¡Hola!

Bueno pues, aquí está lo prometido, porque ya les había dicho que subiría este fic y aquí me tienen, cumpliendo.

Este será más largo que el anterior, tanto la historia como los capítulos.

Espero que les guste, y al final les tengo una sorpresa ^^

Disclaimer: Naruto no me pertenece, porque bla bla bla xD

Nota: Este fic va dedicado a mi amiga MrCarhol porque me pediste que fuera este el que subiera, así que aquí esta ^^

Advertencia: historia rara xD

Xxxx

Capítulo 1: Todo cambió

La rutina diaria veces era aburrida. Salir de casa temprano por la mañana, ir hacia su oficina en su lujoso automóvil y atender los asuntos de su empresa. De vez en cuando asistir a tediosas reuniones u oficiarlas en la sala de juntas, pero nada que fuera realmente difícil o divertido.

Era un completo amargado y lo tenía muy claro, casi siempre estaba solo pues sus hermanos eran casados y siempre estaban muy ocupados con eso y con sus trabajos. Si no era su hermano Kankuro con su esposa viajando como unos locos por todo el mundo, eran su hermana y el problemático de su marido que se la pasaba repitiendo aquella palabrita como un disco rayado.

Y en definitiva hoy no era un día diferente a todos.

—Señor tiene una llamada en su oficina – Le dijo su secretaria mientras lo veía pasar. Él sólo asintió con la cabeza.

Entró a su oficina y se sentó en su escritorio, mirando por la ventana a los pequeños autos y a las personas que desde la distancia parecían hormigas. Sus ojos de color aguamarina no expresaban nada más que aburrimiento, mientras que llevaba un cigarrillo a su boca para saciar un poco su estrés de siempre.

Sus cabellos rojizos y desordenados le daban un aire un poco fresco y rebelde, pero él no era así en absoluto, no era más que el siempre serio y recto presidente de Suna Corporation, la industria más grande de comunicaciones del país.

Estiró su mano y levantó el auricular para tomar la llamada.

—¿Bueno? – Habló con su gruesa voz, siempre seria y apacible, aunque no sabía la noticia que le esperaba justo después de posar sus ojos sobre la fotografía de una pequeña niña de cabellos rubios y sus mismos ojos, que estaba sobre el escritorio.

¿Gaara? Que bueno que contestas, soy yo… Ino – Se oyó la voz de una joven que al parecer sonaba bastante triste, Gaara casi podía jurar que había estado llorando.

Dio una bocanada de humo y habló.

—Ino ¿Qué pasa? – Preguntó desinteresadamente, pues ya se esperaba que su ex cuñada le saliera con que necesitaban más dinero, después de todo sólo para eso lo llamaban ella y su hermana, la ex esposa de Gaara.

Tengo una terrible noticia Gaara, mi hermana Sayuri… ella… sufrió un accidente y murió… - Relató la joven del otro lado, haciendo que por el impacto de la noticia a Gaara se le cayera el cigarrillo de la mano y sus ojos se abrieran por la sorpresa.

¿Acaso esto podía ser cierto?

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Todos lloraban mientras la enterraban en aquel agujero, entre la tierra del cementerio. Ella había muerto, dejando un enorme vacío en la vida de sus familiares, pero más que nada en la vida de ella, aquella pequeña que dependía sólo de su madre y que ahora ya no la tendría más.

—La vamos a extrañar – Dijo una chica rubia y de larga cabellera mientras soltaba una rosa roja sobre la tumba de su hermana que aún estaba sin cerrar. Sus ojos azules estaban hinchados de llorar tanto, mientras que Gaara sólo la miraba en silencio, sin cambiar de expresión pues aunque fuera algo triste, hace tiempo que había dejado de sentir amor por la persona que había muerto.

—Ya no llores más Ino – Le dijo un hombre de cabello negro y ojos del mismo color, mientras que abrazaba a la rubia protectoramente.

—Es que Sai… ella era mi hermana… - Decía Ino, quien no lograba hablar claramente.

Gaara lanzó una rosa blanca a la tumba, pero no dijo una sola palabra, la verdad era que no sabía ni que decir, además ¿Qué iba a hacer ahora?

—Ino… - La llamó el pelirrojo, haciendo que esta lo mirara —. ¿Dónde está?

—La dejé dormida en el auto, estaba llorando mucho así que se durmió rápidamente, está con mi padre – Respondió Ino volviendo a bajar la mirada.

Gaara se alejó, pues ya no tenía nada más que hacer aquí. Ahora sus problemas tenían otro nombre, otro motivo, no estaba preparado para esto, pero era lo que debía hacer.

Al llegar al auto pudo notar a Inoichi Yamanaka, el padre de Ino y de Sayuri, la mujer que ahora estaban enterrando, la que por tres años había sido su esposa y la madre de su hija.

Se acercó y ahí estaba, una pequeña niña de sólo cinco años, durmiendo en el asiento trasero y con el cabello rubio cubriéndole parte del rostro. Se veían las lágrimas aún marcadas en sus sonrojadas mejillas, se notaba que había llorado mucho y eso había sido duro de ver para Gaara, pues su pequeña siempre estaba alegre y sonriendo, siempre iluminando todo con su presencia, ahora verla así era muy triste.

—Amaya… - Susurró llevando una mano a la cabeza de la niña para acariciarla, mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios, pues ella era la única que lo hacía sonreír.

—¿Te la llevarás contigo verdad? – Le habló Inoichi de forma algo seria, aunque se notaba también afectado por la muerte de una de sus hijas.

Gaara asintió con la cabeza.

—Así es, es mi hija y ahora que ya no tiene a su madre quiero cuidar de ella, aunque vaya a ser un poco difícil – Respondió sin dejar de acariciar el cabello rubio de su hija.

Inoichi sólo asintió con la cabeza, pues Gaara tenía toda la razón, la niña ahora más que nunca necesitaba a su padre.

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—¡Demonios, es la hora de la telenovela! – Gritó la joven mientras entraba corriendo a su departamento y detrás de ella venía otra chica más, la cual la miraba despreocupadamente.

Se quitó sus zapatos apurada y se sentó sobre el sillón, casi echándose encima de él, para que su cabeza descansara sobre el respaldar al igual que su espalda. Tenía el cabello de color castaño claro, el cual le llegaba un poco más arriba de los hombros, y tenía unos profundos ojos negros, como los ojos de un gato. Sonrió mientras tomaba el control remoto entre sus manos y encendía el televisor.

—¿Siempre tienes que ser así de efusiva Matsuri? – cuestionó la otra joven sentándose más calmadamente. Ella también tenía el cabello castaño, pero a diferencia de la otra chica éste era largo hasta su cintura, de un tono un poco más oscuro, mientras que sus ojos eran de color gris. Ella observó a su amiga mirar ansiosa la televisión mientras daban comerciales y suspiró con pesadez.

—Eso es porque no soy una amargada como tú Sari ¿De verdad crees que podría estar todo el día sin sonreír? Es mucho mejor disfrutar de la vida que quedarse sentada esperando a verla pasar frente a tus ojos – Aseguró la joven de ojos negros mientras alzaba su puño, casi como dando un grito de victoria, cosa que hizo reír disimuladamente a Sari.

—Tienes razón, pero no puedo hacer nada al respecto, desde que el idiota de mi novio me abandonó no hago más que quejarme todo el día por eso – La joven suspiró bajando la mirada, pero al cabo de unos segundos la volvió a levantar, sonriendo —. Pero ya cambiaré ¡Seré igual de alegre que tú! – Gritó poniéndose de pie y dando un salto, pero al hacerlo tropezó con la alfombra y cayó de cola al suelo, provocando que su amiga soltara una carcajada.

—¡Primero fíjate donde pisas! – Exclamó Matsuri sonriendo divertida, sosteniéndose el estómago para evitar el dolor que tantas risas le provocaban.

Sari iba a protestar, pero al verla tan sonriente no pudo hacerlo, así que simplemente sonrió junto con ella. Podía ser que la mitad de las cosas que decía Matsuri no fueran más que tonterías, pero la otra mitad eran tan acertadas que a veces pensaba que su amiga debía dar consejos a la gente o algo así, y no dedicarse a lo que era, aunque, finalmente se le daba bien lo de estar con los niños.

—Oye ¿Y cuando comienzas con tu trabajo? – Interrogó Sari poniéndose de pie, captando la atención de Matsuri —. Escuché que te llamaron de un lugar muy bueno.

—Así es, es un jardín bastante reconocido en la ciudad, la verdad es que cuando me llamaron para trabajar ahí me sorprendió, por lo general van los hijos de personas muy ricas – Comentó Matsuri desviando su atención del televisor, pues aún pasaban las propagandas y la verdad no le interesaban mucho —. Empiezo en un par de días más.

—Que bien, tal vez conozcas a un guapo padre soltero que quiera convertirte en su esposa – Bromeó Sari, ganándose un cojinazo de parte de su amiga de ojos negros.

—No digas cosas sin sentido, como si eso fuese a pasar – Dijo Matsuri riendo divertida, pues aunque adoraba las telenovelas y los romances de ese tipo, estaba segura de que eso no ocurría en la vida real, bastante bien lo había aprendido con la última relación que tuvo, la cual no está de más decir que fue un rotundo fracaso y una pesadilla para ella, pues ese hombre ni siquiera podía ser llamado como tal, le había causado mucho daño.

—Bueno, no era para que me arrojaras esto – Se quejó Sari devolviendo el cojín blanco del sofá, pero cuando llegó a ella Matsuri lo agarró con sus manos. Ambas miraron a la tele, ya que salía una propaganda que les gustaba mucho, sobre todo por aquel guapo modelo y actor que la protagonizaba.

No dejes de usar la compañía Suna, tenemos mil ofertas para ti, no te arrepentirás – Dijo con su estupenda sonrisa, tan brillante como el sol, mientras mostraba su excelente físico pues no usaba nada en la parte de arriba, y ese cabello rubio se movía con el viento.

—Ah, amo sus ojos azules – Dijo Sari algo embobada —. No puedo esperar a verlo en la próxima novela que hará, escuché que será un futbolista o algo así – Dijo con los ojos brillantes, como toda una enamorada ilusionada.

—Sí, Naruto-san es tan guapo, desearía conocerlo, o al menos tener su autógrafo – Secundó Matsuri a su amiga —. Por cierto, ya me cambié a su compañía telefónica ¿Y tú?

—Lo hice desde que lo vi en ese comercial – Respondió Sari poniendo una sonrisa triunfante, a lo que Matsuri sólo infló las mejillas porque se le habían adelantado, pero no duró mucho así pues finalmente su telenovela favorita comenzó, y en ella justamente aparecía el famoso Naruto, que era un actor revelación y que tenía vueltas locas a la mitad de las chicas del país, pues la otra mitad se desvivían por su amigo, el cantante y actor Sasuke Uchiha.

Matsuri sonrió con cierta malicia al recordar a ese otro sujeto; Sasuke tal vez le podría dar una mano.

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—¡Y corten! – Gritó un hombre mientras terminaba de fumar su cigarrillo, para luego arrojarlo a un basurero y apagado —. Bien hecho Naruto, la escena salió perfecta como siempre.

—Gracias Asuma, y por cierto ¿Alguien ha visto al teme? Quedamos de ir juntos donde un amigo – Dijo un joven alto, de cabello rubio y de ojos azul cielo, el cual sonreía mientras se secaba el cabello con una toalla, pues acababa de hacer una escena dentro de una piscina y dejaba su imponente físico al descubierto.

—¿A quien llamas teme, dobe? – Se apareció un joven de piel clara, de cabello negro azabache y algo alborotado, el cual tenía ojos negros como la noche. Era alto y se veía bastante serio, nada que ver con la forma en que sonreía aquel rubio que se notaba muy alegre y jovial. El azabache vestía completamente de negro, como si hubiese estado en algún funeral, y prácticamente era cierto.

—¡Teme! ¿Cómo estaba Gaara? ¿Es cierto lo de su ex? – Interrogó el ojiazul inmediatamente a su compañero, quien sólo sintió ira al ser llamado "teme" nuevamente, pero de igual manera decidió ignorar éste hecho.

—Vengo del funeral ¿Eso te dice algo? – Fue la fría respuesta del joven azabache —. Gaara no se veía muy afectado, sin embargo tiene ahora un problema un poco más grave.

—¿Te refieres a su hija?

Sasuke asintió con la cabeza.

—Bueno, Gaara-san deberá cambiar un poco su forma de vida si piensa quedarse con la niña – Comentó un muy despreocupado Asuma, mientras tomaba otro cigarrillo de la pequeña cajita que después guardó entre los bolsillos de su chaleco.

—Dijo que hoy prefería quedarse con ella, que se cancela la reunión de ésta tarde – Informó el azabache antes de darse la vuelta, pero un molesto grito lo hizo detenerse en seco.

—¡Sasuke-kun! – Vio junto a la puerta a una joven de cabello rosado, el cual era largo y caía hasta su cintura. Tenía dos bellos ojos de color jade, pero esa molesta sonrisa le quitaba todo su atractivo, ya que no hacía más que fastidiarle la existencia con tanto "Sasuke-kun" de aquí para allá. Ella era su fan número uno, pero la conocía desde antes de hacerse famoso.

—Prepárate para un horrendo día de campo teme – Dijo Naruto con una pequeña risita de burla, mientras veía a la chica agitar su mano graciosamente tratando de captar la atención del moreno, el cual sólo deseaba ser tragado por la tierra, prefería eso a tener que comer la horrenda comida de Sakura Haruno.

—Cállate dobe – Fue todo lo que dijo Sasuke antes de alejarse.

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Despacio abrió sus ojos de color aguamarina, quitándose un mechón de cabello rubio de su cara. Se sentó en aquella cama, refregando sus ojitos a la vez que trataba de distinguir el lugar donde se encontraba. Era una habitación amplia y de colores sobrios, pero bastante acogedora a pesar de que se veía un tanto fría, como si le faltara la calidez de un hogar.

—¿Papi? – Preguntó la pequeña niña mirando para todos lados. Sus mejillas tenían marcadas las lágrimas que había llorado durante horas, desde que su tía Ino le había dicho que su mamá ya no iba a volver —. ¿Papi? – Volvió a preguntar, comenzando a derramar lágrimas otra vez.

Justo en ese momento él apareció por la puerta, se veía algo preocupado y se acercó a la niña que lloraba ya fuertemente. La abrazó, sentándose a su lado.

—Papi… mami ya no está… - Comenzó a decir la pequeña rubia, sin poder detener su llanto. Gaara comenzó a acariciar el cabello de su hija, esa niña que parecía una verdadera muñequita de porcelana.

—Lo sé, pero papá está contigo, no te preocupes – Aseguró el pelirrojo, aunque usualmente no era un padre modelo, no era el hombre que se la pasaba abrazando a su hija y que estaba mucho tiempo con ella, desde que se había divorciado apenas la veía, pero esto era distinto, ella ahora sólo lo tenía a él, porque no iba a dejarla ni con sus tíos ni con su abuelo, ella era su hija y de nadie más.

La pequeña se abrazó con fuerza a su padre, tratando de encontrar en él un consuelo para la pérdida de esa mujer que sería irremplazable en su vida.

Gaara no sabía ni como sentirse, era cierto que no estaba enamorado de Sayuri, jamás la amó, sólo se había casado con ella porque esperaba a su hija, pero pasado un tiempo ninguno de los dos soportó más la presión de aquella relación forzada, resolviendo divorciarse al final, pero a pesar de todo ello él no sabía que iba a hacer sin ella ¿Cómo se encargaría de su hija? No podía estar con ella todo el tiempo, así que sin más que hacer decidió que lo mejor sería inscribirla en alguna escuela, además ella ya tenía cinco años, debía asistir de todas formas, eso le facilitaría un poco las cosas.

Supongo que mañana me haré cargo de todo eso – Pensó tratando de calmar a su hija, la cual aún no dejaba de llorar.

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El despertador sonaba más fuerte que nunca, como si alguien lo estuviera azotando contra el piso. Gaara se dio una vuelta en la cama, tratando de ignorar aquel molesto ruido que no le permitía seguir con su siesta, sin embargo pareció recordar algo de golpe, haciendo que sus ojos se abrieran de par en par.

—¡Amaya! – Gritó saltando de la cama. Era cierto, ya no estaba solo en su departamento, ahora tenía a Amaya viviendo con él, y se suponía que debía estar durmiendo como un angelito a su lado y no destrozando su despertador -. ¿Qué estás haciendo Amaya? – Preguntó en tono de regaño, mas sólo vio a la niña sonreír de forma traviesa.

—Esta cosa iba a despertar a papi, papi tiene que dormir – Respondió con inocencia. Gaara primero la miró en silencio, tratando de entender si debía sentirse enojado o halagado por lo que acababa de suceder, pero fuese como fuese, en ese preciso instante su despertador murió.

—Amaya, será mejor que vayas y te des un baño, papá hoy te llevará a inscribirte a la escuela – Dijo en tono de seriedad. Vio a su pequeña asentir con la cabeza y salió corriendo al baño, dejando tirado el aparato que solía tener la forma de un mapache, pero que ahora parecía cualquier cosa menos eso. Se agachó y lo recogió, mirándolo con cierta tristeza -. Te extrañaré amigo…

Después de darse una ducha rápida en el baño de su habitación, Gaara salió hacia la sala, esperando encontrar a su hija ya lista, pero había un enorme problema en todo esto, algo que había olvidado por completo.

—Papi, no tengo ropa – Le comunicó Amaya en cuanto salió del baño, cubriendo su pequeño cuerpo con sólo una toalla blanca que era tan grande que le cubría hasta los pies. Gaara la miró y suspiro ¿Dónde hallaría una tienda de ropa para niñas a esta hora? Porque en ir a buscarla a casa de Sayuri, más rápido le resultaba ir a comprar.

—Tranquila nena, yo… voy a comprarte algo y ya regreso… - Avisó antes de tomar sus llaves y salir hacia afuera, pero sólo pasó un segundo para que regresara —. Y por favor no toques nada, no me tardaré – Dicho esto, cerró la puerta y bajó corriendo las escaleras.

Después, a medio camino del estacionamiento, recordó que tampoco tenía nada de comer para su hija, después de todo él jamás desayunaba en casa, lo hacía en la empresa. Corrió hacia su automóvil, un BMW Z4 de color rojo y lo encendió, partiendo lo más rápido que pudo.

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Estaba caminando por las calles de la ciudad, debía verse muy bien en su nuevo trabajo, el cual comenzaba en unos días, así que las bolsas que llevaba en sus manos debía cuidarlas muchísimo, porque llevaba todo lo que había comprado con sus ahorros. Sabía que sólo los niños la verían, pero como era un lugar tan lujoso estaba al tanto de que debía ir presentable y ella no tenía nada adecuado en su guardarropa. Todavía no podía creer que sería una profesora de jardín de niños.

—Ah, ya quiero que llegue mi primer día, seguro será genial trabajar con tantos niños lindos – Se decía risueña, atravesando la calle con la luz correspondiente, sin embargo alguien no respetó dicha regla, un auto de color rojo venía a toda velocidad hacia ella.

Matsuri vio pasar su vida en un segundo, cerrando sus ojos y quedándose paralizada en aquel sitio, muerta del miedo, pero aquella persona se detuvo justo a tiempo, dándole un ligero golpe en la cadera que la hizo caer al suelo, dándose un golpe en la cabeza que la dejó literalmente, sin sentido.

El hombre que conducía el automóvil rojo se bajó desesperado al ver lo que acababa de hacer, había atropellado a una pobre chica. Toda la gente que estaba por ahí se había acercado a "curiosear" mientras que él, se sentía de lo peor ¿Y si la había matado?

—Oye… ¿Estás bien? – Preguntó casi corriendo a donde ella se encontraba tirada en medio de la calle. Había sido una pregunta estúpida, era obvio que no estaba bien puesto que él la acababa de atropellar, pero no había podido idear una frase mejor. Se agachó junto a ella, sus ojos aguamarina observaban preocupados su estado, sin embargo se alivió al darse cuenta de que ella aún respiraba, a fin de cuentas Sabaku No Gaara no sería condenado por homicidio.

Y más que eso… algo en ella le llamó demasiado la atención; era una muchacha muy bonita.

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Se despertó con cierta pesadez. No había tenido la mejor de las noches y ahora sólo quería darse una ducha y marcharse a trabajar, pero por extraño que pareciese no podía moverse con total libertad, puesto que había alguien más ocupando el espacio libre de su cama.

—¿Qué demonios? – Se preguntó Sasuke con el ceño fruncido, mientras que se sentaba sobre la cama y miraba hacia su costado para ver con quien carajos había amanecido. Muchas veces le había sucedido, se acostaba con una que otra chica en una noche de copas, -y claro aprovechando su fama y arrastre- pero al día siguiente no recordaba muy bien de que había ido todo, así que esperaba verle la cara a su compañera de cama aunque sea para acordarse de que alguna vez en su vida se acostó con ella, sin embargo lo que vio lo dejó con la boca abierta.

Allí, entre sus sábanas y con su cuerpo totalmente desnudo, se encontraba dormida Sakura Haruno, con su larga cabellera rosada esparcida por el colchón. Sasuke no sabía que demonios hacer ¿Cómo había sido capaz de acostarse con ella? Ahora sí era definitivo, jamás se la sacaría de encima, esa chica le perseguiría eternamente.

—Oh rayos, será mejor que me vista y ella no se de cuenta de que me fui – Se dijo en voz baja, lo último que quería era despertarla y que ella se lanzara a sus brazos. No era que la chica no le gustase, Sakura era una mujer muy guapa, pero el problema estaba en su doble personalidad, ella era una persona demasiado obsesiva, por lo tanto lo mejor desde ahora sería mantenerla lejos.

Se levantó con cuidado de la cama y se dirigió al baño.

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Estaba que golpeaba y golpeaba su pie contra el suelo mientras esperaba en aquella sala del hospital. Había tenido que traer a la chica en cuestión al hospital lo más rápido posible, no quería que le fuese a pasar algo, por eso ahora se encontraba esperando al médico para que le dijera como había ido todo con ella.

Cuando vio como el doctor se le acercaba, él camino hacia el hombre con mirada algo impaciente.

—¿Cómo está la muchacha? – Quiso saber en tono demandante. El doctor simplemente se acomodó sus anteojos cuadrados y le miró de forma seria pero tranquilizadora.

—Ella está bien, sólo sufrió un golpe algo fuerte en la cabeza y en la cadera, pero no pasará de unos cuantos moretones y dolor por unos días – Explicó el hombre, logrando así que Gaara se destensara por completo, pero ahora venía lo difícil, debía arreglar las cosas con esa chica para que no lo fuera a demandar por haberla atropellado, pues a pesar de haberla traído al hospital y todo ¿Quién le aseguraba que ella no era vengativa?

—Y está despierta supongo.

—Pues supone mal, la chica sigue dormida por los calmantes que le pusimos, no puede ver a nadie en este momento – El doctor se alejó luego de dar la respuesta, por lo que Gaara suspiró resignado, si no podía verla entonces no tenía nada más que hacer aquí.

Fue entonces que su celular comenzó a sonar, así que lo atendió de mala gana.

—¿Bueno?

¡Gaara! Desgraciado ¿Cómo te atreviste a dejar a la niña sola y sin nada que vestir? ¡Eres un desalmado! – Escuchó la voz histérica de su ex cuñada Ino. Sus ojos se abrieron como platos, recordando que había dejado a Amaya sola en casa, y aún no le llevaba nada que vestir.

—¡Maldita sea! – Exclamó enfadado consigo mismo, corriendo hacia su auto como si fuese un rayo.

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Naruto estaba en el gimnasio, levantando unas pequeñas pesas de mano, mientras que su representante Iruka le leía su itinerario del día. A veces era un poco aburrido tener todos los días planeados, la rutina era muy estresante, deseaba de vez en cuando escapar de eso y vivir un día normal, como el de cualquier otra persona, pero esto se había ganado por convertirse en un actor famoso.

—Y a las diez tienes una entrevista en el programa de Gai – Le terminó de leer Iruka. Naruto sólo suspiró, que aburrido más entrevistas.

—De acuerdo, estaré listo – Respondió sin más, levantándose para tomar una botella de agua y arrojarla sobre su cabello rubio.

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Gaara abrió la puerta de su departamento lo más rápido que pudo, encontrando dentro a Ino, quien ya había puesto un vestido a su hija. No entendía que demonios hacía la rubia en su casa, pero eso no le saldría barato, esa mujer era capaz de gritarle de todo, sobre todo que era un padre irresponsable ¿Y que podía hacer? No estaba acostumbrado a esto, pero tampoco estaba dispuesto a dejarle a su hija a cualquiera.

—Gaara, no puedo creerlo ¿Se puede saber que estabas haciendo? Eres un…

—Irresponsable, ya sé – Terminó la frase el pelirrojo, entornando los ojos con enojo. Estaba cansado de que Ino se metiera en sus cosas, siempre lo hacía desde que la había conocido, era una mujer hartante —. Mira Ino, yo sé perfectamente lo que hago y sé como cuidar a mi hija, así que mejor vete, ni siquiera sé como llegaste.

—Vine porque la niña me llamó por teléfono – Respondió Ino aún enojada, no entendía como Gaara podía ser tan descarado para despreocuparse así de su hija y encima reclamarle a ella por cuidarla mejor —. La dejaste sola y ella me llamó asustada.

—¿Estabas asustada princesa? – Gaara ignoró a la rubia que lo miró con indignación. Se acercó a su hija y la abrazó, mientras notaba las lágrimas en los ojos de la pequeña —. Perdóname, papá tuvo un asunto que atender, pero prometo que no volverá a pasar.

—Asuntos que atender, seguro eran con mujeres – Masculló Ino, pues esos eran los únicos asuntos que tenía Gaara, por culpa de sus aventurillas su hermana había sufrido un montón, porque Gaara se la vivía engañándola como si no hubiese mañana, seguramente esas mañas no se le habían quitado aún.

—Mira Ino, deja de meterte en mis asuntos, y sobre mis aventuras, tú eres la menos indicada para hablar – Ino se quedó callada ante esas palabras, no le convenía seguir soltando la lengua o le podría ir muy mal, sabía que Gaara era capaz de decir todo lo que sabía y eso no sería bueno si lo llegaba a oír su esposo Sai.

—Papi, estaba asustada porque no venías – Le dijo Amaya escondiendo su pequeña carita en el pecho de su padre. Gaara la abrazó más fuerte, levantándola entre sus brazos y subiéndola al sofá.

—Lo siento, nunca más te dejaré sola princesa, papá te lo promete – Le dijo con una sonrisa, secando las lágrimas de su hija con sus manos.

Ino lo miraba fijamente, tal vez cuando quería podía ser un buen padre, pero eso no quitaba el hecho de que la había dejado sola, aunque sólo por esta vez se lo dejaría pasar, pero ya vería Gaara si volvía a hacer algo como eso, entonces no dudaría en pedir la custodia de su sobrina.

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Sus ojos se abrieron con pesadez y muy despacio, pero en ese mismo instante sintió como si le hubiesen golpeado en la cabeza con un mazo o con algo muy pesado, pues verdaderamente dolía demasiado.

—Auch… ¿Qué me pasó? – Se preguntó llevándose una mano a su frente, en donde notó un pequeño parche que al parecer cubría una herida. Volvió a cerrar los ojos con fuerza; había sentido un intenso dolor en la cadera al tratar de levantarse y ahora sólo podía esperar a que éste cesara.

—¡Matsuri! – La voz escandalosa y a la vez preocupada de su mejor amiga le taladró la cabeza de un momento a otro. Abrió los ojos y la vio llorando a moco tendido mientras aparecía por la puerta, al parecer estaba muy alterada —. Matsuri ¿Cómo estás? ¿Te duele algo?

—Me duele todo… - Respondió débilmente la castaña, más por el dolor que por cualquier otra cosa —. ¿Qué fue lo que sucedió?

—Te atropellaron, un sujeto que no respetó el semáforo ¡Pero si lo veo lo asesinaré por irresponsable! – Exclamó enojada Sari, empuñando una de sus manos al tiempo que la enferma cerraba nuevamente los ojos, quejándose por el dolor de su cabeza.

—Por favor no grites, eso me hace sentir peor.

—Lo siento – Se disculpó Sari algo apenada, bajando la mirada y su tono de voz para no seguir incomodando a su amiga —. ¿Pero estás bien no es así?

—Eso creo, fuera del dolor que tengo creo que estaré bien – Aseguró la ojinegra sonriendo levemente, a lo que su mejor amiga la abrazó volviendo a llorar. Eran prácticamente hermanas, desde pequeñas habían estado juntas en todo, era normal que se preocupasen tanto la una por la otra.

—Menos mal, me asusté tanto cuando llamaron al departamento diciendo que alguien te había atropellado, ya pensaba yo que me había quedado sin Matsuri para siempre – Gimoteaba la castaña de cabello largo, a lo que Matsuri sólo la pudo abrazar también para agradecerle todo lo que su amiga hacía por ella.

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—¡¿Dónde está? – Gritaba Iruka corriendo por todos los lugares de aquel estudio de grabación, en tan sólo cuarenta minutos saldrían al aire en un programa de televisión y su estrella no estaba por ninguna parte, Naruto se había esfumado y no lo encontraba en absolutamente ningún lugar —. ¡Naruto! – Exclamó furioso.

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—Al fin tengo un tiempo de relajo – Se dijo Naruto mientras se ponía un par de anteojos de sol y así cubrir su famoso rostro de la gente que había en aquella calle.

Estaba vestido extrañamente, pues a pesar de que hacía muchísimo calor él usaba una cazadora que le cubría hasta el cuello, además de aquellos lentes y una gorra de color anaranjado. Algunas personas le miraban con sospecha, pero al parecer nadie se daba cuenta de que se trataba de una estrella súper famosa.

—Que bien que no se den cuenta, sino me estarían persiguiendo por todos lados – Susurró para sí mismo. Miró hacia todos lados como tratando de ver si nadie lo estaba vigilando y luego de eso comenzó a caminar.

Estaba un poco cansado de tanto flash y tantas cosas, su trabajo era muy pesado y necesitaba un pequeño descanso.

Iba algo distraído por la calle, por lo que sin querer chocó con una persona y tiró algunas cosas que ésta llevaba.

—Oh lo siento – Se disculpó apenado. Se agachó para ayudarla y de pronto una blanca mano se apoyó sobre la suya, pero se alejó enseguida. Levantó la mirada y notó a una hermosa chica de largo cabello negro, que poseía unos ojos de color perla increíblemente hermosos.

Naruto sintió algo extraño en ese momento, un pequeño temblor por todo su cuerpo; nunca había visto a una joven tan bonita, ni siquiera esas que trabajaban con él en las novelas y los comerciales.

—Oye… que ojos tan bonitos – Le halagó sin darse cuenta, provocando que las mejillas de la misteriosa chica se ruborizaran, aunque le parecía un poco raro recibir ese tipo de comentarios por parte de alguien que iba vestido de esa manera.

—Etto… g-gracias – Susurró muy bajito. Levantó todas sus cosas rápidamente, eran unas cuantas carpetas y cuadernos, se veía muy nerviosa. Se levantó de golpe, pasando a llevar a Naruto y tirando al suelo sus anteojos de sol, por lo que claramente le pudo ver el rostro —. T-tú eres…

—Shhh, por favor no lo digas – Le detuvo el rubio, no quería que todos se enterasen de quien era él, eso sería demasiado problemático —. Sí soy yo, pero por favor no digas mi nombre en voz alta.

Ella estaba totalmente sorprendida ¿Cómo había podido tropezarse con una estrella famosa en la mitad de la calle? Y además de todo ese, justamente él, ese actor que tanto le gustaba.

—Oye hagamos algo – Naruto sonrió de esa forma que tanto le gustaba a las chicas, con ese brillo especial que sólo él y nadie más que él poseía —. ¿Me podrías decir tu nombre?

—S-soy Hinata – Respondió la ojiperla bajando la mirada, ya que Naruto aún seguía arrodillado. Él se puso de pie y le extendió su mano a la chica, quien se sentía cada vez más nerviosa.

—Mucho gusto en conocer te Hinata, soy Naruto, je – Se presentó alegremente, y ella no pudo hacer más que estrechar su mano.

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Ya era bastante tarde y Gaara estaba viendo la televisión junto a su hija, aunque la pequeña Amaya se había quedado dormida sobre sus piernas. El pelirrojo la observó fijamente; era una niña tan tierna y linda, no tenía nada que ver con su madre ni con su tía, eso era un alivio.

Nunca se había preocupado realmente por su hija y ahora es que se daba cuenta, no sabía cómo cuidarla correctamente, incluso la había dejado sola en casa durante la mañana, porque había atropellado a una chica que… ¡Por Dios, la chica!

—Mierda – Exclamó de pronto, recordando que debía regresar al hospital para ver a esa chica. Como Amaya estaba dormida no podía despertarla, así que la tomó entre sus brazos y la llevó a la habitación para acostarla, así aprovecharía de pasar a recoger todas sus cosas a la casa de su madre —. Amaya, prometo no tardar, papá regresará pronto – Susurró besando la frente de su pequeña para luego alejarse, apagando la luz del cuarto y cerrando la puerta.

Salió del edificio y rápidamente subió a su auto, dirigiéndose al hospital general para poder averiguar algo de la pobre jovencita que había atropellado.

Al llegar a su destino se acercó de inmediato a la recepción, esperando averiguar algo de ella, a pesar de que no sabía su nombre, pero al fin y al cabo podía preguntar por la persona atropellada que habían traído esta mañana.

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Matsuri estaba tratando de cerrar sus ojos, ya el dolor de su cuerpo había disminuido bastante y ahora sólo quería descansar, pero unos golpes a la puerta del cuarto le impidieron hacerlo. Notó como ésta se abría, dejando ver ante sus ojos a una persona totalmente desconocida, pero que aún así, provocó algo muy dentro de ella.

Su corazón se aceleró de pronto, mientras observaba esos ojos aguamarina y aquel cabello rojizo como el fuego. Se sintió avergonzada ¿Quién podía ser él?

—¿Eres Matsuri? – Preguntó el hombre mientras la miraba fijamente, dándose cuenta de las curaciones que ella tenía y notando también su hermosa cara, esos ojos tan negros como la noche y esos bonitos labios rojos. Vaya, había atropellado a una muchacha preciosa —. Disculpa, yo soy Gaara, soy quien… te atropelló.

—¿Eh? – La castaña bajó la mirada, así que había sido él el desgraciado, pero por otra parte le parecía lindo que estuviera aquí, cuando cualquier otro podría haberse largado sin hacer nada, huyendo de su culpa.

—Lo siento mucho, estaba muy apurado y… de verdad perdón – Se disculpó Gaara totalmente apenado, no podía creer que había hecho daño a una persona como ella, de verdad había sido un error y tenía que disculparse como fuera, no quería ganarse el odio de una chica tan bonita —. Te juro que no fue mi intención hacerlo.

—Está… está bien… - La joven bajó la mirada, la verdad era que a pesar de saber que él la había atropellado no podía odiarlo, le parecía una persona tan agradable, un hombre en todo el sentido de la palabra —. Yo no estoy enojada, sólo lamento que mis cosas se perdieran, ya que eran para mi trabajo, pero al menos estoy bien y eso es lo importante – Sonrió dulcemente, dejando al pelirrojo sorprendido.

¿Por qué esa chica le sonreía de aquella hermosa forma cuando él había sido quien le causó tanto daño? No podía entenderlo, ¿cómo podía ser así de linda?

—No debes preocuparte por tus cosas, yo te pagaré todo lo que perdiste – El pelirrojo sacó del bolsillo de su saco una pequeña tarjeta de presentación, para luego entregarla a las manos de la chica que lo miraba algo sonrojada. Cuando sus dedos se toparon, una pequeña corriente eléctrica les recorrió los cuerpos a ambos, por lo que Matsuri separó la suya bruscamente —. Cuando salgas llámame y yo te enviaré el dinero para reponer todo lo que perdiste ¿Ok?

Ella sólo asintió con la cabeza, para verlo salir luego del cuarto. Se recostó sobre su cama y soltó un suspiro, mirando la tarjeta que tenía en su mano, la cual llevó cerca de su corazón.

—Él… él era muy lindo… - Se dijo sonriendo levemente, parecía una tonta, en lugar de estar molesta estaba suspirando como una enamorada.

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Gaara subió a su auto y se puso su cinturón de seguridad, mientras pensaba nuevamente en la sonrisa de esa muchacha. Sin darse cuenta él también sonrió, ella era tan agradable que logró lo que hace tiempo nadie conseguía en él; sacarle una sonrisa sincera.

—Bien, tengo que ir por las cosas de Amaya – Se dijo antes de encender el motor del automóvil. Si no se daba prisa se le haría muy tarde, incluso podría ser que Amaya se despertase, a pesar de que le había pedido a la conserje del edificio que la fuese a mirar mientras él no estaba ¿Pero quien sabe que podía pasar con esa niña traviesa?

Lo mejor era que se diera prisa y regresara a casa cuanto antes.

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Sus pequeños ojitos de color aguamarina se abrieron despacio. Se sentó sobre la cama haciendo que la cobija que la cubría se cayera un poco. Se talló su ojo derecho, notando que estaban todas las luces apagadas.

—¿Papi? – Preguntó sin obtener respuesta, aún medio dormida —. ¿Papi? – La pequeña se bajó de la cama que era bastante alta para ella, así que tuvo que dar un saltito. Se puso sus zapatos, pues su mamá le había dicho que si estaba sin ellos se podría resfriar, y luego de eso partió hacia la sala —. ¡Papi! – Exclamó contenta al ver a su padre dormido frente al televisor.

Se lanzó a sus brazos despertándolo al instante, haciendo que Gaara diera un pequeño salto por la sorpresa.

—Amaya… ¿Pasa algo? – Preguntó mirándola con preocupación, pensando en que se había hecho daño o algo, después de todo su pequeña tenía lágrimas en los ojos, pues había llorado sin darse cuenta.

—No papi, es que pensé que te habías ido de nuevo – Fue su respuesta, mientras se acurrucaba en los brazos de su padre. Gaara se sintió extraño, nunca se acostumbró a esas demostraciones de cariño ¿Pero que más daba? Se trababa de su hija. Simplemente rodeó su pequeño cuerpecito con sus brazos.

—No me iré de nuevo hija, te lo prometo – Le contestó, cerrando sus ojos mientras acariciaba los dorados cabellos de dulce su nena.

De ahora en adelante daría su mejor esfuerzo para hacerla feliz, aunque no supiera ni como cuidar de ella, lo lograría.

Continuara…

Avance:

Gaara necesita con urgencia un colegio para su hija, así que recomendado por Naruto la inscribe en cierto lugar, sin sospechar que se encontrará con una persona muy especial, que cambiará para siempre su vida. Kankuro y su esposa llegan a Japón, en donde él conoce a una chica que sin quererlo se irá metiendo poco a poco en su vida. Ino hará de las suyas para importunar a Gaara y, Matsuri por fin comenzará su nuevo trabajo, sin saber que ahí sus sueños de encontrar el verdadero amor podrían hacerse realidad.

Próximo capítulo: Y llegaste a mi vida

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Bueno pues, espero que hayan disfrutado este primer capítulo, porque para mí fue muy divertido escribirlo.

¿Verdad que Amaya es toda tierna y linda? *w*

¿No se ve lindo Gaara con una hija? xDD Ya veremos como se las arregla solito, ya le costó la cosa xD

Vaya forma de conocerse, Gaara tan distraído y con tantas preocupaciones, no tenía nada mejor que hacer que atropellar a su futuro amorcito jajaja.

Y bueno, la sorpresa que comenté arriba es que, como estuve leyendo sus comentarios en e final de "Por Ti" me han animado mucho, y algunos me han dado ideas, así que sólo les puedo decir, muy pronto habrá una segunda temporada, pero por ahora no adelanto nada ^^

¡Nos leemos!

¡Bye!