Cuando te conocí

Parece que ha pasado mucho tiempo ¿no es así?, en realidad solo han pasado ocho días desde aquel ataque inesperado en que un total extraño los había vencido con tanta facilidad que parecía que ya conocía sus movimientos, no era de extrañarse, seguramente así fue. Los días no han mejorado desde entonces, eran más bien grises, como si una gran nube espesa rodeara la ciudad y con cada mal paso que uno de sus habitantes dieran, la nube se fortaleciera.

Raven cada vez estaba más distante de todos, en especial de Robin, procuraba quedarse el menos tiempo posible a solas con él, evitaba a toda costa que Starfire, Robin y ella permanecieran en la misma habitación más tiempo de debido. A Robin le dolía esa situación y no podía ocultarlo ante nadie por mas fortaleza que decidiera demostrar ante los demás, incluso, los villanos de poca monta lo habían notado. Por suerte para él, Robin dejaba a un lado ese asunto y se concentraba en el asunto en cuestión.

Lo veía claro ahora, Raven intentaba hacerles creer a sus amigos que nada de aquello le importaba pero Robin sabía que no era así porque ella le había contado su secreto, ese secreto que al parecer era el origen del malestar de hechicera. Robin pensaba en esto todos los días, cada segundo que pasaba, incluso dormido lo hacía.

Abajo, Raven caminaba lentamente sobre el borde de la orilla de la gran roca, sostenía un libro de gran volumen de tapa dorada entre sus delicadas manos pero no lo leía, no le prestaba la más mínima atención al libro de Azar que era tan importante para ella y para su gente. Se veía tan pequeña, tan frágil desde el pedestal donde Robin se encontraba y él quería protegerla, quería que nada malo le pasara porque la amaba con todo su corazón y daría lo que fuera porque ella le correspondiera aunque fuera con un poquito.

Robin dio media vuelta y caminó en dirección hacia la puerta automática de la sala, este era el último intento que él haría para convencerla de algo aunque no sabía si funcionaría.

Mientras su vista se fijaba en las pequeñas olas chocantes que creaba el mar, Raven no pensaba en otra cosa que, precisamente ese momento, la última escena que su mente registró como importante. Esos dos muchachos, solo uno llevaba la mitad de su sangre y por ello le debía su vida pero él, el otro muchacho… ese sinvergüenza se atrevía a mostrar su rostro de nuevo frente a ella después del daño que le había causado a su gente, a su sangre… y decía amarla. Él no era como Robin, jamás se le compararía a un chico tan maravillosamente encantador como él ni en cientos de años. Su corazón estaba herido.

Apretó el libro con su mano, si por ella hubiese sido, lo hubiera arrojado al mar para que este se llevara lejos todos los recuerdos malos pero era lo único que había quedado de Azarath, de su madre, de su gente… de la maravillosa Azar. Se sentía tan impotente, tan desprotegida que por eso huía de sus amigos, por eso no dejaba que el tiempo con Robin le absorbiera las entrañas porque sabía que a pesar de los rechazos que el chico recibiera él seguiría ahí como se lo prometió. Pero esto no podía continuar así, debía poner fin a todo esto. Quizás… desaparecer por un tiempo no sería tan malo.

_ Que estupidez.

Pronto Raven reaccionó. No era débil y le había prometido a Robin irse por su propio pie cuando las cosas se volvieran feas y eso no había pasado aun. Pero… ¿Qué se supone que debía pasar?, no estaba segura.

Cyborg había hablado con los titanes este pidiéndoles información acerca del Hermano Sangre pero lo único que había obtenido entonces era que no había habido reportes de él por parte de la policía, ni de nada en otra ciudad, no había rastros de él por ninguna parte, era como si la Tierra se lo hubiera tragado completamente. Y de Slade… tampoco había nada. Robin se estaba esforzando demasiado por encontrar cualquier indicio de ambos y Cyborg le ayudaba de vez en cuando pero no era suficiente. Todo esto estaba mal.

Raven suspiró. Cerró los ojos y dejó que el viento con brisa fresca le diera en el rostro. Sus problemas no terminaban ahí. Sintió que no estaba sola. Sus músculos se tensaron y sus ojos se concentraron en buscar al dueño de esa energía que emanaba miles de emociones indescriptibles pero tan exactas a la vez. Entonces lo vio. Él estaba allí inamovible, pudo haber pasado por una roca pero sus ojos, ella los recordaba con exactitud casi como aquella primera vez en que lo conoció y sintió algo especial. Su corazón casi de detuvo al recordar ese momento y sus ojos quisieron llenarse de lágrimas al saber que todo era culpa suya, sin embargo, jamás le reprochó nada.

¿Quién era él?, se preguntó entonces. Ese niño de once años le llamaba mucho la atención a la pequeña Raven de tan solo siete años de edad. Azar jamás se lo había presentado, no conocía nada de nadie excepto que los monjes debían enseñarle todo sobre costumbres, lenguas muertas, idiomas de todo el mundo, a escribir y a leer. Su mentora apenas si le informaba de lo más importante. Recordaba vagamente que su madre estaba feliz, lo sintió aunque Arella no lo demostraba. Esas emociones que su madre solía desprender cuando estaba junto a ella no eran las mismas que cuando ese niño llegó allí pero no estaba solo. No por supuesto que no, junto a él, tomándole de la mano se encontraba otra niña quizás dos años más grande que Raven. Tenía tanta curiosidad por esos dos niños que no pertenecían a su mundo, o al menos no los había visto en su el trayecto de sus escasos siete años.

Azar le había dicho que no debía acercarse a ellos hasta que se asegurara que no intentarían dañarla. La dejó dentro de la torre donde meditaban todos los días. ¿Qué se supone que haría mientras?, lo más lógico era… meditar. Se colocó en la posición correcta para hacerlo, Azar insistía en que era lo mejor y así podía respirar sin dificultad alguna, por supuesto para Raven eso no era problema. Meditó todo el día, espero ahí a Azar pero esta no regresó, a sus siete años Raven ya era capaz de tomar decisiones y era mucho más responsable de sus acciones que muchos de los adultos de Azarath. Caminó de regreso a su habitación pero a medio camino se encontró a esos dos pequeños, la miraron intensamente y ella les regreso la mirada. Por más que se esforzó en no separar los sentimientos de los demás de los suyos como Azar le había enseñado, no pudo.

De una u otra manera Raven sintió lo que ellos estaban sintiendo, primero: el amor tan grande que le tenían a Arella, dos: la confusión de estar en un lugar tan raro lleno de gente extraña y tres: ella, la pequeña niña le tenía miedo, ¿Por qué?, en cambio el otro niño no, sentía desprecio por Raven. Por un momento sus ojos quisieron llenarse de lágrimas, esos niños no eran igual a Raven o a su gente, ellos eran totalmente humanos. Los odiaba, tan solo unas bolsas de sangre e instinto animal, sin una pizca de cerebro ahí donde debería estar pero por alguna razón ellos estaban ahí.

_ Tú. ¿Eres la protegida de esa señora?

¿Protegida?, ¿De qué?, ¿De quién?, Raven estaba confundida. Que ella supiera no se estaba escondiendo de nadie porque nadie quería hacerle daño. Azar nunca le había hablado de semejantes cosas y por supuesto ella no era una niña mala.

_ Contesta niña.

_ Su nombre es Azar y no tienes ningún derecho a hablarme.

_ Eso es lo que crees. Tu niña eres la hija de la que llaman Arella ¿no? Pues sábete que ella es mi madre y tú no eres mi hermana.

¿Arella era la madre de esos niños?, ¿Hermana?, ¿Qué significaban esas palabras?, sintió que su pequeño corazoncito se apachurraba ante la tajante actitud del pequeño. Su mama no podía tener otros hijos porque la tenía a ella aunque Azar le prohibiera verla. Arella era su mama y ella era su única hija. Azar siempre lo decía. ¿Qué era esto?

Raven estuvo a punto de contestar ante las palabras de ese niño que osaba a decir aquello sobre su madre pero de pronto apareció ella y detrás una Azar sumamente molesta. Arella abrazo a esos niños y los tomó a ambos de la mano mientras miraba a su hija más pequeña.

_ Me desobedeciste Raven.

_ No te desobedecí, solo me canse de esperarte.

_ No te permito que me hables así.

_ Pues yo no te permito que me trates como si fuera nada!

Raven corrió lo más que pudo lejos de la escena. Jamás le había gritado así a su mentora y seguramente esta ya le estaba preparando un castigo ejemplar. No le preocupaba en lo más mínimo, Azar no podía tratarla de esa manera y su ¡madre!, ella no tenía el derecho tampoco. Raven jamás se había mostrado así pero esto fue la gota que derramo el vaso, no lloraría, nunca había demostrado debilidad y no iba a comenzar ahora. Decidió que volver a meditar era muy bueno en estos momentos y comenzó.

Ese día sus sentimientos habían tomado el control de su cerebro, no pensó con claridad y se arrepentía porque desde entonces las cosas con su madre cambiaron, escasamente la veía y Azar era más fría. Raven aprendió que eso no debía importarle pero aun así las heridas también dolían.

_ ¿No piensas saludar a tu hermano?

_ Pensé que no éramos hermanos.

_ ¿Aun recuerdas eso a pesar del tiempo?

_ Si

_ Lo dije porque estaba resentido. Eres mi hermana sin importar quien sea tu padre. Mi madre… nuestra madre será la misma.

_ ¿Qué haces aquí?

_ Vine a ver que no te hicieran daño.

_ ¿Quién?

_ ¿De verdad quieres saberlo?

_ Sí.

_ Ven conmigo.

Dudó. Sabía que las cosas entre ellos nunca estuvieron bien y que jamás lo estarían. Definitivamente no podía irse con él, no podía dejar a sus amigos porque… porque eso sería traicionar su confianza pero por otro lado, quería saber, quería conocer aquello que la atormentaba. Saber que estaba pasando realmente, el porqué de todo aquello, del porque sentía que todo volvía a pasar. No lo soportaría.

Alargo la mano para tomar la que el chico le ofrecía pero se detuvo justo antes de tomar la de él. Ese sentimiento… algo no estaba bien. Recordaba a ese muchacho de mirada triste y furiosa el día que lo conoció por primera vez y ahora esos ojos de lobo no eran los mismos, su hermano tenía algo no muy común y no era capaz de averiguar que era. Le miró directo a los ojos y él comprendió que ella no le acompañaría porque estaba asustada.

Era obvio que se molestaría después de todo no había ido hasta allí por nada, se la llevaría con o sin su consentimiento. Agarro fuertemente su muñeca y la atrajo hacia si, Raven por supuesto de rehusó pero cada vez, él usaba más fuerza de la que recordaba que tenía.

_ Suéltame, no quiero ir.

_ Te lo pedí por las buenas. Iras conmigo a las malas.

Y entre más forcejeaban los dos, mas lastimados saldrían, Raven comenzaba a perder la paciencia y con ello el control de sus poderes pero justo antes de que ocurriese una catástrofe, el filo de la espada de Robin se encontraba en el cuello del sujeto.

_ Te ha dicho que no, suéltala.

_ Tú de nuevo.

El muchacho estaba convencido de que su actitud hacia su "invitado" era la correcta. Al soltarla, Raven cayó hacia atrás y la batalla entre los chicos comenzó. Era obvio que Robin llevaba una notoria desventaja al ser solo un humano con habilidades ya que, el hermano de Raven había sido humano pero su ADN había sido modificado al ser mordido por un Licano cuando era un niño.

¿Cómo podía detener aquello que había comenzado por culpa suya?, no lo sabía. Se levantó del suelo, eso era lo primero, intentó hacer entrar en razón a su hermano; pero no daba resultados y lo primero que se le ocurrió cuando vio que Robin caía al suelo sin arma alguna fue interponerse entre él y el ataque de su hermano.

_ Muévete.

_ No.

_ No seas tonta, este humano no merece vivir.

_ Tú también fuiste humano y Azar te dejo vivir bajo nuestro mismo techo.

Este comentario enfureció al muchacho y estuvo a punto de terminar lo que había empezado con Raven de por medio pero entonces ahí estaba su voz salvadora.

_ ¡Basta!, ¿Qué haces?

Era un ángel o algo parecido a uno, era una mujer con un curvilíneo cuerpo y unas hermosas alas que salían de su espalda, algo totalmente diferente del chico de vestimenta blanca y adornos color oro sobre algunas partes de su traje sin mangas. Ahora todo era más difícil de lo que era al principio.

La mujer miro a Raven y al muchacho que seguía en el suelo y le tendió la mano que cortésmente rechazo y se puso en pie él mismo. La mirada que tenía Raven era evidente y era de confusión total y melancolía. Ambos de su misma sangre y a la vez tan diferentes, tan… extraños los dos.

_ Hola Rae… cuanto tiempo ha pasado.

¿Cómo hacer para explicar tantas cosas del pasado si cada vez que los veía recordaba esa primera vez… en que los conocio?


HEY, HEY, HEY! NO MORI! SIGO VIVA Y ESTA HISTORIA TAMBIEN!

AZAR HAY MUCHO QUE CONTAR. PRIMERO: RECUERDEN QUE NO DEJARE NINGUNA HISTORIA ASI COMO ASI, PRIMERO MUERTA!

LUEGO: ACABO DE SALIR DE VACACIONES POR LO QUE... TENDRE TIEMPO PARA ESCRIBIR. ESO SIGNIFICAN SEIS SEMANAS DE LIBERTAD O MEDIO LIBERTAD. Y BUENO HAY MAS RAZONES QUE PLATICAR PERO ESAS SON UN POCO MAS PRIVADAS PERO SEPAN QUE ESTOY FELIZ.

AGRADEZCO A TODOS LO QUE DEJARON REVIEW. USUALMENTE LES RESPONDO A TODOS PERO ESTOY UN POCO APRESURADA DE TIEMPO. ME URGE HACER EL PROXIMO CAPI DE BETRAYAL II QUE SERA SUPER! ESO SIN CONTAR QUE EN RATOS DE LIBERTAD HAGO OTRO FIC A CUADERNO Y PLUMA.

GRACIAS A TODOS POR LEER.

PD. ESTA VEZ NO TUVE INBSPIRACION EN NINGUNA CANCION. SOLO SALIO.