Hola aqui empezando con mi nueva idea de un Xover de Uraboku y Vampire Kinght espero que les guste Yo adoro la parejita de LukaxZero bueno amo a mi Zero-chan y adoro a Luka bueno quien no! Espero que les guste

Xx-x Knowing You By Heart x-xX

Capítulo I

Una noche en diciembre

La nieve blanca y pura como aquella noche en diciembre, los copos de nieve cayendo con gentileza, pintando de blanco todo el paisaje.

"Uka-sawn!" Una pequeña vocecita se escuchó mientras un pequeño de tres años salía corriendo a toda velocidad, sus bracitos extendidos tratando de alcanzar al chico que se veía en la distancia.

Corrió lo más rápido que podía o más bien lo que sus pequeñas piernas le permitían, tenía puesta un pequeño abrigo de color gris, su capucha puesta y unas orejeras de color lila, tenía puestas unas pantuflas de color gris en forma de neko y una bufanda de rayas blanca y lila alrededor de su pequeño cuello. Sus ojos brillaban con excitación, unos enormes y hermosos ojos de ese inusual color lila, tan peculiares como su cabellera plateada. Sus mejillas regordetas se encontraban con una ligera sombra rosa debido al frío.

"Uka-swan" Se volvió a escuchar esa angelical vocecita, el pequeño ya lograba llegar a su objetivo y lo hubiese logrado si no fuera por la nieve resbalosa. En unos momentos esos hermosos ojos lila estaban en la figura de aquel chico y ahora se encontraban mirando al cortante hielo que estaba a punto de cortar su piel de bebe.

"Zero!" El chico gritó y en salto logró llegar hasta donde la bella creatura sosteniéndola en sus fuertes brazos, evitando que ese angelito se lastimara.

"Uka-swan" Dijo el pequeño niño con una sonrisa, cerrando sus ojitos, dejando ver sus largas y tupidas pestañas negras así como sus manitas se aferraban al cuerpo del mayor. Se sentía a salvo, siempre que Luka estaba con él.

"No puede ser Zero-chan otra vez te saliste sin avisarme" Un hombre de cabellos rubios atados en una cola de caballo y anteojos salió corriendo, con un mandil de color rosa a medio poner. Llegó corriendo hasta donde estaba su pequeña criaturita. El hombre aparentaba tener unos 30 años o más, pero con las lágrimas que derramaba y su voz chillante uno podría pensar que tenía 10 años. Llegó hasta donde estaba su pequeño querubín dando fuertes bocanadas de aire, aunque la distancia no fue mucha, aquel hombre ya no tenía la misma condición de antes.

"Zero-chan malo, asustaste a papi" Dijo el hombre rubio de actitud infantil, acercándose al misterioso chico vestido completamente de negro con un pequeño Zero-chan en brazos, mientras bajaba la capucha del pequeño y pasaba su mano sobre las suaves hebras plateadas del menor.

El pequeño niño se retorció un poco en los brazos del hombre que lo sujetaba con tanta delicadeza, temiendo soltarlo y que se lastimara. El frío viento había golpeado en la cabecita del pequeño provocando que su piel se erizara por el frío, así que frotó más su pequeño cuerpecito contra el pecho del mayor.

"Waa mi hijo no me hace caso" Comenzó a llorar el rubio, de sus ojos color miel salían chorros de agua, lágrimas derramadas, según él, porque su pequeño hijo no le hacía caso, aunque el hombre en negro sabía que el ex cazador tendía a exagerar las cosas.

"Cross-san" Dijo el chico de negro mientras seguía sujetando con delicadeza a ese pequeño niño "Es una alegría volver a vernos" El chico comentó con una suave voz, tan tranquilizadora para el pequeño niño que ahora estaba entretenido con los cabellos negros del chico que los sujetaba, dando risitas y jalando los cabellos del mayor para lograr captar su atención.

"Itai" Dijo el chico mientras con mucho cuidado alejaba esa pequeña manita de su cabello. El pequeño Zero-chan rió al darse cuenta que había logrado su objetivo: que el chico haya captado toda su atención.

"Zero-chan no quieres que te cargue tu papi?" Preguntó el rubio, queriendo sujetar a esa tierna criaturita que no dejaba de reírse. Esa risa llegaba a los oídos de ambos Cross y Luka. Quienes sonrieron, impresionados de que el pequeño niño pudiera reír tan fácilmente.

"Papi!" Gritó el pequeño ángel moviéndose en los brazos del chico, extendiendo sus bracitos para que su padre lo cargara. El hombre no tardó ni un segundo para tomar al pequeño en sus brazos, gustoso de poder tener cerca a ese bello niño.

Cross Kaien, sabía muy bien que ese niño no era su verdadero hijo, y realmente muchos lo sabían, no por el hecho de que Cross nunca se había casado, si no el aspecto del niño: ojos lila y cabellos plateados, era completamente diferente al del ex-cazador quien tenía largos cabellos rubios y ojos miel. Definitivamente no tenían ningún parecido, bueno tal vez el hecho de que ambos adoraban los dulces y de que siempre estaban jugando como niños chiquitos, bueno al menor eso era bien visto en Zero-chan, pero no en un ex-cazador experimentado. Pero es que cuando se trataba de ese pequeño niño, Cross, no podía volver retornar a su infancia, quería que ese pequeño angelito sonriera por siempre, justo y como ahora lo hacía, claro que era una inocente criaturita, pero también era todo un diablillo, como ahora que disfrutaba de tratar de quitarle los anteojos.

"Zero-chan basta, no dejas que tu papi vea" Dijo Cross mientras intentaba de todas maneras alejar las pequeñas manitas de sus lentes. Claro que era inútil pues Zero-chan ya tenía en sus manos los anteojos de su padre y estaba jugando con ellos. Cross suspiró sabiendo que esos serían los anteojos número 100 que se le quebraban en esta semana.

"Zero" El chico de vestimenta negra susurró con cautela, su voz aterciopelada detuvo las acciones del ángel. Su cabecita se giró para ver los hermosos ojos grises de su guardián. "Si te portas bien te contaré un cuento" Al escuchar la palabra cuento, los hermosos ojos lila del menor se abrieron más de lo que ya, brillaban con mucha intensidad, un cuento, Zero adoraba los cuentos, le encantaba que ya fuera su padre o Luka le contaran toda clase de cuentos infantiles.

"Cwentow cwentow!" Gritó el menor con una bella sonrisa iluminando su rostro. Ambos Luka y Cross sonrieron al ver como su angelito sonreía y se entusiasmaba porque escucharía un cuento.

Llegaron a la casa con un entusiasmado Zerorin, quien apenas sentir el calor de su hogar, se intentó zafar del abrazo de su padre. Cross dejó al pequeño en el piso, aunque se negó al principio pues le encantaba tener en sus brazos a ese angelito, no le importaba si hacia travesuras o le quebraba los lentes, Zero era su hijo y lo quería mucho.

"Uka-swan! Cuewntamwe el cwentow" Dijo con su dulce voz angelical, ahora que Luka miraba bien a su niño, podía ver que el niño estaba muy peque, o que de plano la ropa que le había comprado Cross era muy grande, aun así ese niño con su ropa holgada se veía hermoso, toda una monada, y sus pantuflas, Luka no se había dado cuenta de que su peque había salido en pantuflas, hasta este momento, sus ojos grises se quedaron mirando las pantuflas en forma de neko que llevaba puestas su adoración. Ese pequeño era el ser más preciado para Luka, adoraba todo del niño, desde sus risas, hasta sus llantos, aunque estos últimos no le gustaba ver mucho en el bello rostro del ángel.

"Uka-sawn?" Preguntó el pequeño, sus ojitos miraban confusos al chico frente a él, pero luego una enorme sonrisa se formó en sus labios y corrió de nuevo para abrazar las piernas del chico, dado a que era lo único que podía alcanzar.

"Luka-san por favor me ayudas con la cena" Preguntó i mas bien ordenó Cross, pues ya eran las ocho, y Zero debía tomar su merienda. También había otra cosa, pero Cross no le diría a Luka: su actitud de padre celoso, el ex-cazador sabía muy bien el fuerte vínculo que tenían esos dos, era un vínculo muy fuerte e inusual, Zero-chan estaba muy apegado al chico y eso representaba un problema, no ahora pero si en el futuro.

Pero por ahora dejaría que esos dos disfrutaran el estar juntos, inclusive si sus celos paternales salían a relucir algunas veces, no le importaba, por Zero sería capaz de hacer cualquier cosa, con el simple hecho de verlo sonreír. Como ahora, su carita iluminada, llena de felicidad, sus ojos lila brillaban a más no poder, y esas mejillas tan rosaditas, el pequeño corría de un lado a otro jugando con Sodom, un pequeño dragón bebe de color negro y amarillos, a simple vista daba la impresión de ser un lindo hámster con alas, pero Sodom era más que eso, era un Duras, y era el fiel protector de su amo Luka y ahora del pequeño Zero-chan y que no duraría en atacar a las personas que trataran de lastimar a sus dos amos.

La pequeña pelusa negra revoloteaba con sus alas al mismo tiempo que movía sus picudas orejitas, se movía alrededor de la habitación y Zero-chan corría detrás de él para alcanzarlo. Zero continuó corriendo hasta que Sodom se quedó quieto posándose sobre la mesa, con sus patitas moviéndose lentamente, acechando el cesto de frutas, sus ojos amarillos se posaron en la enorme manzana roja, se había colocado en posición de ataque, para poder capturar el delicioso fruto. Tomando un poco de vuelo, el pequeño animal trató de saltar, y digo trato, porque en ese momento Zero-chan ya se había subido a la silla y con sus pequeños bracitos había logrado atrapar al animal. Sodom suspiró y bajó su cabeza, sus orejitas puntiagudas también se bajaron, dando una expresión de desánimo, había fallado en conquistar la manzana. Zero estaba riendo mientras que con su pequeña manita acariciaba la cabeza y orejitas de Sodom, luego lo levanto un poco y le sonrió, para después frotar su cabecita con la del animal. Ya parado sobre la silla Zero estaba abrazando al dragón, mientras seguía riendo. Para estos momentos el dragón bebe, ya se hubiese hartado y tratado de zafarse de los delicados y pequeños brazos del niño, pero le gustaba sentir esa calidez del pequeño, además que Zero no era como esos niños que maltrataban a las mascotas, a tal punto de traumarlas con sus juegos bruscos y dejarlas asustadas de sus propios amos. Zero-chan era gentil, amable y cuidaba mucho a Sodom, incluso se ponía celoso cuando alguien intentaba tocar a su mascota.

Desde la cocina se podían escuchar las risas y gritos de Zero, ambos Luka y Cross estaban contentos de que su pequeño tesoro se escuchara tan feliz. Mientras continuaban haciendo la merienda, más bien Luka, ya que Cross fallaba en eso de cocinar, y no se preocupen, porque cuando Luka no estaba en la casa de Cross, se encontraba Kureha Aya una chica de cabellos largos color negro y ojos negros (no se si son negros) que por lo general siempre vestía en kimonos. Era raro que Aya no estuviera en la casa, pero había salido a comprar algunas cosas para la semana, sobre todo para consentir a Zero-chan, pues era casi imposible no hacer lo que el pequeño decía.

Mientras colocaban la comida de Zero-chan en unos llamativos platones adornados con nekos, Cross puso a hervir un poco de agua para el té. Tal vez la comida que hacía sabía desagradable o algunas veces, la mayoría era incomible, lo único bueno que sabía hacer Cross era poner a hervir el agua, y eso algunas veces. Luka solo recordaba la vez que la cocina casi explotaba por las locas ideas de Cross de hacerle un pastel a su hermoso hijo. Por suerte el loco ex-cazador ya se había olvidado de esas locas ideas y ahora Aya era la encargada de cocinar, Cross no objetaba pues esa mujer sí que era una diosa en la cocina, cada platillo que hacía sabía realmente exquisito.

Fuera de la cocina se seguían escuchando las risitas de Zero-chan, mientras la puerta principal se abría y Aya aparecía con algunas bolsas, la chica dejo su abrigo en armario y entro a la estancia guiada por las dulces risas de su niño preferido. Vaya sorpresa que encontró: Zero-chan estaba subido en la mesa, con Sodom en sus brazos, el pequeño estaba girando y riendo.

"Zero-chan que estás haciendo pequeño" Preguntó dulcemente la muchacha mientras caminaba hacia la mesa, con la intención de bajar al niño de ahí.

Zero escuchó la voz de Aya e instintivamente dejo de girar, claro que lo hizo tan abruptamente que se sentía mareado, al igual que Sodom. El pequeño angelito sentía como su cabeza seguía dando vueltas, y Aya se movía al igual que la habitación, todo en círculos. Los ojitos del menor estaban algo confusos y movía su cabecita de un lado a otro tratando de quitar el mareo. Comenzó a dar pasos tambaleantes, Aya estaba colocando algunas de las bolsas en la otra parte de la mesa, antes de bajar al pequeño de ahí. No se dio cuenta cuando el niño avanzaba hacia la dirección errónea, y Sodom seguía mareado para darse cuenta de que el pequeño caminaba hacia el borde, y si seguía dando más pasos caerían al suelo. De pronto se escuchó un golpe en el suelo, Aya soltó algunas latas que tenía y miró a la mesa, no estaba Zero-chan, pronto un llanto se escuchó.

Cross y Luka continuaban en la cocina, hasta que los agudos oídos de Luka escucharon un golpe, o más bien un cuerpo pegando en el suelo. Pasaron algunos segundos, Cross se dio cuenta de que ya no escuchaba las risitas de su hijo, seguidos de un llanto.

"ZERO!" Los dos dijeron al unisón, y salieron rápidamente de la cocina dirigiéndose hacia la sala, lugar de donde provenían esos llantos. Luka se sentía impotente pues los gritos y llantos incrementaban su volumen, lo único que quería en estos momentos era llegar junto a su adoración y aliviar su dolor.

Cuando encontraron a Zero, vieron como sus ojitos estaban llenos de lágrimas, sus mejillas estaban rojas, y continuaba llorando, Sodom ya no estaba a su lado, el pobre dragón estaba sentado en el sillón con sus orejitas picudas hacia abajo, y unas lágrimas que salían de sus pequeños ojitos, el pobre animal estaba llorando porque no había podido evitar que Zero-chan se lastimara, y ahora se sentía fatal. Aya tenía a Zero en brazos, acariciando gentilmente la cabecita plateada del menor, pero aun así el pequeño no dejaba de llorar, en estos momentos la chica deseaba que el niño parara, sus llantos le rompían el corazón, y no solo eso, la triste mirada del menor y cada una de esas gotas cristalinas que salía de esos bellos ojos lila y se deslizaba por sus suaves mejillas.

Luka no tardó en hincarse frente a la chica y acarició la cabecita de su ángel. El pequeño al sentir ese cálido contacto alzó su mirada aún con lágrimas encontrándose con esos inusuales ojos grises que lo miraban con ternura. Luka continuó acariciando la cabeza del menor de una manera gentil y delicada, lentamente el niño dejaba de llorar, aunque las lágrimas seguían saliendo. El pequeño estaba hipando y con sus manitas se talló sus ojitos para borrar sus lágrimas. Luego extendió sus manitas para alcanzar a su protector que gustoso tomó al pequeño en brazos. La cabecita del menor reposo en el hombro de Luka y con sus bracitos rodeó su cuello. Luka sujetaba al pequeño con dulzura, una de sus manos acariciaba la espalda del menor, tratando de calmarlo, mientras susurraba cosas lindas para que el menor se calmara. Los ojos grises del chico miraron hacia la pequeña bolita peluda de color negro que estaba llorando.

"Sodom" El chico habló, con una voz gentil, sabía que el pequeño dragón no tenía la culpa, y tampoco le gustaba ver a su fiel compañero en un estado de tristeza. La pequeña pelusa voló hasta donde Luka y se posó sobre su hombro que estaba libre "Tranquilo no fue tu culpa" Comentó Luka y Sodom nuevamente elevó su cabeza, sus orejitas se movieron y pronto el pequeño animal ya estaba volando por la habitación.

Cross seguía preocupado, que tal si Zero-chan se había lastimado, que tal si su pequeño se moría, el golpe que recibió pudo haber sido grave, y si el pequeño ya…

"Él está bien Cross-san" Dijo Luka, quien había leído los pensamientos del hombre.

Cross suspiró aliviado, pero aun así comprobaría más tarde que su pequeño este bien.

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Después de la cena y de miles de disculpas por parte de Aya por el accidente de Zero, todos parecieron estar tranquilos pues el pequeño seguía riendo ya olvidado que horas antes se había caído y golpeado su linda cabecita. Sodom también estaba más tranquilo pues Zero-chan estaba más feliz y disfrutaba de jugar con su neko de peluche de color negro y ojos grises.

"Oye Zero, quieres que te cuente el cuento" Preguntó Luka tomando a Zero en sus brazos y sentándose en el sofá con el pequeño en sus piernas. Zero sujetaba a su neko con sus manitas mientras giraba su cabecita para ver a Luka y asentía.

"Cwentow sii!" Gritó de emoción el pequeño angelito y Luka nuevamente veía la enorme sonrisa que dibujaba su ángel.

"Muy bien ángel" Dijo Luka con delicadeza, mientras Zero se bajaba del cuerpo del mayor y se sentaba junto a él con su neko aún en brazos. "Ahora que cuento será" Se preguntó Luka, mientras hacía aparecer un libro de color azul, las tapas de este estaban grabadas con oro blanco, y con escritura antigua se podía leer el título del libro "The Silver Dragon".

"El dwe lwa nivew" Dijo Zero con excitación, y aunque ese era el cuento que Luka siempre le contaba, no le importaba al menor, esa historia era su favorita, adoraba escucharle una y otra vez.

"Está bien ángel entonces vamos a leer el dragón blanco" Sonrió Luka mientras se preparaba para leer la historia a su hermoso ángel. Aya y Cross se sentaron en el sillón que se encontraba frente a Luka, mientras que Sodom se colocó junto a Zero-chan.

Existió una vez un joven llamado Haku, cuyos ojos tenían el poder de ver el alma de los demás, su mirada podía cegar a cualquier persona cuyo corazón no fuera puro; Haku era hijo de la luna, su padre el sol lo había abandonado, por ser una creatura de la noche, sus ojos eran como el color del cristal, su mirada era fría y cortante, su piel era extremadamente blanca y sus cabellos rubios, como el sol.

Todas las mañanas Haku salía a recibir al Sol, pero su padre nunca se mostraba, todos los días eran iguales, iluminados por la luz de la luna, sin ningún rayo de sol. Simplemente el cálido cielo nocturno lo hacía sentir amado, aunque una parte de su ser se sentía incompleta, Haku quería ser amado por su padre el sol.

Todas las noches solía escuchar historias de los antiguos pobladores, contando que antes de su nacimiento el sol solía aparecer, cubriendo las extensas tierras con sus rayos dorados, ofreciendo calor, protegiendo a los pobladores de todo peligro de la oscuridad. Pero hubo un día en que el sol se tardó en desaparecer y la luna comenzó a salir, el sol se quedó extasiado por la belleza de la luna, nunca antes había conocido a un ser tan bello, de cabellos blancos y ojos onix. La luna estaba prohibida para el sol, su frialdad apagaría al astro y ya no podría proteger a su pueblo. Pero el sol deseaba tanto volver a ver a la luna, así que una noche escapo de casa, cubriéndose con una fina tela que lo hacía invisible, y podía ocultar los rayos dorados que salían de sus hermosos cabellos rizados, tan rubios y dorados. Dando pequeños pasos por fin logro llegar hasta él. La luna lucía tan tranquila, sus ojos estaban cerrados. El sol que siempre había visto a la luna escondido bajo su manta logró apresurarse a él. Esa noche ambos se fusionaron creando en el cielo la más bella coloración antes vista. De ese acto de amor nació Haku, pero el Sol no podía estar con sus dos seres más amados, entonces decidió abandonar a la luna y a su pequeño hijo, convirtiéndolo en un humano. De esta forma la luna regresó a su forma nocturnal mientras que el sol continuó saliendo y escondiéndose, protegiendo a su pueblo, extrañando a la luna y a su hijo.

Haku se sentía muy solo así que una noche decidió huir de casa, quería conocer a su padre, deseaba tanto ver aunque sea su rostro.

Esa noche el viento soplaba con mucha fuerza, Haku había salido descalzo y sentía como la suave tierra comenzaba a sentirse muy fría, su cuerpo comenzaba a enfriarse de manera repentina, Haku seguía corriendo por el bosque, no entendiendo por qué su cuerpo se sentía cada vez más frío. Lágrimas salían de sus ojos azules, comenzaba a sentir mucho frío y sentía como su sangre empezaba a tener una sensación fría. Logró llegar al tronco hueco de un árbol, se adentró al lugar y abrazo su cuerpo, deseando que la luna lo encontrara, pero no lo hacía. Comenzó a llorar sin darse cuenta que sus lágrimas eran frías y cristalinas, y cuando caían al piso lo manchaban de blanco, la textura de sus lágrimas había cambiado, era suave pero fría. Haku siguió llorando, esperando ser encontrado por su madre.

En ese momento la Luna comenzó a sentir un dolor en su corazón y despertó de su dulce sueño, bajo a la tierra para encontrarse con un paisaje cubierto de blanco, las ráfagas de viento dañaban todo ser vivo, y una extraña masa blanca y cubría todo el pasto. Extrañas bolitas de color frío caían sobre sus cabellos blancos, el simple contacto de esas bolitas hacía que tuviera frío.

La luna sintió el llamado de su hijo, pero las ráfagas de viento hacían imposible que encontrara señal de su hijo.

El sol empezó a sentir una sensación de frío y de dolor, sabía que era muy arriesgado salir, en estos momentos la luna estaba cubriendo el pueblo, protegiendo a los pobladores, con su manto sagrado. Pero algo hacía que el corazón del sol deseara salir, deseara salvar a uno de sus seres amados. Así que sin pensarlo dos veces el Sol salió, haciendo su aparición entre esas bruscas ráfagas que intentaban pegar su cálida y dorada piel.

El sol trató de intensificar sus rayos pero le era imposible, ese frío empezaba a cubrir su cuerpo, lo único que vio a lo lejos fue la suave mirada ónix de su amada luna. Como pudo logró llegar hasta su luna, sintiendo como su amado empezaba a bajar la temperatura de su cuerpo. Lo abrazó brindándole el calor que solo el ser amado puede brindar.

Ambos Sol y Luna lograron fusionarse, ahora entendían porque el dolor que sentían en su alma, su amado hijo Haku estaba sufriendo.

Esquivando cada una de esas ráfagas lograron adentrarse al bosque en busca de Haku.

Bajo ese árbol se encontraba Haku, su hermosa piel blanca se empezaba a ver de color azul, parecía de vidrio mientras sus ojos se hacían dorados, las lágrimas seguían cayendo, rodeando su cuerpo con esa masa blanca.

Nieve… era la primera vez que la nieve hacía su aparición.

La suave nieve era lo único que podía reunir al Sol y la Luna pero al precio más cruel: Un alma pura era la única que podía hacer ese ritual, entregando su corazón a los cortantes y cristalinos señores del frío…

"Y entonces…" Luka se quedó en silencio cuando vio cómo su hermoso ángel se había quedado dormido. Cuando Luka había comenzado a contar la historia Zero se volvió a sentar en las piernas del chico y a medida que el chico narraba la historia los ojitos de Zero se iban cerrando y dejaba salir pequeños bostezos. Luka se dio cuenta que Zero se había quedado dormido cuando la pequeña manita que sujetaba su neko con devoción lo había soltado y el peluche había caído al piso.

Temiendo despertar al niño, Luka se acomodó completamente sobre el sofá, Aya se había ido ya a dormir y Cross no estaba en la sala. Al igual que su ángel, Sodom también se había quedado dormido, dando pequeños suspiros mientras soñaba. Luka se acostó sobre el sofá con el frágil y pequeño cuerpo de Zero-chan sobre su pecho, las manitas del menor ahora reposaban en el pecho del mayor. Luka cerró sus ojos para descansar un momento, además adoraba sentir a su niño tan cerca.

Pasaron las horas y Luka se había quedado completamente dormido, cuando Cros regresó a la sala se encontró con Luka dormido acostado en el sillón y Zerorin aferrando sus manitas a la negra gabardina del chico. Luka mantenía uno de sus brazos rodeando el frágil cuerpecito de Zero-chan, y el ángel tenía su cabecita plateada escondida en el cuello del menor.

Cross sonrió complacido al ver la escena y corrió al cuarto del menor para sacar una cálida cobijita, cubriendo a ambos chicos con ella. Tomó a Sodom en sus brazos y lo llevó a la pequeña camita que estaba en el cuarto de Zero. Ahí coloco al durmiente animal y luego se fue a su cuarto a dormir.

Solo un corazón puro fue capaz de reunir a esos dos amantes,

El sacrificio que hizo fue el de no poder ver a sus padres nunca más, pero en algún momento regresaría a ellos, fusionándose con ellos.

xxx- Un año después

"Luka-nii" Los ojos de aquel niño no dejaban de sacar lágrimas cristalinas, sus manitas se aferraban a las ropas de aquel chico de ojos grises.

"Prometo que te voy a cuidar, no te voy a dejar solo" Luka respondió hincándose y tomando entre sus manos la barbilla del menor. Sonrió tristemente, le partía el alma ver a ese bello ángel llorar, pero era necesario, ahora no era seguro que Zero continuara viviendo con Cross-san. Lo mejor era que viviera aquí en la Mansión Crepúsculo, con su… protegido de todo mal.

"Nii-chan quiere dejarme solo" Dijo Zero con su pequeña vocecita, aferrándose más a Luka, llorando cada vez más.

"Escúchame Zero" Pidió Luka pero veía que Zero no lo veía a los ojos "Zero" Mencionó al menor nuevamente, con tal adoración y amor. "Por favor" Zero hizo lo que Luka le pidió y miró al mayor, esperando que no lo abandonara

"Nii-chan" Dijo el menor entre lágrimas y sollozos

"Yo no te voy a dejar, nunca" Dijo Luka con lágrimas en eso peculiares ojos plateados, escondiendo su cabeza en el cuello del menor "Lo diré tantas veces sea necesario" Habló nuevamente, abrazando al menos, temiendo perderlo

"Yo nunca te traicionaré"

Dijo con lágrimas que secó nuevamente, luego alejó su rostro un poco, solo para ver esos hermosos ojos lila brillando con tristeza. Lentamente se acercó al rostro del niño para rozar sus labios con los pequeños labios del menor

Hasta este momento olvidarás todo sobre mí, sobre Cross, no tendrás ninguna memoria, tus memorias empezaran en la Mansión Crepúsculo.

Perdóname por favor Zero, no pienses que te olvidaré

Eso nunca…

Nunca podré olvidar al amor de mi vida

Estamos ligados el uno al otro

Recuérdalo Zero

Recuerda mi promesa

Yo nunca te traicionaré

En esos momentos Zero se quedó dormido en los brazos de una chica de largos cabellos naranja, a su lado estaba un chico de cabellos plateados, ambos tenían ojos verdes, miraban con tristeza a Luka.

Luka miro por última vez a su amado ángel, sintió una simple lágrima recorrer su mejilla. Para después desaparecer en un remolino de dolor.

Zero comenzó a abrir sus ojos, vio algo borroso, un remolino pero dentro de ese confuso viento alcanzó a ver una mirada triste. Unos inusuales ojos de color plateado.

Luka

En este momento estaban sucediendo cosas muy malas dentro de la sociedad, no solo para los humanos si no para las demás creaturas. El mundo nuevamente se sumaba a la oscuridad. Asesinatos hacia seres de gran poder empezaban a sonar en las noticias. Los vampiros estaban asustados, los guardianes Zweilt sabían que una guerra se avecinaba. Su peor enemigo emergía de las sombras y necesitaban proteger a todo humano.

"Pero porqué Zero-chan no se puede quedar conmigo" Decía nuevamente Cross, esta vez sus lágrimas no eran de cocodrilo, eran las lágrimas de un padre, que lloraba por la pérdida de su hijo.

"Entiéndelo Cross-san ahora es muy peligroso" Un hombre muy parecido al poderosos ex-cazador miraba con seriedad

"Takashiro dime porqué es peligroso, no lo entiendo, Zero estará a salvo conmigo, porque insistes en quitármelo" Dijo Cross esperanzado que el hombre recapacitara y le permitiese quedarse con el pequeño.

"No se va a quedar contigo Cross y esa es la última palabra" Giou Takashiro un hombre de largos cabellos miel dijo mientras se alejaba de Cross "Entiende primo, ahora no es momento para que Zero esté contigo" Dijo y desapareció, dejando a Cross solo y con lágrimas en sus ojos.