Soul's Scars

Summary:Wanda y Melanie han sido separadas, Wanda ya tiene un nuevo cuerpo, pero ¿Podrá Wanda separar los sentimientos de su nuevo cuerpo con el anterior cuerpo que pertenecía a Melanie?

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la historia es completamente de mi creación por lo que queda prohibida la copia parcial o total del texto, además de cualquier tipo de adaptación. También queda prohibida cualquier publicación en otra página que no sea fanfiction sin mi autorización previa.


Capítulo IV.

Vida real.


Previamente en Soul's Scars: Jared se ha vuelto cada vez más desagradable, Ian se ha puesto distante con Wanda por notar que algo andaba mal, pero él se enferma y Wanda no lo puede soportar, quiere estar con él, Jared la detiene y se le confiesa, le dice que le gusta. Entonces Wanda no necesitó de más para darse cuenta que realmente amaba a Ian y que Jared era sólo su pasado.


—¿Estás bien? —me dijo Melanie.

—Lo estoy —sonreí.

—Quería saber si las cosas entre nosotras deberían seguir estando bien —susurró mientras se sentaba en la cama.

La miré, sabía que ella no era tonta y sabía que ella creía que yo estaba confundida entre Jared e Ian, pero no era así, ya estaba completamente segura de eso y podía decírselo sin mentirle.

—Claro que están bien —sonreí —. ¿Por qué no deberían estarlo?

—Jared ha estado actuando extraño —aclaró su garganta —. Contigo también ha estado diferente.

—Lo sé —sonreí mientras ordenaba la ropa de Ian —, pero creo que es sólo para molestar a Ian, sabes que no se llevan bien y él se aprovecha de eso.

—¿Crees que es eso?

—No me ha dicho nada más, nada que demostrase lo contrario.

Esa era una mentira, nosotras las almas no mentíamos, pero esta vez, quizá por primera vez, comprendí lo que era una mentira blanca, si le decía la verdad a Melanie no tendría sentido, la haría sufrir mucho más y además no nos llevaría a nada. Jared quizá lo dijo para molestarme o quizá de verdad le gusto, pero él ama a Melanie, jamás dudaría de eso, él la ama lo suficiente como para luchar por ella, si realmente él sentía algo por mí jamás se compararía al amor que le tenía a Mel. Así como yo amaba a Ian y nada se compararía a eso, a ese amor que él me entregó y que yo aprendí a sentir.

—Gracias —sonrió Mel y se levantó para abrazarme.

—¿Por qué? —sonreí.

—Wanda —susurró en mi oído —. Eres una hermana para mí, eres un alma noble, alguien en quién podría confiar mi vida… ¡Qué digo! A pesar que fuiste parte de mi cuerpo sin mi voluntad, confié mi cuerpo en ti cuando descubrí quién eras en verdad…

—Mel —susurré —. No es necesario recordar eso.

—Para mí siempre serás parte de quién soy…

—Tú también para mí… —sonreí mientras mantuve el abrazo.

Después de dos días en los que Ian se había quedado con Doc para el tratamiento y asegurarse que seguía las ordenes al pie de la letra, así que era la primera noche que él volvería a mí, sabiendo que lo amo.

Estuve casi todo el día ansiosa, quizá por eso Doc no me dejó entrar a ver a Ian, así que me dediqué a mis labores, traté de distraerme lo más que pudiese, aunque Jeb no me dejaba hacer mucho, decía que hoy era el día de Ian y mío y que debía preocuparme de eso.

—Wanda —la voz de Ian hizo que estremeciera.

Él me rodeo con sus brazos, estrechándome en contra de su firme cuerpo que parecía no haber sufrido una descompensación hacía dos días, todo lo contrario, sus músculos eran tan firmes y poderosos como los recordaba y su aroma natural se mantenía intacto. Me volteé y nuestros rostros al fin se encontraron.

—Wanda —susurró mientras acercaba su boca a la mía.

Me besó intensamente, sentí como las fuerzas de mis músculos me abandonaron y dependí completamente de Ian, que a pesar de todo, seguía manteniéndome en pie. Me estrechó contra su cuerpo y continuó aquel beso necesitado. Su mano sostenía mi cabeza, mientras que la otra se mantenía firme en mi cintura. Poco a poco fue bajando y acarició mi espalda baja, una sensación eléctrica recorrió mi cuerpo, enlacé mis manos en su cuello, mientras que él, me dejaba caer lentamente sobre nuestro lecho. Su inmenso cuerpo se presionó contra el mío, sin decir palabras, nunca antes me había sentido tan unida, tan comunicada con él.

Acaricié su espalda, mientras él se abría espacio en mi entrepierna. Era una nueva sensación para mí, era como si cada centímetro de mi piel se conectara con la piel de Ian. No sé cómo nos deshicimos de la ropa, había momentos en los que perdía la noción del tiempo y espacio, sus caricias eran tan intensas que eran impensables en otro mundo y con otro ser que no fuese él. Besó mis pechos, jugueteó con ellos y sentí como los escalofríos electrizantes se apoderaban de mi vientre y zona baja, mi intimidad estaba hinchada, húmeda, a la espera de él.

Ian acarició mi rostro, ordenó un mechón de mi cabello y sonrió. Aquella sonrisa quitó el poco aliento que me quedaba.

—Esto, quizá pueda doler un poco —me susurró.

Asentí en silencio mientras que él sonreía y me acariciaba con una extrema ternura.

Lentamente sentí como la presión de su sexo se adentraba en mí, una molestia intensa comenzó a propagarse, seguida de un placer inexplicable, una contradicción a la que no sabría definir con palabras. Ian se abrazó a mí y comenzó la danza, parecía que danzábamos al mismo ritmo, unidos más que nunca, con roces placenteros, él en mi interior, yo acogiéndole. Jamás había imaginado que sería capaz de sentir así, el placer se propagaba por cada célula, mi corazón parecía estallar en latidos, la carencia de aire y el exceso de placer me hacía gemir de una manera que a Ian parecía encantarle. Cuando ya sentí que no era capaz de soportar más éxtasis en mi interior, sentí una explosión eléctrica que me recorrió completamente hasta llegar a mi vientre y concentrarse allí, al punto que arqueé mi cuerpo apegándolo al de Ian, quién gimió con fuerza dejándose caer sobre mí.

A penas recobré el aliento, y fui capaz de encontrar mi voz, le pregunté a Ian que había sido todo esto.

—Esto es hacer el amor —sonrió Ian, agotado a mi lado.

Me abracé a él, mientras que Ian cogió una manta y nos tapó. Nos quedamos acurrucados por largo tiempo, era exquisito sentir su piel contra la mía. Sentía su pecho alzarse y relajarse, inspiraba y expiraba, me producía ganas de dormir en ese mismo instante, sobre su pecho, era algo así como una canción de cuna, además podía oír los latidos acelerados de su corazón.

—Te amo —susurré.

—También yo, mi pequeña —me abrazó con fuerza.

En ese instante supe que no sería capaz de separarme de él nunca más, que esa sensación de hogar sólo él podría dármela y que nuestra unión que se había forjado hoy sería inquebrantable.

Caí dormida con gran facilidad y cuando desperté, me sorprendí al ver a Ian con algo de comida, traía pan y un vaso de jugo.

—Buenos días —sonrió.

—¿Buenos días? —dije confundida.

—Pequeña dormilona son las ocho de la mañana —volvió a sonreír.

—Pero… si… anoche… en la tarde, tu y…—dije confundida.

—Te has pasado durmiendo muchas horas, corazón —dijo besándome en la frente.

Me levanté rápidamente, pero perdí el equilibrio. Ian alcanzó a sostenerme.

—Deberías haberme despertado, tengo mucho que hacer, Jeb no me perdonará quedarme de vaga todos estos días y…

—Y, nada —dijo Ian, sentándome de nuevo —. Ahora debes sentarte y comer, yo he hecho tus tareas.

—Pero, Ian, tu debías guardar reposo —le reté —. ¿Cómo se te ocurre no obedecer a Doc?

—Me siento, bien, ahora no exageres y come —dijo dándome un trozo de pan.

Se sentó a mi lado, acarició mi cabello y me miró comer. Me sentía tan a gusto de esa manera, podía palpar la cumbre de la felicidad.

—Te amo —le dije mientras comía un trozo de pan.

Sus ojos se abrieron más de lo usual y su sonrisa parecía de oreja a oreja.

—También te amo, Wanderer, pero ¿Qué te ha dado por decírmelo tanto? —rió.

—No te lo digo más —me hice la ofendida, aunque en mi rostro no se podía ocultar la risa.

—Te ves hermosa riendo—me besó suavemente en los labios.

Acerqué su rostro al mío y le besé con impaciencia, con necesidad y con toda la intención de estampar en ellos todo el amor que sentía en esos momentos. No sabía cómo lo interpretaría, pero quería hacerlo, quería sentirme participe de todo esto, que él sintiera que lo amaba y que no lo dudase nunca más.

—Calma —susurró rompiendo el beso —. ¿Qué pasa, pequeña?

Reí como niña traviesa, si él supiera…

—Dime, ¿Qué pasa? —sonrió.

—¿Cuántas veces se puede…?—me callé.

Él pareció comprenderlo, pero no me respondió.

—¿Se puede qué? —sonrió.

Le pegué un codazo suave.

—Ya sabes —sentí como el rubor recorría mis mejillas —. Hacer el amor.

Los ojos de Ian se abrieron de par en par, sonrió al ver el rubor en mis mejillas. Me besó intensamente, acarició mi cabello y me abrazó, apegándome a sí.

—No lo sé, tendremos que seguir haciendo el intento —ronroneó.

Se apegó a mí y comenzó a besarme con intensidad, acarició mi cuerpo, ya conocido para él, besó cada centímetro de mi piel, acarició mi intimidad con sus dedos, besó mi vientre y volvió a mi boca, repitió cada caricia con suavidad, con lentitud y con desesperación, una mezcla de necesidad y ternura se apoderó de mí. Besé sus labios con impaciencia y me posé sobre él. Me adueñé de la situación, dejándome llevar por los instintos, me moví mientras le tenía en mi interior. La explosión de sensaciones y emociones, podría terminar siendo adictiva, porque a pesar de haberlo hecho ayer, las sensaciones esta vez no fueron las mismas, aunque eran tan intensas como antes.

Permanecer aquí, en este mundo con un humano, para mi especie era algo impensado, no podíamos ni siquiera pensar en el hecho de hacer algo así, habían visto al ser humano como una raza cruel que estaba destruyendo su mundo, incluso existían guerras entre su misma especie, contra ellos mismos. Pero yo, Wanderer, he tenido el placer de conocer mucho más, ese otro lado del ser humano que, quizá no es muy frecuente, pero que explica muchas cosas.

—¿Qué piensas? —susurró Ian en mi oído.

—En que si, ustedes los seres humanos, cultivasen más estos sentimientos, no tendrían el mundo así como está ahora.

—El amor ha sido capaz de llegar a la guerra, Wanderer —sonrió aunque en sus ojos no habían rastros de alegría —, es cosa de leer historias…

—Yo los entiendo, ahora que soy parte de ustedes, sus sentimientos son fuertes, cuando sienten algo con tanta intensidad, actúan de la misma manera, cegados por los sentimientos comenten actos reprochables, pero la carencia de esos sentimientos, los vuelve horribles… —aclaré mi garganta —. Es increíble como ustedes dependen de un equilibrio.

—Somos algo complejos —dijo Ian jugando con mi cabello —. Quizá ya sea tarde para cambiar.

No respondí. No sabía que decirle, su raza era diferente a la mía, muy diferente. Sus decisiones, sus actos eran consecuencias de sentimientos poderosos, sean buenos o malos, tenían una intensidad sorprendente, no podía darle aliento o esperanza cuando sabía que quizá todo acabaría en nada, pero me dolía como si fuese parte de ellos. Quizá es porque eso era.

—Deberíamos ir a trabajar —intenté levantarme, pero él me mantuvo a su lado.

—No quiero —se acurrucó en mi pecho —, quedémonos aquí un ratito.

—Nada de ratitos, Ian —sonreí —. Te conozco, así que vamos a ayudar.

—Pero, Jeb dijo que…

—No quiero quedarme aquí y acostumbrarme a esto —reí.

Ian me miro, sus ojos estaban brillantes, parecían gotas de rocío por la mañana, regadas por un hermoso prado, podía ver en ellos la felicidad que tenía en su interior, como dos ventanas directas a sus sentimientos. Era un hombre excepcional, independiente de todo nuestro pasado, de la diferencia de nuestra raza, él sería para mí, siempre, así como yo sería para él.

—Estás algo distraída —rió Mel.

—Sé a qué te refieres —susurré —, pero no es necesidad que todos se enteren.

—Bueno, no es nuestra culpa que tu cara te delate —dijo tocándome las mejillas.

Estaba ruborizada, lo sabía, Melanie me conocía y había notado, quizá, mi risa estúpida todo el día, era mucho pedirle que se quedase callada.

—¿Cómo están las cosas entre tú y Jared —sonreí aunque fingidamente —. Sé que últimamente te faltan sonrisas…

No había caso, tanto trato con humanos, como me dirían los de mi especie, hizo que perdiese mi naturalidad para las relaciones, pero esperaba que Melanie no se lo tomara a mal. Quería saber si ellos dos estaban bien, sobre todo por lo que Jared había estado diciéndome en estos días.

Mel no sonrió, siguió preparando jabón, no me dijo nada, el silencio fue incomodo por unos momentos, temí que tuviese que ver en algo, pero ella retomó la conversación.

—Ha sido difícil, él ha estado tan ocupado, que a veces no tenemos mucho tiempo para nosotros, pero le amo —sonrió —. Y sé que él me corresponde, es sólo que a veces no podemos comportarnos felices todo el tiempo, no podemos ignorar lo que ocurre.

—Lo sé —sentí un nudo en mi garganta —. Sé que debe ser difícil, que probablemente para ustedes esto sea muy diferente a lo que esperaban de su futuro, pero hay que mirar hacia el futuro, quizá nos espere algo mejor de lo que se planea.

—¿Puedo preguntarte algo sin que te molestes?

—Por supuesto —sonreí.

—¿Realmente piensas dejar tu vida como Alma? O sea… —su voz sonaba entrecortada —. Si Ian, bueno tú sabes que no somos eternos, ni vivimos demasiado tiempo… de verdad piensas morir con él.

—¿Morirías tú, quizá no físicamente, pero si tus sentimientos, si muriese Jared? ¿No sentirías que una parte de ti se muere también?

Ella asintió en silencio, sé que para ella hablar de sentimientos era difícil, que por eso no era capaz de verbalizarlo, pero conocía su dolor y desesperación.

—Si Ian muriese antes que yo, es probable que pudiese cambiar de cuerpo y seguir viviendo, pero no es algo que anhelo, pensar en que todos ustedes se habrán ido, que yo me quedaré sola con mis recuerdos, con mis sentimientos, no es fácil de imaginar y luego de sentir todo ese amor que jamás creí ser capaz de tener en mí, no podría imaginar una vida sin Ian —mi voz se quebró al finalizar la frase —. Sé que tú tampoco podrías en tu caso, y a pesar que yo tengo otra oportunidad de vivir, quizá en otro mundo, no la quiero si no es con él.

—Le amas —sonrió.

—Como nunca antes había sentido, créeme, los sentimientos humanos son una bendición a su especie, quizá no todos sean capaces de observarlo así, pero sin duda no hay otra raza que haya conocido que tenga esa hermosa condición de amar tan intensamente…

—¡Wanda! —gritó Jamie —. Te he buscado por todas partes.

—Pues aquí he estado todo el tiempo —sonreí.

—Ahora que al fin estás sin Ian —Mel y yo reímos —. ¿Podrías ir a contarnos historias?

—Pero, Jamie, las he contado todas, ya no me quedan más por contar —sonreí.

—¡Oh! Entonces las repetiremos ¿sí? —sonrió.

El ánimo de los humanos a pesar de las adversidades era una capacidad sorprendente, lo más probable es que muchos de nosotros no pudiésemos obtener tales capacidades, estaríamos simplemente dispuestos a admirarlas, otros ni siquiera dedicarían tiempo para eso.

Es cruel pensar que mi historia habría sido diferente, si Melanie se hubiese dado por vencida, probablemente habría usado su cuerpo y todo hubiese sido normal para mí, no habría conocido esta manera de vivir, mucho menos de sentir. Tenía mucho que agradecer sin duda, pero quizá el agradecimiento no fuese suficiente, había una fuerza superior que había querido esta vida para mí y aunque pasaran días, meses e incluso años nunca podría dejar de estar feliz y agradecida por estar aquí y compartir esta vida con estas personas.

Ian me miró algo confuso, sonrió como de costumbre y me abrazó.

—¿Qué pasa pequeña? —dijo estrechándome en sus brazos.

—No soy ya tan pequeña —me acurruqué.

—Lo sé, pero para mí siempre serás mi pequeña —besó mi nariz —. ¿En qué piensas?

—Pienso en lo afortunada que soy y aunque suene cliché, es cierto. No puedo pedir más felicidad de la que tengo a pesar de las condiciones en las que vivimos, me da igual en qué mundo fuese, si estoy a tu lado, ser una flor, ser un oso o ser un humano no haría la diferencia porque lo que siento por ti, seguiría estando dentro de mí —le abracé.

—¿Has pensado en lo que hablamos? —sonrió.

—Sí, lo he pensado, pero ¿No es muy pronto? —aclaré mi garganta.

—Sería ideal ahora, Melanie y Jared esperan su bebé para cuatro meses más, quizá nosotros podamos estar en campaña también…

—Nunca he tenido hijos…

—Podría ser ahora el momento, quizá te guste ser madre, con lo tierna y protectora que eres, de seguro te quedaría bien —rió.

—¿Qué diría de mí? ¿Qué diría al saber que soy una usurpadora de cuerpos? ¡Ni siquiera pertenezco a su especie!

—Diría que tiene la dicha de conocer al alma que eres, no es tu cuerpo al que amará, te amará a ti, no serán las manos que la sostengan, ni el pecho que le amamante, serás tú quién le enseñará y criará, no te podría amar con más intensidad por lo que eres y comprenderás la unión de madre e hijo, quizá hija, que es única y sentirás ese amor incondicional —sonrió —. Y quiero ser parte de eso, si te amé yo, que he vivido y he visto todo, que en primera instancia te agredí y rechacé, si te he amado y tú me has correspondido, entonces sé con certeza que un hijo te amará mucho más de lo que imaginas.

Mi corazón latió con fuerza, sus palabras calaban hondo en mi corazón, cada latido se aceleraba con la idea de aquel tipo de amor, de experimentarlo y compartirlo con él. Sabía cómo había cambiado el cuerpo de Mel en estos últimos meses, de todas las incomodidades que vivía, no era fácil, pero a pesar de eso se le veía feliz y dichosa, todos la felicitaban. Ella quería eso, a pesar de todo. Yo… también lo quería.

—Te amo —susurré —. Y si te amo a ti, quizá no te moleste compartirme con otro más.

—Eres pequeña, Wanderer, nunca olvidaré que cabías en la palma de mi mano, pero aún así nunca dejas de sorprenderme con todo el amor que eres capaz de entregar —sonrió —. Te amo mi pequeño gusanito.

—También te amo —sonreí.

Jamás me sentí más humana que en ese momento, con una promesa de vida junto a él, con un testimonio de un hijo y con la esperanza de un futuro mucho más hermoso.

Mis vidas cambiaron el momento en que estuve en Melanie, en que sentí las emociones humanas, pero nunca volvería a ser igual como cuando sentí el amor infinito hacía Ian, comprendí la humanidad con el simple hecho de amarle así. En ese momento toda la humanidad cabía en la palma de mi mano, porque la intensidad de sus emociones era lo que los definía. Si no sentías con esa intensidad, jamás serías capaz de comprender lo que era la vida en este planeta y yo, había sido una elegida al comprenderlo y, sin duda, una afortunada por poder vivirlo.


FIN


Hola chicas.

Primero que todo DEBO agradecerles por su paciencia, se han portado un siete conmigo. Han estado en todas y han esperado aún cuando no tenía para cuando actualizar. Se han mantenido allí, y por sobre todo HAN SEGUIDO COMENTANDO ESTA HISTORIA.

Como saben yo siempre respondo los reviews, uno que otro se me irá, pero me encanta responderlos.

Estoy agradecida por todo, de verdad y decidí darle fin al fic, porque esta historia no era para algo largo, la trama central era Wanda e Ian y me pareció suficiente así. Extenderla probablemente sería un error.

¡PARA LAS CHICAS DEL FANDOM TWILIGHT! LES TENGO NOTICIAS!

Hay un contest (concurso) en Fanfiction que se llama Hateful Lemonade Contest.

Como requisitos tiene que debe existir Odio y Lemmon en un One Short.

¡YO CREE UNO! Y se llama: BARRERA DEL SONIDO. LES DEJO SUMMARY Y PASEN POR MI PERFIL PARA QUE LA LEAN.

Summary:Bella era una corredora ilegal de autos. Tenía su negocio diurno y de noche daba rienda suelta a la velocidad. Quería vengar la muerte de su novio a manos de uno de los mejores competidores. Pero Águila no era cualquier curva, era la curva mortal de su camino. ¿Lograría sobrepasar el límite de la barrera del sonido?/ HLC2. AU.

Las invito a pasar y dejar su Comentario para enriquecer la historia.

Cariños.

Manne Van Necker.