Tenía planeado subir este fic dentro de unos tres o cuatro meses más, pero una amiga me convenció a subirlo ahora...les aviso que tengo apenas dos caps escritos además de este, y que no tengo idea a dónde quiero llevar el fic así que ténganme paciencia! Y claro, se aceptan TODAS las sugerencias que quieran hacer (desde lo que quieren ver, hasta cómo mejorar como escritora)

Quiero dedicar este fic a Viiry, quien originalmente iba a ser my co autora, pero al final, no se pudo. Con amor, HalliwellMB.


Prólogo.

La hora de almuerzo llegó en la ciudad de San Francisco. Las calles, restaurantes, casas y cafeterías estaban llenas de gente por todos lados, todos reuniéndose para tener un pequeño descanso antes de volver a la escuela o el trabajo otra vez. Pero había una ocupada mujer aún trabajando, sin pensar en almorzar o nada relacionado a ello; estaba sentada en su escritorio, escribiendo en su computador y concentrada en su columna, cuando sintió una presencia parada en la puerta de su oficina.

― ¿Tengo alguna reunión hoy día, Elise? ―preguntó sin mirar arriba, sabía que era ella.

― No, solamente un par de cartas que firmar, y Jason no estará aquí hasta mañana ―respondió sonriendo, esa chica sí que era eficiente.

― Ok, gracias ―dijo Phoebe con una sonrisa amable, mientras su jefa y casi socia, se iba.

Tan pronto como Elise dejó de verla, suspiró y rodó los ojos escondiendo su cara en sus manos. Estaba cansada, realmente cansada de todo, pero sobretodo del tema del "amor"; a ella gustaba Jason, sentía algo por él, era verdad...pero no era amor, y eso, era lo que más la hacía enojar: Jason amaba a Phoebe, a Phoebe solamente le gustaba Jason.

― Mierda ―murmuró, apoyando su frente en el escritorio, golpeando el suelo con sus pies; había estado pensando en ello los últimos meses sin parar.

― Tienes una llamada ―dijo Gloria, caminando desde el pasillo, mirándola con cara curiosa y dejándole una pila de cartas amarradas con una cuerda sobre el escritorio.

― Claro, gracias ―respondió Phoebe enderezando la espalda y contestando el teléfono― Pregúntale a Phoebe, con Phoebe Halliwell, ¿En qué puedo ayudarle?

― No tienes idea cuánto desearía que dejaras de decir eso cada vez que te llamo ahí ―se quejó Prue.

Oh, perdón, pero estás llamando a mi oficina cuando se supone que debes llamar a mi teléfono, ¿No dices lo mismo cuando te llamo a la revista 415?

― Odio cuando tienes razón.

― Y yo cuando tú la tienes, así que, ¿Qué pasa? Estoy segura de que no llamaste solamente para escuchar mi slogan.

Razón otra vez.

Como siempre.

No exageres.

Phoebe arrugó la nariz y rió. Extrañaba a Prue, y mucho, los últimos meses había estado demasiado ocupada como para ver a sus hermanas tan seguido como antes e, incluso cuando vivía con Paige, su madre, la abuela, y Prue y Piper iban de visita a la mansión casi todos los días, no se sentía para nada cómoda desde hacía unos seis meses atrás...la verdad, nunca se había vuelto a sentir cómoda con su vida desde que tenía quince años, pero nada que no pudiese manejar...pero ahora, se sentía fuera de lugar otra vez, y no tenía idea de cómo iba a decirles que había aceptado la proposición de Jason para mudarse a China cuando ellas ni siquiera sabían que él le había invitado...¿Cómo decirles entonces, que había aceptado? No se trataba de ir a casa, sentarse en el salón y decir "Me mudaré a China, eh, ¿Quiere sushi para celebrar?" y esperar a que todas aceptaran la idea sin enojarse por no haberles dicho nada antes, o mínimo, preguntado su opinión al respecto.

― Te llamo para decir que Piper, Leo, Paige, Andy, mamá, la abuela y yo ―dijo tomando aire después de todos esos nombres― te estamos esperando para almorzar, con o sin Jason.

― ¡Dios! ―dijo Phoebe golpéandose la frente, frustrada y además, enojada consigo misma― se me había olvidado completamente, ¿Cuán atrasada estoy?

― No mucho, te llamé antes de que tuvieras la oportunidad de llegar tarde ―dijo rodando los ojos.

― Ok, ok...―dijo nerviosa, mirando los papeles sobre su escritorio, todo su horario estaba mal ahora― eh, pero...

― No puedes venir, ¿Verdad? ―preguntó Prue, claramente decepcionada.

― Cariño...―comenzó Phoebe, sintiéndose culpable y triste― realmente lo siento pero...tu sabes, yo...hay muchas cosas que hacer y...el programa de televisión empieza mañana en la noche y...

― Está bien Phoebe, no necesitas darme explicaciones ―dijo Prue, tratando de ser comprensiva, pero algo triste y enojada.

― Pero...Prue, yo...―continuó, restregándose el rostro con la mano libre― no quiero que piensen que no quiero ir.

― No lo hacemos. No te preocupes, está bien. Le diré a mamá que estabas en una reunión y que dijiste hola. Tengo que irme, te amo.

Pero...―intentó decir, pero Prue ya había cortado la llamada― genial, simplemente, genial ―se quejó de malas pulgas.

Tiró todos los papeles de su escritorio al suelo y cerró su computadora de golpe, a dos segundos de lanzarla por la ventaba abierta, ¿Por qué le era tan fácil echarlo a perder todo?, ¿Herir a las personas que más amaba? Su madre, hermanas, abuela, habían estado recordándole del almuerzo toda la semana...y ella, ella las había decepcionado de nuevo. Como siempre, era un fracaso.

En la mansión, Prue estaba guardando su celular mientras todos la miraban esperando por la respuesta de Phoebe. Era mucha presión y no sabía cómo decirles que su hermana no iba a ir, lo que no era una novedad, porque nunca tenía tiempo para pasar con su familia; no lo tenía antes, menos ahora.

― ¿Y? ―preguntó Patty emocionada, cargando una caja blanca en sus manos.

― Ella...―comenzó Prue, nerviosa, no quería hacer que su madre se sintiera mal― estaba en una reunión, muy cupada, como siempre y dijo que...

― Entiendo ―le cortó Patty, dejando la caja encima de la mesa.

Prue se miró los pies, así como los niños pequeños cuando hacen algo malo, y su madre cambió su sonrisa por una cara de seriedad.

― No sé cómo diablos se nos ocurrió que podría venir hoy ―dijo Paige, algo enojada, bufando.

― No se sientan mal, todo es por mi culpa, si yo no...

― No Prue ―dijo Penny, interrumpiendo su dia curso― no te hagas esto cariño. Ella necesita dejar ir su pasado y tú vivir tu vida sea como sea -le pidió en in tono de voz suave, mirándola con lástima.

Prue suspiró y caminó hasta la venta cruzándose de brazos y deteniéndose junto a ella, mirando el nublado día; y si ya estaba deprimida después de hablar con Phoebe, ahora se sentía peor al mirar para afuera. El estaba horrible.

― Lo dicen porque no tienen idea de cuan miserable me siento al saber que está sufriendo, pero intentando hacernos creer que no ―explicó abrazándose a sí misma, buscando autoreconfortarse.

― No, no tenemos idea, pero ella necesita aprender que no es la única persona en el planeta ―opinó Paige con amargura, mordiéndose la lengua enojada.

― No digas eso ―le pidió Patty con el corazón roto, casi temblando; realmente odiaba cuando Paige comenzaba con esa actitud― ¿Puedes imginarte cómo se siente que...?

― No mamá, por favor ―pidió interrumpiéndola con una risita irónica― no tienes que contarme su historia de nuevo, ni preguntarme lo mismo cada vez que se empieza a comportar como egomaniaca.

El timbre sonó haciéndolas dejar de hablar, y Paige aprovechó su oportunidad para abandonar la cocina e ir a abrir la puerta de la casa. Estaba enojada. Simplemente odiaba cuando todos empezaban a defender a Phoebe, estando más que claro que ella era la única que estaba equivocada. Amaba a su hermana, era cierto, pero no podía evitar culparla por lo que había hecho, y su corazón solía vivir en constante batalla: amando y odiando a su hermana. Suspiró y esbozó una sonrisa antes de abrir: siempre era más fácil fingir estar contenta, que explicar por qué no lo estaba.

― ¡Hola! ―sonrieron Piper y Leo tomándose de las manos detenidos en la puerta.

― ¡Hola! ―sonrió Paige de vuelta, agitando sus cejas repetidamente― ¿Cómo está la pareja del semestre?

― Feliz ―respondió Piper, entrando en la mansión con Leo, caminando hasta el comedor―No van a creer el lugar que conseguimos ―les contó emocionada.

― ¡Entonces cuéntanos! ―le pidió Prue, tratando de distraer a su madre y a sí misma de todo el tema de Phoebe.

― Ok, ¿Se acuerdan de la iglesia de la calle Filbert? ―les preguntó Leo.

― Claro que sí, ahí bautizamos a las niñas ―dijo Penny, sentada en la cabecera de la mesa, cerca de las escaleras.

― ¿No iban a destruirla el fin de semana? ―preguntó Patty, todavía triste, sentándose en la otra cabecera.

― Sí...―secundó Paige torciendo la boca, recordando su primera comunión y confirmación en ese lugar, sus recuerdos felices.

― Aún no ―dijo Piper felizmente.

Besó a su abuela y se sentó junto a ella, frente a Prue y al lado de Leo, quien estaba a dos asientos vacíos de Patty. Las sillas vacías de Phoebe y Jason.

― Leo tiene amigos, y ellos tienen amigos, y esos amigos tienen amigos y...

― Vaya, esos son un montón de amigos ―bromeó Paige, chocando su mano con la de Prue, quien estaba a una silla vacía de distancia, la de Andy.

― No la molesten chicas, está emocionada ―sonrió Penny enternecida y ambas se rieron despacio.

― Al punto ―continuó Piper― ¡Leo y yo vamos a casarnos ahí!

― ¿Casarnos? ―preguntó Paige con una sonrisita.

― ¿Ahí? ―preguntó Patty sorprendida.

― ¿Qué? ―inquirió Prue, frunciendo el ceño.

― ¿Cuándo? ―finalizó Penny.

Piper y Leo se miraron con cara cómplice, ahora eran ellos los que se estaban riendo. Era bueno tener una sorpresa bonita que compartir, como para variar un poco.

― No nos miren como si estuviéramos locos o algo ―pidió Piper, sirviéndose una copa de vino.

― Sabemos que hemos estado comprometidos por apenas dos meses, pero no se preocupen, no seremos como Prue y Andy ―explicó Leo.

― ¡Oye! ―se quejó Prue, tirándole un pedacito de pan a la cara.

Leo sonrió, esquivando el pedazo de masa; había dicho porque el mismo día en que Andy había vuelto a San Francisco, se encontró con Prue en el hospital, lugar al que había ido para acompañar a Paige a recoger algunos medicamentos para su padre, Sam. Habían hablado un poco, coqueteado apenas supieron que estaban solteros y salido el día siguiente. Y el siguiente, y el día después de ese, hasta que unas pocas semanas más tarde, él se propuso. Prue había aceptado de inmediato y, permitiéndose hacer una locura por amor, contrajo matrimonio con él dos días más tarde. La boda había sido seis meses atrás, la misma cantidad de tiempo que Prue llevaba cargando a su primer bebé.

― Mi cabeza explota, no entiendo ―dijo Paige.

Estaba confundida. Piper y Prue siempre habían sido las más centradas entre las cuatro, y ahora, ambas habían estado tomando decisiones apresuradas que jamás hubiese imaginado de su parte, aunque también sabía que con treinta y treinta y tres años de edad, eran lo suficientemente maduras como para decidir con inteligencia.

― Ok, déjenme explicarles ―le pidió Piper― la municipalidad le dio a la vieja iglesia diez meses más para ser salvada, o destruida.

― ¿Vas a destruirla o salvarla? ―preguntó Prue, comiéndose el resto del pan.

― Ninguna ―respondió Piper― solamente una pequeña, simple y privada ceremonia allí.

Piper sonrió ampliamente y besó a Leo, mientras le mostraba a las demás el anillo que éste la había comprado. Era plateado, con una joya blanca no demasiado grande, porque realmente odiaba las cosas exageradas y recargadas, lo único que quería era usarlo como símbolo parlante que le contara al mundo que muy pronto se casaría con el mejor hombre del mundo. Prue tomó su mano, para estirarla un poco más y aumentar el campo de visión de su abuela, Paige y madre.

― Definitivamente lo amo ―dijo Paige con un suspiro, quitándose el anillo de Piper para devolvérselo.

El timbre sonó de nuevo, indicándoles que el último familiar ya había llegado.

― Es Andy ―sonrió Prue, enamorada, intentando ponerse de pie pero fue detenida por Piper.

― No te preocupes, el bebé necesita calma ―dijo mirando al vientre de su hermana con infinita ternura.

― Vamos a comer ―comentó Paige lamiéndose los labios, sirviendo la comida de las ollas con ayuda de Leo.

En Miami Beach, Florida, dos hombres de negocios estaban sentados en una oficina bebiendo café helado. El día estaba caluroso, como siempre en ese lugar, pero eso no los detendría de organizar buenos negocios y firmar contratos inteligentes.

― Entonces todo está listo ―dijo Jason, firmando el último papel― estará aquí el viernes.

― Será un éxito, créeme. No hay una librería mejor que Steve's pages ―rió el regordeto hombre dueño de la cadena.

― Seguro que no ―respondió con falsa amabilidad― vas a amarla ―agregó, hablando de Phoebe.

― Ya la amo. No te olvides de conseguirme su autógrafo Jason ―le recordó, tomando la parte de su contrato para guardarla.

― No lo haré Steve ―sonrió Jason, mirando alegremente la cantidad de ceros que tanto él como ella, ganarían en pocas semanas― no lo haré ―repitió, antes de beber de su vaso con una sonrisita complacida.

De regreso en la mansión, la familia estaba lista para comer postre después de haber conversado, compartido chismes y hablado de gente y trabajo durante el almuerzo.

― Creo que la torta va a tener que esperar ―dijo Patty, pensando en la caja blanca― lo siento chicos, solamente hay helado de vainilla para compensar.

― No te preocupes mamá, son detalles ―dijo Piper, tratando de subirle el ánimo, a pesar de tener perfectamente claro de que no dependía ni de ella ni del pastel.

― ¿Estás bien, Paige? ―preguntó Andy, algo preocupado al verla tan perdida en sus pensamientos.

― Sí, solamente cansada...dormí mal ―mintió, tomando un poco de su vaso; en realidad, su mente había viajado al pasado y le estaba mostrando una dolorosa escena de años atrás...

Era una noche típica, bueno, no tan típica. Sam Matthews, el esposo de Patty, había ganado una elección muy importante que lo ayudaría a consolidar su nombre en el mundo de la política, algo digno de celebrar.

― Aquí tienes tu torta de felicitaciones, amor ―dijo Patty, cargándola desde la cocina hasta el comedor.

― ¿Tú hiciste esto? ―preguntó levantando una ceja.

― Sí ―sonrió orgullosa―creí que lo haría más especial.

Y yo que serías capaz de recordar que solamente como tortas de la vieja gelatería ―respondió enojado.

Patty miró sus pies, tratando de no llorar frente a su madre e hijas.

― Lo siento, si quieres puedo ir a comprar uno ahora.

― No, demasiado tarde. Comamos...esto ―dijo con una mueca de digusto y asco al mismo tiempo.

Patty asintió y su madre, quien estaba realmente enojada por la manera en que ese tipo trataba a su hija, nietas y a ella misma, solamente le tendió un cuchillo en completo silencio. Había tocado el tema con su hija cientos de veces, pero ella siempre le decía "Hago esto por las niñas. Ellas necesitan un padre, una familia, no puedo defraudarlas". Sabía que Patricia no estaba haciendo más que intentar ser una buena madre, pero a final de cuentas no era más que una tonta que se estaba dejando abusar psicológicamente por un hombre, e incluso a veces, físicamente.

Penny ayudó a repartir los platos, notando que la cena de Phoebe seguía intacta.

― Cariño, no has tocado tu comida, ¿Te sientes bien? ―preguntó amablemente.

― No tengo hambre.

― Comiste dulces antes de venir y por eso no quieres comer. No es mi asunto, no seas malcriada y cómetelo todo. La comida es demasiado cara como para botarla ―le advirtió Sam.

Sí, eso hice ―mintió Phoebe, realmente estaba enojada después de una discusión horas antes.

― No te atrevas a hablarme así, soy tu padre, no un compañero de escuela.

― Lo lamento.

― No, yo lo lamento ―dijo poniéndose de pie― lamento que mi esposa no sepa qué me gusta comer, siendo que no tiene que preocuparse de nada más que de eso. Lamento que mi hija no aprecie mi trabajo y quiera botar la comida que tanto me cuesta pagar. Hago todo por ustedes: sin mí no serían absolutamente nada, pero parece que ninguna lo comprende o lo valora.

― No digas eso papi, te apreciamos ―dijo Paige, abrazándolo al tiempo en que él le besaba la mejilla, la chica de trece años no podía soportar verlo sentirse así.

― Sé que lo haces mi niña ―dijo amorosamente con una sonrisita antes de besarle la mano.

Phoebe se mordió el labio tratando de no llorar, pero no podía evitarlo al ver cuánto era el amor y devoción que su padre profesaba a Paige, y el nivel de odio y rechazo que sentía hacia ella. No tenía idea de por qué era tan cruel consigo, sus hermanas, madre y abuela, era como...si Paige fuera la única persona que él realmente amaba. Inconscientemente, se puso a jugar con el tenedor, pensando en ello.

― No juegues con tu comida. Te mandé a comértela ―le regañó, cambiando de tema― tengo que ir a Sacramento este verano. Mi gente me lo pidió, y es necesario para mi carrera, por lo que todos iremos. Será mejor que aparezcamos como una familia unida.

Las chicas rodaron los ojos, realmente odiaban ir a esas cosas en donde él pretendía ser el mejor padre del mundo, y ellas, las mejores hijas, cuando puertas adentro...él era como era.

― ¿Cuándo nos vamos? ―preguntó Patty.

― Apenas las niñas terminen la escuela, el viernes que viene.

― Eso es en dos días ―dijo Prue― ¿Cuándo volvemos?

― Antes de que tú y Piper empiecen las clases en la universidad. Tres días antes.

― ¿Nos quedaremos en Sacramento todo el verano? ―preguntó Phoebe, casi gritando de la sorpresa.

― Sí señorita, ¿Por qué? ―respondió él, enojado de nuevo.

― Se inscribió en clases de verano, matemáticas avanzadas para practicar con tutores ―explicó la abuela, quien había firmado su permiso días atrás.

― ¿Por qué? No tiene sentido, esta chica no sabe ni contar hasta diez. Es estúpido, no logra sacar más de una B en sus clases regulares, ¿Cómo se supone que va a entender algo? Avanzadas, pff, tonterías.

― No seas cruel ―dijo Prue, apretando los puños, no lo aguantaba, y menos si le hablaba a su hermana de esa forma.

― Cállate, no hablo contigo ―respondió Sam― Podrías decirme Phoebe, ¿Cuál sería el beneficio? Eres disléxica, nunca vas a sacar más de una mediocre C. No pierdas el tiempo, irás conmigo, tu madre, tu abuela y hermanas y no te estoy preguntando.

― Sí padre. Tienes razón, soy inútil con los números y no es una buena idea perder mi tiempo tratando de mejorar cuando jamás voy a lograrlo ―dijo tratando de no llorar, y él asintió― ¿Puedo ir a mi cuarto, por favor? Quisiera adelantar un poco y empacar.

Patty cerró los ojos y dejó una lágrima rodar por su mejilla. Y Prue, pensó que era suficiente. No podía aguantarlo un segundo más, no iba a permitirle que siguiera hablándole así a su hermana, haciéndole perder toda la confianza en sí misma.

― Claro que puedes Phoebe ―dijo la hermana mayor.

Sam la miró con los ojos abiertos, ¿Desde cuándo se atrevía a desafiarlo?

― ¿Quién te crees que eres para dar órdenes? Yo soy el único que manda en este lugar, y su padre. Soy el jefe, y tú solamente puedes quedarte en esta casa en silencio, porque soy bueno y no te echo a la calle a habitar el Golden Gate.

― No, no lo eres. No eres nada más que una mierda. Crees que eres muy macho porque haces llorar a mi mamá, a mis hermanas sentirse como basura, pero no lo eres. Eres un imbécil. Un hombre de verdad, no necesita abusar de su familia para probar que lo es.

Sam se puso de pie, con el fuego en la mirada y se le acercó.

― No te atrevas a hablarme en ese tono, o hablarme así de nuevo si no quieres perder todos los dientes.

― No te tengo miedo Samuel, no más ―dijo Prue, parándose también, mirándolo a los ojos.

Él sonrió y asintió. La mesa entera estaba en pánico, y Paige sabía que, aunque su padre era dulce con ella, solía ser muy malo con sus hermanas, pero jamás esperó verlo golpear a una de ellas, hasta que vio que su brazo se elevó en el aire en dirección al rostro de Prudence, ¿Qué estaba haciendo?, ¿Por qué hacía eso?

― ¡No! ―gritó Piper, tomando su brazo para detenerlo.

Prue cerró los ojos en un reflejo, y los abrió cuando escuchó el chillido de Piper.

― No es tu asunto perra ―gritó furioso, perdiendo todo el control.

Paige abrió los ojos como platos, no podía creer su actitud. No podía creer que eso realmente estuviera pasando, ¡Eraa su padre por el amor de Dios!, ¡Se suponía que él debía cuidar de ellas, no herirlas! ¿Y estaba usando malas palabras?, ¡Él jamás había hecho eso antes!, ¿Qué estaba ocurriendo?

― ¡No te atrevas a tocar a mi hermana! ―gritó Prue esta vez, deteniéndolo para proteger a Piper. La tiró hacia atrás, casi haciéndola caer al piso pero no le importaba, no era comparable a recibir un golpe de parte de ese tipo y ella: ella quería matar a Sam. Ponerle un punto final a esa historia.

― Prue, para, por favor.

Prudence no le puso atención a la petición de su madre, ni miró a Piper o las demás: estaba cansada de eso, harta hasta la coronilla. Estaba agotada, y era el momento de cortar eso de raíz.

Sam estaba de pie, esperando por su reacción. La miraba como un toro furioso, y ni siquiera la caricia de Paige en intento de calmarlo, funcionó. Su pequeña estaba preocupada, tratando de evitar que golpeara a sus hermanas pero él no la oía, no le ponía atención. Estaba herida, viviendo una pesadilla.

― No permitiré que este poco hombre siga controlándonos cuando no tiene el mínimo derecho a hacerlo ―continuó Prue.

― Cállate ―le advirtió, asustado al notar que estaba a punto de decir algo importante que nadie debía escuchar.

― No ―sonrió― es hora de que alguien tenga el valor para decir lo que está pasando en esta casa.

― No...―intentó decirle Sam.

― ¡Cállate de una maldita vez! ―gritó Prue, y él abrió sus ojos inmensamente: ella nunca, ninguna de ellas, le había hablado así― Crees que tienes derecho a hacer lo que quieras solamente porque estás casado con mi mamá pero estás mal. No voy a dejarte tocar a ninguna de mis hermanas otra vez, y hablo de todas ellas. No vas a ver a mi mamá llorando de nuevo Sam, ¡Y mi abuela podrá decir lo que quiera y cuando quiera!

― ¿Qué te pasa? ―preguntó Paige, confundida― ¿Por qué le hablas así a papá?

― Prue, dulzura ―dijo Sam, tratando de elegir bien sus palabras, actuar como un buen hombre para, fingir, convencerla, de no decir nada― piénsalo dos veces.

― Prudence, detén este disparate ahora ―le pidió su madre, quien estaba a punto de desamayarse.

― No mamá. No soporto esto ni un sólo segundo más. No voy a dejarlo seguir lastimando a mis hermanas, es suficiente. Si no puedes ver que estás mal, tendré que mostrártelo y liberarte de este tipo. Mis hermanas, tú, la abuela y yo, merecemos algo mucho mejor que esto. Lamento si estás tan ciega como para no darte cuenta por ti misma.

― Prue ―repitió Penny, dándole ánimos para hablar y soltar la verdad.

Phoebe y Piper se quedaron en silencio, y Paige estaba asustada como nunca. Sam tragó en seco, y Patty cerró los ojos.

― No tienes idea cuánto desearía no ser yo la que tiene que decirte esto ―dijo mirando a sus hermanas más pequeñas, sobretodo a Phoebe.

― Prue, ¿De qué hablas?, ¿Por qué tan seria? ―preguntó Phoebe nerviosamente, no podía creer que toda esa pelea hubiese partido por ella.

― Prudence...―dijo Samuel una vez más.

― Samuel Matthews no es tu padre, Phoebe. Él no es tu papá, tampoco el mío ni el de Piper.

Patty escondió su cara entre sus manos, Penny sonrió y una lágrima cayó por si mejilla, mientras que Piper no tenía idea de cómo reaccionar frente a la cara de Paige; la pequeña estaba en shock. Pero peor que ella, estaba Phoebe.

―¿Qu...qu...ué? ―preguntó, sonriendo ampliamente antes de largarse a reír― ¡Oh!, ¡Ya veo! Aprendí la lección: nunca más jugar con comida ni responderle a papá. Okay, detengan esto ahora, ¡Entendí el punto! Oh Dios, ¡Son actores excelentes!, en serio.

― No es una broma Pheebs. Nuestro padre se llamaba Victor Bennett. Él dejó a mamá cuando eras una bebé, por eso no te acuerdas de que existió.

Prue estaba nerviosa, viviéndolo todo como un extraño sueño, pero finalmente, la verdad había sido dicha. Piper tomó la mano de su madre, y la abuela dejó a Paige esconderse entre sus brazos. Phoebe negó, riéndose sin creer nada.

― Eso no es posible ―dijo mirando a su mamá, pero ésta solamente asintió con la cara cubierta de lágrimas, como todas las mujeres en ese lugar.

― No entiendo ―dijo Paige, llamando la atención de todos― ¿De qué están hablando?, ¿Qué pasa?, ¿Quién es Victor, mamá?, ¿Por qué no sabía de ésto?, ¿Es verdad lo que Prue está diciendo, papi?, ¿No soy tu hija, papá?

Estaba temblando, asustada hasta la muerte. Quería cerrar los ojos y despertar, pero eso era real. Era real.

― Paige, cariño ―dijo Sam en shock, tratando de abrazarla, pero ella no lo dejó― tú eres mi hija bebé, mi única hija. Te amo más que nada en este mundo, nunca te atrevas a dudarlo amorcito ―dijo intentando abrazarla otra vez, pero ella no quería soltarse de la abuela.

Phoebe sollozó al oír eso y apretó su mandíbula, parándose e intentando hablar, pero lo único que logró hacer, fue gritar.

― Ella es tu única hija ―repitió llorando, mordiéndose los labios― ahora entiendo por qué la tratabas como una princesa, mientras que las demás no éramos más que un estorbo para ti. Todos estos años, traté, te prometo que sin descansar, de agradarte. No me importó cuántas veces me rechazaste, ni si seguirías haciéndolo, lo único que quería era que me amaras tanto como la amas a Paige y...toda tu indiferencia no era más que porque yo no soy tu hija. Es por eso que a Prue nunca le importó caerte bien, ¡Porque lo sabía!, Lo sabía y entendía que nunca ibas a amarla porque no era Paige, que nunca vas a amarnos porque no somos tuyas ―dijo limpiándose las lágrimas, mirando a Piper― ¡Por qué no estás sorprendida!, ¿Por qué no lloras? ¡El hombre al que llamaste padre toda tu vida nunca lo fue y...

Paige y Phoebe, la verdad, todas, dirigieron sus miradas a Piper. Ésta se sentía culpable, y estaba destruida: ella lo sabía, siempre lo había hecho.

― No estás llorando porque lo sabías, ¿Verdad?, ¡Todos lo sabían y se rieron en mi cara todo este tiempo! Me hicieron creer que era su hija por quince putos años, ¡Cuando lo único que soy, es una bastarda abandonada por su padre porque para él, no significaba nada! ―gritó, mirándolos a todos pero deteniéndose en Samuel― ¡Púdrete!

Eso fue lo último que Phoebe dijo, antes de usar sus brazos para tirar todo lo que había sobre la mesa, al suelo. Incluida la torta que su madre había preparado.

― ¡Detente! ―le pidió Paige, tratando de detenerla de destruir todo― ¡Deja de hacer esto!

― ¡Déjame en paz! ―gritó empujándola lejos, haciéndola caer al suelo.

Ambas niñas se miraron a los ojos, y supieron que algo había cambiado. Algo se había roto, quizás para siempre. Piper trató de ayudar a Paige a ponerse de pie, pero ésta no se lo permitió.

― Ustedes no son una familia. Ustedes son un grupo de mentirosos viviendo bajo el mismo techo. No soy parte de esto, me voy de aquí ―dijo Phoebe antes de correr a la puerta e irse a otro lugar, donde fuera.

La habitación se quedó en silencio. Ellos eran una familia "normal, conservadora". Nunca habían hablado palabrotas, estaba prohibido. Jamás se habían gritado los unos a los otros, estaba prohibido también. Ellos nunca habían tenido el valor de mentirse, o eso era lo que la más joven había pensado siempre.

― No es tu culpa ―dijo Penny, abrazando a su nieta mayor― hiciste lo que era correcto, estoy orgullosa de ti.

― Phoebe...―fue lo único que pudo pronunciar, aún atónita.

― ¿Phoebe?, ¿Eso es lo único que puedes decir después de todo el daño que hiciste? ―le preguntó Paige, mirándola con resentimiento― Te odio ―le dijo antes de correr escaleras arriba, no podía creer que su familia no fuera real.

― ¿Feliz ahora? ―preguntó Sam, corriendo tras su hija.

― No ―escuchó decir Paige, antes de encerrarse en su cuarto. Ella era la única que tenía habitación para sí sola, y ahora entendía por qué.

Tomó su osito favorito y lo abrazó con fuerza. No podía creer la manera en que le habían hablado a su papá, incluso cuando sabía que Prue tenía razón...pero no podía odiarlo. Él era tan amoroso, dulce con ella, y había aceptado a esas tres niñas que no eran suyas, ¿Cómo podía juzgarlo? Estaba confundida, la única cosa que quería hacer era llorar hasta dormirse, para poder despertar a un día mejor.

El sonido de livianos pasos la regresaron a la realidad, y éstos se detuvieron en el comedor, y después, vio una cara familiar detenida en la puerta.

Paige sacudió la cabeza, tratando de olvidarse de la escena en la que su vida feliz había empezado a desmoronarse, junto a su familia. Dentro de dos días se cumplían trece años desde ese recuerdo, y diez desde que su padre y madre se habían divorciado. él siempre le había dicho que él y Patty habían terminado por culpa de Phoebe, y que por su culpa, la familia se había destruido. Ellos habían arreglado sus diferencias después de esa pelea, y acercado incluso más, pero tres años después, su hermana había tenido que arruinarlo todo otra vez pero, ésta vez, nada fue lo mismo de nuevo: decidieron divorciarse, y su padre nunca había vuelto a ser el mismo. Todo por Phoebe.

― Hola ―dijo la chica de los pensamientos de Paige, muy tímida, casi tosiendo al saludar.

Sus hermanas sonrieron ampliamente, incluso la menor. En el pasado, ella odiaba a su hermana, porque la amaba tanto que no podía aceptar lo que había hecho, pero después de enterarse de por qué lo había hecho, había aprendido a perdonarla. Aún seguía enojada, pero al menos, no la odiaba. Y eso era bueno, sobretodo porque vivían juntas en la mansión; eran las únicas que quedaban en el nido, Piper y Prue se habían ido unos meses atrás.

― ¿Interrumpo? ―preguntó Phoebe, aparentemente nerviosa y sintiéndose culpable.

Era demasiado difícil para ella estar cerca esos días. Demasiados recuerdos dolorosos relacionados a Sam, sobretodo ahora, cuando el calendario le decía que se cumplía un año más de la pelea que había empezado todo.

― Claro que no hija ―dijo su madre― me hace muy feliz que estés aquí.

― ¿Te vas a quedar o huirás? ―preguntó Paige, sin intención de sonar maleducada, sino graciosa, pero la expresión no salió de la forma en que la había planeado.

La sonrisa tímida de Phoebe se disolvió, así como sus hermanas cambiaron las suyas a una cara de frustración. Tener un minuto con Phoebe era como cazar: era demasiado fácil asustar al venado y hacer que escapara.

― Creo que debería volver a trabajar ―respondió, herida, pero ocultándolo― tengo mucho que hacer y...

― ¿No nos darías veinte minutos? ―preguntó Piper con cara de perrito― No te veo desde...bueno, desde la semana pasada que volvimos de las Bahamas, ¡Y tú te ibas yendo al trabajo!

Phoebe no fue capaz de decirle "no" a esa carita, y menos cuando tenía razón. No había pasado un sólo minuto con Piper desde hacía mucho, y la extrañaba demasiado.

De acuerdo ―dijo con una sonrisa débil.

― ¡Ven aquí hermanita! ―dijo feliz, levantándose para abrazarla y besarle la frente― Adivina qué.

― ¿Qué? ―preguntó después de besar a su abuela, yendo hasta Leo para decir hola.

― ¡Me voy a casar en la Iglesia San José! ―celebró aplaudiendo.

Prue se puso de pie, no era novedad para ella por lo que fue a la cocina a buscar la caja blanca.

― ¿Ah? ―preguntó Phoebe, algo confundida, saludando y besando a la familia de a uno por uno.

― Leo se las arregló para salvar la iglesia por un par de meses y...

Mientras Piper hablaba, la mente de Phoebe volaba hasta dolorosos recuerdos que, afortunadamente, no pudo comenzar a ver porque Prue se devolvió de la cocina y empezó a hablar.

― ¿No vas a abrazar a tu vieja y arrugada hermana mayor? ―preguntó con una graciosa sonrisa, usando su vientre para ayudar a soportar la gran caja en sus manos.

Phoebe sacudió su cabeza, volviendo a la realidad y caminando desde la silla de Andy para besarla rápidamente, sintiéndose un poco enferma y a punto de vomitar la taza de café que había bebido en la mañana. La única cosa que su ocupada agenda le permitió darse tiempo para comerr. Prue hizo una mueca, aceptando ese frío saludo y dejó la caja encima de la mesa.

― ¿Qué y para qué es eso? ―preguntó Phoebe, tratando de no hacer notar que estaba evitando a su hermana mayor.

― Algo que tu mamá y abuela hicieron para ti ―dijo Penny, guiñándole un ojo.

― ¿Para mí? ―preguntó Phoebe, feliz tanto por la sorpresa, como por que la vía de distracción funcionaba.

― Para ti ―confirmó Patty, con una gran sonrisa.

Paige sonrió también, feliz de verlas a todas contentas, a diferencia del recuerdo que había tenido, y tomó la caja blanca para abrirla.

― "Buena suerte Phoebe" ―leyó en voz alta, luego explicó el resto― este almuerzo lo hicimos en tu honor, para celebrar el "Pregúntale a Phoebe prime" de mañana en la noche.

Phoebe no logró decir nada por la emoción. Las quedó mirando a todas, a todos, uno por uno, y las caras felices le confirmaban lo que Paige había dicho.

― ¡Oh, no debieron! ―lloró emocionada, sintiéndose amada y protegida, en total paz.

― Claro que sí ―dijo Andy, tomando la mano de Prue para darle fuerzas ante la incómoda relación entre ambas que no terminaría hasta que Phoebe resolviera su vida.

Su esposa sonrió débilmente, tratando de pensar en que si sería posible para ella, recuperar a su hermana algún día o si, inevitablemente, la perdería para siempre.

― ¡Vamos, sirve la torta! La celebrada tiene que hacerlo y comerse el primer pedazo ―dijo Leo.

― ¿Eso no es para los cumpleaños? ―preguntó Phoebe.

Leo hizo una mueca, no estaba seguro.

― Sólo córtala, torpe ―respondió fingiendo estar enojado, y Pheobe rió antes de besarle la mejilla.

― El novio de mi hermana es un perdedor, pobre Piper ―bromeó y su hermana la miró con fingido rencor.

― Prometido, prometido ―respondió, y ambas sonrieron.

Phoebe cortó el pastel y con la ayuda de Paige y su madre, todos los comensales tenían sus platos consigo.

― Esto está delicioso ―dijo Paige con la boca llena― mamá, en serio, deberían abrir una pastelería o algo.

― Es tarde para nosotras corazón, deja a Piper cumplir ese sueño ―dijo Penny― hablando de eso mi niña, ¿Cómo va el papeleo del restaurante?

― Muy bien ―respondió bebiendo de su vaso― si tengo suerte, dentro de un año o menos, estará todo marchando.

― ¡Eso es genial! No tenía idea que ya estabas en eso, ¿Por qué no me dijiste? ―preguntó Phoebe, muy emocionada: un restaurante siempre había sido el sueño de su hermana.

― No tenías tiempo ―dijo sin querer sonar hiriente, pero algo sentida por ello.

― Esto realmente es bueno, ¿Lo había dicho? ―preguntó Andy, tratando de volver al tema.

Últimamente, siempre era incómodo cuando Phoebe estaba cerca. No, la verdad, siempre lo era. No significaba que no la quisiera, porque sí lo hacía; la conocía desde niños, pero ella vivía en una constante melancolía y depresión, tratando de escapar de los problemas en montanas de trabajo y alejándose de su familia. No era que no estuviesen acostumbrados a ello, pero durante los últimos meses, desde que se había casado con Prue, se había puesto más difícil y todo había empeorado cuando se supo que Leo y Piper estaban comprometidos, y que Prue estaba embarazada. Era casi imposible verla en casa, solía pasar sus días en la oficina o en casa de Jason. La peor parte, era que ni siquiera se enojaba o gritaba, simplemente sonreía tristemente antes de irse a su cuarto o salir de la mansión.

― Eres dulce Andy ―dijo Penny con una sonrisa amigable.

― ¿Qué pasa con el banco? Pensé que esos tiburones no te darían nada ―continuó Phoebe, actuando tan natural como pud

― Bueno...Jason ayudó mucho ―dijo Piper, comiendo más torta.

― Es un ángel ―sonrió Patty, complacida― siempre dando y ayudando a los demás.

― Ese es él ―sonrió Phoebe con algo de molestia, rezando porque nadie empezara, de nuevo, a decirle que debía casarse con él.

― Come más hija ―agregó Patty, sirviéndole otro trozo de postre, incluso cuando apenas había tocado el primero― estás muy delgada.

― El querido Jason no alimenta a nuestra Phoebe como debería ―comentó Paige.

Ella sabía cuánto odiaba su hermana que Jason se convirtiera en tema, y que su madre sugiriera que se hiciera su esposa, por lo que siempre intentaba de ayudarla diciendo algo malo sobre él, para que los comentarios se disolvieran pronto. Su hermana siempre apreciaba esa ayuda.

― Diría que mucho trabajo, estrés y mal sueño ―corrigió Patty.

Phoebe no dijo nada, porque sabía que su madre tenía razón, pero no era su culpa: los últimos seis meses habían sido realmente difíciles y estresantes, un dolor de cabeza. La boda de Prue la hizo darse cuenta que después de tres años de relación con Jason, no lo amaba. Era siempre difícil de reconocer que la relación no tenía destino, y que si estaban juntos, era por conveniencia. Él era el jefe, y ella la máquina de dinero. Nada más, nada menos. No era que fuese una perra calculadora, al principio, había salido con él porque se sentía apoyada y querida, y después, fue demasiado difícil decir adiós a la estabilidad que él le daba. Él también, era su escape cuando lo necesitaba, y amaba hablar de trabajo y dinero, por lo que nunca llegaban a conversar sobre matrimonio, hijos o una familai.

Pero seguía siendo triste. Ella no sentía mariposas en el estómago cuando él estaba cerca, o sonreía cada mañana después de hacer el amor; de hecho, nunca lo había hecho con él. Solamente sexo de su parte y de la de él...él la amaba. Ella estaba vacía, sola, y él, la hacía hacer creer que no, eso era todo. Era miserable y todo lo que estaba pasando era demasiado para manejar, estar lejos de su familia, de sus hermanas, era demasiado difícil...ellas siempre habían sido unidas en su infancia y adolescencia, pero ahora...parecían completas extrañas que no podían compartir más de tres minutos juntas sin que su vida empezara a caerse otra vez. Cuando estaba con ellas, cmoenzaba a pensar, a recordar, y se daba cuenta de que su vida era un desastre. Pagaría loq ue fuera por recuperar su vieja vida feliz, volver en el tiempo y tener diecisiete otra vez.


Ok, espero que no haya queado enredado! ¿Qué hizo Phoebe?, ¿Qué le hizo Sam?, ¿Por qué Phoebe no puede soportar la presencia de Prue?, ¿Dónde está Sam ahora?, ¿Podrá Paige perdonar a su hermana? ¿Qué significa recuperar su vieja vida feliz? Amaría leer ss teorías!