Batalla de Titanes 3
De Tinta Roja

Dicen que a la tercera va la vencida, que a los tres días Cristo resucitó de entre los muertos, que el número tres representa símbolos, tales como: pasado, presente y futuro; nacimiento, vida y muerte. ¿Qué podría salir mal en una tercera ocasión? Eso se preguntaban Terry y Albert que habían fracasado en dos ocasiones en donde se despojaron de sus miedos más intrínsecos y se fueron a declararle su amor a Candy a viva voz, sin importar cuán mal cantaran o lo desafinados que pudieran escucharse.

Grandchester y Andrew coincidieron una vez más en la calle que albergaba el apartamento en donde vivía la rubia. La luna estaba llena y se veía particularmente hermosa, cosa que ambos galanes tomaron como un buen augurio, mientras que se escuchaba a lo lejos el cantar de los gatos que entonaban las canciones acordes con el sentimiento que a ambos ahogaba.

-No puede ser que estemos otra vez aquí, a la misma vez... -Albert dio un resoplido acompañado de resignación.

-Parece que al malvado sino le encanta jugarnos estas bromitas estúpidas -Terry absorbió su cigarrillo con el intento de botar con el humo sus frustraciones.- Bien pudo el Universo ponerme a competir contra un galán más interesante que tú.

-¿Qué dices, pendejo? Esta vez vine en son de paz, pero... ¡puedo ofrecerte estadía gratuita en el hospital!

-Ya... Ya. Tranquilízate, Andrew. ¿O es que no tienes buen sentido del humor?

-¿A eso le llamas sentido del humor? -Andrew se sentó bajo el poste de luz, resignado a lidiar con quien consideraba un "actorcillo de cuarta".- A propósito, veo que esta vez ambos hemos venido solos.

-No sé tú, pero esta vez vine solo porque si el gordinflón del señor García y Neal obtuvieron el favor de Candy, entonces no necesitaré más que mi armónica para cantarle lo que tengo preparado -Terry le convidó un cigarrillo a Albert, el cual aceptó de buena gana.

-Tienes razón. Parece que mi rubia siente una adversa atracción por los personajes secundarios. Fíjate cómo nos han vencido aun cuando hemos venido acompañados de músicos...

-Dicen que "para el gusto los colores y para el..."

-Déjalo así. Hagamos algo. Compitamos esta vez en buena lid. Apostemos. ¿Te atreves? -dijo Albert con una sonrisa diabólica en sus labios.

-¡Claro que apostaremos! El que pierda paga los tragos en el bar más próximo toda la noche.

-Nah... Yo había pensado algo mucho más divertido: el que pierda tiene que ir vestido de mujer a la barra de preferencia del ganador.

-Trato hecho.

Los galanes sellaron el pacto con un fuerte apretón de manos. Albert quiso cantar primero. Se paró frente a la ventana del cuarto de Candy. Se sentía sumamente ansioso. Él sabía que un tercer rechazo sería devastador, por lo que se concentró para dar lo mejor de sí, aunque esta vez cantaría "a capella". Había contratado a un profesor de música y estuvo practicándo muchos días para este momento.

"Usted se me llevó la vida
y el alma entera
y se ha clavado aquí
en mis huesos el dolor
con ésta angustia y esta pena
usted, no sabe que siente perder
no sabe que se siente caer y caer
en un abismo profundo y sin fe" (1)

La luz del cuarto se encendió y Candy apareció en el balcón con una bata de seda que dejó sin aliento a los galanes. Albert sentía cómo sus manos sudaban y trató de contener su emoción.

"Usted se me llevó la vida y aquí me tiene
como una roca que el océano golpea
que ahí esta, pero no siente
usted, no sabe lo importante que fue
no sabe que su ausencia fue un trago de hiel
que se ha quedado clavada en mi piel" (1)

-Candy, mi corazón, una vez más estoy aquí, no me rendiré jamás...

La pecosa se quedó observándolo y se recostó del balcón. Parecía muy entretenida, pero no daba muestras de tirar el esperado pañuelo. Albert se sumió en una profunda desesperación.

-¡Candy, respóndeme! -gritó enloquecido. La chica se quedó impasible.

-Albert, no hagas el ridículo, por favor. -Terry se acercó y le susurró al oído. El rubio entró en razón y se echó a un lado destruido. De modo que, el pelinegro se puso en el lugar que estuvo el primero, sacó su armónica y entonó una hermosa melodía.

"Me muero por suplicarte que no te vayas mi vida
me muero por escucharte decir las cosas que nunca dirás
mas me callo y te marchas
aún tengo la esperanza de ser capaz algún día
de no esconder la heridas que me duelen
al pensar que te voy queriendo cada día un poco más
cuánto tiempo vamos a esperar.

Me muero por abrazarte y que me abraces tan fuerte
me muero por divertirte y que me beses cuando despierte
acomodado en tu pecho hasta que el sol aparezca
me voy perdiendo en tu aroma
me voy perdiendo en tus labios que se acercan
susurrando palabras que llegan
a este pobre corazón
voy sintiendo el fuego en mi interior." (2)

Grandchester se detuvo al ver la indiferencia que exhalaba Candy, que incluso bostezó mientras Terry daba lo mejor de sí. Era desesperante verla así. El joven actor miró a Albert con incredulidad y el millonario respondió encogiéndose de hombros: estaba tan perdido como el otro.

De repente, se escuchó un caminar presuroso, pero firme. A lo lejos se devisaba un hombre con gafas y cargandp un pequeño bulto. Stear llegó y sin mediar palabras, puso el bulto en el suelo, sacó un reproductor de mp3, una pequeña bocina y de ese pequeño artefacto salió una melodía lo suficientemente alta para sorprender a los galanes y a la bienamada.

"Estoy a punto de emprender un viaje
con rumbo hacia lo desconocido
no sé si algún día vuelva a verte
no es fácil aceptar haber perdido.

Por más que suplique no me abandones
dijiste no soy yo es el destino
y entonces entendí que aunque te amaba
tenía que elegir otro camino.

De qué me sirve la vida
si no la vivo contigo
de qué me sirve la esperanza
si es lo último que muere
y sin ti ya la he perdido. " (3)

Stear detuvo la música y habló con una mano en su pecho.

-Rubia hermosa, me voy en unos días a pelear en la guerra. No sé si te volveré a ver, por eso he venido a verte una última vez para llevarme este recuerdo conmigo. Aunque tu corazón no me pertenezca, el mío siempre será tuyo.

Las lágrimas bajaban copiosamente por el rostro de Candy y ésta besó el pañuelo y se le tiró al chico con gafas que había hablado con el alma.

-Hasta pronto, Stear. Sabes lo mucho que significas para mí.

Stear se fue contento de haber recibido el favor de la mujer que le quitaba el sueño por las noches. Los otros dos galanes, espectadores de todo lo sucedido, se miraron atónitos.

-Ninguno de los dos ganó la apuesta -dijo Albert fastidiado.

-Pero hemos perdido los dos. Así que, vayamos a cumplirla. Eso sí, tú pagas esta noche.

Ambos rieron y se fueron entonando...

"Amor mutante, amigos con derecho y sin derecho de tenerte siempre
Y siempre tengo que esperar paciente,
El pedazo que me toca de ti
Relámpagos de alcohol
las voces solas lloran en el sol..." (4)

FIN

(1) Usted se me llevó la vida, Alexandro Pires
(2) Me muero por conocerte, Alex Ubago
(3) De qué me sirve la vida, Camila
(4) Labios compartidos, Maná