Amo la pareja kyouko-Ren pero no puedo evitar apreciar a Shou y su locura, no miento es la primera vez que me pasa, pero si he de escoger entre Shou y Ren dios no me puedo creer que vaya a escribir esto PREFIERO A SHOU, es increíble nunca antes había tenido tantos problemas para elegir a uno de los personajes principales, pero me temo que a pesar de ser mi favorito no terminará con él, Ren tampoco me disgusta pero uf, no se Shou es sencillamente genial, esa posesión jajajaja no puedo evitar desear que aparezca en el manga una y otra vez.

He visto que hay una historia sobre "Dark Moon" así que me dije "¿por qué no escribir sobre el video de Shou?"

Y esto es lo que salió ya me diréis que os parece mi punto de vista.

Es evidente que es un mundo alternativo, y que se centra en el video de este, aquí os la dejo espero que la disfrutéis tanto como yo al escribirla y publicarla.

Es la primera de este manga que escribo espero no hacerlo demasiado mal ni decepcionarlos.

Lamentando un poco esto voy a seguir el argumento con algunos puntos diferentes, que ya iréis descubriendo.

Pues sin nada más que añadir aquí os dejo la puerta para ingresar en el supuesto mundo se Shou

Prisioner.

Amor prohibido.

Cap1:

Es bien sabido en el mundo de los ángeles que está sumamente prohibido bajar a la tierra y ni que decir de bajar a los dominios del peor de los ángeles caídos.

Pero claro está que a la par que hay normas y reglas hay quien las desobedece sin pensar en las consecuencias de llevar a cabo tal acción.

Ya sea porque son muy jóvenes, porque quieren ganar cierto respeto, o incluso solo por desafiar o diversión la cuestión es que era sabido que los más alocados lo llevaban a cabo.

Nadie podía esperarse que dos jovencitas incitadas solo por su curiosidad tras haber entrado en la habitación de Rasiel el arcángel del saber y mirar un libro que tenía registro de todo lo acontecido en el principio sintieran el deseo de ver con sus propios ojos al primero de los caídos al pecador.

Es por ello que disfrazadas, intentando por todos los medios no ser descubiertas se encontraban a las puertas de tan aterrador lugar.

-¿Kyouko crees que es buena idea después de todo estar aquí?-

Una joven de cabellos rubios de un largo considerable, recogido en una trenza y ocultos tras una capa que ocultaba a su vez unas alas blancas que destacaban por su pureza se encontraba en cierto modo asustada por haber accedido a acompañar a su mejor amiga en el mundo celestial.

Sus ojos eran de un azul claro repletos de amor para entregar y demasiado puros para ver cosas como las que creía que estaba a punto de contemplar.

-No seas así, ya decidimos que lo haríamos así que ahora no te eches para atrás.-

La que acababa de contestar tenía los cabellos del mismo color que la otra y sus cabellos estaban recogidos igualmente y escondidos ya que según habían leído en el libro extraído a Rasiel de su biblioteca privada los caídos habían perdido el rubio oro de sus cabellos convirtiéndolos en un rubio platino casi blanquecino.

Sus ojos no eran para nada azules como la otra sino que tenían un color agua marina aturquesados.

Además de que en lugar de rebosar amor, estaban repletos de curiosidad e intriga.

De las dos Kyouko era claramente la más nerviosa e interesada en su aventura, la inocente Mimori por otra parte solo seguía a su amiga a pesar del miedo que sentía y de que sabía que si eran descubiertas lo lamentarían por mucho tiempo ya que el arcángel Miguel no era de los de perdonar una desobediencia de esa magnitud.

Al pensar en Miguel Mimori sintió un escalofrío, la verdad es que este en cuestión no era para nada gentil y ni que decir de uno de sus subordinados Tsuruga Ren, quien era capaz de llegar a ser más terrorífico que Miguel si se lo proponía.

Sabía de sobra que su amiga y Tsuruga se llevaban muy mal o mejor dicho tenían muchas diferencias debido a lo estricto de uno y a la terquedad de la otra y sus ansias de curiosidad.

-Llegó el momento venga Mimori.-

Mimori sorprendida por el gran tirón que Kyouko acababa de darle no pudo más que seguir los pasos de la misma y así inevitablemente se percató de que la gran puerta que hacía poco estaba cerrada acababa de ser abierta y por ella ingresaban cinco caídos, al parecer venían de algún lugar lejano para ellos.

Los cinco parecían ser gente sería y para nada amables, Mimori era capaz de captar el odio que manaba de cada uno de esos seres a los que estaban siguiendo, en especial el que parecía ser el líder de todos ellos.

Un caído que no podía ser de los más adultos, seguramente sería de los que había nacido caído, no aparentaba ser más que un principiante, pero uno de los mejores por su aspecto, y porque era precedido de los otros cuatro como si él fuese el que mandaba más.

Kyouko no dudo en seguirlos de cerca y así ambas se encontraron en los dominios prohibidos.

-Esto es...-

-¿Aterrador?- susurró Mimori consternada por lo que estaba contemplando ante ella.

-Increíble.- susurró Kyouko soltando el agarre que tenía sobre ella y mirando todo a su alrededor.

Mimori miró a su amiga para después contemplar ella misma todo lo que las rodeaba con temor, su amiga miraba todo fascinada no parecía percatarse del peligro que corrían allí, ni de lo que podría sucederles si eran descubiertas, no a ella solo le importaba lo increíble que parecía ser todo aquello.

Y ciertamente podría decirse que todo ese lugar era realmente diferente a su hogar.

Ellas siempre estaban rodeadas de hermosos prados y el azul del cielo era igual al de sus ojos a pesar de que había algunas nubes traviesas que jugaban en este cuando querían nublando el hermoso azul en ciertas ocasiones.

Sus hogares eran de un olor blanco mármol el más hermoso de los materiales, sus casas eran una sola un hermoso castillo donde todos convivían juntos, en paz y armonía, donde todos los pequeños jugaban, donde los que iban creciendo iban tomando sus lugares en las diferentes jerarquías celestiales, era un mundo repleto de paz y luz.

Pero el que estaban viendo ante ellas, era distinto, allí predominaban los colores oscuros, los marrones, negros, azules oscuros, que a pesar de ser bellos brindaban un escenario perfecto para la desolación un sentimiento que los ángeles desconocían y no deseaban conocer.

Mimori estaba asustada debido a lo que estaba viendo ante ella, por ello agarró con fuerza el brazo de Kyouko y le dijo:

-Vayámonos de aquí por favor.-

-Espera solo un poco, sigamos a estos seguramente irán a ver a Lucero de Alba, solo será un momento.-

Kyouko comenzó a caminar y Mimori agarrada como estaba del brazo de esta la siguió con pasos más cortos.

Ambas llegaron con cuidado hasta el palacio que se encontraba en el centro de una amplia ciudad, allí al parecer la unidad no existía.

Kyouko miraba todo a su alrededor con cierta ansiedad, era todo tan diferente y tan aterrador, no sentía miedo por el contrario estaba extasiada de la emoción que sentía al estar paseando por esas calles llenas de oscuridad e incertidumbre, donde si no tenías cuidado podría pasarte cualquier cosa.

Estaba emocionada solo de pensar en el lugar donde se encontraban y lo que podían descubrir.

Kyouko ansiosa como estaba siguió con paciencia los pasos de quienes sin saberlo le habían brindado la oportunidad de entrar en sus dominios.

Sus pasos sin duda eran decididos y sabían a donde iban, estaba claro que eran importantes entre los caídos y eso le produjo a Kyouko aun más curiosidad.

Se percató de que a su alrededor todos miraban a esos cinco como si fueran una rareza en el lugar, ¿quiénes serían esos?

En especial se percató de que al que parecía más joven y líder lo miraban con temor y a la vez respeto.

Como curiosa que era intentó acercarse a algún punto desde donde pudiera verlo mejor y así poder saber que era lo que despertaba exactamente en alguien que lo tuviera tan cerca.

Pero justo cuando estaba por conseguir ver su rostro se encontró con que ya habían llegado a su destino y tuvo que quedarse un poco apartada para que nadie pudiese notar su presencia en el lugar.

Estos ingresaron en el enorme castillo oscuro, que al parecer estaba hecho del mismo material que el del cielo, de mármol con un color completamente opuesto, pero para la opinión de Kyouko igual de hermoso.

Ambas caminaron hasta el interior del mismo a pesar de que Kyouko notó una vez más la reticencia de Mimori a adentrarse en el mismo, justo cuando consiguieron pasar, ambas corrieron a ocultarse para no ser descubiertas, y se colocaron en la parte más alejada pero desde donde podían ver bien todo lo que sucedía en el lugar.

Kyouko se quedó mirando al frente del lugar donde se encontraban unas escaleras que llevaban a un trono, eso era completamente nuevo para ellas, nunca habían contemplado un lugar como aquel en el que una sola persona ostentara un lugar alto y el resto quedará relegado a puestos inferiores.

Para ser exactos había ocho escalones, un trono menor al final de los ocho escalones colocado a la derecha y detrás de ese octavo escalón justo en el centro un trono en dos escalones más elevados, dejando en claro que quien estaba sentado en este era sin duda quien mandaba en el lugar.

A pesar de todo lo que Kyouko y Mimori habían sido capaz de leer, ambas se sorprendieron al contemplar al que ocupaba tal lugar un ángel porque aunque fuese caído era eso lo que era, sus cabellos negros tan largos como los de los ángeles comunes, sus ojos de un verde jade como nunca antes había sido vistos por ambas chicas.

Su figura igual a la del Arcángel Miguel no en balde era casi como si fueran hermanos.

La hermosura de ese ángel era tal que ambas se quedaron prendadas del mismo, pudieron ver que sus ropas eran completamente oscuras, que portaba una espada idéntica a la que pertenecía a Miguel en el cielo, podría decirse que su némesis.

-Veo que has regresado con bien Fuwa.-

La voz de este hizo a ambas ocultarse con cierta aceleración en el corazón, era una voz atrayente y hasta cierto punto temeraria porque ellas mismas sentían el deseo de contestar a esa voz y desvelar su presencia en el lugar.

-Ya hemos visto lo que queríamos vayámonos ya Kyouko por favor.-

La voz susurrante de Mimori hizo a Kyouko observarla para descubrir el miedo en los hermosos ojos de su amiga y darse cuenta de que la estaba haciendo sufrir, y eso era lo último que ella desearía hacerle sentir a su mejor amiga.

Asintió sin decir una sola palabra, pero cuando estaban por acercarse a la puerta ambas notaron que esta estaba completamente cerrada y que por el momento no podrían irse.

-Así es mi señor Lucifer, y he completado con éxito lo que me encomendó.-

Ambas a la vez sintieron curiosidad al escuchar esa otra voz, y no pudieron evitar asomarse a mirar hacía este en cuestión, descubriendo que quien había hablado se encontraba solo en el octavo escalón arrodillado ante el trono que había dos escalones más arriba y que había ocupado Lucero del alba.

Ambas pudieron ver que el cabello de este era tal y como lo describían de un color blanquecino y que a pesar de ser largo lo llevaba cogido con una cinta del mismo color que sus cabellos.

Pudieron apreciar que no vestía como los demás, sino que sus ropas eran más parecidas a las de Lucero que al resto y que llevaba cadenas al cuello y algunos otros accesorios como sarcillos y anillos.

Ambas estaban viéndolo curiosas y notaron que detrás de este en los siete escalones restantes había en cada uno de ellos un ángel más, eran los siete caídos que mencionaban el libro de Rasiel, los que cayeron junto con Lucero los denominados pecados capitales.

Al fijarse en esto pudieron ver que al lado de Lucero y apoyada en el trono vestida de negro, se encontraba una mujer, y ambas la reconocieron la primera que fue tachada de Demonio.

Lilit.

Ella diferente al resto y contaba con cabellos Rojos como el fuego y ojos únicos de un púrpura increíble, sus orejas eran puntiagudas y sus labios de un rosado pálido.

Ella miraba con cierta admiración al joven ante ellos como si lo respetase.

Lucero se encontraba sentado y con una mano apoyada en uno de los reposadores del trono y su cabeza apoyada en la palma de su mano con aire de despreocupación y miraba a Fuwa con cierto rastro de dudas, al parecer había algo que le disgustaba de quien se encontraba ante él.

-Espero que todo haya ido bien tal y como afirmas y que luego no me lleve ninguna sorpresa.-

-Le aseguro que no será así.-

Lucero sin apenas ser notado por el resto se puso en pié y abandonó la estancia, no parecía muy satisfecho con lo que sucedía pero tampoco aparentaba querer saber más.

Cuando este desapareció por una de las puertas todos comenzaron a movilizarse preparados para irse del lugar y Kyouko y Mimori se prepararon para salir de allí en cuanto les fuese posible.

Ambas estaban tan centradas en poder salir que no se percataron de que alguien notó su presencia en el lugar.

En cuanto vieron su oportunidad ambas comenzaron a correr una agarrada a la otra asegurándose de que ninguna se quedara atrás y así poder salir juntas.

Ambas llegaron a la puerta que les daría la salida del lugar y se ocultaron esperando que una vez más alguien abriese esta para poder así irse de allí.

Para suerte de ambas no tardó en suceder que la puerta fuese abierta incitándolas a salir, ambas se quedaron quietas unos momentos esperando que alguien la atravesara, pero eso no sucedió parecía que la puerta simplemente se había abierto por error.

-¿Qué hacemos?- preguntó Mimori en cierto modo asustada.

-Lo mejor es aprovechar esta oportunidad.-

Kyouko cogió con fuerza la mano de Mimori y tiro de ella, ambas corrieron hasta la puerta y cuando estaban por llegar Kyouko sintió un escalofrío recorrerla y el miedo la invadió no, no podía ser posible que las hubiesen descubierto y ellas acabasen de caer en una trampa, pero si ese era el caso ella no permitiría que cogieran a Mimori.

Tiró de su amiga y la empujó con fuerza haciéndola salir primera por la puerta, si conseguían salir de allí ya nada podría pasarles, porque los caídos sabían bien que una vez fuera de su terreno un ángel no podía ser lastimado.

En cuanto vio que Mimori estaba fuera, sonrió ahora era su turno, estaba por conseguir pasar cuando vio la expresión de miedo en el rostro de Mimori que la miraba, decidió no mirar atrás y correr aun más, pero justo cuando iba a poner el pie fuera del territorio prohibido se encontró con que alguien tiraba de su brazo apresándola e impidiéndola marchar.

-Vaya así que he cazado a un ángel extraviado.-

Kyouko reconoció esa voz enseguida y se sorprendió a si misma girándose para mirar a la cara de este, sin poder contener su deseo de saber que se sentía al estar tan cerca de un caído.

Pero en el momento en que eso sucedió, se quedó helada, pues él no era después de todo un caído, sino que era un demonio, debería de haberse dado cuenta al ver sus cabellos platino, pero no se había percatado por ello, sino porque sus orejas eran puntiagudas como las de Lilit y sus ojos, sus ojos eran de un color rojo rubí, sin duda ese era el mismo de antes.

Kyouko se encontró con que no podía dejar de mirarlo, pero en lugar de mirarlo con curiosidad lo miró con frialdad declarándole en cierto modo la guerra con esta mirada.

No supo porqué pero él pareció sorprendido y ella sintió como la soltaba dejándola libre y pudiendo dar al fin el paso que la liberaba de las garras de ellos.

Cuando traspasó la puerta sintió como Mimori tiraba de ella a la vez que él parecía volver en si e intentaba volver a atraparla deteniéndose al darse cuenta de que la había soltado en su descuido.

Ella sintiéndose triunfante le dedicó una sonrisa de agradecimiento y echó a correr con Mimori a su lado.

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Estaba prohibido y lo sabía, pero no podía evitarlo ya llevaba demasiado tiempo haciéndolo y se había percatado de que era inevitable, necesitaba verla una vez más, contemplar esos ojos que lo habían desafiado en su propio territorio cuando deberían de estar aterrados.

Estaba convencido de que era una chica, porque su mirada se lo había revelado.

Y ahí se encontraba él en territorio enemigo, al contrario que los ángeles que tenían prohibido adentrarse en tierra de demonios, ellos tenían permiso a entrar en el cielo, no era un permiso dado por los ángeles de echo si lo pillaban lo matarían pero los caídos habían autorizado incursiones en territorio enemigo mientras se saliese victorioso de las mismas, esta incursión no era la típica incursión pero tampoco es que se fuera a enterar nadie de lo que él estaba haciendo, además la única que sabía de eso era una diablesa que no lo dejaba ni a sol ni a sombra por decreto de su madre Lilit.

Pero ella nunca diría lo que él hacía estaba cien por cien seguro de ello.

Caminó con cautela por el lugar ocultándose entre los árboles, eran tan ingenuos esos ángeles, ni si quiera se daban cuenta de que sus adorables bosques eran su propia perdición porque era el mejor lugar para ocultarse de ellos y darles ventaja a la hora de atacar a los ingenuos.

Miró su cinto, su espada aun estaba en su lugar y sus puñales estaban bien ocultos, ahora todo sería cuestión de encontrarla, si era cierto que podría tardar en localizarla, pero eso no le importaba, solo el hallarla era lo importante, y las incursiones no llevaban solo un día realizarlas, no éstas podían demorarse días, y él no tenía prisa por regresar.

Había predispuesto todo para que nadie sospechase de su desaparición, y sin duda como siempre todo saldría a pedir de boca, sus pasos eran cautos y lleno de precaución no deseaba toparse con ningún indeseable antes de localizar a su único objetivo, todo sin duda sería mucho más sencillo si supiera cual era el nombre del ángel, pero no lo había averiguado para su desgracia, aunque eso lo hacía todo más mucho más interesante.

-No diré nada.- se detuvo estático al escuchar y se quedó quieto tras un árbol.

-No puedo permitir que hagáis lo que deseéis en todo momento.-

-¿Y qué más te da eso?, estamos perfectamente, y como puedes ver no necesitamos que nos sigas como tontas, Kyouko y yo podemos estar solas.-

-Sin duda eso lo sabe todo el mundo, pero Miguel me ha pedido expresamente que no os pierda de vista.-

-Miguel, Miguel siempre Miguel, ¿por qué será que siempre está él por medio cuando se trata de ti y nosotras?-

-Porque he de obedecer órdenes de él y ahora está sumamente preocupado por vosotras.-

-Sí, sí, eso ya lo dijiste, mira Tsuruga, ¿por que no vas a decirle de mi parte que me olvide?, además no se si no te has dado cuenta pero Kyouko no está aquí conmigo.-

-Ya lo he notado y es precisamente por ello que te estaba siguiendo, quería preguntarte donde se encuentra ella.-

El silencio se hizo presente en el lugar y este pensó que tal vez se habían alejado por lo que se asomó para ver si ese era el caso, pero no, allí estaban ambos plantados uno delante del otro en silencio en un ambiente cargado de tensión, de repente el hombre cambió su rígida postura por una más desahogada y dijo mientras se restregaba la frente:

-Mira Mimori si me dices donde está ella me marcharé ¿de acuerdo?-

De repente y como si lo hubiese mirado directamente a él, Fuwa se apretó contra el árbol con cara de espanto, ¿de verdad ese sujeto era un ángel?, todo en él se había estremecido por completo al ver esa sonrisa tan sumamente falsa que había dibujado al decir esa última parte de la frase.

-Se supone que estaría visitando a Rasiel.-

La voz de la chica había cambiado por completo, ahora parecía hipnotizada por ese sujeto y él no pudo evitar recordar como Lucero del alba conseguía ese efecto en casi todos los ángeles que lo seguían, solo él y unos pocos reconocían realmente cuando él estaba en verdad enfadado y era precisamente lo que acababa de pasar ahí, sin duda Lucero antes era un ángel, un tramposo y estafador ángel que con sus caras de no romper un plato parecían inocentes, pero en su interior se podía ocultar cualquier cosa.

-Muy bien entonces te dejo que sigas en tú paseo ya nos veremos Mimori.-

-Sin duda.- dijo esta quitándole importancia al asunto, el ángel se dio media vuelta y la sonrisa que adornaba su rostro hasta ese momento desapareció y la reemplazo una mirada cargada de enfado y sus pasos estaban reflejando el enfado de este sin duda.

Fuwa no podía dejar de reconocer que ese sujeto merecía cierto respeto, y sin duda si se llegaban a encontrar en una batalla no reusaría enfrentarse a él, de hecho sería un buen aliciente.

-Qué fastidio, siempre igual.-

La voz de ese ángel lo hizo ahora centrar atención en esta, se escondió tras otro árbol que le daba una visión de ella mejor y se quedó viendo como esta suspiraba cansada y se dejaba caer en el pequeño claro que había en el bosque, e tumbó boca arriba con ambas manos extendidas en la hierba y contemplaba el cielo, un nuevo suspiro salió de sus labios y la vio cerrar los ojos iba a acercarse a ella para poder ver si era o no ella la que buscaba cuando escuchó unas pisadas de alguien que se acercaba a la carrera, al fijar su vista en quien se acercaba se volvió a ocultar se trataba de otra ángel.

-Al fin que te alcanzo.-

-Hola Kyouko, ¿qué tal te fue?-

Pudo ver como esta se dejaba caer de rodillas justo donde esta tenía la cabeza y inclinándose hacia delante quedó su cara a la vista de la otra en lugar del cielo y pudo apreciar la sonrisa llena de ternura que reflejaba su mirada al ver a la otra ángel y sintió nauseas, no le agradaban esas tonterías:

-¿Todavía hace falta que preguntes?-

-No se para que me molesto, si te es tan fácil esquivar a Tsuruga ¿por qué me haces ayudarte?-

-Solo te pedí que lo entretuvieras.- al ver que la otra no contestaba la chica comenzó a poner caras raras y cargadas de preocupación, por alguna razón que no sabía identificar Fuwa no pudo evitar sentir ganas de reír ante las caras que esta ponía:-¿Estás muy enfadada conmigo Mimori?-

En ese momento el ángel tenía un dedo en sus labios y miraba a la otra con expresión triste casi con ganas de llorar, la otra abrió mucho los ojos al ver esa expresión en el semblante de la otra y por las prisas de incorporarse a la par que se disculpaba y decía que no estaba molesta ambas se golpearon.

El silencio se hizo presente en el lugar hasta que sus ojos se encontraron y ambas comenzaron a reír alegremente.

-¡Quieres que en compensación te recoja el cabello?- se ofreció Kyouko sonriendo alegremente a Mimori la cual pareció simplemente feliz y asintiendo frenéticamente se colocó de espaldas a su amiga ofreciendo a la misma su larga cabellera rubia.

Fuwa aun oculto no sabía el motivo pero parecía estar pegado al suelo mientras sus ojos no perdían de vista a ninguna de los dos ángeles como si el verlos fuera lo único importante, encontrar a esa pequeña intrusa había pasado a ser algo sin mayor importancia para él, ahora esas dos eran lo único importante.

Ambas reían y hablaban a la par que la otra iba recogiendo el cabello de su compañera poco a poco adornándolo con florecitas.

-Así que aquí es donde estabas después de todo.-

Ambas se congelaron por unos segundos, la que respondía al nombre de Mimori se giró rápidamente sonriendo y se encontró con que el otro ángel Tsuruga había regresado donde ellas dos estaban, pero al ver la sonrisa que adornaba el rostro de este ésta pareció relajarse:

-Tsuruga, hola de nuevo, Kyouko acaba de llegar.-

-Seguro, Rasiel me ha dicho que no hace mucho que se ha marchado.- seguía sin perder esa sonrisa en su rostro y Fuwa se percató de que la otra ángel no se había movido parecía petrificada en el lugar como si algo le impidiese moverse, pudo ver que cuando este volvió a hablar algo la recorría una especie de escalofrío que él mismo compartió con ella, lo que significaba que en verdad no se había imaginado que ese Tsuruga daba miedo cuando sonreía de una manera tan falsa.

-Ahora que ambos estamos en el mismo lugar no creo que te importe acompañarme para tener unas pocas palabras ¿verdad Mogami?-

El ángel como si tuviera un resorte se puso en pie y declaró:

-Sí, claro.- Sin más ambos comenzaron a alejare dejando a la otra allí, ella tan solo los miró durante un momento, lo único que necesitó Fuwa para que cuando los otros dos se habían perdido de vista acercarse con mucha precaución a ella y agarrarla desde atrás tapándole la boca de forma que ella no pudiese gritar.

Esta se resistió pero él contaba con más fuerza y cuando consiguió retenerla por completo y sus ojos se encontraron ella palideció por momentos, y Fuwa sonrió al encontrarse con una chispa de reconocimiento en los ojos de ella, lo que lo hizo sentirse superior no se había equivocado al reconocerla, pero solo cuando había visto su cabello completamente recogido en una trenza y esa expresión mirando a los que se alejaban la había reconocido, estaba seguro que la conocía, y al ver que ella lo reconocía a él ya no le cabía duda alguna ese era el ángel que había entrado en el infierno.

-Después de todo ha sido fácil localizarte pequeña intrusa.- el miedo que se apoderó de los ojos de esta lo hizo sentir algo extraño en su interior, la miró durante largo rato para decirle en un susurro: -Pareces tan indefensa.- sintió como ella se estremecía en sus brazos y volvió a decirle: -Sin embargo el otro día irradiabas tanta fuerza, tanta determinación, quería aplastar ese orgullo y sin embargo ahora solo deseo protegerlo.- sin añadir anda más y dejándose llevar por los ojos azules de la chica que parecían haberlo cautivado retiró su mano de los labios de ella y acercó los suyos propios a los de ella sellando así su destino y comenzando la pequeña desgracia que ese simple gesto causaría.

Este es el primero de los caps son cuatro, díganme si desean que los suba o si mejor lo quito, de corazón espero sus más sinceras opiniones, soy persona de apreciar ante todo las críticas constructivas.