EPILOGO:

Este es mi último capítulo de Lovuletto. Quiero mucho a todos aquellos que me dieron esperanza para poder escribir y acabar con un final feliz esta historia. Sobre todo, agradecer a Yuki, Angel Dark Fire y Lirio-chan, que apoyaron mi inspiración y el deseo de que esta historia del mundo del ballet no fuera trágica. A Lirio chan, que me encantaría poder escribirle, pero no deja su correo a la vista, así que… me quedo con las ganas.

*Las negritas son las escrituras de Fakir. En este caso, es un homenaje al poeta cubano Juan Clemente Zenea y su poema trágico "Fidelia". Ideal para una coreografía de ballet, según creo.

En la cocina se oyó el "crach, crach" de los platos. Fakir estaba sentado en el escritorio intentando escribir una nueva coreografía de ballet y no podía concentrarse.

El poeta es enviado lejos de su país, por castigo del rey, y al regresar…

Por encima del ruido de la loza, se escuchaba el parloteo de Ahiru.

—Déjame ver, al caldo se le echa una pizca de aceite y medio litro de sal. ¿O era al revés?

Fakir se llevó las manos a la cabeza.

Y al regresar, creyendo que después de tantos años de separación, su amada…

—¡Esto no parece una receta! Más bien es un problema matemático. ¿Ají o ajo? ¿No hay ajo? ¡Ah, mírate ahí!

Fakir se recostó a la silla con paciencia, una gota de sudor apareció en su sien.

Su amada no lo quiere ya, decide olvidarla cuando…

—¡Ah! Debo echar todos los ingredientes a la vez. ¿Pero cómo? Únicamente que tome los platos de las verduras con las manos y ponga el mortero con las especias sobre el pie derecho… Cocinar es peor que estudiar ballet. ¡Uaaaaaayyyyyy!

Cuando una amiga le trae la noticia de que la joven amada...

—¡Ah! ¡Qué rico huele ahora! Solo tengo que esperar a que hierva para terminar…

La joven amada estaba hervida…

—¡¿La joven amada estaba hervida? —Fakir abrió los ojos y malhumorado, hizo una pelota con la hoja de papel— Maldita sea, tengo que empezar de nuevo.

Se levantó de la silla para dirigirse a la cocina. El desorden no lo molestó más que el humo despedido por la cazuela y que en ese momento llenaba el lugar.

—Contigo no se puede ni escribir una tragedia —Fakir corrió a abrir la ventana— ¿Tendría que haberte dejado como pato para que no hicieras tanto ruido?

—Es que, —Ahiru protestó en un aleteo y tosió ahogada por el humo— quería preparar una receta que me regaló Ebine. Pero es un problema y dice que tienes que agregar los condimentos de una vez porque no funcionará si los echas por separado.

—Dame ese papel —Fakir le quitó la receta de las manos—, voy a terminar envenenado… Aquí dice "mezclarlo al gusto", no "mezclarlo todo junto".

—¿Sí? —ella se inclinó sobre la hoja— Oh, parece que tienes razón. Pero con esa mancha de grasa en el medio…

—Parece no, tengo razón —respondió con aire importante y quiso molestarla—. Ohe, creo que mejor te hubiera dejado casar con Neko sensei.

—¡Si pudiera echar el tiempo atrás, lo consideraría! —musitó Ahiru, enfadada— ¡Al menos, era más soportable y galante que tú!

—No pienses que vas a darme celos —Fakir se encogió de hombros y sonriendo la abrazó con ternura—. Lo más que puedes darme ahora —dijo estrechándola un poco más—, es un manojo de problemas.

—Idiota —Ahiru intentó apartarse de él, pero no se lo permitió.

—Tranquila, mi pequeña "cuaq" —dijo alzándole el mentón con el dedo— Hay algo más que puedes darme…

—No voy a darte nada —musitó tristona— Solo sabes fastidiar.

—¿Ohe, y los seis hijos? —Fakir alzó una ceja y la miró interrogante.

—¡Love love es diferente cuando estás casado –zura! —la muñequita recién acababa de llegar y ya estaba metida en la cocina, sonando el tambor— ¡Fakir –zura! ¿Los niños se hacen igual que las marionetas –zura?

—¡Esa es la clase de cosas que NUNCA debes preguntar, Uzura!

Charon, que entraba tras la muñeca, contuvo la risa al ver el rostro escarlata de ambos chicos.

—Perdón… Quise asegurarme de que no se quemaba la casa —miró de soslayo a su hijo adoptivo—, me preocupó el humo que salía por la ventana.

—Es culpa del menjun —Fakir suspiró, al ver el gesto triste de ella cambió las palabras—… el menú de Ahiru. Intenta cocinar como Cenicienta, pero termina siendo Madge.

—¡No soy una bruja! —le gritó Ahiru, con los brazos en jarras y la olla donde hervía el caldo se cubrió con las llamas— ¡Cuuuuuaaaa!

Sonriendo, el viejo Charon tomó a su cargo la situación y apagó la cazuela, ya carbonizada.

—Es normal cuando se empieza a llevar una casa —se volvió hacia Ahiru, que miraba al suelo con vergüenza—, a él también le costó trabajo aprender. Y si mal no recuerdo, su primera comida siquiera Mythos quiso probarla.

—¡No le digas eso, Charon! —gritó Fakir humillado.

—¿Mythos no quiso ni un poco? —Ahiru llevó la mano a la boca, escondiendo la risa— Jijiji, ¡pensar que ni le preocupó el sabor de la de Ebine!

—Ya está bien de bromas tontas —el chico cedió de mala gana, apoderándose de una cuchara. Cogió un poco de la masa glutinosa que había dentro de la olla y la probó con esfuerzo—. De acuerdo, no sabe peor que la mía. Debí escribir que Ahiru iba a convertirse en una excelente ama de casa, aparte de una bailarina talentosa.

—Idiota —ella apretó los puños, estrujando el delantal—, la próxima vez la haces tú.

—No me molestaría, pero estoy ocupado —Fakir se recostó a la mesa y sonrió irónico—. ¿Así quieres seis niños? Me aseguraré de que no tengamos uno hasta que aprendas a cocinar.

—¡¿Y quién estaba pidiéndomelo hace unos minutos?

—¡Ooooh, problemas de amor –zura! —la marioneta dio un par de redobles, que ayudaron a tranquilizar el ambiente— ¿Fakir no sabe cómo hacer los niños y por eso discuten –zura? ¿Eres todavía un caballero inútil –zura?

—¡No es nada de eso! —el chico se llevó la mano al rostro para cubrirse el rubor y gruñó— Deja de estar queriendo saber de más, Uzura.

—"Marioneta Yo" dice que es bueno sentir curiosidad por los corazones humanos -zura.

—¡Pero no por otros aspectos de los humanos!

—Dejémoslos resolver sus problemas solos, Uzura —Charon la arrastró hacia la puerta—. No debes meterte en las cosas de los mayores.

—¡Los niños de Fakir y Ahiru tendrán cola –zura! —La muñequita sonrió— ¡Ohhh, me pregunto si nacerán de huevos –zura!

—Las cosas con Uzura nunca serán fáciles —Fakir hizo un gesto negativo con la cabeza y suspiró.

—Contigo tampoco lo son —musitó Ahiru tristona—, creo… creo que…

—Deja de pensar boberías, todos los inicios son complicados —cambió la actitud hacia aquella que Ahiru había descubierto, aún siendo pato—. Vamos a hacerlo juntos —apartó con trabajo la enorme olla y puso otra al fuego—, tú picarás los vegetales y yo me encargaré del resto… Solo espero que aprendas con la primera lección.

—¿Y la coreografía que estabas escribiendo?

—No voy a poder inspirarme hasta almorzar algo decente —miró risueño el caldero con el intento de Ahiru—, al menos, los animales que estamos criando engordarán.

—Uhmmmfff —murmuró ella y se dio a la tarea de cortar las verduras— Fakir…

—¿Qué pasa?

—Eh… no, no es nada.

—¿Otra vez te ha dado por llamarme y no hablar?

—Es que…

—¡Suéltalo ya!

—Creí que el final feliz en un ballet siempre era el ", se casaron, vivieron felices por siempre y —meditó Ahiru— … tuvieron muchos hijos. "

—Es así, por lo general, pero esto no es un fin es un comienzo. Ohe —Fakir la miró preocupado al verla triste—, ¿no estás contenta? Aún con las estupideces que los dos hacemos por montones, creo que todo irá bien.

—Pero quiero los seis hijos.

—Con dos será más que suficiente, Ahiru. Tú no tienes idea...

—Seis.

—Tres, si tanto insistes. Imagínate a Uzura y súmale dos.

—Cinco entonces.

—Ni hablar, tres he dicho.

—Cinco, igual que Mamá Canario.

—No me interesa quién es, pero está loca.

—¡Bien, ganaste! Dos, entonces.

—Mejor no hacer planes, quién sabe… ¡Cuidado no te rebanes el dedo, tonta!

Y así, entre risas y topes de quienes estaban dispuestos a vencer las dificultades y encarar lo nuevo, comenzó la segunda parte de la historia.

FIN