Aclaración: Los personajes y todo aquello que identifiquen pertenece a J.K. Rowling, sólo la trama es mía, producto de mi retorcida mente.

Bien, aquí les traigo el capítulo 22 de este fic que tantas buenas experiencias me ha traído :)

Les agradezco de nuevo el no abandonar esta historia, y tomarse el tiempo para leerla y comentar.

En esta ocasión el motivo del retrazo en la publicación es algo que me tiene absolutamente feliz n.n Sucede que me casé :D y pues, vamos, que los deberes de ser Papa Casada son absorbentes.

Ahora, les diré algo; el motivo por el cuál decidí retomar mis historias es porque mi marido me dijo "Vuelve a escribir, y haz lo que te gusta hacer", él insistió mucho, así que un buen día mi Musa despertó y no pude negarme al llamado de esta historia.

Espero que les guste el capítulo :)

Agradezco con el alma sus reviews, son la mejor motivación para seguir escribiendo rarezas.

Ya no les quito más el tiempo; a leer..!

"No me tientes, que si nos tentamos, no nos podremos olvidar."

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Un hombre alto de cabellos tan negros como la tinta, piel blanca como la leche y ojos grises como el acero permanecía sentado en la primera fila del reservado para las familias de los Slytherin; el elegante bastón de madera negra con empuñadura de marfil descansaba a su lado mientras se ajustaba correctamente el broche de su túnica de gala.

El atuendo era impresionante, todo lana, seda y cuero finamente curtido, y es que no todos los días podía tener el placer de contemplar a su amada primogénita concluir los estudios mágicos.

Una sonrisa blanca y varonil se dibujó bajo su barba de candado al observar a su hija dirigiéndose hacia él.

- Buen día, padre.- saludó Pansy Parkinson cuando estuvo frente a su progenitor, con una leve inclinación de cabeza.

- Buen día, hija.- respondió el Señor Parkinson tendiendo los brazos hacia su hija.- Hace casi 2 semanas que no nos vemos, no merezco cuando menos un abrazo?.- preguntó esbozando una sonrisa ladeada idéntica a la de la chica.- Los viejos también necesitamos cariño.

- Pero si tu no estás viejo..!.- Replicó la chica sonriendo ampliamente y lanzándose a los brazos de su padre cual si fuera una chiquilla de seis años.

- Que si lo estoy..!.- replicó el hombre, retirando un largo rizo negro de la frente de Pansy.- Tan viejo que hasta mi propia hija me traiciona convirtiéndome en abuelo.- terminó con tono de falsa indignación.- Y por si fuera poco, también me convertirás en suegro de alguien..!

- Vamos, papá, serás un abuelo tan increiblemente guapo que cuando salgas con tu nieto todo mundo pensará que es tu hijo.- bromeó la chica acurrucándose en los brazos de su padre, sonriendo al recordar lo ocurrido a penas un par de semanas atrás.

La cara de Blaise era todo un poema; el timbre había sonado momentos atrás, y ella, como buena anfitriona había ido a recibir a su futuro marido, acompañada de... su padre.

- B..buenas noches Pansy, Señor Parkinson...- saludó un titubeante Blaise, tendiendo la mano, al encontrarse con la mirada impasible de su futuro suegro.

- Buenas noches, muchacho.- respondió secamente el hombre, apretando con brutalidad la mano que le ofrecía el chico.

- Ammm... pasa, Blaise.- dijo la chica, prácticamente empujando a su padre para que desbloqueara la puerta de la mansión.

Markus Parkinson contemplaba con el ceño ligeramente fruncido al joven que tenía delante; con movimientos pausados cortó y encendió uno de sus carísimos puros turcos y continuó con su descarado escrutinio del chico Zabini, preguntándose interiormente qué coño había visto su preciosa hija en semejante mocoso.

- Y bien? A qué debo tu visita aquí en mi casa?.- preguntó el hombre con voz amenazante.

- Pues, verá señor.- Comenzó el chico tratando de parecer tranquilo, cuando en realidad estaba más cagado de miedo que un elfo doméstico frente a una túnica nueva.- Pansy y yo hemos decidido comenzar una relación...

- Una relación?.- interrumpió Markus enarcando una ceja con expresión peligrosa.- De qué tipo de relación estamos hablando?.- preguntó haciendo crujir amenazadoramente los nudillos de su mano derecha.

- Pues de qué tipo va a ser, papá?.- replicó Pansy rodando los ojos.- Un noviazgo, padre; Blaise y yo somos novios.

- Exacto.- musitó Zabini luchando con todas sus fuerzas para no salir corriendo de aquella casa.

- Y por qué se supone que eso sea relevante para mi?.- cuestionó el hombre sin despegar la mirada del joven.- Lo último que necesito saber es con quién sale mi hija a divertirse por un tiempo.

Si, definitivamente Markus Parkinson no deseaba saber con qué clase de insignificantes mocosos salía su princesa, ya bastante malo era saber que lo hacía como para todavía informarse con quién.

- No lo estás entendiendo, papá.- dijo la chica sonriendo ampliamente.- Esto es importante porque Blaise y yo vamos a casarnos.

Un tenso silencio se instauró sobre el salón; Markus hizo crujir deliberadamente los nudillos de la mano izquierda y Blaise comenzó a observar con cautela los animales disecados que decoraban la sala... sin duda su cabeza acabaría colgada en algún lado de aquellas paredes.

- A casarse?.- cuestionó Parkinson dando una calada al puro, centrando su mirada en el chico nuevamente.- Pero no se supone que a penas comenzaron con su noviazgo?.- siguió enfatizando secamente en la última palabra.- Por qué habrían de tomar una decisión tan apresurada? Sería mejor tomar algún tiempo para decidir... digamos, por lo menos cinco o diez... años.

Blaise tragó grueso, mirando a Pansy en busca de algún tipo de ayuda. La pelinegra comenzaba a cansarse de aquel juego de miradas, y su idiota novio no se veía con intención alguna de abrir la boca para enfrentar la situación.

- No podemos esperar tanto tiempo, papá.- dijo la pelinegra rodando los ojos con fastidio.- Dudo que quieras que tu nieto nazca fuera del matrimonio.- Dijo la chica levantándose de su lugar y dirigiéndose a la cocina, dejando tras de sí a un Blaise con la mueca desencajada y a su padre tronándose el cuello con cara de asesino serial.

Por suerte para ella y el futuro bebé, su padre había tenido la cortesía de no dejarla viuda antes de tiempo, así que luego de casi dos horas de incertidumbre, Blaise y él habían salido del despacho de su padre apestando a humo de tabaco y aroma a vino de elfo.

Sencillamente, la lógica masculina era todo un misterio para ella, pensó la chica para sí misma, dejando a su padre para reunirse con sus nuevos amigos... quién lo diría? Ellos, la Elite de Slytherin cofraternizando con los enemigos, probablemente a esto es a lo que se refieren las personas cuando hablan de Madurar.

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Ahora que el colegio había terminado, el niño que vivió se sentía completamente perdido.

Esa mañana de domingo, observó a todos sus compañeros de generación abordar el Expreso de Hogwarts por última vez como estudiantes; todos tenían en la cara el rastro de cansancio por la fastuosa fiesta de graduación de la noche anterior; sin embargo, al igual que él, todos lucían la nostalgia impregnada en cada parte de su ser... todos, Ravenclaws, Hufflepuffs, Gryffindors y Slytherins parecían estar perdidos.

Y era lógico, pensó Harry, arrellanándose en el asiento de su compartimento, el final del colegio también significaba que ya no había casa, ni puntos, ni trofeos, ni profesores, ni clases, ni paseos a Hogsmade.

Ahora ya no tenían una casa a la cual pertenecer.

Todos tenían familias y habían pensado ya en un empleo, un futuro y miles de planes... pero para él todo aquello resultaba mucho más complicado.

Es decir, al no tener familia alguna que cuidase de él, lo único que le había hecho sentir el calor de un hogar era la noble casa de Godric Gryfindor; tenía amigos, sí, tenía a los Weasley, pero nunca perteneció realmente a algún lugar, excepto a su casa en el colegio. Y precisamente por ello es que ni siquiera había considerado algún plan sobre lo que sería su vida más allá de las puertas de Hogwarts... es más, ni siquiera sabía dónde demonios viviría ahora.

- Oh, Harry, aquí estás.- la voz de Ginny Weasley lo sacó de sus pensamientos.- Te he buscado por todo el tren.- La chica cerró la puerta del compartimento y frunció el ceño ante la dolorida expresión de su prometido.- Ocurre algo?

- No!.- respondió Harry precipitadamente; Ginny frunció el ceño y e pelinegro balbuceó un poco.- Bueno... si, ocurre algo.

- Y bien?.- preguntó la chica, tomando asiento frente a él.- Qué es lo que pasa, Potter?

Harry suspiró pesadamente y clavó sus ojos verdes sobre los castaños de su novia; a su vez, Ginny tomó la mano del chico entre las suyas.

- Qué sigue, Ginevra?.- preguntó con un hijlo de voz.

- Lo que tu desees, James.- respondió ella, entendiendo sin palabras la encrucijada que cruzaba por la mente de Harry.

- Es complicado; literalmente no se qué se supone que haré con mi vida ahora.- murmuró frustrado el chico.- Vamos, terminé el colegio, pero no tengo un hogar al cual regresar... y ya se que tu familia siempre me recibe con los brazos abiertos, Ginny, y no quiero sonar mal agradecido, pero a pesar de todo el apoyo que me han dado durante tantos años, no puedo evitar pensar que aún no tengo un hogar que sea mio, que me pertenezca.- Harry se pasó la mano por el cabello en un gesto de desesperación.- No tengo un plan a seguir, ya no hay un Voldemort qué destruir ni partidos de Quidditch qué ganar; no se ni siquiera de qué voy a vivir... es decir, Ron irá al ministerio a prepararse como Auror, Hermione va a estudiar Derecho mágico, Neville irá a esa escuela de Herbología en la India y yo? Qué se supone que haga yo, Ginny?

- Dejar de quejarte como una nenita y escuchar con atención cómo tu hermosa novia te resuelve la vida.- respondió la pelirroja sonriendo con aire de suficiencia.

- Ah, si? Y cómo se supone que sería eso?

- Verás Harry, quieres tener una familia y un hogar que te pertenezca? Hazlo.- dijo la chica con simpleza.- Compra una casa en donde tu quieras, espera un año más y en cuanto me gradúe nos casaremos y convertiremos esa casa en un hogar.- Harry la contempló con la boca abierta.- Y no me mires así, Potter, que ya me propusiste matrimonio y no permitiré que te retractes; ahora, en cuanto al trabajo, no tendrás uno, sino dos.

- Dos?.- preguntó el pelinegro frunciendo el ceño sin comprender.- de qué estás hablando?

- Precisamente por eso he venido a buscarte.- dijo Ginny sonriendo abiertamente.- Es que no te enteras de nada, Potter? La profesora McGonagall me ha pedido que te entregue esto, llegó anoche.- dijo la chica entregando a su novio un sobre con el sello oficial del ministerio rasgado; frunció el ceño y miró a Ginny con reproche.- Emmm... bueno, como ya casi soy tu esposa, y tu me lo cuentas todo... puede que accidentalmente la carta se haya abierto y yo, sin querer, la haya leído... De a cuerdo, Potter, tu ganas.- dijo ella con puchero de regaño.- No me resistí y la leí, así que léela de una vez, finge que me lo has contado, y podré quitarme el sentimiento de culpa, si?

Harry sonrió rodando los ojos divertido; sí, definitivamente esa chica impaciente y mandona era de la que él se había enamorado. Desdobló el pergamino y leyó con atención.

"Estimado Señor Potter:

Ante todo, me complace profundamente extenderle mis felicitaciones, y las de todo el ministerio, por haber concluido sus estudios mágicos en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería; acto seguido, me sirvo informarle que nuestro Ministro de Magia, Kingsley Shacklebolt, en coordinación con el departamento de aurores, ha decidido otorgarle oficialmente el Título de Auror Especializado en Defensa contra las Artes Obscuras, en consideración al valor, conocimiento y capacidades con las que ha prestado sus servicios en pro de la comunidad mágica.

Puede pasar al departamento de Control Mágico a recoger el pergamino que avala su título en el momento que desee; a partir de ese momento usted podrá ejercer como Auror en la dependencia que usted elija.

En consecuencia, el honorable Ministerio de Magia de Reino Unido, le invita formalmente a integrarse a nuestro cuerpo de aurores calificados.

Sin más por el momento, me despido de usted felicitándole una vez más,

Mafalda Hopkirk"

- Soy un Auror?.- preguntó el chico, incrédulo.- Ginny, soy un Auror..!.- gritó con euforia sonriendo ampliamente y abrazando a su novia.

- Y esa no es la mejor parte, Harry.- interrumpió Ginny con una sonrisita bailándole en los labios.- Lee esto también.- dijo la chica pasándole otro sobre, abierto, ahora con el escudo de Hogwarts.

- Si sabes que leer la correspondencia ajena es ilegal, verdad?.- preguntó el ojiverde levantando una ceja reprobatoriamente.

- Sí sabes que soy tu futura esposa y me importa un rábano si es ilegal o no, verdad?.- contraatacó la chica con una sonrisa burlona.- anda, Potter, léelo ya.

"Estimado Señor Potter:

Con motivo de su reciente nombramiento como Auror calificado por el Ministerio, y ante la vacante que, para variar, tenemos disponible en el profesorado, a nombre del director de este colegio, Albus Percival Wulfric Bryan Dumbledore, le invito atentamente a considerar hacerse cargo de la plaza de profesor que ofrecemos en la materia de Defensa Contra las Artes Obscuras.

En caso de aceptar, comuníquelo al colegio a la brevedad vía lechuza y yo personalmente iré a visitarle para responder cualquier duda.

Me despido de usted,

Minerva McGonagall

SubDirectora del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería

Jefa de la Honorable Casa de Gryfindor"

- Por Merlín..! Yo? Profesor de Hogwarts? Eso sería... sería...

- Perfecto..!.- terminó Ginny, llenándolo de besos.- Lo imaginas? Podrías vivir en el colegio, y podría verte todos los días... y tendría las mejores notas en Defensa contra las artes obscuras...!

- Ginny...- dijo el chico mirándola con reproche.- Los profesores no pueden salir con sus alumnas, y no te pondré buenas notas solo porque seas mi novia.

- Primero, Potter, tres semanas antes de volver al colegio cumpliré 17 años, eso significa que seré mayor de edad y podré salir con quien se me venga en gana.- dijo ella frunciendo el ceño.- y segundo, tendré las mejores notas en Defensa contra las artes obscuras no porque sea tu novia, tarado, sino porque tendré al mejor profesor de todos.- finalizó ella, indignada.

Harry sonrió para sí mismo y besó con ternura la nariz de Ginny; sin duda era hora de comenzar la siguiente aventura.

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La imponente Mansión Nott se recortaba obscura contra el pálido cielo de una tarde moribunda; la reja negra de hierro forjado emitió un tétrico chirrido al abrirse para dar paso al elegante carruaje en el que viajaban Theodore Nott y su futura esposa.

Luna Lovegood contemplaba con atención los extensos jardines que rodeaban la mansión medieval de los Nott, sin traslucir ninguna expresión que Theo pudiese interpretar como buena o mala.

Theodore Nott había pensado mucho antes de invitar a Luna a conocer su casa y a su padre; era importante que ella conociera a su único familiar vivo y el lugar en donde se había criado, aunque ahora que la chica ya se encontraba ahí, el ojiverde era completa presa del miedo.

Independientemente de su hogar, lo que más preocupaba al joven Nott era presentar su padre a Luna... su pobre padre. Si bien había sido adepto de Lord Voldemort, lo cierto es que desde la muerte de su madre, cuando él nació, su padre nunca había podido recuperar la plena cordura. Era un hombre inteligente, reservado, que contemplaba todo a través del velo de la fragilidad mental.

La infancia de Theo no había transcurrido como la de cualquier niño, sin embargo, a pesar de las nieblas mentales de su padre, éste le contaba historias muy antiguas en las noches de tormenta, en las noches sin luna le hablaba de las estrellas, y en las tardes lluviosas ambos permanecían tomando chocolate caliente frente al ventanal del salón, leyendo libros de antigua y olvidada ciencia; su padre podría ser lo que fuera, pero nunca había dejado de ser un buen padre.

Voldemort lo había tomado como partidario solo para poder disponer de los numerosos bienes de los Nott; en realidad, Theodore Nott padre nunca participó de las acciones de los demás mortífagos; el Lord lo consideraba inútil, los mortífagos lo consideraban idiota, y Theo no era lo suficientemente adulto como para oponerse a esa unión ventajosa.

- Te preocupa que conozca a tu padre.- dijo ella de pronto.

- Eh... supongo que estoy nervioso.- respondió el ojiverde apresuradamente.

- No tengas miedo, Theo; si es tu padre, debe ser la mejor persona del mundo para merecer un hijo como tu.

- Luna... mi padre fue un Mortífago.- Confesó el chico, desviando la mirada con pesar.

- Todos cometemos errores, Theo; y yo no estoy aquí para juzgar a nadie.

En silencio continuó observando a la rubia, tratando de descifrar algún indicio positivo o negativo en ella, pero no, Luna simplemente lo contemplaba todo con expresión neutra; esto era frustrante.

Con un piafar de caballos, el carruaje se detuvo frente a un enorme portón de madera negra, sin decir palabra alguna, descendió del carruaje y tendió su mano a la chica para ayudarla a bajar.

Atravesaron sin hablar la imponente escalinata de piedra y cruzaron a través de un enorme y polvoriento salón con pisos de mármol negro; una enorme chimenea dominaba la estancia, aunque su aspecto era sucio y desvaído, incluso bajo la decadencia cualquiera podría ver que era una pieza exquisitamente tallada en granito blanco.

Con un chirrido seco, una puerta doble se abrió en el lado opuesto a la chimenea, y un anciano vestido con una túnica polvorienta avanzó despacio hacia ellos.

- Hijo mío, has vuelto!.- dijo el hombre sonriendo al contemplar a Theo, extendiéndole los brazos.

- Así es, padre.- respondió el castaño envolviendo en sus fuertes brazos a su anciano padre.- Luna, este es mi padre, Theodore Nott; padre, esta es Luna Lovegood, mi prometida.

Theo los observó a ambos con cautela, y su corazón casi muere de emoción al ver a Luna acercándose hacia su padre.

- Hola Señor Nott, tiene usted una casa muy bonita.- dijo la rubia esbozando una amplia sonrisa.- La mía es como cien veces más pequeña, pero es una casa feliz.

- Y tu eres la razón de que sea feliz.- dijo el hombre sonriendo levemente.- Lo se porque a penas has llegado, esta casa también se ha puesto feliz.- explicó el señor Nott señalando a su alrededor con la mano.

- Sabe qué creo que le hace falta a su casa para ser más feliz?.- preguntó Luna con completa seriedad.- Un montón de arbustos de ciruelas dirigibles.

- Realmente lo crees?.- preguntó el señor Nott genuinamente interesado en la propuesta.- Bajo las ventanas hay unas jardineras con muy buena tierra para cultivo, pero nunca he sabido que plantar ahí.

- Eso es genial.- dijo la chica con una gran sonrisa, comenzando a andar junto con el anciano al exterior de la casa.- Las ciruelas dirigibles atraen multitudes de Nargles, son un poco latosos, pero hacen cualquier casa más alegre.

- Y crees que esos nargles querrán vivir aquí?.- preguntó el anciano, entusiasmado.- Sabes? A la madre de Theo le encantaban los pavorreales, pero cuando ella murió, ellos murieron también. Me gustaría tener algunos de nuevo, así le harían compañía a este viejo loco.

- Es una pena que su esposa se haya ido.- dijo Luna sinceramente afligida.- pero por lo menos podremos recuperar a los pavorreales, estoy segura de que se llevarán genial con los nargles, y si además plantamos un macizo de flores amarillas ahí.- señaló con su nívea mano un costado del camino de entrada.- le aseguro que su casa será la más feliz de todo Londres. Y usted no está ni viejo ni loco, señor Nott, usted está tan cuerdo como yo.

Y así, como en un sueño, Theodore Nott hijo observó a su prometida andando de la mano de su padre planeando mil mejoras para su lóbrego hogar.

Luna convertía cualquier lugar en un hogar con tan solo sonreír.

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Todo parecía extrañamente irreal ahora; su habitación lucía como siempre, sus libros estaban colocados de la misma forma, e incluso Crockshanks seguía invadiendo su cama como siempre; lo único que había cambiado era el saber que ya no volvería al colegio para estudiar un año más; y honestamente no sabía si aquello la alegraba o la deprimía.

Hermione Granger se sentía casi fuera de lugar en medio de su propia habitación en casa de sus padres; por alguna incomprensible razón le parecía desolador pensar que ya no visitaría la biblioteca a diario, ni pasaría noches eterna haciendo deberes para el colegio.

Ahora era libre; y la idea la asustaba.

Hacía a penas algunas horas que había vuelto a casa y ya sentía la graduación lejana en el tiempo... pero son menos de 24 horas, Granger; se reprochó mentalmente.

Sin embargo, pese a sus razonamientos, en las últimas 24 horas habían pasado muchísimas cosas; ahora ya no era una estudiante del colegio, en un par de semanas más se presentaría para su primer empleo en el departamento de Leyes Mágicas, y ya ni siquiera era una leona de Gryfindor... irónicamente, lo único que parecía inmutable entre tantos cambios era su absurdo matrimonio con Draco.

Lanzó una mirada nerviosa al pergamino que descansaba sobre su cama, casi con temor se acercó a él y vio con alivio que la línea donde debía firmar Malfoy continuaba en blanco.

Pergaminos gemelos, para facilitar los trámites, había dicho Malfoy; eso significaba que lo que se escribiera en uno, aparecería al instante en el otro, así que, efectivamente, Malfoy no había firmado aún... y ella no sería quien diera el primer paso.

El conflicto seguía rodando en su cabeza; vamos, que era muy joven como para estar casada, y menos aún con Draco Malfoy; pero, por la otra parte, ahora Draco y ella tenían "Algo".

Bah, pero fuera lo que fuera ese "Algo" no implicaba que fuese lo suficientemente "Algo" como para permanecer casada con él... Aunque claro, si se "Algo" crecía y crecía, entonces tal vez un día ellos mismos decidirían casarse... de nuevo.

A la mierda! Ella ya había tomado muchas decisiones en su joven vida, y si Malfoy quería divorciarse de ella, entonces que fuera él el primero en firmar.

Contempló el enorme diamante que adornaba su mano izquierda... y no puso evitar preguntarse si realmente este presunto "Algo" que tenía con Malfoy podría llegar a ser un "Para Siempre".

El solo pensarlo le parecía ridículo; aunque, por otra parte no pudo evitar sonreír como idiota al imaginarse viviendo con él... siendo la madre de algunos huroncitos albinos...

Pero qué demonios pasaba con ella? Draco ya era lo suficientemente insoportable de joven, ni pensar en cómo sería de viejo.

Vale, vale, Granger, estás pensando en los extremos, Malfoy y tu a penas tienen un miserable mes de relación civilizada, no puedes estar considerando seriamente pasar el resto de tu vida con él.

Alejó sus confusos pensamientos y decidió bajar a la cocina a comer algo; después de todo, mañana se verían en el ministerio y ahí la decisión no podría postergarse más; Malfoy firmaría, y ella también, y entonces todo seguiría como debía seguir.

Saber que el primer paso no correría de su cuenta la tranquilizó, ya mañana sería otro día.

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La lluvia continuaba cayendo sobre Londres, dibujando extrañas formas sobre los inmaculados cristales de Malfoy Manor; el día opaco, deslucido, sin luz, parecía cada vez más sombrío mientras él releía por milésima vez el pergamino que descansaba sobre su escritorio.

Habían pasado tantas cosas desde su etílico matrimonio que, de alguna manera, Draco no podía evitar sentir que se desprendería de algo irreemplazable una vez firmado aquel papel; pero eso era justo lo que quería, no? deshacerse de aquel pesado e innecesario lazo con su, antes, peor enemiga... que paradójicamente ahora era su flamante novia.

Mierda, todo resultaba tan confuso ahora... una parte de él le gritaba desesperadamente "No firmes..!", y la otra parte... también. Qué demonios se supone que debía hacer? Arrodillarse frente a ella y decirle "Permanece casado conmigo hasta que estemos arrugados como mandrágoras y la muerte nos separe"? Ridículo, sencillamente él no podría hacer eso... además, a saber si Granger estaba esperando con ansias deshacerse de ese lastre.

Es decir, ahora eran novios, tenían algo juntos... pero ser un matrimonio? Ella nunca había mencionado nada sobre pasar el resto de su vida juntos, y él no estaba dispuesto a arriesgarse a hacer semejante proposición. Por Merlín..! Si a penas llevaban un mes juntos..! Qué clase de persona normal consideraría algo así en tan poco tiempo?

Blaise y Pansy, por ejemplo... susurró una impertinente vocecita en su cabeza; pero vamos, Blaise y Pansy levaban como mil años juntos, se conocían de arriba a abajo, y ellos, qué sabían realmente el uno del otro?

El rubio suspiró con cansancio y se dejó caer sobre un sillón de terciopelo negro; del cajón de su escritorio extrajo una larga pluma de cuervo, un tintero y un cigarrillo; encendió el tabaco con la puta de su varita y dio una honda calada para luego tratar de expulsar sus propios demonios junto con el aromático humo. Mojó la pluma en el tintero y colocó la punta sobre la línea que le correspondía firmar.

Demonios, deshacer el matrimonio era incluso más difícil que comenzarlo.

Miles de pensamientos sin sentido cruzaron por su joven mente... esta era la decisión correcta, sí; pero por alguna ridícula razón él simplemente no quería firmar... y entonces se hizo la luz en su cerebro.

Exacto..! Él no quería firmar esa estúpida acta de divorcio..! El no quería liberar a Hermione por ningún motivo; es decir, era su novia, pero si llegaban a terminar por algún motivo, de alguna forma retorcida le gustaba pensar que de todas maneras seguiría atada a él... Sonaba un poco enfermo, pero... a la mierda..! Sí, estaba muy enfermo, enfermo de celos anticipados de que alguien más pudiese ocupar su lugar junto a la leona. La sola idea de pensar en que Hermione dejara de ser Hermione Malfoy para pasar a ser Hermione Inserte-Aquí-El-Sucio-Apellido-De-Cualquier-Idiota le horrorizaba más que todos los Dementores de Azkaban.

No, definitivamente no firmaría; él seguiría siendo el jodido marido de Granger hasta que su cuerpo fuese tragado por los gusanos.

Y con esa resolución se levantó del sillón para dirigirse a casa de los Granger... aunque pensándolo bien, mejor iría primero a casa de Theo, porque llegar con Hermione y decirle "Vas a seguir siendo mi esposa, te guste o no" de pronto ya no sonaba como un buen plan.

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La mañana estaba fresca, ligeramente nublada y el viento olía a humedad; Hermione Granger tomó su bolso con el pergamino del divorcio dentro y se dispuso a salir de su casa para acudir a la cita en el ministerio.

A penas puso un pie en la calle, un lustroso automóvil negro le dio alcance, la ventanilla del copiloto descendió lentamente y la deliciosa sonrisa de Draco Malfoy apareció desde el interior.

- Qué haces aquí, Draco?.- preguntó la leona desconcertada.

- A ti qué te parece que estoy haciendo?.- preguntó frunciendo el ceño.- Paso por ti para ir al ministerio, aunque personalmente yo esperaba algo más del tipo "Oh, Draco, te extrañé", o por lo menos un "Buenos días".- reprochó el rubio desde el asiento del conductor.- Pero no, mi frígida esposa me recibe como si fuera un miserable elfo doméstico.

- No te metas con los elfos domésticos, Malfoy.- lo regañó ella, subiendo al auto.- ellos no tienen la culpa de que aparezcas tan repentinamente, además, merecen tanto respeto como los magos, son criaturas inteligentes, poderosas, nobles...

- Sí, Hermione, sufren tanto que canonizaremos a todos los elfos domésticos del mundo, les haremos un templo y todos nosotros, impuros, iremos a adorar su grandeza, ofreceremos medias viejas y fundas de almohadas y todos nos regocijaremos. Amén.- interrumpió hastiado el chico, poniendo en marcha el auto rumbo al ministerio.- Ahora dime, por qué no has firmado los papeles del ministerio?

- Porque yo...- Hermione titubeó un momento, mordiendo su labio inferior con nerviosismo.- Bueno, de todas formas, vamos a firmar, no? Así que qué importa que firmara ayer, o que firme hoy después de que lo hagas tu?

-Y por qué tengo que firmar yo primero?.- preguntó el rubio indignado.- no se supone que eras tú la que no quería estar casada conmigo?

- Tu tampoco quieres estar casado conmigo, Malfoy.- sentenció la chica entornando los ojos.

- Que yo recuerde, yo fui quien te propuso matrimonio, Granger, eso te convierte en la infame y cruel mujer que quiere abandonar a su guapo y sexy marido.- contraatacó el rubio, muy pagado de sí mismo.

- No, no, no y no, Malfoy.- dijo la Gryffindor señalando al rubio con furia animal.- TÚ, pequeño hurón bastardo y pornográfico, TÚ fuiste el primero en buscar salida a nuestro matrimonio, TÚ asumiste que debíamos separarnos, y TÚ calificaste esto como un error; a mi nunca me preguntaste si quería seguir casada contigo.- finalizó la chica indignada.

- Está bien, Granger, quieres permanecer casada conmigo?.- preguntó él con cara de fastidio.

- No.- respondió ella secamente.

- Entonces para qué carajos querías que te preguntara?.- gritó Malfoy, irritado.

- Precisamente para poder decirte que no.- rebatió ella testarudamente.- Ya desayunaste, Malfoy?

- Y ahora soy Malfoy de nuevo?.- preguntó indignado el Sly.- No, Granger, no he desayunado.- dijo remarcando con despecho el apellido de la chica.

- Entonces pasaremos a comer algo, vamos al Callejón Diagon.- dictaminó ella, mientras Malfoy aparcaba cerca del Caldero Chorreante.

- Claro, y ahora me mandas como si fuera un vulgar Elf... digo, un maldito mártir doméstico.- se quejó el chico entre dientes, siguiéndola al pasaje del callejón.

Con paso fúrico, ambos chicos recorrieron calle abajo hasta llegar a la heladería de Florean Fortesquieu , tomaron asiento en una de las mesas exteriores, pidieron tarta de Manzana y café con leche y se negaron a mirarse el uno al otro en un obstinado silencio.

Los minutos pasaron lentamente, arrastrándose uno tras otro. Sencillamente todo estaba mal, él estaba haciéndolo todo mal, no se supone que no permitiría que Hermione Granger dejara de ser su esposa? Bien, pues evidentemente las cosas no estaban marchando como él esperaba. Se arriesgó a lanzar una breve y discreta mirada hacia la chica; estúpida Granger, qué le costaba admitir que él, Draco Malfoy, era el mejor marido que conseguiría jamás? Por qué no simplemente le decía "Sí, Malfoy, quiero permanecer casada contigo"?

Qué se supone que debía hacer ahora? Sacar el estúpido pergamino de su túnica, firmar y ya?

- Draco...

La suave voz de la castaña lo sacó de sus reflexiones.

- Si, Hermione?.- respondió él, volviéndose a mirarla.

- Luego de que nos divorciemos, seguiremos estando comprometidos, o solo seremos novios?

- Pues...- realmente, Draco ni siquiera había contemplado eso.- Seguiremos comprometidos, no? Es decir, si esto que tenemos avanza, en algún momento volveríamos a comprometernos...

- Y si ese compromiso avanza... en algún momento nos casaremos de nuevo?.- preguntó la leona, confusa.

- En ese caso, haber firmado el divorcio sería una tontería, una completa pérdida de tiempo.- susurró el chico como si hubiese descubierto el origen del universo.

- Entonces no tendríamos por qué divorciarnos ahora...- musitó ella, esbozando una ligera sonrisa.

Draco clavó sus ojos grises sobre los castaños de ella, y ambos sonrieron con complicidad.

- Al demonio con todo.- dijo Draco soltando un suspiro de mera frustración, al tiempo que tomaba entre la suya la mano de la leona.- Hermione, estás segura de querer pasar el resto de tu vida conmigo? O preferirías firmar de una vez y olvidar que todo esto ocurrió?

La castaña lo contempló como nunca lo había hecho; no viendo lo atractivo que era, ni lo insoportable de su personalidad mimada y caprichosa; sino observando con detenimiento el Malfoy que sería algún día... el Malfoy que no era tan solo dos meses atrás... El Malfoy que ella había sacado a flote.

- No se si quiero estar contigo el resto de mi vida, Draco.- dijo ella, sosteniendo la mirada del rubio.- Ni siquiera se si mañana querré verte la cara... lo que si se es que quiero estar contigo hasta donde mi paciencia y mi cordura resistan...

- Y si no resisten lo suficiente?.- preguntó él con el estómago hecho nudo.- Te cansarás de mi y solo te irás?

- Si no resisto... solo tendrás qué recordarme a diario el por qué vale la pena soportarte.- respondió ella sonriendo como idiota.

- Y si el que se cansa soy yo?.- cuestionó él de nuevo.- Si un día no soy capaz de ser el hombre que vale la pena?

- Entonces yo seré quien te muestre las razones que hacen que valga la pena seguir intentando.- finalizó ella, clavando en sus labios pálidos un cálido beso.

De pronto todo estaba claro. Qué importaba si no se conocían completamente? Qué más daba que hubiesen hecho todo al revés? Y qué si la vida los había unido de la forma más absurda del mundo?

El hecho es que estaban juntos, y sus miradas entrelazadas dibujaban un para siempre que ningún papel podría romper.

Ser Padres... Casarse... Comprometerse... Enamorarse... Conocerse... El orden de los factores no altera el producto... ni siquiera en el amor.

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