Aclaración: Los personajes y todo aquello que identifiquen pertenece a J.K. Rowling, sólo la trama es mía, producto de mi retorcida mente.

Aki traigo otro invento marciano salido de mi demente cabecita XD

Yo se que aún tengo pendiente Metal4Life… pero qué puedo decir? No he podido resistir las ganas de comenzar con esto!

(Trankilas, Metal4Life lo actualizaré mañana :D)

Es una historia diferente a todo lo que he escrito, será una interacción hilarante, sarcástica y que, espero, les hará reir mucho :D

La idea se me ocurrió luego de ver una película llamada "Casi embarazada"… y poco a poco fue tomando forma en mi mente, hasta convertirse en lo que les presento hoy!

Por favor, comenten! Un review es el alimento perfecto para mi musa personal :O

AVISO IMPORTANTE: Quiero recomendar un ficc FANTÁSTICO! Llamado La Rebelión de los Sangre Pura, escrito por Chevalier de la Ros (Sí, hay chicos q scriben fanfic's ¬¬) Es un Dramione Magistral!

Chékenlo please, es hermoso!

En fin, espero que les guste, y sin más arrancamos el primer capítulo!

A leer se ha dicho!

"Es admirable que un hombre lleve a su hijo a pescar, pero hay un lugar especial en el cielo para el hombre que lleva a su hija de compras"

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Un extraño pitido retumbaba más allá de su conciencia, como si ella estuviera sumergida en agua y el sonido proviniera del exterior.

Lentamente se estiró aún con los ojos cerrados, se sentía bastante adormecida.

Intentó abrir los ojos, pero el sol entraba a raudales por la ventana y se cubrió de nuevo con las mantas; era lunes, tendría que sentirse emocionada por iniciar una nueva semana llena de sabiduría y aprendizaje…. Pero era lunes. A demás podía darse el lujo de dormir unos minutos más, retiró las mantas nuevamente y volvió a abrir los ojos, eran las 7:45, asi que podría dormir…

-7:45! Mierda, es tarde.- se dijo a sí misma levantándose de sopetón.- Demonios! Cómo pude haber dormido tanto!

En seguida salió corriendo al cuarto de baño, no le daba tiempo de ducharse, pero por lo menos podría ponerse presentable para bajar a desayunar. Se paró frente al espejo del lavabo e intentó desesperadamente deshacer el tremendo nudo que era su cabello, el cual en esos momentos parecía tener vida propia.

Después de algunos tirones decidió que era causa perdida y los ató precipitadamente en una coleta desaliñada. Tomó el cepillo de dientes y el tubo de dentífrico, lo presionó con ganas hasta que salió una gota de… nada. Rayos! Y no había traído otro de repuesto.

Decidida a salvaguardar su precaria apariencia se internó en los obscuros confines de su baúl y encontró su uniforme, algo arrugado, pues se había olvidado de sacarlo la noche anterior.

Antes de salir de la sala común se miró brevemente en el cristal de una ventana, lucía más desaliñada que la mismísima Luna Lovegood. Qué nada podía salir bien? Definitivamente el día no podía estar peor… no sabía cuán equivocada estaba.

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Llegó precipitadamente al gran comedor, se coló entre sus amigos y tomó un gran vaso de jugo de calabaza de un alzón.

-Hermione, qué ocurre?.- preguntó un confundido Harry.

-Yo…- dudó por un segundo, y después dijo con vergüenza.- Me he quedado dormida.

-Valla, eso si es nuevo.- dijo Ron levantándose de la banca.- McGonagall nos ha dejado tu horario, aquí lo tienes.

La castaña tomó el pergamino que le tendía su amigo, le echó una ojeada rápidamente y, después de agradecerles y desearles buen día, salió disparada a su primera clase, que era Aritmancia.

Entró en el aula tratando de no ser vista, pues la profesora Vector ya se encontraba dentro; casi jadeando se sentó en una de las mesas y se dispuso a poner atención.

-Me alegra que haya decidido honrarnos con su presencia, señorita Granger.- dijo la profesora sin voltear a verla.

Pero qué demonios? Cómo sabía que estaba ahí? Es que acaso tenia un ojo mágico incrustado en el cu…?

Sus libros cayeron desperdigados sobre el frío piso del aula. Genial! Ahora tenía una flamante mochila rota! Tratando de actuar con naturalidad, lanzó un hechizo no verbal al desastre en el piso y se dispuso, ahora sí, a poner atención.

La clase se desarrolló con normalidad, obviando las desgracias que ya le habían ocurrido, y la verdad es que su estómago la estaba matando, deseaba que pasaran de una vez los quince minutos restantes de clase para poder ir al gran comedor y engullir un enorme trozo de tarta de melaza, tal vez alguna tostada con mantequilla, uno de esos bollos que le salían tan bien a Dobby, o un delicioso y recién horneado…

-Señorita Granger?

-Eh?.- fue todo lo que respondió al darse cuenta de que, sabía dios cómo, estaba la profesora McGonagall con sus ojos penetrantes clavados en ella desde el frente de la clase.- disculpe, estaba un poco distraída.

-En verdad, ya lo había notado.- se escucharon algunas risitas por el evidente sarcasmo de la profesora.- Como estaba diciendo, el profesor Dumbledore ha solicitado que todos los alumnos de séptimo curso se reúnan en el gran comedor al término de esta clase.

Mil posibilidades pasaron por su mente a velocidad vertiginosa. Habría algún ataque al colegio? Algo anormal? Alguien murió? De nuevo estaban en guerra? Oh, por la sagrada Morgana, ella aún no superaba la guerra que recién terminaba y ya empezarían otra?

Se dio varias bofetadas mentales. Definitivamente eso de estar siempre en el ojo del huracán la estaba volviendo loca; sí, esto de ser la amiga del "Capitán elegido", "El niño que marcó", o como fuera que llamaran ahora a su mejor amigo, le estaba afectando severamente su sanidad mental. A estas alturas estaba segura de tener algún delirio de persecución, bipolaridad o por lo menos una fuerte esquizofrenia.

De verdad que Merlín se ensañaba con ella! Pero, una vez terminada la clase, finalmente veía la luz al final del túnel… pero no sabía que era la luz de las llamas del infierno.

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-Para qué crees que nos cite Dumbledore?.- preguntó Ron.

-No lo sé, pero por la convocatoria parece ser que es algo importante.- respondió Harry, aunque el tampoco tenía idea de qué pasaba.

-Hola chicos.- saludó Hermione.- Ya les avisaron de lo de la reunión en el Gran Comedor?

-Si, hace un rato pasó McGonagall y nos avisó. Tú no sabes de qué se trata todo esto?

-Claro que no Ron, aunque tampoco me imagino que podría ser.- observó la castaña.- para los asuntos importantes siempre esperan hasta la cena.

Después de algunos momentos alcanzaron las puertas dobles del comedor, entraron y se acomodaron en sus respectivas mesas.

Minutos después apareció Dumbledore sonriendo junto a la profesora McGonagall, quién tenía la cara de alguien que no sabe cómo explicar una situación embarazosa.

-Los he llamado aquí para hacerles partícipes de un nuevo proyecto en el colegio. Después de discutirlo con el consejo escolar llegamos al acuerdo de que Hogwarts ofrece una formación íntegra para sus alumnos, en el sentido académico, personal, humano e incluso espiritual; pero también encontramos que hay lagunas en su educación. Y es que es tan fácil verlos eternamente como niños! Que omitimos el hecho de que aún cuando entran aquí en su tierna infancia, también crecen y desarrollan experiencias más… adultas.- Dumbledore lucía sereno y tranquilo, pero tenía una sonrisa expectante y misteriosa.- Bien, para no ahogarlos en palabrería de viejos, dejo a la profesora McGonagall para que les explique en que va a consistir su proceso de educación sexual.

Educación Sexual, Educación Sexual, Educación Sexual…

Las palabras reverberaron aterradoras entre los vastos muros de piedra; no se escuchaba ni un murmullo; se podían observar caras de preocupación, confusión, molestia e incluso terror.

-Jóvenes.- inició Minerva con voz nerviosa.- basándonos en los procesos docentes de los muggles, el consejo escolar, junto con el profesorado del colegio, ideamos una dinámica útil y efectiva para ilustrarlos sobre el desarrollo de la sexualidad. No vamos a intentar enseñarles las teorías de los contactos ni la naturaleza instintiva de sus cuerpos, pues estamos muy seguros de que eso ya lo descubrieron ustedes sin ayuda de casi nadie. En realidad con lo que pretendemos crear conciencia es mostrando las consecuencias de no actuar responsablemente.

Nadie podía creer que la subdirectora estuviera diciéndoles que tenía conocimiento sobre sus agitadas intimidades, y menos aún que Dumbledore sonriera tan abiertamente.

-El proyecto consistirá en lo siguiente.- continuó ella tratando de reprimir su evidente sonrojo.- Se colocarán en equipo con la pareja de su preferencia y cuidarán de un bebé durante dos semanas.

Esta vez no solo había muecas, también exclamaciones airadas y furiosos murmullos llenaban el recinto. Dumbledore se colocó al frente de nuevo y explicó:

-No tienen nada de qué preocuparse, será simplemente un bebé ficticio. Nos han sido proporcionados por el primer ministro muggle, después de que Cornelius Fudge prometiera no visitarlo de nuevo en un largo año. ¡Ah! Esos muggles y su sentido del humor. En fin, la emoción comienza desde ahora. Deben escoger una pareja y registrarse con los jefes de su casa, pueden elegir personas de cursos inferiores. También decidirán de común acuerdo quién llevará el vientre. A la persona elegida se le realizará un pequeño conjuro para que obtenga la apariencia de gestación, el proceso durará la primera semana, después nos veremos aquí para desaparecerles la pequeña protuberancia y entregarles a sus amados bebés; la responsabilidad será de ambos. Es cierto que son falsos, pero deberán cuidarlos como si fueran reales, al término de la segunda semana los entregarán y se les aplicará un revelio a los bebés para saber con exactitud qué es lo que ha ocurrido en esa semana. Tienen hasta la hora del almuerzo para registrarse, y después de la cena ya contarán con la magia de un embarazo. Este pequeño experimento contará el 50% de su calificación final.

Acto seguido el director sonrió y salió del Gran comedor dejando tras de sí caras de completa estupefacción.

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Pero qué demonios le pasaba a ese viejo chiflado? Es que pretendía hacer experimentos con ellos como si no fueran más que Elfos domésticos? Se cuestionaba fúrico mientras recorría el camino hacia su sala común. Su cabello platinado se agitaba violentamente con cada paso brusco que daba por el corredor. Sus ojos grises flameaban como si fuesen huevos de dragón en pleno nacimiento. Bebés! Que idea más estúpida! Que él, Draco Lucius Malfoy cuidara de un molesto bebé! Y porqué no le pedía al señor tenebroso que le tejiera un suéter, eh?Y por si fuera poco, los repugnantes muggles les habían dado la idea. Caminaba cada vez más a prisa, hasta que de pronto chocó con alguien.

-A quién tenemos aquí?.- preguntó con tono desdeñoso.- La Sangre Sucia que además de impura también es ciega! Fíjate por donde caminas Granger.

-Malfoy.- respondió ella molesta, levantándose del suelo.- Fíjate tú por dónde caminas, hoy no he tenido un buen día, y lo único que me faltaba para que fuera aún más nefasto era toparme contigo.

-Cuidado con lo que dices Granger.- respondió Draco, aunque estaba un tanto confuso por verla tan amenazante.

-Cuida tú tus palabras, y cuidate de hacerme enfadar más.

-Cómo te atreves estup…?

-Tarantallegra.- lo interrumpió ella, y al instante Malfoy bailaba ridículamente incapaz de controlar sus piés.

-Levicorpus.- gritó él, elevándola por los aires de un tobillo…. Dejando al descubierto sus piernas y una pequeña ropa interior de color rosa.- Valla Granger, y yo que creí que aún eras una niña.

Ella intentaba desesperadamente cubrirse con la falda, pero la gravedad no cooperaba con ella. Fuera de sí lanzó un nuevo hechizo, y el lo respondió nuevamente, iniciando todo un duelo mortal.

-Me pueden explicar que demonios pasa aquí?.- Gritó de pronto la profesora McGonagall que aparecía por el pasillo en dirección a ellos.

Al instante salió Snape de una puerta lateral y contempló la escena con indignación: Hermione ya no colgaba de un tobillo pero se encontraba atacada por unas terribles cosquillas y salía un hilo de humo azulado de sus orejas, mientras que Draco seguía sin poder controlar sus pies y lucía unos enormes cuernos sobre su nívea frente.

-Finite incantatem.- susurró Severus Snape evidentemente molesto, y al instante ambos volvieron a la normalidad.

-Señor Malfoy, señorita Granger, estoy esperando una explicación.

Después de dar cada uno sus respectivas versiones los profesores se alejaron un poco y deliberaron durante algunos minutos; momentos después Snape se plantó frente a ellos.

-Minerva y yo ya hemos tomado una decisión sobre el castigo que merecen. Señor Malfoy, le presento a la futura madre de su hijo.

-Que?.- fue lo único que articularon ambos al mismo tiempo.

No podía ser posible. Genial, bienvenidos al infierno.

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El gran comedor estaba lleno de platicas de lo más diversas, los alumnos que no pertenecían al séptimo curso, exceptuando algunas personas, ya se habían marchado a dormir plácidamente, pero ellos seguían esperando al profesor Dumbledore. Las parejas habían sido en algunos casos muy obvias, pero en otros realmente radicales. En Gryffindor, Parvati y Levender se habían emparejado con Seamus y Dean respectivamente, Neville había quedado con una chica de curso menor y Harry había hecho lo propio con Ginny, en Slytherin Zabinni había quedado con Parkinson y Bulstrode con Spencer, en Hufflepuff Hanna y Justin formaban una pareja adorable, mientras que en Ravenclaw Anthony Goldstein estaba con una chica de su mismo curso. Pero también era fácil apreciar las parejas más discordantes: Ron no había sido capaz de buscar a alguien, por lo que Ginny le había sugerido emparejarse con la hermana gemela de Parvati, Padma Patil; un chico de Slytherin, para asombro de todos, estaba emparejado con Luna Lovegood; por otro lado Crabbe y Goyle al ser incapaces de encontrar víctima, digo, pareja, ahora conformaban el modelo de matrimonio alternativo, y así, había infinidad de parejas que no tenían ni ton ni son; pero sin duda la que había dado más de qué hablar era sin duda la flamante pareja Malfoy/Granger, quienes se lanzaban constantemente miradas asesinas a diestra y siniestra.

Hermione se acercó a sus amigos, necesitaba poder desahogar sus tribulaciones mentales con alguien.

-Mi más profundo pésame Hermione.- dijo Ron con voz afectada.- Ahora serás madre de un pequeño huroncito albino.

-Eso no me ayuda Ron.- respondió ella abatida.

-Bueno, por lo menos trata de verle el lado positivo.- intervino Harry.

-Ha, si? Y cuál es que no lo encuentro?

-Bueno, por lo menos tu…., bueno, tal vez….- el moreno se quedó pensando, pero lo cierto es que no podía encontrar nada positivo en aquella situación.- Lo siento Herms, supongo que tienes razón, no hay nada bueno en esto.

-Se equivocan.- interrumpió Ginny, quien acababa de llegar.- Seguro vas a ser la envidia de todas las chicas, a demás Malfoy está para morirse.- Harry le envió una mirada de reproche y ella añadió.- Pero no es mi tipo, claro.

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Después de esta breve charla y algunos pleitos, se ordenaron en fila para obtener el estado de gestación, una a una fueron pasando las parejas, Ginny lucía encantada su gran vientre y Harry la miraba lleno de orgullo, Luna se veía preciosa y tierna al pasar la mano sobre el supuesto bebé mientras el chico de Slytherin simplemente estaba de pie junto a ella; Ron tenía cara de ponerse a escupir babosas carnívoras en cualquier momento luego de ver a Padma posando "Sexy" con su vientre medio descubierto frente a la ventana; Pansy y Blaise seguían discutiendo porque ella no quería llevar el vientre y él menos, hasta que la convenció prometiéndole una gargantilla hecha por duendes. Finalmente le llegó el turno a Hermione.

-Seré yo la que lleve el vientre.- le dijo disgustada a la profesora McGonagall.

-Lo siento, pero no puedo colocárselo.

-Por qué profesora?

-Porque no veo al padre de su hijo por ningún lado.

Y era cierto, lo buscó con la mirada hasta que lo localizó cerca de la mesa de Slytherin.

Pese a todo pronóstico, Hermione se encaminó hacia el rubio con paso decidido.

-Malfoy, ven para que nos coloquen el vientre.- dijo secamente, sintiéndose extraña entre aquel nido de serpientes que la observaban con incredulidad. Después de todo, quién le habla así al príncipe de Slytherin?

-Quée no puedes ir sola, sangres sucia?.- respondió Draco despóticamente, enardeciendo a la castaña.

-Ya lo intenté, idiota. De lo contrario no estaría aquí, verdad?.- apuntó con sarcasmo, ganando una mirada fúrica del rubio.- además, es tarea de ambos.

-Pues entonces espera, estoy ocupado.- dijo el rubio levantando una ceja altanera, como todo en él.- yo tengo vida social.

-Tus chismes viborescos no me interesan, Malfoy.- rebatió la castaña.

-Eres tan vulgar.- murmuró Draco despectivamente.- Aunque comprendo que te ponga de mal humor saber que yo sí tengo momentos de diversión cuando tú con tu par de trolls no puedes mantener una charla interesante.

-Ellos no son Trolls, Malfoy!.- se defendió Hermione, echando chispas por los ojos.- Y por Dios, divertirte? Cómo? Pensando cuál verde combina con el otro verde?.- finalizó con ironía.

-Estábamos contando chistes, Sangre sucia.- respondió Draco.- pero no te incomodes, todos sabemos que eres el némesis de la diversión.

-Ha, en serio?.- preguntó la castaña, fingiendo inocencia.- En ese caso tengo uno buenísimo. Qué le dijo un Slytherin a otro Slytherin?

-Qué le dijo?.- preguntó un chico castaño de ojos verdes, que ella reconoció como la pareja de Luna.

-Por Merlín! Theo, no le sigas el juego!.- reclamó Draco.

-Relájate, Draco.- dijo el chico con una sonrisa.- qué le dijo?

-Nada.- respondió Hermione.- Las bestias no hablan.

Todas las serpientes clavaron miradas asesinas sobre la chica, que ya se alejaba en dirección a la fila; menos Theo, quien reía a carcajada suelta.

-Tienes que aceptar que fue bueno.- dijo el castaño, apoyando su mano sobre el hombro de un molesto Malfoy.

-Eres un idiota, Theo.- dijo el rubio, resignándose a seguir a la leona.

-Yo digo que una semana.- dijo de pronto la voz de Blaise Zabbini detrás de Theo.

-Yo digo que al tercer día uno de ellos estará en San Mungo.- secundó Pansy.

-Yo creo que podrán con todo.- finalizó Theo.

-Entonces? Que sean diez galeones?

-No seas gallina, Blaise, que sean cien.- rebatió Pansy.

-Está bien, vallan ahorrando para pagarme.- dijo Theo sonriendo a sus amigos.

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Después de esperar un momento en la fila, finalmente estuvieron frente a McGonagall.

-Entonces, quién llevará el vientre?.- preguntó la subdirectora.

-Obviamente ella!.- dijo Draco, indignado.

-Señor Malfoy, sabe que esa es una actitud machista?.- interrogó la mujer con semblante severo.- Está violentando los derechos de las mujeres.

Luego de un extenso sermón sobre la equidad de géneros, finalmente el encantamiento hizo lo propio, proporcionándole a Hermione un enorme vientre digno de ocho meses de embarazo.

Y ahí estaban, asesinándose de nuevo a miradas, ella con el inmenso vientre y el con su expresión indiferente. La verdad es que ella lucía adorable, se le levantaba un poco la blusa del uniforme y le daba una apariencia muy tierna; con la expresión cansada de quien pasa un día agitado, de verdad parecía estar esperando un bebé… su bebé. Pero qué demonios estoy pensando? Se cuestionó el rubio al percatarse del rumbo que tomaban sus pensamientos, debía ser el cansancio el que lo incitaba a pensar así.

-Jóvenes.- se escuchó la voz de Dumbledore amplificada por medios mágicos.- Sus habitaciones les esperan; pero la tarea de la gestación no será solo suya, señoritas, y señores.- se corrigió al ver a Goyle ceñudo con su pequeña protuberancia abdominal.- Los orgullosos padres deben procurarles todas las comodidades que necesiten, pasarán todo el tiempo juntos que sea posible y estarán en comunicación directa las veinticuatro horas del día. Por lo pronto, acompañen a las madres…. Y padres, de sus hijos a sus respectivas salas comunes. Descansen, que mañana empezará la diversión!

Hermione podía ver claramente el fallo en el plan del anciano director; si las parejas no dormían juntas, cómo pretendía que molestaran… es decir, se comunicaran con los padres de sus hijos? En fin, ni hablar, tendría que lidiar con esa primera semana ella sola.

-Granger, muévete.- le dijo un malhumorado Malfoy.

El rubio comenzó a avanzar por el pasillo que tenían delante sin preocuparse por ver si su compañera lo seguía, lo único que deseaba era dormir de una vez por todas.

Hermione caminaba lo más a prisa que podía, pero el enorme vientre le pesaba una brutalidad y ese estúpido Malfoy no se detenía para esperarla. Después de una penosa travesía hasta la torre de Gryffindor, Draco Malfoy se dio la media vuelta, dispuesto a descansar en la soledad de su sala común.

Por fin había logrado deshacerse de él.

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