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Feliz no cumpleaños


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No era su cumpleaños, lo que significaba que Sakura estaba sorprendida cuando encontró una pequeña caja azul sobre su escritorio. No era particularmente grande, y no llamaba tanto la atención, tampoco. Todo lo que sabía era que, mientras estaba de misión y dejó su habitación sola, alguien se había colado en ella. Una cinta de seda blanca la envolvía, con un pequeño moño en la parte superior.

Ya, en serio, ¿quién haría algo así? No tenía novio, y apenas comenzaba el otoño, así que no era tiempo de que alguien le diese regalos. En todo caso, probablemente debiera comenzar a buscar un regalo para Naruto, después de todo, su cumpleaños era el mes próximo.

¿Un admirador secreto? No, eso no parecía ser muy posible. Aunque era guapa, todo aquél que conocía ya tenía pareja o bien no estaba interesado. A excepción de Lee, pero dudaba que tuviera tal sutileza. Conociéndolo, él llegaría a ella con una sonrisa luminosa y entregaría el presente de una manera que mostrara la llama de su juventud, o al menos dejaría una nota. "Para: Mi amada Sakura-san" "De: Lee, ¡la gran bestia verde de Konoha!" La única falla en esa teoría era, que no había ninguna nota. Además, el azul no era el color de Lee, realmente.

¿Un enemigo? Ahora, que eso parecía más probable. Con su suerte, habría papeles explosivos dentro de la caja y volaría su cabeza o algo por el estilo. Ella era una kunoichi de Konoha, después de todo, era una obligación que hubiese gente a la que no le agradaba. Todo eso no era tan poco común. Otra idea era que fuese una broma de Naruto y Kiba, pero realmente dudaba que se tomaran la molestia de atarle la cinta alrededor.

La única manera de saber, era abriéndola.

Tomó la caja y la puso en su mano, se dio la vuelta, y se sentó en su cama. Se sentía ligera. Sakura desató el moño hasta que se soltó, y cayó al suelo. Bueno, ese era el primer paso, ahora todo lo que necesitaba era levantar la tapa y―

«Oh, ¿vas a terminar con esto de una vez?» su yo interno, le gritó.

Se tomó un respiro para calmar a su otro yo, y otro para estabilizar su mente. Con cautela, levantó la tapa y… jadeó.

Era un collar. Una cadena unida a un pendiente en forma de corazón, del lado derecho, cerca de la parte inferior, había una piedra roja. Del lado izquierdo, cerca de la parte superior, había una piedra blanca. Era hermoso. No, eso ni siquiera le hacía justicia. Era sorprendente. Probablemente era muy caro.

Sacó el pensamiento de su cabeza con rapidez. No, seguro era plata barata con gemas falsas. Solo conocía dos hombres que fuesen así de ricos. Uno de ellos era la pareja de TenTen, y el otro… el otro… que se veía libre de su libertad condicional hacía dos meses, y había sido promovido directamente a jounin, incluso asistiendo a algunas misiones ANBU... él no tenía ningún interés en ella en absoluto, como fuera.

Lo que la trajo nuevamente, al punto de partida.

La kunoichi de pelo rosa se paró frente al espejo, y después de una rápida búsqueda con su chakra para buscar alguna trampa, se lo puso. Lucía realmente bien. Tsunade-sama estaría tan celo…

―¡Ah, se suponía que debía llegar con Tsunade! ―¿cómo pudo olvidársele?

Corrió hacia la puerta y se dirigió hacia la torre Hokage.

Tsunade quería reír cuando su segunda aprendiz se coló a su oficina, sin aliento.

―E-estoy… estoy aquí… Tsunade-sama ―dijo, entre jadeos.

―Llegas tarde ―la quinta Hokage se giró hacia otra persona en la estancia―. Muy bien, entonces, tienes la misión. Puedes irte, Sasuke.

Sakura miró hacia arriba, no habiendo notado su presencia hasta que su mentora dijo algo al respecto. El último Uchiha asintió, y se giró para irse. Sus ojos se desplazaron hacia ella, sonrió en la típica forma Uchiha y se fue.

Tsunade enarcó una ceja hacia ella. ―¿Admirador? ―hizo un gesto hacia el collar.

Sakura enredó sus dedos en él, mientras hablaba. ―En realidad, lo encontré en una caja sobre mi escritorio. Sin tarjeta.

―¡Oh! ¡Un admirador secreto! ―Tsunade le sonrió. Amaba ese tipo de cosas―. ¿Importa si le echo un vistazo? ―observó cómo Sakura llevaba sus manos detrás de su cuello para desabrocharlo, cuando frunció el ceño. Tiró de la cadena, pero ésta continuaba alrededor de su cuello.

―El cierre se ha ido.

Una mirada inidentificable cruzó el rostro inescrutable de Tsunade. ―Déjame ver― su estudiante se inclinó sobre el escritorio y Tsunade tomó el colgante en sus manos, dándole la vuelta. Sus ojos color miel se estrecharon una fracción de segundo, pero no significaba que Sakura no lo hubiese visto.

―¿Tsunade-sama?

Ella miró hacia arriba, animada, dejando que el círculo volviese a su lugar alrededor del cuello de la Jounin. ―Es un collar precioso. Caro como para morirse.

Sakura le comentó a la mujer mayor su teoría acerca de la "plata barata". Tsunade se echó a reír.
―¿Plata? Sakura, eso es oro blanco. Y esas no son gemas falsas. No me mires así, sé de lo que estoy hablando. De todas maneras, la piedra blanca es un diamante. La piedra roja es… ―pausó―. Es un diamante rojo.

―Pero…

―¿Sabes lo poco común que es un diamante rojo? ―Sakura negó, sus ojos verdes denotando la confusión que sentía―. Son considerados los más raros del mundo, junto con los azules y naranjas. No solo eso, solo pueden ser encontrados en las montañas de la aldea de la Tierra ―a lo que Tsunade hubiese jurado que acaba de enviar a cierta persona en una misión a ese lugar.

Su aprendiz miró el collar otra vez, con temor. Estaba claro que no estaba acostumbrada a recibir ese tipo de regalos.

―Ahora ―continuó Tsunade―. Me informaron que la misión marchó bien, así que tienes el día de hoy y el de mañana libres. ¡Vete! ―Sakura se inclinó y salió de la habitación, aún reflexionando sobre la cadena alrededor de su cuello.

Tsunade esperó hasta que ella estuvo completamente fuera del alcance de escuchar, para gritar.
―¡Shizune!

Haruno Sakura no podía esperar a entrar al baño, y tomar una buena ducha caliente. Como fuera, no pudo quitarse el collar. El cierre había desaparecido misteriosamente y cuando intentó de deslizarlo sobre su cabeza, parecía que la cadena en realidad se había reducido.

«Está bien ―pensó― ¡ya es suficiente!»

Fue hasta su habitación y sacó un kunai de su bolsa, pensando que siempre podía comprar otra cadena. Puso el arma contra el metal y ¡zap! ¡La maldita cosa realmente la choqueó! En realidad, fue más como electricidad estática, ¡pero aún así! Intentó otra vez, solo para recibir un resultado aún más intenso. Después de cinco minutos, sus brazos hormigueaban ligeramente. ¿Era una advertencia? Cuando la choqueó, un sentimiento la recorrió. Era extraño para ella. Era molesto… y ligeramente divertido al mismo tiempo.

Decidiendo ver si podía oxidar el metal, para quitárselo, entró en la bañera.

Relajándose por algunos minutos, buscó otra vez el cierre, solo por si acaso, pero seguía ausente. Ya había intentado, usando algo de su "súper fuerza" a ver si podía romper la cadena, pero no cedía. ¡El metal ni siquiera se dobló!

Otra vez tomó el kunai, y llevó la punta hasta la cadena. Los resultados fueron inmediatos.

Una sacudida recorrió su cuerpo entero, sacudiéndolo en una acción involuntaria, no tenía aliento y el agua comenzó a derramarse. Sus manos temblorosas soltaron el kunai, sobre su ahora empapada alfombra, y la comprensión la atravesó.

―¡Hey! ¡Eso dolió, demonios! ―se escuchó.

«Dios…»

Sakura gritó. Su yo interno, por vez primera desde que ella podía recordar, se quedó sin habla. «¿Qué fue eso?»

―Una voz ―se dijo a sí misma. Había sido una vez, una que ella pensó era familiar, pero no podía reconocerla. Vino y se fue tan rápido. La dejó sintiéndose vacía… y un poco violada. Estaba asustada, por primera vez después de mucho tiempo, se sentía completamente asustada. «¡No! ¡No dejaré que ésta cosa estúpida llegue a mí!»

«¡Demonios! ¡Voy a matar a quien me haya dado esto!»

Esa noche, se fue a la cama con un montón de armas escondidas en lugares estratégicos, su cuerpo completamente tenso y cauteloso. ¿Quién le daría una cosa así? Un enemigo, debía ser un enemigo. Esa cosa podía leerle la mente y… ¡choquearla! ¡No era justo! ¡Ella no tenía ninguna ventaja!

La noche se estaba volviendo cada vez más fría, y Sakura abrazó la manta con más fuerza. En parte como protección al frío, en parte como protección a eso. Era ridículo, ¡jamás lograría dormir esa noche! Su mente estaba trabajando muy rápido, y cada vez que cerraba los ojos, éstos volvían a abrirse en un intento para protegerse de cualquier enemigo. Inesperadamente, sus párpados cedieron y su cuerpo se volvió más cálido, con un calor que estaba segura… no era suyo.

«Duerme, pequeña»

Fue como si alguien la durmiera con cloroformo.

Sakura despertó a la mañana siguiente, sintiéndose mejor, y descansada. Era sorprendente. Había escuchado de aquellos que se habían sometido a jutsus de sueño, lo que sospechaba que le habían puesto a ella, despertaban mareados y aún más cansados que al principio. Confundida, era una simple atenuación. ¿Por qué un enemigo potencia, la pondría bajo un jutsu de sueño y le permitiría tener una buena noche de descanso? Surgieron más problemas cuando miró a su alrededor, para ver su habitación. ¿No la secuestraría o la mataría mientras dormía? Había sido vulnerable, después de todo.

Decidiendo ir con Ino, se puso su usual combinación de blusa roja y falda, revisó su cabello y caminó hacia la puerta principal de su departamento. Cuando llegó a la florería de los Yamanaka, entró y encontró a una Ino muy aburrida detrás del mostrador. Sus ojos brillaron cuando vio a su amiga.

―¡Sakura! Gracias a Dios, ¡he estado tan aburrida! Y quería… ―se detuvo a media oración―. ¿Qué es eso?

―¿Qué es qué? ―miró hacia abajo―. Ah, el collar. Lo obtuve como un regalo, y ahora no puedo quitármelo ―la rubia no le encontró el sarcasmo a la palabra "regalo". Era una maldición, la cosita aquella.

―¿Quién querría? ¡Es precioso!

Hablaron un rato sobre las personas que podrían haberle dado el collar. Probablemente algún señor feudal que quisiera agradecerle, o maldecir, y cosas así de retorcidas. Sakura miró el reloj, para ver que treinta minutos habían pasado.

―Tengo hambre, ¿quieres ramen? ―preguntó Sakura.

Ino rodó los ojos. ―Eres más como Naruto, de lo que quieres creer. Pero claro.

Las campanillas de la puerta tintinearon, interviniendo, y un jounin que Sakura no reconoció atravesó la puerta.
―Ah, señorita Haruno, he sido enviado para informarle que la Hokage necesita verla inmediatamente.

Sakura frunció el ceño. ―Se supone que tengo el día libre.

Él se encogió los hombros. ―Solo sigo órdenes.

Sakura miró a Ino. ―¿Tal vez cuando termine? ―Ino asintió, y observó mientras su amiga se dirigía hacia la torre Hokage.

La mujer de cabello rosa, estaba sentada frente al escritorio de Tsunade, donde la mujer mayor estaba murmurando algo sobre llegar tarde. Finalmente, suspiró. ―Bien, no necesita estar aquí tanto como tú, de todos modos. Será mejor que comencemos ―hizo un gesto hacia el collar en el cuello de su estudiante―. ¿Sabes lo que es?

―Un collar.

La quinta sacudió la cabeza. ―No es un collar ordinario, Sakura.

―Bueno, creo que descubrí lo que…

Tsunade entrecerró los ojos.

―Esto es serio, Sakura ―debía ser serio si la legendaria perdedora estaba actuando así de enfocada en algo. Entonces, murmuró algo―. Voy a matarlo cuando llegue ―respiró profundamente―. Me refería a cuando dije que ese no es un collar ordinario. Me imagino que cuando intentaste quitártelo por la fuerza…

―Me sacudió.

Tsunade suspiró una vez más. ―Sakura, estás en una lección de historia, así que escucha atentamente. Hace como cien años, se creó una ley que permitía que las mujeres fuesen compradas por aquél que pagara el precio correcto ―Sakura estaba a punto de protestar aquella injusticia, pero una mano alzada se lo impidió―. Como sea, fue después cuando anunciaron que solo hombres de clanes prominentes podían comprar mujeres… mujeres que no pertenecieran a ningún clan.

Con la boca abierta, Sakura se señaló a sí misma y articuló un insonoro «¿Yo?»

―Sí, me temo, tú. Aunque, eso no es todo. A esas mujeres se les entregaba una joya, con un jutsu especial en ella, y solo unos cuantos podían realizarlo. El cierre se desvanece una vez la persona destinada a ponérselo, lo hace. La cadena se contrae, así que no puede quitarse deslizándolo sobre la cabeza, y se da advertencia… si se quiere quitar por la fuerza. Esas advertencias son emitidas por aquél que será el propietario de la persona que se ponga el collar, junto con un poco de su chakra. Algunos propietarios hacen que automáticamente se incendie, podría ser una combustión espontánea. La persona que te compró fue lo suficientemente buena pa―

Sakura se puso de pie, furiosa. ―¡No le pertenezco a nadie!

Tsunade respondió golpeando el escritorio con ambos puños.

―¡Siéntate! ¡Debes aceptar los hechos, te guste o no! ―Sakura se sentó, con lágrimas en los ojos―. Ahora ―la Hokage, más calmada, continuó―. Estaba diciendo que deberías estar agradecida. Quien te compró, fue lo suficientemente amable para solo sacudirte. ¿Preferiría que la sangre llenara tus pulmones? ¿Un agujero en tu estómago, para que el ácido te consuma internamente? ¿Los riñones como piedras, del tamaño de una pelota de golf? Lo he visto suceder, ya sabes.

Sakura se deslizó hacia abajo en su silla. Así que las sacudidas no eran tan… malas, pero… qué había de…
―Por lo general, ¿hay voces?

Tsunade le parpadeó. ―Sí, la joyería de elección también permite la telecomunicación entre el propietario y su… ―hizo una mueca―, posesión.

―¿No deberían haber rechazado ya, apropiarse de las mujeres? Estos son días modernos.

Tsunade analizó a su estudiante con cuidado. ―Es una ley antigua, Sakura, murió por su cuenta. Eventualmente, la gente ha olvidado todo sobre ella, y no hay razón para cambiar. Hasta ahora, por lo que veo.

Una pregunta vino a la mente de Sakura. ―Ah, Tsunade-sama. Vas a decir algo sobre el "amo" ―sus ojos confundidos se encontraron los miel de Tsunade―. ¿Quién es mi dueño?

Tsunade abrió la boca para hablar, pero se detuvo, sintiendo algo. Aquí vamos.

―Lo conocerás en éste momento ―se escucharon tres golpes en la puerta, y con un "entre", ésta se abrió.

―¿Querías verme, Tsunade?

La pobre chica se puso rígida.

Un momento…

Ella conocía esa voz…

Sakura giró en su silla, para encontrarse nada más y nada menos que los ojos negros de aquél de quien había estado enamorada. La oveja negra. El traidor.

Uchiha Sasuke.

Ni siquiera se dio cuenta de que se había lanzado hacia él, enfurecida, hasta que se encontró clavada en el suelo, con su cuerpo sobre el de ella y su rostro sonriente a no más de un centímetro del suyo.

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translator's note. para hey lenna. y uh, comencé a editar esto, también a traducir más. no me odien y esas cosas feas, tengo vida y escuela y tareas y la jodida universidad encima (ah sí, que ya crecí y me odio por eso). espero comprendan, gracias. y no, no la voy a dejar de traducir.