Ok, sé que tardé años y no tengo perdón de nadie, así que menos bla bla y al cap, que quiero dedicar a mis dos fieles lectoras y amigas Orquidea-Ophelia y Daniie Armstrong :)


Capítulo siete: Vidas separadas.

El jet aterrizó y pronto, Jason pudo ver a Phoebe. Sonreía cargando una bolsa y bajó las escaleras casi corriendo.

― ¡Hey, volviste! ―celebró tomándola por la cintura para besarla.

― Hola, ten. ―agregó entregándole lo que le había encargado ir a recoger a Nueva York y ella había usado de excusa para ir y usar el jet.

― Gracias, señorita eficiente. ―le dijo besándola de nuevo y ella rió― ¿Por qué estás tan contenta?, ¿De qué me perdí?

― Nada. ―mintió besándolo de nuevo.

― Ok, no preguntaré. Me encanta cuando estás así de contenta y más preguntas no harán más que hacerte perder el buen humor. ―le dijo aún envolviéndola entre sus brazos.

― Muy inteligente de su parte, señor Dean. ―dijo tomándolo de la mano― ¿Hay algo de tiempo para nosotros?

― ¿Para hacer qué? ―le preguntó con una cara cómplice.

― Lo que usted quiera. ―prometió mientras él corría hasta su auto y ella lo seguía. Estaba demasiado emocionada pensando en tener a su hija creciendo junto a ella, pero por otro lado, su corazón seguía herido pensando en Cole y...no quería pensar en él, en sus manos, sus labios...su abrazo. No, era demasiado doloroso, demasiado y...él tenía novia, ella tenía novio...sus vidas estaban ciento por ciento separadas, le gustara o no. Había aprendido a evitar sus sentimientos durante los últimos años, pero más que todo, a esconder los felices; ahora, dejaría que toda su felicidad tomara control de la situación y que la tristeza, se fuera a volar.

Sara no podía dormir. Hacia unas pocas horas, Cole le había dicho a ella y a Elizabeth que ya no iban a modarse a Minnesota sino a California, específicamente a San Francisco, su ciudad natal. La niña había tenido una estupenda reacción respecto a ello, pero era inteligente y no había hecho ningún comentario acerca de visitar a Phoebe Halliwell o algo así, los tres seguían recordando el gran drama que la visita a Central Park había causado. Pero mientras la niña hacía una fiesta mental en su cabeza, ella pensaba en qué demonios tenía Cole en la cabeza, ¿Qué pasaría con su trabajo?, ¿Qué pasaría con el de ella?, Él la había calmado diciéndome que habían más bufetes en donde trabajar que el actual, y que aún podían pedir un traslado dentro de la misma firma. Parecía tan seguro de lo que decía, pero su mente no estaba ahí...su mente estaba ensu propio mundo, como cada 2 de noviembre, como cada 15 de marzo, como cada vez que Elizabeth preguntaba por su madre.

― Cole, lo siento, pero necesitamos hablar. ―dijo punzándolo con el dedo, intentando despertarlo, pero no estaba durmiendo.

― Lo sabía. ―dijo levantándose y prendiendo la luz de la habitación― vamos a dar una vuelta.

― ¿Qué?, Son las tres de la mañana y tu hija está durmiendo. ―dijo algo confundida.

― Lo sé, por eso te lo estoy pidiendo. Odiarás lo que te tengo que decir y no quiero que la despertemos peleando. ―dijo tomando una chaqueta de su closet, entregándole la suya a Sara.

La mujer simplemente lo miraba mientras él se ponía sus calcetines y zapatillas. Estaba asustada, ¿Iba a terminar con ella? Habían hablado de compromiso, ella sabía que eso era algo serio, pero la última vez que había discutido él...simplemente se había ido sin ella. Había vuelto, era cierto, y le había dicho adiós y que iba a llamarla antes de partir, también era verdad, pero, de todas formas, la había dejado, ¿Qué pasaba ahora?, ¿La echaría de la casa?

― No empieces con tus películas mentales, Sara. No estoy pensando en dejarte, relájate. ―dijo escribiendo una nota para Elizabeth, en caso de que se despertara y no los viera.

― ¿Por qué harías algo así? ―le preguntó un poco molesta.

― No es eso, sino que cada vez que quiero hablar contigo, piensas que es porque quiero terminar o porque encontré a otra mujer con la que quiero vivir.

Sara hizo una mueca y él le tendió su mano. Tomaron el ascensor, luego él se sentó en el asiento del conductor y ella en el del copiloto. Cole prendió la radio, estaba sonando una estación de música country y como sabía que Sara odiaba el country, la apagó.

― Ok señor misterioso, ¿Qué pasa? ―le preguntó moviendo su cabellera rubio junto a su cabeza.

Cole respiró profundamente y dobló en una esquina antes de hablar. La noche estaba muy oscura, no había gente al rededor y el silencio era un poco intimidante. No sabía cómo explicarle todo a Sara, pero tenía que hacerlo, por lo que decidió comenzar: se enojaría de todas formas, por lo que la manera de comenzar daba lo mismo.

― Sabes que todos estos años hemos sido solamente Elizabeth y yo...

― Y yo. ―agregó.

― Y tu. ―cedió― Una vez me preguntaste acerca de la mamá de mi hija.

― Sí, y dijiste que te dejó cuando Lizzie tenía dos. ―respondió algo confusa― Cole, directo al punto. Nunca hablas de esa mujer, ¿Por qué ahora la sacas a colación?, ¡Me estás desesperando!

El hombre asintió y suspiró antes de estacionar el auto. No era sencillo, no era sencillo.

― Pensé que me había dejado, Sara, pero nunca fue así. ―dijo cerrando los ojos, muy cansado.

― ¿Cómo sabes eso? ―preguntó ella levantando una ceja.

― La vi. ―respondió finalmente, esperando por un grito.

Sara abrió la boca a su máxima expresión y luego llevó una de sus manos a ella, pero sus ojos se abrieron en su reemplazo, ¿Qué?, ¿Había visto a la famosa Marie?, ¿Cuándo?, ¿Cómo?, ¿Por qué no le había dicho antes?

― ¿Disculpa? ―preguntó sacudiendo un poco la cabeza― ¿Qué?

Cole se restregó el rostro y bostezó. Estaba realmente cansado, emocionalmente drenado y estresado. A veces se preguntaba por qué salía con Sara, qué tenía en la cabeza cuando se le ocurrió hablarle de matrimonio...y era Phoebe. La extrañaba, demasiado, y había encontrado a una mujer totalmente opuesta en su intento de olvidarla: pero no había funcionado. Quería a Sara, no era tan maldito, pero no como esposa...no como a Phoebe.

― Escucha, sé que esto será difícil de creer, pero es cierto. ―le advirtió girándose en su asiento para poder mirarla de frente― Cuando se fue, también dejó una carta que fue robada...

― Cole, ¿Qué película vio cuando te dijo eso? ―preguntó amargamente, si esa mujer creía que iba a quitarle a Cole o siquiera pensaba en la posibilidad de que ello pasara, prometía matarla con sus propias manos.

― Es cierto. Sé que es verdad, Sara. Conozco a la persona que la robó y sé fue capaz de hacerlo. ―le dijo con severidad.

― ¿Dónde está?, ¿Qué quiere?, ¿Quién es?

― Está en San Franci...

― ¿Está en San Fran y quieres que nos vayamos a vivir allá?, ¡Qué demonios pasa contigo Cole Turner!, ¿Te olvidaste de que vamos a casarnos? ―le gritó histérica, como Cole sabía que iba a reaccionar.

― ¿Ahora entiendes por qué no podemos hablar en casa? ―le preguntó irónico― No, Sara, no lo he olvidado. Y sí, nos vamos para allá porque ella vivie ahí pero...

― ¿Ves?, ¡Acabas de reconocerlo! ―se quejó, pero él le dio una mirada que la hizo callarse al instante.

― Es la madre de Lizzie, y si vamos a mudarnos allá, es porque quiero que mi hija esté cerca de su madre, que puedan conocerse y tener una relación. ―le explicó; no tenía idea cómo estaba tan tranquilo, pero podría decirse que se debía a todo el shock emocional vivido en la mañana.

Sara no dijo nada, solamente pensó acerca de ello: Elizabeth pasando tiempo con su mamá, Cole solo. Cole solo, Cole con tiempo para pasarlo con ella. Irse a San Francisco podría significar decirle adiós para siempre a la pequeña molestia de Elizabeth y hola a una relación 24/7 con Cole; si tenía suerte, la niña podría terminar mudándose con su madre. No sonaba mal, para nada.

― Entonces, quiere conocerla. ―comentó finalmente, evitando sonreír.

― Sí. ―respondió él algo sorprendido por su nueva actitud― Quiere hacerlo y la ha estado buscando por años sin suerte.

― ¿Cómo la encontró? ―preguntó Sara con curiosidad.

― Elizabeth fue a ella...tu misma la llevaste.

Sara levantó una ceja de nuevo y se cruzó de brazos. No entendía nada.

― En español, por favor. ―le exigió.

Cole suspiró, debía ser fuere y aprovechar que Sara estaba abierta a las posibilidades en ese momento, para variar. Se rascó la cabeza y simplemente lo dijo, sin pensarlo dos veces o terminaría perdiendo el valor.

― Su mamá es Phoebe, Sara: Phoebe Halliwell.

Sara sonrió ampliamente, Cole era un cómico. Nada de lo que le estaba diciendo tenía sentido, algo estaba mal con Cole, definitivamente, pero no sabía qué. Daba miedo, porque no quería atarse a un loco o a una persona con trastornos mentales.

― Claro, amor, ¿No crees que necesitas dormir? Demasiado trabajo en la semana, y mudarse siempre es estresante...―trató de decir, pero él la interrumpió.

― Si no me crees, tengo fotos de nosotros juntos. Phoebe es la madre de mi hija, vive en San Francisco y nos vamos para allá para que puedan construir un lazo. No pretendo volver con ella, ella tiene un novio y yo te tengo a ti, vidas separadas, una niña en común. Esto es lo que quería decirte, pero necesito que...

Sara cerró sus ojos, mareada con toda la información y de un segundo a otro, se desmayó. Cole la vio con la cabeza apoyada en la ventana, inconsciente, y no pudo evitar reír. Sabía que era difícil para ella, para él también, pero tenía algo mucho más importante que ellos: su hija.

― No te muevas, te llevaré a casa. ―le dijo a Sara, encendiendo el motor del auto para devolverse.

En San Francisco, Phoebe estaba horneando un queque para alejar toda su ansiedad. Apenas había llegado a casa, después de haber pasado unas horas con Jason, le había contado a sus hermanas, abuela y madre las noticias y todas compartían su emoción, pero ella, ella estaba mucho más que emocionada. Su único deseo se había vuelto realidad, y no podía esperar a que su hija formara parte de su vida otra vez.

― Hijita, ve a dormir. ―le pidió su madre junto a la puerta antes de entrar.

― Está casi listo mamá. ―respondió sonriendo, mientras su madre le apuntaba las galletas, postres y el desastre que tenía en la cocina.

― Linda, necesitas descansar. Sé que estás emocionada, yo también lo estoy, pero por favor, no has dormido ni comido bien en días, hazlo por ella.

Phoebe miró a su madre y vio preocupación en sus ojos, tenía razón.

― Mamá yo...―comenzó a decir quitándose los guantes de cocina y caminando hasta ella― He sido una egoísta durante todos estos años, concentrada en lo que quería y...nunca vi que ustedes estaban junto a mi, siguiéndome en cada paso.

― Phoebe, cariño, lo hiciste. ―le prometió abrazándola― Lo hiciste cuando escapaste, cuando volviste a casa. La perdiste por nosotros, por protegernos de la verdad, por proteger a Paige.

― Pero no logré que Sam se quedara, apenas regresé, lo echaste. ―dijo sintiéndose culpable, con un gran nudo en su garganta― Arruiné la familia de Paige...

― No. ―le dijo su madre de inmediato, separándose de ella para poder mirarla a los ojos― No vuelvas a decir eso, después de lo que hizo, hija, si no lo maté fue porque es el padre de tu hermana. No hay más razones...y fue él quien actuó mal, por favor, entiende. No fue tu culpa, nunca fue tu culpa.

― ¡Lo fue! ―gritó dando un par de pasos atrás, cubriéndose la cara con las manos antes de sentarse en una silla― Fue mi culpa...si yo no...si sólo...yo lo obligué.

Phoebe vio a su hija sollozando, mordiéndose los labios. Sabía lo difícil que había sido para ella, lo difícil que seguía siendo, y cuanto le dolía vivir en permanente batalla con Paige.

― Necesitas perdonarte a ti misma, porque no hiciste nada. ―dijo su madre parándose junto a ella, apoyando la cabeza de su hija sobre su vientre― Y Paige...sé que será difícil para ella pero necesita saber la verdad. Necesita saber que no eres culpable, que si su padre se fue, es porque...

― ¡No va a saberlo! ―discutió, levantándose muy, muy enojada― Dije que no y siempre diré no. No voy a destruir lo único que le queda de su vieja familia, no voy a hacer que se decepcione de su padre. No voy a hacerlo, tu no lo vas a hacer.

Phoebe apagó el fuego de la cocina y salió de ahí, lista para ir a su habitación y tratar de dormir un poco: solamente quería que el día siguiente llegara pronto y recibir alguna llamada de Cole, pero su madre la detuvo en la mitad del camino.

― Sólo pido por las mismas tres cosas en mis cumpleaños, Phoebe. ―dijo Patty, mirando al suelo― La primera, que mi nieta aparezca. La segunda, que Sam supere su cáncer, y la tercera...―dijo subiendo un par de escalones― Cada año pido por ti y por Paige. No quiero morir y verlas separadas, no a ustedes, no con tus otras hermanas, ―dijo elevando su mentón con su mano― lo más importante en la vida de una madre, entre otras cosas, es que sus hijas estén juntas, unidas, como uan sola fuerza.

Phoebe miró a los ojos aguados de su madre y luego, desvió la mirada, avergonzada.

― Entiendo mamá. Entiendo. ―respondió besándola en la frente antes de correr a su cama y llorar. Estaba acostumbrada a llorar, no era algo nuevo, pero por primera vez en años, algunas de sus lágrimas eran de felicidad.

Felicidad y esperanza.


Respuesta(s) de review(s) :

Daniie Armstrong: Pobrecillo Cole, me cuesta mucho escribir a Cole xD pero que bueno que te guste. Y yo también espero un final feliz pero sabes que los personajes se manejan solos...

Orquidea-Ophelia: Ok, eso de que te hayas puesto mega feliz me puso a mi mega feliz! Ahí viste a los "intrusos" en las vidas de Phoebe y Cole; Jason y Sara. Urg.