Junjou Romantica no me pertenece


El hospital, usualmente tranquilo había caído en un silencio tranquilo, como si estuviera esperando. Algunas personas estaban fuera en los pasillos, esperando ver al paciente dentro de alguna habitación, no había ninguna que se pudiera destacar. Junto a la puerta de una habitación, un joven castaño, de unos veinte aparentemente, aunque su apariencia no concordaba con la de un joven apenas comenzando su vida, las ojeras enmarcaban sus ojos verde esmeralda apagados, como si pudiera echarse a llorar en cualquier momento, pero era bastante fuerte como para no hacerlo, por lo menos no ahora.

Un doctor salió de la habitación del paciente, de las pocas personas frente a él, busco al joven, este ya levantado miro directamente a los ojos del otro, buscando esperanza, lo que recibió fue una seña negativa, seguido por la voz pausada e ensayada que salía de su boca cada que daba una mala noticia.

─Lo siento, no le queda mucho─

El joven se quería desmoronar, su interior era un mar de emociones confusas, quería llorar, gritarle al doctor, golpearlo en la cara e obligarlo a decir que sus últimas palabras solo era una muy cruel broma, pero, él sabía que no. Apretó con fuerza sus puños hasta que ya no hubo sangre en sus nudillos.

─Me pidió que pasaras─

Nadie objeto, todo el mundo sabía que si alguien merecía ver al enfermo, era el castaño. Con miedo, empujo la puerta y su mirada se posó en la blanca cama en el centro de la habitación, donde un hombre con bata blanca, palidez fantasmal y rostro demacrado se encontraba descansando, todo él estaba conectado a diferentes aparatos. El joven utilizo todas sus fuerzas para poner una sonrisa en su rostro, por más que quisiera, no iba a llorar.

El hombre abrió con lentitud sus ojos percatándose de la persona a su lado, y dio una débil pero completamente sincera sonrisa.

─Hola─ Dijo el recién llegado, acercando una silla a la cama y tomando asiento

─Hola─ Le contesto en un susurro el otro –Me alegra verte Misaki─

Al escuchar su nombre tembló un poco, no dijo nada, no es porque no quisiera, es que no sabía cómo comenzar, las palabras en su mente se confundían dejando mil pensamientos a la deriva, ni uno terminado.

─Ya es hora─ Dijo el enfermo escritor

El castaño abrió sus ojitos con sorpresa, como un niño incrédulo, miro en dirección a los ojos de extraño liliáceo, ni una pizca de duda se asomaba en ellos.

─No, no digas eso, aún no tienes nada asegurado, los doctores dicen que te estas recuperando rápido─ Habló, nada de eso sonó convincente.

─No mientas─ Le dijo –Nunca fuiste un buen mentiroso─ La sonrisa aún no se iba de su cara

Misaki se había transformado en un niño de nuevo, en el niño de ocho años que trataba de ser fuerte por su hermano tras la muerte de sus padres. Tenía que ser fuerte otra vez, pero era demasiado.

El escritor, usando las pocas fuerzas que le quedaban en su cuerpo, alcanzo la mano del más joven y la tomo, cariñosa y gentilmente, como siempre lo había hecho.

─Quería darte las gracias─

Una expresión confundida recibió como respuesta.

─Por todo, Misaki, no me arrepiento de nada, eres la única razón de que no me haya ido antes─ Le dijo con una voz llena de cariño

Ante esas palabras, las lágrimas comenzaron a correr por su rostro involuntariamente, el hombre hizo uso de su mano libre para alcanzar el rostro del joven, y limpiar sus lágrimas.

Su vida fue corta, y la mayor parte de ella solitaria, no esperaba el momento para dejar ese mundo tan poco interesante, pero la llegada de ese mocoso a su vida le hizo desear quedarse por siempre, a su lado, ese pequeño era su estudiante, su inquilino, su mejor amigo y compañero, estuvo en sus mejores momentos, y ahora estaba con él, en sus últimos. Su Misaki.

─Te amo─ No había palabras que resumieran mejor sus sentimientos, y hasta eso, no era suficiente.

El castaño sujeto fuerte la mano de su pareja, tratando de retenerlo, solo un poco más, solo un poco más…

─También te amo─ Sonrió tristemente y beso con amor la mano del mayor –Perdóname por no decirlo mucho-

Este sonrió lleno de felicidad, no había nada que perdonar, él siempre lo supo.

Dio un suspiro, y así, silenciosamente, dejo este mundo.

Misaki jamás se había sentido tan solo, por fin, se desmorono. Un alarido de dolor salió de su garganta y dejo de ser fuerte.


No actualizo en mucho tiempo y escribo esto. Soy una mala persona, lo sé. Y lo siento, lloré mucho mientras escribía esto.

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