Hola! Luego de recibir una extraña inspiración me decidí a publicar este fic. Resulta que me basé en un principio en la historia de Nuestra Señora de París...pero sólo en algunos detalles. Espero que este primer capítulo sea de su agrado. Ni Soul Eater me pertenece ni tampoco la historia escrita por Victor Hugo, sólo este pequeño fic. Como siempre no tengo una idea de qué tan largo será, podrían ser 3 capítulos, 4, 9, 13, etc…

La bruja y el demonio

Capítulo 1

Asilo

La ciudad de París vivía un día de mercado como cualquier otro. En la iglesia, el sacerdote, un hombre mayor y tranquilo caminaba entre las bancas, mirando a su alrededor. Pintaba para ser un día sin novedad, como cualquier otro puede serlo en la bella Notre Damme. El sacerdote, se preguntaba si estaba a tiempo para limpiar antes de la misa al día siguiente, cuando en las afueras se escuchó un gran alboroto. Las puertas de la catedral se abrieron de un momento a otro y se cerraron con rapidez. El hombre caminó hacia ellas, viendo a una chica que corría rápidamente por el pasillo. Se acercó y vio como la chica tropezaba, cayendo arrodillada frente a él. Era delgada y bajita. Ella levantó la cabeza y enseguida la agachó de nuevo. Arrodillada como estaba, pronunció la que quizás era la palabra más complicaba que hubiera dicho alguna vez en su vida.

-A…asilo…

El hombre se mostró incrédulo.

-¿Qué dices, hija?

-Asilo…asilo…- lo repitió dos veces, ahora de forma suplicante, olvidando la vergüenza. El buen hombre caminó hacia las puertas. Las entreabrió únicamente lo suficiente para salir, y enfrentar a unos soldados que permanecían vigilando la entrada.

-Padre…-comenzó uno de ellos, respetuosamente- sólo cumplimos nuestro deber. Entregue a la chica.

-¿De qué se le acusa?

-Ella es- el soldado se acercó un poco más, y lo dijo en voz baja, como si tuviera miedo- es una bruja, padre.

El sacerdote se mostró molesto.

-No haré semejante cosa ¿Bruja, esa jovencita?-frunció marcadamente el ceño- Además ha pedido asilo. Como representante de Notre Damme debo concedérselo.

Los soldados se miraron unos a otros, y finalmente asintieron, no sin cierto escepticismo. El sacerdote entró de nuevo al templo.

Al acercarse al pasillo, lo primero que vio fue que la chica seguía inclinada, justo como él la había dejado.

-Hija, levántate-ordenó con tranquilidad. La chica se puso de pie lentamente.

-Gracias…

-Dale Gracias a….

La chica miró a su alrededor y luego lanzó un suspiro.

-Perdóneme.

El hombre sonrió de lado. Casi se vio posibilitado de leer el pensamiento de la chica. Por algo decían que era una bruja.

-No tengo porqué- repuso el sacerdote- no te puedo obligar a creer.

Ella miraba hacia el piso. Uno de sus labios tembló. Su vestido sucio y una pesada y gastada bolsa parecían ser sus únicas posesiones.

-¿Soy una bruja por no creer?

El hombre la miraba con un poco de tristeza. Negó.

-Si fueras una bruja, ni siquiera hubieras podido poner un pie aquí.

Levantó la cabeza hacia él.

-Tienes tiempo, hija. Tendrás que quedarte aquí. Si pones un pie fuera, los soldados te capturarán en cuanto te reconozcan.

-Pero yo no…

-No importa lo que seas, pediste asilo y es nuestro deber dártelo.

Ella asintió.

-Lo sé, y no sabe cómo lo agradezco.

-En fin- dio una mirada a su alrededor y le hizo una señal. Se acercó a una puerta y la llamó- venga, señorita.

Tras la puerta había una gran escalera en forma de caracol. Estaba bastante oscura.

-Vaya usted. Allá arriba hay un pequeño lugar donde puede dormir. Llame a S…al campanero. Él le dirá donde, y le ayudará en lo que necesite. Iré por una antorcha.

En cuanto el padre volvió, ella estaba sumida en una profunda reflexión. La grandeza y la belleza de la catedral le habían caído encima de un solo golpe. Sería su jaula de oro.

El sacerdote le tendió la antorcha.

-Por cierto, no me has dicho tu nombre.

-Maka Albarn- ella tomó la antorcha con cuidado- gracias. ¿Podría dejar de hablarme de usted? Me incomoda.

-De acuerdo. Por el momento es todo lo que puedo hacer por ti, señorita Albarn- finalizó antes de que ella subiera por las escaleras- el campanero te dirá a qué hora estará la cena. Trata de descansar, has tenido un día difícil.

Ella obedeció. En silencio afianzó a su espalda la bolsa, y comenzó a subir las escaleras lo más tranquila que pudo. Parecían no tener fin. Parecían querer volverla loca. Cada paso que daba se le hacía un poco más difícil que el anterior. Esa escalera resultaba asfixiante en más de un sentido. Además de ser sumamente estrecha, la inclinación de los escalones era extraña, de modo que el esfuerzo que suponía para subir parecía multiplicarse considerablemente. Y la oscuridad. Una oscuridad cerrada y húmeda, únicamente interrumpida gracias a la antorcha, que dada la forma de la escalera –de caracol- sólo iluminaba tres o cuatro escalones cuando mucho. Se preguntaba qué tan alto estaría el campanario. Trató de recordar las veces que, desde la explanada, había intentado adivinar la altitud del edificio, comparándolo ahora con esta situación en la que era ella quien subía hasta esa distancia, a donde desde el suelo sólo podía ver si levantaba su cabeza hasta casi sacársela del cuello.

Siguió. Tal vez el recorrido se hacía más largo por la zozobra que había experimentado antes. Ya había considerado la posibilidad de que ocurriera en cualquier momento, tener que pedir asilo allí. Creía estar hecha a la idea. Pero al parecer no se había preparado lo suficiente para afrontar la realidad.

Finalmente, luego de un rato, encontró una puerta de madera, algo inclinada hacia abajo. Adivinó que tendría que abrirla hacia arriba y terminar de subir. En efecto, la puerta se encontraba al nivel del piso de lo que parecía ser algo así como el "ático" de la catedral.

Miró a su alrededor y subió lo suficiente para tocar el piso. Estaba algo empolvado, pero las campanas, enormes, bellas, necesitaban espacios abiertos para funcionar. La luz del sol entre las vigas la cegaron un poco al principio, pero no tardó en acostumbrarse. Se asomó tímidamente a un "ventanal". La vista era increíble.

De pronto recordó lo que estaba haciendo allí.

Se paró derecha, dejando su bolsa en el suelo.

-¿Campanero?- primero lo dijo en voz muy baja, algo temerosa, pero le gustó cómo sonaba el eco de su voz con las campanas- ¡Campanero!-repitió- ¡Campanero!

Miró a su alrededor y esperó por una respuesta. De pronto escuchó un ruido. Eran pasos. Volteó. Contrastante con la luz y la belleza de las vistas desde esa altura, había un espacio oscuro y encerrado. Había vigas entrecruzadas, debajo de las cuales se asomó una silueta, ligeramente agachada, que al parecer no tenía intenciones de salir. La silueta se enderezó.

-¿Quién anda allí?

Ella respiró profundamente. La voz sonaba como la de un joven, algo rasposa y tétrica, pero trató de reponerse a los nervios.

-Soy la señorita Albarn. El padre me pidió que viniera aquí. Tu…me dijo que tú me dirías donde dormir.

La silueta permaneció inmóvil. Ella miró a su alrededor.

-¿No piensas salir de allí?

-No…no lo haré. Vete, tú no tienes nada que hacer aquí.

-¿De qué hablas? Pedí asilo. El sacerdote dijo que podría quedarme.

Él guardó silencio un momento antes de insistir.

-Tú no quieres que salga de aquí. No podrías verme.

Ella no supo cómo responder a eso. Dio un paso adelante.

-¡No!- ella se detuvo y la silueta se puso a la defensiva- te lo advierto, niña, no debes dar un paso más.

Ella comprendió entonces que ese muchacho o lo que fuera traía algo entre manos.

-Ven, por favor. Necesito que me digas donde puedo dormir.

-Tú no quieres que salga de aquí- repitió con un poco de pesar, como si estuviera plenamente convencido de ello-Soy un monstruo.

-Claro que no…no creo que lo seas- sonrió y extendió su mano hacia él- me llamo Maka. ¿Cuál es tu nombre? No te puedo llamar "campanero" por siempre.

El muchacho dio un par de pasos hacia delante. Sus pies fueron inundados por la luz del sol, pero el resto de su cuerpo estaba aun en las sombras. Maka se acercó un poco más, aun con la mano extendida hacia él. El campanero extendió su mano, con la única intención de estrechar la de la chica, pero esta se aprovechó del agarre y lo sacó hacia la luz con toda su fuerza. Al comprenderse descubierto, el muchacho no hizo ningún esfuerzo por volver atrás. Era responsabilidad de la chica si quería verlo.

Contrario a lo que esperaba, ella no saltó hacia atrás ni gritó. Ella sentía que no tenía porqué. El campanero la miró, asombrado.

-¿No te doy miedo?- miró al suelo y cerró los puños- ¿No huirás, como los otros?

Ella negó.

-No eres un monstruo.

-Mírame bien- se tocó el cabello y la cara- soy un demonio.

Maka lo miró, vaya que sí. Era un poco más alto que ella. A pesar de las condiciones en las que vivía, se veía fuerte y bien vestido. Tenía esa boca extraña, y unos penetrantes e inquisidores ojos.

-No eres un demonio. Lo que te pasa es normal. Eres como un…conejo blanco. Solo te falta un poco de coloración, por eso tu pelo es blanco, y tus ojos rojos. Y tus dientes deben tener esa forma por una buena razón. Hasta cierto punto-concluyó ella- eres perfectamente normal. Me agradas.

El muchacho siguió mirándola con desconfianza. Ella apretó su mano y sonrió.

-Ya te dije mi nombre. ¿Tú cómo te llamas?

-Me…me llamo Soul…

-¿Soul? ¿Eso no significa "Alma"?

Ella al parecer lo encontró un poco gracioso, pero a él no le provocó ningún gesto.

-Así es- afirmó- creyeron que sería un nombre apropiado para mí. Que me purificaría.

Ella asintió, ya un poco más seria.

-Te diré donde puedes dormir.

Le pidió que lo siguiera y llegaron a una puerta. Al abrirla, se encontraron con una pequeña habitación, con una cama.

-Esto es un poco extraño- comentó ella- ¿Para qué querrían cuartos en un lugar como este?

Soul no contestó.

-No es apropiado que yo esté aquí- explicó después de que ella le dirigiera una mirada ansiosa.

-¿Tú donde duermes?

-En otro cuarto.

Luego salió y no dijo nada más. Tal parecía que no tenía intenciones de hacerlo. Al parecer era un chico de pocas palabras.

Maka se instaló incómodamente. Se sentó en la polvosa cama y cruzó los brazos. Al menos había una ventana, por donde entraba una luz que le daba al lugar un aspecto más agradable. Se negó por momentos a creer que ese fuera su nuevo hogar.

Un poco más repuesta, al cabo de unos cinco o diez minutos sacó sus pertenencias de la única y desgastada bolsa que traía. Cinco libros, que habían sido la causa de la situación en la que estaba ahora.

Al cabo de un rato, decidió salir de allí. Estaba atardeciendo y realmente no soportaba mucho sentirse tan encerrada. Salió tímidamente al campanario. Lo primero que hizo fue fascinarse por la belleza del lugar con la luz del atardecer. Se escuchaban los murmullos de las campanas mientras el cuerpo de Soul se afanaba limpiándolas, o al menos eso adivinó Maka al ver los utensilios de limpieza en el suelo. De pronto, de entre las sombras, apareció, colgando, sujetándose con un brazo de la cadena de la campana más cercana a donde estaba ella.

De un salto llegó hasta el piso. Su descamisado pecho estaba cubierto de polvo y telarañas, y su frente brillaba de sudor. Pero las campanas estaban limpias ya.

-Soul- el campanero volteó hacia ella- necesito encontrar al sacerdote. ¿Sabes dónde puede estar?

- Debe estar en la casa cural-repuso Soul- cenando.

Maka comprendió, luego de un rato, que Soul no agregaría nada más. El muchacho tomó su camisa y se la echó al hombro, y tomó las cosas que usaba para limpiar las campanas. Acto seguido, desapareció entre la oscuridad de las vigas.

Maka lanzó un suspiro. Como compañero de vivienda, sería un completo desastre.

Buscó la antorcha y la encendió no sin dificultad, pues tardó mucho en encontrar con qué encenderla. Finalmente pudo descender por las escaleras y encontrarse con el sacerdote, en la casa cural a la cual se llegaba por una puerta desde adentro de la catedral.

-¿Padre?-tocó a la puerta y ésta enseguida se abrió.

-Señorita Albarn. ¿A qué debo su visita?

-Necesito hablar con usted.

La dejó pasar al comedor y le sirvió de cenar.

-Pensaba subirte la cena más tarde. Normalmente es lo que hago con Soul.

-De eso quería hablarle- tomó un vaso con agua y bebió- quiero decirle que no quiero estar aquí sintiendo que no sirvo para nada. Creo que puedo hacer algo mientras esté aquí. Quiero ayudar.

-¿En qué quieres ayudar aquí?

-Bueno pues yo…puedo ayudar a limpiar o a cocinar, o lo que sea necesario- replicó- el hecho es…que no quiero sentir que estoy recibiendo caridad de…

Diciendo esto se quedó callada. Era como una palabra tabú, algo que no tan fácil iba a admitir.

-Entiendo tu problema, querida. Me imagino que eres…-se aclaró la garganta-no creyente, ¿No es así?

Maka no respondió en seguida. Miró su plato mientras revolvía un poco con la cuchara. Luego continuó.

-Creo a mi manera, si cabe decirlo.

Se hizo presente un silencio largo, interrumpido únicamente por el sonido de los cubiertos.

-Entonces, cuento con tu ayuda mañana para limpiar un poco antes de la misa. Debemos levantarnos temprano pero no te preocupes. Soul suele levantarse muy temprano. Si le pides que te despierte, lo hará.

-Respecto a Soul- Maka decidió aprovechar que el padre sacara el tema a la luz- me parece que no le caigo bien. Creo que sólo me ha dirigido cinco palabras en toda la tarde, y muy por la fuerza.

El sacerdote se puso de pie y recogió los platos, para ponerlos en el lavatrastes.

-Supongo que es algo normal- dijo- él no ha tenido mucho contacto humano en toda su vida. Y aparte de mí, nadie lo ha tratado nunca como a un humano normal. Yo mismo, alguna vez lo traté como un demonio- de forma pensativa tomó una esponja y comenzó a tallar los platos- Supongo que sólo tiene que adaptarse. Le caerá bien tu compañía.

Maka se lo quedó viendo desde la silla.

-¿Podría usted…contarme un poco acerca...?

-¿quieres saber más de la vida de Soul? No hay mucho qué contar. Fue criado como salvaje hasta los 5 años gracias a mi estupidez. A pesar de que después me esforcé por cuidarlo, ocurrió cierto incidente que lo hizo mucho más solitario de lo que debió haber sido. Quizás es lo único que debas saber por ahora, ya habrá tiempo de que te cuente más. ¿Qué te parece si le llevas la cena? Tendrás pretexto para hablar con él. Será bueno para ambos.

Maka asintió.

Por suerte, las escaleras de caracol habían sido iluminadas por antorchas en varios tramos (al parecer era una de las tareas de Soul), así que ella no tuvo que llevar nada para alumbrar. Llevaba la cena con cuidado mientras se preguntaba cómo le iría enfrentando al muchacho, que parecía no querer tener nada que ver con ella. Pero si iban a vivir juntos por un tiempo, tenían que encontrar la forma de llevarse bien.

Finalmente terminó de subir las escaleras y llegó al campanario. No tardó mucho en verlo ahí, mirando hacia afuera, a la ciudad, en uno de los balcones. Estaba en cuclillas, visto desde la explanada hubiera sido fácilmente confundido con una gárgola.

Maka se imaginó que ese era el lugar donde solía esperar la cena llevada por el sacerdote. Respiró profundamente y se acercó a él con decisión.

-Buenas noches, Soul kun- expresó mientras dejaba la comida a su lado- te he traído tu cena.

Soul tomó el plato y se dispuso a comer. Lo que le llamó la atención fue que Maka no tardó en tomar asiento al lado de él. Ella sintió en seguida la tensión en el ambiente, cuando Soul siguió comiendo sin siquiera voltear a verla.

-Se ve muy bien todo desde aquí- comentó, tratando de hacer plática- es verdaderamente hermoso este lugar.

Soul siguió sin hablar. Maka pensó que tal vez lo mejor era desistir de una vez por todas. Esa no era la noche en que Soul la dejaría acercarse, en definitiva.

Se iba a poner de pie hacia su nueva habitación, cuando Soul finalmente habló.

-¿Qué es lo que haces aquí?

Maka se indignó. ¿Tanto le molestaba su presencia como para echársela en cara de esa forma?

-Ya me estaba yendo, puedes cenar tranquilo- dijo, tratando de no sonar molesta- lamento haberte importunado.

-No, me refiero a…- Soul pareció haber sentido la molestia en la voz de Maka. Pero estaba tan poco acostumbrado a hablar con otras personas, que de pronto no supo exactamente qué decir- a porqué estás aquí. ¿Cómo fue que llegaste?

Maka comprendió y en seguida se sintió mal por haber malinterpretado la pregunta de Soul.

-Lo siento- repuso luego de haber emitido un profundo suspiro-estoy algo nerviosa, es la primera noche que paso aquí.

Soul no contestó y siguió mirando hacia el frente mientras comía.

-Pedí asilo para quedarme aquí- completó al darse cuenta de que Soul no diría mucho más-me estaban persiguiendo y no vi otra alternativa.

Entonces Soul volteó a verla. Quizás era la primera vez que lo hacía.

-¿De qué te acusaron a ti?

Maka respiró profundamente, y casi se ríe al contestar.

-Dicen que soy una bruja.

Soul, extrañamente, reaccionó igual, una –casi- sonrisa se dejó asomar por su pálido rostro.

-Lo lamento- repuso luego de unos minutos, cuando terminó de cenar- no debe ser fácil.

-En realidad- Maka se sentía ya más cómoda, la conversación comenzaba a tener tintes de normalidad- ya estaba hecha a la idea, hace mucho. Ya sabía que tarde o temprano me acusarían de algo.

Soul no se esperaba esta respuesta.

-Entonces, ¿De verdad eres…?

Maka lo interrumpió:

-Tú crees que eres un demonio únicamente por tu aspecto, pero eso no demuestra que lo seas, ¿No es así?- se tomó el atrevimiento- la gente me juzgó por algo que supieron de mi, y si por creer en la ciencia soy una bruja, entonces soy orgullosa de serlo.

Soul la miraba aún, pero ella no podía determinar si estaba sorprendido o asustado. Quizás ni siquiera había entendido lo que le había tratado de decir.

-Tú no pareces una bruja- dijo, después de haber guardado silencio un buen rato. Luego, por primera vez mostró una sonrisa diferente, algo cínica y fuerte, que fue para Maka como un golpe, algo que la impactó desde que la vio- eso solo te hace más peligrosa, ¿sabes? No soy tan inocente por estar aquí. Y si te digo que soy un demonio, es por algo, ¿No crees?

Maka asintió.

-Linda pareja hacemos tú y yo, ¿No crees? Una bruja y un demonio- Maka comprendió que esta vez su atrevimiento había sido demasiado. Se aclaró la garganta y sacó a la luz el tema que había estado atormentándola toda la tarde;- ¿Crees que podamos ser amigos?

-No veo que haya otra alternativa- contestó él de forma algo sarcástica. Era más mordaz y fuerte de lo que Maka hubiera podido adivinar. Se puso de pie y le dio la mano para que ella también se levantara- Ni siquiera recuerdo mi primera noche aquí. Es un poco aterrador a veces, pero no es tan malo una vez que te acostumbras.

La acompañó hasta su cuarto y dio un par de pasos hacia el suyo, pero volteó antes de que Maka se encerrara.

-Si necesitas algo, mi cuarto está por allá- dijo señalando la oscuridad entre las vigas- aunque sí es muy tarde en la noche necesitarás una vela para poder encontrarlo.

-Ya lo creo- contestó ella, mirando hacia la oscuridad- gracias, Soul.

Entonces él se mezcló con las vigas, perdiéndose ante los ojos de Maka en el tenebroso lugar.

Maka recordó que tenía que levantarse temprano al dia siguiente, pero para eso no necesitaba ayuda de Soul, en ese sentido, era demasiado disciplinada.

Ella entro a su cuarto y finalmente sintió como si estuviera en un lugar un poco más acogedor, y luego de haber guardado sus libros, se acomodó en su cama. Antes de dormir una serie de pensamientos se fueron hilando en su cabeza.

La sonrisa sarcástica de Soul se había quedado en su mente. Y su humor mordaz, cínico y sarcástico a pesar de su origen. Se preguntó si acaso ese muchacho no sería, después de todo, un demonio. Y si de alguna forma ella misma era de verdad una bruja.

Continuará…

No creo que vaya a ser una historia muy complicada y antes de que alguien diga algo tampoco me voy a meter con la religión.

Bueno, creo que es todo por ahora, un saludo, besos y abrazos de su amiga…

Yereri Ashra n.n