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«Pobres almas en desgracia»


Sakura inhaló, temblando un par de veces. Después de que la sorpresa inicial se fuera, había tacleado a Sasuke. Uchiha Sasuke. Aún no podía creer que lo hubiese hecho. Había sido por furia pura. Furia que aún la recorría en ese momento.

Él la había comprado. Como alguna clase de animal. Bueno, estaba bien y todo, pero no significaba que ella haría lo que él dijera. Ella sería tan desafiante que, ¡él querría deshacerse de ella! Haruno Sakura, kunoichi de Konoha, jamás le serviría a alguien. No era la mascota de nadie, no era propiedad de nadie. Su persona no tenía una etiqueta de precio. Era mejor que Sasuke esperara que ella fuese reembolsable, porque no había manera de que fuese a conservarla.

―Bájate, idiota ―escupió.

La sonrisa arrogante de Sasuke solo se intensificó aún más. No era del tipo de personas que ríen, pero justo en ese momento lo haría si se lo dijeran.

―Sí, princesa.

Sakura solo lo miró. Estaba burlándose de ella, y ambos lo sabían. Al momento en que el prodigio se elevó un poco, Sakura salió de debajo de él antes de que se levantara. Sus puños se apretaron con fuerza, hasta volverse blancos, mientras ella se sacudía con rabia. Tsunade observaba todo con una especie de furia subyacente en sus sistema. Mentalmente, decidió que la sacaría con Jiraiya después.

―Tú ―siseó Sakura, a través de sus dientes apretados―. Tú, bastardo ―antes de que ella tuviese tiempo de pensar, su yo interno tomó el control por completo, y ya estaba volando hasta el Uchiha antes de que se diera cuenta. Su cerebro estaba demasiado nublado, como para registrar los gritos de Tsunade para que se detuviera. Todo en lo que podía pensar, era en la sonrisa cargada de arrogancia de su ex-enamoramiento, y cómo necesitaba borrarla de su rostro con un golpe.

Sasuke se mantuvo ahí, de pie, mirando todo como si no fuese a bloquear el golpe o a esquivarlo en lo absoluto.

Todo sucedió en al menos, un segundo.

Ella estaba tan cerca de la satisfacción. A casi un centímetro de distancia, sintió un dolor desgarrador que la atravesó. Fue como si se hubiesen roto todos los músculos de su cuerpo y fueran brutalmente reparados. La electricidad la recorría, y justo cuando la sintió, entendió que se trataba de otra sacudida. Sakura cayó sobre sus rodillas frente a él, y mordió su labio para evitar llorar de dolor. No iba a llorar frente él. No lo haría.

Sasuke se arrodilló a su lado y le levantó la barbilla. ―No deberías hacer eso, Sakura ―su voz era gentil. A Tsunade, seguramente aquello sonó como un nervioso regaño, pero ella lo había conocido durante mucho más tiempo que la Hokage. Ella fue a la que rompió cuando eran niños, ahogándola con sus palabras mordaces. Comparado con todo lo que alguna vez le había escuchado decir, la última oración había sido gentil.

Los recuerdos la mantuvieron en ese estado por un momento más, hasta que las ganas de hacerle daño se renovaron con nuevos bríos.

Sasuke la ayudó a ponerse de pie, y ella tomó la oportunidad. Se imaginó que fue él quien la sacudió así, así que si lo atrapaba con la guarda baja, quizá tuviera la oportunidad de arrogarlo contra la pared.

Su puño se dirigía directamente hacia su estomago, y entonces, él la sorprendió. Con una velocidad que sobrepasaba incluso a Lee, atrapó fácilmente con una sola mano. Ni siquiera tuvo tiempo de mirarlo antes de sentir una mano alrededor de su cintura, estrechándola contra su pecho. Descubrió que estaba temblando, y si no fuese por la mano que la mantenía en pie, se habría caído. Su cabeza se apoyaba sobre su pecho con el mismo agotamiento que no se había dado cuenta que tenía, y jadeaba de manera desigual. Debió ser el choque electrizante que había recibido, porque no había manera de que se hubiese cansado después de solo dos golpes.

―Deberías escucharme cuando te digo algo ―era un susurro, en su oído, y la respiración de Sasuke la hizo temblar ligeramente. Él resopló un poco, antes de tomarla en brazos y colocarla en un sillón frente al escritorio de la Hokage, antes de sentarse él mismo en otro. Tsunade parpadeó por un minuto, sin saber muy bien qué decir.

―Bien, entonces ―comenzó ella―. He informado a Sakura en todo, exceptuando algunas cosas ―volvió su atención hacia su aprendiz―. Probablemente debí decirte antes, pero no puedes atacarlo. Es una respuesta automática, y Sasuke no tiene ningún control sobre eso ―Tsunade le dedicó una rápida mirada al último de los Uchiha, y vio que no estaba muy feliz al respecto―. Originalmente no era necesario, pero los compradores deseaban a una kunoichi y se hizo como una medida de precaución a cualquier intento de asesinato. Muchas de ellas actuaban como lo hiciste tú.

―Muchas de ellas, también tomaron como única salida quitarse el collar, pensando que así serían libres. Desafortunadamente, las advertencias se volvieron tan intensas que eventualmente murieron a causa de heridas internas. La única persona que puede quitártelo, Sakura, es Sasuke.

―Así que… ―dijo Sakura, comenzando a ahogarse―. ¿Él podría matarme si quisiera?

―No más de lo que podría incluso sin que le pertenecieras. Sobre todo, sigues siendo un ninja de Konoha y si te matara estaría cometiendo traición a su propia villa ―le señaló a Sasuke el punto, y él le dedicó una mirada que dejaba muy en claro que entendía todo, y que no iría tan lejos.

―Tsunade-sama ―Sakura sabía que posiblemente se fuera por las ramas, pero necesitaba intentarlo al menos―. Si él, digamos, decidiera ya no tenerme, ¿todo lo que tendría que hacer sería quitarme el collar?

La quinta se encogió de hombros. ―Me temo que no es tan simple. No hay nada de "renegar". Si, por algún giro de eventos, Sasuke decidiera quitarte el collar, no haría ningún bien. El collar está ahí solo para probar que él tiene posesión sobre ti. Es como un anillo de bodas en ese sentido, te muestra que has sido tomada. Las mujeres de las que te hablé antes, constantemente se quejaban de la joyería porque pensaban que así jamás podrían haber sido de la propiedad de alguien. Tú eres su posesión desde el minuto en que la transacción se llevó a cabo, el collar es solo para evitar cualquier amante potencial.

―Así que… se refiere a…

―Me temo que no puedes tener "novios" y no puedes casarte o tener hijos con nadie más que con Sasuke, si él lo permite ―el rostro de Sasuke era indescifrable, se encontraba en blanco, pero sus ojos transmitían una emoción que Tsunade no pudo identificar. Mientras tanto, mirando a su aprendiz, el corazón de la Hokage se cerró inmediatamente. Sakura se mordía el labio tan fuerte, que sangraba, tratando de evitar que las lágrimas salieran. No era el tipo de chica que lloraba frente a todo el mundo, ya no. Solo frente a sus amigos más allegados, lo cual probablemente excluía a Sasuke desde ahora.

―La última cosa es la… ―se detuvo, ante la mirada que el chico de pelo negro le daba―. Bien, probablemente es mejor mostrarte, de todos modos. Sasuke, por favor.

A Sasuke no le gustaba que le diesen órdenes, pero se mordió la lengua. Sakura no podía lastimarlo con su inmensa fuerza, pero eso no significaba que la Hokage, quien le había dado aquella fuerza, no pudiera.

―Sakura ―su voz era grave y fuerte―. Ven aquí.

La furia reemplazó a la tristeza temporalmente, y la cabeza de la mujer se giró hacia su "dueño" quien aún miraba a Tsunade. ―Qué demonios. ¿Quién te crees que eres? No soy alguna clase de animal para que tú… ―la voz de Sakura se apagó, a medida que su cuerpo actuaba fuera de su voluntad. Se puso de pie y caminó hasta estar frente a Sasuke, quien ahora la miraba a ella, con sus intimidantes ojos negros.

―Siéntate.

Sus piernas cedieron, y se encontró a sí misma sentada en el regazo de Sasuke. ¡Qué vergüenza! Trató de bajarse, pero una mano se encontraba ahora en su cintura y la otra descansando en una de sus rodillas, previniéndola de hacer cualquier tipo de movimiento.

―¿Qué demo…?

―Se llama "sumisión" ―explicó Tsunade―. Puede decirte que hagas algo, y debido a ésta situación, debes hacerlo, te guste o no.

Sakura lo miró. ―Tú, maldito enfer-

―Sakura ―interrumpió Tsunade―. ¿Por qué no te vas a casa ahora? Necesito trabajar en algunos detalles con Sasuke aquí.

Sakura se pudo de pie, con las manos dejándola ir, finalmente, y tenía la manija de la puerta en sus manos cuando escuchó la misma voz nuevamente. Vas a quedarte en mi casa, ésta noche.

La mujer se giró, y miró fieramente al punto central de toda su ira. ―Muérdeme ―escupió, abrió y cerró la puerta tras de ella.

Después de que todo el papeleo necesario fuese completado, declarando oficialmente que Sakura Haruno pertenecía a Sasuke Uchiha ―Tsunade no quería, pero tuvo que hacerlo― el prodigio se levantó dispuesto a irse. Estaba a medio camino, rumbo a la puerta, cuando Tsunade lo llamó. Él se detuvo, pero no se giró.

―No la lastimes, Sasuke ―Tsunade estaba suplicándole, sabiendo que no podía hacer nada más que eso.

Silencio… y entonces, ―No me gusta la mercancía dañada ―y salió de ahí.

Tsunade sintió una extraña sensación de alivio, entendiendo que al menos… él mantendría a su aprendiz a salvo.

Naruto Uzumaki, estaba teniendo un gran día.

Primero, había llegado a dormir hasta tarde por primera vez en mucho tiempo. Una vez despierto, se había duchado y vestido con su ropa de uso normal, naranja y negro. Después, decidió que necesitaba comprar ramen. Para eso, necesitaba limpiar todos los viejos gabinetes llenos de ramen.

Estaba ahora en su octavo tazón.

Preparándolo como usualmente hacía, puso el ramen instantáneo en el horno de microondas por tres minutos y silbó mientras el tiempo pasaba. Cuando habían transcurrido dos minutos y doce segundos, su timbre sonó. Se debatió entre las opciones que tenía, antes de decidir que quien fuera podría esperar. Mientras decidía qué era más importante, el cabrón persistente de la puerta comenzó a golpear.

Naruto miró el microondas, decidiendo que un minuto y cuarenta y cinco segundos eran suficiente tiempo para dejarlo y luego volver a la cocina. Llegó hasta la puerta de su departamento y la abrió.

―¡Sakura! ―exclamó―. ¿Por fin conseguiste un día libre de la vieja Tsunade? ―su cabeza estaba agachada, mirando el suelo―. Uhm… ¿Sakura? ―su ramen estaría listo pronto, y si no llegaba a tiempo…

Sakura se tensó, y de repente lo abrazó como si él fuera su cuerda de salvamento. El rubio estaba a punto de abrir la boca cuando escuchó sus sollozos desesperados y sintió que su camisa comenzaba a humedecerse. Naruto la abrazó. No era como abrazaba a Hinata, románticamente, pero era uno de los famosos abrazos que él le daba a la gente, un sentimiento de comodidad. Ahora era más alto que ella, por una cabeza, así que cuando miró hacia abajo, lo único que vio fue una masa de color rosa.

Algo estaba mal. Sakura, ahora difícilmente lloraba. E incluso si lo hacía, no era tanto como ahora. El único que la había hecho llorar así de tanto era… vamos, pensándolo un poco… Sasuke.

Sintiendo que las manos de Sakura apretando su chaqueta, Naruto decidió que nunca en la vida le había importado menos el ramen, que ahora.

Ocho minutos más tarde, Sakura se había calmado algo. No lloraba más, pero seguía molesta. El autoproclamado futuro Hokage le echó un vistazo al microondas e hizo una mueca, sabiendo que lo que fuera que estaba ahí estaba completamente arruinado. La invitó al Ichiraku, a que le dijera qué sucedía que estaba tan mal, y ella aceptó.

Él iba en su cuarto tazón, y ella apenas terminaba el primero, siendo la única que había hablando durante ese tiempo. Naruto podía sentir sus ojos volverse rojos en algunos momentos, pero se forzó a mantener el control.

―… ¡y entonces, puede ordenarme como si fuera un animal! Mi cuerpo reacciona contra mi voluntand y él puede hacerme cosas!

―¿Cosas? ―preguntó Naruto, peligrosamente. Si Sasuke estaba siquiera pensando en aprovecharse de ella…

―Supongo que cosas como prepararle las comidas, limpiar su casa, postrarme a sus pies y besarlos, cosas así.

―Pero…―vaciló Naruto―. ¿Pero porqué?

―¿Por qué, qué?

―¿Por qué te compró? ¿Por qué no solo te invitó a salir o algo así?

Sakura miró con tristeza su tazón, que estaba vacío. ―No lo sé, Naruto, no lo sé― soltó un pequeño bufido―. En realidad, no lo sé. Es porque es tan egoísta, un pequeño engreído de mierda, con su pequeño pito sin nada de testosterona para hablar y… ―se detuvo abruptamente y gritó; sintiendo como un Chidori en miniatura en la palma de su mano. Aparentemente, a Sasuke no le había gustado que insultara su masculinidad.

Hubo una pausa, y sintió dos pequeñas explosiones de electricidad estática. Sakura supuso que era su manera de decirle que se moviera. Miró el cielo, y vio que estaba oscureciendo con bastante rapidez. Había estado ahí más tiempo del que pensaba…

Se dirigió a su departamento a empacar una bolsa de viaje, con una rápido explicación a Naruto, y un adiós. No tendría ropa en la mañana. Se aseguró de que llevaba sus instrumentos médicos, porque tendría que ir a trabajar mañana. Si Sasuke no la dejaba hacerlo, iría directo con Tsunade, quien lo forzaría a permitírselo. A veces, era bueno tener a la Hokage como su mentora.

Caminó por el distrito Uchiha de la ciudad, con su maleta gruesa sobre uno de sus hombros, y caminó directamente a través de las puertas principales. No era la primera vez que había estado ahí, pero siempre le había parecido como si alguien la observara a través de las ventanas de las casas en las que alguna vez hubo vida. Alzó los hombros, alejando el sentimiento, y tocó a la puerta de la casa principal… mejor dicho, mansión.

Más temprano, había llamado a Ino y le dijo a la chica que le explicaría todo mañana, durante el descanso para comer. Comerían ramen, y los trabajadores de Ichiraku tendrían que escuchar por segunda vez la historia. Su amiga rubia se sentiría y actuaría como excluida, pero lo superaría. Ella tenía a Shikamaru para animarla, ahora. Sakura era la mascota de alguien.

La puerta se abrió, y Sasuke la evaluó con una mirada calculadora. Sakura se encontró con sus ojos, y entrecerró los suyos de manera desafiante. Una sonrisa arrogante tembló en los labios de él, y se hizo a un lado para dejarla pasar.

Los primeros pasos de Sakura hacia dentro de su casa fueron audaces. Le enseñaría que podía tomar lo que quisiera de su plato, y la reciprocidad se multiplicaría diez veces más. Ella no iba a pedir piedad. No iba a rogar. No lloraría por él nunca más. Haruno Sakura no mostraría miedo. Después de todo, no puedes mostrar miedo cuando caminas hacia la guarida de un león.

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translator's note.

¡el capítulo número dos remasterizado! D: se me da un montón borrar historias a lo idiota, pero ahora que lo pienso esta es mi primera traducción y sí, es pesado.
escribir y traducir son abismalmente diferentes, por eso es que me he atrasado.

no, no voy a dejar la historia sin terminar de traducir, de todos modos la autora original actualiza un poco lento y tengo eso a mi favor(:

espero comprendan que tengo exámenes de ingreso y exámenes de salida y un montón de cosas tristes/feas por venir, así que ya no soy la sanguijuela que solía ser con la pc ù.u peeeero~ no quiere decir que vaya a dejar todo al traste.

quisiera responder los reviews anónimos, pero desgraciadamente no puedo y por falta de tiempo aquí tampoco. pero igualmente GRACIAS a las chicas que, sin cuenta, siguen ésta historia. es por ustedes que no la voy a dejar, por todas las que comentan y las que leen aunque no lo hagan. lalá~

Editado. creo ;B

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