de la fémina a quien estaba por recoger. Un poco dudoso tocó la puerta, tocó suavemente tres o cuatro veces.

Se paró derecho, sacudió su cabeza intentando que su doradas hebras se acomodaran, pero sólo consiguió dejarlas de la misma manera que antes. Aseguró que su corbata estuviera bien colocada y recobró la postura, esperando que abrieran el portón.

—¡Hola , Naruto! —una joven abrió la puerta. Saludó al muchacho y se recargó en el marco.—. ¿Te he dicho que a ti saco y corbata no te quedan del todo bien?

—¡Hmp! —espetó fuertemente para manifestar su enojo.

—¡Dha! Pasa —ofreció la muchacha, el chico de ojos azulinos entró a la casa y después de un gesto con la mano de la joven se sentó en un sillón.

—¿Está tu padre? —preguntó aparentando formalidad el rubio.

—No, salió en la mañana. —la chica se sentó en el sillón contiguo a donde el joven estaba.

—¡Qué bien! Me quito un peso de encima —gritó Naruto estirando los brazos.

—¿Te abrazo? —preguntó de manera irónica la muchacha levantando una ceja.

—Si quieres —Naruto se levantó de su asiento y enderezó su torso. Avanzó hasta la joven y se sentó junto a ella. —. Sabes que yo te quiero —susurró al oído de la menor haciéndola estremecer; sus mejillas se colorearon de un leve color carmesí y mordió su labio inferior.

—Hinata puede bajar. —sentenció levantándose del lugar.

—¡Oh! —bufó molesto.—. Sólo un beso. —pidió en tono más bajo. Acercó su rostro de súbito al de la joven y tocó con el dorso de su mano la coloreada mejilla de Hanabi. Tomó un más fuerte color rosado el rostro de ella, al sentir los penetrantes cielos del moreno sobre sí giró la vista para no intercambiar mirada con ese par de océanos donde se perdería por días y noches.

—No. Será otro día. No quiero que la vayas a lastimar. —habló al tiempo que de sus perlados ojos escapaba una gota salada llena de tristeza.

—Puedo dejarla, fue tu decisión que saliera con ella. —sentenció limpiando la lágrima que choreaba por su piel.

—No, por favor... ven. —manifestó Hanabi a lo que Naruto la siguió hasta la cocina.

—¿Qué ocurre?

—Tú le gustas mucho, y no quiero verla sufrir, has que salga bien, por favor.

—Pero a mí me gustas sólo tú.

—Será sólo una noche. Es mi hermana, y sabes lo que pronto le pasara. —masculló y acto seguido dejó escapar de sus cuencas varias lágrimas de tristeza, tristeza causada por lo que ocurriría en un par de días.

—Pero...

—Por favor... Cumple su último deseo

—¿Ha-Hanabi? —se escuchó en la sala. Ambos jóvenes salieron y frente a ellos se encontró la figura perfecta de Hinata, portaba un elegante vestido color azul oscuro que contrastaba a la perfección con sus blanquecinos ojos. El muchacho de dorada melena fijó su vista en la fémina recién llegada y ante su penetrante mirada ruborizó su levemente maquillado rostro.—. ¿O-ocurre algo?

—Nada, te ves muy bien. —musitó el joven dejando lucir una brillante sonrisa.

—Trátala bien Naruto-kun.

—Va-vámonos. —concretó la chica de cabellos azulados y dio media vuelta para salir del lugar, ignorando completamente lo que a su hermana mantenía tan preocupada, el hecho de que en un par de días, su corazón dejaría de palpitar.