Le doy gracias a mi Beta personal, Honey, quien con dulces palabras es capaz de decirme los horrores más grandes. Honey, yo soy tu GaGa si tu eres mi Beyónce.

El título, he querido explicar el significado de éste nombre desde hace mucho, así que simplemente lo haré.

¿Por qué Spiral? El espiral, en términos de astrología, misticismo y mitológicos, puede significar espiritualidad, cambio y renacimiento. En términos concierne a la espiritualidad, el espiral representa la conciencia del alma y mortalidad, el auto descubrimiento de uno mismo. Concierne al renacimiento, también implica la trascendencia de la vida a la muerte hasta el renacer, así como el cambio de la decadencia a la renovación... También su significado aplica hacia el crecimiento y alegría, así como la decadencia y el caos, dependiendo si el espiral va hacia arriba o hacia abajo.

He consultado todo esto de unos cuantos libros y sitios online.

Tomé todo eso, porque básicamente ésa es la transición de la historia y sus protagonistas, que descienden y ascienden de forma constante en un espiral. He ahí, el porque del nombre.


Título: Spiral

Fandom: D. Gray Man

Género: Drama, Angst, Suspense, Tragedy, Romance.

Personajes Principales: Yu Kanda, Allen Walker, Lenalee Lee, Timcanpy (xD), y otros más.

Advertencias: Violencia explícita, Lenguaje obsceno, Temática Sexual, Mucho Humor Negro, Heterosexualidad (xD), Homoerotismo, Spoilers, Muertes Violentas y Bizarras.


I. Hurt.

La vida de un exorcista solía estar plagada de tragedias. El calvario sólo comenzaba cuando uno decidía unirse a la Orden Oscura. Pero quien nacía siendo exorcista, estaba destinado a cosas aún peores. Alguien como él viviría siempre con las mismas desgracias, y moriría miserable, como todos.

Desde siempre él aprendió a ignorar sus problemas, una vía de escapatoria efectiva al malestar espiritual, aunque su nacimiento había sido bendecido por un asesinato espiritual. Había días en los que a veces olvidaba preguntarse si tenía alma propia o no. El tiempo nunca le compensaría ésa cuestión.

Todos le ayudaron a él a ocupar su mente en la ignorancia, no porque era mejor idea cegarse de sus verdaderos problemas. A veces eran cosas tan pesadas y horribles que no podían simplemente mantenerse al margen todo el tiempo. Eran cosas que deberían de ignorarse lo mejor posible por el bien de su salud mental... ya que aunque Kanda tuviera una increíble fuerza de voluntad, su mente era tan capaz de quebrar como la de cualquier humano.

Entonces aplicó la indiferencia. Intentó sentirse humano para escapar de ésa maldición que le retenía en la soledad emocional. Era joven, era maduro, era solitario... y era un hombre.

Todo hombre llegaba a tener a lo largo de su vida ciertas necesidades, de ello se percató Kanda al momento de tener cerca de él aquel aroma sofocante que caracterizaba a una mujer; y desde algún tiempo en su vida él había tenido la curiosidad de 'sentir' cómo era una mujer. Una distracción perfectamente justificable. O quizás no demasiado perfecto.

Emilia Galmar(1), tutora personal del joven exorcista Timothy Hearst, era un encanto, era una mujer joven muy bonita y de un cuerpo envidiable (no evitaba notar que ella tenía unos senos especialmente grandes), pero él jamás podría amarla de verdad. Tenía que tratarse de un bastardo sin corazón para andar 'usándola', tenía que ser un maldito hijo de perra por jugar así con la dulce Emilia. Pero mientras ella siguiera creyendo en el juego de 'amar', mientras él pudiera ocupar sus pensamientos en el simple deseo del libido.

Oh, el maldito pecaminoso deseo. Creyó por un par de meses que Emilia era suficiente para satisfacer ésas necesidades primitivas, para que su mente se ocupara de algo más que no fuera la cruz que cargaba en su espalda. Y se equivocó.

Un día se dio cuenta de cuán vacía la lujuria dejaba a su cuerpo. De qué tan inútil y destructivo era tener que olvidar el pasado.

Simplemente... no obtuvo lo suficiente para olvidar sus problemas. Jamás dejaría de tenerlos ahí, como fantasmas que encantaban su inconsciencia y llenaban su cabeza con ésas imágenes del pasado. Cuadros de sangre sin fin.


6 de Junio

En sus sueños él caminaba en un escenario torcido, podía sentir sus descalzos pies caminar sobre una superficie fría y húmeda, pisaba restos, pedazos de carne y tripas que estaban esparcidas a cada ángulo que sus ojos alcanzaban. Y sobre aquella montaña de carnicería, sobre docenas de cadáveres desmembrados, estaba ése niño.

"Estoy muy feliz, creí que solamente era yo."

La Inocencia ya estaba en su mano, no podía desincrustarla de su carne, el arma en su mano estaba ahí porque su propósito era el de matar. Su aliento se volvía más frío y sus pulmones se llenaban del aroma metálico de la masacre. El niño frente suyo le miró a los ojos. La espada tomó forma al fin. Ardía de forma inaguantable, pero comenzaba a aceptar el tacto de su carne, sus huesos y su sangre.

"Dicen que te llamas Yu." La siguiente escena, era el mismo niño. Apenas reconocible, cortado en varios pedazos y en su mano izquierda estaba la katana que le masacró. Pero sus ojos seguían fijos en él, suplicantes, dulces e inocentes, llenos de lágrimas. También quería compartir ése sufrimiento.

"¿Eh...Yo?... Es algo vergonzoso." Aún se movía, aún respiraba. Estaba todavía vivo, pero no por mucho tiempo. No podía hacer nada por él ahora mas que terminar con su existencia.

"Ehm... A mí me llaman..." El niño agonizaba lleno de dolor, la sangre se extendía a sus pies, tejiendo la alfombra carmesí a su entorno. Él debía de estar muerto ya. Tocó su cara, también estaba húmeda. Sentía una horrible presión sobre el pecho, como si estuviera contrayéndose, y su respiración era violenta. Por ése niño despedazado ya no podía hacer nada... la oscuridad se lo tragó a él también. Una oscuridad que jamás parecía tener final. Sentía rabia, resentimiento, mucho dolor en todo su pequeño cuerpo; sabía de algún modo él se sentía igual que el niño a quien recién había aniquilado.

"Alma." Fue casi un murmullo sutil que logró escapar de sus labios, en respuesta a los sentimientos que afloraban dentro de su corazón. Escuchó un ruido, como si la puerta de su habitación se cerrara apresuradamente. Abrió de golpe sus párpados, se dio cuenta que ahora estaba en el solitario frío de su habitación. Emilia no durmió la noche pasada con él, no le fallaba la memoria. Quizás había comenzado a acostumbrarse a ella. Pero no se explicaba el sonido de azote de su puerta. Mataría al pendejo que se hubiera metido a su cuarto mientras dormía.

Lo primero que sus ojos captaron fue al otro lado de la habitación, ése aparentemente interesante reloj de cristal, donde estaba una flor de loto muy bonita en la parte superior. Abajo yacían seis pétalos caídos.

Seis pétalos. La última vez que vio, solamente eran cinco.

Cómo pasaba el tiempo.

Realmente estaba jodido. Adonde quiera que él mirara ahora, él recordaba a ése niño, un pobre niño muy estúpido, un pobre niño que ahora no existía mas que en sus sueños solamente.

Hoy era 6 de Junio. Malditas fueran las coincidencias. Otra vez venían los recuerdos. El día de su nacimiento era algo detestable para él. No entendía porqué celebrar un año más de existencia, si solamente envejecía más y se acercaba más al día de su muerte. Y si era un personaje tan odiado, nadie celebraría que existieras un año más.

"Feliz cumpleaños, Yu."

Solamente iría a desayunar y trataría de ignorarlos a todos lo más posible. Iría a meditar un rato, ya que Lenalee Lee se había ido a una misión el día de ayer, así que ella no le molestaría hoy. Tomó a Mugen, su bonita espada, sólo por si acaso tenía que amenazar a alguien que lo estuviera jodiendo.

Lo mismo de siempre, pidió al Chef Jeryy que le preparara soba, lo que él comía todos los días mientras se encontrara en los Cuarteles de la Orden Oscura. Si no era soba o tempura, no era comida. Le gustaba comérselo con calma, se hacía el sordo para disfrutarlo mientras fuera capaz.

Pero había algo que lo estaba perturbando. En su espacio había alguien más. No era Emilia, tampoco Marie, ni el pequeño Timothy, ni el General Tiedoll, tampoco otro Buscador idiota que quisiera fastidiarlo. Tenía que ser 'él'. Precisamente ése niñato raro que por alguna razón decidió pararse cerca de él mientras intentaba comer. Ya sabía que era él sin ni siquiera mirarlo ¿Para qué mirar a un maldito fenómeno con albinismo y una ridícula cicatriz en forma de pentaculo sobre su ojo izquierdo? Seguro a su lado también estaba el niñero mojigato, 'supervisando', como suponía. No tenía ganas de ver a uno o al otro. Mucho menos al primero.

Demonios. Seguía ahí parado ¿verdad?

¿Porqué demonios el Moyashi(2) venía aquí a molestarlo en vez de atragantarse en comida como hacía siempre, todas las mañanas?

–¿Qué es lo que quieres?–preguntó Kanda finalmente de muy mala leche, todavía no se dignaba a mirarlo directamente.

–Lenalee me pidió que te diera esto.–decía el Moyashi, su voz no denotaba expresión de sentimiento alguno, puso sobre la mesa, al lado del plato de soba un pequeño paquete café, envuelto por un sencillo moño blanco.–Como ella no podía estar aquí hoy... me pidió que yo te lo entregara, es tu cumpleaños ¿verdad?

Kanda miró de reojo la pequeña cajita. Había una tarjeta con letras de tinta azul en cursiva que decían claramente "De Komui y Lenalee para Kanda". Hizo un gesto de asco e alejó de él el pequeño obsequio. Seguro era un disparate que Komui Lee le hizo de 'regalo' este año. Era la quinta vez consecutiva, y desde hace tres años él tiraba a la basura la cajita que siempre tenía el nombre de esos hermanos.

–¿Y eso?–reclamó el Moyashi, haciendo aparte un ademán por el instantáneo rechazo de Yu Kanda a su regalito de cumpleaños. Es cierto, esta era la primera vez que él sabía qué día era el 6 de Junio.

–No me interesa.

–¿Vas a echar de lado un regalo como si fuera algo poco importante?–reprochó el Moyashi, aparentemente ofendido. No, él siempre parecía ofendido cada que Kanda le respondía algo.

–Sí. ¿Algún problema?

–A mí nadie me regala nada en mi cumpleaños... Ni siquiera sé cuándo es mi cumpleaños. Por lo menos alguien más se molesta en recordar el tuyo.

–Ah. Qué bueno.

–De verdad eres un imbécil...–dijo entre dientes el muchacho.–Anda, tómalo. Lenalee se va a enojar contigo si lo hechas así nada más.

–Ah. Qué bien.–contestó desinteresado, intentando volver a su desayuno.

–También es de parte de Komui. Ábrelo.

–Si es de Komui entonces tengo mayor razón para no abrirlo.

–... ¿No vas a tomarlo?

–¿No tienes algo mejor que hacer aparte de joderme, estúpido Moyashi?

Y aquí venía. Con ésa palabra mágica era suficiente para encenderlo. Howard Link, que solamente tenía que vigilarlo, no decía nada, pero simplemente no pudo evitar poner su cara de disgusto, porque la escena del pleito cotidiano venía en camino.

–Mi nombre es Allen.–dijo el albino frunciendo el entrecejo. Si había algo que hartaba a Allen Walker a más no poder era que Kanda le llamara 'Moyashi'.

–Vete. Estoy comiendo.–espetó el joven hombre

–Sólo toma el regalo y ya. No te cuesta.

–Lárgate de mi vista.

–¡Ni siquiera me estás viendo, Kanda idiota!

–Sólo agarra la jodida cajita y métetela por el culo, te la regalo.–espetó el japonés despectivamente. La olla hirviente estaba a punto de explotar.

–¿Eres idiota o qué?... Kanda, ¿Sabías que pareces una mujer muy fea?

–¿Qué dijiste?–a Yu se le vino a saltar una vena recia en la frente cubierta de flecos negros.

–Kanda ¿tienes diarrea todos los días o ésa es la cara con la que naciste?

–¿Te callas tú o te callo yo?

–¿Ah sí? ¿Y cómo planeas hacer eso?–preguntó desafiante el niñato.

–Te meteré esta espada por el culo y te la sacaré por la garganta, así de fácil.–dijo al presumir a su inseparable katana dentro de su funda, tratando de lucir lo más amenazador posible.

–Ustedes dos.–interrumpió Link, quien se vio obligado antes que esos dos fueran a matarse entre sí.–¿No pueden tener una discusión sin ir a esos extremos? Especialmente usted, exorcista Kanda. Cuide su vocabulario.

–Ya perdí el apetito. Me voy.–Kanda simplemente se levantó bruscamente haciendo a un lado su plato del desayuno, le hizo una cara de asco a los dos hombres tras él.–Ustedes dos me enferman. Especialmente tú.–dijo entre dientes dirigiéndose a Allen Walker.


Allen no se molestaría en responderle, ni siquiera podría ir tras él, Link le tomó del hombro mirándolo aprehensivamente. Sería mejor ignorarlo y simplemente seguir con la vida. Un pendejo irritable como Yu Kanda no valía la pena; le miró abandonar el comedor, probablemente iría a algún otro lugar solitario o poco frecuentado. O quizás se iría a ver a Emilia. No estaba seguro del todo, no importaba mucho. Pero Allen sabía que no podía ignorarlo por completo, ni siquiera cuando lo detestaba tanto.

Esta mañana, cuando recordó el favor de Lenalee, decidió que iba a ser mejor idea dejarle la cajita del regalo ante la puerta, antes que él se despertara. Abriría la puerta rápida y sigilosamente, pondría la cajita ahí y jamás tendría que afrontarlo para hacer su tarea. Pero ocurrió algo extraño, al atraparlo dormido, en pleno sueño.

Kanda murmuraba cosas mientras dormía.

"Alma", él escuchó. Un nombre, una persona que Kanda llamó, anhelando con tristeza. ¿Kanda acababa de pronunciar el nombre de una persona en sus sueños? ¿Aquel frío exorcista que parecía no tenerle cariño a nada ni nadie había murmurado con tan inocente nostalgia el nombre de una persona?

Antes que fuera muy tarde, Allen desapareció del cuarto, porque bien sabía que Yu Kanda despedazaba a quien entrara a su habitación sin permiso. No le comentó nada de esto a Link, quien solamente había esperado afuera al joven.

No había dejado de pensar acerca en ello desde entonces. Hasta el día de hoy, Allen siempre creyó que Yu Kanda era un bastardo sin sentimientos, pero con tan sólo ése dulce murmullo de cándida naturaleza, todo el panorama había dado una vuelta. Momentáneamente. Después de lo sucedido en el comedor, pensaba que Kanda solamente era un acomplejado imbécil gruñón.

–Link... ¿ahora que hago con el regalo de Lenalee y Komui? No puedo devolvérselos así no más.

–No creo que les moleste tanto, si Kanda se pone de tan mal humor en este día en especial ya lo han de haber tenido previsto.

–¿Por qué razón odiaría su cumpleaños?

–No lo sé y no es parte de mi trabajo saberlo.

–...No esperaba más de ti, Link.–sí, porque con él era difícil platicar de verdad. Solamente intercambiaban palabras, pero no era más que eso. Y lo peor de todo, es que era vigilado por él todo el tiempo, las veinticuatro horas del día. ¿La razón? Allen supuestamente podía ser un enemigo de la Orden Oscura. La Familia de Noé, eso era. Y él era quien heredó las memorias de su traidor, el Decimocuarto Noé.

Pero preferiría no pensar más acerca del tema, porque de por sí, todo el día ha tenido un estrés increíble, ya tenía suficiente con Kanda por un día.

Pronto su día tomó un giro mucho más 'alegre', porque Lenalee regresó temprano de su misión con el otro exorcista Chaoji Han. Aparentemente lo que los Buscadores creyeron que era Inocencia resultó nada más que un fenómeno que no tenía relación con lo que buscaban. Sí, era una decepción, pero esto ocurría en la mitad de los casos. Los desperdicios eran cosa normal.

Lenalee Lee era una jovencita tan sólo un año mayor que Allen, realmente hermosa, también era muy amable, caso que ella era tan bonita en el exterior como en el interior. Pero en cuanto Allen enseñó que la cajita de cumpleaños estaba todavía en sus manos, ella frunció el entrecejo y dejó en sonreír.

–Lo siento, Lenalee...

–Esta bien, Allen. El año pasado también fue igual cuando se lo encargué a Lavi.–respondió la suave voz de la joven exorcista.–Al final... yo se lo tuve que dar y lo aceptó de mala gana (y una semana después, encontré el regalo en un bote de basura).

–¿Por qué las molestias?–preguntó Allen acercándose con interés a Lenalee, que estaba reparando el moño de la caja.

–Conozco a Kanda desde que tenía ocho años ¿sabes?–dijo la muchacha sonriendo ligeramente.–Antes que mi hermano Komui llegara a la Orden, Kanda estuvo ahí. Es el primer amigo que tuve.

–Mm... entiendo. Entonces le debes de tener un cariño especial.–La verdad, Allen no podía estar seguro de que Kanda pudiera ser un 'buen amigo', siendo él como era. Pero Lenalee era Lenalee, y conociéndola bien, ella podía abrirle su corazón a un patán como Yu Kanda.

–Siempre fue muy frío y poco amable... pero yo sabía que él se sentía solo.–Lenalee demostraba una cara que denotaba algo de preocupación.–Aunque él siempre parecía estar enojado con todos, no era malo. Me ayudó mucho cuando no tenía a mi hermano cerca, y estoy agradecida con él por haberme soportado durante esos años.

–Bueno...–Allen sabía de que podía arrepentirse de su siguiente pregunta.–... ¿quieres que lo intente de nuevo?

–¿Cómo?

–Darle el regalo de cumpleaños.

–Creo que ya no es necesario. Si Kanda tiene una razón para no querer un regalo de cumpleaños, entonces respetaremos eso.–contestó Lenalee tomándo en sus brazos la cajita, suponiéndo que se la tendría que llevar a su hermano y comunicarle lo sucedido.

Link siempre estaba ahí, casi nunca interfería en las pláticas sociales de Allen con otra persona. Antes era bastante molesto, pero ya se había acostumbrado después de casi nueve meses de ser vigilado por él.

–Oye Lenalee.–llamó de nuevo antes de que ella se retirara.

–Dime.

–¿Sabes quién es Alma?

–... ¿Alma? ¿De dónde escuchaste ése nombre?–preguntó la exorcista, quedó extrañada, como si hubiera escuchado un chiste que no entendió.

–Es que...–tenía sus dudas, accidentalmente metía su nariz donde no debía.–Verás: encontré a Kanda dormido, y dijo ése nombre mientras dormía. Creí que tu sabrías algo.

–Veamos...–pareció pensarlo un poco mientras su dedo índice presionaba su labio inferior.–Recuerdo que algo similar sucedió conmigo hace varios años. Yo me quedé dormida al lado de Kanda una vez.

–Oh... Komui no se pondría contento de oír eso.–bromeó Allen con una sonrisa cáustica.

–Eramos sólo niños, Allen.–repuso la muchacha sonrojándose levemente.–Recuerdo haberle escuchado murmurar en sus sueños... Le escuché murmurar ése nombre cuando él dormía.

–Qué buena memoria tienes, Lenalee.–dijo Allen cruzando sus brazos, un ademán un tanto exagerado e infantil.

–No, es que hasta ahora lo recordé...–corrigió la muchacha sonriendo.–Creo haberle preguntado a Kanda a quién soñó. No me dijo nada y me empujó fuera de su cama.

–Vaya cretino.–espetó en lo bajo Allen.

–Lo sé.–asintió Lenalee.–Pero bien... como Kanda venía de la Rama Asiática de la Orden Oscura, supongo que lo obvio es que la persona que él llamó debía provenir de ahí. Pero a partir de ello, no sé nada más.

–Ya veo, entonces será mejor que lo dejemos así. No hay que invadir la privacidad de Kanda ¿eh?

Lenalee solamente sonrió, como siempre, y a Allen le agradaba más de ése modo. Ella se volteó unos segundos, pero luego regresó a verlo con un aire extraño, pareciendo un poco preocupada.

–¿Cómo has estado, Allen?

–¿Eh? ¿A qué te refieres?

–Bueno... te heriste mucho en tu misión en París.–dijo señalando la cicatriz escondida debajo de la ropa de Allen. Habían ya pasado meses desde ése entonces, pero era una gran y dolorosa cicatriz provocada por nadie mas que él mismo.

–Estoy muy bien, Lenalee. Gracias por preocuparte.–sonrió el muchacho, que él era sincero, porque el dolor se había ido por completo. Pero la preocupación jamás se iría.

–Cuídate.–se despidió con brevedad antes de irse. Allen no pudo evitar la incómoda mirada de Link puesta sobre él, como si un halcón lo acechara. Sabía que no diría nada bueno.

–Ésa cicatriz por sí sola no está bien, Walker.–dijo Link una vez que Lenalee salió del alcance auditivo.

–Link... preferiría no hablar del tema ¿esta bien?

–Como gustes, pero sabes que tu asunto no se debe tomar a la ligera.

Cualquier cosa era mejor, prefería mantenerse en esta barrera de ignorancia, porque sucedían demasiadas cosas que comenzaban a cambiarlo. Y no trataba solamente de su adolescencia.

El Decimocuarto era el hermano de su padrastro, Mana Walker. Las memorias le fueron implantadas en algún momento de su vida, y eventualmente él iba a convertirse en el mismo Decimocuarto Noé, también conocido como el Músico. Aunque sus objetivos eran básicamente los mismos, el aniquilar al Conde Milenario, padre creador de los demonios Akuma y el emisario que pronunciaba la muerte de este mundo.

Allen amó a su padrastro, lo amó lo suficiente como para caer en la desesperación al momento de su trágica muerte y acceder a la ayuda del Conde del Milenio. La tragedia, el alma y la máquina eran los ingredientes necesarios para la creación de un Akuma. Siendo engañado, Allen convirtió a su padre en Akuma, y después de ser maldecido por él, su brazo Anti Akuma despertó en el momento más oportuno, acabando con él.

"Allen, yo te amo. Por favor, destrúyeme." Fueron la últimas palabras que el pequeño Allen escuchó de su fallecido padre. Pero incluso ahora, no se sentía muy seguro de comprender el verdadero significado de ésas palabras.

El Decimocuarto era el hermano de Mana. Si Mana ya sabía que Allen era el escogido portador de las memorias de su hermano ¿realmente amó a ése pobre huérfano que nada tenía en este mundo mas que éste deforme brazo Anti Akuma con el que nació?

Todas ésas dudas atormentaban la mente de Allen, pero bien, él ya había perfeccionado el arte de engañar a los demás con sonrisas reconfortantes. ¿Por cuánto tiempo más él sería capaz de ocultarle la oscuridad de su alma a Lenalee y los demás?

Pero más preocupante que nada más ahora mismo: ¿era el Decimocuarto maligno o no? Ya sabía que él traicionó a la Familia de Noé y buscaba destruir al Conde Milenario, enemigo de la Inocencia y la Orden Oscura. Pero Allen estaba seguro que el Decimocuarto no era bueno, no mientras recordara las palabras del desvanecido Cross Marian. Mucho menos después de 'aquel incidente' ocurrido en París.

Crown Clown era la última forma de la Inocencia anti Akuma de Allen, cuya función con forma de espada de mandoble era la de exorcizar y cortar todo aquello que fuera maligno (es decir, Akumas y familiares de Noé). Ocurrió algo cuando él se apuñaló a sí mismo con la espada junto a un Akuma. La espada lo hirió, muy seriamente. Allen tenía vagos recuerdos de cómo sucedió, debido al extremo dolor que invadió su cuerpo en esos instantes. Tenía la sensación de haber entrado en trance mientras sentía ardor en su carne.

La cicatriz estaba ahí, atravesando su pecho. Nunca sangró, pero su cuerpo humano había sido marcado por la maldad que él no había cometido, la malevolencia del Decimocuarto Noé. Y Allen sufría por esos pecados, lo que lo tenía más preocupado.

Miró su reflejo en una de las ventanas del pasillo, veía la sombra de ésa entidad sonriente, envolviendo su reflejo cada vez más en una sombra de sobrenatural tinte. La fantasmagórica silueta extendía cada vez más su espacio sobre él, que difícilmente podía ver su propio reflejo.

A veces se lo preguntaba a sí mismo, analizándolo con mucho cuidado, ¿por qué Kanda no lo asesinó en ése momento cuando tuvo la oportunidad?


7 de Junio

Debido a la conexión que tenía el Arca con los Cuarteles Generales y la Rama Asiática, venir aquí cuando quisiera era algo posible ahora. Hacía demasiado tiempo que vio por última vez éste lugar. Casi nueve años para ser preciso, cuando Tiedoll lo sacó de aquí para hacerlo su aprendiz y por fin pudo pretender que despertó de una pesadilla. Ya nadie vigilaba ésta sección de la Orden Oscura Asiática, porque nadie jamás le encontró de nuevo utilidad a éste lugar, que solamente eran escombros de un error fatal que cometieron los humanos al intentar jugar a ser Dios.

El Sexto Instituto de Asia, era a simple vista un laboratorio destruido y abandonado, eso era para muchos que hubieran entrado a la Orden en los últimos años. Pero para Yu Kanda éste lugar tenía un significado diferente. El lugar donde él 'nació'.

Caminaba en una oscuridad indefinida, acompañado solamente por la luz artificial que producía su gólem comunicador. Cada paso que trazaba dentro de éstas ruinas, era un eco que le hacía volver a un pasado. Pero ¿por qué decidió repentinamente venir aquí? ¿No hubiera sido mejor ver primero al anciano cocinero Zhu, para hacerle saber que vendría a visitar este lugar?

Ya no le quedaba clara la razón por la cual él vino a este lúgubre lugar. El polvo que se levantaba con cada movimiento no le molestaba demasiado, al fin y al cabo él vino nada más a revisar un par de habitaciones y se largaría de aquí como si nada.

Hizo memoria, revisó un largo pasillo, observó una puerta que estaba a medio caerse. Reconocía ésa puerta, aún cuando el letrero ya no estaba ahí. Dentro de ésa habitación llena de sombras había recuerdos muy fuertes. Obligó al gólem apuntar su luz al interior. Era la recamará que él más odió durante su vida entera, la que aprendió a reprimir de su cabeza por muchos años.

No era muy ancha, pero el techo se extendía a varios metros, y había una ventana al segundo piso, desde dónde los científicos solían ponerse a observar los resultados de las pruebas. En el centro de ésta habitación había un pilar repleto de cables con una mesilla de soporte, ahora vacía. Alguna vez sobre ella hubo una figura alada que él conoció alguna vez como Inocencia.

Entró, sus piernas no temblaban, ya no demostraba emociones a muy pesar de ver el suelo lleno de polvo, cables tirados al azar por el lugar, y sí, notó la sangre ennegrecida y seca en ése piso, que lo hacía recordar cuántas veces él murió ahí. Parpadeó de nuevo, pero las manchas ya no estaban.

Suspiró, creyó escuchar los ecos de sus propios gritos nueve años atrás. Todas esas veces en las que él había gritado de agonía cuando solamente era un niño. Todo por no poder sincronizarse con la estúpida Inocencia. Las veces en las que todo su cuerpo se rompía al ser rechazado por ésa entidad orgullosa y cruel.

Cierto. Ése niño llamado Alma también pasó exactamente por lo mismo.

Se salió rápidamente de ésa habitación, habiendo olvidado por completo la razón por la que vino a éste laboratorio del averno. Fue al siguiente lugar en el que él pudo pensar. La Habitación de la Matriz. Era un gran espacio, como un salón, pero varios pilares de roca había caído por aquí. Pero reconocía una especie de altar que estaba al fondo, pero mayor parte de él estaba destruido. Se suponía que habían contenedores ahí también, pero ya no estaban. Sólo habían permanecido las cruces.

Y en el suelo, cómo olvidarlo, ahí estaban los famosos pozos donde solían dormir los 'próximos apóstoles', que ninguno logró salir con vida de ahí. Yu era el único que seguía con vida entre la bola de miserables bellos durmientes. Este lugar era tan frío como siempre, pero ya no había nubes de neblina.

Aunque destruido, Yu recordaba muchas cosas de éste lugar, muchos momentos importantes en su corta y pútrida infancia sucedieron aquí mismo. Su nacimiento, cuando conoció a Alma, cuando reconoció por primera vez a 'ésa mujer'... cuando sonrió por primera vez. Por un momento creyó seguir escuchando los ecos de ésas risas infantiles entre estos destrozos. Aquí fue cuando hizo su primer 'amigo', y también fue aquí donde lo destruyó.

Caminó más al centro, los pozos estaban vacíos por dentro, el agua se secó y no habían cuerpos adentro. Debieron haber sido vaciados después del día de la masacre. Oh, ése horrible día... toda la habitación estaba llena de color rojo. Ahora ya habían recogido todos los cadáveres y la sangre.

Pero no quería estar aquí para acordarse de la masacre, protagonizada por Alma, sino que vino a probarse algo a sí mismo. Aunque ya no estaba seguro de qué cosa quería probarle a su mente con venir hasta éste lugar destruido por el tiempo.

Ésos sueños que había tenido últimamente no le dejaban tranquilo, su mente permanecía tensa, perturbada por las fuertes imágenes de carnicería que habían marcado para siempre su cruel niñez. La sangre que él derramó. Creía que su conciencia buscaba con castigarlo nuevamente con esos horribles recuerdos, no lo dejaría en paz hasta que reflexionara en este lugar lleno de fantasmas del pasado.

O tal vez, mucho quizás, era la memoria de Alma lo que le arrastró hasta aquí. No entendía. Escuchaba la voz de ése niño, lo oía dentro de su cabeza, su infantil risita de idiota; todavía lo escuchaba, como si ahora mismo estuviera jugando en éste lugar, resbalando... y él reía tan vívidamente.

No, ahora estaba seguro que realmente escuchó algo. Un movimiento de rocas, como si alguien estuviera caminando entre los escombros del desolado instituto. Como acto reflejo desenvainó su espada, el filo brillante de Mugen apuntó hacia su derecha, donde yacía parada una entidad que no era humana.

–¿Qué estás haciendo aquí? ¡No me apuntes con ésa cosa!

–Fou.–Kanda volvió a guardar su katana dentro de su funda, se trataba del espíritu guardián de la Rama Asiática, tenía la forma de una jovencita de curvilíneo cuerpo, estatura baja y ropa pequeña y reveladora. Su pelo era rosa al igual que sus ojos. A primera vista era muy atractiva, pero quienes la conocían un poco, sabían que Fou tenía un temperamento de los mil demonios.

–¿Qué haces tú en este lugar?–reclamó la chica fantasma, su reacción fue casi agresiva. Precisamente por eso Kanda jamás sintió un poco de simpatía por ése espíritu. Es más, la odiaba. Pero aunque quisiera romperla en pedacitos, no lograría nada.

–Nada importante ¿y qué hay de ti?–dijo con calma, pero obviamente molesto.

–¿Yo?–exclamó la pequeña presencia. Otra vez estaba sobreactuando.–Solamente paseaba, tengo libertad de ir y venir a donde yo plazca.

–¿Me estabas siguiendo?–preguntó Kanda con un sombrío semblante.

–¿Por qué razón yo te seguiría?

–Eso te pregunto.

–Yo no te seguía...–espetó Fou muy molesta.–¿Y para qué viniste tú a este lugar, Yu?

Nadie mas que el estúpido Bookman Lavi le llamaba así tan a la ligera. Yu. Con el pasar de los años él comenzó a detestar aquel nombre que le dieron.

–Ya te dije que nada importante. No te concierne.–se dio la vuelta, indispuesto a seguir conversando con el espíritu guardián, él sabía que ya no tenía sentido seguir en este lugar, si ella venía a joderle.

Caminó lentamente fuera de la habitación, sabía que no fue buena idea venir de visita a este lugar, no tenía previsto que se encontraría con Fou.

–Yo vengo aquí seguido ¿lo sabías?

–Me vale.–replicó mientras seguía su andadura, preferiría no alargar su encuentro con Fou.

–Sin temor a equivocarme, creo que viniste pensando en el pequeño Alma, ¿verdad?

Se detuvo en seco, sintió como si una bala repentinamente lo hubiera golpeado. Había pasado tanto tiempo desde que escuchó a alguien más pronunciar el nombre de ése niño. Ya había olvidado cómo sonaba ése nombre con el habla humano.

Kanda no respondió, solamente continuó caminando, haciendo caso omiso a lo que decía la fantasma Fou.

–Yo también vengo a este lugar. Como sus cuerpos fueron destruido, no existen tumbas las cuales visitar.–su voz ahora era más triste, cierto, si era Fou quien a veces consolaba a Alma si éste se ponía a llorar. No, además de eso, ella fue muy cercana con las personas que solían dirigir éste laboratorio.–Pero... ¿por qué has venido tú después de tantos años, Yu?

–Ya te dije que no te concierne. No me molestes.–respondió con la misma sequedad que antes.


10 de Junio

La estructura de ésta sección de los cuarteles era hermosa sin duda, uno podría quedarse a contemplar los ventanales de colores que tenían lugar en el techo. En este edificio se encontraban las habitaciones de todos los exorcistas y de algunos científicos que trabajaban para el cuartel de la Orden Oscura. Eran solamente seis pisos, y cada habitación tenía la puerta frente a los balaústres, así que todos podían apreciar desde cualquier piso el hermoso mosaico de la planta baja. Solamente un lindo detalle que uno podía ver cada mañana al pasar de lado.

–Me preocupa Allen.–suspiró ella mientras sus ojos rasgados se desviaban al balaústre de piedra del segundo piso. Un joven pelirrojo que tenía un parche en su ojo derecho, ella le conocía por el nombre de Lavi. Era un amigo a quien ella consideraba muy cercano, y sabía que él la escucharía todo el tiempo que requiriera, él la apoyaba honestamente.–Desde que regresó de París, él ha estado diferente... y en los últimos días ha actuado muy extraño, parece asustado de algo.

–Escuché que él se hirió a sí mismo con Crown Clown allá en París. A mí también me preocupa eso, Lenalee... todos saben lo que eso podría significar.–dijo con una tensa tranquilidad Lavi

–Sin embargo, Allen sigue siendo Allen.–respondió la muchacha china devolviendo su mirada a la del joven Bookman.–Yo quiero seguir creyendo que él podrá seguir oponiéndose al decimocuarto. Voy a creer más fuerte.

–... Yo también voy a creer. Hay que apoyarlo mucho en estos días ¿qué tal?–esbozó una sonrisa con intenciones de animar a Lenalee

–Lenalee Lee, Bookman Junior.–una nueva voz interrumpió, normalmente sonaría diferente, pero ahora Link tenía un timbre preocupado, tal vez alarmado. Parecía haber corrido mucho y sudaba un poco.

–¿Qué pasó, Dos-Puntos?–preguntó Lavi, que siempre parecía estar relajado. Entonces notaron algo extraño. El inspector Link estaba solo, no acompañaba a alguien en especial, no estaba Allen. Esto sin duda alguna era extraño.

–Walker. ¿Dónde está Allen Walker?–preguntó, casi como si estuviera levantando una acusación contra los dos exorcistas. Ya caía en la histeria.–Hace diez minutos que no le he visto.

–Link, nosotros no lo hemos visto en todo el día.–contestó Lenalee extrañada.–¿Lo buscaste bien?

–Necesito encontrarlo lo más pronto posible. Es mi deber vigilarlo todo el tiempo.

–Mm... tal vez por eso se separó de ti ¿no crees?–dijo burlonamente el Bookman, pero solamente terminó ganándose una agria mirada por parte del inspector.–Por favor, dale un descanso al pobre chamaco, que le andas respirando en el cuello todo el santo día.

–No puedo tomar a la ligera que Walker se escape de mi vista. No sé qué podría estar haciendo mientras se encuentra sin vigilancia.

–¡Te tomas muy en serio tu trabajo, Dos-Puntos!

–Te voy a volver a pedir que no me llames así, Bookman. Ten la decencia de referirte a mí por mi nombre... Ahora, si me disculpan, iré a buscar a Walker nuevamente.–muy molesto, dio la vuelta indignado.

–Qué paranoico. No es como si alguien se fuera a morir si deja a Allen solo por quince minutos...

–... ¡TE DIJE QUE NO TE ACERCARAS!–se escuchó el repentino grito de un hombre. Era tan grave la voz que no hallaron posibilidad de identificarlo al instante. Resonó tan fuerte que Lenalee instintivamente miró hacia arriba, de donde provino.

Lenalee abrió los ojos pasmada, sus cejas se fruncieron, reacción que Lavi conocía como miedo. Al siguiente segundo se escuchó el impacto duro de algo contra el piso de la planta baja.

–¿Qué demonios...? ¿qué fue...?

Rápidamente fueron a mirar por la balaustre hacia el suelo, sorprendidos por la siguiente escena escalofriante. Una persona había caído desde algún piso, pero Lenalee no fue a mirar un segundo más a quien cayó, sino que miró hacia arriba, el sexto piso, había ahí una persona que se asomaba del balaustre, quien, por desgracia, ella reconoció. Era Yu Kanda.

¿A quién empujó Yu Kanda del sexto piso?

–Lenalee... Mira, ése es...–ahora la voz de Lavi cambió radicalmente, temblando, demostrando miedo y shock al mirar a la persona que yacía en el suelo, el manto de sangre pintando de escarlata el mosaico de la planta baja. Lenalee miró horrorizada al ver el familiar cabello albino del uniformado que cayó desde el sexto piso.

–¿Allen?–ella no perdió tiempo, saltó del balaustre, auxiliada por la activación de sus Botas Oscuras. Fue a socorrer al herido, entrando en pánico extremo al ver que su cabeza sangraba profusamente, la expresión en el rostro de Allen Walker estaba congelada en una emoción tan fuerte como el miedo. Pero no parecía estar consciente.–¡ALLEN!

Lavi pidió a gritos desesperados la ayuda, que se apresuraran los médicos, quienes fueran, pero que llegaran rápido. Todavía no entraba en razón, no lograba entender cómo rayos se las arregló su amigo Allen para caerse así de un sexto piso. Lenalee trataba de llamar la conciencia de su compañero, cargando su cabeza en el regazo. Con la yema de sus dedos revisó el cuello del muchacho caído; su pulso era débil demasiado.

Entre que llegaban decenas de personas a la 'escena del crimen', Buscadores, médicos, exorcistas y científicos; nadie notó cuando en silencio Yu Kanda abandonaba el lugar, profundamente perturbado.


(1).–Emilia Galmar es un personaje que aparece dentro del argumento del Phantom G en el manga. Ahora Emilia se encuentra dentro de la Orden Oscura, según como educadora personal de Timothy. Ella desde que se topó con Kanda pensó que él era atractivo. Así que la relación no salió de la nada... creo.

(2).–Aunque estoy más adepta al español e inglés que al japonés, decidí que le diría simplemente 'Moyashi' en lugar de su significado real, porque se me hace tedioso tener que escribir 'brote de habas'. Moyashi es más corto, o si no escribiría 'beansprout' por mi apego al inglés, aunque sonaría muy fuera de lugar.

N/A: Nos gustaría pensar que la cabeza de Kanda está tan jodida como la de Shinji Ikari, pero probablemente han de asistir a terapia en grupo junto a James Sunderland y Haine Rammsteiner.

Primer capítulo sin cambios radicales, pero estamos conformes con el resultado.

Están bravos estos problemas nuevos en fanfiction. Espero que comprendan la razón por la cual inicialmente el fanfic apareció en una categoría diferente, pero me encargaré de editar eso. Esperemos que los administradores de arreglen estos problemas pronto.