Breve faciam

Al principio le perturbaba ser el único cuervo del Señor de los Sueños. Pensaba que algo horrible debía haberle sucedido a los anteriores. Era la única explicación que se le ocurría para que nadie quisiera decirle en dónde estaban. "Oh, cada sábado tienes que luchar por tu vida con un monstruo gigantesco de nueve ojos y si él gana, te asará sobre el fuego y ahí sí que nadie sabrá qué te pasó" o algo parecido pensó que sería la respuesta que no se dignaban a decir. También consideró que el Amo los hubiera hecho a la parrilla pero estaba tan delgado que terminó pensando que jamás comía, ni aves ni nada parecido. Se alegró cuando vio que algunos como él se acercaban. Cuando empezaron a comerse los ojos de sus seres amados dejó de tenerles tanto aprecio, aunque no podía odiarlos porque él habría hecho lo mismo en sus lugares. Al final lo único que le molesta de sí mismo es no haber podido morir como lo haría un hombre, junto a su Amo. No importa qué diga Eva para hacer que se sienta mejor: fue cobardía. Si no figurara muerto ya, se dejaría ir en el hambre.